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Entreabierta: Colombia en pospandemia

event 08 Octubre 2020
schedule 37 min.
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Caterine Jaramillo González Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla. Mateo Ortiz Valencia Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.
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  • La historia de un hito: el aislamiento del virus en Colombia

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    “¡Lo logramos!”, fue lo primero que le dijo Francisco Javier Díaz a su compañero Wbeimar Aguilar, ambos profesores de la Universidad de Antioquia e integrantes del grupo Inmunovirología de la Facultad de Medicina. Con los puños elevados y levantándose de su silla, Díaz celebraba en su laboratorio haber observado, a través del microscopio, el aislamiento de la COVID 19.

     

    Tú, que estás leyendo este contenido, si ves alguna palabra subrayada, puedes pasar el mouse sobre ella para conocer su significado y si estás desde tu celular, dale un toque a la palabra.

    Fue el sábado 4 de abril. El profesor Francisco llegó a la Sede de Investigación Universitaria (SIU) a eso de las 8:30 de la mañana y buscó los elementos necesarios para comprobar visualmente el aislamiento del virus y registrar el hallazgo. “Yo sabía que esto lo teníamos que documentar muy bien, con foto y todo porque si no iban a pensar que de pronto estábamos tirando ‘el cañazo’. Por eso estaba pensando en la foto, la foto”, dice Francisco. Media hora después llegó el profesor Wbeimar y entraron al laboratorio con sus “trajes espaciales”, como ellos llaman a sus equipos de bioseguridad.

    “Yo sabía que esto lo teníamos que documentar muy bien, con foto y todo porque si no iban a pensar que de pronto estábamos tirando ‘el cañazo’. Por eso estaba pensando en la foto, la foto”

     

    El encuentro de ese sábado no era normal en la rutina de trabajo del grupo de investigación. Ocurrió para confirmar las sospechas que su compañera Lizdany Flórez había sembrado en ellos el día anterior: la investigadora había notado un cambio morfológico en la superficie de las células VERO-E6, las cuales provienen del mono verde africano y que el grupo usó para el procedimiento que habían iniciado apenas unos días antes.

    “Ella nos avisó el viernes, pero ya era muy tarde como para ir a verificar lo que estaba viendo, de todas maneras, tomó una foto con el celular sobre el lente del microscopio, algo que es muy complicado de hacer, pero quedó excelente. Apenas vi esa foto en el WhatsApp dije: ‘¡Pero cómo así que ya hay crecimiento!’”, recuerda Francisco.

    En la fotografía que les envió su compañera había dos figuras circulares que, a simple vista, podrían confundirse con la parte externa de un melón. La diferencia entre las células sanas y las infectadas es casi imperceptible.

    Apenas vi esa foto en el WhatsApp dije: ‘¡Pero cómo así que ya hay crecimiento!’

     

     

     

    Cambio en células VERO E6

     

    En la primera figura se observa algo así como la piel de un melón uniforme; en la segunda, se ve la cáscara agrietada o como si fuera una luna llena con sombras en algunas partes de su superficie. Sin embargo, los investigadores aún tenían reservas ante la posibilidad de que las diferencias fueran producto de agentes tóxicos que podían haber dañado las células del cultivo.

    Wbeimar no dejaba de pensar en el proceso, la curiosidad que le generaba ver la foto con el resultado de uno de los cultivos lo mantuvo inquieto durante esa noche. “Fue un momento de expectativa, ansiedad y optimismo con un poco de reserva. Yo dije: ‘listo, hay que ir al día siguiente a confirmar que esa observación no fue sutil’”, dice.

    ¿Y cómo fue el proceso?

     

    Infograma   así se aisló el virus en Colombia

     

    Una semana después de que el Instituto Nacional de Salud confirmara el primer caso de covid-19 en el país, el grupo Inmunovirología, coordinado por la profesora María Teresa Rugeles, se planteó realizar el aislamiento con la intención de aportar conocimiento sobre el virus. Sabían que tenerlo controlado en el laboratorio abría la posibilidad de avances investigativos en el país, algunos relacionados con tratamientos para pacientes diagnosticados y otros, por ejemplo, para evaluar la eficiencia de productos utilizados para eliminar el virus en superficies.

    Fue así como Wbeimar, Francisco, Lizdany y María Teresa, en medio del aumento de casos, las medidas de distanciamiento social y el aislamiento preventivo obligatorio, decidieron aventurarse y hacer lo que todavía nadie había logrado en el país. 

