Asamblea General de Estudiantes de la UdeA discutió sobre rectoría, inspección y denuncias de amenazas

Después de tres meses, el Teatro Camilo Torres volvió a ser el escenario de una Asamblea General de Estudiantes. Entre los temas abordados en el espacio, que comenzó sobre las 11 a.m. del 23 de abril, estuvieron el proceso de designación rectoral, el estado actual de la inspección del Ministerio de Educación Nacional y las denuncias por amenazas contra los representantes estudiantiles. El jueves 23 de abril, en el Teatro Camilo Torres a medio llenar, el rector (e) Héctor Iván García presentó ante la Asamblea General de Estudiantes (AGE) un informe sobre su gestión en los tres meses que lleva en el cargo. Este espacio fue convocado por Melissa Olarte y Juan Manuel Muñoz, representantes estudiantiles ante el Consejo Superior Universitario (CSU), y el orden del día también incluyó la discusión en torno al proceso de designación rectoral convocado por el CSU, la crisis del Hospital Alma Máter de Antioquia (HAMA) y la situación de los venteros en Ciudad Universitaria. En su informe, García presentó un balance de su gestión, de los ejes en los que se ha centrado su encargo y de los requerimientos atendidos por el MEN, en el marco de las medidas de vigilancia en las que se encuentra la UdeA desde septiembre de 2025. También mencionó que aún no hay una fecha para la publicación de un informe definitivo sobre el diagnóstico de la inspección del Ministerio de Educación Nacional (MEN), y que su administración no tiene la intención de impulsar reformas de fondo a los estatutos de la Universidad. Durante la ronda de preguntas, el rector se refirió a la persistencia de dichas medidas y aclaró que, aunque han cumplido con todos los requerimientos de información solicitados por el MEN, aún no se ha definido una fecha para la publicación de un informe definitivo ni para levantar las medidas. También se refirió al proceso de designación rectoral y señaló que el nuevo rector o rectora que elija el CSU no asumiría el cargo hasta que el MEN decida reemplazar a la rectoría actual. Al respecto, la Resolución Superior 00007 de 2026 establece: «La persona designada como rector/a de la Universidad de Antioquia podrá iniciar su periodo estatutario y posesionarse como tal, una vez el Ministerio de Educación Nacional levante la medida de inspección y vigilancia especial de Rector reemplazante, que fue definida por dicho ministerio el 29 de diciembre de 2025». La representación estudiantil entre amenazas El lunes 20 de abril, en un comunicado público de representantes y líderes estudiantiles de las facultades de Medicina e Ingeniería, se denunciaron mensajes intimidatorios en contra de Melissa Olarte y Juan Manuel Muñoz, «en la antesala del proceso de designación de rector o rectora de nuestra Alma Mater». A estas denuncias se suman las amenazas y el atentado contra Carlos Mario Orrego, representante estudiantil del Instituto de Educación Física. Sobre estos hechos, Olarte señala que la intimidación ha sido «sin violencia física, pero sí discursiva. No sabemos si tiene relación con grupos armados, pero sí es una práctica que se está asumiendo frente a los escenarios de interlocución». Menciona que estas intimidaciones han sido una constante desde que asumieron la representación en septiembre de 2025, aunque se intensificaron a finales de enero. Agrega que se materializan en mensajes recibidos durante reuniones, que no han provenido de integrantes del CSU, sino de «distintas fuerzas políticas de la Universidad». Prefiere no individualizar y busca «develar una práctica de intimidación en el discurso político”. Por medio de una carta abierta leída en la asamblea del 23 de abril, los representantes mencionaron que en algún momento les advirtieron que «bajarlos de la representación es muy fácil en la asamblea”; y que una vez, en el campus, alguien se acercó al hijo de Olarte para decirle: «Dígale a su mamá que estamos pendientes, que tenga cuidado con el voto». La carta también recogió las amenazas hacia Carlos «Forrest» Orrego, quien el 16 de abril, en un video publicado en Cofradía para el cambio, hizo la denuncia pública. Orrego habló con De la Urbe y explicó que «hemos estado haciendo denuncias en el instituto, precisamente sobre las formas de gobierno que tenía la dirección anterior [Francisco Gutiérrez] y las formas de hacer política de la nueva directora del instituto [Sandra Pulido]». Por otro lado, Orrego cuenta que ha recibido amenazas desde hace casi cinco años, cuando comenzaron con la llamada del «‘comandante John’ de las Autodefensas Gaitanistas». Desde entonces ha encontrado notas en su moto, y en septiembre de 2025, cuando se dirigía a su casa desde la Universidad, en un semáforo cerca del puente de la Madre Laura, «me alcanzaron los chinos. Sacaron el arma, la trataron de accionar o la accionaron, pero no les funcionó». Hoy, Orrego asiste a clases dirigidas o virtuales tras llegar a acuerdos con sus profesores, y se encuentra bajo la ruta de atención de amenazas de la Dirección de Bienestar Universitario. El rector también se refirió a la situación: «Una vez nos enteramos de las amenazas que han tenido los representantes estudiantiles, nos reunimos con ellos, con los tres, y tratamos de conocer a profundidad cuál es la situación real». El 17 de abril, la rectoría publicó un comunicado rechazando estos hechos; además, tras su intervención en la asamblea, García aclaró: «Hemos iniciado acciones para la protección y la seguridad de estas personas que, por supuesto, por el carácter que tienen, no podemos divulgarlas». Los cuestionamientos por la inspección y el proceso de designación rectoral De momento no hay una fecha definida para la publicación de un informe con los hallazgos de la inspección del MEN. María Isabel Duque, representante profesoral principal ante el CSU, dijo que «en estos momentos no conocemos el informe de la inspectora y no conocemos qué información entregó la Universidad, y si con esa información se va a levantar la medida del rector reemplazante». Agregó que «le hemos pedido al rector que nos entregue la información que le entregó al Ministerio y dice que hasta que el Ministerio no la
Periodista en obra

Periodista en obra es un especial transmedia construido mediante búsqueda documental, entrevistas, talleres, ejercicios performáticos y encuentros de participación sensible que aborda las experiencias laborales de quienes pertenecen a la industria periodística colombiana y los sentires de quienes estamos estudiando para pertenecer a ella. Para una mejor visualización haz clic aquí.
