Lenta e incapaz: los cuestionamientos a la Ruta Violeta en la UdeA

Tiempos lentos de respuesta, poca capacidad, inexistencia de criterios de atención para las personas con mayor riesgo, inaplicación de medidas cautelares contra agresores de manera oportuna y falta de tipificación de las sanciones son algunas de las falencias por las que la Ruta Violeta está en el centro de las críticas en esta emergencia por Violencias Basadas en Género. Fotografía: Valentina Quintín “RUTA VIOLENTA”, se lee en una de las puertas del primer piso del Bloque Administrativo (16) de la Ciudad Universitaria de la UdeA. En todo el campus, y especialmente en las facultades que desde abril se han movilizado por las Violencias Basadas en Género (VBG), también se leen mensajes que piden soluciones frente a las situaciones violentas que afectan sobre todo a las mujeres de la comunidad universitaria. Esta emergencia tiene en asamblea permanente a algunas unidades académicas de la Universidad desde la Asamblea General de Estudiantes (AGE) del 22 de mayo. El señalamiento está dirigido a la Ruta Violeta, el mecanismo institucional creado en 2018 para atender y sancionar las VBG en la Universidad y que, ante las recientes denuncias de estudiantes y profesoras, es cuestionada por su incapacidad para garantizarles a las denunciantes derechos como la atención oportuna y su seguridad en el campus. Desde su creación, la Ruta Violeta se ha reestructurado y modificado como resultado de la movilización universitaria en contra de las VBG en 2022, así como también a exigencias normativas del Ministerio de Educación Nacional. “La primera ruta que tuvo la Universidad consistía en que Bienestar atendía a las personas, pero la única capacidad que teníamos en ese momento era ofrecerles un acompañamiento psicológico, lo jurídico era remitido a otra parte”, cuenta Liliana Marcela Ochoa, exdirectora de Bienestar Universitario y actual vicerrectora de Docencia. Los primeros casos se empezaron a investigar como faltas de respeto y, por supuesto, no es lo mismo sancionar una falta de respeto que una violencia de género Liliana Marcela Ochoa Además de la poca capacidad, Ochoa dice que para entonces (2018) las VBG no estaban tipificadas como faltas disciplinarias, “así que los primeros casos se empezaron a investigar como faltas de respeto y, por supuesto, no es lo mismo sancionar una falta de respeto que una violencia de género”. En octubre de 2022, tras el cese de actividades decidido por la AGE, el rector Jhon Jairo Arboleda firmó una serie de compromisos que llevaron a que el Consejo Superior Universitario tipificara las VBG y la violencia sexual como faltas disciplinarias. También creó el Equipo 3 de la Unidad de Asuntos Disciplinarios (UAD), con el fin de investigar y sancionar los actos de este tipo. Luego, en enero de 2023, la Rectoría adoptó el Protocolo para la prevención, atención y sanción de las violencias basadas en género y violencias sexuales, que formaliza la Ruta Violeta con dos componentes: atención integral e investigación-sanción. Pese a estos avances en las normas universitarias, el funcionamiento de la Ruta continúa siendo objeto de críticas: tiempos lentos de respuesta, poca capacidad de los equipos a cargo de sus componentes, inexistencia de criterios de atención para las personas con mayor riesgo y la no aplicación de medidas cautelares contra los agresores de manera oportuna, entre otras. Esto ha dado pie a una sensación de descontento, desprotección y desatención a las denunciantes. La (in)capacidad de la Ruta “La primera falencia que tiene la Ruta es que únicamente hay dos duplas psicojurídicas para toda la Universidad, y esto no es solo la ciudadela, sino la Universidad con todas sus sedes y seccionales”, dice Nikole Kallinowsky, estudiante e integrante del Comité de Género Universitario de la UdeA. Las dos duplas psicojurídicas (abogada y psicóloga) del componente de atención integral de la Ruta Violeta deben prestar la primera atención a cualquiera de las más de 50.000 personas que pueden activar el mecanismo en la Universidad, incluyendo sus 12 campus y seccionales fuera del Valle de Aburrá. A partir de este primer paso, la persona denunciante decide si continuar con el proceso en Fiscalía, en el caso de que la agresión sea un delito, o seguir en el componente de Investigación y Sanción de la Ruta, que cuenta con tres abogadas en el Equipo 3. “Estamos hablando de tres abogadas que tienen que trabajar el mismo caso, cada una a cargo de una etapa distinta. Ellas reciben un correo con una queja