En la Universidad de Antioquia “impera la libertad de cátedra”: Luquegi Gil

En un contexto de cambios políticos, el rector de la UdeA, Luquegi Gil, respondió a las preguntas de De la Urbe. Dijo que la institución “es una universidad pública donde impera la libertad de cátedra”. Habló sobre el panorama actual del Hospital Alma Máter y el futuro de la Universidad bajo su administración.
Las comunidades indígenas, los otros rostros del terremoto

Mientras los equipos de emergencia avanzaban en las ciudades más afectadas por el terremoto del 10 de agosto, en territorios indígenas del Chocó, Caldas, Risaralda y Antioquia, las comunidades aisladas enfrentan otros retos por la falta de vías, comunicaciones e infraestructura, lo que deja en evidencia la vulnerabilidad que existe en estos territorios.
La tierra que ya se estremecía antes del temblor

El sismo del 10 de agosto en Colombia afectó a quince departamentos pero devastó a cinco: Chocó, Quindío, Cauca, Risaralda y Valle del Cauca. La cercanía al epicentro determina quiénes son los más golpeados por la naturaleza, pero las condiciones económicas y estructurales cuestionan quiénes pueden tener las herramientas adecuadas para levantarse.
¿Dónde y qué donar? Una guía para la ayuda

El lunes 10 de agosto un fuerte sismo con epicentro en San José del Palmar, Chocó, afectó a los habitantes de varios departamentos del occidente del país. Desde entonces, varias organizaciones se han articulado para llevar donaciones a las comunidades impactadas. En De la Urbe recogimos algunas recomendaciones y centros confiables para donar. Los departamentos más afectados por el terremoto fueron Chocó, Pereira, Caldas, y Valle del Cauca. Foto: Chelo Camacho / El País. Después de que se conocieron las imágenes, las historias y las cifras de las personas y familias afectadas por el sismo de 7.4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, diferentes actores de la sociedad civil empezaron a organizarse para llevar ayuda humanitaria a las regiones más perjudicadas. Sin embargo, ante el alto flujo de información en redes sociales y medios, puede ser complicado entender a dónde y qué debemos llevar o si hay fundaciones y organizaciones que tengan enfoques de ayuda más específicos.Antes de continuar, dejamos una lista de organizaciones confiables a las que se puede donar dinero y enlaces directos a sus sitios web o a publicaciones con su información bancaria: Cruz Roja Colombiana – https://ayuda.cruzrojacolombiana.org/emergencia-colombia-terremoto Corporación Presentes y ProAntioquia – https://presentes.co/abastecimiento-de-agua-en-comunidades-damnificadas/donacion/colombiaselevanta/ Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO) – https://abaco.org.co/ Gobernación del Chocó – https://www.instagram.com/p/Db803mzu2QV/ Fundación Saciar – https://www.instagram.com/p/Db3xmnWid_7/?hl=es ¿Cómo saber si un centro de acopio es confiable? A la hora de ayudar es importante tener en cuenta varios factores: donar a personas u organizaciones en las que se tenga confianza y asegurarte de que el centro al que lleves tus donaciones tenga la capacidad logística para envíar la ayuda a los lugares afectados o que esté articulado con fundaciones, redes u organizaciones que puedan hacerlo. ¿Qué donar? Agua. Alimentos no perecederos y de fácil preparación, pues en algunas de las zonas afectadas todavía no hay luz ni gas. Algunos de estos alimentos son: enlatados, arroz, pastas, frijoles, lentejas, harina de maíz y trigo, leche en polvo, azúcar, sal, panela, chocolate y aceite. Productos de higiene y aseo: jabón, champú, papel higiénico, toallas higiénicas, pañales para bebés y adultos, toallas húmedas, cepillos de dientes o crema de dientes. Insumos médicos: esparadrapo, gasas, vendas, guantes, alcohol, tapabocas o solución salina. Medicamentos. Es importante verificar que no estén vencidos. Cobijas, colchonetas y almohadas. Medicamentos y concentrado para perros y gatos. En Medellín están habilitadas las donaciones de sangre en los siguientes puntos. Revisa las redes sociales de cada uno de ellos para conocer si están recibiendo sangre, en qué horarios y qué tipos: Punto Fijo de Guayabal – Sede Cruz Roja Colombiana Seccional Antioquia. Carrera 52 #25-310. Punto Fijo Centro de Medellín – Pasaje Comercial Astoria. Carrera 49 #52 – 61 – Local 103. Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid (solo para la comunidad educativa), el jueves 13 de agosto hasta las 4:30 p. m. Clínica Antioquia Bello, el viernes 14 de agosto de 9:00 a. m. a 4:00 p. m. Clínica Bolivariana, el viernes 14 de agosto de 8:30 a. m. a 3:00 p. m. Centros de acopio por comuna en Medellín y el Área Metropolitana Si estás en Medellín, estos son algunos lugares a los que puedes acercarte para donar:Comunas 1, Popular, comuna 2, Santa Cruz y comuna 5, Castilla: El punto más cercano para hacer tus donaciones es en la Terminal del Norte – Carrera 64C #78-580, local 9840 Comuna 3, Manrique: Bodega Green Producciones (En colaboración con Grupo Galé) – Carrera 42 #70-19 Comuna 4, Aranjuez: Universidad de Antioquia: sede Ciudad Universitaria – Cl. 67 #53-108 AfroUdeA, bajos del bloque 9 Punto de información, bloque 16 Universidad de Antioquia: edificio de Extensión, segundo piso – Cl. 70 #52-72 Comuna 6, Doce de Octubre: Parque Biblioteca Gabriel García Márquez – Cra. 80 #104-04 Comuna 7, Robledo: Hospital Pablo Tobón Uribe – Calle 78B #69-240 Puesto de vigilancia Torre A – al frente de las escaleras eléctricas Puesto de vigilancia Torre B – Administración Comuna 8, Villa Hermosa: Parque Biblioteca León de Greiff – Calle 59A #36-30 Comuna 9, Buenos Aires: Institución Educativa Gonzalo Restrepo Jaramillo – Cra. 26 #49-70 Comuna 10, La Candelaria: Universidad de Antioquia: Sede de Investigación Universitaria (SIU), hall torre 2 – Calle. 62 #52-59 La Pascasia – Calle 47 #43-88 Smart Fit – Centro Comercial San Diego: Calle 34 #43-66 Comuna 11, Laureles: Librería rodante Delfos 79 #52A-23 Bodega Guayaquiliando – Carrera 81 #33aa-08 Comuna 12, La América: Local Helados Rico – Calle 44b #90-34 Sala REC – Cra. 82 #47-118 Comuna 13, San Javier: Parque Biblioteca de San Javier: Calle 42C #95-50 Comuna 14, El Poblado: Biblioteca Pública de El Poblado: Calle 3B sur #29B-56 Smart Fit y local Trendy – Centro Comercial el Tesoro: Carrera 25A #1A Sur-45 Comuna 15, Guayabal: Calle 7 Sur #51A-02 (En colaboración con Juan Duque) Comuna 16, Belén: Local Trendy – Centro Comercial Arkadia: Carrera 70 #1-141 Parque Biblioteca de Belén: Carrera 76 #18A-19 Bello: Al lado del Centro Comercial Parque Fabricato, unidad Oceana: Calle 39 #52-95 Smart Fit – Centro Comercial Puerta del Norte: Diagonal 55 #34-67 Copacabana: Institución educativa La Trinidad – Calle 41 #78-40 Complejo Educativo – Cra 50 #50A-59 Sabaneta: Smart Fit – Centro Comercial Mayorca – Calle 51 Sur #48-57 Envigado: Smart Fit – Centro Comercial Viva Envigado – Carrera 48 #32B Sur-139 Entre otras iniciativas, Compás Urbano creó un mapa en Google Maps con más de 130 sitios (al momento de publicación del informe) en los que reciben ayuda y donaciones: Accede al mapa aquí. Es importante verificar que el lugar al que vayas a donar sea confiable y confirmar qué tipo de donaciones está recibiendo. Si no tienes puntos de acopio cerca, Didi y Uber están ofreciendo viajes gratuitos de ida y regreso hacia la Fundación Saciar (Carrera 50 #25-261) o el Banco Arquidiocesano de Alimentos (Carrera 52 #30A 97). En Uber, el usuario debe dirigirse al apartado de “cuenta”, luego a “billetera” y escribir el código “MEDELLINAYUDA” en el espacio “agregar código promo”. La promoción también aplica en Bogotá y
Asamblea General de Estudiantes de la UdeA discutió sobre rectoría, inspección y denuncias de amenazas

Después de tres meses, el Teatro Camilo Torres volvió a ser el escenario de una Asamblea General de Estudiantes. Entre los temas abordados en el espacio, que comenzó sobre las 11 a.m. del 23 de abril, estuvieron el proceso de designación rectoral, el estado actual de la inspección del Ministerio de Educación Nacional y las denuncias por amenazas contra los representantes estudiantiles. El jueves 23 de abril, en el Teatro Camilo Torres a medio llenar, el rector (e) Héctor Iván García presentó ante la Asamblea General de Estudiantes (AGE) un informe sobre su gestión en los tres meses que lleva en el cargo. Este espacio fue convocado por Melissa Olarte y Juan Manuel Muñoz, representantes estudiantiles ante el Consejo Superior Universitario (CSU), y el orden del día también incluyó la discusión en torno al proceso de designación rectoral convocado por el CSU, la crisis del Hospital Alma Máter de Antioquia (HAMA) y la situación de los venteros en Ciudad Universitaria. En su informe, García presentó un balance de su gestión, de los ejes en los que se ha centrado su encargo y de los requerimientos atendidos por el MEN, en el marco de las medidas de vigilancia en las que se encuentra la UdeA desde septiembre de 2025. También mencionó que aún no hay una fecha para la publicación de un informe definitivo