Una ficha, dos jugadores: la derecha se pelea por Antioquia

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23 mayo, 2026
Por: Andrés Camilo Tuberquia Zuluaga | andresc.tuberquia@udea.edu.co
Antioquia, bastión y cuna del uribismo, se enfrenta a sí misma de cara a las elecciones. La disputa entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella por los votos de la derecha paisa dividió a políticos, partidos tradicionales y al mismo departamento. Analizamos las tensiones y el tablero de juego antes de la batalla final en las urnas de la primera vuelta.
Foto: Mi Oriente y Risaralda Hoy.
Foto: Mi Oriente y Risaralda Hoy.

El 28 de enero de 2026, Abelardo de la Espriella llegó al centro de Medellín sin Uribe y sin el Centro Democrático. Lo recibieron Juliana, hermana de Federico Gutiérrez, y otros candidatos de Creemos, el partido del alcalde. Juntos anunciaron su apoyo al abogado cordobés que seis meses atrás era conocido en los juzgados, no en las urnas. El 13 de abril, en Rionegro, Paloma Valencia subió a la tarima con Álvaro Uribe a su lado, y frente al público que durante 20 años ha sido el corazón electoral de la derecha colombiana, le pidió al expresidente que fuera su ministro de Defensa. Las escenas muestran que la derecha que lleva dos décadas votando, pensando y ganando junta, hoy no se pone de acuerdo en quién debe jugar la partida.

Que Antioquia sea el escenario tampoco es casualidad. Más allá del tamaño, el departamento es clave en las elecciones porque en Colombia la política nacional depende de bloques regionales. Néstor Julián Restrepo, politólogo y doctor en Comunicación Política, dice que el corazón político del país no está solo en Bogotá, sino distribuido en, por ejemplo, Medellín, Barranquilla, Cali y el Eje Cafetero. Esto genera “una descentralización de lo político y la construcción de élites regionales o nacionales” con mucho peso.

También es cierto que durante los últimos veinte años Medellín ha sido la ciudad más importante para la derecha, pues allí vencieron todos los candidatos presidenciales con aval uribista: Juan Manuel Santos, Óscar Iván Zuluaga, Iván Duque y Federico Gutiérrez. Y aunque ese apoyo no los llevó a todos a la Casa de Nariño, sí demuestra la fuerza del uribismo en el departamento.

Hasta las elecciones legislativas, Paloma Valencia no superaba el 7 % de intención de voto. Pero con más de tres millones de votos en la consulta interpartidista, ese día se metió en la contienda y, según la ponderación de encuestas de La Silla Vacía, escaló hasta el 19 %. Además, el epicentro de ese crecimiento fue precisamente Antioquia, donde la candidata obtuvo 741.119 votos, su mayor votación en el país.

Aunque Restrepo considera que “el uribismo es hoy todavía una gran fuerza política” con capacidad de llevar candidatos al poder, advierte que el Centro Democrático no ha sido capaz de darle “viabilidad a otra persona” que no sea el mismo Uribe para conducir el proyecto. Por eso, añade, estas elecciones presidenciales serán determinantes para saber si la derecha antioqueña ya busca otro liderazgo.

Juan Camilo Portela, antropólogo y doctor en Ciencias Sociales, habla de una división interna de la derecha, pues, aunque Paloma y Abelardo comparten el mismo suelo ideológico —el orden, la seguridad, la oposición al petrismo—, difieren en el tono y el radicalismo con que lo dicen.

De la Espriella es abogado penalista, empresario y hasta hace unos meses tenía poco que ver con la política electoral. Hoy se vende como outsider y se acerca a la gente con un discurso radical y cercano al de Donald Trump en Estados Unidos o Javier Milei en Argentina. Portela dice que algunos votantes lo perciben como alguien que habla “de frente”, sin “corrección política”, lo que les genera confianza y la idea de que es más honesto.

