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Edición 105

event 29 Julio 2023
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Ana María Ortega
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Yesenia Palacio
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  • ¿Es tan simple como “gentrifier go home”?

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    Medellín, capital de la moda y del turismo; Medellín, distrito turístico inteligente; Medellín, paraíso de nómadas digitales. Mientras la ciudad se posiciona ante el mundo como un lugar cómodo y barato para visitar, con múltiples planes, rutas y experiencias memorables, sus habitantes empiezan a cuestionar los efectos de la llegada masiva de turistas y su relación con la crisis habitacional y el alza de los precios de muchos productos y servicios. ¿Se puede hablar de gentrificación?

     

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    Fotografías: Ameer Mussard-Afcari

    Desde hace un par de meses en la zona nororiental de Medellín, unas figuras de colores vivos resaltan en medio de la montaña. A principios de mayo, la Alcaldía de Medellín inauguró Constelaciones, una intervención artística sobre las fachadas de 500 casas y 30 murales en los barrios Brisas del Jardín y San José de la Cima II de Manrique. El alcalde Daniel Quintero afirmó en un comunicado oficial que esta transformación del paisaje “va a significar un estallido turístico para la Comuna 3”, y tuiteó que “será un referente cultural tan importante como hoy lo es la Comuna 13”. En redes varios ciudadanos le cuestionaron la priorización de estas obras por encima de otras que la comunidad lleva esperando desde hace años.

    La promoción de Medellín como destino turístico no es un proyecto nuevo: muchas de las inversiones en obras públicas, la recuperación de ciertas áreas y el embellecimiento de las últimas dos décadas buscan atraer turistas y borrar la huella de la violencia del narcotráfico. Actualmente, la ciudad es la segunda más visitada de Colombia y fue incluida en la lista de los 50 destinos recomendados de 2023 por la revista estadounidense Time. Sin embargo, el encarecimiento de la vida y la llegada masiva de nómadas digitales ponen en duda la capacidad real de sus bienes y servicios, y los beneficios económicos que trae el turismo para sus habitantes.

    En los últimos tres años la Alcaldía de Medellín registró un crecimiento del 49 % en el ingreso de pasajeros internacionales: la ciudad pasó de recibir 929.830 viajeros en 2019 a 1.386.153 en 2022. Solo el año pasado esa misma entidad reportó 1.400.000 visitantes.

    Con la llegada de turistas también aumentó la demanda de servicios, principalmente de hospedaje. Cifras del Sistema de Inteligencia Turística de Medellín señalan que las zonas con mayor ocupación son El Poblado y Laureles. Además, la mayor oferta de alojamiento para estancias cortas se da en la plataforma Airbnb. AirDNA, sitio web que analiza las cifras de esta página, registra 39.707 anuncios de hospedajes en la ciudad. De ellos, el 74 % corresponden a arriendos de apartamentos o casas enteras.

    Esto último se explica, en parte, porque los cambios laborales provocados por la pandemia crearon un tipo de viajero que ya no solo visita un destino, sino que permanece. Y así se agravó una crisis habitacional ya existente en Medellín y de la que poco se hablaba: aunque no hay un consenso sobre el incremento exacto en el valor del arriendo en Medellín, portales como Valora Analitik estiman que creció en un 50 %. En redes sociales han aparecido denuncias sobre propietarios que les han pedido a sus inquilinos desocupar sus casas para ofrecerlas en Airbnb.

    Entretanto, en TikTok se viralizan videos de nómadas digitales que promueven viajar a la ciudad por el costo “extremadamente” barato de la vida (en relación con el cambio de dólares a pesos colombianos), la buena oferta de cafés para trabajar y sitios de fiesta. Desde hace algunos meses en los comentarios de esos videos aparece una palabra: gentrificación.

    ¿Todo es gentrificación?

    Tatiana Mejía, magíster en Sociología de la Universidad de Antioquia, define la gentrificación como un fenómeno en el que “una población originaria en condiciones económicas más austeras es desplazada por una nueva población con una capacidad adquisitiva más alta”. De acuerdo con Mejía, que es autora de la tesis Gringos por Medellín: turistificación y transformación del espacio urbano en Poblado Centro, en estos casos “se empiezan a ofertar los mismos bienes y servicios por un precio mayor”.