Más allá del queso y la ficción

Además de las misiones de exploración a la luna, esta ha sido representada de muchas maneras en el cine o la literatura. A partir de esto se realizó una revisión de fuentes históricas, literarias y audiovisuales relacionadas con la representación de la Luna. Tomando como referencia autores clave como Julio Verne, pionero en la imaginación de los viajes especiales, con su obra De la Tierra a la Luna (1865) y la película dirigida por Georges Méliès Viaje a la luna (1902) basada en el mismo libro. Junto a la película 2001: Odisea en el espacio (1968) dirigida por Stanley Kubrick e Interestelar (2014) dirigida por Christoper Nolan. Finalmente esta investigación se traslada a un quiz de preguntas al estilo trivia en Kahoot, donde alternamos preguntas con explicaciones. Fuentes: La Luna II: Movimientos – Las Gafas del Hubble https://share.google/HpFYu7mnD3FqWTxEZ NASA SVS | Moon Essentials: Orbit https://share.google/1ErnCf6OOVKAjpIoo Moon as Cheese: The Myth and Science | The Cheese Professor https://share.google/oGiZ41IZLPgJS7JXs De la Tierra a la Luna (1865), Julio Verne.
¿Podría hoy ser más potente tu celular que el Apollo II?

Antes de que existieran las pantallas táctiles, las apps y los dispositivos que llevamos en el bolsillo, una computadora del tamaño de una maleta fue capaz de guiar a los seres humanos hasta la Luna. Hoy, en cambio, basta con sacar el celular para tener en la mano una potencia tecnológica que supera, por mucho, a la de aquellas primeras misiones espaciales. Esta comparación no solo evidencia cuánto ha avanzado la tecnología, sino que también plantea una pregunta: si el celular de hoy es más potente que las computadoras que nos llevaron a la Luna, ¿por qué no lo usamos para viajar al espacio? A lo largo de esta experiencia vas a explorar cómo tres dispositivos —el Apollo Guidance Computer, el sistema de Artemis II y un celular actual— representan distintas etapas de la evolución tecnológica. Más allá de los números, descubrirás que en el espacio no siempre gana el más rápido o el más moderno, sino el más confiable. Y si quieres poner a prueba lo aprendido, también podrás adentrarte en un tarot interespacial, donde cada dispositivo se convierte en una carta con personalidad propia: desde reliquias robustas hasta inteligencias brillantes pero frágiles. Porque en el espacio, como en las cartas, no todo lo que parece poderoso es realmente lo que sobrevive. Prepárate para comparar, cuestionar y sorprenderte: porque entender la tecnología que nos llevó a la Luna también es entender la que llevas todos los días en el bolsillo. Metodología Este contenido interactivo se construyó a partir de un enfoque comparativo técnico y explicativo sobre la evolución de la tecnología en la exploración lunar. En una primera etapa, se definieron tres ejes de análisis: el Apollo Guidance Computer (AGC), los sistemas de cómputo de la misión Artemis II y un celular actual, con el fin de contrastar sus capacidades, limitaciones y contextos de uso. Luego, se realizó la recopilación de información técnica de cada dispositivo, incluyendo características como procesador, memoria, peso, interfaz y sistema operativo. Para ello, se consultaron fuentes institucionales y especializadas, entre ellas documentos oficiales de la NASA, reportes técnicos de empresas como Honeywell Aerospace y Lockheed Martin, así como materiales divulgativos y artículos periodísticos sobre la misión Artemis II y tecnologías espaciales. En una tercera etapa, la información fue organizada bajo criterios de equivalencia (RAM, almacenamiento, arquitectura, consumo energético y resistencia), lo que permitió traducir datos técnicos a comparaciones comprensibles para públicos no especializados. A partir de esto, se construyó una narrativa que no solo explica diferencias de potencia, sino también la importancia de la fiabilidad en entornos extremos como el espacio. Finalmente, se diseñaron elementos interactivos como la comparación entre dispositivos y el tarot interespacial, una herramienta narrativa que reinterpreta los equipos tecnológicos como arquetipos, facilitando la apropiación del contenido mediante el juego y la exploración. Esta estrategia busca reforzar el aprendizaje a través de la interacción, combinando divulgación científica con recursos creativos. Your browser does not support the video tag.
