Las cuerdas que entrelazan las historias de Marinilla

Guitarras Marinilla

Un instrumento en las manos adecuadas puede ser la excusa perfecta para que las personas se reúnan. La música tiene el poder de crear conexiones entre conocidos y desconocidos, como pasa con estos creadores, reparadores e intérpretes de instrumentos de cuerda que mantienen viva en Marinilla una tradición de casi dos siglos. En las calles de Marinilla se pueden cruzar historias como la de don Luis, el dueño de un taller donde se hacen guitarras; don Jairo, el doctor que las repara y embellece; Argemiro, el mariachi que toca su guitarrón en las esquinas y Ariel, el músico callejero que hace resonar su guitarra por las calles marinillas. Los une una tradición de cuerdas de varias décadas. Cuatro generaciones En el barrio La Dalia, en Marinilla, hay un lutier que repara, restaura y ajusta instrumentos de cuerda. Su taller se distingue fácil gracias a un cartel muy grande con su nombre: Ensueño. Luis Alfonso Arbeláez es el lutier y propietario, en su mirada amable se forman líneas de expresión cuando les sonríe a las personas que entran a su local. Todas las mañanas, a las ocho, en la puerta de vidrio del local voltea el cartel que indica que está abierto y queda listo para atender a los clientes que llegan de todas partes del mundo, atraídos por la fama de sus instrumentos. Luis Alfonso es el heredero de una tradición que llegó a su familia casi por azar. Las fórmulas que usa Luis Arbeláez para calcular cuánto debe medir cada parte de la guitarra han pasado de generación en generación. Foto: Miguel Becoche Quintero. Para la familia Arbeláez el oficio de hacer y reparar guitarras empezó hace unos 165 años, probablemente un poco más, entre recortes de madera y herramientas de ebanistería. Don Luis cuenta que en San Vicente Ferrer, de donde viene su apellido, su bisabuelo Isaac Arbeláez y la madre de este atendían a unos españoles que llegaron al pueblo para construir los muebles de la iglesia. Isaac era apenas un niño, pero les llevaba el almuerzo a los extranjeros y, quizás por la curiosidad que se le atribuye a la infancia, se entretuvo con ellos, quienes se encariñaron y le enseñaron un poco de carpintería. Los españoles utilizaban sus ratos de ocio para fabricar guitarras con la madera de la construcción. La forma como Isaac aprendió a hacerlas sigue viva hasta hoy: don Luis fabrica sus instrumentos de cuerda con las mismas medidas y fórmulas matemáticas que usaba su bisabuelo, por ejemplo, para calcular las distancias entre los trastes en el diapasón. Isaac creció y sus conocimientos de carpintería le permitieron crear una empresa de muebles de madera grandes, pesados y duraderos. Con el dinero que obtuvo se compró una finca en la que vivió con su esposa y sus 14 hijos, a quienes les enseñó el oficio de la ebanistería y, como pasatiempo, la construcción de guitarras. Solo uno llamado Lázaro se dedicaría luego de lleno a crear los instrumentos. El abuelo Lázaro fue uno de los fundadores de La Dalia cuando migró de San Vicente a Marinilla. Igual que Isaac, Lázaro se dedicó primero a la ebanistería, luego a las guitarras y también heredó la tradición a sus 14 hijos. Su casa era gigante, como muchas de las casas antiguas. Al lado del patio central, en un patio más pequeño, creó su taller de instrumentos de cuerda. En una foto que tiene Luis sobre una pared en Ensueño se ve a su abuelo Lázaro rodeado de retazos de madera en ese taller de la casa gigante que ya no existe. Allí, Lázaro y tres de sus hijos se dispusieron a crear tiples, guitarras, bandolas, violines e incluso pianos. Los instrumentos se hicieron famosos en el país por su afinación, cuenta Luis. Hasta allí iban personas para conseguir sus guitarras, pero sobre todo los tiples y las bandolas que, según él, son muy usados por los campesinos.  El doctor de las guitarras A una cuadra del parque principal de Marinilla un pequeño bar llamado Las Guitarritas tiene carteles peculiares escritos a mano: “Se compran guitarras vueltas mierrda” o “Prohibido fumar aquí. Menos gueler. Respute. No sea hijuepete”. Entre semana Las Guitarritas tiene una calma inusual porque funciona como taller: no se reproduce música a alto volumen ni se vende alcohol sino hasta el fin de semana. Allí se encuentra don Jairo Pulgarín, un doctor de las guitarras que, al mejor estilo de Víctor Frankenstein, puede hacer una nueva a partir de retazos de otras. De miércoles a viernes, don Jairo se dedica a reparar las guitarras “vueltas mierrda”. Sábados y domingos, a vender cerveza. Jairo repara guitarras “vueltas mierrda” y las vende como si fueran apenas de segunda mano. Aquí, en su bar-taller decorado por él mismo. Foto: Miguel Becoche Quintero. Los carteles y el negocio de reparar las guitarras empezaron como un chiste, dice don Jairo, “porque las guitarras vueltas mierda nadie las compra, solo las botan. Y aunque estén vueltas mierda siempre tienen algo que sirve”. Él las negocia por un precio bajo para recuperarlas por completo o rescatar algunas de sus partes, que guarda para reparar otras. La madera fina, el hueso y las partes del cuerpo son lo que más busca al comprarlas.  En la entrada del bar, un mostrador atravesado casi interrumpe el paso, pero estando adentro cualquier persona se encuentra un aura de tranquilidad que armoniza con las guitarras que reposan en ese mostrador. En las paredes hay un afiche grande de Marilyn Monroe; a la derecha, un reloj viejo y, debajo de este, una foto del Sagrado Corazón de Jesús; más a la derecha, el cartel que prohíbe “gueler” y, después, la imagen de una Virgen que él mismo intervino con joyas brillantes y que llamó “La Virgen de las alajas”, según se lee en su marco. Sus visitantes le preguntan si la Virgen de Las Lajas no es la de Ipiales, Nariño, a lo que él responde, sarcástico: “esta no es esa Virgen, sino la Virgen de las alhajas”. Todo el

