Los cuerpos que cargo

Hace muchos años en Envigado los criminales encontraron en lo oculto un respaldo para sus acciones. Esta es la historia de una mujer que, sin buscarlo e incluso evitándolo, terminó enredada en líos de narcotraficantes y mafiosos, quienes mediante rituales, oraciones y talismanes que ella oficiaba, buscaban burlar a sus enemigos, “coronar vueltas” y evitar la muerte. El olor a hierbas se extiende por todo el lugar mientras la sangre sale del cadáver de un animal recién sacrificado y el humo del círculo de velas sube hasta perderse con el viento. Se escuchan murmullos de oraciones elevadas a san Ismael, el santo de los malandros, conocido como el primer delincuente canonizado. En medio de las velas está, sentada y en ropa interior, una figura con cara de alcalde, de secretario de despacho, de concejal o de sicario de la Oficina. Una voz repite las oraciones al santo, entregando el sacrificio animal como pago a cambio de dinero, poder o protección. El cuerpo de Katrina es testimonio de lo que ha conseguido por su trabajo, pero también de lo que ha sacrificado. Ilustración: María Fernanda Vélez. @mafresitas_art Katrina Cuando conocí a Katrina* sentí una tranquilidad un poco extraña. Tal vez por el tono calmado, casi tímido, con el que me habló, o por su amabilidad al saludar. Tal vez por la manera en que sus ojos verdes con el delineado tatuado nunca llegaron a encontrar los míos, ni siquiera cuando estaba leyendo mi futuro en las cartas. Las pequeñas pecas en sus mejillas resaltan en su piel blanca, los años y el sol han dejado huella en su rostro, su cuerpo guarda el recuerdo de que logró tener mucho dinero: a pesar de los años, las cirugías en sus pechos y glúteos aún se mantienen en su lugar. Cuando entras a su casa, no ves nada raro. Es una casa de familia con varios cuadros del Sagrado Corazón de Jesús en las paredes y una estatua pequeña del arcángel san Miguel en el centro del comedor. En esa misma mesa, con el mantel blanco corrido hasta la mitad y una baraja española desgastada por los años, mientras su padre observa indiferente desde el sofá y su hermano está absorto en el computador, Katrina lee las cartas y hace adivinaciones y rituales a un grupo selecto de personas poderosas del municipio de Envigado. Katrina cuenta que desde que era niña veía sombras, rostros de personas y espíritus en las plantas. Una mañana, un señor se acercó a la casa de sus padres a llevar las frutas y las verduras del mercado. Ella tenía siete años. Un atisbo de su rostro fue suficiente para decirle a su madre su primera premonición: “Mamá, a ese señor lo vamos a ver en una caja hoy”. En la noche sus padres la llevaron al velorio del hombre, que había muerto en un accidente de tránsito. Después de ese día, su madre la llevó donde un médico para descartar algún trastorno o enfermedad, pero dentro de sí ya sospechaba que Katrina había heredado de su abuela el don de la brujería. En 1990, cuando tenía 12 años, murió su madre. Su padre no quiso hacerse cargo y sus dos hermanos mayores tampoco, entonces Katrina tuvo que irse a vivir con su tía, quien al saber sobre su don y al estar sin trabajo en ese momento, la obligó a hacer predicciones por largas jornadas mientras le negaba la comida y se quedaba con el dinero. Cansada de esa situación, después de varios meses, Katrina huyó hacia Bogotá, donde encontró a un viejo maestro de unos 80 años que la ayudó a potenciar su don. Los maestros son personas con un mayor desarrollo espiritual que guían a otras que apenas están conociendo su don. “Yo siempre le huía a esto, pero donde llegaba siempre había alguien que me preguntaba si yo sentía algo”, dice Katrina. Así conoció al maestro, y con él viajó a Meta. Cuenta que allí, en medio de la naturaleza, él detuvo el cauce de un río y le dijo que ella era la persona que estaba esperando para pasar sus conocimientos en vida. Al poco tiempo murió, pero su conocimiento y el de muchos otros guías que ha conocido siguen con ella. Rituales y sangre Las mafias y los criminales siempre han tenido un nexo con lo religioso, lo espiritual y lo sobrenatural. El periodista Nelson Matta, quien ha investigado este tema para su pódcast Revelaciones del bajo mundo, de El Colombiano, dice que es muy común que estos dos mundos se conecten y que suele ocurrir más en lo rural que en lo urbano. En el pódcast narra varios casos donde se presenta este fenómeno: narcos que se hacen “cerramientos” para ser inmunes a las balas, cuadernillos con oraciones y rituales en latín encontrados en bolsillos de criminales muertos. Además de talismanes y objetos con los que buscan protegerse y burlar a la policía. A partir de sus investigaciones y entrevistas con antropólogos y psicólogos, Matta dice que algunos criminales “son conscientes de que están haciendo el mal y quieren conectar con fuerzas del mal; por eso le rezan a la Santa Muerte, para poder acceder a ese mundo”. En los años 80 empezó a operar una de las bandas de crimen organizado y narcotráfico más grande del Valle de Aburrá y del país: la Oficina de Envigado, que hoy opera con un perfil más discreto. Según Juan Diego Restrepo, autor del libro Las vueltas de la Oficina de Envigado, esta nació como una estructura de regulación mediante la cual Pablo Escobar cobraba sus deudas, arreglaba las disputas entre sicarios, buscaba la resolución violenta de conflictos y mediaba en el tráfico de drogas. Después de la muerte del narcotraficante y del conflicto con los “Pepes” (perseguidos por Pablo Escobar), en los años 90 esta “oficina” pasó a manos de Don Berna, quien se encargó de convertirla en una de las estructuras criminales más grandes del país. Muchos sicarios y “duros” de la
Preconteo generacional: jóvenes y adultos ante las urnas de Medellín

