El salto de fe de Daniel Quintero

Dos conciertos gratuitos de música cristiana reunieron a casi 90 mil personas mientras terminaba la Feria de las Flores del 2023. Entre los asistentes estuvieron el entonces alcalde Daniel Quintero y Diana Osorio, su esposa. «Aquí empezó todo hace cuatro años, donde pusimos en manos de Dios nuestro gobierno», escribió el exalcalde en sus redes sociales junto a esta foto tomada en lo alto del barrio Popular después de renunciar a su cargo. Foto: Instagram @quinterocalle. El 14 de octubre de 2023, en la iglesia Comunidad Medellín se celebró el servicio de las siete de la noche como ocurre todos los sábados. El encargado de la predicación fue el pastor Andrew McMillan, fundador de la iglesia. McMillan les habló a sus fieles de dos conciertos de música cristiana en los que esa congregación participó durante la Feria de las Flores y, antes de pedir un aplauso, dijo: “Daniel y Diana Marcela, gracias por el apoyo de ustedes abriendo la ciudad a este tiempo de adoración. Estamos muy agradecidos”. El pastor miraba a una sección de asientos cerca del escenario principal. Allí estaban Daniel Quintero y su esposa, Diana Osorio. Las sillas tenían la marca de “reservados” y estaban en una zona acordonada junto a las de otras personas del staff de la iglesia. Cuando terminó el servicio, ambos se despidieron de varios de los pastores y salieron por una puerta cerca del escenario que daba directo a una calle del barrio San Diego. Los conciertos de los que habló el pastor McMillan hicieron parte del A Pesar de Todo Tour, un evento de música cristiana con dos fechas en Medellín, el 6 y 7 de agosto de 2023, al que asistieron aproximadamente 90 mil personas en el estadio Atanasio Girardot, entre ellos, Daniel Quintero y Diana Osorio. En ambos eventos participaron unos 15 invitados entre oradores, pastores y artistas nacionales e internacionales. Las dos fechas se llenaron y la mayoría de los asistentes venían de decenas de comunidades e iglesias cristianas de la ciudad y el departamento. Días antes, el exalcalde Quintero afirmó en su cuenta de X (antes Twitter) que estos conciertos serían los más grandes de música cristiana realizados en Latinoamérica. También dijo que serían el cierre de la Feria de las Flores, a pesar de que no aparecían en la programación oficial publicada por la Alcaldía de Medellín. Pastores de las iglesias organizadoras, Comunidad Medellín y Gracia Church, le dijeron a De la Urbe que la Alcaldía y EPM estuvieron en la lista de entidades que apoyaron la realización de los conciertos y que tuvieron un acercamiento directo con Quintero y Osorio para la coordinación de estos. Comunidad Medellín fue fundada en abril de 1994 por los esposos y pastores estadounidenses Andrew y Kathy McMillan. Llegaron a la ciudad como misioneros de la iglesia Comunidad Cristiana de Fe, de Cali. Esta, a su vez, fue fundada en 1976 por dos pastores que llegaron de Virginia, Estados Unidos, y que también fundaron el grupo Misión Sudamérica que actualmente tiene 53 iglesias desplegadas en Colombia, Canadá, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Perú, Suiza y Venezuela. En febrero de 2023, Comunidad Cristiana de Fe Medellín pasó a llamarse solo Comunidad Medellín. Además, se desligó de Misión Sudamérica y de su red de iglesias con la intención de expandirse de manera independiente. Hoy los pastores principales de Comunidad Medellín son Juan Guillermo Ricaurte, exjugador de Atlético Nacional, y Liliana Restrepo, su esposa, además del matrimonio McMillan que todavía hace parte de la iglesia. «Quintero empezó a mostrarse cada vez más cercano a la fe y eso es algo público, en sus consejos de gobierno siempre mencionaba a Dios» Gracia Church es la otra iglesia que participó en la organización de los conciertos. Tuvo un rol protagónico al ser la encargada de gestionar el estadio y la logística de este. Fue fundada por el pastor y empresario Richard García, un migrante dominicano que llegó a Texas, Estados Unidos, y en 2012 fundó el Ministerio Gracia en la ciudad de Arlington. Más tarde, la iglesia adoptó el nombre con el que es conocida en la actualidad. Después, abrió sedes en Georgia y Nuevo México, Estados Unidos. Siguió su expansión en Tabasco, México; Santiago de los Caballeros, República Dominicana, y la última que abrió fue en Medellín, en 2022. Ese mismo año organizó el primer gran concierto. El pastor de la sede de Medellín es el administrador de empresas Alejandro Herrera, quien