    “Estábamos en constante contacto. Decíamos: ‘Revisemos este artículo y miremos qué posibilidades hay’, o ‘¡Ay!, yo encontré esta célula también, ¿qué opina el profe?’. No fue que en una reunión se organizara todo el cronograma, sino que paulatinamente íbamos avanzando. Correo va, correo viene; WhatsApp va, WhatsApp viene, o una llamada”, describe Wbeimar.

     

    Grupo Inmunovirología

    Parte del grupo de Inmunovirología de la Universidad de Antioquia.
    Crédito: Cortesía Grupo de Inmunovirología

    Durante esta revisión los investigadores se dieron cuenta de que era necesario contar con un laboratorio de seguridad nivel tres, en una escala que va hasta el nivel cuatro. Además, eran necesarias algunas líneas celulares  para que el SARS-CoV-2 se reprodujera ya que, por sí solo, ningún virus es capaz de hacerlo. Ambas condiciones estaban resueltas: casualmente, en su stock contaban con células de tipo LLC-MK2, VERO y VERO-E6. Todas provienen de los riñones de algunos monos que, a través de técnicas como la clonación, han podido mantener reservadas en congeladores.

    “Ya teníamos la infraestructura dentro de la Universidad porque nuestro laboratorio es de nivel tres y teníamos unos trajes de un nivel mayor de bioseguridad del que se requiere para el manejo de este virus. Contábamos con tres tipos de células, utilizadas en investigaciones previas con el SARS-CoV-1, que afectó a algunos países asiáticos en el 2003. Entonces, digamos que contábamos con todo”, comenta Wbeimar.


    Ahora, solo faltaba la muestra de un paciente infectado con el virus para comenzar el proceso de aislamiento. Para ello, la coordinadora del grupo, María Teresa, tenía contacto con un laboratorio clínico que en ese momento se encontraba tomando las muestras para el posterior diagnóstico por parte del Instituto Nacional de Salud. Cuando la IPS conoció el caso de un paciente positivo para covid-19, le informó al grupo, que se puso en contacto con la persona y le planteó la posibilidad de hacer parte de la investigación. El paciente aceptó.

    Cuando a esa persona se le realizó una segunda prueba, destinada para el estudio, ya habían pasado nueve días desde el diagnóstico inicial, lo que generó una preocupación en los profesores, ya que era probable que no tuviera la carga viral suficiente para que el proceso de aislamiento fuera exitoso.

    Sin embargo, cuando la muestra llegó al laboratorio, el profesor Wbeimar, experto en técnicas moleculares, comprobó si existía algún rastro de virus en el moco del paciente. Para esto, realizó una prueba denominada reacción en cadena de la polimerasa o, como se le conoce por su sigla en inglés, PCR. Los resultados confirmaron que aún había una cantidad considerable de virus en la muestra.

    “Yo creo que igual lo hubiéramos ensayado así tuviéramos cargas virales altas o bajas, pues era la primera muestra que habíamos logrado conseguir”, expresó Wbeimar, quien el martes 31 de marzo comenzó el proceso para inocular, es decir, combinar la muestra infectada del paciente con las tres líneas celulares que hacían parte de las reservas del grupo.

    “Como este es un virus nuevo y no se sabía con cuánta cantidad de virus el inóculo presentaría un cambio, había que mirar muy detenidamente cualquier tipo de alteración e irlas observando diariamente”, comenta Lizdany. Esos cambios sorprendieron al equipo porque ocurrieron apenas tres días después de haberse inoculado la muestra y en principio tenían previsto que fueran necesarias una o dos semanas.

    De la sospecha a la realidad

    Volviendo a ese sábado 4 de abril, a los investigadores aún les quedaba un largo camino por recorrer. Luego de la observación a través del microscopio, debían confirmar científicamente lo que su experiencia les indicaba, así que decidieron dividirse tareas: Wbeimar debía buscar el genoma del virus para llevar a cabo otra prueba de PCR y Francisco se encargaría de aplicar al cultivo una técnica más tradicional llamada inmunofluorescencia, que registra la reacción de los anticuerpos ante la presencia del virus.

    Mientras Francisco se encontraba en la cabina de trabajo separando las células del resto del líquido, al agarrar con su mano el tubo de ensayo dimensionó la seriedad de lo que estaban haciendo. “Si ese virus había destruido las células en tan poco tiempo y sabiendo que en el cultivo los virus se multiplican miles y miles de veces, ¡juepucha! cogí ese tubo de ensayo y dije: ‘Aquí hay suficiente virus para infectar a la mitad de Medellín, por lo menos’, entonces, sí fue un momento bastante intenso y sentía que todo el esfuerzo, el trabajo y las inversiones habían valido la pena”.

