Vestir y votar

En medio de la polarización política que vive Colombia por la elección presidencial, atacar al que piensa diferente es cada vez más común. Juzgar al otro por su estética y forma de vestir ha sido una forma constante de arremeter contra el otro durante el proceso electoral. “Esta gente huele a cartón mojado. Digan lo que quieran pero la estética petrista a mierda sí existe”, escribió un tal Cristian Cadavid en X el 17 de junio de 2026, cuatro días antes de la segunda vuelta que definió el nuevo presidente de Colombia. Así como la de Cristian, otras publicaciones en diferentes redes sociales muestran una mirada sobre la estética basada en la ideología, además de un ataque a la estética del otro. Para Ita María Díez, economista y editora general del medio feminista Volcánicas, “lo que usamos, lo que consumimos, lo que compramos, lo que elegimos ponernos para presentarnos al mundo, tiene una carga política importante y tiene que ver con cómo concebimos el mundo y qué queremos proyectar”. Por esto, atacar cómo luce el otro resulta en un ataque a la ideología que proyectamos. — Loading El 21 de junio el puesto de votación de la universidad Eafit parecía una tribuna del estadio Metropolitano de Barranquilla. El amarillo de la camiseta de la selección Colombia aparecía por donde uno volteara a ver, familias enteras iban uniformadas para votar. ¿Por quién? No hacía falta preguntar, pues Abelardo de la Espriella adoptó la indumentaria del equipo de fútbol como símbolo de su campaña. Además este candidato tuvo un 74,8 % de votos en este puesto en la primera vuelta. Quienes no iban de amarillo, iban de camisa, casi siempre azul clara o blanca; la tipo polo también abundaba. Eso sí, entre los hombres la camisa siempre iba metida dentro del pantalón para exhibir la correa de cuero. Y las mujeres, con su balayage rubio siempre retocado. A algunos se les veía con un collar de crucecita o alguna imagen del Divino Niño colgando en el outfit. Hablar de variedad de estilos en este escenario sería difícil, pues a simple vista solo había dos: aficionado de la selección y cosplay de alcalde de Medellín. La camisa azul bien planchada, los tenis blancos, los mocasines y el pelo corto y peinado pulido representan, para Ita María, las aspiraciones “eurocentristas” que tiene la derecha. “Hay una intención clara en proyectar esta idea de una persona exitosa desde la capacidad adquisitiva, porque en las ideologías de derecha las personas valen por lo que tienen”, dice Ita, quien además de economista ha trabajado para la agencia de moda WGSN y ha escrito sobre moda para diferentes medios como El Tiempo y El País. En ese sentido Abelardo de la Espriella, con su traje y corbata, representa esa idea de éxito y poder económico a la que aspira la derecha. El mismo día en que en Eafit los caminos se inundaban de amarillo, en un puesto de votación de apenas 2500 votos de potencial electoral, miles de jovenes asistían también a votar. El puesto de la Universidad Claretiana fue el único lugar de Medellín (salvo la cárcel de Pedregal) donde Iván Cepeda obtuvo más del 50 % de los votos en la primera vuelta. Este punto de votación es uno de los más cercanos a la Universidad de Antioquia y en donde usualmente votan los estudiantes foráneos que viven en el barrio El Chagualo, por ello la mayoría de votos de las siete mesas habilitadas son de jóvenes universitarios. Buena parte de quienes votaban salían con totebag o mochila wayúu al hombro. Camisetas negras, rojas, verdes, incluso del equipo de fútbol chileno Club Deportivo Palestino, eran las que más se veían en este puesto. No había un consenso en el color, más bien había diversidad. Cada tanto también salía algún votante desfilando el amarillo de la selección. Acá abundaron los tatuajes y los piercings en comparación con la mayoría de los cuerpos sin tinta ni perforaciones de la Eafit. También había más estilos de pelo y peinados, hombres de pelo largo, mujeres de pelo teñido en rojo y morado, y no había ni un balayage rubio entre esos cabellos. Los accesorios coloridos se alejaban del oro