Bitácora de datos para explorar la Luna tras el vuelo de Artemis II

Con el exitoso regreso de la tripulación Artemis II, nos sumergimos en nuestra propia expedición narrativa para descubrir más sobre nuestro satélite. Desde el curso Producción y Géneros III, abordamos este hito histórico mediante una serie de relatos interactivos de periodismo de datos que exploran las complejidades de la Luna y su relación con la Tierra. Te invitamos a navegar por esta bitácora y, sobre todo, a divertirte y aprender con lo que hemos preparado. Encontrarás desde una calculadora lunar hasta piezas que cruzan la tecnología, la historia, la literatura y el cine. ¡Anímate a explorar! Chequea la ciencia del espacio en el cine y la literatura La ciencia ficción sobre el espacio ha representado a la Luna de múltiples maneras. Como un queso, como un escenario al que se puede llegar en pocas horas o como un territorio donde se puede silbar. ¿Qué tanto han acertado autores y directores a la realidad de este satélite? Haz este test lunar y descubre las respuestas. Juega aquí Compara tu smartphone con la ingeniería espacial Si tu celular es miles de veces más potente que las computadoras que nos llevaron a la Luna en 1969, ¿por qué no lo usamos para viajar al espacio? Entender la tecnología que hizo posible el primer gran salto humano al espacio es también entender la que llevas cada día contigo. Prepárate para comparar datos, cuestionar la potencia de tus dispositivos y sorprenderte con este duelo de ingeniería interactivo que te ofrecemos aquí. Compara aquí Navega por la geopolítica lunar Creamos un mapa interactivo que detalla cada contacto de la humanidad con la superficie lunar: su origen, fecha y coordenadas. Sin embargo, la geografía de las misiones ha cambiado. Mientras la era bipolar priorizó la accesibilidad de la franja ecuatorial, la nueva etapa se dirige al Polo Sur. En los cráteres del satélite, la posible presencia de agua congelada marca hoy la hoja de ruta científica y estratégica de los nuevos actores espaciales. Visita el mapa aquí
Regreso a la Luna: el satélite que el mundo no ha dejado de disputar

Desde el Apolo 11 hasta los rovers chinos en la cara oculta, la luna ha sido el escenario donde el poder se mide en kilómetros de distancia. Medio siglo de alunizajes protagonizados por estadounidenses, soviéticos, chinos, indios y japoneses desembocan hoy en una nueva fase: en 2026, una tripulación humana volvió a orbitarla, y la disputa geopolítica por nuestro satélite se reanuda con más actores y más intereses. En diciembre de 1972, Eugene Cernan y Harrison Schmitt pasaron tres días en el valle de Taurus-Littrow, en la cara visible de la Luna. Eran los últimos humanos en pisar nuestro satélite y, quizás, pocos imaginaban que habría que esperar más de medio siglo para que una tripulación con humanos volviera siquiera a orbitarlo. Ese paréntesis terminó el 1 de abril de 2026, cuando la misión Artemis II despegó desde el Centro Espacial Kennedy con cuatro astronautas a bordo: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Aunque se trató de un vuelo de prueba sin alunizaje, la misión situó nuevamente a seres humanos en el espacio profundo y confirmó el interés estratégico por el satélite. Durante el tiempo transcurrido desde 1972, la actividad en la Luna fue exclusivamente robótica: China (2013), India (2023) y Japón (2024) lograron aterrizajes con sondas, estableciendo antecedentes tecnológicos para la actual competencia espacial. La Luna en el orden bipolar La primera manifestación de la carrera por la exploración lunar llegó en 1957, cuando el Sputnik 1 soviético sobrevoló territorio estadounidense varias veces al día y demostró que el espacio era, ante todo, un asunto de poder. Como señaló el historiador Eric Hobsbawm en Historia del siglo XX, la expansión económica de posguerra dependió de tecnologías que nadie imaginaba antes de 1945. El cohete y el satélite fueron dos de ellas: nacieron en la industria de guerra para luego convertirse en instrumentos de prestigio nacional. Durante dos décadas, la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética no solo produjo hitos como el Apolo 11 en 1969, sino también la creación de un marco jurídico internacional. Entre 1967 y 1979, la ONU impulsó cinco tratados fundamentales. El más relevante fue el Tratado del Espacio Exterior, que prohibió la apropiación de la Luna y estableció el uso pacífico del cosmos. Sin embargo, otros intentos como el Acuerdo de la Luna fracasaron. Este apenas reunió 18 firmas y ninguna potencia espacial aceptó suscribirlo. Más allá del duelo bilateral: nuevos actores en la carrera lunar Aquel marco legal actual fue diseñado para un contexto bipolar y no previó la complejidad del escenario presente. Aunque la competencia parece centrarse en Estados Unidos y China, el panorama es ahora mucho más multipolar. El país asiático se ha consolidado como una potencia de primer orden: en 2019 alunizó en la cara oculta (misión Chang’e 4) y posteriormente recuperó muestras de esa región. Su programa prevé llevar tripulación a la superficie antes de 2030 y y, junto a Rusia, avanza en la construcción de una estación lunar permanente. A esta dinámica se han sumado India y Japón, diversificando los actores en juego. Sin embargo, el factor distintivo del siglo XXI es la