En doce años de crónicas, columnas y ensayos, Javier Ortiz Cassiani demuestra que tomar postura no riñe con el rigor: al contrario, puede ser la forma más honesta de hacer periodismo e historia.
“El libro que tiene en sus manos combina dos cosas que rara vez se ven juntas: el rigor investigativo del historiador y el talento literario del cuentista”. A este fragmento tomado de la sinopsis que aparece en la contraportada de la tercera edición del libro, yo le agregaría un tercer elemento: el periodismo.
El incómodo color de la memoria es una recopilación de doce años de trabajo del historiador, escritor y periodista Javier Ortiz Cassiani, quien, a través de crónicas, columnas, ensayos, textos autobiográficos y perfiles, habla sobre la segregación racial en Colombia y el mundo.
Libro: El incómodo color de la memoria: columnas y crónicas de la historia negra Autor: Javier Ortiz Cassiani
Tercera edición: 2025
Editoriales: Universidad del Bosque, Fundación Malpensante, Dos Pájaros
Sobre el autor
Javier Ortiz Cassiani nació en Valledupar en el año 1971; es historiador de la Universidad de Cartagena y cursó estudios de posgrado en la misma área en la Universidad de los Andes y El Colegio de México. Ha trabajado en medios como El Heraldo, El Espectador y la revista El Malpensante. Es uno de los doce hijos de Carlos Ortiz Sequéa y Élida Cassiani Sará, una pareja campesina procedente del corregimiento de Hato Viejo (Calamar, Bolívar), que vivió en diferentes zonas del Caribe debido a los trabajos en cultivos de algodón que ejercía el padre para poder subsistir.
En la primera parte de este libro titulada Autorretrato de autor con familia y conformada por ocho relatos, Cassiani cuenta su historia y se centra en su familia, que, como muchas otras en el Caribe colombiano, además del algodón, trabajó en el cultivo de marihuana en plena bonanza marimbera. Según cifras oficiales que cita Cassiani en «La marihuana de mi infancia», Colombia era el máximo productor y exportador de cannabis a los Estados Unidos, aportando el 65 % de las 100.000 toneladas introducidas en ese país. Aquí el autor reconstruye su hogar y evoca a los seres queridos que ha perdido, entre ellos su hermano Teobaldo, a quien dedica tres relatos después de su muerte. En este primer acercamiento a partir de sus experiencias, el autor abre la conversación con el lector sobre la desigualdad socioeconómica ligada al racismo estructural.
Personificar la historia
El libro utiliza herramientas narrativas del periodismo, como el uso de acontecimientos actuales para hablar sobre el pasado. Black Power, publicada en El Heraldo el 14 de febrero de 2016, habla sobre la presentación de Beyoncé el 7 de febrero de ese mismo año en el Super Bowl, su homenaje al movimiento Black Lives Matter y las Panteras Negras; Cassiani aprovecha este hecho de actualidad para contar lo que significó esta organización política fundada en Estados Unidos en 1966.
“Sus objetivos eran la defensa del pueblo negro, la lucha por el poder para trazar el destino de su comunidad, y la obtención de condiciones dignas de empleo y educación para las personas negras. Sus miembros hacían rondas para observar a los policías que patrullaban por el gueto, de tal manera que pudieran responder a los abusos de los uniformados. Era un grupo de autodefensa que usaba el derecho legal a portar armas”.
Con el mismo recurso, la crónica que da nombre al libro —publicada en la revista Arcadia en 2010— retrata a figuras negras marcadas por la segregación racial. Entre ellos, el prócer de la independencia José Prudencio Padilla, fusilado en la Plaza de la Constitución de Bogotá en 1828 por órdenes de Bolívar, bajo acusaciones de conspiración, que en el caso de blancos y opositores, no acarrearon la pena de muerte; la cantante estadounidense y una de las voces más influyentes del jazz, Billie Holiday, a quien le enviaban mensajes con apología al asesinato de personas negras durante y después de sus conciertos; y a Manuel Baena, un joven de Remedios, Antioquia, que en 1932 publicó una autobiografía titulada Cómo se hace un ingeniero negro en Colombia, luego de graduarse en la Universidad Nacional de Bogotá, pues en la Universidad de Antioquia, el acoso le impidió terminar su carrera. Leer este libro es como tomar una clase de historia, esa que como su autor resalta en varias ocasiones, no se cuenta en los colegios.
