En Colombia habitan cerca de 115 pueblos indígenas repartidos por las costas del Caribe y el Pacífico, en la Amazonia, las sabanas orinoquenses y en las áreas andinas. De acuerdo con proyecciones oficiales del DANE, para 2025 la población indígena se estimaba en 2,5 millones de personas, aproximadamente. Se estima que el 54,9% reside en 935 resguardos y el resto de la población se distribuye en centros urbanos y zonas rurales.
Fueron precisamente estas poblaciones, distribuidas en las zonas más apartadas de la geografía nacional, las que enfrentaron el rostro más silencioso de la emergencia. Momentos después del terremoto que sacudió a Colombia en la mañana del 10 de agosto la evidencia de la tragedia circuló rápidamente por redes sociales: fotos y videos de edificios que colapsaron en cuestión de segundos.
Los reportes de personas muertas, desaparecidas y heridas tampoco tardaron en llegar, y la cotidianidad de los colombianos se vio interrumpida ante el poder de la naturaleza, que golpeó sin aviso. Pero entre la gran cantidad de información que inundaba las redes hubo puntos muertos en el mapa, zonas de las que no se pudo saber nada sino hasta horas o incluso días después del sismo, justamente en lugares donde habitan algunas de estas comunidades indígenas y afrodescendientes de nuestro país.
Según el boletín #3 publicado en Instagram el 18 de agosto por la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), hay 1009 comunidades fuertemente afectadas, 233 453 personas indígenas expuestas al sismo y 2297 viviendas sufrieron daños. Además, reportan tres personas fallecidas, una persona desaparecida y 1488 heridos. Las mayores afectaciones se presentan en los pueblos Emberá y Wounaan del Chocó, los más cercanos al epicentro, pero también hay comunidades de Caldas, Risaralda, Tolima y Valle que presentan, sobre todo, daños en la infraestructura.
Irma Cabrera, representante de la organización Gobierno Ancestral del Chocó, señala que la atención se ha concentrado principalmente en las cabeceras municipales y algunos corregimientos, mientras que las ayudas no están llegando a todos los territorios indígenas y varias comunidades continúan sin recibir una respuesta.
A pesar de la conmoción, el pueblo colombiano se organizó con gran rapidez para rescatar a las personas que pudieran estar atrapadas entre los escombros y atender a los heridos. Pronto empezaron también las campañas de recolección de dinero, alimentos, material médico y de trabajo, tanto para atender las necesidades inmediatas como para cubrir lo básico de familias que lo perdieron todo.
Sin embargo, la ubicación y condiciones específicas de las comunidades indígenas, la falta de vías y las condiciones climáticas hacen que el acceso a los territorios sea complejo incluso en momentos de normalidad. Después del sismo, la dificultad para llegar a los resguardos afectados se profundizó, agravada además por la imposibilidad de establecer comunicación en zonas donde ni siquiera la señal telefónica puede abrirse paso.
Los impedimentos en la accesibilidad a los territorios indígenas no empezaron con el sismo, son más bien las réplicas de un desastre que los ha golpeado durante décadas: la desigualdad.
El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) publicó un informe preliminar en su página web el 14 de agosto en el que se evidencia una grave situación en la comunidad Emberá Dobida. Más de 214 familias fueron perjudicadas por el desastre y han tenido que refugiarse en las casas de familiares y amigos mientras permanecen a la espera de ayudas y recursos para reponerse.
En Facebook, el CRIC publicó un reporte en el que se registran 36 viviendas destruidas y 26 dañadas, además de afectaciones en instituciones educativas, una casa de primera infancia y un sitio sagrado. Hasta el momento el número de personas damnificadas es de 690 en Nuquí, 400 en Alto Baudó, 225 en Unión Panamericana y 113 en Medio Baudó para un total de 1428 personas en el Chocó.
Entre los municipios de Riosucio y Quinchía, en el departamento de Caldas, se encuentra el resguardo Escopetera y Pirza, el cual agrupa a 27 comunidades Emberá Chamí. Según un informe parcial publicado en Facebook por el Consejo Regional Indígena de Caldas (CRIDEC), este es el resguardo más afectado del departamento.
