Amar(a) en cada gota de leche

La bebé que carga Valentina es Mía, su sobrina. Para el momento de esta foto, Amara aún no había nacido. Collage: Sofía Parra Álvarez.

En medio del duelo por la pérdida de su hija, que murió 37 días después de su nacimiento, Valentina Jurado decidió no parar de lactar. Durante 11 meses donó la leche materna que su cuerpo produjo para hacer de cada extracción una resignificación de su duelo.

Combinación antioqueña: arriba, abajo, ultraderecha

El novato político Abelardo de la Espriella se enfrentó al uribismo y ganó. Ni el propio Álvaro Uribe logró convencer a Antioquia. La tierra que históricamente ha sido el bastión de su movimiento le entregó al abogado cordobés casi dos millones de votos. Ahora, para llegar a la Casa de Nariño, De la Espriella tendrá que convencer a los paisas que aún dudan de su proyecto.

Mala madre

Hay experiencias que permanecen en el silencio. La depresión postparto es una de ellas. Entre las expectativas de felicidad y el tabú alrededor de la experiencia de maternar, miles de mujeres y personas gestantes atraviesan emociones que no encajan en el ideal de la “buena madre”.

Entre rejas me llaman mamá

Entre rejas me llaman mamá

En Colombia, miles de mujeres ejercen la maternidad desde la cárcel. Algunas dan a luz y crían adentro, otras extrañan a quienes están afuera. Sus hijos, mientras tanto, crecen con una ausencia que el sistema no registra y que nadie les explica. Las cárceles colombianas fueron diseñadas pensando en el hombre delincuente. Cuando una mujer entra a ellas, queda atrapada en un sistema que no fue construido para sus realidades, como ser madre, y mucho menos para sus hijos. La Ley 65 de 1993 reconoce el derecho de las madres reclusas a llevar su embarazo a buen término y a tener a sus hijos consigo hasta los tres años. Las Reglas de Bangkok, aprobadas por las Naciones Unidas en 2010, establecen estándares internacionales de atención diferencial para mujeres gestantes y lactantes en prisión. Y sin embargo, de las 40 mujeres embarazadas registradas en establecimientos penitenciarios colombianos en 2025, 37 fueron caracterizadas con algún riesgo clínico o psicosocial. La norma que busca cuidarlas existe, pero la realidad es otra. Entre rejas me llaman mamá es una investigación periodística que busca llegar al corazón de esa experiencia, a ponerle voces a los datos. No para hablar de crímenes ni de condenas, sino para contar lo que significa ser madre en un lugar diseñado para el castigo: lo que significa gestar sin libertad, parir sin la mano de nadie conocido, criar en nueve metros cuadrados, o amar a un hijo que crece al otro lado de una reja y al que solo se puede abrazar los domingos durante una hora y bajo la mirada de un guardia. Este proyecto nació en Medellín y se trasladó a Bogotá, en conversaciones con mujeres que accedieron a contar sus historias.  Entender el contexto y contextualizar las palabras Para entender esta realidad hay que empezar por el contexto, por las palabras. Diccionario de una madre en prisión define los conceptos que estructuran esta investigación: qué es una cárcel, qué es la maternidad en prisión, quién es el cuidador, qué implica una sentencia para una familia entera. No como ejercicio académico, sino como punto de partida para comprender lo que los datos revelan. https://youtu.be/a9kgvCKBfBo Escuchar las historias Para entender mejor los datos, hay que escuchar los testimonios. Historias en reclusión es un pódcast de dos episodios que documenta la maternidad en prisión desde las voces de quienes la viven. En el primero, Zuleymi Martínez cuenta lo que significa gestar, parir y criar dentro de la cárcel El Buen Pastor, en Bogotá. En el segundo, Helen Dayana Cruz Cajicá relata lo que fue crecer mientras su mamá cumplía una condena. Ambos episodios cuentan también con el análisis de Danna Fernanda Tejada, psicóloga con experiencia en establecimientos penitenciarios, y Juan David Posada, doctor en Derecho y experto en derechos humanos de personas privadas de la libertad. Hablar con los niños y niñas Cuando una madre entra a la cárcel, sus hijos quedan afuera con una pregunta que nadie sabe responder: ¿dónde está mamá? La mayoría de los cuidadores no saben cómo explicarlo. Muchos optan por el silencio o por historias que tarde o temprano se derrumban. Los niños, mientras tanto, llenan ese vacío con lo que pueden. Para cuando preguntes por mí es un cómic pensado para acompañar esa conversación. A través de la historia de un niño y su abuela, ofrece un lenguaje accesible y honesto para explicarle a un menor de edad que su mamá está en la cárcel. Al final incluye una guía de orientaciones prácticas dirigida a los adultos que acompañan estos procesos. La realización de este cómic contó con la orientación profesional de María Camila Tuberquia, trabajadora social, y Elizabeth Portilla, psicóloga especialista en neurodesarrollo y aprendizaje. 