dijo que a su iglesia asisten entre 40 y 50 personas por servicios y le aseguró a De la Urbe que los pastores García y McMillan han tenido contacto de manera constante con el matrimonio de Daniel Quintero y Diana Osorio. Agregó que las conversaciones para la elección de las fechas de los conciertos fueron directamente con el despacho del alcalde. Además, Herrera confirmó que la gestión para usar el estadio fue realizada por su iglesia directamente con la Alcaldía de Medellín: “Desde el año pasado [2022] se dio esa gestión. Gente del gremio de espectáculos culturales supo del concierto que nosotros queríamos hacer y ellos nos llevaron con la Alcaldía”. Aunque no ofreció detalles sobre quién facilitó ese enlace con la Alcaldía, Herrera sí dijo que para el momento en que empezaron a planearse los eventos, Quintero “venía desde hacía meses buscando hacer un concierto cristiano”. Por eso, el acercamiento de los pastores con el alcalde y su esposa fue clave para que coincidieran sus intereses. “No habían encontrado el cómo ni el con quién hacerlo y llegamos nosotros y empezamos a hacer ese nexo con ellos. Ustedes quieren esto y nosotros también”, contó el pastor. El A Pesar de Todo Tour solo ha tenido cinco conciertos, dos en República Dominicana y los tres restantes en Medellín. Eso porque, además de los dos conciertos con los que cerraron la Feria de las Flores del 2023, ya en 2022 esas iglesias habían organizado otro, también con el “apoyo logístico” de la Alcaldía, según asegura Herrera. Ese apoyo podría explicar por qué buena parte de esos
Se le apagó la radio a un pueblo: el asesinato del periodista Mardonio Mejía en Sucre

Un sicario mató a Mardonio Mejía Mendoza el pasado 24 de enero cuando entraba a su emisora en el municipio de San Pedro. Con su muerte no solo se apagó la voz de un periodista, líder local y ganadero, sino que desapareció el noticiero de la única radio del pueblo. El hecho deja una sensación de temor y zozobra entre sus colegas que enfrentan a diario la precariedad laboral y la autocensura. Collage: Felipe Rivera Echeverri. IG: @ojito__apagado Un hombre recorre en moto el centro de un municipio de 22 mil habitantes. Lleva un parlante y un letrero donde aparece su nombre, su número de contacto y la palabra “publicidad”. Generalmente anuncia la venta de productos, promociones de almacenes y da avisos de todo tipo. Es miércoles 31 de enero. Walter Chamorro —ese hombre que también es periodista y corresponsal de radio— hace perifoneo en San Pedro, departamento de Sucre, para invitar a la población a la misa del novenario que se realizaría al día siguiente por la muerte de su colega Mardonio Mejía Mendoza, de 66 años. Chamorro también anunció el entierro de Mardonio con este método. Unos días antes, un sicario sorprendió a Mejía por la espalda y le disparó. Según los habitantes y las autoridades, esto es algo que no suele ocurrir en San Pedro, incluso en el contexto violento del departamento. Aseguran que este es un municipio “tranquilo”: del total de 340 homicidios registrados en Sucre el año pasado, cuatro pasaron acá. El ataque provocó conmoción, no solo por tratarse de un sicariato, sino porque fue contra una de las personas más reconocidas del pueblo; el pionero de todas las formas de comunicación en ese lugar: hace más de 30 años Mardonio Mejía lanzó Promej Televisión, el primer canal local, y publicó La Plana, el primer periódico. También era el dueño de la emisora comunitaria Sonora Estéreo 94.3, la única radio del municipio, en la que se transmitía Amanecer Campesino, el noticiero que conducía. “Presentamos las noticias con un estilo diferente, un estilo propio, natural, auténtico, y con el verbo nuestro, de la gente de acá, de la sabana del departamento de Sucre”, solía decir Mejía en sus transmisiones por FM que también difundía por Facebook. “Era un pulpo; era un enamorado del agro, y compaginaba esa pasión con el periodismo, que también lo llevaba en la sangre”, recuerda Walter Chamorro. “Ahora la emisora está apagada; cuando asesinaron a Mardonio silenciaron la voz de los que no tenían voz”, añade. Su colega Manuel Morón, presidente del Colegio Nacional de Periodistas, seccional Sucre, gremio al que pertenecía Mejía, describe el vacío así: “El municipio de San Pedro queda huérfano ante la pérdida de un valioso personaje que de verdad, verdad, era la voz de San Pedro”. El 24 de enero, el día del asesinato, Mardonio Mejía repitió en su noticiero —como lo hacía cada