hoy y por ahí en seis meses estarán contestando si se hace apertura al proceso. Podrán pasar meses para que hagan la primera audiencia. De ahí en adelante, mientras llaman testigos, hacen la proyección de fallos, se pueden ir dos años o más”, explica Paola Posada, profesora de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas e integrante del Comité de Género de la Asamblea Profesoral. Según una respuesta oficial de ese Comité, además de esas demoras, “no se conocen sanciones disciplinarias efectivas y ejemplarizantes que permitan a la comunidad universitaria cambiar la percepción de impunidad”. De acuerdo con los hallazgos presentados por la Corporación Colectiva Justicia Mujer en el panel Justicia para las mujeres en la UdeA: ¿Necesidad o utopía?, entre diciembre de 2022 y mayo de 2024, período en el que la Colectiva prestó el servicio de asesoría psicojurídica y representación técnica a la Universidad, realizaron 47 representaciones. De estas, 36 fueron en procesos disciplinarios: en 5 casos la UAD emitió auto inhibitorio, es decir, se abstuvo de iniciar procesos; los casos restantes están en las siguientes etapas: 20 en indagación, 6 en investigación, 5 en juzgamiento y ninguno ha tenido fallo. Fotografía: Valentina Quintín Sin garantías de protección En una entrevista publicada por El Espectador el 9 de junio, la profesora del programa de Astronomía Lauren Flor Torres contó que llevaba un mes trabajando desde casa y alejada de las aulas. Esta fue la “medida de protección” que le ofreció la Universidad tras activar la Ruta Violeta contra el estudiante Pablo Restrepo por presunto acoso. El caso de Lauren revela una de las problemáticas más graves de la Ruta: no hay criterios para priorizar la atención y valorar los riesgos de quienes se encuentran
Hay que suponer que esto es una familia: ¿Qué pasó con los búhos de la UdeA?

Cuatro búhos rayados ‒una hembra adulta con sus polluelos y un macho adulto‒ fueron avistados entre octubre y noviembre del 2023 en la UdeA. Su presencia enterneció las redes sociales, pero luego no se supo mucho más. Esta crónica reconstruye qué pasó después y presenta una hipótesis preocupante sobre el destino de estas aves rapaces. Los polluelos de búho rayado fueron avistados por primera vez el 9 de noviembre junto a su madre en la UdeA. La noticia de su nacimiento se hizo viral. Ilustración: Ana Sofía Peláez. I. Las apariciones El macho es el primero en ser avistado por un grupo de pajareros de Medellín a mediados de octubre. En los pocos videos de cuando era el único protagonista, se le ve descansando de su vida nocturna en las ramas medias de un árbol. Es por la tarde y no puede mantener sus ojos abiertos durante mucho tiempo, se rasca el tarso y los dedos con intensidad, mueve la cabeza a medida que abre y cierra el pico. Luego se relaja. Lo hace todo con los ojos cerrados y así quedará para siempre en las fotos donde parece que posa. No es la primera vez que un búho rayado (Asio clamator) aparece en la Universidad de Antioquia ni en la ciudad. En su distribución, desde el este de Perú hasta las Guayanas, pasando por Colombia y Venezuela, habita desde hace 30 años la cordillera Central en la que está Medellín. Como la deforestación es una de las causas principales por las que un búho adapta su vida a las urbes, el campus principal de la Universidad, que posee más de 2500 especímenes de plantas leñosas, es un hábitat capaz de albergar a esta y otras especies de fauna silvestre. Dos semanas después de que el macho fuera visto por primera vez, en un árbol cercano a su percha, aparece una hembra. Los búhos muestran dimorfismo sexual inverso, es decir que las hembras son de mayor tamaño o tienen características más llamativas que los machos. En esta, las plumas negras que hacen de orejas o cuernos son más largas, el iris es más claro y el color de sus alas es más oscuro y brillante. No se apoya voluptuosa sobre una rama para mostrar que es varios centímetros más alta ni levanta las alas para dejar ver si su pecho y su abdomen son mucho más grandes, solo se encoge y agacha la cabeza hasta que su mirada se pierde entre las hojas. Aunque también es por la tarde, abre los ojos con más frecuencia, parece que no descansa, está en constante alerta, inquieta, se acomoda una y otra vez con movimientos suaves hasta recostar su cuerpo contra el árbol. Debido a sus hábitos nocturnos y crepusculares, el estudio de búhos en Colombia es limitado; pero si esta pareja se ciñe a la regla, la hembra reposa sobre las ramitas que otra familia ha dejado ahí. Los