Tras los rastros del higo

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10 julio, 2026
Por: María Andrea Canchila Velilla | andrea.canchila@udea.edu.co, Iván Camargo | ivan.acamargo@udea.edu.co y Jannín Cortés Martínez | jannin.cortes@udea.edu.co

En el corregimiento Alto de Sabanas, en Sonsón, el higo, único cultivo de su tipo en Antioquia, lleva más de 200 años aferrado a la tierra. Llegó a exportarse a Estados Unidos y España, pero hoy libra su batalla más difícil: sobrevivir al avance imparable del aguacate. Productores, emprendedores y artistas se niegan a dejarlo morir.

Finca en Sonsón
El corregimiento Alto de Sabanas, productor de higo en Sonsón, tiene 2325 habitantes. Foto: Jannín Cortés.

El higo es el fruto producido por el nopal, planta de la familia de las cactáceas. En Antioquia, lejos de ser una planta desértica constituye una rareza botánica en el paisaje, tanto por su origen foráneo en Mesoamérica como por las particulares condiciones que requiere para crecer y fructificar. En el departamento solo crece en Sonsón, donde los vientos cálidos que ascienden desde el cañón del río Arma le ofrecen un hogar ideal en el corregimiento Alto de Sabanas.

Aunque la historia de su llegada ha sido difícil de rastrear, la Secretaría de Asistencia Rural y Medio Ambiente de Sonsón afirma que hay ejemplares con más de 200 años de vida. Pero, con el tiempo, la apuesta económica del municipio dio un giro cruel e implacable con las higueras. Pese a su arraigado valor cultural, la planta pasó de ser promesa de prosperidad a ser reemplazada por cultivos de mayor rentabilidad.

Durante los años 80 y 90, el higo alcanzó su cima gracias a las exportaciones a Estados Unidos y España. Productores grandes y pequeños unieron fuerzas en 1988 para crear Coprohigo, una cooperativa que fue el corazón de este comercio y que también apoyaba a los cultivadores cafeteros. Sin embargo, quebró en el 2002. 

Desde la creación de Coprohigo “se empezó a manejar un monopolio del higo”: se adueñaron de los clientes de afuera, compraban a los campesinos a precios bajos y, en épocas de cosecha, no compraban o pagaban valores insignificantes para manipular el mercado en Bogotá y mantener precios altos”, explica Donnovan Velásquez, secretario de Asistencia Rural y Medio Ambiente de Sonsón.

Tras la quiebra de la cooperativa, la idea de trabajar como asociación quedó en el olvido. Según Velásquez, ha sido difícil recuperarla debido a la desconfianza que persiste entre los productores después de aquellas experiencias. “Hoy venden a dos o tres comercializadores que están comprando en el municipio, y desde la secretaría estamos tratando de que entre una empresa exportadora”, señala. Lo cierto es que recorrer Alto de Sabanas permite ver en algunos sitios un tipo de cementerio: donde antes había higueras hoy hay lotes talados.

Llevarlo al resto del mundo

En el 2019, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural inauguró en Sonsón la planta de procesamiento y empaque de aguacate Hass más grande del país, propiedad de las multinacionales Westfalia Fruit (Sudáfrica) y Agricom (Chile). La instalación, con capacidad para procesar 20 toneladas por hora y hasta cuatro millones de kilos al año, desplazó a varios cultivos ya predominantes, entre ellos el higo. Para ese año, según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), había 96 hectáreas sembradas de higo y 3670 de aguacate.

Muchos campesinos que aún mantienen sus higueros han optado por diversificar e incluir el aguacate. Yenifer Betancur, emprendedora de Venga le Higo, iniciativa agroturística alrededor de esta planta en Alto de Sabanas, explica que hoy la mayoría de las familias conservan una porción pequeña de sus tierras para el higo y el resto lo cultivan con otros productos más rentables. Esa tendencia coincide con las cifras de la UPRA para 2024: en el municipio había 5479 hectáreas sembradas de aguacate (49.3 % más que en 2019), frente a solo 69 de higo (28 % menos).

