La artista del infinito, Yayoi Kusama, una de las más reconocidas del arte contemporáneo, murió el 14 de agosto a los 97 años. El fallecimiento fue dado a conocer el 27 de agosto por el Museo Yayoi Kusama de Tokio. Sus obras estuvieron marcadas por una estética de lunares infinitos e instalaciones que llevaron sus obsesiones a nuevas formas de inmersión artística.
Nació en 1929, en Matsumoto, Japón, y creció en una casa conservadora, donde la obediencia era más importante que la imaginación, y el arte era visto como una distracción impropia de una mujer. Por eso mismo, su madre fue un gran obstáculo en su camino artístico; le rompía los dibujos que hacía y esperaba de ella que aprendiera el rol tradicional de la mujer: casarse, servir y desaparecer dentro de la estructura familiar.
Kusama veía el mundo de otra manera… Desde niña empezó a tener alucinaciones visuales y auditivas, hablaba de campos infinitos de lunares, flores que se multiplicaban y superficies que se expandían hasta devorar el espacio. Hubo quienes empezaron a tratar esta particularidad como una enfermedad, pero ella la transformó en su lenguaje artístico, convirtiendo el caos mental en algo visible para los demás.
En el Japón de la posguerra, el arte estaba profundamente dominado por el hombre, y las estructuras tradicionales dejaban poco espacio para que las mujeres experimentaran en sus manifestaciones; y esto fue lo que llevó a Kusama a mudarse a Nueva York en 1958. A esta ciudad llegó con dos cartas de contacto y una obsesión artística que rozaba con la autodestrucción, pero también llegó a un sistema que prácticamente estaba diseñado para expulsarla, por el hecho de ser mujer, inmigrante y con problemas mentales. En ese momento, Jackson Pollock era celebrado como el genio salvaje, Willem de Kooning representaba la virilidad pictórica americana y Andy Warhol convertía el arte en un espectáculo.
En los años setenta, Yayoi Kusama empezó a producir una de sus obras más emblemáticas, sus Infinity Nets, enormes lienzos cubiertos con patrones obsesivos y repetitivos. Fue así como transformó la pintura en una experiencia hipnótica y casi infinita. Mientras los hombres eran celebrados en el expresionismo abstracto por las violencias gestuales de sus pinceladas, la artista construía superficies repetitivas que desafiaban el ego masculino tradicional del arte moderno, sin que esto significara que llegara a recibir entonces el mismo reconocimiento que los hombres.
Años después, críticos e historiadores del arte señalaron que artistas como Andy Warhol, Claes Oldenburg y Lucas Samaras habían plagiado ciertas estéticas de Yayoi, y ella acusó directamente a Warhol de copiar su trabajo y no darle reconocimiento, lo que la haría entrar en una profunda depresión.
También en los setenta, ella empezó a usar su propio cuerpo como herramienta política y artística. Organizó happenings callejeros, performances nudistas y protestas contra la guerra de Vietnam: cubría cuerpos con lunares y convertía los puntos en símbolos de disolución del ego y resistencia. La prensa en muchas ocasiones reducía estas acciones a excentricidades sexuales y espectáculos extravagantes.
Kusama entendía el funcionalismo mediático del arte contemporáneo y sabía que tenía que producir escándalos para sobrevivir en un sistema que invisibilizaba a las mujeres (y aún lo hace) y exotizar a las artistas asiáticas, mientras que hacía ver a los hombres como provocadores del intelecto.
Yayoi Kusama habló abiertamente sobre sus trastornos obsesivos, su ansiedad y sus tendencias suicidas, en una época en que la salud mental tenía más estigmas que ahora. Eso hizo que muchas personas explotaran su imagen, pero rara vez le ofrecían una estabilidad real, por lo que, agotada emocional y económicamente, decidiría regresar a Japón. Allí el destino tampoco fue alentador; el papel de las mujeres en la sociedad y el arte seguía estando tan relegado como lo había vivido en su niñez y adolescencia.
En 1977 se internó voluntariamente en un hospital psiquiátrico en Tokio, y vivió por décadas entre aquel lugar y un estudio pequeño a pocos pasos de allí, donde nunca dejó de hacer arte.
Solo en las últimas décadas, el mundo del arte empezó a reconocer la magnitud de su influencia, y al día de hoy, la obra de Yayoi Kusama es una de las más influyentes del mundo artístico.
Para conocer más sobre la vida y obra de Yayoi Kusama, te invito a visitar el sitio del Museo Yayoi Kusama (https://yayoikusamamuseum.jp/en/home/), donde podrás encontrar información sobre su vida, exposiciones pasadas, actuales y las actividades que realiza el museo ubicado en Tokio, Japón.
Si quieres saber más sobre su trayectoria artística, sus principales obras y el desarrollo de su trabajo a lo largo de los años, te recomiendo visitar el sitio de la Tate dedicado a la artista (https://www.tate.org.uk/art/artists/yayoi-kusama-8094/introduction-yayoi-kusama).
¿Eres una persona más visual? Te invito a ver el siguiente video para conocer más sobre la relación de Yayoi Kusama con el arte y la salud mental: “El arte de la locura” (https://youtu.be/4Jnc2-DkHm8?si=up_Ai1FlzMZDNko_).