Preconteo generacional: jóvenes y adultos ante las urnas de Medellín

Delante de las banderas de Antioquia, Colombia y Medellín, algunos votantes salen del puesto de votación en la Alpujarra.

Durante la segunda vuelta por las elecciones presidenciales de 2026, en Medellín, personas de todas las edades salieron a las calles para votar por el candidato que más se alineaba con sus deseos. Desde Plaza Mayor hasta el Atanasio Girardot, se acercaron a las urnas con orgullo, miedo, tranquilidad o ansiedad. En el puesto de votación en el sótano de la Alcaldía Municipal, había 40 mesas habilitadas para que los ciudadanos ejercieran su derecho al voto. Foto: Pablo Giraldo Vélez. Un hombre lleva un sombrero amarillo, azul y rojo con la palabra “paz”. Toda su vestimenta tiene los colores de la bandera de Colombia y se dirige desde la estación Estadio del metro hacia el puesto de votación en el Atanasio Girardot. Se llama Paz Colombia Duque y siente una “satisfacción muy grande porque, a partir de hoy, vamos a descansar de tanta pelea, de tanto odio. Tanto del uno como del otro”. Como él, personas de todas las edades, con convicciones, sentires e ideales diferentes, se acercaron a los puestos de votación ubicados en Plaza Mayor, la Alpujarra, el estadio y el Politécnico Jaime Isaza Cadavid. Ocho horas antes de que la Registraduría Nacional informara los resultados del preconteo, alrededor de las 10:00 a. m., la jornada electoral transcurría con normalidad en las afueras de Plaza Mayor, el puesto de votación para mujeres más grande de la ciudad. Entre la masa de gente que entraba y salía constantemente del centro de eventos, se distinguían camisetas de la Selección Colombia y un electorado en el que sobresalían las mujeres de 40 a 60 años. Con cornetas y campanas de carritos de helado sonando de fondo, un helicóptero sobrevolando y mascotas —algunas engalanadas de amarillo—, las votantes y sus acompañantes, quienes las esperaban afuera del recinto, compartían opiniones en la plazoleta. Cuando Jaime Alzate, de unos 60 años y que estaba afuera de Plaza Mayor, se despertó para votar sintió “orgullo por la patria y la democracia” y deseos de “sacar a la izquierda”. Pero también tenía miedo de que los resultados no fueran reconocidos o fueran manipulados por aquellos a quienes llamó “las liendras”, un sentimiento que combatía con la creencia de que “los buenos”, sus copartidarios, eran más y que no se iban a dejar amedrentar de nadie, menos de la “gentuza de la guerrilla”. “Se sabe que esta gente quiere atornillarse en el poder y acabar con todo; entre comillas, hacer otro Venezuela de nuestro país”, dijo Jaime al final mientras vestía su camiseta tricolor. Plaza Mayor tenía un electorado habilitado de 44 736 posibles votantes con 56 mesas de votación, el segundo de Medellín, solo superado en cantidad de personas habilitadas para votar por el puesto destinado a los hombres, el estadio Atanasio Girardot. Allí, en la comuna 10 —La Candelaria—, Abelardo de la Espriella triunfó en la primera vuelta con el 54,9 % de los votos por encima del resto de candidaturas, según el escrutinio. Plaza Mayor no desistió en la tendencia de su comuna para la segunda vuelta y recibió a miles de personas que llevaban al tigre por delante en sus camisetas y cuyos bafles entonaban “tigre que ruge y muerde, tigre que nada teme, tigre que deja huella. Abelardo de la Espriella, ¡Firmes por la patria!”. La fe en el candidato del lema “Firmes por la patria” la compartía Gloria Méndez que, como Jaime y muchos otros, se vistió con la camiseta de la selección. Ella se levantó a votar con tristeza, temor y estrés. Sin embargo, ante todo, le emocionaba ver a tanta gente votando y tenía una certeza: “Abelardo va a ganar y vamos a recuperar el país”. Para el 22 de junio, con el 99,99 % de las mesas informadas, De la Espriella fue elegido como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030 con el 49,66 % de los votos a su favor; Iván Cepeda ocupó el segundo lugar en la contienda electoral con el 48,70 %; la diferencia entre ambos candidatos fue de 0,96 %, la más estrecha en la historia del país. A sus 75 años, con mechones pintados de tintura rojiza que sobresalía entre las canas, Luz Cadavid dijo que es necesario votar para aportar a la patria y por eso lo hace siempre: “Si no, no podemos lamentarnos ni criticar”. En esta ocasión, lo hizo porque la convenció la campaña de su candidato y padeció nervios porque ella quiere cambio y no continuidad. Sobre todo, dijo que no quiere guerra tras los resultados de la segunda vuelta. En Plaza Mayor solo votan mujeres. Había 44 736 habilitadas. Foto: Pablo Giraldo Vélez. Pero en Plaza Mayor también hubo opiniones que partían de un lugar diferente, como las de Natalia Duque y Jorge Libreros —de 45 y 48 años, respectivamente—, que invitaron a votar sin miedo y a continuar el cambio. Natalia es titiritera en Medellín hace 23 años y, con una boina negra en la cabeza, declaró que la motivación de su voto parte precisamente de su oficio. Ella quiere evitar el fracking y el cierre del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes: “Mi voto está con la vida, con la biodiversidad y, sobre todo, con el agua, para poder seguir soñando. Y las artes; todos necesitamos de las artes para poder tener salud mental”. Jorge es compañero de Natalia y juntos fundaron el teatro de títeres Jabrú en 2003. Por eso su motivación está sintonizada con la de ella; él votó por la supervivencia de su trabajo “independiente, artístico y cultural”. Pero además, compartió que esperaba que en Colombia ganara la inteligencia y el sentido de la vida porque considera fundamentales los cambios sociales propuestos por su candidato, Iván Cepeda. “Somos de la universidad pública. Somos del pueblo. Somos obreros y obreras y eso nos motiva a que esto siga por el camino que necesitamos”, dijo.  En comparación con la primera vuelta, en Medellín, Abelardo de la Espriella obtuvo 142 927 votos más, mientras que Iván Cepeda sumó 121 110 al resultado anterior.

