La tierra que ya se estremecía antes del temblor

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20 agosto, 2026
Por: Gisele Tobón Arcila | gisele.tobon@udea.edu.co
El sismo del 10 de agosto en Colombia afectó a quince departamentos pero devastó a cinco: Chocó, Quindío, Cauca, Risaralda y Valle del Cauca. La cercanía al epicentro determina quiénes son los más golpeados por la naturaleza, pero las condiciones económicas y estructurales cuestionan quiénes pueden tener las herramientas adecuadas para levantarse.
La tierra ya se estremecía antes del temblor

“No sé qué pasa en Chocó, para serle franco”, dijo el Ministro del Interior Rodrigo Lara cuando Caracol lo entrevistó el 11 de agosto, un día después de que un terremoto de magnitud 7,4 afectara a 120 671 familias y a 185 996 personas en Colombia, según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).* El epicentro fue San José del Palmar, suroriente del Chocó; un territorio de bosques de niebla, selvas húmedas, cerros, animales como osos de anteojos o comadrejas, y habitado por aproximadamente 5800 personas. Para atender la emergencia de cada uno de esos pobladores y el municipio, la UNGRD tenía destinado un fondo de 32 millones de pesos, unos 10 mil dólares. 

San José del Palmar es uno de los 31 municipios que conforman el Chocó; tiene siete centros poblados. “Caldenses, antioqueños, vallunos, tolimenses cultivan nuestras tierras”, recita el himno del municipio, haciendo referencia a los colonos que se asentaron en la región al final de los años treinta y cuya herencia permanece allí. Su alcalde, León Fabio Marín, del partido Conservador Colombiano, dijo en entrevista con medios de comunicación que son “un municipio demasiado pobre y donde los recursos son muy pocos (…); no tenemos cómo asumir esto, pero toca mirar”.

 

“El pueblo al que se llega cuando Dios permite el milagro”

Paulino Riascos, fundador del partido ADA (Alianza Democrática Amplia), participó en la construcción del Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026, “Colombia, Potencia Mundial de la Vida”, priorizando recursos para territorios históricamente olvidados, allí estaba incluido San José del Palmar, para el cual plantearon la necesidad de mejorar la vía de acceso. Tres días después del terremoto, Riascos compartió en Facebook que “hay pueblos que están lejos por la distancia y otros que están lejos porque el Estado los ha dejado demasiado tiempo al margen. San José del Palmar, en el departamento del Chocó, reúne las dos condiciones”. 

Luego, contó cómo fue su experiencia al visitar el municipio entre 2018 y 2023, lo complicado que es acceder a él y la importancia de priorizar inclusión y recursos para territorios “históricamente olvidados”. Así, tras nombrar el abandono estatal, el músculo productor de San José del Palmar y su irónico aislamiento, Riascos concluyó que no puede seguir siendo el pueblo al que se llega solo cuando Dios lo permite.

Para transportarse desde San José del Palmar a Quibdó —la capital del Chocó, que está a 93 km aproximadamente— primero hay que llegar a Cartago, que queda en el Valle del Cauca. Luego, hay que irse hasta otro departamento, Risaralda, para así pasar por Pereira, Pueblo Rico y Apía. Y solo entonces, volver al Chocó. Hacer el viaje de regreso hasta San José del Palmar es igual de complicado, y el desastre natural empeoró la situación: se necesitaron tres días de intervención del Instituto Nacional de Vías —Invías— para habilitar el paso a un carril mientras recuperan la totalidad del corredor que es predominantemente destapado.

En San José del Palmar no hubo víctimas mortales. En el resto del Chocó sí: trece personas fallecidas, y también afectaciones en 29 de los 31 municipios del departamento. Además, según la Gobernación del Chocó, hay más de 43 000 vidas afectadas. Todo eso acompañado de un subregistro de víctimas, debido a la falta de conectividad derivada del temblor y de las precarizaciones propias que el departamento acarrea hace años.

 

La solidaridad y el poder de la comunidad: los cimientos del Chocó

Acurrucados en un solar, mientras la tierra se sacudía, los miembros de una familia intentaban sobrellevar la idea de que la tierra se iba a abrir en dos. Jhonmer Hinestroza Ramírez abrazaba a su pareja, a su sobrina y a su perro con la intención de protegerles del terremoto que azotaba a Quibdó. La casa de una planta, en el barrio Montebello, resistió, con solo un par de grietas como cicatrices del desastre, a diferencia de otras viviendas y escuelas del municipio que se derrumbaron tras la sacudida.

