El carriel también va a la izquierda

En las elecciones legislativas del 8 de marzo y en la primera vuelta del 31 de mayo, el Pacto Histórico se consolidó como la segunda fuerza política en Antioquia. Ahora, en un departamento tradicionalmente inclinado hacia la derecha, este partido se disputa el relato de lo que significa ser antioqueño en su camino hacia la Casa de Nariño. El sábado 28 de marzo, Iván Cepeda, candidato presidencial del Pacto Histórico, dio su último discurso en la ciudad. Frente a un parque de San Antonio lleno, afirmó que Antioquia es un pueblo resiliente, laborioso y noble, se mantuvo en su postura de que el departamento «se convirtió en la cuna de la parapolítica, del narcotráfico y del terrorismo de Estado» y que esto no es más que «constatar la realidad». Ese mismo día, María Fernanda Carrascal, representante a la Cámara por Bogotá, del mismo partido, publicó en su cuenta de X: «Si Antioquia cambia, Colombia cambia«. Casi dos meses después, esa idea se puso a prueba en la contienda presidencial del 31 de mayo: Abelardo de la Espriella, el candidato de derecha, salió victorioso con 1.725.297 votos –el 53.74 % del total–, ganó en 110 de los 125 municipios del departamento y se impuso en todas las comunas y los corregimientos de Medellín. José Luis Marín, concejal del Pacto Histórico conocido como AquinoTicias, dice que, aunque el resultado genera una sensación de derrota –Cepeda quedó de segundo cuando hace cuatro años Petro había quedado primero–, los resultados esconden matices: en 2022, el ahora presidente obtuvo 682.282 votos en Antioquia en primera vuelta; hoy, Cepeda consiguió 806.959, es decir, un 18.2 % más. En la sede de campaña en Medellín –una casa de dos pisos en el barrio La Floresta que también ha sido el espacio de trabajo del congresista Alejandro Toro– hay una calcomanía que dice «Antioquia cambió». La idea de que el departamento, históricamente inclinado hacia la derecha, está transformando su manera de entender la participación política ha sido uno de los ejes de esta campaña. Luisa Fernanda Giraldo, gestora cultural y excandidata a la Cámara por Antioquia en la lista del partido, reconoce que la recepción hacia su partido en el departamento se ha transformado: «Cuando nosotros hacíamos campaña en el 2022 era muy difícil. Nos atacaban en muchas partes, había pocas personas en las reuniones y gente gritándonos guerrilleros«. Hoy, dice, pueden hacerlo con más tranquilidad. Ella resume la disputa así: «Lo lindo de la lucha de clases es que existe, aunque haya gente que la niegue, y eso es un claro reflejo de lo que está sucediendo en la contienda electoral: dos extremos con dos apuestas de país completamente diferentes«. En su escenario más optimista, el Pacto esperaba superar el millón de votos en primera vuelta. Ese 31 de mayo, en la Casa Cepeda de La Floresta, el ambiente era de asombro y desencanto. De la Espriella no solo ganó, sino que superó de lejos a Paloma Valencia, candidata del uribismo. Entre los integrantes del equipo que discutían el resultado, el líder comunitario Jhon Jiménez planteó que la jornada debía servir como autocrítica: «Cuando hay problemas logísticos, el adversario se luce, y este fue el caso». Con todo, el resultado consolidó al Pacto Histórico como la segunda fuerza política del departamento. En las legislativas del 8 de marzo obtuvo 392.002 votos en Senado y 394.081 en Cámara. Y, por ejemplo, en las presidenciales Cepeda alcanzó 300.729 votos en Medellín, un 79.5 % más que en las legislativas. El reto inmediato de Cepeda es crecer en la segunda vuelta, pero tanto él como De la Espriella han apelado a la antioqueñidad para conquistar el peso político del departamento. En su libro Nación, ciudadano y soberano, la socióloga María Teresa Uribe describe la antioqueñidad como «un ethos sociocultural muy definido que se manifiesta en un conjunto de valores». Esos valores han resonado en el discurso de Cepeda: el 12 de febrero, en su primer gran acto de campaña en Medellín, en el Parque Berrío, reivindicó los pilares de la antioqueñidad –la familia, la religión, el trabajo y el «espíritu pujante»– y reconoció que el departamento «ha hecho grandes aportes al desarrollo económico, cultural y social del país». Ana María Jaramillo, candidata al Concejo de Medellín por el Pacto