Durante la segunda vuelta por las elecciones presidenciales de 2026, en Medellín, personas de todas las edades salieron a las calles para votar por el candidato que más se alineaba con sus deseos. Desde Plaza Mayor hasta el Atanasio Girardot, se acercaron a las urnas con orgullo, miedo, tranquilidad o ansiedad. En el puesto de votación en el sótano de la Alcaldía Municipal, había 40 mesas habilitadas para que los ciudadanos ejercieran su derecho al voto. Foto: Pablo Giraldo Vélez. Un hombre lleva un sombrero amarillo, azul y rojo con la palabra “paz”. Toda su vestimenta tiene los colores de la bandera de Colombia y se dirige desde la estación Estadio del metro hacia el puesto de votación en el Atanasio Girardot. Se llama Paz Colombia Duque y siente una “satisfacción muy grande porque, a partir de hoy, vamos a descansar de tanta pelea, de tanto odio. Tanto del uno como del otro”. Como él, personas de todas las edades, con convicciones, sentires e ideales diferentes, se acercaron a los puestos de votación ubicados en Plaza Mayor, la Alpujarra, el estadio y el Politécnico Jaime Isaza Cadavid. Ocho horas antes de que la Registraduría Nacional informara los resultados del preconteo, alrededor de las 10:00 a. m., la jornada electoral transcurría con normalidad en las afueras de Plaza Mayor, el puesto de votación para mujeres más grande de la ciudad. Entre la masa de gente que entraba y salía constantemente del centro de eventos, se distinguían camisetas de la Selección Colombia y un electorado en el que sobresalían las mujeres de 40 a 60 años. Con cornetas y campanas de carritos de helado sonando de fondo, un helicóptero sobrevolando y mascotas —algunas engalanadas de amarillo—, las votantes y sus acompañantes, quienes las esperaban afuera del recinto, compartían opiniones en la plazoleta. Cuando Jaime Alzate, de unos 60 años y que estaba afuera de Plaza Mayor, se despertó para votar sintió “orgullo por la patria y la democracia” y deseos de “sacar a la izquierda”. Pero también tenía miedo de que los resultados no fueran reconocidos o fueran manipulados por aquellos a quienes llamó “las liendras”, un sentimiento que combatía con la creencia de que “los buenos”, sus copartidarios, eran más y que no se iban a dejar amedrentar de nadie, menos de la “gentuza de la guerrilla”. “Se sabe que esta gente quiere atornillarse en el poder y acabar con todo; entre comillas, hacer otro Venezuela de nuestro país”, dijo Jaime al final mientras vestía su camiseta tricolor. Plaza Mayor tenía un electorado habilitado de 44 736 posibles votantes con 56 mesas de votación, el segundo de Medellín, solo superado en cantidad de personas habilitadas para votar por el puesto destinado a los hombres, el estadio Atanasio Girardot. Allí, en la comuna 10 —La Candelaria—, Abelardo de la Espriella triunfó en la primera vuelta con el 54,9 % de los votos por encima del resto de candidaturas, según el escrutinio. Plaza Mayor no desistió en la tendencia de su comuna para la segunda vuelta y recibió a miles de personas que llevaban al tigre por delante en sus camisetas y cuyos bafles entonaban “tigre que ruge y muerde, tigre que nada teme, tigre que deja huella. Abelardo de la Espriella, ¡Firmes por la patria!”. La fe en el candidato del lema “Firmes por la patria” la compartía Gloria Méndez que, como Jaime y muchos otros, se vistió con la camiseta de la selección. Ella se levantó a votar con tristeza, temor y estrés. Sin embargo, ante todo, le emocionaba ver a tanta gente votando y tenía una certeza: “Abelardo va a ganar y vamos a recuperar el país”. Para el 22 de junio, con el 99,99 % de las mesas informadas, De la Espriella fue elegido como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030 con el 49,66 % de los votos a su favor; Iván Cepeda ocupó el segundo lugar en la contienda electoral con el 48,70 %; la diferencia entre ambos candidatos fue de 0,96 %, la más estrecha en la historia del país. A sus 75 años, con mechones pintados de tintura rojiza que sobresalía entre las canas, Luz Cadavid dijo que es necesario votar para aportar a la patria y por eso lo hace siempre: “Si no, no podemos lamentarnos ni criticar”. En esta ocasión, lo hizo porque la convenció la campaña de su candidato y padeció nervios porque ella quiere cambio y no continuidad. Sobre todo, dijo que no quiere guerra tras los resultados de la segunda vuelta. En Plaza Mayor solo votan mujeres. Había 44 736 habilitadas. Foto: Pablo Giraldo Vélez. Pero en Plaza Mayor también hubo opiniones que partían de un lugar diferente, como las de Natalia Duque y Jorge Libreros —de 45 y 48 años, respectivamente—, que invitaron a votar sin miedo y a continuar el cambio. Natalia es titiritera en Medellín hace 23 años y, con una boina negra en la cabeza, declaró que la motivación de su voto parte precisamente de su oficio. Ella quiere evitar el fracking y el cierre del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes: “Mi voto está con la vida, con la biodiversidad y, sobre todo, con el agua, para poder seguir soñando. Y las artes; todos necesitamos de las artes para poder tener salud mental”. Jorge es compañero de Natalia y juntos fundaron el teatro de títeres Jabrú en 2003. Por eso su motivación está sintonizada con la de ella; él votó por la supervivencia de su trabajo “independiente, artístico y cultural”. Pero además, compartió que esperaba que en Colombia ganara la inteligencia y el sentido de la vida porque considera fundamentales los cambios sociales propuestos por su candidato, Iván Cepeda. “Somos de la universidad pública. Somos del pueblo. Somos obreros y obreras y eso nos motiva a que esto siga por el camino que necesitamos”, dijo. En comparación con la primera vuelta, en Medellín, Abelardo de la Espriella obtuvo 142 927 votos más, mientras que Iván Cepeda sumó 121 110 al resultado anterior.