sobre el diagnóstico de la inspección del Ministerio de Educación Nacional (MEN), y que su administración no tiene la intención de impulsar reformas de fondo a los estatutos de la Universidad. Durante la ronda de preguntas, el rector se refirió a la persistencia de dichas medidas y aclaró que, aunque han cumplido con todos los requerimientos de información solicitados por el MEN, aún no se ha definido una fecha para la publicación de un informe definitivo ni para levantar las medidas. También se refirió al proceso de designación rectoral y señaló que el nuevo rector o rectora que elija el CSU no asumiría el cargo hasta que el MEN decida reemplazar a la rectoría actual. Al respecto, la Resolución Superior 00007 de 2026 establece: «La persona designada como rector/a de la Universidad de Antioquia podrá iniciar su periodo estatutario y posesionarse como tal, una vez el Ministerio de Educación Nacional levante la medida de inspección y vigilancia especial de Rector reemplazante, que fue definida por dicho ministerio el 29 de diciembre de 2025». La representación estudiantil entre amenazas El lunes 20 de abril, en un comunicado público de representantes y líderes estudiantiles de las facultades de Medicina e Ingeniería, se denunciaron mensajes intimidatorios en contra de Melissa Olarte y Juan Manuel Muñoz, «en la antesala del proceso de designación de rector o rectora de nuestra Alma Mater». A estas denuncias se suman las amenazas y el atentado contra Carlos Mario Orrego, representante estudiantil del Instituto de Educación Física. Sobre estos hechos, Olarte señala que la intimidación ha sido «sin violencia física, pero sí discursiva. No sabemos si tiene relación con grupos armados, pero sí es una práctica que se está asumiendo frente a los escenarios de interlocución». Menciona que estas intimidaciones han sido una constante desde que asumieron la representación en septiembre de 2025, aunque se intensificaron a finales de enero. Agrega que se materializan en mensajes recibidos durante reuniones, que no han provenido de integrantes del CSU, sino de «distintas fuerzas políticas de la Universidad». Prefiere no individualizar y busca «develar una práctica de intimidación en el discurso político”. Por medio de una carta abierta leída en la asamblea del 23 de abril, los representantes mencionaron que en algún momento les advirtieron que «bajarlos de la representación es muy fácil en la asamblea”; y que una vez, en el campus, alguien se acercó al hijo de Olarte para decirle: «Dígale a su mamá que estamos pendientes, que tenga cuidado con el voto». La carta también recogió las amenazas hacia Carlos «Forrest» Orrego, quien el 16 de abril, en un video publicado en Cofradía para el cambio, hizo la denuncia pública. Orrego habló con De la Urbe y explicó que «hemos estado haciendo denuncias en el instituto, precisamente sobre las formas de gobierno que tenía la dirección anterior [Francisco Gutiérrez] y las formas de hacer política de la nueva directora del instituto [Sandra Pulido]». Por otro lado, Orrego cuenta que ha recibido amenazas desde hace casi cinco años, cuando comenzaron con la llamada del «‘comandante John’ de las Autodefensas Gaitanistas». Desde entonces ha encontrado notas en su moto, y en septiembre de 2025, cuando se dirigía a su casa desde la Universidad, en un semáforo cerca del puente de la Madre Laura, «me alcanzaron los chinos. Sacaron el arma, la trataron de accionar o la accionaron, pero no les funcionó». Hoy, Orrego asiste a clases dirigidas o virtuales tras llegar a acuerdos con sus profesores, y se encuentra bajo la ruta de atención de amenazas de la Dirección de Bienestar Universitario. El rector también se refirió a la situación: «Una vez nos enteramos de las amenazas que han tenido los representantes estudiantiles, nos reunimos con ellos, con los tres, y tratamos de conocer a profundidad cuál es la situación real». El 17 de abril, la rectoría publicó un comunicado rechazando estos hechos; además, tras su intervención en la asamblea, García aclaró: «Hemos iniciado acciones para la protección y la seguridad de estas personas que, por supuesto, por el carácter que tienen, no podemos divulgarlas». Los cuestionamientos por la inspección y el proceso de designación rectoral De momento no hay una fecha definida para la publicación de un informe con los hallazgos de la inspección del MEN. María Isabel Duque, representante profesoral principal ante el CSU, dijo que «en estos momentos no conocemos el informe de la inspectora y no conocemos qué información entregó la Universidad, y si con esa información se va a levantar la medida del rector reemplazante». Agregó que «le hemos pedido al rector que nos entregue la información que le entregó al Ministerio y dice que hasta que el Ministerio no la