irrupción del sector privado. Empresas como SpaceX, Blue Origin, Boeing y Lockheed Martin han transformado la exploración espacial al reducir los costos operativos y acelerar los tiempos de desarrollo. Geografía del poder en la luna El mapa que sigue detalla cada contacto de la humanidad con la superficie lunar: su origen, fecha y coordenadas. Este deja ver que la geografía de las misiones ha cambiado. Mientras la era bipolar priorizó la accesibilidad de la franja ecuatorial, la nueva etapa se dirige al polo sur. En sus cráteres, la posible presencia de agua congelada marca hoy la hoja de ruta científica y estratégica de los nuevos actores espaciales. Metodología La información sobre los alunizajes desde el siglo XX hasta la fecha fue recopilada y organizada manualmente en una hoja de cálculo de Excel, incluyendo coordenadas, país o agencia responsable, año y resultado de cada misión. Los datos fueron verificados antes de ser utilizados. Con esa base de datos y el apoyo de Gemini AI, se construyó el código para visualizar las misiones sobre un mapa lunar interactivo, ubicando cada alunizaje en sus coordenadas exactas. Las fichas informativas que aparecen al hacer clic en cada punto fueron diseñadas en Canva. ¿Cómo navegar la herramienta? Para navegar la herramienta, el mapa puede desplazarse libremente arrastrando con el cursor, y el nivel de zoom se ajusta con la rueda del mouse. En el panel izquierdo de la interfaz se encuentra el listado de todas las misiones, desde donde se puede seleccionar cualquiera de ellas. Al hacer clic sobre una misión, ya sea desde el panel o directamente en el mapa, se despliega una ficha con fotografía e información básica de esa misión.
Semillas nativas: la lucha comunitaria por la soberanía alimentaria en el Atrato

En El Carmen de Atrato, campesinos y científicos han descubierto que la única manera de salvar sus semillas es poniendo a dialogar lo ancestral con lo técnico. De ese encuentro nació un protocolo intercultural que hoy protege la vida del territorio. Ilustración por Luisa Fernanda Arango. Es luna menguante y Ligia Ortega ya tiene sus semillas preparadas. A sus 68 años —que a veces le pesan en el cuerpo pero no en la memoria— dice que sus manos han aprendido a reconocer las de mejor calidad, esas que pueden resistir un clima cada vez más cambiante. Como muchos otros campesinos de El Carmen de Atrato, en el departamento de Chocó, Ligia se sabe custodia de uno de los patrimonios naturales más importantes de su pueblo: las semillas nativas. Es reconocida como una sabedora del territorio y se asume guardiana y narradora de prácticas que no deberían desaparecer. Nació en una familia de agricultores, en un hogar atravesado por la herencia antioqueña y la chocoana, donde cultivar la tierra era parte de la vida cotidiana. “El Carmen de Atrato es un municipio frío y montañoso —explica—. Estamos en una parte bajita, pero alrededor hay muchas cimas. Incluso el río Atrato nace en una de esas montañas inmensas. Cuando llega a nuestro municipio ya viene más crecido, y cuando avanza por el Chocó se vuelve navegable”. Así describe Ligia el territorio que la vio crecer. En su memoria hay un Carmen distinto; uno más frío, en el que vivían envueltos en neblina, y el río Atrato era “vida pura”, con peces grandes, agua cristalina y familias que se bañaban sin miedo a enfermarse. Hoy, dice con tristeza, “ese río ya no tiene color claro”, y los peces han ido desapareciendo, arrasados por la actividad minera. Hace unos veinte años, el municipio era conocido como la despensa agrícola de Quibdó, por la riqueza de sus suelos y la abundante producción que abastecía los mercados de la capital chocoana. Desde muy pequeña, Ligia ayudaba a su papá —agricultor toda la vida— en las labores del campo y recuerda que su familia siempre tuvo una profunda vocación agrícola. “Aquí se cultiva de todo —relata—. Antes solo dábamos café, naranja y un plátano que conocíamos como el enano. Pero ahora producimos guanábana, borojó, fríjol, marañón y cebolla en rama. Sin embargo, ya no es como antes: las veredas se han ido apagando, muchas semillas antiguas se han perdido y el clima ha cambiado tanto que ahora incluso tenemos más variedades de café”. Esa preocupación colectiva abrió el camino para que campesinos, sabedores e investigadores unieran esfuerzos en la recuperación y cuidado de las semillas nativas. *** En un convite formado por 20 campesinos de la zona y dos sabedores —entre ellos, Ligia—la comunidad se reúne en una jornada de trabajo colectivo con investigadores de Agrosavia —Corporación colombiana de investigación agropecuaria— para limpiar el terreno, seleccionar las semillas y proceder a sembrarlas. Allí se entrelazan sus saberes tradicionales, transmitidos de generación en generación, con nuevas técnicas validadas científicamente que, señala Ligia, son fundamentales para que los cultivos crezcan bien y sin plagas. Ella, así como sus compañeros de jornada, sabe que tanto la preservación de semillas criollas —aquellas que no han sido intervenidas genéticamente— como el rescate y la protección de la vocación ancestral de producción agrícola de El Carmen de Atrato es tal vez su misión más importante.Y es, al mismo tiempo, la manera que tienen de proteger esa relación profunda y simbólica que los une con el río. Durante