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Caterine Jaramillo y Sergio Ramírez Zuluaga - Isegoría
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Los cambios que le impuso la realidad al Comité Nacional de Participación

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Aunque la fase de diseño del proceso de participación de la sociedad en el proceso de paz entre el ELN y el Gobierno nacional sigue avanzando, el balance muestra que ha sido necesario implementar ajustes tanto en la estructura del CNP como en la metodología de los encuentros. 

La instalación del CNP en agosto significó el inicio de la implementación del acuerdo más ambicioso alcanzado en este proceso de paz. Créditos: Presidencia de la República.En junio de 2023 se firmó en Cuba uno de los acuerdos más ambiciosos en la historia de las negociaciones de paz con el ELN: el acuerdo sobre el proceso de participación de la sociedad en el actual proceso de diálogo. 

En resumen, el acuerdo planteaba la ruta por medio de la cual la sociedad haría no solo el diagnóstico de los distintos problemas que han alimentado el conflicto armado en Colombia, sino que también ella misma se encargaría de presentar posibles soluciones. La primera fase correspondía al diseño de esa participación y originalmente se le asignó una duración de seis meses, desde agosto de 2023 hasta febrero de 2024.

Meses después de que comenzó a correr el tiempo y a días de que se cumpla el plazo, el Comité Nacional de Participación, la organización que tenía la tarea de liderar ese proceso, ha experimentado diferentes desafíos y necesidades que han forzado cambios en su estructura y en los planes que tenía para desempeñar su labor.

Lo que se planeaba y sus limitaciones

El 4 de agosto del 2023, día de su instalación, el CNP se presentó como una instancia temporal que solo se ocuparía del diseño de la participación. Actualmente está compuesto por 81 miembros de distintas organizaciones y movimientos pertenecientes a 30 sectores de la sociedad, como se explica en el Acuerdo N°9  sobre la participación pactado en el tercer ciclo de diálogos.

Desde ese momento ya habían surgido críticas con respecto a la composición del CNP ante la pregunta de qué tan representativo de la sociedad era en realidad. Como lo señala Andrea Arango, coordinadora de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Antioquia, muchas de las organizaciones convocadas son “afines a procesos de izquierda” y eso implica cuestionamientos de otros sectores políticos. Eso pese a que también se encuentran representados, por ejemplo, algunos gremios empresariales. 

Frente a esto, Helbert Choachí, integrante de Ciudadanías para la Paz y miembro de la Secretaría Técnica del CNP, dice que nunca se planteó que fuera la representación de toda la sociedad en su conjunto. Eso sí, de acuerdo con Choachí, “sí se buscaba que algunos sectores convocados tuvieran un carácter de voceros”.

Una de las tareas del CNP es convocar y organizar encuentros que permitieran diseñar el modelo de participación. Originalmente se planearon 16 eventos nacionales y nueve regionales en donde participarían cientos de organizaciones de los sectores convocados. Todo esto se daría entre septiembre y diciembre de 2023.

Sin embargo, desde este planteamiento ya se empezaba a notar otro desafío en el diseño del proceso, y es que no todos los sectores iban a tener sus propios encuentros sectoriales, a pesar de haber sido convocados a tener representantes en el CNP. Por ello, su participación se limitaría, cuando más, a las voces de unos cuantos representantes.

Entre agosto y septiembre la presión de algunos representantes de organizaciones  promovió la realización de encuentros nacionales de sus sectores y así aumentó la cantidad de encuentros sectoriales a 22, y regionales a 10.

Por ejemplo, en octubre de 2023, Isegoría confirmó con Martha Ceballos, representante del Movimiento Nacional de Víctimas del Estado (Movice) y delegada del CNP, que efectivamente su encuentro no estaba contemplado dentro de los 16 originalmente pensados. Sin embargo, esto se logró revertir gracias a la incidencia de los representantes del sector y de organizaciones por fuera del Comité que consiguieron comprometer la realización del encuentro para finales de noviembre y principios de diciembre.

