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event 25 Mayo 2024
schedule 18 min.
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Investigación: Valeria Acosta Velásquez y Paula Andrea Pérez Cárdenas. Redacción: Valeria Acosta Velásquez.
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Los trapitos sucios se lavan en la casa

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¿Qué pasa cuando el hogar es el lugar del que te quieres proteger? ¿Qué sucede cuando el monstruo no está debajo de la cama sino en todas partes? Cuando los sueños se tornan pesadillas y el despertar no trae consuelo. ¿Cómo enfrentar la cruda realidad que se despliega ante los ojos? Cuando las palabras se atascan en la garganta, cuando el juego se vuelve parte del temor, cuando mirar hacia adelante parece una hazaña, ¿cómo lidiar con el peso de un pasado que te marca de por vida?

Violencia

Ilustración realizada por la IA de Canva

Bris es una mujer de 28 años. Le gusta nombrarse y que la nombren como Bris Pino, sobre todo por la conexión con lo femenino, con su mamá. Tiene piel mestiza, ojos grandes que caen a los lados,  cabello lacio que enmarca su rostro, dos tatuajes de mandalas en los hombros que la mantienen, como ella dice: “en equilibrio”, y buena postura. No parece que por años estuvo encorvada, la meditación la ayudó a enderezarse. Aprendió a soltar, soltar todo lo que partió del dolor de su infancia.

Vive en el barrio Santa Rita, Bello. Es feminista popular y toda su militancia ha sido en Medellín.  Estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Luis Amigó, trabaja como educadora popular en la Corporación Amiga Joven, acompañando procesos de niñez en prevención de violencia sexual.

Han sido 6,352 casos de violencias sexuales contra menores de edad en el municipio de Medellín del departamento de Antioquia, desde julio de 2022 hasta noviembre de 2023, según el Sistema de Vigilancia en Salud Pública (SIVIGILA). Para dimensionar esta realidad, basta con imaginar que estos casos podrían llenar 7 veces el Teatro Pablo Tobón Uribe de Medellín, que tiene una capacidad para 880 personas.

Es una imagen impactante que confronta con la magnitud del problema y obliga a reflexionar sobre qué se está haciendo como sociedad para proteger a los niños y las niñas. Dentro de estos casos, se registraron 1,568 actos sexuales, 1,352 accesos carnales, 897 acosos sexuales, 711 otras formas de violencia sexual, 37 casos de explotación sexual, 5 de trata de personas, y 2 de mutilación genital en menores de 5 años. Cada uno de estos números representa una historia de sufrimiento.

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El 76% de estos casos corresponde a 4.841 violencias sexuales que han afectado a niñas. Esto debería replantear los enfoques y políticas que se tienen para abordar la violencia de género desde sus raíces más profundas.

Grietas y olvido

Durante dos décadas, Bris ha luchado por rescatar los fragmentos buenos de su infancia. Ha intentado exiliar la amnesia, esa que puede durar en una persona desde minutos, hasta décadas. Sin embargo, sus esfuerzos apenas han logrado desenterrar migajas de recuerdos que han ido liberándose como una hoja seca de un árbol, o como todo un montón de ellas. Estas memorias que se reviven en su mente, atraviesan su ser como ráfagas de angustia, perturbando sus músculos, desafiando su equilibrio y acelerando el latido de su corazón.

La memoria es un resguardo del pasado con escondites; entre sus pliegues se encuentran los momentos que se resisten a ser rescatados por palabras.  De acuerdo con el docente de Psicobiología en la Universidad de Antioquia,  Jorge Iván Fernandez, quien ha trabajado el tema de bases biológicas de la conducta durante diez años, “recordar algo que no puedes nombrar es más difícil. Algo que no puedes entender. Puede que haya personas que digan: ‘yo no sabía. Vine a entender, que a mí me abusaron, cuando me lo señalaron’. Si no tienes palabras para nombrar algo, no está en tu vocabulario, en tus referentes del mundo, va a ser muy complicado decir: ‘a mí me pasó esto’, pero cuando tienes ya las herramientas, es posible reconocerlo”.

