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Edición 107

event 29 Abril 2024
schedule 31 min.
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Jhon Stiven Ospina Cardona
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  • Conservar la esperanza mientras se arriesga la salud en la migración

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    En los últimos tres años, Necoclí ha sido punto de convergencia para cientos, y a menudo miles, de personas que se encuentran en proceso de migración por la selva del Darién. La mayoría se amontonan en las playas, lo que genera problemas de salubridad que están siendo abordados por diversos organismos.

    Fotografia Carpas

    Los problemas de salud prevalecen entre la población migrante. Las afecciones más frecuentes son las enfermedades respiratorias, virales e intestinales, así como las erupciones cutáneas. Foto: César Alzate Vargas.

    Las pequeñas huellas de Haziel y Pablo quedan marcadas en la arena mientras exploran el lugar en el que permanecerán durante varios días. Haziel tose ligeramente, lo que indica que aún tiene secuelas de la enfermedad que lo afectó hace apenas unos días. Milei y Bresia, sus padres, los observan y se aseguran de que no se alejen. Esta familia dejó atrás su hogar en la selva del Perú para adentrarse en lo desconocido, en busca de lo que para ellos es un futuro mejor. Ahora están en una playa de Necoclí, en el Urabá antioqueño. 

    Milei es venezolano, mientras que Bresia y los niños son peruanos. Pablo tiene cinco años y Haziel tres. Antes vivían en Atalaya, en el departamento amazónico de Ucayali, donde él trabajaba como soldador y ella como mesera. A pesar de sus dos ingresos, no lograban reunir suficiente dinero para sobrevivir. Decidieron que querían probar suerte en Estados Unidos, por lo que vendieron la mayoría de sus pertenencias y emprendieron el viaje con la esperanza intacta. El trayecto de seis días en bus desde Perú hasta Colombia no fue fácil: lidiaron con conductores poco amables que querían cobrarles por los niños, aunque los llevaran cargados, pasaron por Lima, atravesaron Ecuador, llegaron a Cali y terminaron en la playa de Necoclí el 25 de enero de 2024.

    El lugar que los recibió está a la orilla de un mar amarronado que mezcla las aguas del Caribe con las del río Atrato y es un punto estratégico para quienes se atreven a cruzar el tapón del Darién. Según Migración Colombia, en enero de 2024 hubo 26.196 salidas de personas desde Necoclí.  

    Milei y su familia se quedan en la playa Malecón de las Américas, donde improvisaron un refugio con una carpa y algunos plásticos. Este lugar es el punto de reunión para cientos de migrantes, quienes duermen en carpas y hamacas dispuestas unas junto a otras. Allí también está Mary, una de las tantas personas que han permanecido en el municipio durante meses mientras reúnen el dinero necesario para continuar. Llegó desde Venezuela con su hija Susi y llevan más de un año en Necoclí. 

    La carpa de Mary está a varios metros de la de Milei y los suyos. Es 31 de enero. Esta mañana, como siempre de lunes a viernes, reciben la visita de las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada. Una de ellas es Ana Alicia Fajardo; ella y sus tres compañeras recorren la playa para interactuar con los migrantes y “brindarles un mensaje de esperanza” junto con un ficho que les permitirá recibir un plato de comida. 

    El alimento se distribuye en una casa de la iglesia. Bajo un intenso sol de mediodía los migrantes caminan de 15 a 20 minutos desde la playa hasta allí. Cada uno lleva algún recipiente para recibir la comida mientras que, en la casa, varias mujeres la preparan. Las ollas están llenas de alimentos para un poco más de 300 personas. A la una de la tarde, el almuerzo está listo. Ordenados en fila, pasan a recibir sus porciones, que hoy son de arroz con lentejas y guandolo. Desde hace meses está en construcción un comedor en un terreno perteneciente a la diócesis de Apartadó.

