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Edición 100

event 11 Octubre 2020
schedule 17 min.
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Karen Dayana Jiménez López - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla. Manuela Echavarría Cuartas - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla. Simón Zapata Alzate - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla. Valentina Arango Correa - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.
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  • Digna rabia, entre las calles y las redes

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    La contingencia de la covid-19 hizo que las formas de protesta se adaptaran a las nuevas circunstancias y escalaran a otros medios. En Colombia, por ejemplo, hubo alrededor de 350 tuiteratones en cinco meses. ¿Cómo funcionan y cuáles son los alcances reales de las protestas digitales en el país?

     

    NosEstanMatando
    Andrés López – Intervención: Melissa Salazar.

    A principios de julio de 2020, durante tres días seguidos, la etiqueta #MatrículaCero fue tendencia en Twitter en Medellín. El numeral tenía el propósito de exigir el no pago de matrícula para la totalidad de estudiantes de pregrado de las instituciones de educación superior públicas del departamento y apoyar la huelga de hambre que seis estudiantes de la Universidad de Antioquia iniciaron el 8 de julio con el mismo objetivo.

    Después de 202 horas de huelga, el 17 de julio la Universidad de Antioquia anunció la gratuidad en el siguiente semestre para todos sus estudiantes de pregrado. Estudiantes del Politécnico Jaime Isaza Cadavid y el Tecnológico de Antioquia replicaron algunas acciones, incluyendo la huelga de hambre y las etiquetas en redes, y en ambas instituciones lograron algunos descuentos en el valor de las matrículas y el no pago para los estudiantes provenientes de municipios no certificados.

    El caso de #MatrículaCero es un ejemplo del protagonismo que alcanzaron las redes, ya no solo como herramienta de difusión, sino como espacio de protesta en sí mismo debido a las restricciones por la pandemia del coronavirus. Según José Luis Marín, abogado y activista conocido como AquinoTicias, si bien antes de la pandemia en las redes se agitaban ideas, hoy no se puede generar un proceso de transformación radical y profundo de la sociedad si no se ocupa también el espacio público de la virtualidad.

    “Las nuevas tecnologías han hecho que se pueda acudir a distintas formas de movilización, porque su sentido es visibilizar un asunto sobre el cual algún sector ciudadano tiene una necesidad, un inconformismo o quiere manifestar un apoyo, y ponerlo como un asunto público, demandar y exigir acciones”, explica por su parte Paulo Tovar, sociólogo y director de la línea de “Participación y diálogo para la construcción de paz” en la Fundación Ideas para la Paz.

    Una de las formas de protesta en la virtualidad es precisamente las tuiteratones: maratones de trinos en Twitter para posicionar un tema y hacerlo tendencia. El 24 de marzo, por ejemplo, surgieron las dos primeras que fueron tendencia en Colombia durante la pandemia. #PlataALaGenteNoALosBancos alcanzó casi 30.000 tuits y se mantuvo al día siguiente; mientras #UNSuspendenClasesOParamos tuvo cerca de 10.000 tuits.

    Twitter cuenta con seis millones de usuarios en Colombia, poco en comparación con los 15 millones de Facebook, y es apenas la sexta plataforma digital más usada después de YouTube, Facebook, WhatsApp, Instagram y Facebook Messenger. Por sus características, su inmediatez y la posibilidad de seguir un hecho en tiempo real, es la red social que mejor permite imponer temas en la agenda y, eventualmente, un diálogo directo entre las instituciones y la ciudadanía.

    “Twitter es la red social más política de todas, pues genera un espacio de debate que los ciudadanos antes no tenían. Ahora los ciudadanos se pueden dirigir a los políticos y los medios de comunicación de manera directa y explicitar sus necesidades o sus indignaciones”, dice Catherine Juvinao, activista política y fundadora de Trabajen Vagos, una veeduría ciudadana que le hace seguimiento al trabajo del Congreso de Colombia.

    Uno de los casos más recientes de protesta digital fue la campaña mediática contra el fracking en Colombia que fue tendencia nacional en Twitter desde el 5 hasta el 8 de septiembre con las etiquetas #NoAlFrackingEnColombia, #ElMicoDelFrackingSeCayó y el #FrackingChallenge. La idea era llamar la atención de los congresistas que estaban por debatir el artículo 210 de la reforma al Sistema General de Regalías, el cual incentivaba económicamente a las empresas que extraen hidrocarburos de yacimientos no convencionales.

