Hace muchos años en Envigado los criminales encontraron en lo oculto un respaldo para sus acciones. Esta es la historia de una mujer que, sin buscarlo e incluso evitándolo, terminó enredada en líos de narcotraficantes y mafiosos, quienes mediante rituales, oraciones y talismanes que ella oficiaba, buscaban burlar a sus enemigos, “coronar vueltas” y evitar la muerte.
El olor a hierbas se extiende por todo el lugar mientras la sangre sale del cadáver de un animal recién sacrificado y el humo del círculo de velas sube hasta perderse con el viento. Se escuchan murmullos de oraciones elevadas a san Ismael, el santo de los malandros, conocido como el primer delincuente canonizado. En medio de las velas está, sentada y en ropa interior, una figura con cara de alcalde, de secretario de despacho, de concejal o de sicario de la Oficina. Una voz repite las oraciones al santo, entregando el sacrificio animal como pago a cambio de dinero, poder o protección.
Katrina
Cuando conocí a Katrina* sentí una tranquilidad un poco extraña. Tal vez por el tono calmado, casi tímido, con el que me habló, o por su amabilidad al saludar. Tal vez por la manera en que sus ojos verdes con el delineado tatuado nunca llegaron a encontrar los míos, ni siquiera cuando estaba leyendo mi futuro en las cartas. Las pequeñas pecas en sus mejillas resaltan en su piel blanca, los años y el sol han dejado huella en su rostro, su cuerpo guarda el recuerdo de que logró tener mucho dinero: a pesar de los años, las cirugías en sus pechos y glúteos aún se mantienen en su lugar.
Cuando entras a su casa, no ves nada raro. Es una casa de familia con varios cuadros del Sagrado Corazón de Jesús en las paredes y una estatua pequeña del arcángel san Miguel en el centro del comedor. En esa misma mesa, con el mantel blanco corrido hasta la mitad y una baraja española desgastada por los años, mientras su padre observa indiferente desde el sofá y su hermano está absorto en el computador, Katrina lee las cartas y hace adivinaciones y rituales a un grupo selecto de personas poderosas del municipio de Envigado.
Katrina cuenta que desde que era niña veía sombras, rostros de personas y espíritus en las plantas. Una mañana, un señor se acercó a la casa de sus padres a llevar las frutas y las verduras del mercado. Ella tenía siete años. Un atisbo de su rostro fue suficiente para decirle a su madre su primera premonición: “Mamá, a ese señor lo vamos a ver en una caja hoy”. En la noche sus padres la llevaron al velorio del hombre, que había muerto en un accidente de tránsito. Después de ese día, su madre la llevó donde un médico para descartar algún trastorno o enfermedad, pero dentro de sí ya sospechaba que Katrina había heredado de su abuela el don de la brujería.
En 1990, cuando tenía 12 años, murió su madre. Su padre no quiso hacerse cargo y sus dos hermanos mayores tampoco, entonces Katrina tuvo que irse a vivir con su tía, quien al saber sobre su don y al estar sin trabajo en ese momento, la obligó a hacer predicciones por largas jornadas mientras le negaba la comida y se quedaba con el dinero. Cansada de esa situación, después de varios meses, Katrina huyó hacia Bogotá, donde encontró a un viejo maestro de unos 80 años que la ayudó a potenciar su don.
Los maestros son personas con un mayor desarrollo espiritual que guían a otras que apenas están conociendo su don. “Yo siempre le huía a esto, pero donde llegaba siempre había alguien que me preguntaba si yo sentía algo”, dice Katrina. Así conoció al maestro, y con él viajó a Meta. Cuenta que allí, en medio de la naturaleza, él detuvo el cauce de un río y le dijo que ella era la persona que estaba esperando para pasar sus conocimientos en vida. Al poco tiempo murió, pero su conocimiento y el de muchos otros guías que ha conocido siguen con ella.
Rituales y sangre
Las mafias y los criminales siempre han tenido un nexo con lo religioso, lo espiritual y lo sobrenatural. El periodista Nelson Matta, quien ha investigado este tema para su pódcast Revelaciones del bajo mundo, de El Colombiano, dice que es muy común que estos dos mundos se conecten y que suele ocurrir más en lo rural que en lo urbano. En el pódcast narra varios casos donde se presenta este fenómeno: narcos que se hacen “cerramientos” para ser inmunes a las balas, cuadernillos con oraciones y rituales en latín encontrados en bolsillos de criminales muertos. Además de talismanes y objetos con los que buscan protegerse y burlar a la policía. A partir de sus investigaciones y entrevistas con antropólogos y psicólogos, Matta dice que algunos criminales “son conscientes de que están haciendo el mal y quieren conectar con fuerzas del mal; por eso le rezan a la Santa Muerte, para poder acceder a ese mundo”.