Pelar el cobre

Siempre que se acercan las elecciones cae sobre el país un velo de aturdimiento que nos revuelve las ideas y las identidades. En Colombia, donde, según el Dane, 15 millones de colombianos no logran cubrir sus necesidades básicas y otros seis millones no pueden costear la educación, la salud o la vivienda, olvidamos quiénes somos y, sobre todo, de qué lado estamos. Resulta decepcionante ver cómo, tras tanta palabrería electoral, el resultado son personas dispuestas a defender y votar por quienes nos desprecian y no defenderán nunca nuestros derechos. No es un fenómeno exclusivo de las elecciones, pero durante la temporada electoral se ve más: pelamos el cobre. Nos sale de las entrañas esa tendencia virulenta que nos hace segregarnos entre el «pobre pobre» y el «pobre menos pobre». Porque ese «pobre menos pobre» se abandera con la ilusión de sentirse más cercano a quienes tienen el dinero y el poder. Como si quienes somos la mayoría, los del común, pudiéramos mezclarnos con la minoría privilegiada. No es así. Tal vez el problema no sea solo político, sino que trasciende a lo cultural. Nadie defiende conscientemente lo que le perjudica; es la forma aprendida de ver el mundo lo que le lleva a hacerlo. En nuestro caso, hemos aprendido a aspirar hacia arriba, incluso cuando ese «arriba» nos desprecia porque se cree que hay dignidad en parecerse a quienes nos excluyen. Es la consecuencia de mitos como la meritocracia que se esconden detrás de frases como «Al que madruga Dios le ayuda» o «El pobre es pobre porque quiere». Es un mito porque creer que en Colombia cualquier persona puede ascender socialmente basándose solo en su talento, esfuerzo y capacidad es negar que, como demostró el Banco Mundial en el informe Trayectorias: prosperidad y reducción de la pobreza en el territorio colombiano (2024), la movilidad social en nuestro país está determinada por el origen socioeconómico de los padres, el sexo, la etnia y el lugar de nacimiento. Sin embargo, en las temporadas electorales este mito aspiracional se vuelve parte de un discurso que instrumentaliza el deseo del ascenso social del pueblo para asegurar apoyo electoral. Lo más lamentable es que siempre hay algo más profundo: la falsa conciencia, un concepto que describe los escenarios donde la clase trabajadora adopta las ideologías de la clase dominante o privilegiada, por lo que no percibe o reconoce su propia explotación o malestar. No es solo un error de percepción, sino también una forma de negarse a sí mismo. En Colombia sobran ejemplos: en el debate público por el aumento del salario mínimo para 2026 fue común encontrar en redes sociales a trabajadores oponerse al aumento de sus propios ingresos. En una publicación de El Tiempo en Instagram, titulada «Salario mínimo en Colombia para 2026 será de $2’000.000 con auxilio de transporte», se pueden pasar horas leyendo comentarios como «bienvenido el recorte laboral» y «empiezan los despidos, las empresas no van a aguantar». Como si sacrificar el bienestar de los trabajadores fuera un precio aceptable en nombre de defender una economía que no los favorece. Otro ejemplo es la resistencia a las reformas laboral, pensional y de salud que buscan recuperar derechos laborales perdidos, con leyes como la Ley 50 de 1990 y la Ley 789 de 2002, garantizar ingresos para la vejez a más colombianos y mejorar el acceso a la salud, respectivamente. Es una resistencia que no se ha evidenciado únicamente en el Congreso o en redes sociales, sino también en movilizaciones como la Gran Marcha Nacional, del 21 abril de 2024. Si bien esta fue convocada por los gremios empresariales, la oposición del gobierno de Petro y los integrantes del sector médico, contó con una amplia participación ciudadana en ciudades como Medellín, Bogotá y Cali, que en conjunto sumaron aproximadamente 400.000 manifestantes, según dijo entonces El País. La crítica no es porque las leyes y las reformas deban aceptarse sin cuestionamientos, sino porque su rechazo plantea una pregunta más incómoda: ¿por qué parece más peligroso defender los derechos del pueblo que conservar las condiciones actuales? Es ahí donde se materializa la falsa conciencia que nos hace olvidar que, en un país como el nuestro, incluso los autoproclamados «pobres menos pobres», siempre vamos a estar más cerca del vendedor de aguacates y bananos en los bajos de la estación San Antonio, que de un político o un millonario y sus compinches. Aun así, insistimos en defenderlos como si eso nos garantizara acceso a un privilegio que creemos haber logrado o esperamos lograr algún día. Quizá el mayor riesgo de este aturdimiento nacional, de que pelemos el cobre, no es votar mal, sino olvidar que somos parte de la misma realidad porque al final, cuando pasen las elecciones, la vida seguirá siendo igual para la mayoría durante cuatro años más: la fila, el arriendo, el rebusque, la comida, la salud, la incertidumbre. Es justo ahí donde realmente existimos, donde no están los discursos ni la palabrería. Es ahí donde están los que se parecen a usted, a mí, a todos nosotros.