Aunque no registra muertos, heridos o desaparecidos, Luz Milady Fiscal, inspectora de policía, informa que hay 400 estudiantes que no están recibiendo clase ya que varios salones de la escuela Bonafont presentan daños. También hay una iglesia que necesitará reconstrucción a causa de los graves daños que sufrió, mismos por los cuales permanece en cierre preventivo. Afirma que han recibido apoyo de la administración municipal y que el martes 11 de agosto recibieron la visita del vicepresidente José Manuel Restrepo y de la Gobernación de Caldas, quienes evaluaron la situación en la comunidad. Sin embargo, según Luz Milady, la evaluación de la infraestructura avanza lentamente ya que el número de profesionales es reducido.
De acuerdo con el balance parcial proporcionado por el CRIDEC, para el 11 de agosto, se registraban 89 viviendas afectadas de las cuales 16 son de colapso total. Pero el boletín #3 de la ONIC actualizó la cifra de viviendas afectadas a 100.
También ubicado en Caldas, entre los municipios de Riosucio y Supía, el Resguardo Colonial Cañamomo y Lomaprieta es uno de los más antiguos de Colombia y uno de los que más daños sufrió por el sismo. El consejero de organización, Carlos Eduardo Gómez Restrepo, afirma que según el censo de 2025, el resguardo cuenta con 16 cabildos afiliados y 71 901 indígenas. Informa que las consejerías, junto a las autoridades del resguardo, se encuentran en el proceso de registrar los daños, principalmente en viviendas, sobre todo en los techos y algunas fisuras.
Carlos Eduardo cuenta que tienen conocimiento de una persona perteneciente al resguardo Cañamomo, comunidad de Miraflores, que falleció en Pereira y que están a la espera de localizar a personas desaparecidas en esa ciudad.
En Antioquia, se encuentra el Resguardo Indígena Karmata Rúa Cristianía, comunidad Emberá Chamí ubicado a 15 minutos del municipio Jardín. De acuerdo con Paula Andrea Tascón, secretaria de gobierno del cabildo, de las 623 familias que habitan en el resguardo, 40 fueron afectadas por el sismo y 10 perdieron sus casas.
No se registraron pérdidas humanas ni hubo heridos. Sin embargo, Alonso Tobón Tobón, quien lleva más de 50 años trabajando con las comunidades indígenas, afirma que es la comunidad más afectada del departamento.
Actualmente, el resguardo está recolectando donaciones de alimentos, elementos de cocina, kits de aseo y materiales de construcción para atender a las familias afectadas.
El balance de afectaciones de la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgo de Desastres (UNGRD), publicado el 20 de agosto con corte a las 6:30 de la mañana, contabiliza 319 personas fallecidas y 4506 heridas. No reporta cifras de personas desaparecidas. Además hay 31 461 viviendas destruidas y 164 492 viviendas afectadas. El informe es publicado en las redes sociales de la UNGRD y no presenta datos acerca de la distribución de las cifras en el territorio.
En medio de la tragedia que vive el país, destaca enormemente la unidad que ha expresado el pueblo colombiano y que se ha hecho sentir de todas las formas posibles: rescatando y cuidando a las personas atrapadas y heridas, usando las redes sociales para difundir masivamente la información sobre los territorios afectados y sus necesidades, organizando recolectas, haciendo donaciones y enviando toneladas de insumos a las comunidades. Así como ocurre en el Cabildo Indígena Cuenca Del Río Guabas, ubicado en el Valle del Cauca, donde se adelanta una recolecta de ayudas en el municipio de Ginebra para llevar a Cali, ciudad que enfrenta un panorama desgarrador. Hasta el 19 de agosto, el reporte oficial de fallecidos es de 143 personas.
El terremoto del 10 de agosto no hizo más que poner en evidencia la frágil situación en la que ya se encontraban los pueblos indígenas y que un fenómeno natural puede convertirse en una catástrofe, sobre todo en las regiones más apartadas, si no se cuenta con una planeación en infraestructura, transporte, salud y comunicaciones que sea efectiva y permita atender las emergencias de manera oportuna para evitar la pérdida de vidas.
Este reportaje se cerró con la información disponible hasta el 20 de agosto de 2026.