    Ese mismo sábado en la tarde ambos profesores se reunieron para compartir sus resultados. La PCR mostró que en el cultivo había una carga viral mil veces mayor que la hallada en la muestra del paciente. Y en la inmunofluorescencia, el lente del microscopio se iluminó color verde, lo que indicaba que había presencia de virus.

    Al terminar el día, la profesora María Teresa llamó al rector de la Universidad de Antioquia, John Jairo Arboleda, para anunciarle el resultado del proceso. El rector se entusiasmó tanto con la noticia que propuso realizar una rueda de prensa al día siguiente. “¿Quién hace una rueda de prensa un domingo?”, se pregunta Francisco.

    “Si ese virus había destruido las células en tan poco tiempo y sabiendo que en el cultivo los virus se multiplican miles y miles de veces, ¡juepucha! cogí ese tubo de ensayo y dije: ‘Aquí hay suficiente virus para infectar a la mitad de Medellín, por lo menos’, entonces, sí fue un momento bastante intenso y sentía que todo el esfuerzo, el trabajo y las inversiones habían valido la pena”

     

     

    Ilustración coronavirus

    Ilustradora: Anne Elizabeth Magnusson Saldarriaga.

    El anuncio público terminó dándose el lunes 6 de abril, día en el que comenzó para los investigadores una semana de felicitaciones, pero también de críticas y asedio de los medios de comunicación. Otros profesores llegaron a decir que ese proceso podría salirse de control y ser un “Hidroituango viral”. Incluso, algunos dijeron que no regresarían a la SIU hasta que el grupo dejara de trabajar en el virus.

    “Yo creo que los profesores que nos criticaron por habernos metido con esto, en cierto sentido nos hicieron un favor, porque nos obligaron a hacer una pausa con lo del cultivo del virus mientras se hacían unos ajustes, como por ejemplo renovar los filtros del laboratorio, mejorar la seguridad de entrada, organizar unos protocolos, poner llaves y ciertas barreras para que nadie entrara por equivocación”, explica el profesor Francisco. Esa pausa duró dos semanas, mientras se reforzaban las medidas de bioseguridad.

    Otros profesores llegaron a decir que ese proceso podría salirse de control y ser un “Hidroituango viral”. Incluso, algunos dijeron que no regresarían a la SIU hasta que el grupo dejara de trabajar en el virus.

     Después de la tormenta

    El tiempo de quietud le sirvió al equipo para asimilar lo importante que fue ese logro. Para cada uno tuvo un significado diferente en lo personal y en lo profesional. Por ejemplo, para Wbeimar, que hace poco se graduó de su doctorado en Ciencias Básicas Biomédicas, significó un hito en su carrera: “Es sentir orgullo por haber hecho parte de este equipo de trabajo y hacer algo que aportó en esta situación. Eventualmente, uno piensa que en el futuro esto va a fortalecer mi perfil como científico”.

    Para la microbióloga Lizdany, que recién culmina su maestría en Virología, significó una oportunidad para poner a prueba sus conocimientos. “El logro del aislamiento fue un reto, una oportunidad para poner en práctica todo lo que he estudiado y aprendido. En mi campo específico de la virología me ha permitido aprender muchas cosas y creo que esto siempre va a marcar un momento importante en mi formación”, dice.

    Mientras el profesor Francisco expresa que aislar el virus fue una especie de culminación, no porque el retiro esté entre sus planes cercanos, sino más bien porque todas las experiencias por las que había tenido que pasar hasta ese momento, como su preparación en Estados Unidos y haber trabajado con otros virus como VIH y dengue, fueron vitales en esta investigación.

    Una anécdota suya resume el sentimiento que dejó el proceso en el grupo. “Alguna vez un profesor me dijo que descubrir un virus era como tener un hijo. Te genera alegría, pero por otro lado es una carga por la que uno tiene que responder ante la comunidad científica, los medios, los estudiantes y la sociedad. Ese ha sido también nuestro caso.

    Haber aislado ese virus fue como tener un hijo, que nos alegró mucho la vida, pero que también nos trajo un montón de responsabilidades y preocupaciones que nos han tenido muy ocupados todos estos meses”.

    Para conocer otros hitos de la ciencia colombiana en la investigación de la covid-19 visita Juan Manuel Anaya: la vida alrededor de la ciencia y no te olvides de ver todo el contenido del especial Entreabierta: Colombia en pospandemia.

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