El consumo de sustancias, en el centro de los debates de convivencia en la UdeA para 2026

El consumo de algunas sustancias psicoactivas en espacios compartidos dentro del campus es motivo de inconformidad en estudiantes, docentes y personal administrativo. Ante ello, la Dirección de Bienestar Universitario propone crear zonas específicas y establecer límites frente a los espacios donde se consume**. Los pasillos y mesas son los lugares donde más se perciben los efectos del humo y los olores. Foto: Ronaldo Kury. El consumo de sustancias psicoactivas en la Universidad de Antioquia sigue siendo uno de los temas clave cuando se habla de convivencia. Aunque se han implementado proyectos institucionales para tratar la situación y fomentar el respeto en las mesas, pasillos y otras áreas compartidas, muchos integrantes de la comunidad universitaria se sienten afectados por los efectos del humo y de los olores en los espacios comunes. Una de las zonas con más dificultades de convivencia relacionadas con el consumo es la «Ele» que conforman los bloques 9, 12, 13 y 14. Una de las unidades académicas ubicadas allí es la Facultad de Comunicaciones y Filología (FCF), donde estudiantes, profesores y trabajadores han reportado afectaciones en sus actividades diarias de forma recurrente. Natalia Restrepo Saldarriaga, profesora de la FCF, dice que esta problemática ha impactado directamente su trabajo: «Mi oficina se llena de olor, a veces incluso de humo, y eso me da migraña, inapetencia, no me permite concentrarme. Entonces no puedo trabajar, tener reuniones, atender estudiantes ni almorzar en la oficina». Restrepo, quien lleva dos años en la universidad, aseguró que la situación ha empeorado con el tiempo, «cuando llegué ya se sentía, pero no en este nivel. Ha ido aumentando de manera paulatina, pero muy veloz, y cada vez está peor». La docente reportó el problema al área de Seguridad y Salud en el Trabajo de la Universidad, pero no ha recibido una solución. «Nos visitaron una vez y tomaron fotos. Dijeron que me harían exámenes médicos para saber si el humo había hecho alguna afectación en mi cuerpo, pero no me volvieron a contactar», concluyó. Isabella Navarrete, estudiante de Periodismo de la Universidad, sufre de rinitis, una condición respiratoria que se agrava con la exposición al humo y a algunos olores. Esto le dificulta permanecer en algunos espacios de la universidad donde se realizan consumos de marihuana, cigarrillo y otras sustancias. «Siempre me debo ir», comenta, y explica que estas situaciones interrumpen sus momentos de estudio y concentración en los pasillos y otros lugares de la universidad. Pasillo del bloque 12 de la Universidad de Antioquia, un lugar afectado por la problemática. Foto: Ronaldo Kury. Respecto a esta situación, la decana de la FCF, Olga Vallejo Murcia, manifestó que el consumo en los alrededores del bloque 12, donde queda la Facultad, «está causando muchísima interferencia en el desarrollo y cumplimiento de la misión» de esta unidad académica. Según explicó, el humo proveniente del consumo de marihuana en los alrededores del bloque ha obligado a suspender sesiones de atención psicológica en la oficina de Bienestar de la Facultad, ubicada en el segundo piso y en la parte trasera del bloque, debido a que «nadie quiere tener una terapia en medio de una humareda». La decana agregó que varios profesores han optado por ausentarse de sus oficinas debido al humo de marihuana. «Es imposible estar cuatro o cinco horas de trabajo en esas condiciones», aseguró Vallejo. Además señaló que esta situación le ha generado una «gran impotencia» como administradora de la Facultad, ya que a pesar de los intentos de diálogo y sensibilización, «parece que no hay una solución». María Fernanda Barreto, coordinadora de proyectos de la Dirección de Bienestar, señala que la estrategia institucional ante esta problemática no es punitiva y que, al contrario, busca promover una línea pedagógica: «La dirección de Bienestar lo que busca es que, a través del diálogo y la conversación, podamos llegar a unos acuerdos mínimos de convivencia en lo que se refiere a este tema», explicó Barreto. La Dirección de Bienestar Universitario cuenta con dos proyectos para abordar estos asuntos, ambos del Plan de Acción Institucional