y la plata. Las faldas de flores y los tenis de colores también eran frecuentes. Lo que no había era un estilo predeterminado, algo que pareciera uniforme o que los identificara a todos, pero se dejaban ver muchos elementos que la derecha ataca en la estética “india” o “mamerta”. En la forma de vestir de la izquierda, en vez de aspirar al norte, hay una “reivindicación por lo latinoamericano”, así lo nombra Ita. En la pinta de la izquierda podemos encontrar más variedad de colores y de estilos; diseños que evocan lo artesanal y lo regional, y un pelo menos ordenado y definido. Este estilo va de la mano de Iván Cepeda y su fórmula vicepresidencial, Aida Quilcué. Cepeda lleva casi siempre una camisa blanca de cuello estilo Mao y suele usar un blazer o chaqueta de tela mucho menos llamativo que el de su contrincante de derecha. Su estética sencilla lo “muestra más cercano, más accesible a la gente”, dice Ita. Por su lado, Aida como líder indígena muestra en sus ropas su relación con lo artesanal y la naturaleza; los bordados de plantas y flores siempre están presentes en su vestimenta; en sus accesorios, como sombreros, bandanas y collares, también se deja ver su vínculo con el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). Tanto Cepeda como su fórmula vicepresidencial han recibido ataques por su apariencia física, y su forma de vestir. Cepeda por usar siempre camisa de cuello Mao se ha ganado el título de comunista, y por la apariencia de sus dientes le han hecho burla llamándolo “basuquero” o “jetipicho”. De la Espriella también ha sido objetivo de burlas y críticas por su apariencia física y modo de vestir; algunos lo definen como alguien de “mal gusto” por sus ostentaciones de ropa de marca, vinos caros y
El carriel también va a la izquierda

En las elecciones legislativas del 8 de marzo y en la primera vuelta del 31 de mayo, el Pacto Histórico se consolidó como la segunda fuerza política en Antioquia. Ahora, en un departamento tradicionalmente inclinado hacia la derecha, este partido se disputa el relato de lo que significa ser antioqueño en su camino hacia la Casa de Nariño. El sábado 28 de marzo, Iván Cepeda, candidato presidencial del Pacto Histórico, dio su último discurso en la ciudad. Frente a un parque de San Antonio lleno, afirmó que Antioquia es un pueblo resiliente, laborioso y noble, se mantuvo en su postura de que el departamento «se convirtió en la cuna de la parapolítica, del narcotráfico y del terrorismo de Estado» y que esto no es más que «constatar la realidad». Ese mismo día, María Fernanda Carrascal, representante a la Cámara por Bogotá, del mismo partido, publicó en su cuenta de X: «Si Antioquia cambia, Colombia cambia«. Casi dos meses después, esa idea se puso a prueba en la contienda presidencial del 31 de mayo: Abelardo de la Espriella, el candidato de derecha, salió victorioso con 1.725.297 votos –el 53.74 % del total–, ganó en 110 de los 125 municipios del departamento y se impuso en todas las comunas y los corregimientos de Medellín. José Luis Marín, concejal del Pacto Histórico conocido como AquinoTicias, dice que, aunque el resultado genera una sensación de derrota –Cepeda quedó de segundo cuando hace cuatro años Petro había quedado primero–, los resultados esconden matices: en 2022, el ahora presidente obtuvo 682.282 votos en Antioquia en primera vuelta; hoy, Cepeda consiguió 806.959, es decir, un 18.2 % más. En la sede de campaña en Medellín –una casa de dos pisos en el barrio La Floresta que también ha sido el espacio de trabajo del congresista Alejandro Toro– hay una calcomanía que dice «Antioquia cambió». La idea de que el departamento, históricamente inclinado hacia la derecha, está transformando su manera de entender la participación política ha sido uno de los ejes de esta campaña. Luisa Fernanda Giraldo, gestora cultural y excandidata a la Cámara por Antioquia en la lista del partido, reconoce que la recepción hacia su partido en el departamento se ha transformado: «Cuando nosotros hacíamos campaña en el 2022 era muy difícil. Nos atacaban en muchas partes, había pocas