    Gracias a estas ayudas, Mary y su hija no han pasado hambre. Ella se gana la vida colocando cartones sobre las motocicletas para protegerlas del sol, y por esto recibe algunas monedas. “Las hermanas nos brindan mucha comida. Gracias a ellas y a Dios no pasamos hambre aquí”, dice mientras sonríe. Los sábados, la iglesia protestante Catedral de la Fe provee los alimentos. Los domingos, los migrantes deben procurarse su comida, ya que las organizaciones descansan. Mary cuenta que esos días va a una pollería donde le regalan algo para comer.

    Un hospital insuficiente

    Pablo y Haziel tienen sus estómagos llenos. Esto alivia a sus padres, quienes no pueden evitar sentir preocupación por ellos. El que más los inquieta es Haziel, que en los últimos días ha tenido tos y dificultades para respirar. Milei lo llevó a la Cruz Roja, donde lo examinaron y le brindaron algunos medicamentos. Ahora, la tos ha disminuido, pero la curiosidad del niño va en aumento. Está en la etapa de querer descubrir, tocar, oler y llevarse a la boca todo lo que encuentra, por lo que Bresia está pendiente de él y le retira lo que podría representar un peligro. 

    En 2021, la Cruz Roja estableció un puesto de salud en la playa para brindarles servicios médicos, enfermería, primeros auxilios, apoyo psicológico y medicamentos a los migrantes varados en Necoclí. Antes de eso, la atención a los migrantes era diferente, como anota monseñor Hugo Torres, quien entre 2014 y 2023 fungió como obispo de Apartadó y ahora es el arzobispo de la arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia. Durante su gestión en Urabá, Torres lideró acciones para defender los derechos de los migrantes en el territorio, con la coordinación de recursos internacionales y la colaboración de los gobiernos locales para proteger a esta población. 

    Fotografia Monjas De Necocli

    La hermana Ana es originaria de Nariño. Su vocación la trajo a esta zona en 2023 para brindar acompañamiento y apoyo a “los hermanos migrantes”, como los llama. Foto: Juan Felipe Restrepo Cano.

    Monseñor Torres se destaca como una voz comprometida con la defensa de los derechos de los migrantes en esta región. Desde Santa Fe de Antioquia, sigue interesado por la situación. Recuerda que hasta antes de la llegada de la Cruz Roja, la diócesis se encargaba de cubrir los gastos de atención médica de los migrantes en el hospital, donde si bien se les brindaba atención en caso de urgencias, no se les garantizaban otros servicios. No olvida el caso de una migrante que se fracturó una pierna: estuvieron pendientes de ella, la llevaron a un médico particular y cubrieron los gastos médicos.

    La intervención de la Cruz Roja también ha contribuido a aliviar la carga sobre el hospital municipal, San Sebastián de Urabá. Neyder Pupo Negrete, quien hasta marzo se desempeñó como gerente, explica cómo la institución aborda esta situación: “Brindamos atención de urgencias a los migrantes, ya sea que tengan o no seguridad social. El año pasado, teníamos contratos con la OIM [Organización Internacional para las Migraciones] para la atención de mujeres embarazadas, y este año estamos renovando esos contratos”.

    Pupo señala que desde el 2023 ha habido una reducción en la cantidad de migrantes que acuden al servicio de urgencias, que actualmente oscila entre cinco y diez al día. El punto álgido se registró en 2021, durante un represamiento que resultó con la llegada de entre 80 y 90 migrantes diarios a urgencias. La mayoría de las consultas estaban relacionadas con enfermedades virales como diarrea e infecciones respiratorias. En los casos en que por la complejidad de la afección no se puede atender en el San Sebastián, el paciente es remitido a Montería, Apartadó o incluso Medellín. 