de la Universidad (PAI): «Conciencia Colectiva», que se encarga de la convivencia y «Somos Comunidad», que se enfoca en el uso adecuado de los espacios. Uno de los enfoques de ambos programas es sensibilizar frente al consumo de sustancias psicoactivas dentro del campus. Como parte de los esfuerzos por disminuir el consumo en los espacios comunes, el pasado viernes 24 de octubre, la Dirección de Bienestar Universitario organizó una asamblea de venteros universitarios, en la que se acordó, entre otros puntos, limitar el consumo de sustancias en los lugares donde se ubican los puestos de venta. Sin embargo, el consumo también es habitual en otros sitios del campus donde no hay presencia de venteros. Extracto de los acuerdos alcanzados en la asamblea de venteros llevada a cabo el 24 de octubre del 2025. Barreto explicó que el cierre de la pista de atletismo por remodelación causó una dispersión de los consumidores por la universidad, pues al lado de está queda la zona conocida como «El Aeropuerto», sitio que históricamente ha concentrado el consumo. A pesar de que la pista fue reabierta en julio de este año, el consumo permanece en otras zonas de la Universidad. Según la decana Olga Vallejo, esto ocurre por «comodidad» de los consumidores, que prefieren seguir en otros lugares antes que desplazarse a la pista. Ante esto, Bienestar sigue buscando alternativas para manejar la situación. También explicó que, como uno de los objetivos del proyecto «Somos Comunidad», se realizará un Plan de Redistribución de los Espacios Comunes (PREC) con el cual «se está tratando de revisar cómo podemos llegar no solamente a unos acuerdos mínimos, sino también a establecer lugares para que estas prácticas puedan ser llevadas a cabo sin necesidad de afectar la misionalidad universitaria«. La pista atlética solía ser el punto de concentración del consumo, pero ahora se ha dispersado por todo el campus | FOTO: UdeA web. Estas zonas se establecerían con el objetivo de que Bienestar Universitario pueda realizar intervenciones con el Programa Educativo
El rebusque del cine en Medellín

Hace 100 años se estrenó la primera película grabada y producida en Antioquia. Hoy, los esfuerzos por contar historias por medio del cine son más grandes que nunca, además de enfrentar los desafíos de un contexto en el que el cine colombiano todavía es subestimado. Fotogramas de Rodrigo D. No futuro (1990), La vendedora de rosas (1998), Bajo el cielo antioqueño (1925) y María Cano (1990), “clásicos” del cine antioqueño. Collage: Cristian Dávila Rojas. Cuando llegó a Medellín el primer cinematógrafo, en 1899, los habitantes de la villa que empezaba a tornarse en ciudad llenaron el teatro Gallera (posteriormente teatro Bolívar), un recinto situado a 200 metros del parque Berrío y con capacidad para 1000 espectadores. El espectáculo estuvo dividido en dos partes, cada una con exhibición de 10 cortos diferentes que mostraban secuencias de la vida en las grandes ciudades europeas: las corridas de toros, los carnavales de Niza, los trenes, los transeúntes, los bailes y las situaciones cómicas. Pero no fue sino hasta 1925 que se estrenó en la ciudad un largometraje hecho enteramente entre las montañas del Valle de Aburrá. Bajo el cielo antioqueño fue una de las primeras cinco producciones cinematográficas hechas en Colombia. Escrita y producida por el magnate de la aviación Gonzalo Mejía y dirigida por Arturo Acevedo Vallarino es una película que, llena de clichés y dramatismo, cuenta la historia de Lina, una adolescente burguesa que escapa de casa con su novio para contrariar a su padre. Se realizó como un mero entretenimiento para los ricos de la época, pero logró marcar un antes y un después para que en nuestras mentes se empezaran a gestar historias por medio de imágenes. La búsqueda por definir una expresión propia en el cine ha atravesado un camino complicado. Incluso hoy es difícil hablar de un cine local, ya que generalmente las producciones son hechas en medio de un ecosistema fílmico que tiene participantes distribuidos en todo el país y fuera de él. Sin embargo, el cine se ha consolidado como una manifestación cultural de gran importancia para Medellín y sus habitantes, con historias que han trascendido la cordillera y recorrido el mundo. Películas como Rodrigo D. No futuro (1990), La vendedora de rosas (1998), Los nadie (2016) y Los reyes del mundo (2022) así lo demuestran. Un siglo después de aquella lejana primera incursión en el cine, el panorama fílmico de Medellín es irreconocible. En 