búhos no construyen sus propios nidos, sino que incuban sus huevos en hoyos, sobre el piso, en huecos naturales de árboles o en nidos viejos de otras aves. Estas rapaces, además, siguen la tendencia de otros animales y son las hembras las que incuban mientras los machos las alimentan. En la mañana del 9 de noviembre aparecen dos polluelos en el bloque 4 de Ciudad Universitaria. Una bola de plumaje pobre y blanquecino, con el pico negro y dos líneas que son los ojos, se asoma entre las alas y el abdomen de la hembra. En la tarde hay más actividad, los polluelos son acicalados por su madre; les acomoda el plumaje, los limpia y les da calor. Sin equilibrio, el primero abre y cierra su pequeño pico para comunicarse y, en caso de emitir algún graznido, las cámaras a más de 15 metros de distancia no pueden captarlo. El segundo, que solo se deja ver cuando la hembra abre las alas por completo, estira el cuello tanto como puede para devolverle las caricias con el pico. No se sabe qué día nacieron, pero el tamaño de cada uno se asemeja al espacio que queda después de curvar las palmas de las manos y poner una frente a la otra juntando los dedos. No es la primera vez que hay un evento reproductivo en alguna sede de la Universidad de Antioquia y mucho menos de Asio clamator, pero es la primera vez que se hace viral. Además de los fotógrafos que se sumaron desde el primer avistamiento, el grupo de Ecología y Evolución de Vertebrados del Instituto de Biología y el Departamento de Gestión Ambiental de la División de Infraestructura Física, ambos de la Universidad, comienzan un plan de monitoreo. Crean formularios en Google para que los pajareros informen si aparecen más individuos en el campus, varios integrantes del grupo se organizan para llevar registro del nido durante cada hora y la División de Infraestructura Física envía vigilantes y jardineros a acordonar la zona para que nadie perturbe el proceso. Es noticia. El nacimiento se celebra en las redes oficiales de la UdeA e inunda de ternura los medios de comunicación regionales y hasta nacionales. No hay más registros visuales del macho. La hembra y los polluelos acaparan las pantallas. Son días tranquilos. Cuando los polluelos de búho rayado se convierten en ejemplares juveniles, y después en inmaduros, adquieren su anillo facial negro y son similares a un adulto, pero sin sus barradas tan oscuras ni definidas y con el plumaje todavía blanquecino. Sin embargo, no es posible ver a estos dos polluelos crecer: el 26 de noviembre, uno de los fotógrafos publica en su cuenta de Instagram que la hembra y sus crías fallecieron un par de semanas antes por, posiblemente, comer ratones envenenados, y que el macho fue encontrado muerto días después a causa de un trauma en su cráneo. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por @mrbencho II. Las hipótesis Las aves rapaces cazan en vuelo o desde las perchas, los sitios donde descansan del vuelo. Se
¿Para qué votamos el 12 de marzo si no podemos elegir rector?

La consulta para la rectoría cuestiona los alcances de la democracia universitaria y que los resultados de la votación no sean vinculantes, pone en duda la incidencia de los estamentos en el proceso de designación rectoral. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / María Camila Monsalve A. Terminada la consulta electrónica y multiestamentaria del 12 de marzo, el actual rector y candidato a la reelección, John Jairo Arboleda, obtuvo la mayoría de los votos en seis de los siete estamentos que pueden participar de esta. Sin embargo, la consulta no es vinculante y la victoria de Arboleda no garantiza su designación para un tercer periodo. En cambio, es el Consejo Superior Universitario (CSU), actualmente conformado por ocho personas, el que tiene la potestad de elegir quién va a representar y dirigir la segunda universidad pública más importante del país. Para entender la forma de gobierno de la UdeA, y de todas las IES públicas del país, hay que volver a la ley 30 de 1992. Ésta establece que el consejo superior es el máximo órgano de dirección de cada universidad y está integrado por: la ministra de educación (o su delegado/a), el gobernador en el caso de las IES de carácter departamental (como la UdeA), una delegada del presidente de la república. Además, un representante por cada uno de los siguientes grupos: directivas académicas, profesores, egresados, estudiantes, sector productivo y exrectores universitarios. Actualmente, el Consejo Superior lo conforman: la ministra, Aurora Vergara; el gobernador, Andrés