Por otro lado, Paloma, según Federico Hoyos, politólogo y militante del Centro Democrático, tiene un discurso que, excluyendo la política de Paz Total, “no es radical en ningún aspecto” y, añade, su fórmula vicepresidencial fue escogida para acercar al centro político. Valencia sabe cómo moverse, representa a la política tradicional y de maquinaria, pues es nieta del expresidente Guillermo León Valencia y su árbol genealógico está lleno de políticos conservadores. Llegó al Senado en 2014 y ha logrado conservar su curul desde entonces.

Restrepo también reconoce una lucha interna dentro de la derecha y señala a Federico Gutiérrez y a Andrés Julián Rendón como figuras que quieren competir por el poder con Uribe. Hoyos no cree que el Centro Democrático esté perdiendo liderazgo, pero sí ve, por ejemplo, que “hay militantes del partido que son más afines al discurso de Abelardo”.

Otros no ven fragmentación sino sana competencia. Jaime Uribe, coordinador de la campaña de De la Espriella en Antioquia, se lo dijo así a El País: “Los votos son los mismos del uribismo, pero estamos compitiendo en democracia y nuestro enemigo es Cepeda, no el Centro Democrático”.

Cuando le hablan a los paisas, Paloma y Abelardo se encuentran: hablan de familia, trabajo y pertenencia, los pilares del ethos antioqueño. Ese terreno común quedó en evidencia en marzo, cuando reaccionaron a la afirmación de Iván Cepeda de que Antioquia era “cuna de la parapolítica, de la narcoeconomía y del terrorismo de Estado”. De la Espriella trinó: “Defenderé todo lo que representa Antioquia: la seguridad, la propiedad privada, la familia, los valores y el progreso con firmeza, sin titubeos y sin ataduras”. Paloma, por su parte, dijo: “Antioquia es libertad, trabajo y orgullo por lo que somos […] Ojalá mucho de lo que ha logrado Antioquia se pudiera replicar en Colombia”.

Federico Hoyos dice que casi todos los candidatos presidenciales que llegan a Antioquia mencionan tener raíces allí, pues la identidad paisa es una palanca electoral. Pero también hace hincapié en que hoy, “ante un déficit fiscal tan profundo y una crisis de seguridad tan evidente, hay mayor pragmatismo a la hora de votar”. El antioqueño que vota en 2026 también está mirando quién le resuelve el problema, no solo quién le infla el pecho.

Mientras tanto, ambos candidatos siguen buscando ganarse a los paisas. “Recuerden que si Antioquia resiste, Colombia se salva”, dijo Abelardo en el centro de Medellín. Desde entonces ha recorrido el Norte del departamento, municipios del sur del Valle de Aburrá y planea cerrar su campaña en La Macarena el 24 de mayo. Paloma no se queda atrás. Ha visitado diversos municipios del departamento con Uribe, participó en el debate de El Colombiano y hasta cambia su acento cuando habla a un público paisa.

Al cierre de este artículo todas las encuestadoras —Guarumo, CNC, Invamer, Atlas Intel y GAD3— coinciden en que Cepeda tiene asegurado el puesto para la segunda vuelta, y muestran que la diferencia entre Abelardo y Paloma que había sido corta, se acrecienta a favor del cordobés. El 10 de mayo, en entrevista con Caracol Radio, el abogado descartó adherirse a Paloma y dijo que la apoyaría solo si es la única opción contra el candidato del Pacto Histórico. Ella, por su parte, pasó de decir que votaría por él, a asegurar que están en un empate técnico en las encuestas y que la tendencia la favorece.

Néstor Julián Restrepo dice que la derecha debe “construir una nueva narrativa” en Antioquia. La vieja, la del uribismo unido, se fragmentó antes de que pudieran reemplazarla. Paloma quiere acercarla al centro; Abelardo, radicalizarla. El 31 de mayo Antioquia decidirá qué propuesta le suena más y a quién le juega la última ficha.

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