2024 se estrenaron 74 largometrajes colombianos, 85 % más respecto al promedio entre 2014 y 2019. De esos 74, ocho fueron realizados por cineastas antioqueños. Sin embargo, el milagro no ha sido tan fácil como contarlo. Hacer cine en Colombia y en Medellín es embarcarse en una gesta de magnitudes homéricas que puede tardar años en llegar a buen puerto (en caso de sobrevivir al intento). “Bueno, entonces empiezo haciendo un corto”. Pues no es tan fácil, ni tan rápido, ni tan barato. Irati Dojura, comunicadora audiovisual y multimedial de la Universidad de Antioquia, estrenó en febrero de este año su cortometraje Akababuru: expresión de asombro en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Los 13 minutos que dura el corto condensan cinco años de su trabajo y vida. “Ahorita la pregunta que más me hacen es: ‘Bueno, ya hiciste el corto, ¿y el largo?’. Y yo: ‘Virgen Santísima, el largo’. Y dicen que hacerlo es el doble de años, así que, caramba”, comenta entre la risa y la preocupación. “Ahorita la pregunta que más me hacen es: ‘Bueno, ya hiciste el corto, ¿y el largo?’. Y yo: ‘Virgen Santísima, el largo’. Y dicen que hacerlo es el doble de años, así que, caramba”. Irati Doruja Pero el tiempo para producir contenido audiovisual de calidad en condiciones como las de Medellín no está grabado en piedra. Julio César Gaviria, director y productor que ha participado en la realización de 15 películas grabadas en Colombia, estrenó Uno, su primer largometraje como director, en noviembre de 2024. “Las películas tienen una vida propia, ellas nacen y son las que deciden cuándo salen a la luz y cuándo se mueren. Nosotros salimos a buscar acuerdos de financiación desde el 2020, o sea, en pandemia. La película se filmó en septiembre del 2023, en posproducción fueron más o menos ocho meses de trabajo y luego cuatro meses más entre la preparación y toda la etapa de promoción”. El total: cuatro años y medio. Sin embargo, estos años se cuentan desde cuando tenía un guion terminado para buscar acuerdos de financiación, por lo que el tiempo es, en realidad, más largo. ¿Qué tanto se hace en ese promedio de cinco años? Los obstáculos no faltan, las realizadoras y los realizadores audiovisuales de Medellín muchas veces deben obrar milagros en condiciones que distan de las óptimas para producir de una manera rápida y efectiva sin sacrificar la calidad de sus obras. Entre creación, financiación, producción, posproducción, distribución y exhibición hay cientos de batallas que se luchan todos los días, desde que nace la idea de hacer un filme hasta que este deja de proyectarse en cines (si llega a hacerlo). Conseguir la plata Hacer cine cuesta mucho dinero. Según un estudio financiero de Proimágenes Colombia, la entidad encargada de la administración de los principales estímulos en el país, el costo promedio de realización completa de un largometraje colombiano es de 2656 millones de pesos: 109 en la etapa de desarrollo, 254 en preproducción, 1069 en producción, 540 en posproducción y 684 millones en promoción. Para financiar una película hay tres posibles caminos a seguir: fondos públicos, inversionistas privados o una mezcla de ambos. El primer camino lleva a las convocatorias de estímulos. Aunque en el país han bajado los fondos públicos para el cine, y se han cerrado algunos como Crea Digital y el mercado de coproducción de RTVC y Señal Colombia, estos se han fortalecido en Medellín. Este año, la Comisión Fílmica de Medellín, encargada de fortalecer la industria audiovisual y cinematográfica local, cuenta con una bolsa histórica de 1500 millones de pesos destinados
Altavista bajo el agua: entre el lodo y la esperanza

La noche cayó como un manto oscuro sobre el corregimiento Altavista. A las 9:00 de la noche, la tormenta se desató con furia. La lluvia no paraba de caer y el ruido de las quebradas desbordadas retumbaba como un eco. Para Deyanira Murillo, líder comunitaria de la zona, no era la primera vez que enfrentaba la fuerza incontrolable de la naturaleza. Destrucción causada por la creciente en Altavista. Foto: Mario Yesid Banguera Hurtado. “¡Corran! ¡El agua se viene!”, gritó Deyanira mientras observaba el panorama de horror desde su ventana. En el mismo instante, el lodo comenzó a caer por las laderas de la montaña. Cubrió las casas, las calles, todo. Las familias corrían, no sabían a dónde, pero sabían que quedarse era una sentencia de muerte. A esa hora no quedaba tiempo para salvar nada más que a los suyos. El reloj marcaba las nueve de la noche cuando la