Pelar el cobre

Siempre que se acercan las elecciones cae sobre el país un velo de aturdimiento que nos revuelve las ideas y las identidades. En Colombia, donde, según el Dane, 15 millones de colombianos no logran cubrir sus necesidades básicas y otros seis millones no pueden costear la educación, la salud o la vivienda, olvidamos quiénes somos y, sobre todo, de qué lado estamos. Resulta decepcionante ver cómo, tras tanta palabrería electoral, el resultado son personas dispuestas a defender y votar por quienes nos desprecian y no defenderán nunca nuestros derechos. No es un fenómeno exclusivo de las elecciones, pero durante la temporada electoral se ve más: pelamos el cobre. Nos sale de las entrañas esa tendencia virulenta que nos hace segregarnos entre el «pobre pobre» y el «pobre menos pobre». Porque ese «pobre menos pobre» se abandera con la ilusión de sentirse más cercano a quienes tienen el dinero y el poder. Como si quienes somos la mayoría, los del común, pudiéramos mezclarnos con la minoría privilegiada. No es así. Tal vez el problema no sea solo político, sino que trasciende a lo cultural. Nadie defiende conscientemente lo que le perjudica; es la forma aprendida de ver el mundo lo que le lleva a hacerlo. En nuestro caso, hemos aprendido a aspirar hacia arriba, incluso cuando ese «arriba» nos desprecia porque se cree que hay dignidad en parecerse a quienes nos excluyen. Es la consecuencia de mitos como la meritocracia que se esconden detrás de frases como «Al que madruga Dios le ayuda» o «El pobre es pobre porque quiere». Es un mito porque creer que en Colombia cualquier persona puede ascender socialmente basándose solo en su talento, esfuerzo y capacidad es negar que, como demostró el Banco Mundial en el informe Trayectorias: prosperidad y reducción de la pobreza en el territorio colombiano (2024), la movilidad social en nuestro país está determinada por el origen socioeconómico de los padres, el sexo, la etnia y el lugar de nacimiento. Sin embargo, en las temporadas electorales este mito aspiracional se vuelve parte de un discurso que instrumentaliza el deseo del ascenso social del pueblo para asegurar apoyo electoral. Lo más lamentable es que siempre hay algo más profundo: la falsa conciencia, un concepto que describe los escenarios donde la clase trabajadora adopta las ideologías de la clase dominante o privilegiada, por lo que no percibe o reconoce su propia explotación o malestar. No es solo un error de percepción, sino también una forma de negarse a sí mismo. En Colombia sobran ejemplos: en el debate público por el aumento del salario mínimo para 2026 fue común encontrar en redes sociales a trabajadores oponerse al aumento de sus propios ingresos. En una publicación de El Tiempo en Instagram, titulada «Salario mínimo en Colombia para 2026 será de $2’000.000 con auxilio de transporte», se pueden pasar horas leyendo comentarios como «bienvenido el recorte laboral» y «empiezan los despidos, las empresas no van a aguantar». Como si sacrificar el bienestar de los trabajadores fuera un precio aceptable en nombre de defender una economía que no los favorece. Otro ejemplo es la resistencia a las reformas laboral, pensional y de salud que buscan recuperar derechos laborales perdidos, con leyes como la Ley 50 de 1990 y la Ley 789 de 2002, garantizar ingresos para la vejez a más colombianos y mejorar el acceso a la salud, respectivamente. Es una resistencia que no se ha evidenciado únicamente en el Congreso o en redes sociales, sino también en movilizaciones como la Gran Marcha Nacional, del 21 abril de 2024. Si bien esta fue convocada por los gremios empresariales, la oposición del gobierno de Petro y los integrantes del sector médico, contó con una amplia participación ciudadana en ciudades como Medellín, Bogotá y Cali, que en conjunto sumaron aproximadamente 400.000 manifestantes, según dijo entonces El País. La crítica no es porque las leyes y las reformas deban aceptarse sin cuestionamientos, sino porque su rechazo plantea una pregunta más incómoda: ¿por qué parece más peligroso defender los derechos del pueblo que conservar las condiciones actuales? Es ahí donde se materializa la falsa conciencia que nos hace olvidar que, en un país como el nuestro, incluso los autoproclamados «pobres menos pobres», siempre vamos a estar más cerca del vendedor de aguacates y bananos en los bajos de la estación San Antonio, que de un político o un millonario y sus compinches. Aun así, insistimos en defenderlos como si eso nos garantizara acceso a un privilegio que creemos haber logrado o esperamos lograr algún día. Quizá el mayor riesgo de este aturdimiento nacional, de que pelemos el cobre, no es votar mal, sino olvidar que somos parte de la misma realidad porque al final, cuando pasen las elecciones, la vida seguirá siendo igual para la mayoría durante cuatro años más: la fila, el arriendo, el rebusque, la comida, la salud, la incertidumbre. Es justo ahí donde realmente existimos, donde no están los discursos ni la palabrería. Es ahí donde están los que se parecen a usted, a mí, a todos nosotros.