en 2023 e integrante del equipo de la Casa Cepeda del centro, lo explica así: «[Cepeda] está apelando a un sentimiento regionalista que resulta fundamental en la campaña presidencial, porque sabemos la importancia que ha tenido Antioquia para poner presidentes en este país». Para ella, Cepeda también intenta rescatar una herencia de la región: «Antioquia ha tenido una fuerte influencia de levantamientos, de lucha, de resistencia. Imaginarios que quedan por allá escondidos y me parece que esta ha sido la oportunidad de ponerlos en otro lugar». Juan Camilo Portela, doctor en Investigación en Ciencias Sociales de Flacso-México y docente de la UdeA, coincide: Antioquia también ha sido cuna de «iniciativas muy de izquierda» y, en ese contexto, el ethos más tradicional ha estado en disputa con «otro tipo de maneras de comprender la realidad: unas más revolucionarias». El voto de las clases populares se ha convertido en una de las bases más sólidas del Pacto en el departamento. En las elecciones legislativas, el partido ganó en Medellín en las comunas 1, 2 y 3 –Popular, Santa Cruz y Manrique–, caracterizadas por su origen obrero y su desarrollo en las laderas. Para Portela, esto responde al esfuerzo de la campaña por «apelar a ese orgullo de las clases populares y a su trabajo». Aunque en la primera vuelta Cepeda no ganó en ninguna de las 16 comunas, fue el segundo más votado en 15 de ellas, y la diferencia con De la Espriella fue más estrecha en las comunas populares: 7.1 puntos en la Comuna 1; 12.9 en la Comuna 2 y 15.2 en la Comuna 3. Juan Andrés Henao, integrante del equipo del Pacto, lo ilustra así: «Desde las cuatro de la mañana se ve gente montándose al metro, haciendo
Combinación antioqueña: arriba, abajo, ultraderecha

El novato político Abelardo de la Espriella se enfrentó al uribismo y ganó. Ni el propio Álvaro Uribe logró convencer a Antioquia. La tierra que históricamente ha sido el bastión de su movimiento le entregó al abogado cordobés casi dos millones de votos. Ahora, para llegar a la Casa de Nariño, De la Espriella tendrá que convencer a los paisas que aún dudan de su proyecto.
Elegir en la era del algoritmo

El momento que vivimos con las redes sociales plantea nuevas formas de pensar las campañas electorales. La inmediatez, el algoritmo y las emociones cambian la manera en la que el electorado y los candidatos nos relacionamos, además, con un nuevo actor que cada vez toma más fuerza: la inteligencia artificial. Foto tomada del perfil de X @Tuitarrista. Después de las elecciones legislativas y las consultas del 8 de marzo de 2026, los cuatro candidatos presidenciales con mayor probabilidad de ganar las elecciones tuvieron un pico en las búsquedas web por sus nombres. Del 8 al 14 de marzo, la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, tuvo una popularidad máxima con 100 puntos; Iván Cepeda tuvo 85; Abelardo de la Espriella, 40 y Sergio Fajardo, 8. Estos fueron los números más altos que cada candidato tuvo en 12 meses hasta ese momento. En Colombia hay alrededor de 53.6 millones de personas, de las cuales 41.7 millones usan internet, según el último informe de DataReportal. En ese contexto, las redes sociales, los algoritmos y la inteligencia artificial cumplen un rol fundamental en una campaña electoral. Para Luisa Fernanda Olejua, publicista, community manager de Rodolfo Hernández en la campaña presidencial de 2022 y actual directora de comunicaciones del candidato Santiago Botero, ahora los votantes no solo conocen las propuestas de los políticos, “sino su vida cotidiana, su personalidad, incluso detalles íntimos. Y eso influye directamente en la decisión de voto. Muchas personas no votan por un programa político, sino porque sienten cercanía [con el candidato]: ‘me cae bien’, ‘se parece a mí’, ‘tiene perritos’”. La campaña presidencial de Barack Obama en 2008 en Estados Unidos fue una de las primeras y más visibles en usar el entorno digital a su favor. Con el eslogan “Yes we can”, el entonces candidato utilizó las redes sociales para “recaudar dinero, organizarse localmente y luchar contra campañas de desprestigio”, como lo describió un artículo de 2009 de The New York Times. Un caso similar, pionero en el uso de redes sociales en Colombia, fue el de Antanas Mockus con la “Ola verde” en el 2010. El excandidato