En los años 80 empezó a operar una de las bandas de crimen organizado y narcotráfico más grande del Valle de Aburrá y del país: la Oficina de Envigado, que hoy opera con un perfil más discreto. Según Juan Diego Restrepo, autor del libro Las vueltas de la Oficina de Envigado, esta nació como una estructura de regulación mediante la cual Pablo Escobar cobraba sus deudas, arreglaba las disputas entre sicarios, buscaba la resolución violenta de conflictos y mediaba en el tráfico de drogas. Después de la muerte del narcotraficante y del conflicto con los “Pepes” (perseguidos por Pablo Escobar), en los años 90 esta “oficina” pasó a manos de Don Berna, quien se encargó de convertirla en una de las estructuras criminales más grandes del país.
Muchos sicarios y “duros” de la Oficina buscaron refugio en lo sobrenatural y recurrieron a prácticas de brujería y espiritismo para saber sobre su destino, tratar de burlar a sus enemigos y a la muerte y lograr prosperidad con sus “vueltas”. En Envigado, la espiritista más conocida en ese mundo ha sido Katrina.
Desde 1990, cuando su tía la obligaba a trabajar, Katrina se empezó a hacer una reputación en Envigado. Daniel Mejía, alias Danielito, segundo al mando de la Oficina en los años 2000, llegó a Katrina en el 2003 gracias a una lectura que ella le hizo a una de sus amantes. En medio de la consulta, Katrina predijo algo sobre él que resultó ser cierto, por lo que este la mandó a llamar. En noviembre de 2006, Danielito fue desaparecido. Katrina cuenta que tres días antes le había advertido, por medio de su amante, que se cuidara porque eso le iba a pasar. Se presume que lo mataron por su participación en el asesinato de Gustavo Upegui, primero al mando de la Oficina.
La reputación de Katrina por la certeza de sus predicciones se extendió entre estos personajes. Para ella era costumbre ver camionetas negras blindadas esperando para llevarla a visitar a estos sicarios, narcotraficantes y paramilitares. Cuando Katrina sentía una camioneta estacionarse al frente de su casa, se ponía su mejor vestido y unos tacones altísimos que resonaban en cada habitación a la que entraba. Katrina les realizaba lecturas y rituales de protección, “cerramientos” o “abrecaminos” para la buena suerte y la devolvían a su casa con fajos de billetes que rondaban los 30 o 50 millones de pesos. Muchas veces la hacían preguntarles a las cartas si alguien estaba diciendo la verdad, otras, la ponían frente a tres o cuatro personas y tenía que señalar al culpable. Aunque no quería, lo hacía para evitar que mataran a algún inocente.
Katrina nunca se ha sentido bien haciendo lecturas porque “es un desgaste muy grande tener que estar sentada todo el día escuchando los problemas de los demás” y requiere entregar mucha energía y llevarse consigo esas cargas negativas, más cuando se trata de personas involucradas con el crimen. Por esta razón intentó alejarse del mundo esotérico por un tiempo en el 2007 y trabajó para varias empresas, pero, en el 2008, un hito que marcó a esta red criminal la obligó a volver.
Diego Murillo Bejarano, alias Don Berna, fue el encargado de vincular la Oficina con las Autodefensas Unidas de Colombia mediante la creación de los bloques Cacique Nutibara, desmovilizado en 2003, y Héroes de Granada, desmovilizado en 2005. El 13 de mayo de 2008 los jefes paramilitares desmovilizados estaban recluidos en La Ceja, cuando el entonces presidente Álvaro Uribe autorizó la extradición de 14 de ellos a Estados Unidos, incluido Don Berna.
“A ellos los detienen [extraditan] a la media noche y al otro día me llegan a las nueve de la mañana a la casa y me dicen que yo debo viajar a Bogotá”, cuenta Katrina. “Yo dije que yo no estaba trabajando y que no quería ir y me dijeron que no era si yo quería, sino que yo tenía que ir”. Fue Antonio López, alias Job, un exparamilitar de la Oficina y vocero político quien la ubicó y la obligó a viajar. A Katrina la montaron en un vuelo de la aerolínea Satena que salía del aeropuerto Olaya Herrera.
En Bogotá “me tuvieron cuatro meses, cambiábamos de apartamento cuatro veces por día. Me tuvieron que llevar a urgencias porque pasaba todo el día encerrada, a punta de Red Bull y realizándoles lecturas y rituales a todos ellos”. Katrina cuenta que, durante su estadía en la capital, les realizó trabajos desde integrantes de la Oficina que aún no se entregaban y hasta personajes de la prensa.