    Aunque el uso masivo del término es reciente, Medellín lleva años pasando por múltiples transformaciones que conllevan a la gentrificación de distintos sectores, principalmente por la ejecución de obras públicas como la ampliación del sistema de transporte Metro, con el tranvía, los metrocables y el metroplús.

    Juan Fernando Zapata, politólogo de la Universidad de Antioquia y coordinador del proyecto “Derecho a la ciudad y al territorio” de la Corporación Región, expone que “estas obras se construyeron siendo Medellín una ciudad muy densamente habitada, eso significa que hubo que sacar a ciertas familias de ahí. No siempre con las mejores garantías”.

    Este fenómeno ha afectado especialmente a los barrios que están ubicados al norte de la ciudad y de estratos más bajos. Basta recordar la historia de Moravia, con la construcción del Parque Explora y Ruta N, o el plan parcial de Naranjal que pretendía convertir una zona tradicional de talleres mecánicos en un parque residencial y comercial.

    Para Mejía lo que sucede en sectores como El Poblado y Laureles con la llegada masiva de visitantes corresponde más bien a un fenómeno de turistificación, que tiene que ver con el impacto que genera en una población la masificación del turismo. En el Plan de Ordenamiento Territorial de Medellín, por ejemplo, El Poblado se identifica como zona de desarrollo turístico prioritario, lo que ha hecho que durante años esta zona se estudie y planifique como una comuna comercial.

    Mejía plantea que estos recambios poblacionales se configuran en el ADN del barrio. Es una historia que se remonta a la época en la que los industriales textiles abandonaron Prado Centro y se asentaron allí, y también incluye la llegada del narcotráfico. “Es un desplazamiento que sucede repetidamente”, apunta. El Poblado, dice, es un barrio apetecido porque tiene una gran oferta comercial y se encuentra conectado con la ciudad por distintas vías.

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    Mejía considera que lo que está ocurriendo allí es un desplazamiento no concertado ni democrático de la población debido a que “el comerciante ya tenía dinero cuando llegó el turista y a que gradualmente degenera en un proceso de turistificación gracias al comercio”. Además de consecuencias económicas y demográficas, el turismo genera afectaciones del orden simbólico y político, pues los visitantes llegan a zonas como la Comuna 13 y “la vida cotidiana de quienes viven allí se convierte en un espectáculo que se oferta”, indica Zapata.

    Los procesos que están sucediendo en la capital antioqueña no son nuevos ni exclusivos. El fenómeno ha sido identificado en países como Puerto Rico, por ejemplo, donde alcanzó visibilidad mundial con el documental Aquí vive gente, de Bianca Graulau, que es también el video oficial de la canción “El apagón” de Bad Bunny.

    Otro país que afronta esta problemática es México que, por su cercanía con Estados Unidos y sus atractivos turísticos, recibe avalanchas de turistas del norte global luego de la reapertura de las fronteras después de la pandemia. Allí, por ejemplo, algunos sectores están empezando a discutir la necesidad de una regulación que limite la cantidad de apartamentos que se puedan poner en alquiler en plataformas como Airbnb y la protección a los moradores.

    Erendira Aquino, periodista del medio Animal Político, cuenta que el convenio reciente entre Airbnb, la Unesco y el gobierno de la Ciudad de México para promover esta ciudad como un centro global de trabajadores remotos abrió nuevamente la discusión sobre la gentrificación en este país y la necesidad de medidas que regulen este fenómeno. “Ya no solo se habla de un tránsito constante de turistas sino además de la compra de espacios. Estos espacios son para un tipo de negocios de lujo que no están destinados para la clase popular”.

    Al igual que México, Colombia tampoco cuenta con regulaciones al respecto. “El turismo va a tomar la misma forma en cualquier parte del mundo desde que las regulaciones sean mínimas, porque una persona que llega a un territorio que no es su lugar de origen siempre va a buscar enajenarse, va a hacer cosas que no haría en su país”, concluye Tatiana Mejía.

    ¿Xenofobia?

    A mediados de abril de 2023 circularon en TikTok y Twitter varios carteles pegados en Provenza, la calle más turística de Medellín, que denunciaban la llegada de nómadas digitales y el encarecimiento de la vivienda con frases como “Gentrifier go home”, “Cambio Airbnb por vecinos y un hogar” o “Todo está muy caro. Detengan la gentrificación”. Los carteles hacen parte de la campaña de Ana María Valle, exsecretaria de las Mujeres de la actual administración y ahora precandidata a la Alcaldía de Medellín.