presidencial había sido dos veces alcalde de Bogotá y llegaba a las elecciones del 2010 como máximo contendiente de Juan Manuel Santos, que en ese momento representaba al uribismo. En Twitter (ahora X) y Facebook, el candidato del Partido Verde parecía ganador, pero Santos se impuso en las urnas con 9.028.943 votos en la segunda vuelta, el 69.1 % de los votos. A 18 años de la elección de Obama y 16 de la derrota de Mockus, el uso de las redes sociales en las campañas políticas ha cambiado debido a la aparición y el auge del análisis de datos, los algoritmos y la inteligencia artificial. Ya no son un canal más, sino que representan un factor clave a la hora de influir en las decisiones y las percepciones del electorado. Hoy, las redes sociales permiten a los candidatos llegar a un público más amplio, recolectar datos específicos de sus electores y segmentar sus audiencias. La inmediatez, el uso de las emociones y el fenómeno de la desinformación cambian las formas en las que los políticos se relacionan con el electorado y la opinión pública. Según Olejua, las emociones son más permanentes y volátiles ahora, por lo que la percepción de un candidato puede cambiar en cuestión de horas. “Antes las coyunturas tomaban tiempo; hoy se mueven a una velocidad mucho mayor. Esto ha hecho que la política sea cada vez menos racional y más una reacción continua a lo que la gente ve en su celular”, remata. La pantalla correcta Antes de internet y las redes sociales, los candidatos debían pasar por los medios de comunicación y las plazas públicas para exponer sus propuestas. Ahora, dice Lina Guisao, profesora de comunicación política en la Universidad de Antioquia, hay un triángulo al que pertenecen los políticos, los medios y las redes. Los medios observan lo que pasa en las redes, lo vuelven noticia y lo llevan de nuevo al electorado, que tiene insumos para hacer demandas, que luego vuelven a los medios. Los tres actores están en constante conversación. El periodista y experto en comunicación digital Camilo Andrés García, también conocido como Hyperconectado, agrega que antes había una serie de “filtros” que, aunque todavía existen, hacían más difícil que un mensaje adquiriera una difusión amplia de manera rápida. En cambio, ahora, dice Olejua, el votante “tiene mucho más acceso a la información, lo que lo hace menos manipulable desde los canales tradicionales”. Según el informe Digital News Report de Reuters de 2025, los medios digitales son la fuente principal de información en Colombia, con un 76 %, seguidos de las redes sociales, con el 58 %. Además, el informe cuenta que la red social más usada para informarse es Facebook, con un 47 %, seguida por WhatsApp y YouTube, con 35 % y 34 %, respectivamente. En los últimos lugares aparecen TikTok e Instagram, con 27 % y 13 %. Sin embargo, la inmediatez y la difusión masiva de la información no son lo único que implican las redes sociales en la política electoral actual. Cambridge Analytica fue una empresa británica de marketing político, protagonista de uno de los casos de manipulación electoral más importantes y mediáticos desde la aparición de las redes sociales. En 2018, la consultora fue acusada de ayudar a que Donald Trump llegara a la presidencia de Estados Unidos durante las elecciones de 2016. Mediante la recolección y el uso de datos provenientes principalmente de Facebook, la empresa creó perfiles psicológicos de los votantes, con los que se podía influir en su comportamiento mediante contenidos dirigidos a cada uno de ellos. Un algoritmo es la serie de pasos que un sistema necesita para hacer una tarea. En los buscadores web y las redes sociales se refiere a la forma como el sistema “elige” mostrar lo que cada individuo “quiere” ver y deja por fuera lo que no le interesa, explica García. Para Luisa Fernanda Olejua, estos modelos tienen mucho poder: “Es el que
Una ficha, dos jugadores: la derecha se pelea por Antioquia

Antioquia, bastión y cuna del uribismo, se enfrenta a sí misma de cara a las elecciones. La disputa entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella por los votos de la derecha paisa dividió a políticos, partidos tradicionales y al mismo departamento. Analizamos las tensiones y el tablero de juego antes de la batalla final en las urnas de la primera vuelta.