Las misiones que heredará el nuevo Gobierno
El carriel también va a la izquierda

En las elecciones legislativas del 8 de marzo y en la primera vuelta del 31 de mayo, el Pacto Histórico se consolidó como la segunda fuerza política en Antioquia. Ahora, en un departamento tradicionalmente inclinado hacia la derecha, este partido se disputa el relato de lo que significa ser antioqueño en su camino hacia la Casa de Nariño. El sábado 28 de marzo, Iván Cepeda, candidato presidencial del Pacto Histórico, dio su último discurso en la ciudad. Frente a un parque de San Antonio lleno, afirmó que Antioquia es un pueblo resiliente, laborioso y noble, se mantuvo en su postura de que el departamento «se convirtió en la cuna de la parapolítica, del narcotráfico y del terrorismo de Estado» y que esto no es más que «constatar la realidad». Ese mismo día, María Fernanda Carrascal, representante a la Cámara por Bogotá, del mismo partido, publicó en su cuenta de X: «Si Antioquia cambia, Colombia cambia«. Casi dos meses después, esa idea se puso a prueba en la contienda presidencial del 31 de mayo: Abelardo de la Espriella, el candidato de derecha, salió victorioso con 1.725.297 votos –el 53.74 % del total–, ganó en 110 de los 125 municipios del departamento y se impuso en todas las comunas y los corregimientos de Medellín. José Luis Marín, concejal del Pacto Histórico conocido como AquinoTicias, dice que, aunque el resultado genera una sensación de derrota –Cepeda quedó de segundo cuando hace cuatro años Petro había quedado primero–, los resultados esconden matices: en 2022, el ahora presidente obtuvo 682.282 votos en Antioquia en primera vuelta; hoy, Cepeda consiguió 806.959, es decir, un 18.2 % más. En la sede de campaña en Medellín –una casa de dos pisos en el barrio La Floresta que también ha sido el espacio de trabajo del congresista Alejandro Toro– hay una calcomanía que dice «Antioquia cambió». La idea de que el departamento, históricamente inclinado hacia la derecha, está transformando su manera de entender la participación política ha sido uno de los ejes de esta campaña. Luisa Fernanda Giraldo, gestora cultural y excandidata a la Cámara por Antioquia en la lista del partido, reconoce que la recepción hacia su partido en el departamento se ha transformado: «Cuando nosotros hacíamos campaña en el 2022 era muy difícil. Nos atacaban en muchas partes, había pocas personas en las reuniones y gente gritándonos guerrilleros«. Hoy, dice, pueden hacerlo con más tranquilidad. Ella resume la disputa así: «Lo lindo de la lucha de clases es que existe, aunque haya gente que la niegue, y eso es un claro reflejo de lo que está sucediendo en la contienda electoral: dos extremos con dos apuestas de país completamente diferentes«. En su escenario más optimista, el Pacto esperaba superar el millón de votos en primera vuelta. Ese 31 de mayo, en la Casa Cepeda de La Floresta, el ambiente era de asombro y desencanto. De la Espriella no solo ganó, sino que superó de lejos a Paloma Valencia, candidata del uribismo. Entre los integrantes del equipo que discutían el resultado, el líder comunitario Jhon Jiménez planteó que la jornada debía servir como autocrítica: «Cuando hay problemas logísticos, el adversario se luce, y este fue el caso». Con todo, el resultado consolidó al Pacto Histórico como la segunda fuerza política del departamento. En las legislativas del 8 de marzo obtuvo 392.002 votos en Senado y 394.081 en Cámara. Y, por ejemplo, en las presidenciales Cepeda alcanzó 300.729 votos en Medellín, un 79.5 % más que en las legislativas. El reto inmediato de Cepeda es crecer en la segunda vuelta, pero tanto él como De la Espriella han apelado a la antioqueñidad para conquistar el peso político del departamento. En su libro Nación, ciudadano y soberano, la socióloga María Teresa Uribe describe la antioqueñidad como «un ethos sociocultural muy definido que se manifiesta en un conjunto de valores». Esos valores han resonado en el discurso de Cepeda: el 12 de febrero, en su primer gran acto de campaña en Medellín, en el Parque Berrío, reivindicó los pilares de la antioqueñidad –la familia, la religión, el trabajo y el «espíritu pujante»– y reconoció que el departamento «ha hecho grandes aportes al desarrollo económico, cultural y social del país». Ana María Jaramillo, candidata al Concejo de Medellín por el Pacto en 2023 e integrante del equipo de la Casa Cepeda del centro, lo explica así: «[Cepeda] está apelando a un sentimiento regionalista que resulta fundamental en la campaña presidencial, porque sabemos la importancia que ha tenido Antioquia para poner presidentes en este país». Para ella, Cepeda también intenta rescatar una herencia de la región: «Antioquia ha tenido una fuerte influencia de levantamientos, de lucha, de resistencia. Imaginarios que quedan por allá escondidos y me parece que esta ha sido la oportunidad de ponerlos en otro lugar». Juan Camilo Portela, doctor en Investigación en Ciencias Sociales de Flacso-México y docente de la UdeA, coincide: Antioquia también ha sido cuna de «iniciativas muy de izquierda» y, en ese contexto, el ethos más tradicional ha estado en disputa con «otro tipo de maneras de comprender la realidad: unas más revolucionarias». El voto de las clases populares se ha convertido en una de las bases más sólidas del Pacto en el departamento. En las elecciones legislativas, el partido ganó en Medellín en las comunas 1, 2 y 3 –Popular, Santa Cruz y Manrique–, caracterizadas por su origen obrero y su desarrollo en las laderas. Para Portela, esto responde al esfuerzo de la campaña por «apelar a ese orgullo de las clases populares y a su trabajo». Aunque en la primera vuelta Cepeda no ganó en ninguna de las 16 comunas, fue el segundo más votado en 15 de ellas, y la diferencia con De la Espriella fue más estrecha en las comunas populares: 7.1 puntos en la Comuna 1; 12.9 en la Comuna 2 y 15.2 en la Comuna 3. Juan Andrés Henao, integrante del equipo del Pacto, lo ilustra así: «Desde las cuatro de la mañana se ve gente montándose al metro, haciendo