Combinación antioqueña: arriba, abajo, ultraderecha

El novato político Abelardo de la Espriella se enfrentó al uribismo y ganó. Ni el propio Álvaro Uribe logró convencer a Antioquia. La tierra que históricamente ha sido el bastión de su movimiento le entregó al abogado cordobés casi dos millones de votos. Ahora, para llegar a la Casa de Nariño, De la Espriella tendrá que convencer a los paisas que aún dudan de su proyecto.

Elegir en la era del algoritmo

Un tweet en el que alguien le pregunta a Grok quién será el próximo presidente de Colombia con una foto adjunta de Abelardo de la Espriella, Iván Cepeda y Paloma Valencia

El momento que vivimos con las redes sociales plantea nuevas formas de pensar las campañas electorales. La inmediatez, el algoritmo y las emociones cambian la manera en la que el electorado y los candidatos nos relacionamos, además, con un nuevo actor que cada vez toma más fuerza: la inteligencia artificial. Foto tomada del perfil de X @Tuitarrista. Después de las elecciones legislativas y las consultas del 8 de marzo de 2026, los cuatro candidatos presidenciales con mayor probabilidad de ganar las elecciones tuvieron un pico en las búsquedas web por sus nombres. Del 8 al 14 de marzo, la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, tuvo una popularidad máxima con 100 puntos; Iván Cepeda tuvo 85; Abelardo de la Espriella, 40 y Sergio Fajardo, 8. Estos fueron los números más altos que cada candidato tuvo en 12 meses hasta ese momento. En Colombia hay alrededor de 53.6 millones de personas, de las cuales 41.7 millones usan internet, según el último informe de DataReportal. En ese contexto, las redes sociales, los algoritmos y la inteligencia artificial cumplen un rol fundamental en una campaña electoral. Para Luisa Fernanda Olejua, publicista y directora de comunicaciones en las campañas presidenciales de Rodolfo Hernández en 2022 y de Santiago Botero en 2026, ahora los votantes no solo conocen las propuestas de los políticos, “sino su vida cotidiana, su personalidad, incluso detalles íntimos. Y eso influye directamente en la decisión de voto. Muchas personas no votan por un programa político, sino porque sienten cercanía [con el candidato]: ‘me cae bien’, ‘se parece a mí’, ‘tiene perritos’”. La campaña presidencial de Barack Obama en 2008 en Estados Unidos fue una de las primeras y más visibles en usar el entorno digital a su favor. Con el eslogan “Yes we can”, el entonces candidato utilizó las redes sociales para “recaudar dinero, organizarse localmente y luchar contra campañas de desprestigio”, como lo describió un artículo de 2009 de The New York Times. Un caso similar, pionero en el uso de redes sociales en Colombia, fue el de Antanas Mockus con la “Ola verde” en el 2010. El excandidato presidencial había sido dos veces alcalde de Bogotá y llegaba a las elecciones del 2010 como máximo contendiente de Juan Manuel Santos, que en ese momento representaba al uribismo. En Twitter (ahora X) y Facebook, el candidato del Partido Verde parecía ganador, pero Santos se impuso en las urnas con 9.028.943 votos en la segunda vuelta, el 69.1 % de los votos. A 18 años de la elección de Obama y 16 de la derrota de Mockus, el uso de las redes sociales en las campañas políticas ha cambiado debido a la aparición y el auge del análisis de datos, los algoritmos y la inteligencia artificial. Ya no son un canal más, sino que representan un factor clave a la hora de influir en las decisiones y las percepciones del electorado. Hoy, las redes sociales permiten a los candidatos llegar a un público más amplio, recolectar datos específicos