personas en las reuniones y gente gritándonos guerrilleros«. Hoy, dice, pueden hacerlo con más tranquilidad. Ella resume la disputa así: «Lo lindo de la lucha de clases es que existe, aunque haya gente que la niegue, y eso es un claro reflejo de lo que está sucediendo en la contienda electoral: dos extremos con dos apuestas de país completamente diferentes«. En su escenario más optimista, el Pacto esperaba superar el millón de votos en primera vuelta. Ese 31 de mayo, en la Casa Cepeda de La Floresta, el ambiente era de asombro y desencanto. De la Espriella no solo ganó, sino que superó de lejos a Paloma Valencia, candidata del uribismo. Entre los integrantes del equipo que discutían el resultado, el líder comunitario Jhon Jiménez planteó que la jornada debía servir como autocrítica: «Cuando hay problemas logísticos, el adversario se luce, y este fue el caso». Con todo, el resultado consolidó al Pacto Histórico como la segunda fuerza política del departamento. En las legislativas del 8 de marzo obtuvo 392.002 votos en Senado y 394.081 en Cámara. Y, por ejemplo, en las presidenciales Cepeda alcanzó 300.729 votos en Medellín, un 79.5 % más que en las legislativas. El reto inmediato de Cepeda es crecer en la segunda vuelta, pero tanto él como De la Espriella han apelado a la antioqueñidad para conquistar el peso político del departamento. En su libro Nación, ciudadano y soberano, la socióloga María Teresa Uribe describe la antioqueñidad como «un ethos sociocultural muy definido que se manifiesta en un conjunto de valores». Esos valores han resonado en el discurso de Cepeda: el 12 de febrero, en su primer gran acto de campaña en Medellín, en el Parque Berrío, reivindicó los pilares de la antioqueñidad –la familia, la religión, el trabajo y el «espíritu pujante»– y reconoció que el departamento «ha hecho grandes aportes al desarrollo económico, cultural y social del país». Ana María Jaramillo, candidata al Concejo de Medellín por el Pacto en 2023 e integrante del equipo de la Casa Cepeda del centro, lo explica así: «[Cepeda] está apelando a un sentimiento regionalista que resulta fundamental en la campaña presidencial, porque sabemos la importancia que ha tenido Antioquia para poner presidentes en este país». Para ella, Cepeda también intenta rescatar una herencia de la región: «Antioquia ha tenido una fuerte influencia de levantamientos, de lucha, de resistencia. Imaginarios que quedan por allá escondidos y me parece que esta ha sido la oportunidad de ponerlos en otro lugar». Juan Camilo Portela, doctor en Investigación en Ciencias Sociales de Flacso-México y docente de la UdeA, coincide: Antioquia también ha sido cuna de «iniciativas muy de izquierda» y, en ese contexto, el ethos más tradicional ha estado en disputa con «otro tipo de maneras de comprender la realidad: unas más revolucionarias». El voto de las clases populares se ha convertido en una de las bases más sólidas del Pacto en el departamento. En las elecciones legislativas, el partido ganó en Medellín en las comunas 1, 2 y 3 –Popular, Santa Cruz y Manrique–, caracterizadas por su origen obrero y su desarrollo en las laderas. Para Portela, esto responde al esfuerzo de la campaña por «apelar a ese orgullo de las clases populares y a su trabajo». Aunque en la primera vuelta Cepeda no ganó en ninguna de las 16 comunas, fue el segundo más votado en 15 de ellas, y la diferencia con De la Espriella fue más estrecha en las comunas populares: 7.1 puntos en la Comuna 1; 12.9 en la Comuna 2 y 15.2 en la Comuna 3. Juan Andrés Henao, integrante del equipo del Pacto, lo ilustra así: «Desde las cuatro de la mañana se ve gente montándose al metro, haciendo
Combinación antioqueña: arriba, abajo, ultraderecha

El novato político Abelardo de la Espriella se enfrentó al uribismo y ganó. Ni el propio Álvaro Uribe logró convencer a Antioquia. La tierra que históricamente ha sido el bastión de su movimiento le entregó al abogado cordobés casi dos millones de votos. Ahora, para llegar a la Casa de Nariño, De la Espriella tendrá que convencer a los paisas que aún dudan de su proyecto.