Elegir en la era del algoritmo

El momento que vivimos con las redes sociales plantea nuevas formas de pensar las campañas electorales. La inmediatez, el algoritmo y las emociones cambian la manera en la que el electorado y los candidatos nos relacionamos, además, con un nuevo actor que cada vez toma más fuerza: la inteligencia artificial. Foto tomada del perfil de X @Tuitarrista. Después de las elecciones legislativas y las consultas del 8 de marzo de 2026, los cuatro candidatos presidenciales con mayor probabilidad de ganar las elecciones tuvieron un pico en las búsquedas web por sus nombres. Del 8 al 14 de marzo, la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, tuvo una popularidad máxima con 100 puntos; Iván Cepeda tuvo 85; Abelardo de la Espriella, 40 y Sergio Fajardo, 8. Estos fueron los números más altos que cada candidato tuvo en 12 meses hasta ese momento. En Colombia hay alrededor de 53.6 millones de personas, de las cuales 41.7 millones usan internet, según el último informe de DataReportal. En ese contexto, las redes sociales, los algoritmos y la inteligencia artificial cumplen un rol fundamental en una campaña electoral. Para Luisa Fernanda Olejua, publicista y directora de comunicaciones en las campañas presidenciales de Rodolfo Hernández en 2022 y de Santiago Botero en 2026, ahora los votantes no solo conocen las propuestas de los políticos, “sino su vida cotidiana, su personalidad, incluso detalles íntimos. Y eso influye directamente en la decisión de voto. Muchas personas no votan por un programa político, sino porque sienten cercanía [con el candidato]: ‘me cae bien’, ‘se parece a mí’, ‘tiene perritos’”. La campaña presidencial de Barack Obama en 2008 en Estados Unidos fue una de las primeras y más visibles en usar el entorno digital a su favor. Con el eslogan “Yes we can”, el entonces candidato utilizó las redes sociales para “recaudar dinero, organizarse localmente y luchar contra campañas de desprestigio”, como lo describió un artículo de 2009 de The New York Times. Un caso similar, pionero en el uso de redes sociales en Colombia, fue el de Antanas Mockus con la “Ola verde” en el 2010. El excandidato presidencial había sido dos veces alcalde de Bogotá y llegaba a las elecciones del 2010 como máximo contendiente de Juan Manuel Santos, que en ese momento representaba al uribismo. En Twitter (ahora X) y Facebook, el candidato del Partido Verde parecía ganador, pero Santos se impuso en las urnas con 9.028.943 votos en la segunda vuelta, el 69.1 % de los votos. A 18 años de la elección de Obama y 16 de la derrota de Mockus, el uso de las redes sociales en las campañas políticas ha cambiado debido a la aparición y el auge del análisis de datos, los algoritmos y la inteligencia artificial. Ya no son un canal más, sino que representan un factor clave a la hora de influir en las decisiones y las percepciones del electorado. Hoy, las redes sociales permiten a los candidatos llegar a un público más amplio, recolectar datos específicos de sus electores y segmentar sus audiencias. La inmediatez, el uso de las emociones y el fenómeno de la desinformación cambian las formas en las que los políticos se relacionan con el electorado y la opinión pública. Según Olejua, las emociones son más permanentes y volátiles ahora, por lo que la percepción de un candidato puede cambiar en cuestión de horas. “Antes las coyunturas tomaban tiempo; hoy se mueven a una velocidad mucho mayor. Esto ha hecho que la política sea cada vez menos racional y más una reacción continua a lo que la gente ve en su celular”, remata. La pantalla correcta Antes de internet y las redes sociales, los candidatos debían pasar por los medios de comunicación y las plazas públicas para exponer sus propuestas. Ahora, dice Lina Guisao, profesora de comunicación política en la Universidad de Antioquia, hay un triángulo al que pertenecen los políticos, los medios y las redes. Los medios observan lo que pasa en las redes, lo vuelven noticia y lo llevan de nuevo al electorado, que tiene insumos para hacer demandas, que luego vuelven a los medios. Los tres actores están en constante conversación. El periodista y experto en comunicación digital Camilo Andrés García, también conocido como Hyperconectado, agrega que antes había una serie de “filtros” que, aunque todavía existen, hacían más difícil que un mensaje adquiriera una difusión amplia de manera rápida. En cambio, ahora, dice Olejua, el votante “tiene mucho más acceso a la información, lo que lo hace menos manipulable desde los canales tradicionales”. Según el informe Digital News Report de Reuters de 2025, los medios digitales son la fuente principal de información en Colombia, con un 76 %, seguidos de las redes sociales, con el 58 %. Además, el informe cuenta que la red social más usada para informarse es Facebook, con un 47 %, seguida por WhatsApp y YouTube, con 35 % y 34 %, respectivamente. En los últimos lugares aparecen TikTok e Instagram, con 27 % y 13 %. Sin embargo, la inmediatez y la difusión masiva de la información no son lo único que implican las redes sociales en la política electoral actual. Cambridge Analytica fue una empresa británica de marketing político, protagonista de uno de los casos de manipulación electoral más importantes y mediáticos desde la aparición de las redes sociales. En 2018, la consultora fue acusada de ayudar a que Donald Trump llegara a la presidencia de Estados Unidos durante las elecciones de 2016. Mediante la recolección y el uso de datos provenientes principalmente de Facebook, la empresa creó perfiles psicológicos de los votantes, con los que se podía influir en su comportamiento mediante contenidos dirigidos a cada uno de ellos. Un algoritmo es la serie de pasos que un sistema necesita para hacer una tarea. En los buscadores web y las redes sociales se refiere a la forma como el sistema “elige” mostrar lo que cada individuo “quiere” ver y deja por fuera lo que no le interesa, explica García. Para Luisa Fernanda Olejua, estos modelos tienen mucho poder: “Es el que decide qué