las últimas décadas, las semillas han sufrido una profunda transformación y vulneración debido a la expansión de la minería industrial por parte de la empresa MINNER S.A., propiedad de la canadiense Atico Mining Corporation. A partir de las cerca de 6.356 hectáreas destinadas a la explotación de cobre y otros minerales, la actividad minera ha contaminado el territorio, deteriorado los suelos y el río, y reducido drásticamente la disponibilidad de alimentos. A esto se suma que, en mayo de 2025, la licencia de operación fue renovada por 30 años más. El municipio hoy enfrenta una crisis de seguridad alimentaria, la desaparición de semillas y cultivos tradicionales, el abandono del campo por parte de los jóvenes y la pérdida progresiva de conocimientos agrícolas ancestrales. Ramón Cartagena, miembro de los Guardianes del río Atrato, relata que hoy los jóvenes prefieren trabajar en la mina antes que cultivar la tierra y esa elección ha ido vaciando las veredas de campesinos. También, ha llevado al municipio a perder su capacidad de autoabastecimiento; hoy buena parte de los alimentos que consumen en Carmen de Atrato son traídos desde municipios como Urrao. Algunas semillas, como las de la calabaza ‘Victoria’ y dos variedades de fríjoles, ya han desaparecido.Unas cuantas más, como la del fríjol petaco, están en riesgo de extinguirse. Y a esto se suma un problema adicional: la dificultad de los caficultores para vender su producción, ya que desde el 2022, la tienda de la Cooperativa de Caficultores de Andes —que compraba la producción local— cerró, obligando a los productos a movilizarse hasta Ciudad Bolívar, en Antioquia, para vender su cosecha. Esto ha provocado que el café, que alguna vez sostuvo a muchas familias, hoy se quede embodegado en las fincas o sea vendido a intermediarios que pagan casi nada por él. Las palabras de Ramón destilan la nostalgia de un territorio que fue fértil antes de que la minería “cambiara al pueblo” y lo volviera un lugar donde los jóvenes ya no sueñan con el campo. Recuerda árboles desaparecidos —como el comino o el cedro— como si fueran familiares que se marcharon sin despedirse. También evoca semillas que ya no se encuentran en la región y cómo su ausencia se llevó consigo una parte de la memoria campesina. Y aun así, en medio de esa tristeza, hay una ternura enorme en la forma en que recuerda la siembra: “Muy empírico todo”, dice, un aprendizaje nacido de observar a los mayores, de manos que crecieron con ellos más que de
Raíces de resistencia: mujeres raizales que restauran manglares en Santa Catalina

En medio de la crisis climática, las mujeres raizales de Santa Catalina, en el Caribe insular colombiano, siembran semillas de manglares para reforestar la barrera natural que protegió a la comunidad del desastre ambiental del huracán Iota. Virginia Webster sostiene el manglar rojo en agua. Foto: Ana María Jessie. Virginia Webster está de pie en el patio de su casa en la isla de Santa Catalina, bajo un vivero remendado por tubos de hierro oxidados por la salinidad de la mar. Tiene varias mesas de madera en las que están organizados los manglares en bolsas de tierra que apenas comienzan a crecer botando sus primeras hojas verdes. En otra mesa están las semillas de mangles aboyando en envases plásticos llenos de agua donde brotan sus raíces. Con sus manos señala los manglares que está por trasplantar a la tierra o al mar, y al mismo tiempo se lamenta; hay algunos que se han marchitado, porque entre el trabajo del hospital local de Providencia y los quehaceres de su casa, el tiempo no le da para estar aquí y allá. Tiene que sobrevivir, en una isla donde es imposible sostenerse con el salario mínimo y la crisis climática con desastres ambientales, como el huracán Iota, llegan a empeorarlo todo. Pero ve los manglares que van floreciendo, la barrera marchitada con huecos gigantes que tiene solo mangles secos, y se recuerda a ella misma por qué empezó a sembrar de manera voluntaria estas plantas anfibias. “Esta idea me nació después del huracán Iota, los manglares protegieron a toda la comunidad y a los animales”, cuenta. La línea de manglares que bordea la isla de Santa Catalina fue una barrera contra la fuerza de las olas, que golpeaban la orilla con más de siete metros de altura, y del viento, que con fuerza se llevaba todo a su paso. La noche del 15 de noviembre del 2020, el huracán Iota —de categoría cinco— destruyó el 98 % de la infraestructura de Old Providence and Ketlina (Providencia y Santa Catalina) y el 90 % de su ecosistema marino y bosque seco tropical que conforma el archipiélago de San Andrés, Old Providence and Ketlina, localizado en el Caribe occidental, a cerca de 750 kilómetros del territorio continental colombiano. Cuando Webster se encontró con el desastre, el 16 de noviembre, lloró mucho al ver que su casa no estaba ni la de los vecinos. Todo lo que había construido en sus 53 años se lo llevó la mar furiosa. “Yo lloré, lloré mucho. Lo perdimos todo. Todo lo que uno ha trabajado para tener toda su vida lo perdimos en un solo día”. El huracán Iota causó la muerte de tres personas y dejó a 2.347 familias damnificadas, de acuerdo con el Registro Único de Damnificados (RUD). En cuanto a infraestructura, dejó un saldo de 1.088 viviendas colapsadas, 877 averiadas y 150 equipamientos turísticos