día y sin sospechar que sería su última emisión—que el programa estaba dirigido a los campesinos, “para que aprendan oyendo radio”. Se despidió anunciando la programación que seguía: rancheras y boleros. En el noticiero contó que ese día tenía previsto ir a una subasta. Mejía era además ganadero y se dedicaba a actividades del campo. Al terminar el evento, se dirigió a su casa solo. Una cámara de seguridad registró el momento en el que Mardonio Mejía llega —recién caída la noche—, se baja de la moto, abre la puerta, se sube de nuevo y la guarda. En ese momento otra moto se detiene frente a la puerta. De ella desciende un hombre y el conductor lo espera. Entra y sale enseguida. En la grabación solo se ve lo que ocurre afuera. Adentro Mejía había recibido dos tiros por detrás, en la cabeza. Su cuerpo quedó encima de la moto y abajo de las letras Sonora Estéreo, grabadas sobre un vidrio, a la entrada del lugar. Justo detrás del sitio del ataque está su estudio con las paredes repletas de fotos de coberturas periodísticas para diferentes medios y junto a personajes diversos, también se exhiben credenciales de prensa y una pizarra con el detalle de la programación diaria. En otra parte de la casa hay más fotos, incluida una con el uniforme de la Defensa Civil, organismo al que perteneció. De su tiempo haciendo video quedaron repisas con decenas de casetes: “Documental de San Pedro”, “Toros de Sincé. 2004”, “Comerciales”, “Difuntos de San Pedro”, cumpleaños, quince años, primeras comuniones. Mardonio Mejía, que aprendió de periodismo haciéndolo desde hace más de 35 años, también era la memoria del pueblo. Incluso en un documento oficial sobre el “mapa cultural de Sucre” se recoge el trabajo de documentación que hizo sobre las construcciones tradicionales de San Pedro y su patrimonio material, arquitectura de “estilo antillano” o isleño, dicen los expertos. Se trata de un álbum digital con fotografías y reseñas de cerca de 300 casas del municipio. Las calles de San Pedro están llenas de pequeños negocios; en muchos encendían la radio para escuchar el noticiero de Mejía o la dejaban prendida para acompañar el día con música. Por más de una semana el silencio reinó. Como en otros pueblos pequeños, la iglesia y el parque son el centro alrededor del que gira todo y las motos son el transporte principal. Hubo épocas de bonanza como el boom algodonero en el siglo pasado o de la explotación de gas. Hoy no hay algodón, ni gas; hay ganado y agricultura. “El pueblo en estos momentos siente su ausencia y hasta las mismas personas que decían no estar de acuerdo con él sienten la importancia de una emisora en el pueblo”, dice Angélica Mejía, la hija mayor de Mardonio que en un tiempo trabajó con él y ahora vive fuera del país. Destaca la influencia de su padre: “Aquí las personas, como se dice coloquialmente, creían que lo que él decía era misa”. También admite que la forma de ser, directa, jocosa y a veces controversial, podía molestar a algunos. Angélica Mejía y sus dos hermanos aún
“Lo que quiero problematizar en Niebla es la figura de la víctima”

¿Quién es, cómo es, cómo luce alguien que sufrió violencia sexual? El corto documental Niebla propone estas preguntas y cuestiona la mirada del espectador que espera lo crudo y lo explícito. Marcela Han, la directora, plantea en esta conversación las complejidades que se tejen entre la memoria y el lenguaje alrededor de esta violencia. Cuando me contó, ¿qué me contó? Conocí a Marcela Han en el segundo semestre del 2015, cuando llegamos a El Tiempo como practicantes. Eran meses de cielos azules y días soleados en Bogotá. Quizás por eso recuerdo que ese día hacía sol, pero puede que la memoria me engañe. Ella recuerda que me contó durante una pausa en la jornada, pero no cómo me lo contó. ¿Fue en la mañana? ¿Era lunes o jueves? Lo que me confió ese día detonó, años después, la creación de Niebla, un corto documental estrenado en 2022. Ese año ganó como mejor corto documental nacional en el festival de cortos Bogoshorts. En 2023 se proyectó en el festival Cine en Femenino, y en la sala de cine del Edificio San Ignacio de la UdeA, en el marco del Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos, en el que también fue reconocido como el mejor corto documental. Marcela prefiere que la presente como realizadora audiovisual, aunque también es politóloga y ejerció como periodista. Yo prefiero presentarla como mi amiga. Vivimos juntos casi cuatro años, hasta que la pandemia