La crisis de la salud: la deuda que hereda el nuevo Congreso

Con 10 EPS intervenidas y más de 120 liquidadas desde que la ley 100 entró en vigencia, los nuevos congresistas empiezan a perfilar opciones para subsanar un sistema en estado crítico. Foto tomada del sitio web del Ministerio de Salud y Protección Social. Aunque la curul obtenida por la exministra de salud Carolina Corcho no sorprende a nadie, su elección asegura la continuidad de uno de los proyectos más importantes del actual Gobierno: la reforma a la salud. Sin embargo, queda la duda de si las mayorías obtenidas por el Pacto Histórico, encabezadas por Corcho, serán suficientes para sacar adelante el proyecto iniciado hace ya tres años. Según declaraciones de la virtual senadora electa durante su campaña, lo primero que hará al posesionarse el próximo 20 de julio será radicar nuevamente el proyecto de reforma a la salud que el actual Congreso no ha aprobado, manteniendo el tema en el centro de la agenda política del país. Sin embargo Corcho no es la única que tiene la salud como eje. El actual representante a la cámara por Bogotá y virtual senador electo por el Centro Democrático, Andrés Forero, propone realizar una auditoría forense para conocer la deuda total del sistema y ajustes presupuestales para “estabilizar el sistema”. Forero se opone a la iniciativa de reforma del gobierno y de Corcho. Mientras tanto, el sistema de salud se mantiene en una crisis aguda sin remedio a la vista. Diariamente se denuncian decenas de irregularidades en el sector, para las que el gobierno plantea pocas respuestas y aún menos soluciones. Basta recordar cuando Colombia conoció el nombre de Kevin Acosta, un menor con hemofilia que falleció tras sufrir una caída, y cómo su caso terminó por dar rostro a decenas de pacientes de dicha enfermedad que no habían recibido los medicamentos necesarios para tratar su padecimiento. El pasado 18 de febrero, el concejal bogotano Rubén Torrado, denunció sobrecostos que superaban el 300 % en la contratación de insumos y servicios de la red pública de la ciudad. La Superintendencia de Industria y Comercio inició una investigación administrativa contra Farmatodo. Y, el Observatorio Interinstitucional de Cáncer Infantil (OICI), iniciativa de organizaciones de la sociedad civil, y la Corporación para el desarrollo de la seguridad social (Codess), publicaron el 8 de marzo los resultados de una investigación realizada entre junio y agosto de 2025, revelando que hasta el 80 % de pacientes oncológicos pediátricos tienen dificultades para acceder a sus tratamientos oportunamente, lo que disminuye drásticamente sus probabilidades de superar la enfermedad. La reforma a la salud ha sufrido múltiples cambios respecto a la radicada en 2023 por Carolina Corcho. El mayor de ellos realizado por el ministro Guillermo Jaramillo en 2024 (ver cuadro). Cuadro comparativo de las propuestas de reforma al sistema de salud en Colombia. Por: Valentina Herrera y Jean Paul Parra. Desde diciembre de 2025 la reforma reposa en la comisión séptima del Senado a la espera de ser retomada por dicha comisión. Si esto no pasa antes del 20 de julio del presente año, será archivada, lo que deja en manos del nuevo Congreso la presentación de un nuevo proyecto que reforme el sistema de salud. Para entender el actual panorama de la salud y algunas posibles vías para resolverlo, entrevistamos a Luis Jorge Hernández, Médico Epidemiólogo, Salubrista, Bioeticista y coordinador del Observatorio de Salud Pública; y a Hannah Escobar, química farmacéutica, exasesora del Ministerio de Salud y Protección Social en la Dirección de Medicamentos y Tecnologías en Salud y excandidata a la Cámara por el Nuevo Liberalismo, con experiencia en gestión de riesgo en poblaciones con enfermedades crónicas, crónicas degenerativas y huérfanas. Como medida inmediata para solucionar la crisis de salud, Hannah Escobar considera que esta debería ser incluida como punto crítico en el Plan Nacional de Desarrollo, agregando un capítulo de salud que garantice la sostenibilidad y accesibilidad del sistema: ‘‘Esos son los dos puntos más críticos que tiene el sistema ahora, y la ventaja de ponerlos en el marco de un Plan Nacional de Desarrollo es que se puede empezar a trabajar de una vez, sin necesidad de una reforma’’, pues esta tomaría mucho tiempo en tramitarse. Por su parte, Luis Hernández cree que se requiere una ‘‘gestión integral del riesgo’’, es decir: prevenir, detectar