Paloma Valencia, Claudia López y Roy Barreras son los ganadores de las consultas interpartidistas

La consulta interpartidista de este 8 de marzo decidió a estos candidatos en las elecciones presidenciales del próximo 31 de mayo. Con este resultado se completa el tarjetón definitivo, en el que medirán fuerzas contra Iván Cepeda, Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella, quienes ya tenían asegurado su cupo en primera vuelta. Los ganadores de las consultas ahora encaran una nueva fase de la campaña presidencial. Foto: Noticias Caracol. Con el 99% de las mesas informadas, la Registraduría publicó los resultados del preconteo de las consultas interpartidistas que se realizaron en el país este 8 de marzo. Paloma Valencia, Claudia López y Roy Barreras obtuvieron la mayor votación en sus respectivas consultas, y serán la cara de sus sectores políticos en las próximas elecciones presidenciales. Los datos de la entidad arrojaron que la consulta menos votada fue la del Frente por la Vida, de Roy Barreras, con 595.978 votos, seguida por la Consulta de las Soluciones: Salud, Seguridad y Educación, la de Claudia López, con 618.705 votos, mientras que La Gran Consulta por Colombia, de la que resultó ganadora Paloma Valencia, fue la de mayor solicitud por los colombianos, con 5.857.395 votos. Las cifras del preconteo en el país posicionaron a la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, como la más votada de las consultas, con 3.236.286 votos (el 55.25 % de los votos de su consulta). Le sigue Daniel Oviedo con 1.255.510 votos; y en tercer lugar está Juan Manuel Galán con 327.765 votos. En el Frente por la Vida, la competencia estuvo reñida entre dos candidatos: Roy Barreras logró mantenerse en la primera posición con 257.037 votos (el 43.13% del total de votos de la consulta), seguido por Daniel Quintero con un 227.379 votos (el 38.15% del total de votos de la consulta). Por último, Claudia López ganó con 574.670, el 92.88 % de los votos de su consulta, frente a Leonardo Huertas que contó con solo 44.035 votos (7.12 %). Para Paola Sánchez, politóloga de la UdeA, los resultados dejan un panorama presidencial más claro y evidencian un reacomodo de fuerzas políticas. A su juicio, la izquierda progresista llega fortalecida por su capacidad reciente de movilización en las consultas de octubre, mientras que la derecha, aunque conserva una ficha importante con Paloma Valencia, empieza a mostrar señales de desgaste. Sánchez también considera que el centro sigue sin consolidar una fuerza electoral robusta, pues candidaturas como las de Claudia López todavía aparecen lejos de disputar el liderazgo de los bloques más fuertes. En una línea similar, Sebastián Agudelo Naranjo, politólogo y militante del Partido Liberal, señaló que la victoria de Claudia López deja más dudas que fortalezas, debido a la baja votación de su consulta y a que su resultado fue opacado por la votación alcanzada por Juan Daniel Oviedo en la coalición de centroderecha. Sobre Roy Barreras considera que, a pesar de ganar su consulta, lo hizo en un escenario de escasa movilización, lo que reduce su peso de cara a la competencia presidencial. Agudelo también afirmó que Paloma Valencia sale fortalecida de la jornada, al consolidarse como la figura dominante de la consulta más votada y como una candidata con capacidad de disputarle el electorado de derecha a Abelardo de la Espriella en la contienda nacional. En su lectura, otro de los nombres que deja bien parado el preconteo es Juan Daniel Oviedo, no solo por haber quedado segundo en La Gran Consulta por Colombia, sino porque su desempeño lo proyecta como una figura con capital político propio hacia futuras disputas electorales.