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PROYECTO DE CLASE
event 26 Marzo 2022
schedule 32 min.
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  • Cartografía del collage en Medellín: una ciudad hecha de fragmentos

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    Aunque en Medellín existían parches de collage desde el 2015, con el confinamiento del 2020 más personas se interesaron en esta técnica por su facilidad para ser practicada en casa. Así, cuando pudimos volver a las calles y a habitar espacios culturales, el collage había ganado decenas de adeptos que se reúnen para compartir alrededor de las imágenes y su potencial para enviar mensajes políticos.

    Laura Rincón López
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    El cielo nublado no hacía juego con mi vestido de flores, mi bicicleta y las revistas y periódicos viejos que llevaba en un pequeño bolso colgado en mi espalda. La lluvia amenazaba con arruinarlo todo, pero era sábado y necesitaba escapar del tedio de la semana, de la sección económica de las noticias, cada vez más desesperanzadora, y sobre todo, del periodismo cuadriculado que cree que en una cifra puede caber una historia.

    Llegué unos minutos tarde, lo suficiente para que mi primera imagen al entrar fuera una mesa repleta de libros a medio cortar, fragmentos de imágenes de plantas, comida, animales y patrones de todas las formas y colores. Alrededor, miradas ansiosas y tímidas, listas para empezar.

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    Título: Polaridades
    Autora: Laura Rincón
    Técnica: Collage

    Nos recibió Salomé, de cabellos dorados que tampoco parecían encajar con la luz gris azulada que se colaba por el tragaluz. Nos explicó que ese espacio era un taller libre, que no pretendían enseñarle a nadie a hacer collage sino que cada quien exploraría por su cuenta los significados a los que debía llegar.

    Mis únicas armas para semejante misión eran unas tijeras, un pegastick (que más tarde me daría cuenta que no pega), mi escasa motricidad fina y mi intuición. El club Rasga que Rasga, al que pertenece Salomé, es solo uno de tantos parches que se reúne en Medellín con la excusa de crear nuevos sentidos a partir de imágenes recicladas y fragmentos de otras composiciones.

    Un collage es una técnica artística utilizada desde principios del siglo XX. Viene del francés coller que significa pegar, pues se trata de unir varios elementos al azar alrededor de una idea, mensaje, palabra o expresión. Se toman partes o fragmentos de cualquier tipo de material para construir un nuevo significado. Aunque se usa principalmente para referirse a composiciones visuales, también se puede aplicar la definición a la música, el cine, la literatura, entre otros, así lo explicamos en esta publicación de Instagram.

    Sobre el azar y la intuición

     

    Para Daniela Vera, que estaba sentada al otro extremo de la mesa, y que llamó mi atención de novata cuando se refirió a sí misma como ‘súper collagera’, la vida misma es un collage: las escenas que presenciamos cuando vamos caminando por la calle, el atuendo que decidimos ponernos cada mañana, los objetos desorganizados sobre un escritorio.

    Eso me dijo cuando hablamos, que para ella la magia está en el azar: “una característica casi irrefutable del collage es que nunca sabes qué va a pasar y ahí viene esta parte del azar. Te encuentras con una serie de elementos que se empiezan a conjugar en tu mente y también en el lugar donde decidas plasmarlo. Nada tiene un orden (...) No sabes qué va a suceder en el camino, es algo que se va formando en el proceso”.

     

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    Título: Libromancia
    Autora: Daniela Vera
    Técnica: Collage
     
     
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     Daniela Vera es estudiante de Bellas Artes, collage y experimentadora de la imagen en todos sus formatos. Fotografía: Laura Rincón.

    Por algo la propuesta de Rasga que Rasga fue hacer bibliomancia. Nos pidieron que lleváramos un libro que marcó nuestra vida, que tomáramos una respiración profunda, activáramos el tercer ojo y abriéramos una página al azar. En esas palabras estaba la motivación para empezar a recortar, el tema y la inspiración.

    “Creemos que el collage es algo que sale de la suerte y de la intuición, es esa mezcla de las dos cosas. Es esa técnica que te enseña a confiar en ti, en lo que te parece que puede funcionar (...) cualquiera lo puede hacer sin importar el resultado, es solo cuestión de hacer por hacer” nos dijo Salomé para animarnos a empezar.

    El silencio se tomó el lugar, sólo se escuchaban suspiros de duda y resignación. Con mi amiga Marcela, quien me invitó a este taller, nos lanzábamos miradas de complicidad en la angustia, pues no hay nada más desesperante para el alma que un bloqueo creativo.

    Mientras trataba de unir las imágenes que había seleccionado, empezaban a caer las primeras gotas de lluvia y pensaba en el frío que se colaba en mi vestido de flores, en la bici mojándose en el patio de la librería, en los rizos de Salomé enmarcando su sonrisa y la luz grisácea que lo cubría todo; había una armonía sutil entre esas imágenes, tal vez sí combinaban.