y nuestras búsquedas personales nos cambiaron de rumbo. Esta conversación parte de esa amistad, tanto como de la admiración que siento hacia ella y la certeza de que Niebla es imprescindible para complejizar la ya difícil conversación sobre las violencias sexuales, la memoria, el lenguaje y la justicia. ¿En qué momento de la vida estabas cuando rodaste Niebla? Fue el año de la pandemia, 2020. La preproducción y el rodaje se dio en las cuarentenas. De hecho, en Niebla se ven las medidas de bioseguridad del momento. Estábamos muy aislados; eso también quedó plasmado en el corto, no solo por los tapabocas, sino también porque los diálogos son con mucha distancia entre las personas, lo que termina hablando de la soledad de haber pasado por una experiencia de violencia sexual, de esos cuerpos un poco aislados y fragmentados. Eso en lo externo, ¿y en lo personal en qué estabas? En la maestría. Aplacé el último semestre para enfocarme en esto. Renuncié a El Tiempo, me mudé, y le metí mi liquidación y todo mi dinero sin tener otro trabajo. Me adentré sin mucha certeza, pero con la convicción de que eran el tiempo y los recursos que merecía. Niebla nació como proyecto de maestría, pero reunió un equipo de más de 10 personas. ¿Por qué tanta gente se involucró? Creo que también tuvo que ver con la pandemia. En el contexto del mundo había muchas ganas de salir, superar el encierro, crear y aprovechar esa oportunidad de volcarnos a lo que realmente nos mueve. Eso influyó en que varios encontraran en Niebla un escape o una vía para crear algo. Yo me senté con cada una de las personas, por consejo de Juan David Blanco, el asistente de dirección que me guio en todo el proceso. Fue un voto de confianza de todos y todas por el que siempre he estado agradecida. Creo que veían una posibilidad de hacer algo por lo que siempre nos han dicho que tenemos que hacer algo. Lo audiovisual apareció en esos mismos años. ¿Cómo llegó? Siempre he buscado un vehículo para expresarme. Yo estudié Ciencia Política, sabiendo que no la iba a ejercer, porque quería llenarme de conocimiento de cómo funcionan las cosas. Luego pensé que era la escritura ese vehículo, por eso llegué al periodismo, pero nunca me interesó el lenguaje de la denuncia. Y en mi primer trabajo en El Tiempo como coordinadora de blogs sentaron a mi lado a Julián Espinosa, que terminó siendo luego mi jefe en audiovisual y dándome la oportunidad. Él expresaba muchas cosas con los videos que hacía, que se acercaban más a algo artístico, pero con mucha investigación. Me llamó la atención y empecé con la fotografía. Compré mi primera cámara, hice un curso como de cuatro horas y ahí se me abrieron muchas posibilidades. Se me abrió la curiosidad sobre todo por la imagen en movimiento. Desde ahí sé que en lo audiovisual encontré en lo que me quiero concentrar. Luego, empecé la maestría en Creación Audiovisual (Pontificia Universidad Javeriana) en 2019, pero no entré pensando en hacer algo como Niebla. Fue en la investigación que me di cuenta de que podía hablar de la frustración que había sentido en esos años de otra manera y vi que eso resonaba mucho en otras personas. En Niebla no se dice explícitamente cuál es la “verdadera” Marcela, si las amigas y la mamá son reales o son actrices y qué le pasó. ¿Por qué? Lo que quiero problematizar en Niebla es la figura de la víctima: ¿cómo nos acercamos a esta figura? Muchas veces, cuando una amiga o familiar nos cuenta algo así, la vemos como una víctima. Eso en el mejor de los casos, porque muchas veces nos negamos a creerle. Es una manera de blindarme a mí, a la actriz y a las personas involucradas que tuvieron un episodio doloroso en sus vidas de cualquier juicio que pueda emitir quien lo ve como un espectador que quiere satisfacer su morbo. Por eso partimos de asumir que te van a cuestionar cuando cuentas algo así. En Niebla una de las amigas cuenta que la gente cambió con Marcela y no con él. Entonces tiene que ver con el valor de la palabra y, frente a quien consume el cine, con la pregunta de por qué importa tanto que diga que la abusaron si ya lo sabe, por qué les pedimos a las personas que cuenten las vainas tal como son. ¿Qué pasa si no quiero, si me niego? Es la manera más digna que
En la Universidad Sergio Arboleda se cerraron negocios con tierras de ‘Macaco’

