Treinta años de historias rodantes: anécdotas sobre el Metro de Medellín

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22 diciembre, 2025
Por: Juan David Echavarria Silva | juan.echavarria4@udea.edu.co

Durante treinta años, el Metro ha sido un símbolo paisa y parte de la identidad de Medellín. Desde su inauguración en 1995, ha movido millones de personas y marcado la vida cotidiana del Valle de Aburrá. Para muchos es rutina; para otros, historia—como para Mariana, que dice que ella y el Metro nacieron el mismo día.

Infografía de Juan David Echavarría diseñada con la Inteligencia Artifical Gemini

Nacimos juntos – Mariana

“Me cuesta mucho imaginarme la ciudad de Medellín sin el Metro, he visto fotos, no pude haberlo visto porque yo no había nacido y es que el Metro y yo nacimos el mismo día. Mientras mi mamá se recuperaba en el hospital de esa horrible jornada, el Metro estrenaba su recorrido con sus primeros pasajeros.

Es normal que una se acuerde el día de su cumpleaños de otras personas que cumplen el mismo día, así lleven muchos años sin verse, pero el Metro no es una persona y, sin embargo, me acuerdo de su cumpleaños como si fuera un amigo del colegio o algo así.

En muchas ocasiones, cuando voy viajando en Metro con otra persona, les cuento este dato y casi siempre me responden con “uy ¿en serio? Qué genial”, y a la vez con esa expresión en el rostro como si les pareciera raro que algo que no es una persona cumpla años. A mí me da mucha risa.

Este año cumplimos 30, el Metro y yo: somos unos millennials cuchitos.”

El día que el Metro me golió 10 lukas – Jhoan

Aunque bueno, este cuchito no puede evitar equivocarse de vez en cuando. Por ejemplo, con Jhoan:

“En una ocasión estaba en la estación Poblado, acababa de salir del centro comercial Monterrey. Al momento de intentar entrar a la estación me percaté de que no tenía plata en la Cívica y me dirigí a las máquinas donde uno de manera autónoma puede recargar. No están en todas las estaciones, pero mayormente son funcionales y muy hábiles para que las personas no tengan que realizar tanta fila en taquilla.

Resulta que al momento de intentar realizar la recarga, la máquina me recibió el billete, pero no registró, como si la acción nunca se hubiera hecho. Considero que las máquinas son bastante equipadas ya que al momento de presionar el botón de ayuda (el cual te conecta con un asesor del Metro), me dieron ayuda oportuna. No obstante, sí fue un poco molesto porque la persona que podía hacer la revisión llegaba al siguiente día, y pues esa es la historia de cómo el Metro me robó 10k.”

El Metro también es amor

Desde ese empujón empezó todo – Hirlan David

“Parce, bien o no. Vea, ella y yo nos conocimos en la estación San Antonio, ahí arribita donde se hace el transbordo. Estábamos en la plataforma, haciendo la fila para entrar, y la gente estaba empujando mucho.

Ella estaba muy cerca de mí y dijo algo como: “eh, pero es que lo van a tumbar a uno”. Yo le respondí que sí, que la gente estaba empujando mucho, que nos iban a tumbar. Ahí quedamos hablando normal. Llegó el Metro, entramos, yo me hice junto a la puerta y ella también, pero en la del frente, porque todavía estaba saliendo la gente que venía.

Ella me dijo algo así como que “uy, qué falta de educación”, y yo le dije: “sí, es que hay personas que no aplican la cultura Metro, que quieren entrar empujando, pero no es todo el mundo, porque aquí hay mucha cultura”. Ella me dijo que sí, que era verdad, pero que cuando es hora pico la gente se afana mucho por el cansancio del día o el afán.

Ahí quedamos en silencio hasta la estación Estadio. Yo me bajé ahí, y ella también. Me dijo: “¿me vas a perseguir o qué?”. Yo le dije: “no, tengo que hacer una vuelta por acá”. Ella me dijo que iba a una clase de baile, de esos en grupo, y me mostró un video en Instagram. Yo le dije que muy bacano, que se bailaba muy chévere.

A los días me dio por escribirle por Instagram. Le dije: “hola, soy el chico del otro día”. Ella me respondió, hablamos, nos caímos muy bien, y con el tiempo nos hicimos novios. Todo empezó ese día en el Metro, entre empujones y una charla sobre la cultura.”