Una ficha, dos jugadores: la derecha se pelea por Antioquia

Antioquia, bastión y cuna del uribismo, se enfrenta a sí misma de cara a las elecciones. La disputa entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella por los votos de la derecha paisa dividió a políticos, partidos tradicionales y al mismo departamento. Analizamos las tensiones y el tablero de juego antes de la batalla final en las urnas de la primera vuelta.
Radiografía a las conexiones de los representantes electos a la Cámara por Antioquia

En esta base de datos se puede consultar información sobre las conexiones políticas, trayectoria laboral, patrimonio total y gastos reportados en campaña de los representantes electos a la Cámara por Antioquia para el período 2026-2030. El mapa del poder en Antioquia se ha redibujado para los próximos cuatro años. 17 representantes a la Cámara asumirán la responsabilidad de llevar a la discusión nacional los temas de mayor relevancia para el departamento. ¿Quiénes son realmente los elegidos para el periodo 2026-2030? En este especial periodístico diseccionamos las hojas de vida, mapeamos los antecedentes y las conexiones políticas de estas 4 mujeres y 13 hombres. Además de la caracterización por su partido político, votos y propuestas, también rastreamos sus aliados, antecedentes en la vida pública, declaraciones de renta y los gastos e ingresos de campaña. Este instrumento lo construimos a partir de la información consignada en portales oficiales como el de la Registraduría Nacional del Estado Civil, la Procuraduría General de la Nación, la herramienta electrónica Cuentas Claras y las redes sociales de cada candidatura. El trabajo realizado muestra que aunque la mayoría de las personas electas llega a la Cámara de Representantes por primera vez, a lo largo de su trayectoria han ocupado cargos de elección popular o trabajado en el sector público. Además, no figura la declaración de renta de dos de ellos, pese a que fueron funcionarios. Asimismo, otros dos tienen investigaciones abiertas en la Procuraduría. A partir de este rastreo, construimos una base de datos que integra la información recolectada y permite reconocer las inclinaciones políticas mayoritarias en el departamento, hacer seguimiento sobre las promesas de campaña, los conflictos de intereses que podrían intervenir en sus proyectos y votaciones, y conocer cómo avanza alguna investigación en su contra. Se trata de un insumo para que la ciudadanía antioqueña ejerza su derecho a la veeduría durante estos cuatro años. El especial periodístico Radiografía a las conexiones de los Representantes electos a la Cámara por Antioquia fue realizado por estudiantes del curso Producción y Géneros Periodísticos III, del pregrado en Periodismo. Metodología Este especial periodístico se construyó con estudiantes del curso Producción y Géneros Periodísticos III. En la primera etapa se revisó la conformación de la Cámara de Representantes para Antioquia en el periodo 2022-2026, así como las características de dicha elección. Luego, consultamos datos de los 17 representantes electos para 2026-2030, en las siguientes fuentes: Registraduría Nacional del Estado Civil, portal Cuentas Claras (herramienta electrónica del Consejo Nacional Electoral), Sistema de Información y Gestión del Empleo Público para el Estado Colombiano (SIGEP II), Sistema Electrónico de Contratación Pública (SECOP II), los vínculos en el Registro Único Empresarial y Social (RUES), así como antecedentes en las bases de datos en la Policía Nacional de Colombia y la Procuraduría General de la Nación. Además, se revisaron los gastos en META de los 7 días anteriores a los comisios, así como los perfiles de los electoles en diferentes redes sociales, sus propuestas de campaña y los sitios web oficiales de los partidos o movimientos a los que pertenecen. Acá puedes acceder para descargar la base de datos. Aclaraciones: *Los gastos de META corresponden al periodo entre el 1 y el 8 de marzo. ** Los gastos de campaña que figuran en la base de datos son los reportados hasta el 16 de marzo. A esta fecha, algunos representantes mantenían sus cifras en ceros. Sin embargo, aunque es una obligación ir registrando los ingresos y los gastos durante la campaña, la Ley 1465 de 2011 les permite a los candidatos realizar el reporte definitivo hasta dos meses después las votaciones. *** La información que aparece en el patrimonio es la que misma de la declaración de renta. Algunos representantes no tienen registros de esta variable. Producción Redacción de textos: Mariana Vélez Ángel e Isabella Navarrete Barrero. Redes sociales: Juan Esteban Cabrera, Jannín Cortés, Mateo García Giraldo, Julián David Lotero Flórez, Valentina Maya Gallego, Isabella Navarrete Barrero y Mariana Vélez Ángel. Investigación y recopilación de datos: Iván Felipe Adans Camargo, Mario Yesid Banguera Hurtado, Daniel Alejandro Bueno G., Juan Esteban Cabrera Quintero, Sofía Cardona Giraldo, Jannín Cortés Martínez, Mateo García Giraldo, Julián David Lotero Flórez, Paulina Marín Marín, Valentina Maya Gallego, Linday Naranjo Marulanda, Isabella Navarrete Barrero, María Isabel Ospina Correa, María José Vallejo Miranda y Mariana Vélez Ángel. Verificación de datos: María Andrea Canchila, Hary Valeria Copete Perea, María Isabel Ospina Correa, Linda Valentina Ramírez Martínez, Nasly Michel Torres López, Diseño: Jannín Cortés y Julián Lotero. Normalización de datos: Mateo García Giraldo, Hary Valeria Copete Correa, Iván Adans Camargo y Nasly Michel Torres López. Orientación editorial: Diana Milena Ramírez H. (docente del curso), Andrés Camilo Tuberquia Zuluaga y Santiago Bernal Largo (auxiliares del laboratorio).