El director de una maestría, un señalado narcotraficante y transacciones con tierras forman parte de un entramado para aparentemente esconder predios del Bloque Central Bolívar, que comandó el narcoparamilitar Carlos Mario Jiménez. Su hermano Roberto Jiménez, alcalde de Dosquebradas (Risaralda), es señalado de participar en varios de esos negocios y de presionar a campesinos para vender sus parcelas a bajo precio. Crédito: La Liga Contra el Silencio. En las clases de una maestría de la Universidad Sergio Arboleda se juntaron cuatro estudiantes: uno era un señalado narcotraficante conocido como ‘Maestrico’, otro un académico que llegó a tener altos cargos en esa institución y en la Universidad del Rosario, y una pareja de hermanos. Todos terminaron haciendo negocios que están en la mira de la Fiscalía que sospecha, desde 2014, que eran una coartada para ocultar bienes del Bloque Central Bolívar, que fue comandado por el narcoparamilitar Carlos Mario Jiménez, conocido como ‘Macaco’. Una historia desconocida del poder que tuvo esa estructura armada en un claustro universitario y sobre la cual la justicia todavía debe algunas respuestas. El proyecto #NarcoFiles encontró varios documentos de la Fiscalía, de 2020 y 2021, que revelan negocios en los municipios antioqueños de Zaragoza y Puerto Berrío. En ambos casos, cuando los compradores fueron interrogados, refirieron hechos que sucedieron en la Universidad Sergio Arboleda. “NarcoFiles: el nuevo orden criminal” es una investigación periodística internacional sobre la situación actual del crimen organizado y sobre aquellos que lo combaten. El proyecto, en el que participaron más de 40 medios, se originó con una filtración de correos electrónicos de la Fiscalía General de la Nación de Colombia. El material fue compartido el año pasado con OCCRP, y con el apoyo de CLIP, Cerosetenta y Vorágine, se trabajó con varios medios de la región. Con relación a las compras de predios sobre las que recaen las sospechas de la Fiscalía hay un nombre en común: Francisco Ortiz Navarro. Este hombre, conocido con el alias de ‘Maestrico’ o ‘Maestro’, ha sido mencionado por lo menos dos veces en estrados judiciales. La primera referencia se dio en un concepto de la Corte Suprema de 2008 por un pedido de extradición contra un hombre cercano a ‘Macaco’. En ese documento quedó consignado que en 2006 la Policía interceptó varios teléfonos de una red de narcotráfico al servicio del capo del Bloque Central Bolívar. Ortiz Navarro, según el fallo judicial, se encargaba de monitorear transferencias de fondos desde Panamá hacia Colombia y le reportaba a la esposa de ‘Macaco’. Unos años después, Ortiz volvió a ser relacionado con negocios ilegales. El excomandante paramilitar Edward Cobos Téllez, conocido como ‘Diego Vecino’, le dijo a la Fiscalía en una versión libre de 2011 que ‘Maestrico’ era un narcotraficante que exportaba cocaína por el Golfo de Morrosquillo (entre Sucre y Córdoba). La información que aportó Cobos fue recogida en un informe del ente investigativo elaborado en noviembre de 2013 al que tuvo acceso esta alianza. Las narcofincas en Zaragoza Según las referencias laborales disponibles en internet, Luis Eduardo Puerto Ramírez fue un reputado académico con cargos importantes: director de la maestría en Finanzas de la Sergio Arboleda, director de la maestría en Finanzas Corporativas de la Escuela Internacional de Negocios, decano de la facultad de Administración de Empresas de la Universidad del Rosario y consiliario de esta última, entre otros. Pero la Fiscalía reconstruyó una parte de la historia de Puerto que no se encuentra en la hoja de vida: el hombre se prestó para ocultar bienes del Bloque Central Bolívar. La historia, recogida en un documento de 2020 de la Dirección de Justicia Transicional de esa entidad, empezó por la declaración judicial de un desmovilizado de esa estructura armada, José Germán Sena Pico. El excombatiente aseguró que la Hacienda La Carolina, en Zaragoza, le pertenecía al grupo paramilitar. La Fiscalía encontró el nombre del académico en el historial de propietarios del predio. El ente investigativo le tomó una declaración a Puerto en septiembre de 2014. El académico contó que cuando estaba cursando una maestría en finanzas en la Universidad Sergio Arboleda un compañero de clase, Francisco Ortiz (el mencionado ‘Maestrico’), le propuso hacer un negocio con tierras en Zaragoza. Puerto dijo que Ortiz le propuso figurar como propietario de un predio en ese municipio que se iba a comprar con la plata del segundo. Documento de la Fiscalía con la declaración de Luis Eduardo Puerto Ramírez. Puerto admitió que