Gracias al Metro yo he tenido novios — Laura

Aunque no todas las historias de amor son en el Metro, sí ayuda, en muchas ocasiones, a que puedan darse.

“Gracias al Metro, pues… yo puedo viajar, porque tengo una loca obsesión con los del sur.

Tú sabes que yo vivo en Bello, ¿cierto? Y mi novio actual vive en La Estrella, mi exnovio vive en Sabaneta, y mi otro exnovio también vive en Sabaneta.

Así que, básicamente… gracias al Metro yo he tenido novios.”

Los torniquetes de Caribe – María Paula (“Mapa”)

El Metro también puede ser un buen punto de encuentro para que esos amores se mantengan, como le pasó a Mapa.

La historia pasa en enero del 2025. Esa fue la primera cita que tuve con mi actual novio. 

En ese momento estábamos saliendo, y fue la primera vez que lo vi después de tres meses de habernos conocido, justo en la misma estación Caribe donde nos vimos por primera vez.

Yo bajé las escaleras y empecé a buscarlo, y no lo veía, no lo veía, hasta que a lo lejos vi un man con un ramo de flores. Yo dije como: “¿será?”, porque tengo un astigmatismo horrible. Entonces dije: “¿será o no será?”. Me fui acercando y sí, era él. Quedé como: “¡Dios mío, wow!”.

Fue muy lindo todo, yo con esas flores en el Metro. Y fue muy bonito también porque estuve con las flores todo el día. Ya cuando me devolví, en hora pico, fue hermoso ver cómo la gente se apretaba más para no apretarme a mí ni dañar las flores. Todos se corrían un poquito, tratando de cuidar las flores. Eso me pareció divino.

Desde entonces, los torniquetes de la estación Caribe se volvieron un punto muy especial para nosotros. Es donde casi siempre nos vemos y donde también nos despedimos; un lugar donde nuestra relación agarró mucha fuerza.”

Un trío incómodo en el MetroCable – Mateo

Aunque no todo en el Metro es amor y flores, a veces también toca compartir la cabina con gente que uno no pidió.

Un plan muy chimba que yo siempre hago en el Metro es irme a montar Metro cable con mi novia. Es un parche muy bacano y relajante.

Ah, bueno, y una vez —jajajaja— nos tocó en la cabina con una señora que hablaba por teléfono, pero hablaba súper duro, o sea, la voz le resonaba en toda la cabina.

Fue muy incómodo… y el viaje fue larguito, desde Acevedo hasta Santo Domingo.

Lo que duele también viaja

La línea amarilla – Cali

Aunque el Metro está lleno de risas y encuentros, también hay momentos en que el miedo se asoma. A veces basta una línea amarilla para recordar lo frágil que es todo.

 “Baby, cuando voy caminando por la plataforma —especialmente por las estaciones Bello, Tricentenario y Envigado— siempre pienso:

¿Cómo sería, y qué miedo me da, que un loco venga y me empuje cuando esté llegando el tren?

Inmediatamente me aparto más de la línea amarilla y espero retirada.”

Mi papá en la estación Aguacatala — Heidy

A veces el Metro conecta momentos frágiles y también la posibilidad de seguir viviendo.

“Pues mi papá toda la vida había tenido como un raye mental, y últimamente se había sentido muy solo y todo eso. Entonces yo estaba con un amigo por allá en Aranjuez cuando me entra una llamada: que mi papá se le iba a tirar al Metro.

Resulta que eso fue en la estación Aguacatala. Se iba a tirar, pero se arrepintió, supongo que por el susto, porque marica, matarse tampoco debe ser fácil. Entonces se detuvo, se subió al Metro y todo el camino se fue pensando en eso, llorando.

Cuando se bajó —creo que en la estación Bello— otra vez le dio ese impulso de tirarse. Entonces de una se le arrimó a un policía o a alguien del Metro, no sé bien, y les dijo: “Necesito que me ayuden porque me voy a tirar al Metro”, y estaba llorando horrible.

De una lo atendieron, no lo dejaron solo, y de ahí ya nos fuimos para el psiquiatra, para las urgencias del mental y todo eso.”

Ese día en Estadio — Stefany

Y lamentablemente, a veces esos pensamientos terminan ganando. 

“Bby, pos a ver… un tiempo trabajé cerca de la estación Estadio. Ese día salí temprano, pero venía de pasar varios días malos, un poco aburrida. Cuando llegué a la estación, justo al cruzar la calle, alguien se había lanzado desde la plataforma donde uno espera el Metro.

