Vida Maitamá: un tesoro natural en peligro

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13 julio, 2026
Por: María Isabel Ospina | isabel.ospina1@udea.edu.co, Hary Valeria Copete | hary.copete@udea.edu.co y María José Vallejo | maria.vallejom@udea.edu.co

El complejo de páramos de Sonsón late con vida propia. Detrás de su belleza se esconde una lucha entre la conservación y los intereses individuales. Esta es la historia de un lugar donde la protección del ambiente y los ingresos que genera el turismo entran en disputa.

Siete personas recorren un camino en Sonsón, la neblina tapa una parte del paisaje.
Estudiantes de la Universidad de Antioquia durante una visita al cerro La Vieja. Foto: Linda Valentina Ramírez.

Cuando llegaron a la cima no había espacio para acampar. Aun así armaron dos carpas para pasar la noche, talaron frailejones para aumentar el espacio y prendieron una fogata. Los frailejones están en peligro de extinción, crecen entre uno y dos centímetros y medio por año y pueden tardar hasta 100 años en alcanzar su altura máxima. Se ubican en las partes más altas de los páramos (entre los 2700 y los 4400 metros sobre el nivel del mar) y usan su cuerpo como una esponja para captar la humedad de la neblina y luego convertirla en el agua que baja hacia las quebradas y los ríos

En el complejo de páramos de Sonsón queda el cerro Las Palomas, conocido también como Vida Maitamá. Allí crece un frailejón endémico llamado Espeletia restricta y se descubrió en los últimos años una especie de orquídea llamada Pleurothallis maitamae, conocida ahora como la orquídea maitamá. Hace dos años un grupo de turistas acampó en la punta de este cerro y cortó algunos de los frailejones que había allí. En ese momento, en todo el cerro se podía hacer turismo. Meses después, el 9 de octubre de 2024, las autoridades locales prohibieron cualquier turismo en el cerro y, posteriormente, en abril de 2025, cerraron para el turismo ciertas zonas de La Vieja, otro cerro aledaño. El cierre se justificaba en la afectación medioambiental.  

Luisa Arbeláez, periodista de Sonsón, tiene una postura clara sobre el tema: no está de acuerdo con el turismo que allí se hace, ya que este no considera el daño medioambiental. Jatin Castañeda, directora local de Turismo, menciona que tampoco está de acuerdo: “Lo que pasa es que ellos, los guías empíricos, perdón la expresión, solamente quieren ganar plata. Dice que la Alcaldía no apoyaba el turismo a los páramos porque de cualquier forma lastimaba al medioambiente, pero como institución tampoco lo pueden evitar por completo.

Según Natalia Zapata, fundadora de la Asociación Ambiental y Social de Mujeres Rurales Amigas del Páramo, “el turismo en el cerro se disparó tras la mejora de la seguridad en la zona, especialmente después de que se puso de moda el turismo de altura y se descubrió el frailejón endémico” en 2020. Todo esto llevó a una masificación turística sin vigilancia ni control y los guías turísticos que venían de otras partes subían con grupos de hasta 30 personas, hacían fogatas y dejaban basura, lo cual degrada el ecosistema, ya que la materia orgánica se descompone más lento debido al frío. 

Aun así, en Sonsón hay personas que ven el turismo en el complejo de páramos como una oportunidad de trabajo. En la vereda Manzanares vive Fredy Orozco en una casa de paredes blancas y techo de teja. Él es un hombre alto, de unos 50 años, que hace recorridos guiados por los cerros de Sonsón. Antes de subir se alista: viste sombrero de paja, camisa verde fosforescente con la imagen de La Vieja y una chaqueta beige. Nubia, su esposa, de estatura baja y cabello negro lacio, prepara el desayuno que le entrega a los turistas: arepa con quesito, huevo, tortas de maíz, carne y arroz con chocolate en aguapanela. Alrededor de la casa donde viven hay un árbol de guayaba agria, otros de aguacate y varios cultivos de papa criolla. Fredy es campesino, en realidad el turismo solo le representa un ingreso extra.

Manzanares está dividida en tres partes: centro, abajo y arriba. Está repleta de tres cultivos: cebolla larga, papa criolla y aguacate. De acuerdo con Leidy Orozco, presidenta de la Junta de Acción Comunal de Manzanares, “el turismo en la zona surgió después del año 2005”, cuando mejoró la seguridad en varios lugares como el camino a Murringo, cascadas, cuevas y, el más famoso, La Vieja.

En la zona de páramos algunos de los cultivos más comunes son la cebolla de rama y el aguacate. Foto: Linda Valentina Ramírez.