y manejar adecuadamente las enfermedades; junto con un “ajuste de la UPC (Unidad de Pago por Capitación)’’, que es el dinero que el estado paga por cada persona afiliada al sistema de salud anualmente, para cubrir la atención médica. Ante la propuesta del giro directo que indica la reforma, Hernandez propone apoyarse en herramientas de inteligencia artificial para acompañar las auditorías y evitar fugas, fortaleciendo así los centros de primer nivel para que “resuelvan y no solo remitan’’. Hernández opina que la reforma debe conservar el enfoque en atención primaria en salud, y señala que “esto no es de la reforma de Petro, ya estaba contemplado en la Ley Estatutaria de la Salud del año 2015’’. También propone que el sistema evolucione a un modelo en el que “el Estado regule fuertemente, pero los gestores (sean públicos, privados o mixtos) compitan por quién mantiene más sana a su población’’, buscando evitar lo que él llama estatización. Sin embargo, Escobar está en desacuerdo la forma en que se divide la atención planteada en la reforma del Gobierno: “Al fortalecer los centros de primer nivel lo que hacemos es fragmentar la atención, porque los pacientes crónicos, con enfermedades huérfanas y raras, ya presentan problemas al salir del primer nivel”, pues este no tiene incentivos para dejarlos ir, mientras que el nivel más alto “no tiene los incentivos para atenderlos’’, lo que se convierte en una barrera para los pacientes. Con el 99.5 % de las mesas escrutadas, el boletín 79 de la Registraduría Nacional, dio como vencedor de los comicios al Pacto Histórico, con más de 4.4 millones de votos y 26 curules en el Senado, tras conquistar aproximadamente a 1.6 millones de votantes más que en los comicios legislativos anteriores. El partido
Más que una línea amarilla: lo que hay detrás de la Cultura Metro

Aunque han pasado 30 años desde el viaje inaugural del Metro, desde antes de su apertura, esta iniciativa de cultura ciudadana ya se estaba gestando como una estrategia pedagógica para las y los futuros pasajeros de este sistema. Tres décadas después nos preguntamos qué hay detrás de la Cultura Metro. Foto: Luis Miguel Ríos. Este año, el Metro de Medellín cumplirá 30 años desde que inició operaciones, en noviembre de 1995. Sin embargo, siete años antes de que el primer vagón recorriera el valle de Aburrá ya se discutía un proyecto educativo para preparar a la ciudadanía frente a este nuevo sistema de transporte. Ese proyecto sería el antecedente de lo que más tarde la gente llamaría Cultura Metro: una iniciativa que hoy influye en los usuarios de formas tan sutiles que, con frecuencia, pasan inadvertidas. ¿Qué es la Cultura Metro? En términos conceptuales, la institución define la Cultura Metro como un modelo que promueve relaciones positivas en tres dimensiones: con uno mismo, con los otros y con el entorno. Así lo explica Hugo Armando Loaiza, coordinador de la Gerencia Social y de Servicio al Cliente del Metro de Medellín. Él destaca que este proceso comenzó en 1988 y que, en sus inicios, no tenía nombre; sería la ciudadanía, con el tiempo, quien lo bautizaría. Su origen responde a la necesidad de formar al público antes de la puesta en marcha del sistema. En 1988, la estrategia se centraba en preparar a la comunidad como futura usuaria. Programas como el Vagón Escuela buscaban mostrarles a los habitantes del valle de Aburrá cómo serían los trenes, qué elementos tendrían y cómo se usarían. Ese punto de partida definió la línea base de lo que hoy continúa vigente. Actualmente, la Cultura Metro es un código de comportamiento y una ética colectiva en la que, según Lucía Arango Liévano, jefa de la División de Cultura y Patrimonio de la Universidad de Antioquia, existe un consenso tácito. Pero es más que un decálogo: detrás hay una fuerte fundamentación teórica desde la comunicación, el control de masas y la sociología. Son teorías aplicadas mediante mecanismos sutiles que orientan el comportamiento del usuario hacia lo que la institución considera deseable. Loaiza señala, por ejemplo, que la limpieza de las estaciones no es un asunto de estética sino parte de una estrategia basada en la teoría de las ventanas rotas, propuesta por James Q. Wilson y George L. Kelling en 1982. Esta sostiene que los signos de desorden fomentan la delincuencia; en contraste, el aseo del Metro refuerza comportamientos positivos. Desde la psicología social, la psicóloga Meilin Ortega entiende la Cultura