    Finalmente, el lunes 7 de septiembre en la conciliación entre la Cámara de Representantes y el Senado, el artículo 210 fue eliminado. Para Catherine Juvinao, la campaña en redes influyó en el escenario público. “Esto se logró gracias a la unión entre la organización Colombia No al Fracking, un grupo de artistas que cada vez se sienten más conscientes y se quieren involucrar más en asuntos políticos, y la veeduría de Trabajen Vagos. Algo que hicimos bien fue que nos dirigimos a cada uno de los congresistas, tanto los que estaban a favor como los que estaban en contra y al final funcionó”, dice.

    El poder de las acciones


    “El poder de las acciones radica en el impacto mediático de una movilización”, dijo Verónica Gallego por llamada telefónica después de la huelga de hambre en la que participó exigiendo #MatrículaCero para los estudiantes de la Universidad de Antioquia. La movilización surgió de conversaciones por WhatsApp con compañeros que les ayudaron a conseguir auxilios para su salud y seguridad.

    Durante los días de huelga, a las nueve de la noche, los estudiantes transmitieron en vivo en Facebook y redactaron informes para difundir por grupos de chat el estado de los huelguistas. A través de las redes sociales gestionaron espacios en medios de comunicación y lograron llevar sus peticiones hasta la Asamblea Departamental de Antioquia y al Concejo de Medellín.

    Si bien como herramienta de difusión las redes sociales logran que algunos temas escalen debates en la opinión pública, Carolina Botero, directora de la Fundación Karisma, organización que analiza y promueve los derechos humanos y las libertades en el mundo digital, considera que la capacidad de protestar por medio de redes sociales es limitada. “Esto funciona en lo urbano, en Bogotá funciona, las personas se quejan y protestan por internet, generan hashtag y se movilizan”, explica. Pero por fuera de las grandes capitales el panorama es diferente. A este problema de conectividad, Daniel Suárez, activista ambiental y social de Medellín, le suma “el exceso de información que hace que el mensaje no sea tan fuerte [...] y se pierda el sentido que se logra en el territorio”.

    Para Andrés López, fotógrafo de medios alternativos e integrante del colectivo Ab_Zurdo, la calle sigue siendo el primer ejercicio de presión social para crear cambio: “Si la gente no se vuelca a las calles y sigue estando en redes todo va seguir igual”, dice Andrés. Ab_Zurdo se fundó al principio de la cuarentena con el propósito de “visibilizar, sensibilizar y darle contexto” a la gente en redes sobre las luchas que algunos grupos de ciudadanos seguían dando en la calle. “Si la calle nos queda vedada y quedamos reducidos a esta virtualidad para protestar, eso sí sería el acabose, eso sería una derrota para la democracia”, afirma Jerson González, defensor de derechos humanos y consejero de paz de Medellín, conocido como Kanábico.

    Pero la calle no se ha vetado y muestra de esto fue la ola de protestas en septiembre después del asesinato de Javier Ordóñez en Bogotá a manos de la policía. Al día siguiente de que se conociera el video de la agresión a la que fue sometido, se convocaron marchas y plantones a nivel nacional. Entre tanto, en redes se posicionaron como tendencia nacional en Twitter las etiquetas #PolicíasAsesinos alcanzando más de 126.000 tuits y #ColombiaDespierta con 28.000.

    Lalis Beltrán, periodista y activista digital, considera que lo que están logrando las redes sociales es que “la gente le está perdiendo el miedo” a participar en el debate público, por lo menos digitalmente. “Hay un montón de gente que crea contenido, que está llamando a reflexiones pedagógicas con vídeos, y que se está apoderando de escenarios de discusión”, explica. “Cuando el ciudadano de a pie, que está consumiendo Facebook, se da cuenta de lo que está pasando es ahí cuando se indigna y sale a las calles a marchar”, concluye.

    Pero así como las formas de protesta se transforman, también lo hacen las manifestaciones represivas. Prueba de esto son los perfilamientos de la Presidencia de la República a por lo menos 450 influenciadores en redes sociales, que se conocieron en agosto y que, según la Fundación para la Libertad de Prensa, tenían el propósito de “saber qué opiniones tenían sobre el Gobierno y, según esa información, los categorizaron en positivo, negativo y neutro”.

    Las redes sociales no son nuevas en el debate público y en las protestas sociales. Sin embargo, la pandemia pudo ser el momento para construir, consolidar y canalizar la indignación a través de ellas. Ahora que terminó la cuarentena, las movilizaciones y plantones están regresando a la calle, pero quizá la convergencia de ambos escenarios y los aprendizajes de los últimos meses sean determinantes para posicionar con más contundencia algunos mensajes en el debate público.

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