    Crear en colectivo

     

    Tuve que preguntarle más a Salomé sobre el club. Me contó que existe desde el 2018, que al principio se reunían en la casa cultural La chispa, en Prado Centro. Cada jueves proponían un tema diferente y llegaban personas de todas partes de la ciudad, mujeres jóvenes en su mayoría. Luego llegó la pandemia y la virtualidad les ayudó a crecer, hacían retos vía Instagram que tuvieron gran acogida y talleres en Zoom a los que se conectaba masivamente gente de Medellín, de otras ciudades e incluso de otros países de latinoamérica.

    El confinamiento del 2020 obligó la vuelta a lo hecho a mano, recurrimos al arte para conservar la cordura en medio del caos y la incertidumbre; de esto se beneficiaron los collagistas, que encontraron nuevos adeptos y más espacios para compartir algo más que un pasatiempo.

     

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    Título: Collage para el alma
    Autora: Salomé Patiño
    Técnica: Collage 

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    Salomé Patiño es artista de Bellas Artes, desde hace 4 años hace parte del club de collage itinerante Rasga que rasga. Fotografía: Laura Rincón.

     

    Tomé prestado el pegamento de la muchacha que estaba a mi lado, le había tocado ilustrar el poema más bello que he escuchado en mucho tiempo. Le pedí que me dejara tomarle una foto pero por alguna razón del destino no se guardó en mi celular, quizás no toqué el botón con suficiente fuerza, así que solo me quedó un vago recuerdo y la sensación de calidez en el pecho cuando lo escuché en la voz de una desconocida.

    Luego de una hora de trabajo conversábamos sobre materiales e ideas, nos pedíamos prestadas revistas y sugerimos fragmentos para las piezas de las compañeras. No me costó mucho descubrir lo que luego me confirmarían las collagistas que visité: lo más valioso del proceso es la juntanza, el diálogo entre la historia de cada una de las personas que llegó a ese lugar por obra del azar, el encontrar, tal vez, una nueva amiga o encontrar un nuevo sentido en una amistad de hace años.

    El arte como meditación activa

     

    Para los artistas del collage no se trata solo de un espacio para hacer manualidades, hay detrás todo un ejercicio consciente para ensamblar las imágenes según la carga de significado que tiene cada una. Para Ney Ruiz, quien maneja un bajo perfil y prefiere ser llamado por su seudónimo Chico Antidolor, las primeras composiciones fueron un viaje hacia adentro, un recorrido por su historia familiar y las huellas que ha dejado en él cada una de las personas que ha amado.

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    Título: Coolage 10
    Autor: Chico Antidolor
    Técnica: Collage

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    Chico Antidolor orienta talleres de collage en Librería Mutante con el club de tejido Las Manicagadas desde el 2021. Pidió que se cubriera su rostro para el registro fotográfico por razones personales. Fotografía: Laura Rincón.

    Así como el dibujo, la pintura, el grabado y el performance, para Ney, el collage es una técnica artística, y como tal, es susceptible de ser una práctica terapéutica: “al principio se trataba de hacer las cosas para dejarlas ir, si bien una imagen no tenía relación con lo que yo estaba sintiendo, era la manera de materializar ese sentir”. Desde el 2021, Ney orienta talleres de collage en Librería Mutante junto a sus amigas Las Manicagadas, una vez al mes llegan nuevos rostros o viejos conocidos a quienes les comparte su experiencia. Los parches que se han creado en la ciudad también tienen un tinte sanador, eso noté en su sonrisa mientras me decía “me han ayudado, me han ayudado mucho”.

     

    Cuatro collagistas de Medellín (María Duque, Ney Ruiz, Daniela Vera y Salomé Patiño) cuentan cómo esta técnica ha permeado su vida, cómo ha cambiado su percepción y su arte. 

    Algo parecido me contó Salomé sobre una chica que asistió a uno de los talleres de Rasga que rasga: tenía un diagnóstico de trastorno obsesivo-compulsivo y en esas dos horas de trabajo en colectivo había encontrado una paz antes inimaginada. Los recortes eran perfectos y las imágenes estaban tan bien alineadas que los demás no podían entender cómo lo hizo en tan poco tiempo. Seguro que mi composición se le habría antojado descuidada a alguien con sus habilidades, pero la entiendo, porque al terminar tuve una sensación de satisfacción y calma que no puedo explicar.