En esos meses Katrina le predijo a Job de qué iba a morir y en julio de ese año fue asesinado. Con la muerte de Job, Katrina quedó libre y pudo regresar a Medellín, luego quedó en embarazo y decidió de nuevo alejarse de ese mundo e irse para su finca en San Antonio de Prado, donde vivía su familia. “Estaba medio loca, entonces dije ‘me voy’, y me fui a pasar mi embarazo allá”.
Durante su embarazo se vio obligada otra vez a retomar. “Mis hermanos se quedaron sin trabajo, yo ya iba a tener el bebé y el papá del bebé me abandonó; lo único que yo sabía hacer era esto y todo el mundo me llamaba para que por favor le leyera. Entonces decidí trabajar con los clientes del exterior por teléfono para sostener los gastos del bebé, del embarazo y de la casa”. En el 2010, cuando nació su bebé, este tuvo muchos problemas de salud que los obligaron a volver a Envigado.
Katrina hoy tiene 48 años, sigue realizando lecturas en el apartamento donde vive con su hijo adolescente, su padre y sus dos hermanos, que todavía dependen económicamente de ella. Con sus trabajos se encarga de todos los gastos de la casa.
Para sacar una cita con ella hay que esperar varios meses porque su calendario está lleno. No hace publicidad, no tiene redes sociales, su celular lo maneja su hermano y rara vez sale de su casa; por eso, quienes llegan a ella lo hacen por el amigo de un amigo.
Ella es un secreto a voces en Envigado. Ya no es usual que les haga trabajos a delincuentes como los de la Oficina, ahora su clientela está conformada más por funcionarios de la Alcaldía. Por su mesa han pasado políticos reconocidos del municipio buscando impulsar su carrera. Cuenta que alguna vez le realizó un trabajo a un exalcalde y este, como todo político honesto, le quedó mal a la hora de pagarle el favor.
Las personas que la conocen hablan de ella con empatía, pues saben de las dificultades que ha enfrentado. “Ella es muy salada”, dice Juan*, uno de sus clientes y conocidos más cercanos, quién trabajó en la Alcaldía, recordando la vez que Katrina estaba en la finca de “un duro” y que uno de sus trabajadores intentó violarla. “La mayoría de personas que conocemos a Katrina, que la hemos visitado, decimos que es una mujer que ha sufrido, que le ha tocado muy duro en la vida”, explica. “Uno queda triste por ella porque resuelve los problemas de los demás, pero no los propios”, concluye.
“Los santos cobran favores”
Según Jarry, un brujo gitano de Manizales, la magia es un intercambio de energía. Quienes creen, acuden a sus guías espirituales: san Simón, san Cipriano, san Marcos, la Santa Muerte. Estos seres les ofrecen orientación, protección y apoyo a las personas. Cuando haces una pregunta al tarot o al tabaco, son tus guías los que te responden y te dan consejos, explica Jarry. Las personas que trabajan con brujería pueden acceder a estos más fácilmente y pedirles favores a cambio de algo, en un intercambio energético donde, si te dan, te tienen que quitar.
Jarry dice que la energía es blanca o negra y no hay grises, por eso la brujería es buena o mala. La magia blanca se centra en la protección y la sanación, mientras que la negra es la que se hace con intenciones egoístas, que incluye rituales a entidades mayores como las que Katrina usaba para realizar los trabajos a los integrantes de la Oficina.
En los últimos años, las personas cercanas a Katrina, como Juan, la han notado más agotada, creen que la energía a su alrededor se siente más pesada de lo habitual. Además, Jarry, que ha conocido trabajos hechos por Katrina, menciona que “hay oscuridades alrededor de ella”, y agrega que tiene las energías bloqueadas. “Energéticamente tiene una deuda, un karma que tiene que pagar por los favores que realizó en el pasado”, cuenta.
Según Jarry, los guías espirituales de las personas que murieron o se vieron afectadas por los trabajos de Katrina la están atormentando y ese karma se le está presentando físicamente. Por eso sus rodillas siempre le duelen y sus visitas al médico son más habituales, porque este tipo de deudas son las que se tienen que pagar sí o sí.
Hoy, Katrina tiene tumores en varias partes de su cuerpo, pero no para de trabajar. Jarry dice que Katrina está perdiendo su poder, ya que no siente su energía tan potente como antes. Sin embargo, todavía le quedan los conocimientos con los que se defiende en sus sesiones. Muchas veces regala los trabajos, elementos de los rituales que recomienda y hasta consultas, si ve que los clientes las necesitan. Ella dice que trata de ayudar, aunque poco a poco va notando cómo sus guías le están dando la espalda.
*Nombres cambiados a petición de las fuentes por razones de seguridad.