de sus electores y segmentar sus audiencias. La inmediatez, el uso de las emociones y el fenómeno de la desinformación cambian las formas en las que los políticos se relacionan con el electorado y la opinión pública. Según Olejua, las emociones son más permanentes y volátiles ahora, por lo que la percepción de un candidato puede cambiar en cuestión de horas. “Antes las coyunturas tomaban tiempo; hoy se mueven a una velocidad mucho mayor. Esto ha hecho que la política sea cada vez menos racional y más una reacción continua a lo que la gente ve en su celular”, remata. La pantalla correcta Antes de internet y las redes sociales, los candidatos debían pasar por los medios de comunicación y las plazas públicas para exponer sus propuestas. Ahora, dice Lina Guisao, profesora de comunicación política en la Universidad de Antioquia, hay un triángulo al que pertenecen los políticos, los medios y las redes. Los medios observan lo que pasa en las redes, lo vuelven noticia y lo llevan de nuevo al electorado, que tiene insumos para hacer demandas, que luego vuelven a los medios. Los tres actores están en constante conversación. El periodista y experto en comunicación digital Camilo Andrés García, también conocido como Hyperconectado, agrega que antes había una serie de “filtros” que, aunque todavía existen, hacían más difícil que un mensaje adquiriera una difusión amplia de manera rápida. En cambio, ahora, dice Olejua, el votante “tiene mucho más acceso a la información, lo que lo hace menos manipulable desde los canales tradicionales”. Según el informe Digital News Report de Reuters de 2025, los medios digitales son la fuente principal de información en Colombia, con un 76 %, seguidos de las redes sociales, con el 58 %. Además, el informe cuenta que la red social más usada para informarse es Facebook, con un 47 %, seguida por WhatsApp y YouTube, con 35 % y 34 %, respectivamente. En los últimos lugares aparecen TikTok e Instagram, con 27 % y 13 %. Sin embargo, la inmediatez y la difusión masiva de la información no son lo único que implican las redes sociales en la política electoral actual. Cambridge Analytica fue una empresa británica de marketing político, protagonista de uno de los casos de manipulación electoral más importantes y mediáticos desde la aparición de las redes sociales. En 2018, la consultora fue acusada de ayudar a que Donald Trump llegara a la presidencia de Estados Unidos durante las elecciones de 2016. Mediante la recolección y el uso de datos provenientes principalmente de Facebook, la empresa creó perfiles psicológicos de los votantes, con los que se podía influir en su comportamiento mediante contenidos dirigidos a cada uno de ellos. Un algoritmo es la serie de pasos que un sistema necesita para hacer una tarea. En los buscadores web y las redes sociales se refiere a la forma como el sistema “elige” mostrar lo que cada individuo “quiere” ver y deja por fuera lo que no le interesa, explica García. Para Luisa Fernanda Olejua, estos modelos tienen mucho poder: “Es el que decide qué

Una ficha, dos jugadores: la derecha se pelea por Antioquia

Foto: Mi Oriente y Risaralda Hoy.

Antioquia, bastión y cuna del uribismo, se enfrenta a sí misma de cara a las elecciones. La disputa entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella por los votos de la derecha paisa dividió a políticos, partidos tradicionales y al mismo departamento. Analizamos las tensiones y el tablero de juego antes de la batalla final en las urnas de la primera vuelta.

El balance de la jornada electoral en Antioquia: Cinco capturados y alertas por irregularidades

