Poco antes de que el reloj marcara las cinco de la tarde ya se conocían los resultados parciales de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Pueblos, parques y tiendas por toda Antioquia se llenaron de gritos de celebración, pues Abelardo de la Espriella se coronaba ganador. Al final de la jornada sumaba 10.361.499 votos y obtenía el pase para disputar la presidencia con Iván Cepeda.
Un par de horas después, en Barranquilla, el abogado cordobés se pronunció desde un ferry en el Malecón del Río, protegido por un cubo de vidrio blindado. “Vamos a defender la democracia por la razón o por la fuerza”, dijo De la Espriella, que usaba la camiseta de la selección colombiana de fútbol, mientras el vitoreo del público opacaba momentáneamente su voz.
La derecha antioqueña tuvo el corazón dividido durante toda la campaña. Uribe, quien durante casi dos décadas logró impulsar a sus candidatos, apostó por Paloma Valencia y perdió: obtuvieron apenas 294.322 votos en Antioquia, el 9.28 %. Los votos que históricamente habían sido suyos se los llevó De la Espriella, quien cosechó 1.725.297, el 54.43 % del total departamental.
La derrota de Paloma Valencia se convierte en la segunda ocasión consecutiva en la que el Centro Democrático no logra poner candidato propio en la segunda vuelta presidencial. Aún así, sigue siendo un partido fuerte en elecciones locales, regionales y legislativas.
Néstor Julián Restrepo, politólogo y doctor en Comunicación Política, dice que un Abelardo presidente sin el aval de Uribe le demostraría al establecimiento antioqueño que el expresidente ya no es indispensable para ganar. Y eso, añade, abriría una disputa que hoy está contenida: “Si Abelardo gana en segunda vuelta vamos a ver a dos figuras tratando de hacerle un golpe de Estado a Uribe”. Se refiere, además de Abelardo, a Federico Gutiérrez y a Andrés Julián Rendón, quienes, mientras Uribe siga siendo el árbitro de la derecha, tienen un techo para crecer.
A De la Espriella lo catapultó un discurso que ha resultado efectivo en otros países de América: la historia de empresario de Donald Trump, la promesa de mano dura de Nayib Bukele y la motosierra al Estado de Javier Milei. Al igual que todos ellos, también logró venderse como outsider, pese a tener apoyo de políticos tradicionales como Luis Alfredo Ramos, Mauricio Tobón y Federico Gutiérrez.
En Antioquia, De la Espriella realizó varios actos públicos en las zonas más conservadoras, apeló al ethos antioqueño (proteger la familia y el trabajo) y el 24 de mayo cerró su campaña en La Macarena ante cerca de 15.000 personas. Aunque Paloma Valencia hizo cosas parecidas, no le alcanzó para convencer a los paisas. Los resultados demuestran que, para miles de votantes, el candidato del movimiento Defensores de la Patria encarnó mejor los valores de la derecha.
Paloma Valencia tiene “una trayectoria importante” que, según Federico Hoyos, politólogo militante del Centro Democrático, le da un reconocimiento que trasciende su género; dijo que ser mujer no le quitaría votos. Su talón de Aquiles pudo haber sido la elección de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial: “Quienes tienen una visión restrictiva en términos de derechos sexuales y reproductivos pueden considerar a una figura homosexual como impura o inmoral”, dice Juan Camilo Portela, doctor en Ciencias Sociales.
No fue el único en señalarlo. Agustín Laje, politólogo argentino ideólogo de la “nueva derecha” en Hispanoamérica y que apoyó a De la Espriella, fue más directo y atacó varias veces en X la elección de Oviedo: “Contaminar al centro-derecha con progres y wokes es la perfecta fórmula del fracaso”. A eso se sumaron los desacuerdos públicos entre Valencia y Oviedo que terminaron de erosionar su credibilidad como dupla. Como dijo el representante electo Daniel Briceño para Nación Sabrosa, “el error fue creer en un vicepresidente que no comulga de ninguna forma con lo que nosotros pensamos”.
Desde antes de las elecciones el politólogo Restrepo ya advertía que, aunque el uribismo es todavía una gran fuerza política que puede impulsar candidatos, el Centro Democrático no ha sido capaz de darle “viabilidad a otra persona” que no sea el mismo Uribe para conducir el proyecto.
Pese a los enfrentamientos entre ambos candidatos de derecha durante la campaña, la reacción en el partido de Uribe ante los resultados fue la esperada: adherirse al abogado para ir en contra del “enemigo”, como llaman a Cepeda. “Felicito a Abelardo de la Espriella por su victoria y a título personal anuncio mi respaldo a su candidatura”, dijo Paloma Valencia. Uribe hizo lo mismo en X: “Ganó el Dr. Abelardo de la Espriella. Cumplimos la palabra, votaremos por él y pedimos que se vote por él”.
Por esto, en Barranquilla, De la Espriella agradeció y se deshizo en elogios: “No puedo seguir sin reconocer las palabras generosas de la doctora Paloma Valencia, una mujer patriota, aguerrida, que ha peleado por la democracia y que merece todo nuestro respeto”.
El futuro del Centro Democrático no pasa solo por Antioquia. En el próximo Congreso tendrá 17 senadores y 30 representantes, entre estos a Briceño, el más votado del país. Esos números ponen al partido en un lugar de poder e influencia, como gobierno o como oposición. Y aunque en Bogotá ha recortado diferencia respecto a resultados anteriores, Antioquia sigue siendo clave para su votación.
De la Espriella tiene que consolidar terreno en el departamento. Ganó y le sacó más de 900.000 votos a Cepeda, pero aún debe convencer al electorado de Valencia y al de Sergio Fajardo: votantes más centristas e independientes que en primera vuelta no apostaron por él. “Este millón de votos es importante para definir la suerte de nuestro país”, dijo Fajardo. Si no llegan, la ventaja sobre Cepeda podría achicarse.
“Queridos compatriotas defensores de la patria del gran departamento de Antioquia, gracias por esa votación extraordinaria con la que me han honrado. Este 21 de junio hay que redoblar esfuerzos para subir esa votación” dijo De la Espriella en un video publicado por Mauricio Tobón en X el 8 de junio. La descripción tenía una meta más clara: 2.300.000 votos.
Néstor Julián Restrepo lleva meses preguntándose si Antioquia va a seguir siendo uribista o va a mutar a una lógica diferente. El departamento que construyó el uribismo ya eligió por encima de Uribe. Si eso es una traición, una evolución o el comienzo de algo todavía sin nombre, lo resolverá el tiempo. La primera vuelta, por lo pronto, demostró que es posible ganar sin la bendición del expresidente.