    La OIM respalda con equipos biomédicos y asistencia financiera, valorada en cerca de 15 millones de pesos al mes. Así mismo, el municipio contribuye con una cantidad similar para los servicios de urgencias. ¿Son suficientes esos 30 millones que recibe el hospital para satisfacer las necesidades de salud de los migrantes? El exgerente sostiene que no: “Incluso me vi obligado a emprender acciones de cobro coercitivo contra el municipio debido a una deuda de 800 millones de pesos que había quedado sin respuesta. El municipio afirma carecer de fondos, y es cierto, Necoclí enfrenta dificultades para hacer frente a la carga que representa la población migrante en este momento”. Necoclí es un municipio de sexta categoría, es decir, de los que tienen menos habitantes y menos ingresos anuales.

    Pupo Negrete percibe que entre el municipio, el departamento y el Gobierno nacional evaden sus responsabilidades económicas con el hospital. Sin embargo, a finales de 2023, este recibió la tan necesaria inyección de recursos cuando el Ministerio de Salud y Protección Social le asignó 3200 millones de pesos. Pupo espera que su sucesor sea capaz de asumir el liderazgo de la institución, especialmente si ocurre otro pico migratorio similar al de 2021.

    Agua potable para lavar ropa

    En Necoclí no es recomendable tomar agua directamente de la llave porque, aunque su fuente es pura, las tuberías por las que pasa están tan viejas que la contaminan; el agua que llega a las casas puede tener un sabor salado o un color blanquecino. Al caminar por el pueblo se evidencia que uno de los productos más vendidos es el agua embotellada, a pesar de que existen formas de acceder al líquido gratis. La Unicef contribuye con tres tanques de agua apta para consumo humano que tiene dispuestos en varios puntos.

    Cada tanque tiene capacidad de 2000 litros y se recarga dos veces al día. Aunque lo ideal sería que esta agua se reservara exclusivamente para beber, muchas personas, tanto migrantes como comerciantes locales, la utilizan para otras actividades como bañarse, lavar ropa o limpiar. Milei hace parte de ese grupo porque, según él, no está seguro de su potabilidad. En cambio, opta por comprar botellones de cinco litros que le cuestan 3000 pesos cada uno. Su posición se basa en los rumores sobre que esa agua es impotable, y detrás de esas habladurías hay quienes aprovechan para que vender agua sea un negocio más rentable. 

    Fotografia Agua potable necocli

    Los asentamientos de migrantes generan un aumento de residuos que, en mayor o menor medida, son potenciales fuentes contaminantes del agua y los recursos naturales de la zona. Foto: César Alzate Vargas.

    Ante esta problemática, funcionarios de Unicef en la zona garantizan la potabilidad del agua que proporciona la entidad, y explican que es tratada y traída directamente desde el origen del acueducto de Necoclí, por lo que destinarla para otros fines como bañarse o lavar ropa es un desperdicio. Hacer campañas de sensibilización no resulta efectivo, ya que al tratarse de una población en tránsito, quienes están hoy son personas diferentes a quienes estarán mañana; y el voz a voz con la información de sensibilización sobre su uso no se transmite tan rápido como los engaños en torno a ella. Por ahora la imagen de los migrantes bañándose con esa agua perdura, al igual que la desconfianza de Milei.

    Bresia se acerca al lugar de la Tienda Humanitaria de Unicef, otra iniciativa mediante la cual esta organización aborda la crisis migratoria. Desde afuera se pueden ver algunos de los productos que ofrecen de forma gratuita, como jabón, papel higiénico, pañales, entre otros. El proceso es sencillo: un voluntario le pide que complete una encuesta; luego, con la ayuda de una aplicación móvil, se determinan los productos que se le deben entregar y se los proporcionan en el momento. Antes se ofrecían kits con productos predefinidos, pero la entidad observó que muchas veces no se utilizaban todos los elementos y algunos eran desperdiciados. Con el modelo actual, la entrega es más efectiva. Bresia regresa a la playa con varios implementos que les serán de gran ayuda, especialmente para ahorrar algo de dinero, que de por sí es escaso.

