Preconteo generacional: jóvenes y adultos ante las urnas de Medellín

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22 junio, 2026
Por: Gisele Tobón Arcila | gisele.tobon@udea.edu.co y Pablo Giraldo Vélez | pablo.giraldov@udea.edu.co

Durante la segunda vuelta por las elecciones presidenciales de 2026, en Medellín, personas de todas las edades salieron a las calles para votar por el candidato que más se alineaba con sus deseos. Desde Plaza Mayor hasta el Atanasio Girardot, se acercaron a las urnas con orgullo, miedo, tranquilidad o ansiedad.

Delante de las banderas de Antioquia, Colombia y Medellín, algunos votantes salen del puesto de votación en la Alpujarra.
En el puesto de votación en el sótano de la Alcaldía Municipal, había 40 mesas habilitadas para que los ciudadanos ejercieran su derecho al voto. Foto: Pablo Giraldo Vélez.

Un hombre lleva un sombrero amarillo, azul y rojo con la palabra “paz”. Toda su vestimenta tiene los colores de la bandera de Colombia y se dirige desde la estación Estadio del metro hacia el puesto de votación en el Atanasio Girardot. Se llama Paz Colombia Duque y siente una “satisfacción muy grande porque, a partir de hoy, vamos a descansar de tanta pelea, de tanto odio. Tanto del uno como del otro”. Como él, personas de todas las edades, con convicciones, sentires e ideales diferentes, se acercaron a los puestos de votación ubicados en Plaza Mayor, la Alpujarra, el estadio y el Politécnico Jaime Isaza Cadavid.

Ocho horas antes de que la Registraduría Nacional informara los resultados del preconteo, alrededor de las 10:00 a. m., la jornada electoral transcurría con normalidad en las afueras de Plaza Mayor, el puesto de votación para mujeres más grande de la ciudad. Entre la masa de gente que entraba y salía constantemente del centro de eventos, se distinguían camisetas de la Selección Colombia y un electorado en el que sobresalían las mujeres de 40 a 60 años. Con cornetas y campanas de carritos de helado sonando de fondo, un helicóptero sobrevolando y mascotas —algunas engalanadas de amarillo—, las votantes y sus acompañantes, quienes las esperaban afuera del recinto, compartían opiniones en la plazoleta.

Cuando Jaime Alzate, de unos 60 años y que estaba afuera de Plaza Mayor, se despertó para votar sintió “orgullo por la patria y la democracia” y deseos de “sacar a la izquierda”. Pero también tenía miedo de que los resultados no fueran reconocidos o fueran manipulados por aquellos a quienes llamó “las liendras”, un sentimiento que combatía con la creencia de que “los buenos”, sus copartidarios, eran más y que no se iban a dejar amedrentar de nadie, menos de la “gentuza de la guerrilla”. “Se sabe que esta gente quiere atornillarse en el poder y acabar con todo; entre comillas, hacer otro Venezuela de nuestro país”, dijo Jaime al final mientras vestía su camiseta tricolor.

Plaza Mayor tenía un electorado habilitado de 44 736 posibles votantes con 56 mesas de votación, el segundo de Medellín, solo superado en cantidad de personas habilitadas para votar por el puesto destinado a los hombres, el estadio Atanasio Girardot.

Allí, en la comuna 10 —La Candelaria—, Abelardo de la Espriella triunfó en la primera vuelta con el 54,9 % de los votos por encima del resto de candidaturas, según el escrutinio. Plaza Mayor no desistió en la tendencia de su comuna para la segunda vuelta y recibió a miles de personas que llevaban al tigre por delante en sus camisetas y cuyos bafles entonaban “tigre que ruge y muerde, tigre que nada teme, tigre que deja huella. Abelardo de la Espriella, ¡Firmes por la patria!”.

La fe en el candidato del lema “Firmes por la patria” la compartía Gloria Méndez que, como Jaime y muchos otros, se vistió con la camiseta de la selección. Ella se levantó a votar con tristeza, temor y estrés. Sin embargo, ante todo, le emocionaba ver a tanta gente votando y tenía una certeza: “Abelardo va a ganar y vamos a recuperar el país”. Para el 22 de junio, con el 99,99 % de las mesas informadas, De la Espriella fue elegido como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030 con el 49,66 % de los votos a su favor; Iván Cepeda ocupó el segundo lugar en la contienda electoral con el 48,70 %; la diferencia entre ambos candidatos fue de 0,96 %, la más estrecha en la historia del país.

A sus 75 años, con mechones pintados de tintura rojiza que sobresalía entre las canas, Luz Cadavid dijo que es necesario votar para aportar a la patria y por eso lo hace siempre: “Si no, no podemos lamentarnos ni criticar”. En esta ocasión, lo hizo porque la convenció la campaña de su candidato y padeció nervios porque ella quiere cambio y no continuidad. Sobre todo, dijo que no quiere guerra tras los resultados de la segunda vuelta.

Decenas de votantes hacen fila para entrar a votar, mientras sus acompañantes los esperan afuera de Plaza Mayor.
En Plaza Mayor solo votan mujeres. Había 44 736 habilitadas. Foto: Pablo Giraldo Vélez.

Pero en Plaza Mayor también hubo opiniones que partían de un lugar diferente, como las de Natalia Duque y Jorge Libreros —de 45 y 48 años, respectivamente—, que invitaron a votar sin miedo y a continuar el cambio. Natalia es titiritera en Medellín hace 23 años y, con una boina negra en la cabeza, declaró que la motivación de su voto parte precisamente de su oficio. Ella quiere evitar el fracking y el cierre del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes: “Mi voto está con la vida, con la biodiversidad y, sobre todo, con el agua, para poder seguir soñando. Y las artes; todos necesitamos de las artes para poder tener salud mental”.

