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Edición 103

event 05 Octubre 2022
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De la Urbe
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  • Manifiesto por una universidad segura

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    Este editorial no es nuevo, pero contiene una voz más potente, un coro más disímil, un discurso que ha aprendido a nombrar. Por eso hoy nos manifestamos y nos preguntamos: ¿dónde está esa Universidad segura de la que nos hablan como un entorno crítico y reflexivo?

     

    UDEA emergencia VGB

    Este editorial no es nuevo. Hace cuatro años, el 13 de septiembre de 2018, un grupo de mujeres de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas interrumpieron una ceremonia de grados para señalar a un estudiante por haber abusado de una compañera y protestaron en contra del silencio administrativo de la Universidad de Antioquia. En esos meses, algunas estudiantes pegaron carteles en los baños con los nombres y las fotografías de sus agresores. A finales de ese año, Bienestar Universitario publicó una ruta de atención a casos de violencia de género.

    Este editorial no es nuevo, pero la discusión es cada vez más urgente. El 5 de agosto de 2022, un grupo de mujeres de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas empapeló las paredes de la Universidad con denuncias sobre diferentes violencias basadas en género (VBG) que viven como estudiantes: acosos, comentarios misóginos, agresiones sexuales y discriminación por identidad de género y orientación sexual. No solo expusieron nombres y cargos, también presentaron un pliego de peticiones en el que exigen que se abran las investigaciones que llegan a la Unidad de Asuntos Disciplinarios y que haya reformas en los planes de estudio con perspectiva de género. Desde entonces, varias mujeres y disidencias sexuales de otras facultades hemos expresado nuestra rabia, dolor e inconformidad. Hemos pintado carteles, rayado paredes, nos hemos unido a las manifestaciones y nos hemos acompañado en las asambleas para exigir respeto y seguridad en la Universidad.

    Este editorial no es nuevo, pero contiene una voz más potente, un coro más disímil, un discurso que ha aprendido a nombrar. Por eso hoy nos manifestamos y nos preguntamos: ¿dónde está esa Universidad segura de la que nos hablan como un entorno crítico y reflexivo? ¿Dónde está esa Universidad segura en la que somos vistas como pares académicos y no como oportunidades sexuales? ¿Dónde está esa Universidad segura en la que nos refugiamos de los comentarios y las persecuciones de la calle? Nosotras hemos habitado por años una universidad que dista mucho de la que soñamos alguna vez.

    Sí, en esta Universidad segura tenemos que pensar todos los días si nos podemos poner falda, vestido, short o algún tipo de escote para habitarla sin sentirnos incómodas. Sí, en esta Universidad segura recibimos miradas lascivas desde que cruzamos la portería, atravesamos los

    pasillos y llegamos a los salones de clase.

    Sí, en esta Universidad segura sentimos temor de que nos tomen una foto desprevenidas, sin nuestro consentimiento, y nos expongan en redes sociales.

    Sí, en esta Universidad segura aplazamos los cuestionamientos a la violencia machista y el debate por las violencias basadas en género.

    Sí, en esta Universidad segura algunos profesores nos invitan a la oficina o a la casa para mirar cómo nos pueden mejorar la nota: “¡Y ojo! Que esto quede entre nosotros”.

    Sí, en esta Universidad segura los profesores se burlan de sus colegas y estudiantes: “Es que este pregrado no es para mujeres”, “No lo vas a entender, eres mujer”.

    Sí, en esta Universidad segura hay tipos que nos persiguen y nos esperan en cada espacio que habitamos del campus.

    Sí, en esta Universidad segura las mujeres recibimos llamadas de números desconocidos o nos hablan por WhatsApp y nos dicen que alguien de la Universidad les pasó nuestro contacto.

    Sí, en esta Universidad segura los grupos clandestinos gritan por la libertad, pero ¿ya se habrán liberado de su macho interior?

    Sí, en esta Universidad segura nuestras denuncias se pierden en las rutas de atención y los profesores con dos, tres, cinco denuncias siguen dando clases.

    Sí, en esta Universidad segura borran nuestros murales y retiran nuestros carteles de denuncia y defensa de nuestros derechos.

    Compa, no es bobada tuya, te entendemos. Entendemos lo que es decidir cambiar de ruta porque hay un grupo de hombres y no queremos lidiar con tantas miradas. O cuando le decimos a una amiga que nos vayamos por otro lado, porque por ahí está el tipo que saluda insistente y no comprende que no estamos interesadas en él.

    Profe, te entendemos. Entendemos la sensación de que no te tomen en serio, que tus colegas interrumpan tus intervenciones y cuestionen tus logros y tu cargo profesional.

    Compañerx, te entendemos. No tienes que estar dando explicaciones sobre tu decisión de identificarte con lo que te hace sentir a gusto. Somos personas y eso basta para merecer respeto.

    Amigas, compas, las entendemos. Las entendemos cuando deciden usar las paredes como megáfonos para gritar los nombres y las historias de acoso y abuso porque no han sido escuchadas, porque las han dejado solas y con la responsabilidad de activar una ruta que las revictimiza.

    Y no, no somos exageradas ni histéricas. Somos personas cansadas y con rabia de lidiar con palabras, miradas, acosos, violencias y abusos.

    No, no exageramos porque un “NO” es evidente y se expresa mucho más que con palabras, nuestro cuerpo también habla y con eso debería ser suficiente.

    Por eso nos expresamos.

    Nos expresamos para poder estudiar en paz.

    Nos expresamos para que ninguna estudiante tema denunciar a esa “vaca sagrada”.

    Nos expresamos para exigir líneas seguras de atención, no pañitos de agua tibia; no más revictimización ni encubrimiento, porque debería ser más importante nuestra dignidad que mantener el nombre en limpio de un acosador o de una institución.

    Nos expresamos para que ningún estudiante reciba comentarios transfóbicos en su salón de clase.

    Nos expresamos para que los comentarios misóginos y denigrantes dejen de ser chistes.

    Nos expresamos para que no nos hagan sentir incómodas con halagos innecesarios.

    Nos expresamos por todas aquellas que dejaron sus carreras porque no fueron escuchadas.

    Nos expresamos por las que continúan, a pesar de sus ataques de ansiedad y miedo.

    Nos expresamos por las estudiantes que trasnochan estudiando para no perder el examen, para que no tengan que escuchar a su docente decir “Yo sé cómo le puedo ayudar”.

    Nos expresamos por las que tienen que ver día a día a su acosador por los pasillos.

    Nos expresamos por cada denuncia que se ha quedado en un correo sin revisar.

    Nos expresamos por esas profesoras que son acosadas por sus pares e incluso por sus estudiantes, pero que no han podido denunciarlos.

    Nos expresamos porque queremos habitar una Universidad de Antioquia segura, de verdad, en la que rechacemos colectivamente cualquier tipo de violencia.

    Este editorial no es nuevo, pero nos expresamos porque calladas NUNCA más.

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