recibió un carro nuevo por eso, pero dijo que nunca se enteró de si la transacción por la tierra se hizo. El negocio sí se realizó y en los documentos figura que le compró nueve fincas a Roberto Jiménez, hermano del capo ‘Macaco’. En su declaración, Puerto aceptó que vio unas tres veces al hermano de ‘Macaco’ en una finca de Ortiz en Montelíbano (Córdoba). El académico, sin embargo, intentó restarse responsabilidad en esas transacciones. Aseguró que nunca compró los predios que estaban a su nombre, que no conoció Zaragoza y que esos negocios los hizo Francisco Ortiz aprovechándose de un poder que él le había firmado. Pero, una versión de una persona que tenía la posesión de los mismos predios comprometió a Puerto con una presunta red de testaferros de ‘Macaco’. Jhon Jaime Henao, citado en el documento de la Dirección de Justicia Transicional, le contó a la Fiscalía que a finales de 2006 recibió una propuesta de Jesús María Alejandro Sánchez Jiménez, primo del capo y conocido en el Bloque Central Bolívar como ‘Scooby’, para comprar La Carolina. Henao aseguró que él le pagó a ‘Scooby’, de quien admitió que sabía que era paramilitar, y que este último le dijo que se entendiera con Puerto para hacer los documentos del traspaso de la finca. Aunque nunca se oficializó el traspaso, Puerto y Henao sí se conocieron. Según el relato de este último, después de hacer la transacción con ‘Scooby’ los dos se encontraron en la Universidad Sergio Arboleda. Documento de la Fiscalía en el que Henao explica cómo conoció a Puerto. Las conclusiones de
Edición 106. Febrero de 2024
Tributación directa: ¿una propuesta viable?

Andrés Julián Rendón, gobernador electo de Anrioquia, propuso un referendo para que los departamentos se queden con los recursos recaudados de los impuestos. Expertos opinan sobre la viabilidad de esta propuesta.
El ruido de las balas: ¿Quién mató al periodista Abelardo Liz?

El 13 de agosto del 2020, durante un operativo de desalojo en una finca de propiedad del ingenio azucarero Incauca, en Corinto, norte del Cauca, el periodista indígena Abelardo Liz fue impactado por una bala que lo mató. En un trabajo conjunto, Cerosetenta y Bellingcat, con el apoyo de La Liga contra el Silencio, utilizaron los videos grabados por Abelardo y por otras personas presentes y el sonido de los disparos analizado por expertos en audio forense, para investigar lo que ocurrió.
El periodista indígena filmó el momento en el que fue herido de muerte por una bala. 070 y Bellingcat usaron sus videos y analizaron el sonido de las balas para investigar lo sucedido.
En busca de Carolina

Carolina Giraldo Navarro, Karol G, me acompañó en forma de canciones desde que estaba en el colegio. Ya en la universidad, la busqué por más de un año para conocerla y entrevistarla para mi trabajo de grado, pero no pude encontrarla. Su concierto en Medellín fue para ella la cima de su carrera, y para mí, de alguna manera, el cierre de esa búsqueda. Foto: PHRAA. “Había una vez un lugar mágico lleno de colores, donde vivía una joven y hermosa sirena llamada Carolina…” Eran las 9:08 p.m., las luces del estadio se apagaron y solo se veía el escenario iluminado de azul. Una sirena inflable de unos cinco metros de altura salió del suelo. Una melodía familiar de fondo se mezcló con los gritos. —¿Dónde está? —¿De dónde irá a salir? A Karol G la escuché por primera vez en 2012 cuando cantó 301, la colaboración que hizo con Reykon y con la que su voz empezó a sonar fuera de Colombia. Yo tenía 12 años, estudiaba en un colegio público de Medellín y mi mamá me prohibía escuchar reggaetón. Recuerdo que me emocioné y me sentí orgullosa al saber que era una mujer la que cantaba. Pasó el tiempo y no supe nada más de ella, hasta que volvió en forma de canciones “incómodas” que hablaban de la sexualidad y del placer de las mujeres. Canciones que a mí me hacían sentir identificada. Recién empezaba la universidad. Sentí intriga por saber más de ella, quise entenderla y empecé a investigar sobre su historia y su trayectoria musical. Comprendí que su recorrido estuvo lleno de dificultades por ser una de las únicas mujeres en la industria de un género en el que las mujeres solo aparecían como objeto de deseo de cantantes hombres. En una entrevista para la revista Bocas contó que en 2009, cuando llegó a presentar sus primeras canciones en Universal Music, le propusieron ser compositora para otros artistas, pero le dijeron que era imposible firmar a una mujer que cantaba