“El aguacate Hass es mucho más rentable desde el punto de vista económico y también en términos de mano de obra. Si a alguien le dicen que le van a pagar 80.000 pesos por un día recogiendo aguacate o lo mismo por un día recogiendo higo, yo creería que elegiría el aguacate, porque además el trabajo del higo es muy complejo”, afirma Velásquez.

Según el funcionario, la dificultad radica en tres aspectos. Uno es la técnica de cosecha, pues las plantas son muy altas y requieren garrotes para alcanzar los frutos. El segundo es la pelusa; tras la cosecha, el lavado implica retirarla manualmente, lo que es un trabajo arduo que deja a muchos con callos endurecidos por las tunas. El último, la vida poscosecha: el higo es frágil y un golpe basta para que se empiece a fermentar y adquiera un olor vinagroso. Además, señala que hacen falta máquinas básicas, como las que permiten retirar la pelusa del fruto, una labor que, por la división sexual del trabajo, ha recaído históricamente en las mujeres cultivadoras.

El nopal crece en Sonsón incluso desde antes de que el municipio tuviera nombre. Foto: Jannín Cortés.

La búsqueda de un nuevo mercado

Durante décadas, la parte del nopal que más provecho traía era el higo y el resto del cactus quedaba sin uso. En los últimos años, sin embargo, han surgido emprendimientos y nuevas formas de comercialización que buscan romper con ese modelo tradicional.

En gobiernos anteriores se fomentaba el cultivo mediante beneficios para los campesinos como el abono, los fertilizantes y las herramientas para la siembra. Sin embargo, la administración actual dejó de hacerlo pues “no está de acuerdo con incentivar la cosecha si no se está vendiendo en el mercado”, afirma el secretario de Agricultura. Según Velásquez, la Alcaldía se está enfocando en la poscosecha, la transformación y la comercialización del producto. Comenta que han trabajado con la Universidad Católica de Oriente, en la convocatoria Alianza Ruta Sostenible, en la que se hizo un plan de comercialización y transformación.

Los tres comerciantes que compran el higo de Sonsón lo venden en el resto del país. Sin embargo, ese “monopolio”, como lo llama Velásquez, hizo que el precio del higo cayera y que les pagaran a los campesinos precios muy bajos. “El objetivo del plan de comercialización es llegar a los mercados nacionales e internacionales”, agrega. Actualmente, se exportan 600 kilos semanales, y en la búsqueda por diversificar los canales de venta y liberar el mercado del “monopolio” local, la Alcaldía está trabajando con la exportadora antioqueña Caribbean Exotics.

Los mercados internacionales más exigentes requieren una certificación de las fincas higueras, las cuales se encuentran aún en el proceso de adquirirla. Para que el higo cumpla con estos estándares debe certificar que no usan químicos prohibidos en Europa. Julián Ospina, productor de higo y líder de este proceso de certificación, reconoce que ha sido un camino complejo y de desconfianza por parte de los productores, pues, al exportar, el pago les llega a mes vencido, plazo que no se ajusta a la necesidad de costear trabajadores e insumos. Por eso, Ospina ha prestado de su propio dinero para adelantarles el pago a los productores.

Además de la certificación, Ospina agrega otra idea para facilitar el proceso de poscosecha: la organización de una zona de maquillado del higo, proceso que consiste en lavar y limpiar la fruta para eliminar por completo las espinas del cactus, lo que permitiría venderla a un mejor precio y con una presentación competitiva.

Para él, este proyecto debe sentar las bases de un negocio sostenible. Dice que al cabo de tres o cuatro años se puede establecer “una compra y una organización excelente” y que su objetivo es que haya una mejor comercialización y regrese el interés en producir. “Ese es mi sueño: ver una planta de procesamiento donde se obtenga un higo bien maquillado, sin pelusa y bien presentado”, agrega. 