En 2025, antes de las regulaciones, el turismo estaba en apogeo. Antes de la pandemia el turismo llegaba hasta el pueblo, pero después el ecoturismo tomó fuerza y subir los cerros de La Vieja y Las Palomas se volvió un atractivo debido a la cercanía y la seguridad para visitarlos. Los guías de Manzanares, entre ellos Fredy, siempre habían sido los encargados de guiar. Él llevaba alrededor de 23 años subiendo, pero empezaron a llegar nuevos guías provenientes de agencias de afuera del municipio. Primero les pagaban a los locales, luego se aprendían el camino y comenzaban a ofrecer los recorridos por su cuenta.

Junto con su sobrino, Fredy es uno de los dos guías que quedan en la zona. Él brinda el recorrido acompañado de sus dos perros: Júpiter, pequeño, blanco y con manchas cafés, y Oso, de un pelaje café y negro. Durante el ascenso a La Vieja, Fredy habló sobre las regulaciones y el cierre de Las Palomas: “Ya nos tienen aquí con unas reglas y nos pusieron muchas reglamentaciones más. Pero las estamos respetando, ya que a nosotros nos conviene también. Porque es que si el morro nos lo ayudan a controlar, no hay peligro de que nos lo cierren. Es como yo le dije al alcalde: ‘Es que ustedes están fomentando el turismo en Sonsón y cerrando lo que hay de turismo’”. De hecho, la Alcaldía adoptó un plan local de turismo que va desde 2022 a 2031 con el objetivo de impulsar el desarrollo sostenible y aprovechar el potencial turístico de la región.

Justamente, Jatin había mencionado que desde la administración municipal tenían planeado cerrar el cerro La Vieja este año debido al daño que hay en la flora y fauna. Agrega que no pretenden llegar a chocar con la comunidad: “Y cerrar los dos cerros de una, no, eso no se puede hacer. Uno les dice, ‘en algún momento vamos a cerrar’ y el choque es impresionante”.

La disputa por el cierre del cerro Las Palomas fue tan grande que Jatin recibió seis demandas como directora de Turismo en Sonsón, pues la comunidad estaba dividida: unos apoyaban el turismo, otros defendían el cierre. Además, parte del terreno para acceder al cerro Las Palomas le pertenece a Cristina Escobar, una habitante del cerro que no estaba de acuerdo con que los turistas siguieran pasando por su terreno debido a la cantidad de basura y desechos que dejaban. A partir de 2024 la Alcaldía cerró el acceso con una reja alrededor del lugar y, aun así, había empresas de turismo que la cortaban e intentaban subir. 

Fredy tenía otra perspectiva, consideraba que ciertos sectores del turismo en Sonsón se oponían a que realizara esta actividad debido a sus intereses propios: “Ellos se mantienen picados conmigo porque como a mí me llega turismo y hay personas que se hospedan en mi casa, hay muchos hoteles que dicen que yo no puedo hospedar gente”.

Mientras avanza con su bastón azul de senderismo cuenta que siempre recibía visitantes y que incluso una dueña de varios hoteles intentó frenar su actividad: “Si están fomentando el turismo no me parece justo, porque no solo hay turismo en el pueblo, también aquí”.

Durante la subida pasaban personas montadas a caballo y algunas vacas que iban sueltas por la zona. Fredy cuenta que antes de las regulaciones el turismo era poco controlado y las medidas de seguridad eran escasas. Menciona que hay empresas “muy irresponsables” que llegaban en buses con 28 o 30 personas y que el riesgo de que muriera alguien durante el recorrido era alto, ya que no mencionaban el nivel de dificultad de la caminata o decían un nivel que no era correcto. “Ellos ponen un dos y medio o un tres, lo que les interesa es que se apunte mucha gente, lo que les interesa es la plata. Y por empresas así es que necesitamos el control, porque a una empresa llega y se le muere una persona ahí y nosotros pagamos por eso”.

En el camino también había una especie de santuario dentro de una piedra grande, allí había velas de varios colores: amarillas, verdes y rojas, pequeñas estatuas de vírgenes y un Jesús crucificado. Fredy explicó que esto era normal, que antes las personas subían al cerro a pagar promesas y hacer romerías, pero que estas prácticas también dejan huellas como cera y otros residuos que con el tiempo se acumulan y alteran el ecosistema.  

El cerro La Vieja está a 3150 metros sobre el nivel del mar. Jatin Castañeda dice que es de dificultad cinco y que hay “que tener cuidado con el tema del mal de altura” porque hay que “subir caminando tres horas y media y bajar es mucho más difícil”. 

No era extraño que las personas sin guía se perdieran; parte del recorrido por el cerro es un bosque lleno de vegetación que no da lugar a explorarlo de manera sencilla, si alguien entra sin experiencia le sería fácil perderse entre los altos árboles. Fredy habló de una situación así: hace años habían entrado personas a acampar en el bosque, él junto con su primo tuvieron que ir a buscarlos porque se habían perdido. 