“Recordar algo que no puedes nombrar es más difícil. Algo que no puedes entender. Puede que haya personas que digan: ‘yo no sabía. Vine a entender, que a mí me abusaron, cuando me lo señalaron’ Jorge Iván Fernandez, docente de Psicobiología en la Universidad de Antioquia

El lenguaje y la evocación van de la mano: se nombra para que algo exista, pero a veces el dolor cae sin mitigaciones en los recuerdos y los empaña de forma indefinida. A los 8 años, Bris dormía en una habitación con todas sus hermanas, en ella había cinco camarotes apiñados como refugio, con una entrada resguardada por una cortina que apenas conseguía ocultar el peligro que la acechaba. Cada noche, sin falta, ella y sus hermanas se armaban de coraje, organizaban una barricada improvisada con canecas, palos y cualquier trasto que pudiera desencadenar, el estruendo necesario para alertarlas de que el hombre que las aterraba tanto, había llegado. Repetían el ritual una y otra vez, aferrándose a la idea de que esa noche, quizás, él no entraría.

El escenario más común donde ocurren casos de violencia sexual, es el hogar, con un total de 3,266 casos, según los hechos reportados por SIVIGILA, entre julio de 2022 y noviembre de 2023 en el municipio de Medellín. Es crucial resaltar que dentro de este contexto, se incluyen los  dos casos de mutilación genital.

Estas cifras confrontan con una realidad en la que el lugar que debería ser un refugio seguro para niños y niñas se convierte, en demasiadas ocasiones, en el escenario de sus peores pesadillas.

 

 

***

BRIS

“Tengo algunos recuerdos que me llegan a la cabeza, entre ellos está que él lo hizo muchas veces,  pero hubo uno en el que sentí que no era algo normal, que eso no era un amor de papá, y hablé.

Más o menos como a los siete años, recuerdo que yo estaba muy enferma en la casa de mi abuela, y estaba sola. Todos habían salido, no sé para qué. Mi papá llegó a mirar cómo estaba yo. Recuerdo que apenas llegó, me senté… sabía qué iba a pasar, sabía que llegaba a tocar. Vi que él empezó a mirar como por las habitaciones si había alguien.

—Quién hay aquí —Me dice.

—Estoy sola.

—Entonces venga yo le hago unos masajitos, venga la acaricio. Venga veo cómo está para tocarla.

 Empezó a tocarme las piernas, los hombros, los senos, y ya me iba a tocar mi vulva, cuando le dije:

—¡Nooo, usted qué está haciendo! Usted porque me toca, usted porque me toca ahí. ¡Usted es mi papá y tiene que respetarme!

—No, pero eso no es malo, es normal. La estoy cuidando —Dice él.

—No, esto no es normal. Yo me siento muy mal. Usted tiene que cuidarme, no así. Yo le voy a decir a mi mamá.

— No, no le diga. Si tú le dices me tengo que ir de la casa; y ya no voy a poder estar con ustedes, ustedes son muchas.

—No, ¡no me importa! Yo le voy a decir a mi mamá.

Llegó toda la familia, en ese momento no podía hablar porque no era mi casa. Tuve que guardar silencio hasta llegar a otro lugar. Al entrar, hablé con mis hermanitas. Yo soy la hija menor, la niña, somos ocho hijos; tres hombres y cinco mujeres. Empecé a hablar con mis hermanitas y con mi mamá, entonces les conté que él me estaba tocando, mi mamá me preguntó si era la primera vez, ella estaba superenojada. Yo le dije que no sabía,  que yo creía que no, que no era la primera vez.

Llegó él y mi mamá le preguntó que qué estaba haciendo, entonces él respondió que no lo iba a volver a hacer. Mi mamá a raíz de esto le dio un ultimátum, le dijo que se quedaba y no lo podía volver a hacer o se iba, entonces él dijo que no lo iba a volver a hacer y se quedó.

Todas en casa estábamos alerta, ya que se quedó viviendo “normal”, bajo el compromiso de no volverlo a hacer. El tiempo pasaba, y ya todo lo que tenía que ver con nosotras y el cuidado, era responsabilidad de mi mamá. Ella le dijo que si era necesario no nos hablara, que hiciera como si no fuéramos sus hijas, pese a que todos estábamos bajo el mismo techo. Él siguió encargándose económicamente de nosotros.