Durante la jornada de votaciones en Antioquia se presentaron en total cinco capturas y 182 comparendos en distintos municipios por delitos relacionados con el proceso electoral. Foto: Telemedellín. En el departamento de Antioquia, durante la jornada de votaciones del domingo 8 de marzo, se presentaron cinco capturas y 182 comparendos por corrupción al sufragante, suplantación o irregularidades en el proceso de votación, intervención en política por parte de jurados de votación, violación del régimen de propaganda electoral y violación de la ley seca. Además, cerca de los puntos de votación masivos en Medellín también se reportaron irregularidades respecto a la promoción de diferentes partidos, como personas que fueron vistas con publicidad de candidatos en horas de la mañana. En Antioquia fueron 5.404.926 los ciudadanos habilitados para ejercer su derecho al voto para las consultas interpartidistas, el Senado de la República, la Cámara de Representantes departamental y las CITREP -Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz-. Según la Registraduría, participaron 2.342.153 ciudadanos en el territorio Antioqueño. En el departamento, se habilitaron 1.280 puestos de votación distribuidos en el territorio de la siguiente forma: 705 puestos en el área urbana, 540 puestos en el área rural, 31 puestos carcelarios, y 6 puestos destinados para los ciudadanos con cédulas antiguas, para un total de 16.388 mesas activas. Solo en Medellín se tuvo un total de 250 puestos y 5.499 mesas de votación. Según un comunicado del Teniente Coronel Alexander Montañez, comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, se presentaron cinco capturas en Antioquia a lo largo de las jornadas electorales. Una de ellas se dio en la mañana en la Institución Educativa Cristo Rey Apolo en Medellín, uno de los puestos de votación más importantes de la comuna 15 Guayabal, donde un ciudadano de 47 años fue capturado en flagrancia por la patrulla de vigilancia mientras entregaba propaganda política a los ciudadanos que se dirigían a votar en esta institución. Al momento de la captura, se le incautaron 11 millones de pesos en efectivo. El sujeto fue trasladado a una unidad de atención inmediata por el delito de corrupción al sufragante y está a la espera de ser judicializado. También en el municipio de Anorí se dio la captura de una mujer que se encontraba entregando publicidad del partido Liberal y que tenía en su poder 2 millones de pesos en efectivo con los que presuntamente estaría comprando votos para este partido. La captura la llevó a cabo el Ejército Nacional. Liliana, una vendedora informal ubicada cerca de la entrada del punto de votación Estadio, contó a De la Urbe que entre las 10 y 11 de la mañana, una mujer se encontraba repartiendo panfletos publicitarios alusivos a un partido político, pero fue confrontada por otro ciudadano que le informó a la mujer que esto era un delito electoral, por lo cual procedió a guardarlos y salir lo más rápido posible del lugar. Foto: Policía Metropolitana del Valle de Aburrá. Pero este hecho no es aislado, alrededor de las nueve de la mañana se presentó el mismo hecho cerca al centro de convenciones de Plaza Mayor, donde se evidenció a una persona realizando también la entrega de propaganda electoral. Dos ciudadanos en Guarne fueron detenidos y entregados a la Fiscalía por presuntamente presionar el voto de terceros hacía un candidato en específico. Mientras tanto en Rionegro un hombre fue capturado en el puesto de votación del colegio Baldomero Sanín Cano al estar presuntamente perturbando  las votaciones. Todas estas capturas se lograron por el plan de acción coordinado entre la Policía Nacional, la Procuraduría de la Nación y la Registraduría con el fin de garantizar unas elecciones transparentes para la representación de los colombianos en el Senado y la Cámara de Representantes. Se habilitaron múltiples canales para que la ciudadanía realizara denuncias por las irregularidades que se pudieran presentar. La Policía habilitó la línea anticorrupción 157 y 123. De igual forma la procuraduría mantuvo activa su línea de atención principal durante la jornada con el fin de atender las quejas. También por parte de la Misión de Observación Electoral – MOE- se habilitó la línea de WhatsApp Pilas con el voto, para escuchar a la ciudadanía y actuar lo más pronto posible frente a las acusaciones de fraude electoral que se estaba presentando en los diferentes municipios, en gran parte, estas denuncias se relacionan con inconsistencias en las mesas de votación donde ciertos jurados no estaban firmando los tarjetones, algunos estaban con publicidad de algún partido, no ofrecían los demás tarjetones para las consultas indígenas y consultas interpartidistas, presuntos sobornos entre otras irregularidades.