A pesar esto, Ceballos manifestó preocupación por algunas de las razones que expuso la mesa de diálogos para no incluirlos en la programación inicial. “Nos habían dicho que no se iba a tocar el tema de víctimas en esta fase de diseño de participación porque iban a ser un punto bastante importante en el marco de la tercera fase”.

Esta posición, defendida por el ELN, se soportaba en la tesis de que en realidad las víctimas no debían ser entendidas solo como aquellas impactadas por la violencia, sino todas las personas vulneradas por el sistema económico y político colombiano.

En otras palabras, para Ceballos, según ese argumento, toda la sociedad sería “víctima del sistema capitalista”, lo que finalmente terminaría por excluir en esta fase a las víctimas afectadas de manera directa por el conflicto. 

Este punto de vista era en parte compartido por la delegación del Gobierno. Dayana Domicó, integrante de la delegación oficial, explicó que “las víctimas merecían prioridad y su propio punto aparte en la agenda”, y que por ese motivo inicialmente no fueron tenidas en los encuentros sectoriales del CNP. 

Oscar Castaño, politólogo e investigador de la Universidad de Antioquia, miembro del Comité Académico de Isegoría, explica que la búsqueda de lograr la representación completa de la sociedad siempre va a ser una tarea compleja. “La figura que por excelencia simboliza históricamente la participación es una constituyente. Y la constituyente precisamente es un escenario que también ha transitado por la idea de que la democracia participativa debe ceder un poco ante la democracia representativa en virtud de las dificultades metodológicas y fácticas que genera la pretensión de que todo el mundo participe”, explica el politólogo.

Frente a los aspectos positivos de este acuerdo, Castaño reconoce que en un país donde el interés por la participación en procesos sociales y políticos suele ser escasa, “hay unos sectores representados que han hecho el esfuerzo también por asistir, han aceptado la convocatoria, han llevado sus propuestas”.

Otro de los cambios que se han implementado en esta fase fue la realización de preencuentros, es decir, espacios de “convergencia, animación y pedagogía”, que no fueron contemplados por el CNP pero que se hicieron necesarios para explicar y preparar un proceso que no estaba del todo claro, agrega Choachí.

Esto ha implicado en la práctica que aunque fueron 32 los eventos que se acordaron a diciembre del 2023, cuando se suspendieron los encuentros por la crisis en las negociaciones de paz por el tema del secuestro se habían realizado más de 40. Se espera que en muy pronto se retomen los eventos aplazados, como el del sector de las víctimas, de manera que para abril de 2024, cuando finalice el proceso, se hayan realizado un aproximado de 68, sin contar los espacios autónomos gestados por las mismas comunidades que hallaron insuficientes los planes del CNP. O aquellos que por circunstancias propias de sus territorios, por ejemplo seguridad, decidieron llevarlos a cabo de manera independiente.

Sin embargo, y a pesar de que los avances en cuanto a la planeación de los encuentros ha permitido mejorar el proceso, la metodología de esos eventos ha supuesto sus propios desafíos, algunos incluso más complicados y sin solución aparente por ahora.

Encuentros ideales, realidades adversas 

El objetivo de los encuentros era claro: recoger los insumos para que el CNP entregara “un modelo de participación, un conjunto de recomendaciones y el Plan Nacional de Participación”, según consigna el acuerdo No. 9.

Es por eso que en la marcha se fueron afinando las metodologías para la realización de los eventos, los cuales fueron pensados como escenarios donde todo aquel que quisiera contribuir pudiera hacerlo. El resultado fue que la metodología de los encuentros giraba en torno a unas cuantas preguntas generales sobre cómo los sectores convocados querían participar en ese proceso de construcción de paz y las garantías que necesitaban.

Ante esta pregunta que abría la posibilidad de que el proceso se desbordara, Helberth Choachí comenta que uno de los principales desafíos era “depurar o concretar que no nos salgan todas las agendas históricamente incumplidas” Y además, “cómo metodológica y pedagógicamente logramos hacer comprender en qué consiste el acuerdo y cuáles son los alcances” de esta primera fase de la participación. En ese sentido, los preencuentros terminaron brindando herramientas a los participantes de los eventos sectoriales y regionales.