    Medellín collagera y fragmentaria

     

    Para que estos artistas integraran el collage en sus estilos tuvieron que pasar muchas cosas a nivel de ciudad. No sabemos a ciencia cierta cómo llegó a Medellín la idea de hacer parches donde se componen imágenes a través de fragmentos, pero el precedente más antiguo son los Martes de corta y pega los lunes de la casa cultural La Salida ubicada en Belén Fátima.

    Más o menos desde agosto de 2016 abrieron este espacio a todo público, en un lugar que ya venía haciendo propuestas interesantes para ilustradores, dibujantes, fanzineros y en general cualquier público interesado en experimentar con la imagen. Estuvo activo hasta 2021 pero es recordado con nostalgia como el primer lugar en que se pudo jugar a hacer collage.

    Desde entonces, colectivos de artistas siguieron la idea en otros escenarios que se sabían collage-friendly: librerías, casas culturales, bibliotecas, cafés; prácticamente todo lugar donde se promueva la cultura es susceptible de ser habitado por collagistas y fanzineros que crecieron de la mano. Es así como Rasga que rasga se ha movido desde el 2018, aunque su hábitat original es la Chispa, pronto decidieron que serían un club itinerante, pues su objetivo es que esta ciudad de fragmentos tenga otra alternativa para narrarse en comunidad.

     

    Mapa de parches en Medellín collage-friendly. De los 17 rastreados para esta investigación, siete se ubican en la Comuna 10 o en sus alrededores, según las fuentes entrevistadas esto se debe al alto flujo de eventos culturales que se dan en esta zona.

     

    La itinerancia es también una característica de este movimiento de artistas que ha tomado fuerza y ganado más adeptos desde el 2020 en Medellín. No es fácil rastrear todos los lugares que han acogido la causa porque de eso mismo se trata, hay una espontaneidad inherente que transforma los espacios.

    Así como hay lugares que ofrecen talleres continuos por varios meses, existen otros que solo se prestaron un par de veces o que debieron cerrar por cualquier motivo; es una cartografía móvil la que se puede calcar sobre el mapa del Valle de Aburrá, cada persona deja huellas, sus propios fragmentos sobre una ciudad que a su vez es un gran collage.

    De lo personal a lo político

     

    Desde sus inicios en la historia del arte, el collage es una técnica con matices políticos, así lo reconoce María Camila Duque, arquitecta que lleva más de 11 años en el oficio de collagista, creando espacios en la ciudad para enseñar a otros: “es un acto de resistencia a la velocidad y al consumismo”, me explica, y señala la belleza de trabajar con materiales que para otros serían desechos, darles un nuevo significado, “una nueva vida”.

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    Título: Entre montañas
    Autora: María Camila Duque
    Técnica: Collage

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    María Duque se considera parte de la primera generación de collageros de Medellín ya que lleva más de 11 años en este oficio. Fotografía: Laura Rincón.

    El dadaísmo, movimiento artístico cuna del fotomontaje y el collage, tomaba recortes de titulares de periódicos y propagandas políticas sacándolos de contexto para satirizar la sociedad de principios del siglo XX. Sus poetas tomaban palabras recortadas, las metían en una bolsa y luego las sacaban al alzar para componer sus obras, todo esto como una crítica al arte burgués y a su exceso de orden y racionalidad.

    María me cuenta que ha usado desde enciclopedias abandonadas y llenas de hongos hasta álbumes fotográficos de desconocidos que compró en La Bastilla en 5 mil pesos: “esto habla de nuestra relación con las cosas, habla de cómo consumimos eso que está ahí y no es nuevo”. ¿Qué puede ser más revolucionario que reutilizar lo antiguo en un sistema económico que mide nuestro valor por las cosas nuevas que podemos comprar?

    También hay resistencia en el crear en colectivo, en tomarse el tiempo para hacer algo por el simple hecho de hacer, por conversar y compartir con otros en un medio que premia la sobreproducción y aborrece lo contemplativo. No hay nada más democrático que una técnica con la que cualquiera puede hacer una pieza gráfica sin ser el más diestro en las artes; hasta yo, que de niña odiaba recortar porque no me quedaba perfecto el borde y que en el colegio no me dejaban hacer la letra de las carteleras, pude crear algo de lo que me siento orgullosa.

    Al juntarme con collageros he aprendido que las imágenes son medios poderosos para enviar un mensaje, que prácticamente todo en la vida es cuestión del azar y que los verdaderos cambios a nivel estructural se dan creando en comunidad, cuando nos reunimos para pensar qué somos, qué ciudad deseamos habitar y qué fragmento de la historia queremos encarnar.

    Si te gustó esta historia, te invitamos a participar en la elaboración de un collage colectivo de manera presencial en la ciudad de Medellín. Inscríbete en el enlace a continuación https://forms.gle/5Cb3r95k8rnZiTbR7 y te estaremos enviando toda la información. ¡Gracias por leer y por participar!

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