Así fue en la escuela de los dos hijos de Jhonmer, en la que hubo paredes que se desplomaron y algunos niños resultaron con golpes; sus hijos estaban ilesos -–físicamente—. Allí llegó la pareja chocoana tras atravesar escombros, edificios desplomados y personas enterradas. “Los organismos de socorro no estaban tan preparados para esa situación, no había la cantidad de personas para eso”, cuenta al recordar el caos que se apoderó de su municipio. 

Sin embargo, entre el desespero, algo avivó su esperanza: un joven habitante de calle logró meterse entre los destrozos para intentar proteger a las personas que habían quedado atrapadas. “Muestra que en medio de todo conservamos la humanidad”, dice y luego recuerda que “mucha gente estaba muy dispuesta, la gente trataba de solidarizarse y acompañarse. En este caso, yo creo que es lo que está sucediendo: de una u otra manera la gente está acompañando en comunión”.

Jhonmer lleva más o menos quince años dedicándose a promover literatura indígena y chocoana en el departamento. Lidera la corporación Cuenta Chocó – Rogerio Velásquez Murillo, que desarrolla un festival de literatura afro-indígena cada año. También es dueño de la librería Bagatá, la única formal en Quibdó. Es Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Pontificia Bolivariana, con sede en Medellín, e investigador y profesor de la Universidad Tecnológica del Chocó, en Quibdó, que sufrió afectaciones estructurales debidas al terremoto.

Esas afectaciones repercutieron en el estado emocional de Jhonmer. “Yo no sabía si llorar o gritar. Fue muy triste porque no ha sido una institución construida por el Estado de forma definitiva. Ha sido con paros, hay bloques que se han construido por una protesta; ha sido construida sobre la resistencia y la lucha. El Estado no ha sido garante de derechos mínimos sino ausente”, dice mientras hace gestos de frustración y al mismo tiempo mueve la mano, reforzando lo que pronuncia.

Además, explica que la UTCH viene de atravesar dos años de crisis económicas y luchas de poder interno, lo que tuvo como consecuencia que el año pasado casi no se diera clase. Para el momento del terremoto, estaban terminando el semestre 2025-2. “Y ahora nos quedamos sin universidad en términos físicos. ¿Entonces ahora cómo vamos a hacer? La gran mayoría de instituciones educativas quedaron afectadas. Y la conectividad está malísima”, afirma y la conversación lo evidencia: cada tanto es interrumpido por sonidos intermitentes cuando la llamada pierde conexión; su cara es arrebatada por píxeles distorsionados.

Cuatro días después del terremoto, el 14 de agosto, el ministro Rodrigo Lara anunció gestiones para implementar un esquema de educación virtual en el Chocó: planea tramitar con operadores de telefonía como Tigo y Claro la provisión de tabletas y planes de datos destinados a las y los estudiantes. Ante esa situación, Jhonmer invita a imaginar a una niña o a un niño en un albergue recibiendo clase. O a las y los docentes que se quedaron sin casa enseñando. “Si en pandemia tenían su casa y no tenían conectividad, ahora no tener casa ni conectividad, y aún así les toca cumplir una labor”, dice y añade que por las afectaciones emocionales en vez de tener clases, deberían disponer de un espacio de acompañamiento.

 

Cartografía social del temblor

El terremoto afectó a quince departamentos, pero la mayor devastación ocurrió en Chocó, Quindío, Cauca, Risaralda y Valle del Cauca. De esos cinco, Chocó es el más pobre con diferencia. Según el indicador de pobreza multidimensional del DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), el departamento registra un 30,8% de incidencia. Le siguen Cauca con 13%, Quindío con 6,7% y finalmente Risaralda y Valle del Cauca con 4,9%. Eso quiere decir que la pobreza multidimensional de Chocó es más del doble que la de Cauca y casi cinco veces la de Quindío

“Cuando pensamos en términos de necesidades básicas insatisfechas, ocupamos los niveles más altos en el país, lo cual nos pone en desventaja para afrontar los problemas”, cuenta Jhonmer Hinestroza al recordar el momento del terremoto y desvía la mirada, como buscando las palabras. “Los indicadores sociales nos generan una incapacidad para responder. Sin embargo, uno podría pensar que esos mismos indicadores negativos en algunas situaciones pueden ser positivos, porque el hecho de no tener muchos edificios hizo también que muchas personas no quedaran tan expuestas”, explica el profesor e investigador de la UTCH.