Me sentí muy triste, ni siquiera sé por qué. Era una persona que no conocía, pero por varios días no pude volver a acercarme a ver el atardecer desde allí, porque justo de ahí se había lanzado. Soñé varias veces con esa persona, y me afectó bastante.

Tal vez porque esa persona perfectamente pude ser yo. Pero la vida me ha brindado muchas cosas bonitas, y también personas que me quitan esos pensamientos. Me dio mucha tristeza pensar que esa persona quizás no tenía nada de eso, o ningún motivo para no haber hecho lo que hizo.”

Las otras caras del Metro – Daniel

Para muchos, la preocupación aumenta con respecto a los valores del Metro, ese que alguna vez fue ejemplo de respeto, silencio y convivencia, por ejemplo Daniel, quien nos deja las siguientes palabras.

“No es una historia bizarra, pero sí algo que me da tristeza. El Metro lleva tantos años ahí, constante, y desde chiquito me acuerdo de esos audios del sistema, de eso que llaman la “cultura Metro”: ceder el puesto a quien más lo necesita, ser consciente de que todos los asientos son preferenciales.

Parce, por ejemplo, cuando uno va al trabajo en la mañana, de norte a sur, eso es una locura. Uno está en la estación haciendo el puestico, y ve las franjas azules que hay en el piso: esa es la zona especial, donde tienen prioridad las personas en silla de ruedas, con muletas, embarazadas o de la tercera edad.

Y es muy loco —y triste también— ver cómo gente joven, sana, se pelea por un puesto y cuando se sientan, se hacen los dormidos. Hoy en día eso se ve mucho. Cuando yo estaba más pelado no era tan así; claro, había casos, pero la gente era más consciente de cuidar el Metro, de entender que el Metro es algo muy importante para Medellín.

No sé, toda esa cantidad de gente y de culturas que se cruzan ahí cada día ha hecho más frágil esa cultura Metro que por más de treinta años se ha intentado mantener. Y sí, no es una anécdota como tal, pero es algo que veo todos los días y siempre me deja pensando.”

Una escena inesperada en hora pico — Esteban

El Metro siempre fue símbolo de orden y respeto, y la cultura Metro un orgullo colectivo. Con los años, los vagones cambiaron con la gente y pasaron de ser solo transporte a reflejar la ciudad y sus contradicciones. Hoy ocurren situaciones que antes eran impensables en un espacio tan público.

 “Iba un día entre semana en el Metro, en el primer vagón y en hora pico, en la mañana. Por el gran flujo de gente, esos vagones se llenan muchísimo. Yo había escuchado hace tiempo que el Metro se presta para cruising y encuentros sexuales entre chicos.

Pues casualmente ese día iba distraído, escuchando música, y vi mucho visaje entre dos manes jóvenes. Medio miré y vi todo normal: estaban muy pegados. Al momento volví a voltear… y se estaban manoseando.

Resulta que, al parecer, sí es cierto. Uno de ellos, el más joven —un chico como de 23 o 25 años, quizá— estaba manoseando, bueno, más bien lo estaba masturbando ahí mismo, en el vagón, en plena hora pico. Yo quedé calva y tiesa, alopecica y paralizada.

La gente no se había dado cuenta, nadie parecía percatarse. Fue extraño. Yo no supe qué hacer, la verdad, porque aparentemente eran personas que no se conocían.

Al final, se pasaron los contactos con señas, se anotaron los números y se bajaron en estaciones diferentes.”

Ya treinta años

Durante tres décadas, el Metro ha sido mucho más que un sistema de transporte: ha sido un hilo que cose historias, un espacio donde la ciudad se mira a sí misma mientras se mueve. Entre sus vagones han nacido amores, encuentros, risas, silencios y también miedos.

Pero con los años, algo parece haberse agrietado. Lo que antes se conocía como “la cultura Metro” —ese respeto silencioso, esa convivencia que hacía distinto al sistema— hoy se ve difuso entre la prisa, el cansancio y la indiferencia. El mismo espacio que alguna vez fue símbolo de orden y civismo ahora también refleja el caos de la ciudad que lo rodea.

Treinta años después, el Metro sigue siendo eso: un punto de encuentro, de paso y de historias.

 ¿Y tú, tienes anécdotas en el Metro?

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