Metro como un proceso de aprendizaje observacional: los usuarios imitan conductas al verlas repetidas, interiorizando las normas sin necesidad de sanciones explícitas. Esto fortalece una identidad compartida que, según la Teoría de la Identidad Social, convierte al usuario en miembro de un grupo con valores propios. Loaiza también destaca una tríada fundamental descrita por Cristina Bicchieri: formación, control y sanción. En el Metro se privilegia el pilar formativo, se aplica en menor medida el control y se procura evitar la sanción directa, aunque esta sigue existiendo. De allí la presencia de la Policía Nacional, única autoridad con facultad legal para retirar a un usuario ante situaciones como hurtos, riñas o casos de abuso. ¿Por qué los paisas aman y cuidan tanto el Metro? Según Lucía Arango, el Metro surgió en un momento en el que Medellín tenía una profunda sed de patriotismo. A finales del siglo XX, la ciudad era reconocida internacionalmente por su violencia y la ciudadanía buscaba motivos de orgullo. En ese contexto apareció un sistema de transporte moderno, inédito en Colombia. Para Loaiza, esa innovación aún vigente explica el fuerte vínculo emocional con el Metro. La institución no solo transporta personas, sino que ofrece un valor agregado: servicios paralelos como los Escuchaderos, los Bibliometros o las exposiciones de arte dentro de las estaciones. Estos generan cercanía, identidad y una forma de reciprocidad ciudadana. Este modelo responde, en parte, a la teoría del «pequeño empujón» de Richard Thaler. Loaiza lo resume así: «El Metro te entrega el 10% diciéndote que no cruces la línea amarilla; espera de ti el 90% restante haciendo caso». Desde la psicología comunitaria, Ortega señala que programas como Amigos Metro o Bibliometro fortalecen la autoeficacia colectiva: la confianza en la capacidad del grupo para mantener el orden. El usuario deja de ser un simple pasajero y se convierte en agente de cuidado. Todo esto se conecta con el concepto de desarrollo orientado al transporte. «El transporte transforma las ciudades porque transforma los hábitos, y los hábitos de moverse cambian completamente la ciudad», afirma Loaiza. Arango agrega que este modelo se articula con la narrativa del «desarrollo paisa», históricamente ligada a «vencer el monte»: un ideal de progreso basado en la urbanización y el orgullo regionalista. La Cultura Metro, afirma, recoge elementos cuestionables de esa tradición, como la idea de que Antioquia es la región más desarrollada del país. «El Metro de Medellín logró hacerle creer a todo un país que un medio de transporte común era un lujo y no un derecho», sentencia. Las opiniones de los usuarios reflejan que la Cultura Metro es ampliamente valorada, pero enfrenta tensiones. Para muchos, es un hábito inculcado desde la infancia y un motivo de orgullo. Sin embargo, coinciden en que en horas pico sus principios se desdibujan entre empujones, falta de empatía y congestión. Algunos aseguran que la cultura se ha debilitado; otros la consideran dogmática. En conjunto, las voces ciudadanas muestran una cultura apreciada, pero frágil frente a la presión diaria del sistema. ¿Qué se sacrifica con esta idea de cultura? Arango cuestiona cómo un modelo de cultura dominante puede justificar prácticas problemáticas en nombre del orden. En el caso de la Cultura Metro, señala que esta ha validado comportamientos como la delación o el linchamiento social. Recuerda el caso de 2018, cuando tres grafiteros murieron arrollados por un tren de mantenimiento mientras pintaban un vagón. En redes sociales, muchos
Inhala y exhala (hasta que la crisis climática te lo impida)

https://youtu.be/7Si-XYsNq8M?si=hLQTNnlL-GbSQbHi El cambio climático no solo pone en riesgo el planeta, también nuestra salud. El nuevo informe de The Lancet advierte que, para 2050, más de 21 millones de personas podrían morir por sus efectos combinados. Uno de los impactos más silenciosos es la mala calidad del aire. Aunque no siempre la notamos, en Colombia y en Medellín ya representa un problema grave. En el episodio #65 de Hablalo, conversamos con Lina Marcela Porras y Duván Steven Suárez, profes de la Facultad de Medicina de la UdeA, sobre cómo esta crisis ambiental también es una crisis de salud: más calor, más contaminación y más enfermedades respiratorias. Entrevista: Natalia Mosquera y Valentina Salazar. Producción: Carmelo, Valeria Morales, Santiago Vega Durán y Andrés Tuberquia.