Aún así, el “beneficio” por la falta de infraestructura —carreteras, sobre todo— en Chocó también perjudicó de otras maneras. La falta de accesibilidad a veredas o sectores alejados recortó la ayuda los primeros días. “Como no hay vías, se limita la posibilidad de socorro. No hay forma de moverse rápido en caso de una emergencia” dice Jhonmer dando vueltas con las manos para acentuar la rapidez. Además, en el departamento no había una preparación de socorro suficiente: “Nosotros estamos ubicados en una zona sísmica pero no hay un protocolo. No hay preparación para la ciudadanía”.

La pobreza multidimensional, medida en indicadores, no es el único factor que diferencia al Chocó de los otros departamentos más afectados. De los cinco es el que más barreras tiene para acceder a servicios de salud, con un 4,9% de hogares que han presentado esa dificultad. “La gran mayoría de pacientes del Chocó deben salir del departamento a citas especializadas. No tenemos hospitales en condiciones dignas para atender una emergencia. Entonces cuando nos enfrentamos a una, quedamos al desnudo”, menciona desde la librería Bagatá.

Además, en Chocó, —según el DANE— el analfabetismo es de 19% mientras que en los demás ninguno supera el 10%: si cada departamento tuviera 100 habitantes, en Chocó 19 no sabrían leer ni escribir. Jhonmer cuenta que “en los últimos años se venía avanzando mucho en infraestructura educativa y el terremoto afectó esa infraestructura. Es decir que todos estos últimos años de esfuerzo e inversión los perdimos y no se sabe cuándo se pueda recuperar eso”.

La preocupación por los colegios y universidades también la expresó el Ministro del Interior, pero desde otra perspectiva: “Lo que más me ha dolido, más que los fallecidos y heridos, es la destrucción de los colegios; el problema es que reconstruir esos colegios toma tiempo”, pronunció Lara en una rueda de prensa ante varios medios. En contraste, Jhonmer Hinestroza dice que “hoy la gente no está pensando en otra cosa que no sea tener hogar y alimentación. No sé qué tanto la institucionalidad va a entender a la gente. A la gente no le interesa una escuela”, al menos en este momento. 

El impacto de un desastre natural no ocurre sobre territorios iguales: las condiciones de pobreza, población, vivienda y servicios públicos son distintas en cada uno, y pueden determinar de manera distinta la capacidad de cada comunidad para enfrentar una emergencia y recuperarse de las pérdidas y los daños. 

Para visualizar esas condiciones sociales y culturales de los cinco departamentos más afectados por el sismo, De la Urbe realizó una cartografía que ubica la pobreza multidimensional, los asuntos sociodemográficos y asociados a la población, la vivienda y el acceso a servicios públicos. Los datos utilizados describen condiciones sociales preexistentes; no establecen relaciones de causalidad entre estas condiciones y el impacto del terremoto. Está disponible para ser explorada aquí:

Cómo leer el mapa: Los porcentajes representan la incidencia, cobertura o proporción de cada indicador y permiten comparar los cinco departamentos entre sí. Los datos en número de personas (población total, urbana y rural) son valores absolutos y deben leerse considerando el tamaño poblacional de cada departamento. En los indicadores de cobertura, un porcentaje más alto es mejor cobertura; en los de déficit, carencia o incidencia, un porcentaje más alto es mayor problemática.

 

¿Cómo mirar hacia el futuro?

Cinco días después del temblor, la gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba Curi, pronunció ante Caracol Radio que articulada con el Gobierno va a estructurar la creación de un escenario con un “gerente” para agilizar y mediar las gestiones de la reconstrucción. Además, el mandato de De la Espriella propone establecer un subsidio de arriendo para aliviar las dificultades económicas de las personas afectadas, ante lo cual la gobernadora precisó la necesidad de “un estudio de mercado para que conozcan verdaderamente cuál es la media de precios de Quibdó y la diferencia con relación a otras ciudades del país; que no lo homogenicen, porque probablemente eso pueda generar una situación difícil para las familias”.