afectados, según la Veeduría Cívica Old Providence. Mientras las dos islas intentaban recuperarse y sobrevivir en medio de la ausencia histórica del Estado, Webster agradeció a Dios y a los manglares, y junto a seis mujeres raizales de su comunidad decidió buscar semillas en los manglares del suroeste de Providencia donde el manglar se enraiza con la tierra firme. “Los manglares de Santa Catalina crecen a orillas de la mar y cuando la semilla cae, la corriente se la lleva. Por eso junto a mis compañeras nos metimos manglar dentro, buscábamos las semillas y las poníamos en agua, para que comenzaran a echar raíces”, explica Webster mientras señala los tipos de manglares. “Aquí tenemos cuatro clases de manglares: está el rojo que crece más a la orilla, o sea al nivel del mar; el negro; el blanco, y el botón. Esos son los que existen en nuestra isla y todos son importantes”, explica Webster al tiempo que toca las hojas de los manglares que están floreciendo en su patio. Aunque han pasado cinco años del paso del huracán Iota en las dos islas, la barrera de manglares de Santa Catalina no se ha recuperado totalmente; de esos manglares verdes que de lejos parecían ser uno junto a la montaña, solo quedan cayos distanciados que intentan sobrevivir y donde los cangrejos apenas encuentran refugio. Barrera de manglares de Santa Catalina destruida por el huracán Iota. Foto: Ana María Jessie. “Antes de que pasara el huracán, los manglares eran muy frondosos. Cobijaban gran parte de las zonas costeras, no se alcanzaba a ver a través de ellos, no entraban vientos fuertes, estaban llenos de cangrejos, de aves. Eran altos y formaban parte del paisaje”, dice Paola James, trabajadora social y lideresa raizal de Providencia y Santa Catalina El biólogo marino, Fernando Cárdenas, quien trabaja actualmente con macroalgas marinas, explica que los manglares tienen varias funciones ecosistémicas y costeras que son clave en comunidades de primera línea del cambio climático. “La primera es que fungen como una barrera de protección física contra el oleaje y los vientos que vienen de ultramar. Con el arrecife de coral el oleaje pierde el 70 % de su fuerza, y el restante se ve contrarrestada por los manglares”, sostiene. Asimismo, James explica que los manglares son protectores de comunidades insulares: “Los manglares garantizan la vida en este lugar; hacen que los vientos no lleguen de forma directa. Santa Catalina está en la parte norte, entonces recibe bastantes vientos y la marea sube con más facilidad. Los habitantes están al nivel del mar prácticamente. Es fundamental restaurarlos para la vida y para mantener la salud de ese lugar”. Para las mujeres raizales que hacen esta labor comunitaria es importante que los manglares rojos florezcan y no mueran, debido a que este tipo es más resistente a tormentas y huracanes porque sus raíces se agarran con fuerza a la tierra. Después de poner las semillas de manglares por 15 días en envases de agua, Webster las pasa a bolsas de tierra donde van a empezar a sostenerse y crecer hasta que comienzan a echar hojas. “Los manglares que no son
El océano en disputa: decisiones frente al mar para enfrentar la crisis climática

Apenas el 5 % del océano ha sido explorado y un 0,001% observado directamente en sus profundidades. Su aparente lejanía, sumada al alto costo tecnológico de estudiarlo, reforzó la idea de que es un espacio infinito, ajeno y secundario, frente a los paisajes terrestres que habitamos. La crisis climática actual revela que ignorarlo tiene consecuencias directas sobre nuestra supervivencia. Ilustración por Matildetilde (IG: @matildetil). A pesar de encontrarse en un planeta llamado Tierra, el océano ocupa el 70 % de su superficie. Se le suele poner un nombre específico dependiendo de la costa desde la que es avistado —Atlántico, Índico, Antártico, Pacífico y Ártico— aunque se trate de un mismo cuerpo continuo. Más que una masa de agua, es un bioma: una gran región viva del planeta moldeada por condiciones ambientales propias —como la salinidad de su agua— que a su vez alberga varios ecosistemas —arrecifes de coral, manglares, llanuras abisales, entre muchas otras—. Este gigante azul, testigo de las primeras formas de vida en la tierra, ha representado todo un reto en su estudio; apenas el 5 % ha sido explorado y un 0,001 % observado directamente en las profundidades, según el estudio reciente de Katherine Bell, y su equipo, publicado este año en la revista Science. Durante décadas, esa lejanía física —y el enorme costo tecnológico de estudiarlo— ha reforzado la idea de que el océano es infinito, inabarcable, secundario frente a los paisajes terrestres que habitamos. Este imaginario ha retrasado decisiones urgentes sobre su protección y gobernanza. Pero, en la medida en que la ciencia ha revelado su importancia, el océano empieza a permear las hojas de ruta para las políticas climáticas y ambientales de las próximas décadas. Si quieres saber más sobre el océano y su papel en la mitigación de la crisis climática, escucha el pódcast El océano en disputa: nuestro más grande aliado. El sesgo propio de ser animales terrestres Tardamos un poco en darnos cuenta de su importancia. Los que ahora poblamos la tierra tuvimos que desarrollar nuevas formas de locomoción, respiración y reproducción —entre muchas