Pero antes de eso, recuerdo que mi papá siempre le decía a mi mamá que él se encargaba. Era el primero que se levantaba, entonces él nos levantaba para ir a estudiar. Yo tenía sueños muy extraños que tenían que ver con mi sexualidad; con la exploración de mi vagina, mi vulva y mis senos, pero yo no entendía por qué soñaba eso, pensaba «¿será que ya me gusta?», pero no entendía. Me levantaba y mi papá me estaba tocando, era muy ocasional, muy regular, entonces entendí que esos sueños eran por eso, porque mi papá me levantaba de esa manera. Me estaban abusando y mis sueños me lo estaban mostrando. Él, cauteloso, abusaba de mí. Nadie se enteraba. Era  temprano. Entre las 6 y las 7 de la mañana.

Cuando viajábamos a Rionegro a visitar a la familia, yo recuerdo que él me cargaba en sus piernas. A veces me decía qué ropa ponerme, entonces me vestía con una faldita, metía sus dedos dentro, por mis calzones. Me tocaba la vulva, entonces también entre mi incomodidad yo cerraba mis piernas, le quitaba la mano, y él ya no seguía haciendo nada. Para mí internamente esto era muy raro. En mi casa no se hablaba de que esas cosas no se hacen, no sabíamos que esto era un tipo de violencia y que estaba siendo violentada por mi propio papá.

Él se fue  un día a trabajar y no volvió. Mi mamá cayó en un dolor, constantemente decía, “qué rico que vuelva, que esté en la casa, que él era un padre muy responsable”. Lo buscó por mucho tiempo, pero él no volvió. Nosotras empezamos a hablar en la casa mucho más sobre la violencia sexual, el cuidado, empezar a contar lo que nos pasa, no importa la amenaza. Se volvió un discurso de todas”.

***

Huellas del silencio

Bris estuvo con miedo durante mucho tiempo, miraba mucho. Perdió el habla. No podía expresarse sobre lo que le había sucedido, porque estaba él, pero él ya se había ido. No podía decir nada por el peso social llamado “qué dirán”.

Cuando Bris dejó de comunicarse, encontró nuevas formas para hacerlo. En su inicio pensó en tener un diario físico, pero temía que lo encontraran en casa, entonces empezó a rayar sus piernas, a escribir sus pensamientos, sus sensaciones. Se marcaba la piel, que la letra quedara con la cascarita, como si fuera su diario, ese que no podían encontrar porque era su cuerpo.

“Todo se olvidó”

A los 14 años,  Bris llegó a la Corporación Amiga Joven. Su mamá participaba en un proceso de costurero con mujeres adultas en este lugar, donde trataban los temas de violencia y demás. Ella —Bris— se colaba en los encuentros porque quería aprender sobre artesanías.

Empezó en el proceso de Escuela Popular de Género y Formación Sociopolítica, que era una prueba piloto para empezar a hacer un ejercicio de prevención con mujeres jóvenes de los barrios de la ciudad. Aprendió sobre las violencias, tipos, cuidados y mecanismos. El proceso duró tres años, en el último, ya estaba en su mente la idea de promover encuentros, espacios para prevenir las violencias, pero en ese entonces debido a la amnesia no comprendía el porqué estos temas le interesaban tanto.

***

BRIS

“En mi adolescencia empieza mi búsqueda de querer compartir mi sexualidad. Cuando empecé mi vida sexual, no me di cuenta, pero ahora sí, que también esas relaciones fueron de abuso, porque estaba con hombres que me decían que amar era tener sexo, solo eso. Y ese mismo patrón se repetía con todos.  Estaba en esa búsqueda y creía que era normal, hasta que me di cuenta que mis amigas tenían relaciones duraderas, pero también tenían sexo, y los manes estaban con ellas, me preguntaba por qué conmigo no. Ya más grandecita empiezo a asociar el abuso y el abandono, esas dos problemáticas que me hicieron identificar que yo no estaba buscando un novio,  yo estaba buscando papás en todas mis relaciones.

Inconscientemente empecé a adoptar una resistencia con los manes, en todo; lo sexual, lo afectivo, el amor. Solo si quería sexo, apartábamos para sexo, pero nada romántico, «qué pesar… follemos».