quebrada Altavista, junto con otras cercanas como Potrerito y La Guayabala, rompieron su cauce y se tragaron todo a su paso. Casas, árboles y vehículos quedaron atrapados bajo el agua y el barro. El ruido de las aguas arrastrando todo era tan fuerte que parecía que el mismo suelo se desmoronaba bajo sus pies. En los primeros minutos de pánico, Deyanira intentó socorrer a los vecinos que aún no lograban escapar. El camino hacia su propia casa quedó completamente bloqueado. El barro ya cubría las vías de acceso y la oscuridad hizo el trabajo aún más difícil. “Recuerdo que cuando miré afuera, la quebrada ya estaba arriba de las casas. La gente gritaba y corría, algunos lograron llegar a las zonas altas, pero otros quedaron atrapados”, relató Deyanira. La tragedia cobró dos víctimas fatales esa noche: Yuliet (37 años) y José (13), madre e hijo. Otros miembros de la familia fueron evacuados de urgencia, pero las pérdidas materiales fueron devastadoras. La Alcaldía respondió rápidamente a la emergencia. “Esta es una de las tragedias más graves que hemos enfrentado. Sin embargo, tenemos que hacer todo lo posible por ayudar a quienes han perdido todo. El apoyo de la comunidad y las autoridades debe ser inmediato”, dijo el alcalde Federico Gutiérrez durante una rueda de prensa posterior a los hechos. Deyanira, a pesar del caos, no dejó de pensar en su comunidad. Después de asegurarse de que su familia estuviera a salvo, se unió a un grupo de voluntarios que comenzaron a recorrer las zonas más afectadas. “Había personas con heridas, otras no sabían qué hacer, sus casas estaban completamente destruidas. No había tiempo para pensar en nada más que en ayudar. En ese momento, solo éramos la comunidad”, afirmó con la voz entrecortada. “Recuerdo que cuando miré afuera, la quebrada ya estaba arriba de las casas. La gente gritaba y corría, algunos lograron llegar a las zonas altas, pero otros quedaron atrapados”, Deyanira, afectada por las inundaciones en Altavista Durante los días siguientes el municipio entregó kits de aseo, cobijas, mercados y colchones a las familias damnificadas; habilitó albergues temporales y prestó atención médica básica y psicológica. Además, el gobierno municipal destinó 32.000 millones de pesos para la limpieza de los cauces de las quebradas y la construcción de estructuras de contención y anunció planes de reubicación para las familias que lo perdieron todo. “Vinieron con kits de aseo, con ropa, con mercados. Nos ofrecieron albergues. Pero lo que necesitamos no son solo ayudas temporales. Necesitamos que nos escuchen, que trabajen en la prevención de estos desastres. El alcalde nos prometió más ayuda, pero necesitamos saber que vamos a tener un lugar seguro para vivir, y no solo por unos días”, explicó Deyanira. La solidaridad también llegó desde la ciudadanía. Voluntarios de distintas fundaciones y organizaciones sociales se hicieron presentes en Altavista para apoyar en la limpieza y distribución de las ayudas. Sin embargo, Deyanira no pudo evitar sentir que, como en otras ocasiones, todo quedaría en el olvido una vez pasara la emergencia. “Cada vez que pasa algo así, vienen a ayudarnos unos días, pero luego todo vuelve a ser igual. Nos prometen obras, nos prometen seguridad, pero seguimos en el mismo riesgo. La ayuda solo llega cuando todo se ha destruido, y después, el abandono”, comentó con pesar. Aunque el municipio de Medellín ha implementado algunas acciones para mitigar los riesgos en zonas vulnerables como Altavista, los habitantes insisten en que falta una verdadera planificación urbana que prevenga estas tragedias de raíz y que la gestión del riesgo no puede depender únicamente de la reacción ante la emergencia. A medida que los días pasaban, las aguas comenzaron a bajar, pero el lodo y los escombros dejaron una huella difícil de borrar. “Hoy, aún veo las casas destruidas y siento el miedo de que mañana vuelva a pasar lo mismo. Queremos estar tranquilos, queremos que nuestras familias estén seguras”, dijo Deyanira mientras caminaba por el barrio. En sus ojos brillaba la esperanza de que la ayuda no sea solo momentánea, sino que marque el inicio de un cambio real. Hoy, Altavista sigue luchando por levantarse. Las ayudas del municipio continúan y las promesas de nuevas obras de mitigación suenan en el aire. Sin embargo, habitantes como Deyanira saben que la reconstrucción de sus hogares es solo el primer paso. La verdadera recuperación pasará por una planificación integral y sostenible que proteja a las comunidades más vulnerables.