Aun así, según Oscar Castaño, en los espacios se terminaron exponiendo demandas y problemáticas de los sectores convocados a participar de los encuentros. Este aspecto ha generado la sensación de que se adelantaron discusiones previstas para los puntos dos y tres de la agenda de negociación, sin discutirse lo realmente necesario en esta etapa.“Lo que ha sucedido, sin demeritar que se dieron algunos avances, hace que el plazo siga siendo poco para llevar esta tarea de la mejor manera posible”, agrega Castaño. 

Metodológicamente el diseño de los encuentros sectoriales no ha facilitado el desarrollo del objetivo principal. Por ejemplo, María Camila Castellaños, integrante de la Fundación Libertad para el Pueblo y activista en el sector de las Primeras Líneas y Resistencias, afirma que estos encuentros se sintieron como “un poco más de lo mismo”, o sea escenarios asamblearios donde “se toca la discusión con respecto a esas problemáticas históricas que siempre hemos tenido. No nos vamos a la minucia, sino a lo macro”.

Esa estandarización en los encuentros no es solo percepción de la integrante de las Resistencias. Andrea Arango opina que a pesar de la diferencia en las agendas que se deben discutir en cada sector, la estructura es la misma, sin preocuparse por sus particularidades. Asegura que asistió a tres de los 14 encuentros sectoriales realizados hasta la fecha:, “Para mí todos fueron iguales”.

Juan Ortega, también perteneciente al sector de Primeras Líneas y Resistencias, coincide en que fue una falencia del CNP el desconocer las particularidades de las organizaciones convocadas. Este sector no sólo reclamó su propio encuentro, que se realizó en Cali, sino que se vieron en necesidad de formular una metodología diferente a la propuesta desde el CNP

Por ejemplo, María Camila se encargó de hacer más didácticos los encuentros con la intención de que las personas pudieran entender, “también desde sus dinámicas y acciones propias, no llenando una matriz” y respondiendo a las preguntas generales propuestas por el CNP, explica ella misma. 

Martha Ceballos, la delegada del Movice, coincide con Camila y agrega que si bien las organizaciones y la sociedad debe opinar y ayudar a diseñar la participación, la forma como fue pensado el CNP descargó en los delegados mucha responsabilidad: “Los delegados del Comité Nacional de Participación hemos tenido muchísimo trabajo, un trabajo que finalmente es voluntario y sin garantías”, al menos, “en términos económicos”. 

La delegada resaltó que el trabajo que se pide a la sociedad desconoce las realidades de los territorios y entorpece el proceso de diseño. “Si nosotros estamos pensando un proceso de participación efectivo de la sociedad colombiana, pues la sociedad colombiana también es la de la Colombia profunda, también es la que no tiene acceso a las TIC”, explica. 

Una salida del cementerio de negociaciones de paz

Todavía es pronto para llegar a conclusiones. Y esto es esperable, particularmente, por lo que dicen personas como Helberth Choachí: este proceso es algo radicalmente diferente a lo intentado en procesos anteriores.

“El asunto es que el proceso de paz está tratando de encontrar alternativas a ese cementerio de negociaciones y acuerdos de paz”, explica además Oscar Castaño. “Al fin de cuentas, ningún proceso ha demostrado tener la fórmula correcta”, agrega.

Sin embargo, ya hay ciertas certidumbres. Por ejemplo, la Mesa de Diálogos y la Secretaría Técnica hicieron el anuncio de transformar el CNP en la Red Nacional de Participación. Este es un cambio del que si bien no hay todavía claridad sobre sus implicaciones, de acuerdo con Martha Ceballos podría implicar precisamente un interés por acercarse más a la sociedad.

“Creo que el análisis de estos meses —dice Ceballos— les permitió darse cuenta que el modelo de participación no puede ser solamente eventos y encuentros sectorizados, sino un proceso colaborativo con un direccionamiento  más claro entre la sociedad y la Mesa”.

 

Este artículo hace parte de la Alianza entre De la Urbe e Isegoría.

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