“Una cosa es el carro eléctrico y otra es el mundo eléctrico”: José Clopatofsky habla del panorama de la movilidad eléctrica en Colombia

El periodista, reconocido por su larga trayectoria como director de la revista Motor, muestra su postura respecto al aumento de ventas de vehículos eléctricos en el país. Foto: Facebook Jose Clopatofsky. José Clopatofsky se ha consolidado como una de las voces más reconocidas del sector automotor en Colombia. Su trayectoria en la Casa Editorial El Tiempo abarca 58 años, en los que ha cubierto deportes, política y múltiples frentes informativos. Sin embargo, su especialización en el mundo del automóvil —campo en el que fue pionero hace más de cuatro décadas y en el que hoy dirige la revista Motor— lo ha convertido en referente indiscutible en el análisis y la divulgación de la movilidad en el país. En esta entrevista, comparte su visión sobre los retos y el futuro de la movilidad eléctrica en el país, a propósito del aumento en las ventas de este tipo de vehículos en el país. Las ventas de automóviles eléctricos hasta agosto de este año, comparado con la etapa entre enero y agosto del año pasado, han crecido en un 176 %, según datos de Fenalco. ¿A qué se debe ese crecimiento? Hay varias razones. Proporcionalmente los automóviles eléctricos tienen un precio relativamente accesible en Colombia debido a que no pagan impuestos. Si estuviera en el mismo régimen de todos los demás carros serían muchísimo más caros. Segundo, hay una tendencia de moda de la gente interesada en vincularse a esto, de la experiencia del carro eléctrico, no solamente de acá, de Colombia, es de la clientela mundial. Mucha gente lo está comprando para eludir el pico y placa también. La marca que más ha aumentado sus ventas en cuanto a vehículos eléctricos es una marca china. ¿De alguna u otra manera rompe ese pensamiento de que los vehículos que vienen de China son de mala calidad? Están llegando carros de China mucho mejor confeccionados, la calidad de ese país ha progresado una barbaridad y esto obedece también a las órdenes del gobierno chino, porque hace muchos años les dieron a todos los comerciantes una pauta de comportamiento de calidad. Pero hay que esperar. Estamos juzgando un carro que tiene un año o dos en el mercado mundial, contra los vehículos que tienen toda una historia. Obviamente, hay otro factor que facilita mucho, y es que la mecánica eléctrica es muy simple. El motor eléctrico tiene muy pocos componentes, es un motor genérico que está inventado, lo hay en la licuadora, en la nevera, lo hay en mil cantidades de máquinas. El carro tiene un futuro, pero no es un futuro total. Hay que mezclar todas las tecnologías para la movilidad del mundo. Los objetivos gubernamentales con los vehículos eléctricos se impulsan por toda una narrativa de cuidar el medio ambiente. ¿Usted considera que ese objetivo sí se cumple? Seguramente muchas personas lo hacen por una conciencia ambiental, muy bienvenida, pero no hay una proporcionalidad conocida al respecto. Yo creo que hay un problema y es que, pues es muy fácil sentarse en un escritorio, en un parlamento, hacer unos votos y decir en el año 2035 todos los carros deben ser eléctricos. Es muy fácil, como dijo el presidente cuando era alcalde o ahora, que el año siguiente todos los taxis de Bogotá y del país deben ser eléctricos y no ha llegado al primero. Está totalmente claro que en el 2035 no hay forma de atender el parque mundial de eléctricos, no hay forma de producirlos, ni de introducirlos, ni de cargarlos. Entonces, eso es una cosa utópica, bastante fantasiosa, todas esas cifras que se dan no son reales, no son cumplibles y tiene que haber un ajuste. El ciudadano, en general, puede desconocer ese contraste entre dónde se fabrican y dónde van a ser utilizados estos vehículos finalmente. Por ejemplo: la geografía o la infraestructura del territorio, de alguna manera, puede ser un factor que se vea como un obstáculo para los fabricantes. ¿Qué avances hay en ese aspecto? Hay muchas cosas que todavía falta conciliar, porque una cosa es el carro eléctrico y otra es el mundo eléctrico. Un carro eléctrico está inventado, pero alimentarlos, cargarlos, darles viabilidad operativa, es muy complicado. Uno dice, bueno, en Estados Unidos ya pusieron 120 mil cargadores, pues necesitan 500 mil; en Colombia hay 40, o 50, o 60, necesitamos 400. Entonces todo ese mundo eléctrico falta por desarrollarlo para que el automóvil eléctrico fuera universal y único. Eso no va a pasar, no puede pasar. La industria del automóvil no vende electricidad, no vende gasolina. A ellos les dijeron ‘hagan carros cero emisiones.’ Ahí están, pero los gobiernos tienen la obligación, no solamente en Colombia, sino en el mundo, de proveer la energía para que ese tipo de vehículos funcione con la misma capacidad y autonomía de los de gasolina o diésel. Con toda esta información, ¿usted qué le puede recomendar a la persona que en ese momento planea comprar un nuevo vehículo? Pues yo le diría que haría un revuelto: los híbridos, los que son de verdad híbridos y que aportan electricidad. Son una solución bastante inteligente y neutra con respecto a todas las cosas que hemos planteado, porque funciona en gasolina indefinidamente, aporta electricidad y aporta beneficio al medio ambiente; no tiene pico y placa, tiene también reducciones en impuestos, el híbrido de alguna forma ofrece lo mejor de los dos mundos. El comprador de eléctrico debe conocer muy bien el mundo donde se va a meter, conocer bien la forma como va a operar y ver que eso le convenga, que le funcione para su diaria movilidad, porque el carro eléctrico no se puede comprar por goma. Usted anteriormente ya había hablado un poco sobre el tema de la vida útil de estos vehículos, mencionando que una batería tiene un costo bastante considerable respecto al valor del carro. ¿Vale la pena lo que se supone que uno se ahorra en cuanto a gasolina y demás, respecto a los costos por esto de la vida útil? A ver, ese cuento con la gasolina que me ahorro 100 mil o 150 mil pesos mensuales, pues realmente no es significativo en un carro que vale 140 o 150
De la condena a la absolución hay un solo fallo

https://youtu.be/AEq6gMHaHp8?si=Aoep9sjOGedxxfmh El Tribunal Superior de Bogotá absolvió en segunda instancia al expresidente Álvaro Uribe Vélez de los cinco cargos por los que había sido condenado a 12 años de prisión: soborno de testigos y fraude procesal. La decisión, emitida este martes 21 de octubre, cambia por completo el rumbo del proceso judicial que durante años ha marcado la agenda política y judicial del país. En el Hablalo #64 conversamos con Sergio Arboleda, abogado y defensor de derechos humanos de la Corporación Jurídica Libertad, sobre por qué este fallo es tan distinto al primero, qué significa para el caso y qué se espera ahora con el recurso de casación interpuesto por la Fiscalía. Entrevista: Juan José Acevedo y Valentina Quintín López. Producción: Carmelo, Santiago Bernal Largo, Valeria Londoño Morales, Daniela Sánchez Romero, Andrés Camilo Tuberquia Zuluaga y Santiago Vega Durán.
La queremos pública, no endeudada: los repres estudiantiles hablan sobre la crisis

Desde el 11 de septiembre, la silla de la representación estudiantil ante el Consejo Superior Universitario de la UdeA tiene nombres. Los nuevos representantes manifiestan que su labor se centrará en hacer veeduría al manejo de los recursos y que les preocupa la solución por la que han optado los administrativos: el endeudamiento. En el episodio #63 de Hablalo conversamos con Laura Melissa Olarte, representante principal, y Juan Manuel Muñoz, representante suplente, sobre su labor, sus ideologías, su trayectoria en el movimiento estudiantil y la lectura que hacen de los distintos actores y de los miembros del CSU en medio de la multicrisis de la Universidad. Melissa y Juan enfatizan en que la actual reforma a la Ley 30, si se llega a dar, no es el fin de la lucha estudiantil, sino que hay que seguir luchando por una reforma integral que aborde otros ejes importantes para la Universidad: el bienestar, las violencias basadas en género, la democracia y la participación. Entrevista: Gisele Tobón y Santiago Vega Durán. Producción: Carmelo, Gisele Tobón, Valeria Londoño, Santiago Vega Durán, Santiago Bernal y Andrés Tuberquia.