Medellín enfrenta las consecuencias de una temporada de lluvias que no termina

Hasta el momento, la temporada de lluvias en el Valle de Aburrá ha dejado diez personas fallecidas y miles de familias afectadas. En tres municipios se declaró calamidad pública buscando mitigar los efectos de la ola invernal. Acompañamiento de la Alcaldía de Medellín y el DAGRD en Altavista. Foto: Alcaldía de Medellín. En el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, las crisis por las fuertes lluvias llevaron a que en los municipios más afectados, Sabaneta, Itagüí y Medellín, declararan calamidad pública para la atención de las emergencias causadas por el mes más lluvioso registrado en los últimos 14 años. De momento, los efectos de esta ola invernal incluyen inundaciones, colapso del sistema de transporte público, deslizamientos, desbordamientos de quebradas y el fallecimiento de diez personas. El último informe de la Alcaldía de Medellín confirmó que el registro parcial de personas afectadas es de 1.886, integrantes de 592 familias. Además, el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres (DAGRD) ordenó la evacuación definitiva de 237 viviendas y otras 172 de manera temporal, principalmente en los corregimientos más afectados: San Antonio de Prado y Altavista. Según el alcalde Federico Gutiérrez, la declaración de calamidad pública permite tener más capacidad logística y presupuestal para la atención de la emergencia, que hasta el momento deja cuatro fallecidos en Medellín, dos de ellos en Altavista: Yulieth Arboleda López, de 37 años, y su hijo José Miguel Muñoz Arboleda, de 13 años, quienes fueron arrastrados por la corriente de la quebrada La Guayabala el martes 29 de abril. Además, el alcalde informó que entre el 4 y 5 de mayo fueron recuperados los cuerpos sin vida de dos personas habitantes de calle que estaban desaparecidos luego de las inundaciones del miércoles 30 de abril: Jhon Jairo Tamayo y Carlos Enrique Sánchez. Otras comunas se vieron afectadas por las lluvias el martes 6 de mayo: Popular, Manrique, Villa Hermosa, San Javier, El Poblado y San Cristóbal; todas con reportes de movimientos en masa y deslizamientos. En el barrio El Pesebre, en San Javier, dos personas resultaron con lesiones leves tras la caída de una roca sobre su casa, y en la Loma de los Balsos, en El Poblado, un derrumbe bloqueó la vía desde el restaurante Marmoleo hasta la avenida Las Palmas. Según José Luis Patiño, ingeniero hidráulico con énfasis en recursos hídricos, la crisis que atraviesa el Área Metropolitana es causada por varios factores: “primero, porque los sistemas de alcantarillado y canales de desagüe fueron diseñados para lluvias con ciertos periodos de retorno que son superados por las ocurrencias de eventos de lluvia extremos. El segundo es la urbanización: el crecimiento urbano ha impermeabilizado los suelos, lo cual intensifica la escorrentía superficial provocando inundaciones”. Además, para Patiño, la acumulación de basuras en las quebradas y desagües impide el flujo libre de las aguas y provoca su represamiento y desbordamiento. Por último, los picos de lluvia aumentan la presión en los suelos y provocan deslizamientos en los asentamientos en laderas inestables y zonas de alto riesgo. Acompañamiento de la Alcaldía de Medellín y el DAGRD en Altavista. Foto: Alcaldía de Medellín. La gestión del riesgo y el desastre Desde el miércoles 29 de abril, la Alcaldía, a través del DAGRD, está en el sector La mano de Dios, en Altavista, extrayendo desechos de las quebradas. El alcalde Gutiérrez declaró que “las quebradas no son botaderos de basura, no puede ser que sigamos encontrando colchones, bicicletas y electrodomésticos. Eso hace que la situación se agrave”. En marzo de este año, el Ideam presentó un modelo probabilístico en el que ya se había estimado que las precipitaciones estarían por encima de lo normal entre abril y mayo en gran parte de las regiones Andina, Caribe y Orinoquía, y de acuerdo con las predicciones, el incremento en los niveles de lluvia en mayo podría estar un 20% por encima del promedio. Por su parte, el Siata informó que abril de 2025 fue el mes más lluvioso en 14 años: llovió 28 de 30 días y en una sola jornada, el 28 de abril, llovió más que en todo febrero. Estos informes activan las alertas porque, según el ingeniero Patiño, “Medellín no está preparada para eventos de precipitación extrema. Se debe hacer un manejo integral de todo el territorio y preparar a la ciudad ante estos eventos de lluvia, ya que con los efectos del cambio climático cada vez se intensifican más”. En abril también se activaron 61 veces las alarmas en los Sistemas de Alerta Temprana Comunitarios SATC, que es la misma cantidad de activaciones realizadas durante todo el 2024. Además, el Siata señala que de las 47 quebradas del Valle de Aburrá que se encuentran monitoreadas, 36 alcanzaron el nivel rojo de riesgo, es decir, la mayor inundación. “Medellín no está preparada para eventos de precipitación extrema. Se debe hacer un manejo integral de todo el territorio y preparar a la ciudad ante estos eventos de lluvia, ya que con los efectos del cambio climático cada vez se intensifican más”. José Luis Patiño, ingeniero hidráulico con énfasis en recursos hídricos Según Esteban Jaramillo, subsecretario de recursos naturales de la Secretaría de Medio Ambiente de Medellín, la entidad se apoya en la declaratoria de calamidad pública y el plan de acción que la ley exige una vez se toma esta medida. Para esto, la Secretaría cuenta con dos ejes de trabajo: el primero, busca reducir los riesgos asociados a quebradas, avenidas torrenciales y desbordamientos, además dispone de un grupo de obreros que atienden las emergencias en los cuerpos hídricos de la ciudad; el segundo, es respecto al componente forestal, es decir, desplome de árboles, taponamiento de quebradas por material vegetal, cuadrillas de tala, poda y reforestación con miras a brindar solución a las problemáticas. La crisis por las lluvias también dejó efectos en Itagüí en la madrugada del lunes 5 de mayo. La Alcaldía confirmó en redes sociales el fallecimiento de una persona y el traslado de un herido a un centro asistencial. A esto se suman los
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