reggaetón. En abril de 2022 lanzó Provenza, canción que lleva el mismo nombre de un barrio residencial en El Poblado que desde hace cerca de una década empezó a concentrar sitios de rumba y luego problemas como la explotación sexual, asociados con el turismo masivo en Medellín. El video fue grabado en Lanzarote, una de las Islas Canarias, ubicada en el Océano Atlántico, frente a la costa de África Occidental. Aguas cristalinas color turquesa rodeadas de rocas volcánicas y arena blanca. Una isla de mujeres que juegan, descansan, bailan, toman el sol… Baby, ¿qué más? Hace rato que no sé nada de ti. Taba con alguien, pero ya estoy free. Karol G luce un vestido de baño de una sola pieza. Sus muslos y caderas con pequeños hoyuelos en la piel. Sí, celulitis. Todas ellas, también en vestido de baño, mueven sus cuerpos. Gordas, musculosas, delgadas, afros, rubias, mestizas… bailan con el oleaje del mar, se abrazan, ríen, celebran. Se escucha la lluvia y las gotas de agua se deslizan sobre ellas. Luego de verla en ese video, de sentir la música y disfrutar ser mujer, decidí hacer sobre ella mi trabajo de grado. Ya estaba terminando mi carrera de Periodismo en la Universidad de Antioquia. Pero no era solo sobre Karol G. Yo quería conocer a Carolina Giraldo Navarro. Hacer ese trabajo fue enfrentarme a la decepción de mis expectativas y ambiciones, pues soñé con entrevistarla. La busqué durante más de un año, les pregunté a periodistas y a gente de la industria musical. En algún momento intenté que se hiciera viral un tuit en el que pedía ayuda para encontrarla. Lo máximo que logré fue hablar con la encargada de su agenda que me dijo que era imposible por su disponibilidad y los permisos de la disquera. Tampoco pude llegar a su círculo cercano. Me explicaron que tienen contratos de confidencialidad. El 3 de octubre de 2023, medios de comunicación y páginas oficiales de su marca anunciaron que vendría a Medellín con el tour Mañana Será Bonito Bichota Season que empezó en Estados Unidos el 10 de agosto. Sería la primera ciudad de Latinoamérica a la que llegaría y la única en donde, además de concierto, habría un festival. Ella volvía a su casita a consagrarse y a cerrar un año exitoso, luego de ganar el premio al ‘Álbum del Año’ en los Latin Grammy 2023. «Hoy no es Medellín… Es Mede G» La última vez que Karol G se presentó en Medellín fue en diciembre de 2021 para cantar Bichota, Tusa, 200 Copas y el resto de las canciones de su álbum KG0516. Ese nombre hace referencia al 16 de mayo de 2006, cuando firmó un contrato con su primera disquera y adoptó su nombre artístico. Esa vez no pude verla. Dos años después, estuve entre las casi 100.000 personas que asistieron a las dos fechas del festival en el Atanasio Girardot el 1 y 2 de diciembre. “Hoy no es Medellín… Es Mede G”, publicó en su cuenta de Twitter. El viernes las puertas se abrieron a las 10:00 a.m. Había toboganes de colores, piscinas de pelotas, una rueda chicago, un carrusel y espacios para tomarse fotos. Afuera de la unidad deportiva había gente desde las 7:00 a.m. Miles de personas llegaban por las tres entradas habilitadas. Hacia el mediodía, con 30°C, las fans pasaban con chaquetas de cuero; pantalones, faldas y vestidos con lentejuelas; sombreros rosados de vaquera; pañoletas y brillitos en la cara y el cuerpo. “Amiga, ¿sabes si podemos pagar en dólares?”, me preguntó una turista en un puesto de comida. La Alcaldía de Medellín proyectó que el concierto dejaría ingresos para los comerciantes por más de 11 millones de dólares. Había vendedores informales con buzos, camisetas, sombreros, stickers, peluches y carpas de Karol G. También una tienda que vendía pelucas entre $180.000 y $350.000. “Quisimos aprovechar que venía pa’ Medellín nuestra Karol para sacar toda una colección inspirada en ella”, dijo Andrés Felipe Castaño, uno de los vendedores. Andrea Ramírez y su hija viajaron nueve horas desde Roldanillo, en el Valle del Cauca. “Nos
La voz de las historias en los barrios

