El consumo de sustancias, en el centro de los debates de convivencia en la UdeA para 2026

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21 diciembre, 2025
Por: Abraham Oñate Añez | abraham.onate@udea.edu.co y Ronaldo Kury González | ronaldo.kury@udea.edu.co

El consumo de algunas sustancias psicoactivas en espacios compartidos dentro del campus es motivo de inconformidad en estudiantes, docentes y personal administrativo. Ante ello, la Dirección de Bienestar Universitario propone crear zonas específicas y establecer límites frente a los espacios donde se consume**.

Los pasillos y mesas son los lugares donde más se perciben los efectos del humo y los olores. Foto: Ronaldo Kury.

El consumo de sustancias psicoactivas en la Universidad de Antioquia sigue siendo uno de los temas clave cuando se habla de convivencia. Aunque se han implementado proyectos institucionales para tratar la situación y fomentar el respeto en las mesas, pasillos y otras áreas compartidas, muchos integrantes de la comunidad universitaria se sienten afectados por los efectos del humo y de los olores en los espacios comunes.

Una de las zonas con más dificultades de convivencia relacionadas con el consumo es la «Ele» que conforman los bloques 9, 12, 13 y 14. Una de las unidades académicas ubicadas allí es la Facultad de Comunicaciones y Filología (FCF), donde estudiantes, profesores y trabajadores han reportado afectaciones en sus actividades diarias de forma recurrente.

Natalia Restrepo Saldarriaga, profesora de la FCF, dice que esta problemática ha impactado directamente su trabajo: «Mi oficina se llena de olor, a veces incluso de humo, y eso me da migraña, inapetencia, no me permite concentrarme. Entonces no puedo trabajar, tener reuniones, atender estudiantes ni almorzar en la oficina».

Restrepo, quien lleva dos años en la universidad, aseguró que la situación ha empeorado con el tiempo, «cuando llegué ya se sentía, pero no en este nivel. Ha ido aumentando de manera paulatina, pero muy veloz, y cada vez está peor». La docente reportó el problema al área de Seguridad y Salud en el Trabajo de la Universidad, pero no ha recibido una solución. «Nos visitaron una vez y tomaron fotos. Dijeron que me harían exámenes médicos para saber si el humo había hecho alguna afectación en mi cuerpo, pero no me volvieron a contactar», concluyó.

Isabella Navarrete, estudiante de Periodismo de la Universidad, sufre de rinitis, una condición respiratoria que se agrava con la exposición al humo y a algunos olores. Esto le dificulta permanecer en algunos espacios de la universidad donde se realizan consumos de marihuana, cigarrillo y otras sustancias. «Siempre me debo ir», comenta, y explica que estas situaciones interrumpen sus momentos de estudio y concentración en los pasillos y otros lugares de la universidad.

Pasillo del bloque 12 de la Universidad de Antioquia, un lugar afectado por la problemática. Foto: Ronaldo Kury.

Respecto a esta situación, la decana de la FCF, Olga Vallejo Murcia, manifestó que el consumo en los alrededores del bloque 12, donde queda la Facultad, «está causando muchísima interferencia en el desarrollo y cumplimiento de la misión» de esta unidad académica. Según explicó, el humo proveniente del consumo de marihuana en los alrededores del bloque ha obligado a suspender sesiones de atención psicológica en la oficina de Bienestar de la Facultad, ubicada en el segundo piso y en la parte trasera del bloque, debido a que «nadie quiere tener una terapia en medio de una humareda».

La decana agregó que varios profesores han optado por ausentarse de sus oficinas debido al humo de marihuana. «Es imposible estar cuatro o cinco horas de trabajo en esas condiciones», aseguró Vallejo. Además señaló que esta situación le ha generado una «gran impotencia» como administradora de la Facultad, ya que a pesar de los intentos de diálogo y sensibilización, «parece que no hay una solución».

María Fernanda Barreto, coordinadora de proyectos de la Dirección de Bienestar, señala que la estrategia institucional ante esta problemática no es punitiva y que, al contrario, busca promover una línea pedagógica: «La dirección de Bienestar lo que busca es que, a través del diálogo y la conversación, podamos llegar a unos acuerdos mínimos de convivencia en lo que se refiere a este tema», explicó Barreto.

La Dirección de Bienestar Universitario cuenta con dos proyectos para abordar estos asuntos, ambos del Plan de Acción Institucional de la Universidad (PAI): «Conciencia Colectiva», que se encarga de la convivencia y «Somos Comunidad», que se enfoca en el uso adecuado de los espacios. Uno de los enfoques de ambos programas es sensibilizar frente al consumo de sustancias psicoactivas dentro del campus.

Como parte de los esfuerzos por disminuir el consumo en los espacios comunes, el pasado viernes 24 de octubre, la Dirección de Bienestar Universitario organizó una asamblea de venteros universitarios, en la que se acordó, entre otros puntos, limitar el consumo de sustancias en los lugares donde se ubican los puestos de venta. Sin embargo, el consumo también es habitual en otros sitios del campus donde no hay presencia de venteros.

Extracto de los acuerdos alcanzados en la asamblea de venteros llevada a cabo el 24 de octubre del 2025.