La supervivencia del higo en Sonsón ya no se confía únicamente a la venta directa del fruto. Una propuesta nueva busca anclar la herencia del nopal por medio del agroturismo. En Alto de Sabanas, el emprendimiento de nopales Venga Le Higo, liderado por Yenifer Betancur, busca generar un flujo de ingresos diferente y, al mismo tiempo, trazar una línea en la tierra para “evitar la tala de los nopales a través de otra forma de sostenimiento como lo es el turismo”.

El emprendimiento trabaja con dos familias productoras de higo e integra a otras que aportan con talleres de cerámica, café o proporcionando el transporte. “Con todo el proyecto estamos beneficiando a más de ocho familias”, afirma Yenifer.

Sin embargo, el proyecto de Yenifer enfrenta dificultades: “En este momento es muy complejo, tanto que no recibimos turistas desde hace dos meses”, dijo en octubre de 2025. A pesar de la baja afluencia, el espíritu aún persiste. Venga le Higo ya teje nuevas experiencias, como “Amanecer Higuero”, un plan diseñado para que las familias disfruten durante un día del paisaje del cultivo. No obstante, la complejidad del transporte debido a la carencia de infraestructura vial adecuada para acceder a la vereda impide que la programación sea constante.

La supervivencia del higo se juega en los estudios de exportación, en las cocinas donde se transforma en mermelada o vino y en las fincas abiertas al turismo que buscan contar la historia del higo en el municipio.

Ana María Correa lleva 20 años trabajando con el nopal para crear figuras artísticas. Foto: Jannín Cortés.

Resistir desde el arte

Son pocas las personas, a excepción de sus productores y comerciantes, las que entienden el impacto cultural que ha tenido el higo en Sonsón. Sin embargo, una artista ha comprendido por qué hablar de Sonsón es hablar del nopal. En el despacho de Donnovan Velásquez hay tres lámparas compuestas por el esqueleto seco de un nopal. También hay un pesebre hecho con el tallo de esta planta y cuadros del mismo esqueleto. Todos fueron hechos por Ana María Correa que, según Velásquez, es “la única artista de Sonsón que trabaja con el nopal”.

Ana María nació en Sonsón en 1958 y lleva más de 20 años trabajando con el nopal. Su primer acercamiento fue cuando, entre los restos de un cultivo en la vereda El Brasil, observó como el cactus desprendía una malla transparente. Cree que fue la primera persona a quien le interesó aquel elemento: “Al principio eso fue muy duro, eso olía a mil demonios, pero seguí adelante, porque cuando yo la recogí vi una malla preciosa; negra y sucia, pero muy bonita”, comenta. Antes de conocer el nopal trabajaba con madera y cartón. Haber tomado la malla le expandió esa fascinación por hacer arte. Entonces, empezó a realizar lámparas, cuadros, pesebres, aretes, collares, ropa, bolsas y otras figuras. 

La técnica que utiliza Ana María consiste en limpiar la hoja, cocinarla, aplicarle un químico que permite romper su rigidez y, finalmente, jugar con la forma esquelética. En un intento por mostrar lo que hace, impartió un taller en Sonsón al que asistieron muy pocas personas. Posteriormente, la Alcaldía de Sonsón le notificó que por presupuesto y espacio los talleres no se volverían a realizar. El problema, comenta, no solo es el desconocimiento del nopal, sino la poca promoción artística que hay alrededor de este. Afirma que no hay un interés por parte de la administración pública y percibe que no hay gente joven interesada en realizar lo mismo. 

El sueño colectivo –el arte de Ana María, la planta de maquillado de Julián Ospina, las rutas turísticas de Yenifer Betancur y la promoción de la que habla el secretario Velásquez– converge en un mismo punto: reivindicar el valor de un fruto que representa tradición e historia. El nopal, testigo silencioso de más de 200 años, observa cómo una nueva generación se aferra a sus espinas, no para cortarlo, sino para encontrar entre ellas nuevas formas de florecer.

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