Jorge es compañero de Natalia y juntos fundaron el teatro de títeres Jabrú en 2003. Por eso su motivación está sintonizada con la de ella; él votó por la supervivencia de su trabajo “independiente, artístico y cultural”. Pero además, compartió que esperaba que en Colombia ganara la inteligencia y el sentido de la vida porque considera fundamentales los cambios sociales propuestos por su candidato, Iván Cepeda. “Somos de la universidad pública. Somos del pueblo. Somos obreros y obreras y eso nos motiva a que esto siga por el camino que necesitamos”, dijo. 

En comparación con la primera vuelta, en Medellín, Abelardo de la Espriella obtuvo 142 927 votos más, mientras que Iván Cepeda sumó 121 110 al resultado anterior.

Al otro lado de la avenida Ferrocarril, en el puesto de votación de la Alpujarra, en el sótano del edificio de la Alcaldía distrital, el panorama era diferente. Aunque las camisetas de la selección seguían presentes, no eran tan predominantes como en Plaza Mayor. Sobre la calle San Juan, hacia la estación Alpujarra del metro, al menos dos carritos vendían cornetas con la bandera de Colombia. Allí hubo 40 mesas de votación, según la Registraduría.

Allí, tres jóvenes de 23, 21 y 20 años salieron corriendo después de votar, mientras cruzaban sus dedos índices y pulgares en forma de corazón, un gesto que se volvió popular entre los seguidores de Iván Cepeda. Prefirieron no dar sus nombres, pero fueron claros en que votaban “por la vida, los derechos humanos y por las maricas”. Además, uno de ellos dijo que se sentía triste porque “10 300 000 personas” están votando “por venganza, por rencor”. “Literalmente no quieren apoyar. Están de un bando tirándoles a otros”, agregó. Mientras ellos respondían a las preguntas de De la Urbe, un señor mayor se acercó: “¿Ustedes sí votaron por la paz?”, les preguntó. “¡Sí!, por la vida”, respondió uno de los jóvenes. A lo que el señor replicó: “Sí, por eso, por la paz”.

Alrededor del mediodía en el estadio Atanasio Girardot, los vendedores de frutas, jugos y micheladas le dieron a los votantes un alivio para el sol y el calor que se condensaba en la parte de afuera de la tribuna occidental, donde queda el puesto de votación. Fue el más grande de la ciudad con 60 mesas de votación. Aunque el día de las elecciones no hay ciclovía, afuera del puesto de votación pasaban familias y personas haciendo ejercicio, ya fuera trotando, montando bicicleta o andando en patines.

En las afueras del estadio, cerca del ingreso para los votantes, un hombre con un megáfono anunciaba la llegada de Cristo: “Ustedes son un pueblo de hipócritas y arderán en el infierno”, arengaba. Además, algunos vendedores ofrecían lapiceros en la fila. “Uno como sabe que hay intereses tan poderosos, la gente desconfía, mucha gente compra”. Dijo que quienes no compraban era porque ya llevaban uno propio.

Por la estación Estadio del metro, Dolis, una joven de alrededor de 25 años que votaba por segunda vez y estaba vestida blanco, dijo que se había levantado con tranquilidad y felicidad, pero que sí le generaban ansiedad los resultados porque las dos candidaturas tenían propuestas totalmente diferentes. Tras responder se alejó con sus acompañantes, todas mujeres que abarcaban desde la niñez hasta la adultez y cada una vestida de blanco. El murmullo de su conversación se unió al de la multitud que se desplazaba con parsimonia entre las ofertas de las ventas ambulantes.

Sobre la una de la tarde, el sol seguía imponiendo un vaho bochornoso, ahora en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, que tenía 38 mesas de votación. Puestos de frutas, churros y raspado aguardaban afuera para refrescar al electorado que salía de votar. Ese era el caso de otros tres veinteañeros: Valeria posaba para una foto con raspado en mano mientras que Óscar y Esteban le daban indicaciones y la fotografiaban. 

Tras votar, Esteban dijo que sentía “una inspiración grande en un país que puede progresar y disipar tanta violencia”. Valeria y Óscar salieron con miedo, pero el segundo mantenía la esperanza. Además compartieron que se sentían motivados a votar porque “es una forma de decirle al Gobierno, como pueblo, que estamos aquí, que estamos pendientes, que estamos cansados, que queremos un cambio”. Su otra motivación recaía en el futuro de las generaciones que vienen. 

Justo a la izquierda, frente al puesto de votación, un vendedor de pines y banderas de Colombia sobre una tabla negra, que iban desde los $2.000 a $5.000, dijo que sí le estaban comprando, pero esperaba que en la tarde, mientras se acercaba el cierre de las urnas, llegaran aún más personas

Hombre vende pines a $5.000 y banderas de Colombia a $2.000 a las afueras del Politécnico Jaime Isaza Cadavid.
En las afueras de los puestos de votación se ubican vendedores de comidas, lapiceros, cornetas o pines, como este en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid. Foto: Pablo Giraldo Vélez.

A lo largo de la jornada, en la que parecía no haber muchos jóvenes, se escuchaban comentarios y opiniones como “no va a quedar Cepeda y vamos a poder seguir viajando” o “nos comen a la plancha si no gana el tigre”. Aunque en Medellín ganó Abelardo de la Espriella con el 64,45 % de los votos frente al 33,18 % de Iván Cepeda, en el país la diferencia fue menor de un punto porcentual. Medellín dejó claro en las urnas lo que se veía venir en sus calles.

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