Mi primer corrupto

Esta es la historia de una primivotante en elecciones regionales, pero también una autoetnografía que explora las complejidades territoriales del clientelismo; una crónica sobre Bello que podría ser sobre casi cualquier municipio del país. Ilustración: Melanie Peláez. Me robé una edición del periódico El Colectivo. No lo conocía. Lo agarré de una mesa como si nada y lo guardé en el bolso. Solo cuando iba saliendo me di cuenta de que costaba cuatro mil pesos. Tampoco tenía con qué pagarlo. Más tarde, yendo en el Metro hacia mi casa, lo abrí y encontré el título “El pésimo ejemplo de los alcaldes de Bello”.   Cometer ese delito me hizo sentir, por primera vez, parte de mi municipio.   La columna, firmada por Betty Ciro, hablaba de los delitos cometidos por Óscar Andrés Pérez, los hermanos y la hermana Suárez Mira y Carlos Alirio Muñoz López. Esos apellidos me sonaban, pero no sabía quiénes eran ni qué habían hecho. Alguna vez escuché que un exalcalde falsificó su título de bachiller y que otro fue elegido mientras portaba un brazalete del Inpec. Esos eran chistes que me hacían acerca de vivir en Bello, pero no sabía cuál político había hecho qué cosa.  Yo no habría leído ese artículo a comienzos del 2023, pero desde hace meses me martilla en la conciencia una necesidad de tomar partido en todo y una rabia con los hombres y la globalización que no me dejan vivir en paz. Mejor dicho, un día me desperté y no pude dejar de pensar en que tenía que hacer algo al respecto. Entonces me inscribí en la Escuela de Formación Política Marta Cecilia Yepes, cuyo nombre es en homenaje a una militante de ¡A Luchar!, movimiento social que impulsó importantes manifestaciones durante los 80. Marta defendió la lucha por el arte y la cultura en los sectores populares, particularmente en Itagüí, hasta que la asesinaron a sus 29 años, en 1985.  En la primera sesión de la Marta ‒que se llamaba “Trayectorias militantes e identidad política” ‒ entendí, en resumidas cuentas, que nadie va a hacer nada por mí. El encuentro fue el mismo día en el que robé el periódico. Aunque justo antes estaba decidida a inscribir mi cédula para votar en Medellín, me bastaron diez minutos para concluir, en un ataque de pertenencia, que lo haría en Bello. De todas maneras se había acabado el plazo para cambiar el puesto de votación y yo ni me di cuenta. Además, para elegir entre Fico y Upegui, prefería votar por cualquiera a una cuadra de mi casa y en pijama.  Me adentré en una búsqueda intensiva de los candidatos y las candidatas de Bello a la Alcaldía y al Concejo. Sobre los últimos solo vi propaganda en redes sociales y una lista en la página de la Registraduría: apenas aparecían 38 inscritos, la mitad eran del Centro Democrático y la otra de Gente en Movimiento. Supuse que estaba desactualizada, pero no lejos de la realidad, y la abandoné. En cuanto a la Alcaldía, encontré un debate organizado por la Universidad Uniminuto con seis de los nueve candidatos que para entonces estaban en el tarjetón. Anoté en mi libreta sus historiales, propuestas, expresiones y argumentos, y me hice una primera imagen de cada uno, una advertencia muy clara sobre por quién no votaría nunca en mi vida. También escuché datos que no conocía, mencionados por el entonces candidato Juan Felipe Restrepo, como que Bello tiene el porcentaje de inversión más bajo de los municipios del Área Metropolitana para la juventud ‒con 972 pesos para cada joven‒, que el presupuesto para la cultura es del 1 % y que la administración saliente desapareció la Secretaría de la Mujer.   El panorama se me hizo desolador. A los candidatos y las candidatas más fuertes de la contienda se les podía cuestionar su cercanía con personajes de la política tradicional bellanita, mientras que el resto no tenía mucha experiencia. Corría el rumor de que uno había adquirido su candidatura con ayuda de las bandas delincuenciales del municipio y que estas harían todo lo necesario para que ganara. Por otra parte, tener alcaldesa se convirtió en una bandera que, para mí, no podía garantizar nada para las mujeres.   A pesar de todo, no iba a votar en blanco. Qué tal que ganara y a Simón Gaviria, hijo del expresidente César Gaviria, le diera por decir que es el “brillante ejercicio de la democracia” manifestándose en mi municipio otra vez. Y es que en 2011 se dio en Bello la primera victoria del voto en blanco en unas elecciones en Antioquia ‒y la segunda en el país‒ como respuesta a que Germán Londoño, aliado del clan Suárez Mira, era el único candidato.   Se sintió como una cachetada a mi esperanza y a mi prematura formación política entender que, aunque me informara e intentara ser crítica, mis primeras elecciones a la Alcaldía de Bello serían, inevitablemente, las de mi primer corrupto.   Al otro lado del río En mi cuadra, en La Gabriela, hay un sistema de transporte ilegal controlado por la banda delincuencial que opera en este y otros barrios aledaños. Quienes trabajan en ese “acopio” pagan por el puesto que ocupan y le generan otras rentas al grupo, por ejemplo, por medio de una remuneración por desinfectar los carros para protegernos de una pandemia que terminó hace meses. Esa y otras obligaciones sirven para intuir que cuando todos, sin excepción, aparecen con propaganda política del mismo candidato en sus carros, es por orden del grupo y no por mera coincidencia. En 2022 fue un candidato a la Cámara por el Partido Liberal y el año pasado fue un aspirante al Concejo de Bello por Cambio Radical y Mira. Pero eso no es lo único cuestionable de mi barrio y tampoco viene siempre de los mismos actores. Dos personas de La Gabriela, ambas de la misma familia, han ocupado una curul en el Concejo: una en 2016 y otra en 2019. Desde entonces he visto que varias y varios