otras adaptaciones— para sobrevivir afuera del agua, salto que marcó un hito en la evolución. Desde entonces, pareciera que empezamos a caminar continente adentro y volvimos al mar solo para contemplarlo como si fuera una frontera, más que un territorio vivo. Esta distancia alimentada por nuestra inmersión cotidiana en ambientes terrestres, contribuye a que aquello que nos resulta lejano, complejo o difícil de investigar quede, con frecuencia, al margen de las discusiones sobre gobernanza, conservación e inversión científica. De ahí emerge lo que diversas investigaciones describen como un “sesgo terrestre”: una tendencia a priorizar los ecosistemas más visibles, accesibles o culturalmente familiares. Lejos de ser solo una intuición cultural, este patrón ha sido documentado en estudios que analizan cómo se distribuyen los recursos para investigación, conservación y formulación de políticas, mostrando una marcada predominancia de los sistemas terrestres frente a los marinos. Como lo señala el oceanógrafo portugués Miguel Bastos, en su entrevista para el medio divulgativo SINC, “la ciencia de la conservación está influenciada por prioridades humanas y no ecológicas”. Esta brecha no solo condiciona qué ecosistemas protegemos primero, sino también qué amenazas entendemos mejor, qué financiamiento se moviliza y qué crisis logramos ver a tiempo. El problema es que el mundo, fuera de la concepción humana, no funciona bajo esta lógica de separación y otredad. Los ciclos naturales son interdependientes: la cantidad de agua que llega a los páramos recibe la transpiración de los árboles del Amazonas, la pérdida del hielo Ártico intensifica los huracanes del Atlántico y el Caribe, entre muchos otros fenómenos de los que hasta ahora empezamos a entender su complejidad. El océano no es la excepción por lo que se hace necesario conocer su importancia para entender las acciones urgentes en negociaciones globales como las de las conferencias sobre cambio climático (COP). “El océano domina con creces la circulación del calor y gran parte de la vida en el planeta está relacionada con los sistemas marinos”, recuerda, en conversación con Mutante durante la COP30, Johan Rockström, científico pionero en las teorías que sustentan buena parte de la acción climática contemporánea —incluidos los puntos de inflexión y los límites planetarios—. “El planeta cuenta con un enorme termostato. Es una casa con sistemas de refrigeración hechos de tuberías de agua, y el calor lo atrapa el océano”, concluye. Esto se debe a procesos físicos —como la mezcla vertical, los vientos, las corrientes superficiales y el sistema de circulación profunda— que permiten redistribuir el calor alrededor del globo. Pero su papel no termina ahí. El océano también es fundamental en el ciclo del carbono: es responsable de cerca del 50 % del oxígeno que respiramos. Los pulmones del planeta también son marinos y están formados por fitoplancton, pastos marinos y otros organismos fotosintéticos. Además, el CO2 se solubiliza al entrar en contacto con su gran espejo de agua disminuyendo su presencia en la atmósfera. “El océano es nuestro mejor amigo, enfriando el planeta al absorber el 90 % del calor y el 25 % del dióxido de carbono. El problema es que esto es una respuesta al estrés, no es un favor. Es la forma en la que el planeta intenta mantenerse estable”, sostiene Rockström. Esa respuesta al estrés, por parte del océano, fuera de ser motivo de estudio y exposición en salones de conferencias, empieza a mostrar sus síntomas con las comunidades que viven día a día en sus orillas. Allí, desde la vivencia, es cuando se deja ver la urgencia en la implementación de soluciones acordes con el rol que cumple el océano en la estabilidad global. Trisha Forbes, bióloga marina oriunda de la isla de San Andrés, quien a través de su fundación Raizal Bluuh Ruuts trabaja de la mano con las comunidades de pescadores artesanales e isleños, comenta: “Lo que más me preocupa es escuchar a los pescadores decir ‘cada vez hay menos peces, los arrecifes ya no son como antes. Mis hijos ya no quieren pescar, porque
Financiar la adaptación: entre promesas globales y realidades locales

Colombia necesita adaptarse al cambio climático y lo hace a través de deuda. Una experiencia en el Lago de Tota, muestra los retos y aprendizajes para aprovechar mejor la financiación climática que llega al país. Ilustración por Matildetilde (IG: @matildetil). Colombia se endeuda para financiar asuntos de biodiversidad y cambio climático: el 93 % del financiamiento destinado a estos temas en 2023 fue a través de préstamos. Aunque el Acuerdo de París responsabiliza a los países desarrollados —que más contaminan— de financiar la mitigación y la adaptación frente al cambio climático en los países del sur global —los más afectados—, muchos de estos recursos generan deuda para los Estados que los obtienen. Además, el dinero que actualmente sí se recibe para acciones de adaptación en forma de donación, desde fondos creados por organismos como la conferencias de las partes sobre cambio climático (COP), no se aprovecha completamente en los territorios debido a retos que aún persisten en distintos niveles: los organismos internacionales, el Estado receptor —en este caso, Colombia— y las comunidades locales. Enfrentar estas dificultades permitiría