¿Cómo le fue a la maquinaria de Carlos Andrés Trujillo en las elecciones en Itagüí?

La jornada electoral en el municipio de Itagüí estuvo marcada por la propaganda política vinculada al grupo del exsenador conservador Carlos Trujillo, y los resultados del preconteo evidencian el respaldo a sus candidatos, quienes hacen parte de la estructura política de Trujillo en Antioquia. La jornada electoral del domingo 8 de marzo en Itagüí se destacó por la presencia de propaganda política asociada al grupo del exalcalde y senador Carlos Andrés Trujillo González, quien respaldó las candidaturas de Daniel Restrepo Cárdenas al Senado y Jaime Alonso Cano Martínez a la Cámara por el partido Conservador; ambos aspirantes, que resultaron electos, hacen parte de la estructura política que lidera Trujillo en el sur del Valle de Aburrá, luego de que el dirigente decidió no aspirar nuevamente a una curul en el Senado. Uno de los lugares donde esta situación fue más visible fue la Institución Educativa Antonio José de Sucre, en Itagüí, uno de los puestos de votación del municipio. Desde tempranas horas del domingo, en la entrada de la institución, se evidenciaron personas vistiendo prendas azules, color comúnmente asociado con el partido Conservador, quienes entregaban pequeñas tarjetas con los nombres de los candidatos. Asimismo, en viviendas próximas al centro escolar, se podían observar grandes carteles con los nombres de los candidatos Restrepo y Cano. Este tipo de actividades proselitistas cerca de los puestos de votación son prohibidas por la normativa colombiana el mismo día de las elecciones. Entre los ciudadanos consultados durante el recorrido por el sector, algunos manifestaron inconformidad con la forma en que se ha desarrollado la campaña política en el municipio. Susana Zapata, residente del barrio El Rosario, afirmó que la presencia de propaganda ha sido constante durante la campaña: “Son muy pantalleros. Trujillo siempre hace campañas así, pone carteles en todo lado y paga publicidad en las casas y en los carros”, señaló. Otras voces también cuestionaron la falta de propuestas visibles en el debate político. Paola Osorio, habitante del barrio Santa María, considera que la estrategia electoral responde a dinámicas tradicionales de las maquinarias y clanes políticos: “Hay mucha campaña y muy pocas propuestas. Siento que así funcionan muchas campañas; hay populismo que hace que la gente vote sin analizar realmente lo que proponen”, afirmó. La elección legislativa de este año también estuvo rodeada de controversias a nivel nacional. Días antes de la jornada electoral, autoridades incautaron 145 millones de pesos y material de propaganda relacionado con la campaña de Daniel Restrepo en el departamento de La Guajira. El candidato negó tener relación con actividades ilegales. Puesto de votación I.E Antonio José de Sucre durante la jornada electoral y edificio al lado del colegio. Fotos: Yurany Ciro. Más allá de la polémica, los resultados electorales permiten dimensionar el alcance del grupo político conservador en el municipio. Según los datos del preconteo, Daniel Restrepo obtuvo 122,380 votos en todo Colombia, de los cuales 16.914 se alcanzaron en Itagüí: respaldo logrado en uno de los principales bastiones políticos de la estructura liderada por Trujillo. Esta cifra, aunque es reveladora, muestra un contraste frente a los 21.800 votos que el propio Restrepo logró en este municipio durante las legislativas de 2022, cuando aspiraba a la Cámara de Representantes. Y queda aún más distante de los 44.000 votos que el líder de la estructura, Carlos Andrés Trujillo, registró localmente en su candidatura al Senado ese mismo año, y a nivel departamental (Antioquia), con 114,351 votos. Ese resultado consolidó a su grupo político como una de las estructuras conservadoras con mayor capacidad electoral en el Valle de Aburrá. En el caso de Jaime Cano, hoy representante electo, los resultados también dejan ver el peso electoral del conservatismo local. Cano obtuvo 16.149 votos en Itagüí, mientras que en todo el departamento de Antioquia alcanzó 59.392 votos. Al comparar con las elecciones de 2022, Daniel Restrepo, en ese entonces candidato a la cámara, superó a Cano por una diferencia de más de 7.000 votos. De acuerdo con los resultados preliminares, el partido Conservador alcanzaría dos curules a la Cámara por Antioquia, dentro de las cuales se encuentra la elección de Cano quien fue el más votado. La influencia política de Trujillo en el departamento no es reciente y los resultados actuales en Itagüí confirman que esa base política mantiene vigencia en el municipio. Para algunos observadores y ciudadanos, este respaldo electoral a los candidatos apoyados por Trujillo evidencia la continuidad de una estructura política que ha logrado adaptarse y sostener su dominio a través de los años y distintos procesos electorales.