Una ficha, dos jugadores: la derecha se pelea por Antioquia

Foto: Mi Oriente y Risaralda Hoy.

Antioquia, bastión y cuna del uribismo, se enfrenta a sí misma de cara a las elecciones. La disputa entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella por los votos de la derecha paisa dividió a políticos, partidos tradicionales y al mismo departamento. Analizamos las tensiones y el tablero de juego antes de la batalla final en las urnas de la primera vuelta.

Paridad en números: La participación de las mujeres en el Congreso

Paridad en números: La participación de las mujeres en el Congreso

Las mujeres en Colombia representan un 51.2% de la población según el DANE. En las últimas tres décadas sólo han ocupado en promedio el 18% de las sillas donde se escriben las leyes. Esa es la matemática de la desigualdad política en Colombia. Puedes visitar el especial dándole click a la imagen.

Viviendas que no alcanzan y techos que no protegen: el reto de vivir en Robledo

Viviendas que no alcanzan y techos que no protegen: el reto de vivir en Robledo.

En Medellín, miles de familias habitan viviendas inadecuadas. Solo en Robledo, la segunda comuna más grande y poblada, más de 18.000 hogares tienen déficit habitacional. El crecimiento poblacional, el alto costo de vida, la falta de programas sociales y los impactos en la salud hacen que, para muchos, una vivienda digna siga siendo un privilegio más que un derecho. Foto: Valeria Londoño Morales Entre el mosaico de ladrillos naranjas y techos de zinc que conforman los barrios de Medellín, miles de familias viven en viviendas que no cumplen condiciones adecuadas. En algunas, la cocina se confunde con el espacio para dormir; en otras, las paredes son de tabla o esterilla, los techos están remendados, no hay agua corriente y por las calles nunca ha pasado el camión de la basura. Mientras tanto, otras familias ni siquiera logran tener un techo propio y deben compartir vivienda con parientes o mudarse de arriendo en arriendo. A este fenómeno se le conoce como déficit habitacional. En Medellín (2024), uno de cada cinco hogares presenta problemas de vivienda: 192.475 hogares, equivalentes al 19.14 % del total de la ciudad (1.005.376). El 80.1 % corresponde al déficit cualitativo, es decir, viviendas que existen, pero que presentan, por ejemplo, goteras, grietas, instalaciones precarias o materiales frágiles que impiden considerarlas dignas y seguras. Y el 19.8 % restante representa el déficit cuantitativo, cuando faltan viviendas para cubrir la demanda. Entre tanto, hay comunas más o menos afectadas según sus particularidades. Hoy el fenómeno aqueja particularmente a tres (ver mapa). Según la Alcaldía*, 18.148 hogares de Robledo vivían en déficit habitacional en 2024. En 2021 eran 11.994. El aumento del 51.3 % puede no notarse desde la calle, pero está ahí, escondido detrás de paredes agrietadas, techos remendados, cocinas improvisadas y habitaciones donde duermen más personas de las que caben. Your browser does not support the video tag. Viviendas que no alcanzan Beatriz Posada tiene 59 años y vive en Robledo desde que tenía dos. Casi toda su vida transcurrió en el barrio El Pesebre, pero hace siete años reside en el Olaya Herrera y es la presidenta de su Junta de Acción Comunal. “Aquí sí hay mucha gente que en verdad no tiene casa y viven en unos ranchitos de madera que uno dice ‘pero ¿cómo hacen para vivir ahí? ¿Cómo hacen para acomodarse, cómo hacen por Dios?’ Aquí hay muchas familias que necesitan un hogar”, dice Beatriz sobre lo que hoy ve como paisaje en Robledo.  A esta problemática se le conoce como déficit habitacional cuantitativo: la falta de viviendas suficientes para cubrir la demanda de hogares que necesitan una. Según la Alcaldía de Medellín, entre 2021 y 2024, Robledo sumó 10.797 habitantes, 7917 hogares y 7425 viviendas. Aunque las cifras parecen equilibradas, la realidad no lo es: la construcción no alcanza a compensar el deterioro ni el aumento de la demanda, y en 2024 la comuna registró el mayor número de casos de déficit cuantitativo en Medellín. Los datos muestran que el problema crece rápido: en 2021, Robledo tenía 1996 hogares con déficit cuantitativo (2.81 %), pero para 2024 la cifra subió a 6533 (8.4 %). El contraste ayuda a dimensionarlo: ese mismo año, comunas como El Poblado, Belén y La América registraron porcentajes mucho menores —3.3 % (1576), 2.8 % (1890) y 0.4 % (144) de hogares afectados, respectivamente— y entre los más bajos de la ciudad. Robledo, la comuna 7 de Medellín, es la segunda más extensa de la ciudad con 9.46 kilómetros cuadrados. Ubicada al noroccidente, limita con seis comunas —Doce de Octubre, Castilla, Laureles–Estadio, La América, San Javier y San Cristóbal— y está conformada por 22 barrios: Pilarica, Altamira, Córdoba, San Germán, Cerro el Volador, Bosques de San Pablo, B. Facultad de Minas U. Nacional, Villa Flora, Palenque, Aures No. 1, Aures No. 2, El Diamante, López de Meza, Bello Horizonte, Robledo, Pajarito, Monteclaro, El Cucaracho, Fuente Clara, Olaya Herrera, Santa Margarita y Nueva Villa de Iguaná. Your browser does not support the video tag. El déficit habitacional se ha extendido por toda la comuna 7, aunque es más crítico en algunos sectores. “El mayor porcentaje está en la zona Sur, en los retiros de la quebrada La Iguaná. Desde El Pesebre hasta el límite con San Cristóbal hay barrios de invasión donde no hay calidad de vida”, explica Fernando Castañeda, tecnólogo en Gestión Ambiental y coordinador de la Mesa Ambiental de Robledo. Por su extensión, Robledo acoge una población numerosa. En 2024 tenía 212.453 habitantes —52.8 % mujeres y 47.2 % hombres—, lo que la convierte en la segunda comuna más poblada de Medellín, después de Belén. En 2013 vivían allí 168.624 personas; en 12 años sumó 43.829 habitantes, un aumento promedio de 3650 personas por año. Además, la mayoría de sus habitantes tienen entre 20 y 44 años. Ese crecimiento sostenido se refleja en la creación de nuevos hogares y en la presión sobre la demanda de vivienda. En 2005, Robledo tenía 44.143 hogares, de los cuales 4429 presentaban algún tipo de déficit; 1052 correspondían a déficit cuantitativo. Entre 2021 y 2024, hogares y viviendas aumentaron de forma constante, aunque no siempre al mismo ritmo. Esta dinámica evidencia la creciente presión habitacional en la comuna. Según el Departamento Administrativo de Planeación de Medellín (DAP), el alto número de casos de déficit cuantitativo en Robledo se explica, en parte, por su elevada movilidad residencial: la comuna es al mismo tiempo emisora y receptora de migración intraurbana. Mientras muchas familias se trasladan a otras zonas, otras tantas llegan a instalarse allí. Datos del DAP evidencian que Robledo recibe el 7 % de la migración intraurbana de la ciudad y alrededor del 7.5 % de la población migrante total. Esto, sumado a variables que no pudieron preverse en 2014 al elaborar el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), dificulta hoy las asignaciones presupuestales. “El crecimiento demográfico, las dinámicas de la pandemia y la pospandemia, y el que Medellín se convirtiera en un epicentro de migración y turismo, sobre todo de nómadas digitales,