que los fondos que hoy se implementan tengan los resultados esperados y sean sostenibles en el tiempo, así como preparar a las comunidades para el financiamiento directo que se viene discutiendo en escenarios como las COP. La financiación para la adaptación es un acto de justicia Colombia no es uno de los grandes emisores de CO2 ni de otros gases causantes del cambio climático global. De hecho, son los países desarrollados los que más han generado daños en el medio ambiente y, por lo tanto, quienes tienen mayor responsabilidad de restablecer la salud e integridad de la Tierra, como lo indica el Principio 7 de la Declaración de Río sobre responsabilidades comunes pero diferenciadas. Esto también lo reafirma la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, que señala, además, que los países desarrollados tienen el deber de apoyar a los más vulnerables para hacer frente a los efectos del cambio climático. En el territorio nacional, los impactos económicos del cambio climático y de la variabilidad climática son evidentes. Por ejemplo, en 2010 y 2011, Colombia vivió la fuerza del fenómeno de La Niña. Según el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, las lluvias e inundaciones generaron pérdidas por 11,2 billones de pesos, afectaron a 3,2 millones de personas y concentraron el 82 % de los daños en vivienda e infraestructura. El evento dejó en evidencia la profunda vulnerabilidad del país y la falta de estrategias de adaptación frente a fenómenos extremos. Desde entonces, fenómenos exacerbados por el cambio climático —como los incendios y la sequía de 2024— muestran la urgencia de fortalecer capacidades locales e involucrar a las comunidades en la prevención y atención de desastres, mediante acciones de adaptación. Aquellas que ayudan a reducir la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos ante los efectos reales o esperados del cambio climático Pero esto requiere recursos y, de acuerdo con el Índice de Finanzas Sostenibles 2025 de GFLAC, el 93 % del financiamiento internacional que ha recibido Colombia para biodiversidad y cambio climático ha creado endeudamiento; solo el 7 % corresponde a donaciones. La COP30 y el dinero para la adaptación El tema de financiamiento climático, especialmente las cantidades de dinero que deben aportar los países desarrollados a los países en desarrollo para acciones de adaptación, entre otras, es uno de los principales puntos de discusión durante las conferencias de las partes. En la pasada COP30, realizada en noviembre de 2025 en Brasil, se lograron avances importantes en financiación climática, aunque sin romper la tendencia dominante: la mayor parte de los recursos internacionales sigue llegando en forma de préstamos que incrementan la deuda de los países en desarrollo. María Paula González Espinel, abogada de Ambiente y Sociedad, indica que solo se hizo un llamado a trabajar en la posibilidad de que el financiamiento tenga mejores condiciones que las tasas del mercado o exista una mayor opción de subvenciones, pero no quedó como una obligación para las Partes. En la COP30 se definieron por primera vez indicadores para el Objetivo Global de Adaptación (GGA), orientados a medir avances en resiliencia —desde el acceso al agua hasta la mortalidad por calor extremo—, que permitirían identificar brechas en la inversión, sectores con mayor financiamiento y grupos poblacionales más expuestos (mujeres, niños, adultos mayores, personas con discapacidad y comunidades locales e indígenas). Sin embargo, muchos fueron modificados a última hora, quedando incompletos o técnicamente inviables; por lo que seguirán siendo discutidos en las negociaciones previas que se realizan cada año, en Bonn (Alemania), antes de la próxima COP, y no es claro si los países estarán dispuestos a comenzar a utilizarlos. La conferencia concluyó con el compromiso de triplicar la financiación para adaptación hacia 2035, lo que significa destinar unos 120 mil millones de dólares anuales a adaptación dentro del Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado (NCQG), adoptado desde la COP29. Sin embargo, esta cifra sigue muy por debajo de las necesidades reales, pues el IHLEG estima que solo las economías emergentes y en desarrollo –incluída Colombia– requerirán 400 mil millones anuales exclusivamente para adaptación, dentro de un total de 3,2 billones necesarios para el clima y la naturaleza. En respuesta a esta brecha, la Hoja de Ruta Baku to Belém plantea movilizar 1,3 billones de dólares anuales en financiamiento externo para los países en desarrollo para 2035, aunque su cumplimiento dependerá del compromiso de las Partes y de una mayor cooperación internacional. Además, la financiación para la adaptación continúa dependiendo casi totalmente del sector público, ya que muchos proyectos esenciales —como la protección costera frente a inundaciones— ofrecen poca rentabilidad y no atraen inversión privada. Mientras estas discusiones siguen latentes en el escenario internacional, con el pequeño porcentaje que llega a los países del sur global en forma de donaciones —o dinero que no debe devolverse— ya se están financiando proyectos de adaptación al cambio climático. Estas experiencias permiten comprender el proceso de financiación desde el planteamiento hasta la llegada a los territorios, así como