En su más reciente edición, la semana de la comunicación y los premios de periodismo comunitario destacaron la importancia de diversificar las narrativas en territorios específicos y fortalecer el trabajo dentro de las comunidades. Con su eslogan de El Poder de La Verdad, distintos medios e invitados estuvieron presentes en el escenario dejando su mejor historia y reafirmando que aún les queda camino por recorrer. Foto: Alcaldía de Medellín. La semana de la comunicación se celebró nuevamente en Medellín. El escenario elegido fue la Corporación Ruta N, donde el 24 y 25 de noviembre se desarrollaron diferentes actividades relacionadas con la comunicación y el periodismo comunitario, mostrándolo como una alternativa para informar con otras perspectivas. El evento tuvo ponencias, charlas TED y una premiación. Este evento reunió medios y corporaciones comprometidas con una información de calidad en las diferentes comunas y corregimientos de la ciudad. En esta versión, el eslogan que acompañó la campaña fue El Poder de la Verdad, visibilizando a aquellos que día a día trabajan por contar las historias que suceden en su sector y contribuyen a la participación ciudadana. En su programación, se integró la decimocuarta edición del Premio de Periodismo Alcaldía de Medellín, que exaltó trabajos periodísticos narrados con un enfoque de transformación social. La programación de esta versión contó con diez ponentes ganadores de los MAICC (medios alternativos, independientes, comunitarios y ciudadanos) que a través de historias revelaron algunos secretos o dilemas que vive hoy en día el periodismo comunitario. Además, siete expositores invitados, entre ellos cronistas, periodistas y especialistas enfocaron su charla en cómo potenciar la profesión desde otras metodologías. José Guarnizo, periodista y director del medio ‘Vorágine’, fue uno de los invitados. “Mucha gente habla de crisis del periodismo, yo creía que hay un espectro que se ha abierto para que no solamente sean los mismos medios de siempre los que cuenten las historias, sino muchos más”, expresó. El evento culminó con una de las actividades más esperadas, los premios de periodismo. Allí, se exaltaron distintas categorías como: mejor medio escrito, mejor trabajo audiovisual, mejor programa radial, mejor revista, incluyendo estrategias con algunas secretarías de la alcaldía de Medellín. En un ir y venir de aplausos, medios y corporaciones subieron al escenario a recibir sus premios, con sus equipos de trabajo. Giovanni Figueroa, director de La Pupila Comunicaciones comentó que “obtuvimos el segundo lugar como mejor trabajo audiovisual, una categoría a la que habitualmente no nos presentamos. Eso nos recuerda que estábamos haciendo un buen trabajo, pero vamos por más”. Como él, muchos otros directores y equipos de trabajo disfrutaron la jornada y se fueron con nuevas ideas y proyectos para una próxima versión de los premios y de la semana de la comunicación. Esperando un año próspero, lleno de producciones y realizaciones innovadoras. Pues una idea en la que coincidían algunos de ellos, es que la comunicación y el periodismo no eran comunitarios por sí mismos, sino que se hacen con la comunidad. Foto: Alcaldía de Medellín.
Altavoz: dos décadas de música alternativa

El festival de música alternativa más importante de Medellín cumple 20 años. La edición 2023 comienza este 6 de diciembre. Felipe Grajales, su director, recuerda los hitos más importantes. Foto: Alcaldía de Medellín. La primera edición de Altavoz se llevó a cabo en el 2004, en la Plaza de Toros la Macarena (hoy Centro de Espectáculos La Macarena). En ese entonces, tocaron bandas como Nepentes, Nadie, I.R.A., G-98, Nadie, Frankie Ha Muerto, Aterciopelados, Tenebrarum, entre otras. Fue el inicio de lo que 20 años después sería un evento consolidado para la música alternativa en Medellín. Este año estarán bandas como Testament, Los Cafres, ZPU y La Garfield. En la primera edición, todas las bandas fueron invitadas. A partir de la segunda se hizo una convocatoria. En la actualidad, las agrupaciones que quieren hacer parte de Altavoz deben pasar por un proceso que tiene tres etapas: entrega de papelería, audición y presentación en Conciertos Ciudad Altavoz, en el cual un grupo de jurados calificados elige a dos bandas por categoría para hacer parte del Festival Internacional que se lleva a cabo a finales de año: este 2023 las presentaciones son el 6, 7, 9 y 10 de diciembre en el Parque Biblioteca La Ladera y el Estadio Cincuentenario (vea la programación). Para Felipe Grajales (“Pipe”, como sus más allegados lo llaman), director de Altavoz desde hace 11 años, el festival ha definido su vida: “he tenido la oportunidad de participar en todos los roles: como músico, como público, como jurado, como periodista y como director”. En esta entrevista nos habla sobre la actualidad del Festival, el futuro y los principales hitos. De la Urbe · Altavoz: dos décadas de música alternativa