    Cada peso que Milei gasta, ya sea en comida, agua u otros artículos, lo aleja de llegar a Norteamérica con su familia. Para cruzar el tapón del Darién, él y Bresia deben pagar entre 300 y 800 dólares cada uno; para los niños, la tarifa oscila entre 30 y 50 dólares. Desde la Defensoría del Pueblo hasta el presidente Gustavo Petro afirman que este dinero va para el Clan del Golfo. En este peligroso viaje, algunos de los migrantes pierden su humanidad y se convierten en mercancía, ya que incluso pueden ser utilizados para transportar drogas. Muchos comienzan el viaje, pero no todos llegan; algunos también son consumidos por la selva.

    Los hijos del primer matrimonio de Milei están en Venezuela y trabajan en las fuerzas armadas. El plan es que ellos le envíen el dinero para costear lo de los niños mientras él se encarga de pagar la cuota suya y la de Bresia. El inconveniente es que con el dinero que tienen solo logran pagar lo de uno, así que mientras están en Necoclí planean ahorrar para recolectar lo faltante. Por ahora, logró que le dieran algunos días de trabajo ayudando a instalar unas tuberías de aguas negras, con eso podrá meter algo a su alcancía y seguir con la ruta. ¿O tal vez no? La duda invade a este hombre que se enfrenta a un dilema para definir el futuro de su familia.

    ¿Persistir o desistir?

    Con voz tenue, Milei se dirige a Bresia y le comparte sus preocupaciones: “Tú y yo no necesitamos demostrarle nada a nadie. Tenemos nuestra familia. ¿Realmente queremos arriesgar todo yendo tan lejos? Si solo fuéramos nosotros dos, no lo dudaría, pero pienso en los niños. No quiero que se enfrenten a tantos peligros. ¿Por qué no consideramos regresar?”. La mujer no logra contener las lágrimas, pues comparte esas inquietudes. La indecisión está latente y solo hay dos caminos.

    Si deciden desistir de su idea inicial, no pueden regresar a Perú porque allí no les queda nada; el lugar al que irían es a la patria de Milei, Venezuela, donde llegarían con muy poco. Si deciden continuar, se enfrentan a un enemigo peligroso: la selva. El paso por el tapón del Darién puede extenderse de cinco a 10 días, un trayecto que implica múltiples riesgos debido a la geografía y el clima. La carencia de servicios básicos como agua potable y atención médica afecta especialmente a los niños, como Pablo y Haziel, que corren más riesgos de padecer diarrea, enfermedades respiratorias, deshidratación y, por supuesto, morir. Además, en el recorrido se encuentran con peligros asociados con la violencia sexual, la trata de personas, el secuestro y la extorsión.

    Fotografia Agua potable necocli

    El último día que hablamos con Milei, mencionó que habían tenido suerte porque desde su llegada no había llovido, pues los plásticos que tienen no son suficientes para evitar que sus cosas se mojen. Al día siguiente llovió. Foto: Jhon Stiven Ospina Cardona.

    La pareja acuerda discutirlo a fondo esa noche y, en caso de tomar la decisión de regresar, dirigirse a uno de los Puestos de Atención y Orientación (PAO), donde recibirán información. Los PAO los financia la Agencia de la ONU para los Refugiados, y en Urabá tienen presencia en Necoclí, Turbo y Apartadó, donde ofrecen acompañamiento jurídico a los migrantes que desean permanecer en Colombia o retornar a sus lugares de origen. Migrar es difícil, pero regresar puede ser aún más complicado. Milei conserva la ilusión de encontrar un futuro mejor, ya sea en Estados Unidos o en Venezuela. La mayoría de aquellos que se aventuran en este viaje depositan sus expectativas en un mañana prometedor en tierras lejanas y han desistido de la posibilidad de regresar a su patria y recuperar lo que alguna vez fue suyo.


    *Andrés Felipe Bedoya Ospina también participó en la investigación para este reportaje.

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