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Cornare es la entidad pública encargada de la protección del medioambiente y la gestión de recursos naturales en 26 municipios de Antioquia repartidos entre las subregiones de Oriente, Nordeste y Magdalena Medio. El complejo de páramos de Sonsón tiene 15 cerros con alturas superiores a 2900 metros sobre el nivel del mar, de los cuales 13 se encuentran en jurisdicción de Cornare y otros dos en protección conjunta con Corpocaldas, pero hoy los páramos están en riesgo y es por esto que dicha entidad emitió la Resolución del 9 de octubre del 2024 que establece las restricciones de acceso, con el fin de limitar las actividades turísticas en el cerro Las Palomas.

La temperatura de los páramos de Sonsón varía, en promedio, entre tres y 12 grados centígrados. Foto: Linda Valentina Ramírez.
La temperatura de los páramos de Sonsón varía, en promedio, entre tres y 12 grados centígrados. Foto: Linda Valentina Ramírez.

Jatin Castañeda agrega que en todo el cerro La Vieja no hay guardabosques ni estrategias que permitan controlar el turismo más allá de cerrar el lugar con rejas como hicieron en Las Palomas: “El municipio de Sonsón es categoría cinco. Así que el tema de los recursos y los ingresos es muy poco. Para tener un guardabosques, económicamente, no nos da. Con contarles que la oficina de Turismo solamente tiene una persona encargada”, agrega la directora de la dependencia.

Esa escasez de recursos ha desembocado en otros problemas. La misma comunidad de Manzanares lo expresaba en el proyecto Plan Ecoeducativo La Vieja 2025-2028 sobre acciones integradoras para la salud y el equilibrio ecológico del complejo de páramos de Sonsón. Este fue realizado en conjunto con la Universidad de Antioquia, la Alcaldía de Sonsón y Cornare, y en el cual los habitantes “manifiestan una ausencia de procesos de educación ambiental para la salud y el equilibrio ecológico de este tipo de ecosistemas, ya que el desconocimiento y la falta de acompañamiento institucional les ha llevado a la deforestación y la contaminación de los suelos y las aguas a partir de producciones agropecuarias, y rutas turísticas sin control en zonas de conservación, lo cual ha causado daños irreparables”. Además, el daño ambiental no se debe solo al turismo, también influyen la deforestación y la extensión de cultivos hacia la zona de páramo y nacimientos de agua

Natalia Zapata, de Amigas del Páramo, menciona que el cultivo de aguacate en Sonsón ya llega hasta la cima del cerro y que demanda grandes cantidades de agua de la zona. Además, dice que talan los bosques nativos para cultivar más de ese fruto, lo que genera “un desierto verde” debido al monocultivo, y esto afecta la presencia de flora y la conservación. 

Por otro lado, Jatin considera que “la única forma para tener un control es tener una persona allá completamente, pero el tema del recurso no nos ayuda. Entonces deberíamos tener un Caica colocado por Cornare, una persona que esté pendiente de la subida, del acceso, al cerro La Vieja”. Un Caica (Centro de Atención, Información y Cultura Ambiental) es la iniciativa con la que Cornare involucra a la comunidad como protectores para cuidar las áreas de la jurisdicción, y propone que los habitantes de esas áreas realicen una labor de control sobre el ingreso de personas a la zona, como un guardabosques.

David Echeverri, jefe de Gestión de Biodiversidad, Áreas Protegidas y Servicios Ecosistémicos de Cornare, comenta que esta entidad apoya la conservación del cerro La Vieja haciendo proyectos en la vereda Manzanares. Dice que ellos promocionan el turismo sostenible, pero también menciona que el control y la regulación del turismo y la conservación “recae en las administraciones municipales, y estas se ven, digamos, como sorprendidas ante una dinámica tan difícil de abordar porque son actividades no planeadas, informales. Nosotros lo que hacemos es sumar recursos para apoyarlas”.

Frente a esta situación, se han propuesto varias alternativas. Natalia Zapata no cree que cerrar el páramo sea una solución definitiva, sino que el problema radica en cómo se hace el turismo y en la necesidad de organizar la actividad con mayor conciencia y ofrecer otras alternativas a los visitantes. También propone limitar el acceso para que sea solo para investigación o fines espirituales, establecer normas claras para el ingreso y realizar un análisis de capacidad de carga para determinar cuántas personas soporta el ecosistema.

El páramo de Sonsón es un recordatorio de que la naturaleza es frágil y necesita del apoyo de varios actores para ser protegida, como dice Leidy Orozco: “Se está trabajando con la comunidad, con el turista, en apoyo con Cornare, con el municipio, con la Junta de Acción Comunal. Se trata de unir todos esos focos para sacar todo adelante”.

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