Sembrando Historias

Sembrando Historias

En Támesis, el taller Sembrando Historias reunió a estudiantes de periodismo y habitantes del municipio en un ejercicio colectivo de escucha y memoria, donde la siembra simbólica y la escritura se convirtieron en herramientas para reflexionar sobre el territorio, su identidad y su cuidado.

Las caras del turismo

Las caras del turismo. Foto: María Camila García Patiño.

En Támesis, caminar el territorio también es una forma de resistir. Entre montañas, petroglifos, aves y caminos nocturnos, el turismo aparece como una promesa y una contradicción: puede proteger la vida y la memoria, pero también ponerlas en riesgo. Las Caras del Turismo recorre este municipio del suroeste antioqueño para escuchar a quienes habitan, guían y cuestionan una actividad que se cruza con la defensa del patrimonio, la biodiversidad y la resistencia frente a la minería. Aquí, el turismo no es solo un viaje: es una decisión política, cultural y ambiental.

La minería no calma la sed

La minería no calma la sed. Foto: Valeria Londoño Morales.

Los ríos de Támesis suenan como el canto de los pájaros y son tan fríos como cristalinos. Mientras empresas multinacionales buscan minerales en las montañas por las que se derraman los afluentes, los habitantes del municipio defienden lo que consideran más valioso. Esta es la historia de la resistencia de los tamesinos por el agua.