Hasta ahora yo no he tenido una relación de pareja duradera. La más larga  ha sido de 9 meses, y en esta me sentí superviolentada. Pero, ¿por qué los manes están así?, ¿por qué nos hacen tanto daño? Voy a estar sola. Voy a estar sola hasta cuando yo quiera, hasta que sienta que de verdad me aman.

***

Despojo de inocencia 

La infancia es el refugio al que se accede una sola vez en la vida, un breve paréntesis en el tiempo que a menudo se cierra antes de que se pueda comprender su verdadero significado. Una etapa en la que los niños y niñas se encuentran desprovistos de cualquier armadura, expuestos a las embestidas de un mundo que no terminan de comprender. Un período de fragilidad extrema, donde el universo parece el escenario perfecto para mutilar la inocencia, e incluso, la niñez.

Algunas niñas se ven atrapadas en desafíos que van más allá de su corta edad. En el Hospital General de Medellín, entre el 8 de abril de 2022 y el 17 de octubre de 2023, 45 niñas, entre 12 y 14 años, tuvieron hijos con hombres mayores de edad. El 4%, que corresponde a dos de ellas, lo hicieron con sujetos entre 30 y 40 años. Ocho niñas de 14 años estaban siendo madres por segunda vez.

Maternidad adolescente

Es fundamental destacar que las madres jóvenes registradas en el hospital, tienen un nivel educativo comprendido entre básica primaria y básica secundaria. Este dato refleja las desigualdades sociales en estas niñas, quienes se encuentran en una situación que las hace vulnerables tanto por su edad como por su nivel educativo.

Nivel educativo de padres

"Los casos de violencia sexual son muchos, ocurren en una correlación muy alta con entornos en los que hay pobreza, en los que hay consumo de sustancias, en los que hay hacinamientos. Cuanto más protegidos en términos socioeconómicos estén los niños, menor es el riesgo. También va a ocurrir en el estrato 6, pero no con la frecuencia con la que ocurre en estratos bajos”, menciona el docente de Psicobiología Jorge Iván. Esta realidad se evidencia en las estadísticas de Medellín, donde se registraron un total de 1,795 denuncias por violencia sexual entre enero de 2022 y el 15 de noviembre de 2023, según datos de la Fiscalía. De estas denuncias, 1,189 afectaron a niñas y 606 a niños.

El 11% de los casos registrados de delitos sexuales por comuna, carecen de datos precisos, lo que significa que hay 202 casos de niños y niñas abusados en los que no se ha podido identificar la comuna donde ocurrieron los delitos.

Los barrios de Medellín con la mayor incidencia de casos de violencia sexual en menores de edad son Aranjuez para los hombres y Villa Hermosa para las mujeres. Según Geraldine Jimenez, "La comuna 8 es el epicentro histórico de las bandas criminales, lo que ha exacerbado la violencia sexual contra niñas menores". Los barrios con el mayor número de embarazos registrados son Manrique y San Javier, seguidos por Villa Hermosa.

 

 

Cartografía del abismo

En este trabajo periodístico, la violencia sexual infantil y el incesto, son ejes transversales. Esta mirada dirigió el proceso investigativo hasta recuperar el hallazgo de la periodista, Ana Cristina Restrepo Jiménez, “Prado: una pieza fúnebre”, sobre las condiciones del barrio Lovaina en relación con la temática expuesta en esta investigación.

“El hacinamiento, eso es lo primero que se puede citar que es común en Lovaina en abuso de menores. Lo segundo, es la aprobación tácita del incesto y en tercer lugar, está la cultura patriarcal que está reforzada.”, dice Ana Cristina Restrepo Jimenez, periodista.

En este sentido, Pablo Rodriguez Jimenez realizó un estudio llamado “Matrimonio incestuoso en Medellín colonial entre 1700 y 1810”, en el cual analizó los datos conservados en el Archivo de la Curia, sobre la distribución de dispensas de la parroquia Villa de la Candelaria para matrimonios en distintos grados de consanguinidad, entre 1715 y 1810, registrando 410 dispensas. Rodriguez menciona que en las primeras décadas del siglo XVIII “los nexos con otras regiones y la inmigración de españoles se hizo más intensa y frecuente. Sin embargo, lo paradójico es que con el aumento de la población se incrementó paralelamente el número de matrimonios entre parientes, en lugar de reducirse”.