Nuevo mapa político de Antioquia: más coaliciones y más alcaldesas

Con el 99,97% de las mesas informadas (15.837 de 15.841) por parte de la Registraduría, el mapa político del departamento para los próximos cuatro años ya está definido. ¿Qué tanto cambió con respecto a 2019? Foto: Colprensa. Este es el panorama en los 125 municipios de Antioquia: en 80, las alcaldías quedaron en manos de coaliciones, es decir, alianzas entre dos o más agrupaciones políticas para llegar al poder y tomar decisiones en el gobierno de turno. Esta figura no es nueva en Colombia, pero se formalizó en la Constitución de 1991. En 39 municipios ganaron partidos o movimientos políticos con personería jurídica; y en seis ganaron candidatos apoyados por grupos significativos de ciudadanos. El Consejo Nacional Electoral define a estos grupos como figuras temporales que permite “postular listas y candidatos a una determinada contienda electoral”. El Valle de Aburrá: el corazón electoral del departamento En los 10 municipios del Valle de Aburrá se registraron 1’639.774 votos. Esto significa que de todos los votos de Antioquia, el 56,07% se concentra en esta subregión. En Medellín, Federico Gutiérrez, quien obtuvo 689.519, arrasó con el partido Creemos (en 2015 ganó la Alcaldía con 246.221 votos). Esta mismo partido logró la alcaldía de Copacabana con Jonathan Pineda. En La Estrella, el grupo significativo “Una Estrella para todos” ganó con la candidata Liliana Ramírez, prima de Daniel Quintero, exalcalde de Medellín. De acuerdo con los resultados de preconteo, le ganó al candidato Carlos Ramírez por 10 votos. En los siete municipios restantes del Valle de Aburrá, los ganadores fueron candidatos avalados por coaliciones. Gráfica: Walter Arias Hidalgo con datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil. En todo el departamento habían 5’246.344 personas registradas para votar en las Territoriales del 2023. Es decir, de cada cien votantes registrados en el país 13 eran de Antioquia. Este departamento solo es superado por Bogotá en potencial electoral. Creemos, el partido de Fico, obtuvo 751.495 votos para sus diferentes candidatos a las alcaldías en Antioquia, la votación más alta para una agrupación política en el departamento y una de las más altas en Colombia. Sin embargo, estos resultados solo se reflejan en tres municipios donde ganaron los candidatos: Medellín y Copacabana (Valle de Aburrá) y Entrerríos (Norte). Antioquia ha sido un bastión del partido Centro Democrático. Sin embargo, este partido solo ganó en tres municipios: Andes, Donmatías y San Rafael. A pesar de esto, el partido de Álvaro Uribe se quedó con la Gobernación de Antioquia. Es la primera vez que lo consigue. El tradicional Partido Conservador logró 10 alcaldías. Es el partido político, en solitario, que más municipios conquistó. Le siguen el Partido de la U, Alianza Verde y el Partido Liberal. Cada uno logró cuatro. El auge de las coaliciones Las coaliciones se quedaron con 80 alcaldías, el 64%. Esto significa que hubo un incremento del 43% con respecto a 2019, cuando esos grupos ganaron en 56 municipios. Las subregiones donde más vencieron estos pactos fueron Oriente y Suroeste. Cada una con 18 alcaldías. Las coaliciones dificultan el análisis sobre cuál es la postura de un/a mandatario/a municipal frente al Gobierno Nacional. Por ejemplo, en el municipio de Abejorral (Oriente) el candidato ganador fue Manuel Alberto Guzmán de la coalición Unidos Volvemos a Creer. Esta coalición está conformada por el Partido Liberal Colombiano, alineado con el gobierno; el Partido Conservador Colombiano, en independencia y el Partido Cambio Radical que está en oposición. Más alcaldesas A partir de 2024 habrá un 120% más de mandatarias en Antioquia. Fueron 22 las mujeres que se quedaron con las riendas de sus municipios, la mayoría en las subregiones de Oriente y Occidente. En 2019 ganaron 10, cinco menos que en las elecciones de 2015. El aumento de alcaldesas y de coaliciones, y la disminución de partidos o movimiento políticos con personería, y de grupos significativos de ciudadanos, son algunos de los datos que configuraron el nuevo mapa político de Antioquia, al menos en lo que tiene que ver con quienes estarán a la cabeza de las administraciones municipales. Finalizado el preconteo de votos inicia el proceso de escrutinio, el cuál dará de manera oficial el nombre de cada alcalde y alcaldesa de los municipios. Este proceso puede tardar días y en algunos casos puede arrojar que el margen de error del preconteo dio por ganador a un candidato diferente al que pueda quedar en el escrutinio. En La Estrella, por ejemplo, la diferencia entre un candidato y otro es de solo 10 votos y puede que con el escrutinio el candidato ganador sea diferente al que dio el preconteo. En todo caso, en los próximos días se confirmará definitivamente el nuevo mapa político de Antioquia que estará vigente por los siguientes cuatro años. Gráfica: Walter Arias Hidalgo con datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil.