Jhonmer Hinestroza, dueño de la librería Bagatá, por otro lado, mantiene su esperanza en la gente antes que en el Estado. Cree en el poder colectivo, la solidaridad humana y la capacidad resolutiva del pueblo. “El problema es que Chocó ha esperado tanto del Estado, que esperar algo hoy del Estado es muy difícil. Y si lo esperamos posiblemente nunca llegue más. Ojalá que al menos cumpla reconstruyendo la infraestructura educativa. La idea de la gobernadora me parece buena; construir un banco de materiales creo que es una buena idea”, dice y encoge los hombros. 

El presidente Abelardo de la Espriella propuso un “Plan Marshall” para saldar las deudas históricas con el departamento del Chocó. Ese plan imita una estrategia implementada por Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial para contribuir a la recuperación de Europa occidental, que destinaba recursos a reactivar economías y recuperar la capacidad productiva y comercial. Ante la propuesta, Jhonmer dice que el mandatario aún no ha precisado ni detallado en qué va a consistir su plan, al igual que la gerencia especial que cree que “no soluciona algún problema elemental”, porque en Chocó ya han existido otras gerencias en años anteriores.

“En gran manera, la gente seguirá ideando para sostener a la comunidad y solucionar sus problemas. Podrá haber alguna intervención del Estado, pero normalmente es lento. Yo creo más en el poder colectivo de la gente; y también hay que celebrar que la gente en todo el país está muy interesada en ayudar al Chocó. Ya han llegado un montón de ayudas. Y creo que también esa solidaridad humana y del pueblo ha sido lo más fuerte. El pueblo está resolviendo los problemas ahora que el gobierno no sabe qué hacer”.

Nota metodológica del mapa:

Este mapa muestra una selección de los indicadores del reportaje completo, elegida para facilitar la navegación en Flourish. En pobreza multidimensional se priorizaron el índice general y las privaciones con mayor variación entre los cinco departamentos; en demografía, el volumen poblacional y la composición étnica; en vivienda, el déficit habitacional total y toda la cobertura de servicios públicos disponible. El resto de los indicadores analizados —incluidas todas las demás privaciones del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), la estructura por edad, el déficit desagregado y la brecha urbano-rural de servicios— están disponibles en las bases de datos originales del DANE y TerriData del Departamento Nacional de Planeación.

Los indicadores corresponden a diferentes años según la disponibilidad de cada fuente: los datos de pobreza multidimensional corresponden al IPM departamental 2025, recogido por el DANE; la población corresponde a proyecciones del DANE para 2025, con base en el censo del 2018; la cobertura de acueducto, alcantarillado y aseo corresponde al Registro Único de Usuarios (REC), 2023-2024; y la cobertura de gas natural e internet corresponde al censo 2018, debido a que no existe una versión más reciente en las fuentes consultadas. No se incluyó densidad poblacional, ya que las fuentes no contienen el área departamental necesaria para calcularla. Se excluyeron los indicadores de migración venezolana (según Sisbén), por no estar involucrados en el tema de este reportaje periodístico, y la pirámide poblacional quinquenal completa, por su nivel de granularidad. Los datos describen condiciones sociales preexistentes al sismo; no establecen relaciones de causalidad entre estas condiciones y su impacto.

Cómo leer los valores

Los indicadores expresados como porcentajes representan la incidencia, cobertura o proporción correspondiente en cada departamento y permiten comparar la magnitud relativa de los fenómenos entre sí. Los datos expresados en número de personas (población total, urbana y rural) corresponden a valores absolutos y deben interpretarse teniendo en cuenta el tamaño poblacional de cada departamento. En los indicadores de cobertura, un porcentaje más alto representa una mayor cobertura; en los indicadores de déficit, carencia o incidencia, un porcentaje más alto representa una mayor presencia de la problemática.

Fuentes para el mapa: 

DANE – Anexo del Índice de Pobreza Multidimensional departamental 2025. 

DANE – Proyecciones de población con base en el censo 2018 (elaboración DNP y TerriData). 

DANE – Marco Geoestadístico Nacional 2018. División político-administrativa.

DNP  – TerriData, con datos del Registro Único de Usuarios (REC) y del Censo Nacional de Población y Vivienda 2018. 

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