Julián Rendón; la delegada de presidencia, Salomé Restrepo; el representante de las directivas académicas, Wber Orlando Ríos; el de los profesores, Pablo Andrés Cuartas; el de los egresados, José Gustavo Jiménez; el del sector productivo, Marcos Ossa Ramírez; el de los exrectores, Jaime Restrepo y, desde el 2004, la representación estudiantil está vacante por decisión de este estamento. La ley 30 y el estatuto general de la UdeA definen que una de las funciones de las ocho personas que hacen parte del CSU es la de elegir al nuevo rector o rectora. En una universidad en la que hay aproximadamente 39 mil estudiantes y 6 mil docentes, además de los grupos de egresados, empleados y jubilados, vale la pena preguntar: ¿qué tan democrático es este sistema? La respuesta no se puede definir como algo en blanco y negro, más bien, se deben tener en cuenta todos sus matices. Deiman Cuartas Celis es economista, filósofo y profesor del Instituto de Estudios Políticos. Él menciona que el valor de la consulta multiestamentaria radica en su “carácter de indagación en la comunidad sobre quién considera que debe regir el destino del gobierno universitario”. En todo caso, el CSU hace una lectura de las consultas. Cuartas agrega: “si miramos, terminan siendo una minoría las que toman la decisión de quién será el nuevo rector o rectora”. El profesor explica que este sistema atiende a las circunstancias históricas que atravesaba la universidad y el país en el momento que fue aprobada la ley 30. Pero, “pasadas varias décadas, hay nuevas realidades. Además de tener un gobierno y una democracia universitaria, las personas y estamentos que componen la universidad como comunidad política no solo reclaman una representación, sino una participación más activa”. Cuartas menciona que las consultas no son solo mecanismos de indagación, sino que también permiten legitimar al candidato que elige el CSU. Esta idea la profundiza el abogado Carlos Mario Patiño, quien ha participado activamente de la campaña del candidato Luquegi Gil: “La consulta tiene un efecto esencialmente de legitimidad, porque si bien hay abstención, los que votamos en esa consulta participamos de los estamentos y del resto de escenarios de gobernabilidad. Entonces, si bien numéricamente no somos mayoría, políticamente sí representamos”. Lo anterior resulta clave a la hora de entender cómo votan algunos de los representantes de los estamentos. Por ejemplo, es usual que el voto del representante de egresados y profesores obedezca al resultado de la consulta electrónica, “el voto de los profesores debe asignarse en razón de la consulta, no por un asunto normativo, sino porque es el compromiso de los representantes profesorales”, resalta Patiño. Pero, ¿qué pasa con los estudiantes? Los estudiantes (de pregrado o de posgrado) también participan en las consultas, pero a diferencia de los profesores o egresados, no hay un representante estudiantil ante el CSU que pueda votar en la designación. Esto ha sido así desde el 2004, por la postura de este estamento de no elegir un delegado/a por considerar que no representa la variedad de intereses o posturas que hay en la universidad. El estamento estudiantil es el segundo grupo más numeroso, detrás de los egresados, pero aun así, es uno de los que menos participa en las consultas. En el 2018 la abstención fue del 82,31%, en el 2021 llegó al 94.37% y este año al 85.5%. Las razones pueden variar: simple desinterés o desconocimiento, la sensación de que el voto no hace ninguna diferencia o que el hecho de que la consulta no sea vinculante, y que el CSU tenga la libertad de designar a cualquier candidato deja la sensación de que el proceso no es democrático y, por lo tanto, no vale la pena participar de este. Cuartas y Patiño coinciden en otro punto: lo difícil que es gobernar en la Universidad de Antioquia. Lo atribuyen a la diversidad de intereses de todos los estamentos que la conforman y, aunque el CSU no esté jurídicamente obligado a acatar el resultado de la consulta, el que lo haga permite lograr una gobernabilidad relativa. Aunque no ha sido siempre el caso. John Jairo Arboleda, fue ganador en las consultas de 2018 y 2021, y en cada caso designado por el CSU. Pero, hace nueve años, por ejemplo, Mauricio Alviar no ganó la consulta en ninguno de los estamentos, en cuatro de ellos ocupó el tercer lugar de las votaciones y, aun así, fue designado para el periodo 2015-2018. Este año se presentaron diez candidatas y candidatos al proceso de designación. Tras la consulta, el margen de ventaja que obtuvo