    Estas imágenes, más allá de su uso electoral, dividieron la opinión en redes entre quienes apoyan esas expresiones y quienes consideran que son ataques xenófobos. Algunas personas incluso compararon estos mensajes con los discursos de odio que generó la llegada de personas refugiadas desde Venezuela.

    Daniel Carvalho, representante a la Cámara por Antioquia, opinó que “el discurso político de quienes culpaban a los extranjeros de todos los males evitaba hacer análisis complejos y propuestas integrales” y dijo que esto es propio de la extrema derecha.

    Sin embargo, resulta problemático comparar el proceso de migración de turistas del norte global, específicamente de nómadas digitales, con la población refugiada venezolana. Juan Camilo Rúa, abogado magíster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes y experto en movilidad humana y migraciones, aclara que “la diferencia esencial es que la mayoría de los migrantes y refugiados provenientes de países como Venezuela son personas con necesidad de protección internacional, mientras que los nómadas digitales no”. Más de siete millones de personas venezolanas han dejado su país buscando una vida mejor.

    Rúa señala que en esta discusión hay que tener en cuenta tres condiciones determinantes: las motivaciones del desplazamiento, las condiciones económicas y la posibilidad de retorno. “Las personas que han salido de países como Venezuela, del norte de Centroamérica o de Haití lo hicieron de una manera forzada. Los nómadas digitales salen de su país de origen porque así lo han querido, por voluntad propia”.

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    La Relatoría Especial sobre las formas contemporáneas de racismo especifica que en los ataques xenófobos hay una agresión a la identidad nacional que se percibe como ajena y contraria a la identidad nacional mayoritaria y dominante. Cosa que en los mensajes popularizados en Provenza no sucede.

    “En los cuestionamientos que hemos visto no aparecen las apelaciones a una identidad dominante amenazada por ninguna parte. Yo no he visto carteles ni mensajes en los que se diga que se está amenazando nuestra identidad como paisas, que estos nómadas no dicen ‘Mi Dios le pague’ o cosas así”, expone Rúa. También señala que la identidad paisa se identifica con los nómadas digitales, pues son un tipo de héroe capitalista que es su propio jefe y es emprendedor; mientras que la población venezolana es atacada porque se percibe como una cultura contraria a la antioqueña, donde se remarca “lo veneco” como dependiente de los subsidios gubernamentales.

    Por otro lado, Erendira Aquino comenta que aunque el asunto de la xenofobia no ha sido muy discutido en México, mirar con sospecha lo que pasa en su ciudad no es un acto xenófobo. Para ella esta discusión no es atentar contra una nacionalidad en específico, sino pedir unas condiciones justas tanto para los que viven allí como para los que vienen.

    Ameer Mussard-Afcari es un fotoperiodista proveniente de California, Estados Unidos, que desde enero está en Medellín enseñando inglés en la institución Juan XXIII de San Javier. Al preguntarle su opinión acerca de los carteles de Provenza, el fotoperiodista respondió que “no son una amenaza porque entiendo el sentimiento, y el porqué algunas personas sienten a los extranjeros como malos. Yo puedo ver los problemas que esto genera”.

    Mussard-Afcari cuenta que en su ciudad también se ven este tipo de carteles: “Aquí puedo ver que los precios suben, las personas en las calles con chanclas y con pantalones cortos y que no están interesadas en integrarse en la cultura”.

    Juan Camilo Rúa concluye que “los discursos, las prácticas y los movimientos que cuestionan a fuerzas y actores económicos no son xenófobos solo porque esos actores y fuerzas económicas sean extranjeras. Aquí las motivaciones importan, y si la razón del cuestionamiento no es la nacionalidad (o la condición de ser extranjeros), sino sus actuaciones económicas y sociales, entonces no puede catalogarse como xenofobia”.

    Más allá del escándalo mediático, la situación actual de la ciudad obedece a una suma de actores públicos y privados y unas condiciones que parten de la apuesta por una ciudad atractiva para el turista extranjero, atraviesan una crisis histórica habitacional y piden regulaciones. En una cultura que ve al extranjero como negocio, con una moneda devaluada, la conversación sobre gentrificación y turistificación de la ciudad debe ir más allá de la llegada de turistas extranjeros.

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