Luces, cámaras, ¡campaña!

Se aproximan las elecciones presidenciales de 2026 y los precandidatos se preparan para el espectáculo. Generar debates con argumentos serios y plantear propuestas viables no está de moda, ahora lo importante es seducir a la ciudadanía con videos entretenidos y conquistar a las juventudes jugando al ping-pong en TikTok. Los precandidatos deben mantenerse a la vanguardia porque saben que en plena revolución digital las formas de la comunicación política también se están transformando. Parece que ya no basta con ponerse una camisa blanca y posar en contrapicado con una expresión heroica; o tener un chaleco rojo, el ceño fruncido, mirada penetrante y el puño en alto como símbolo de fuerza. Las nuevas demandas de las comunidades virtuales nos dejan un grupo de líderes políticos que, convertidos en actores y actrices, preparan su obra de teatro. Tras bambalinas repasan una y otra vez sus líneas, se acomodan las camisas, se peinan y hacen ejercicios de yoga facial para que la hipocresía al sonreír no les cause parálisis en el rostro. El exministro Juan Carlos Pinzón preparó su fino paladar para comer tomate en una plaza de mercado de Armenia; la experiodista Vicky Dávila aprovechó para degustar empanadas de mil pesos ante las cámaras, y la senadora María Fernanda Cabal no perdió la oportunidad para criticar los sellos de advertencia en los alimentos cuando destapó su fiambre. Si no llegan a la presidencia, al menos tendremos suficientes foodies para promocionar emprendimientos gastronómicos. Abelardo de la Espriella es uno de los protagonistas de esta tragicomedia. Antes de subir al escenario se perfila la barba y se acomoda la corbata seguro de ser un ícono de la moda; repasa su discurso –valor, honor y patriotismo, vamos a destripar la izquierda, el Estado es un monstruo que si se recorta, se hace más funcional, ¡firme por la patria!– y antes de subir al escenario guarda su ateísmo –por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos los mamertos, Fecode y Petro, líbranos, Señor, Dios nuestro, en el nombre de Alvarito, de Miguel Uribe, padre e hijo, y del espíritu de Milei, amén–. Algunos medios hegemónicos disponen sus recursos para adecuar el teatro: promueven la idea de crisis e inestabilidad en la que se encuentra Colombia y preparan el panorama ideal para que un caballero con sombrero aguadeño montado sobre una yegua llegue a rescatar a la pobre patria sometida por las garras de la izquierda. La revista Semana muestra en su portada a Abelardo, “el Tigre”, y le cede sus micrófonos para que reitere que es “un tipo sin trayectoria política, sin estructura, que no pertenece a la casta política, que no está financiado por los grandes capitales”: el nuevo outsider de la política. Y así, los personajes principales tratan de medir su popularidad con el aplausómetro. El único que no ha podido concretar su papel es el exalcalde de Medellín e imputado Daniel Quintero que, a pesar de demostrar su destreza para actuar, recibió otra negativa de la Registraduría para inscribir su candidatura por firmas y una inhabilidad de la Procuraduría por seis meses para ejercer cargos públicos. Nos perderemos de su espectáculo Reset total contra el narco y los corruptos, una adaptación de la dramaturgia de Nayib Bukele. Una de las consecuencias que dejan estas formas de emplear las comunicaciones es que las audiencias terminan por exigirles a otros candidatos que caigan en la misma teatralidad, de lo contrario sus discursos “no venden”. No sobra mencionar que estamos ante nuevas formas de entender las campañas y que nos tendremos que acostumbrar a ver influencers con candidaturas, como a Hernán Muriel, quien hizo campaña en redes sociales con su cuenta Cofradía para el Cambio; al youtuber Walter Rodríguez, conocido como Wally, a quien no le gustan las “listas cremallera” que buscan darles más protagonismo a las mujeres en las listas al Congreso; y a Laura Daniela Beltrán, “Lalis”, quien no convence con sus explicaciones sobre la agresión que se habría inventado en 2018. A juzgar por los resultados de la reciente consulta popular del Pacto Histórico, tienen casi asegurada su curul para llegar al Congreso. Por cómicas que nos puedan parecer estas situaciones, las estrategias de persuasión que pretenden sacar de contexto la situación política del país para desinformar y profundizar la polarización ponen en riesgo la democracia. Esta obra de teatro, que no cobra a la entrada, puede salir muy cara a la salida. En las últimas elecciones tuvimos la comedia de terror Les pego su tiro mal… nacidos, inspirada en Narcos, en la que el ingeniero por poco nos obliga a subir a la “rodolfoneta” para salvarnos de la parranda de sinvergüenzas que “metían droga, metían prostitutas, cocaína y marihuana”. Y no olvidemos que cuatro años antes el espectáculo le funcionó al expresidente Iván Duque, que demostró tener más habilidades con el balón y la guitarra que con la gerencia del país.