Bris cuenta que cuando empezó en procesos con niñez, en la zona de San Pedro, Lovaina; “centro de ollas de consumo, microtráfico y explotación infantil”, identificó que había lugares de pornografía infantil, demasiados… como inquilinatos y oficinas donde grababan a los niños y las niñas.

En la mente de Bris, resuena un caso sobre un niño al que lo estaba abusando su abuelo, y que además lo grababa. Ella puso la denuncia desde Amiga Joven, se activó con ICBF, y este tenía que encargarse de conectar con ellas, pero no pasó nada. No pasó nada porque los sectores son controlados por los grupos armados, hay varios combos y varios de los abusadores y los promotores de estas violencias, son los hombres armados.

Tiranía de las sombras

El fenómeno de los grupos delincuenciales ha adquirido un protagonismo cada vez más marcado. Son los principales perpetradores de la victimización de jóvenes, implementando trampas para someter a niños y niñas en sus territorios. Utilizan tanto falsas promesas como amenazas para coaccionar a sus víctimas, atrapándolas en la trampa de la explotación sexual. Estos grupos tejen redes, ejercen como intermediarios y, lamentablemente, son los principales beneficiarios directos de los ingresos procedentes de  abusadores.

Iván Felipe Muñoz, miembro de la Mesa Intersectorial para la Prevención y Atención de la Explotación Sexual y Comercial Infantil, señala que "la denuncia en estos barrios se genera como una ley del silencio, donde se reproduce el tema de la legitimación social de la problemática. En ocasiones, obstaculizan la labor investigativa de la justicia. La policía comienza a indagar, pero la comunidad se niega a proporcionar información e incluso amenazan a los policías. Esto obstaculiza la acción judicial, mediante el control territorial, las amenazas y el silenciamiento. Incluso llegan al extremo de obstruir la labor de la justicia cuando se intenta judicializar alguna red de explotación sexual".

En un lapso que abarca desde julio de 2022 hasta el 2023, los datos registrados por SIVIGILA, revelan 6,352 casos de violencias sexuales. Sin embargo, cuando se observa el panorama judicial, la cifra toma otro matiz. La Fiscalía, con un período de registro más extenso, reporta 1,795 casos en total, de los cuales únicamente 113 han resultado en condenas. Más inquietante aún es descubrir que seis de los agresores ya están en libertad, a pesar de haber sido condenados.

Denuncias y condenados Fiscalía

En Colombia, el Boletín de Medicina Legal reportó entre 2022 y septiembre de 2023, un total de 30,593 casos de presunto delito sexual en menores de edad, de los cuales, 26,711 afectaron a niñas. Durante el año 2023, el 55% de estos casos ocurrieron en niños y niñas entre 12 y 17 años. Además, se observó la presencia de violencia de pareja en el grupo de edad de 6 a 11 años, con 2 casos registrados, y en el grupo de 10 a 14 años, con 38 casos. Este dato plantea la pregunta inevitable: ¿Por qué existen casos de violencia de pareja en niños menores de 14 años? Este tipo de violencia no solo compromete la integridad física y emocional de los niños, sino que también pone de manifiesto dinámicas sociales y familiares complejas.

Como Bris, muchas niñas se encuentran atrapadas en hogares donde monstruos acechan cada habitación, sembrando terror y perturbando sus sueños. Merodean, aterrorizan, capturan y se materializan como sombras en los recuerdos. Bris ha sanado, ha recobrado su voz, compartiendo experiencias con sus hermanas, amigas y las niñas que llegan a Amiga Joven. Ha descubierto que mediante la palabra, esa misma que estuvo ausente por tanto tiempo, puede educar, prevenir y acompañar a las niñas para que ninguna repita su historia.

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En un esfuerzo por brindar apoyo a niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, es crucial contar con recursos accesibles y confiables. Si tú o alguien que conoces está enfrentando una situación de este tipo, te invitamos a que accedas a la Ruta para la atención especializada a menores de edad víctimas de violencia sexual del ICBF, donde se ofrece orientación y asistencia especializada en casos de delitos sexuales. Puedes encontrar más información y acceder a la ruta de forma segura, haciendo clic en el siguiente enlace: https://www.icbf.gov.co/mis-manos-te-ensenan/ruta-para-la-atencion-especializada-menores-de-edad-victimas-de-violencia. 

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