Crónica de una alcaldía ganada: Fico repite como alcalde de Medellín

Federico Gutiérrez fue elegido alcalde por segunda vez. Una victoria que, para los analistas, ya estaba cantada al llevarle hasta más de 50 puntos de ventaja de intención de voto a Juan Carlos Upegui. ‘Fico’ logró canalizar el descontento con la administración Quintero. Federico Gutiérrez fue electo por segunda vez como alcalde de Medellín. Al cierre de este informe, Gutiérrez, con el 74.60 % de mesas informadas, pasaba de los 500 mil votos. Juan Carlos Upegui, candidato del partido Independientes -del exalcalde Daniel Quintero-, llegaba a los 70 mil; y Albert Yordano Corredor, pasaba de los 19 mil. Se trata de una victoria cantada. Desde hace varias semanas diferentes encuestas pronosticaban una paliza en las urnas. Y así sucedió: Gutiérrez aventajaba a Upegui en 64 puntos porcentuales. Se trata del alcalde más votado desde 2011: en ese año, Aníbal Gaviria sacó 239.259 votos; en 2015, el mismo Federico Gutiérrez obtuvo 246.221; y en 2019, Daniel Quintero logró 304.034. Ahora Gutiérrez podría llegar a los 550 mil. En 2022 Federico Gutiérrez fue candidato a la Presidencia. Ganó en las consultas interpartidistas -como parte del Equipo por Colombia- con un 52,1% de los votos. En las encuestas para primera vuelta era el segundo después de Gustavo Petro, pero quedó en tercer lugar, detrás de Rodolfo Hernández. Sin embargo, estas elecciones mostraron su amplia popularidad en Antioquia, donde obtuvo una clara ventaja. De hecho, en estas elecciones acompañó al candidato del Centro Democrático para la Gobernación de Antioquia: Andrés Julián Rendón, quien, por su parte, fue elegido como gobernador (al cierre de esta nota aventaja a Luis Pérez en más de 240 mil votos). “Es mi fórmula a la Gobernación de Antioquia y como partido Creemos adhiere a la candidatura de Andrés Julián Rendón y a nuestros casi mil candidatos en toda Antioquia”, dijo Gutiérrez ante periodistas recientemente. La primera alcaldía de Gutiérrez en Medellín coincidió con la alcaldía de Rendón en el municipio de Rionegro. Al dejar su alcaldía (2016-2019), su favorabilidad fue del 88%, según Medellín Cómo Vamos. Además, algunos de sus resultados insignias fueron: el aumento de los días de atención del programa Buen Comienzo enfocado en los niños de 0 a 5 años y las madres gestantes, lo que desembocó en los índices más bajos en mortalidad y desnutrición infantil en la década, según el informé de Medellín “Cómo Vamos 2016-2019”. Otra de las “victorias” que menciona Gutiérrez en cada debate es la captura de 161 cabecillas de bandas criminales. Sin embargo, la judicialización de Gustavo Villegas, secretario de Seguridad en su administración, por colaborar con la “Oficina de Envigado” dejó en entredicho la legitimidad de estos resultados. En su periodo hubo 2.347 homicidios, según el Instituto Nacional de Medicina Legal. La cifra estuvo muy por debajo de la Alcaldía de Aníbal Gaviria, cuando hubo 3.335 casos. Pero muy por encima de la administración saliente: hasta agosto de 2023 iban 1.401 casos. Las propuestas con las que repite Alcaldía El 4 de julio de este año oficializó su candidatura con Creemos, el mismo movimiento con el que se lanzó a su anterior alcaldía, ahora reconocido como partido político por el Consejo Nacional Electoral. Su apuesta es “recuperar a Colombia desde las regiones”. Asegura que no renunciaría a la Alcaldía para aspirar a la Presidencia en 2026. Entre sus propuestas se encuentra crear el “Distrito cinema” y ser epicentro creativo, respondiendo a una necesidad de la industria. Además, dice que creará una “gran alianza por la primera infancia” en la que buscará promover el desarrollo infantil de manera integral y así aumentar las atenciones en el programa Buen Comienzo. Además, propone crear los “Centros Creer”, que son espacios diferenciados para atender a niños, niñas y adolescentes en riesgo. En materia de educación, propone llevar la deserción escolar al punto más bajo y mejorar la infraestructura de 421 sedes educativas en sus primeros 100 días de gobierno. Con respecto al turismo, plantea reestructurar la actual dependencia encargada de la Política Pública del Turismo y centrarse en la sensibilización a los turistas sobre el cuidado de los niños, niñas y adolescentes. En seguridad, que es su eje central, buscará utilizar más tecnología para fortalecer la línea 123, pondrá más cámaras de seguridad e integrará con sistemas privados, pondrá alarmas comunitarias conectadas al 123 en zonas con índices altos de delincuencia y botones de reacción en zonas comerciales en contra del atraco, el hurto y la extorsión.  Además, intentará eliminar el actual proyecto de la cárcel de San Cristóbal, para crear una cárcel metropolitana con mayor capacidad. En su programa de gobierno menciona muchas “recuperaciones” de programas y entidades como: el Programa Escuela Entorno Protector, a Ruta N como agencia de Innovación, los CEDEZO como Centros de Desarrollo Económico en el territorio y, principalmente, el Programa Parceros, que tiene un modelo de atención focalizada a población en riesgo de ser reclutada e instrumentalizada.