Barreto explicó que el cierre de la pista de atletismo por remodelación causó una dispersión de los consumidores por la universidad, pues al lado de está queda la zona conocida como «El Aeropuerto», sitio que históricamente ha concentrado el consumo. A pesar de que la pista fue reabierta en julio de este año, el consumo permanece en otras zonas de la Universidad. Según la decana Olga Vallejo, esto ocurre por «comodidad» de los consumidores, que prefieren seguir en otros lugares antes que desplazarse a la pista. Ante esto, Bienestar sigue buscando alternativas para manejar la situación.

También explicó que, como uno de los objetivos del proyecto «Somos Comunidad», se realizará un Plan de Redistribución de los Espacios Comunes (PREC) con el cual «se está tratando de revisar cómo podemos llegar no solamente a unos acuerdos mínimos, sino también a establecer lugares para que estas prácticas puedan ser llevadas a cabo sin necesidad de afectar la misionalidad universitaria«.

La pista atlética solía ser el punto de concentración del consumo, pero ahora se ha dispersado por todo el campus | FOTO: UdeA web.

Estas zonas se establecerían con el objetivo de que Bienestar Universitario pueda realizar intervenciones con el Programa Educativo de Prevención de Adicciones (PEPA) y establecer unos límites frente a las zonas donde se consume actualmente. Barreto agregó que, según la normativa nacional frente a la salud mental, específicamente el artículo 19 de la Ley 2460 de 2025, las instituciones de educación superior tienen la responsabilidad de ofrecer acompañamiento a personas consumidoras de sustancias psicoactivas.

El pasado lunes 10 de noviembre, la Universidad expidió la Resolución Rectoral 52880, una norma que actualiza las reglas de ingreso, permanencia y salida de los campus. Aunque estas reglas no están dirigidas específicamente al problema del consumo de sustancias psicoactivas, sí reafirma la prohibición establecida en el reglamento estudiantil de ingresar, portar, almacenar, comerciar o consumir este tipo de sustancias dentro del campus universitario. A pesar de esta prohibición, el consumo sigue siendo uno de los principales problemas en cuanto a convivencia.

Cristian Cabezas, estudiante de la Facultad de Ciencias Económicas (bloque 13) y consumidor de marihuana dentro de la universidad, considera que el uso de sustancias debe darse en espacios que no afecten a las demás personas. «Yo consumo en El Aeropuerto porque allí no se molesta a nadie», y percibe ese lugar como una zona de tolerancia: «estoy de acuerdo con que se consuma adentro, pero no en cualquier lugar, no cerca de los salones o en las facultades, sino en un espacio alejado», añadió.

Angie Giraldo, directora de la Guía 4.20, organización pro cannabis y plataforma de comunicación dedicada a la cultura e industria del mismo, considera fundamental que la Universidad reconozca que existe una comunidad consumidora para realizar estrategias de convivencia y ofrecer información adecuada sobre el cannabis. Según Giraldo, la educación es clave para que el consumo se dé con responsabilidad: «Cuando la persona usuaria se reconoce como ciudadana consumidora, entiende que así como tiene derechos, también tiene deberes».

Entre esos deberes, menciona el de convivir de manera adecuada con quienes no consumen. «A mí me incomoda el humo del tabaco, me da mareo y me provoca una sensación muy incómoda. Entonces pienso, si a mí me pasa esto, seguramente el humo de mi porro le va a causar lo mismo a otra persona», agregó.

Giraldo cree que una solución es que la Universidad delimite con mayor claridad las zonas donde se permite el humo y las que deben permanecer libres de él. «Siento que esa normativa de cierto modo nos puede ayudar a buscar un punto de equilibrio dentro de la convivencia.»

De acuerdo con Jaime Esteban Rincón, psicoorientador e integrante del Programa PEPA, el consumo de sustancias dentro de los campus universitarios tiene diferentes causas: «Históricamente el ser humano ha tenido una relación con las drogas. No es algo exclusivo de los universitarios». Añadió que la etapa de independencia y experimentación que viven los jóvenes favorece que busquen nuevas experiencias, entre ellas, el consumo de sustancias para «celebrar, aliviar el estrés o manejar las emociones».

Además, Rincón señaló que el fácil acceso y la alta demanda dentro del entorno universitario hacen que el consumo se haya normalizado en el campus. Según el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en la Población Universitaria, publicado por el Ministerio de Justicia en 2023, alrededor del 26.7 % de los estudiantes universitarios consumió marihuana ese año, mientras que el 42.7 % ha consumido al menos una vez en su vida alguna sustancia psicoactiva.

Docentes, estudiantes y trabajadores del campus continúan, junto a dependencias como Bienestar Universitario, buscando soluciones que permitan una convivencia en la que ningún miembro de la comunidad universitaria sienta vulnerados sus derechos.

La petición, que resume la decana Vallejo, no es más que esta: «Lo que pedimos es que no nos fumen encima. Mientras trabajamos, mientras estudian, mientras dictamos clase. Este es un problema de salud colectiva».

**También puedes leer la entrevista sobre comercios formales en la Universidad acá: ¿Cómo funciona el comercio privado en una universidad pública?

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