Así, en diferentes artículos de Cassiani, desfila una galería de deportistas, artistas, políticos y activistas que marcaron un hito en la lucha antirracista, como el médico, antropólogo y escritor Manuel Zapata Olivella, autor de Changó el gran putas, que dedicó gran parte de su vida a visibilizar la cultura negra; o Rosa Parks, una mujer afroamericana que el primero de diciembre de 1955 se negó a ceder su puesto a un pasajero blanco en Montgomery (Alabama), y desafió las leyes de segregación racial.
Tomar postura
“(…) la patria no se forma con olvidados ni con hambrientos ni con discriminados ni con enfermos ni con muertos”. La patria ¿así se forma?, El Espectador, 24 de julio de 2016.
El escritor en su práctica periodística se toma muy en serio el trabajo de ejercer un contrapoder frente al Estado y los gobiernos de turno. Les reclama el abandono histórico de regiones como el Chocó, y expone cómo se materializa en las malas condiciones de vida, la falta de acceso a agua potable y a derechos básicos como salud y educación. Insiste en que ese mismo olvido es el culpable de que pueblos enteros desaparezcan, como Tabaco, un pequeño corregimiento de Hatonuevo (La Guajira) cuyos habitantes, bajo los engaños y las presiones de la empresa Carbocol-Intercor en 1997, vendieron sus parcelas, y a los que decidieron no hacerlo les expropiaron a la fuerza.
“Así se borra en Colombia a un pueblo del mapa. Nadie se entera, a nadie le duele, a nadie le importa. Solo a aquellos que son devastados, que tampoco le importan a nadie”. Cómo se borra un pueblo del mapa: Tabaco, La Guajira, El Heraldo, 29 de septiembre de 2013.
Frente a una academia que exige a sus investigadores la mera observación para evitar la subjetividad, y al periodismo que todo el tiempo marca la línea invisible, pero “sagrada”, que lo separa del activismo, Cassiani decide tomar postura no solo en contra del racismo (que esperaría uno que ningún medio o académico lo reprochara), sino en favor de todas aquellas causas que estén por la justicia y el cambio social en pro de las comunidades. Con ello demuestra —al igual que otros académicos, investigadores, periodistas y medios independientes comprometidos con los derechos humanos y la justicia social y climática— que el problema puede no estar en tomar postura, siempre que se haga con honestidad y sin ocultarlo; que esto, incluso, permite contar historias más empáticas y cercanas a la realidad; y que quizá el verdadero problema sean quienes se venden como medios objetivos mientras hacen campaña, le lavan la cara al poder y defienden lo indefendible.
Esta obra es un gran ejemplo de que escribir posicionándose frente a ciertas situaciones —especialmente ante casos como el genocidio en Gaza— no tiene por qué significar falta de rigor o valor en la investigación y el trabajo periodístico.
“La oposición a la ocupación de Gaza debería convertirse en una cruzada mundial, en la insignia de la militancia por la justicia social en todo el mundo, como alguna vez lo fue la oposición al apartheid en Sudáfrica”. El mundo en llamas, El Espectador, 28 de febrero de 2024.
El debate sobre la objetividad sigue presente y cada uno responde a él, paradójicamente, de una forma subjetiva, desde cómo comprende, en el caso del periodismo y la historia, el fin de su trabajo. En mi caso, creo que nos debemos a la gente y a las comunidades, y que por lo tanto tenemos un deber social, que parte de la honestidad. Muchas veces un lenguaje neutral no alcanza: puede ser funcional en la noticia del día, pero se queda corto en temas de mayor profundidad, para los que hay que asumir una postura crítica. Es imposible hablar de la pobreza, por ejemplo, sin entender sus razones estructurales y sin reconocer que hay quienes siguen sosteniendo las lógicas que la promueven. El incómodo color de la memoria es una lectura necesaria para quienes creen que el periodismo y la historia pueden ser también una forma de resistencia.