De jueves a domingo, siempre rapeando en alguna parte

Mientras Ruzto empezaba pasó el último metro.

«De casas feas a plazas grandes” rapea N. Hardem en ‘Apolo’. En Medellín existe una escena hiphop que se reúne cada ocho días en casas y lugares que no feos, son pequeños. Este es un relato que reconstruye lo que pasa en tres de ellos: dos clubes y un estudio casero. Mientras Ruzto empezaba pasó el último metro. Foto: Pablo Giraldo Vélez. La terraza de 50|50 no tiene tarima. Pero tiene una mesa con un controlador DJ y, delante de ella, un espacio abierto sin mesas. Hace media hora dejó de ser jueves. Es la madrugada del 9 de mayo. Sobre Palacé, al lado de la iglesia del Perpetuo Socorro, se alza un edificio de tres pisos. En el último, la terraza, Ruzto y Thomas Parr le piden a los asistentes que se acerquen al lugar en el que están cantando un tema que todavía no ha salido.  Ambos son raperos. El primero, bogotano, está de visita, y el segundo, paisa, está presentando su último trabajo: Tropicanna Poison. La terraza tiene un techo que no la tapa completamente. Hacia afuera hay un muro bajo que la gente usa para recostarse y poner las cervezas. Hacia adentro, las tornas en la mitad, mesas al frente y a los costados de ella y en el fondo, el bar. Hoy hay dos por uno en polas nacionales. A medida que uno camina hacia el edificio, van apareciendo los beats y se escuchan los rapeos. A la terraza se sube por unas escaleras de metal a las que se accede desde la entrada de un garaje. En el primer giro de las escaleras el ambiente se vuelve rojo. La salida al segundo piso la tapa una cortina. Las escaleras dan a la parte destapada de la terraza. En los parlantes se escucha una canción de rap clásico. Detrás de la consola está SoulMatik. Desde el 21 de abril empezaron a promocionar el evento por Instagram. El flyer decía “Lanzamiento Tropicanna Poison de Thomas, Tabogo’s Finest live show de Ruzto”, y más abajo anunciaban los DJ sets de SoulMatik, que estaría poniendo rap y r&b de los años 90, y de Funkdealer, que pondría reguetón. Ruzto sale pasadas las once. Minutos antes ponen un micrófono en un stand y un teclado en una mesita. A lo lejos, en el occidente, se ve el Cerro Nutibara y cómo pasa el último metro, casi vacío, por delante de él. “Come on, motherfuckers, come on”, SoulMatik cierra con ‘ ‘Come on’, el clásico de The Notorious B.I.G y Saddat X, y el rapero bogotano atiende el llamado. Se para detrás del teclado. Ruzto, que ha ejercido como electricista, abre con ‘Relé’, un rap suave y lento que hace referencia a un relevador, un interruptor que se apaga y prende con el voltaje de la vida. Mezclados entre los asistentes varios raperos prestan atención. La gente se acerca y dos camarógrafos graban. Hasta ese día, 50|50 había alojado alrededor de quince eventos de la escena hip hop, una vez cada casi diez días. Sin embargo no solo se centran en ella. Negativo, uno de los dos fotógrafos, dice que el espacio “surge también como una propuesta diferente para Medellín, para la escena, para lo que se está haciendo ahora”. Además, habla sobre la importancia del espacio en relación con el arte. Y es que allí Negativo ha participado en una exposición, pero también se dan toques, DJ sets, lanzamientos y fiestas. Un nombre recurrente en estos eventos es Sick To Ill, un colectivo de DJ de la ciudad. *** Son pasadas las 9:30 de la noche del viernes 16 de mayo. En la puerta de una casa tradicional de Boston hay tres hombres con camisas anchas: Felipe, uno de los dos DJ de Sick To Ill; Toby, otro DJ y productor; y el bouncer, que cobra quince mil pesos la entrada. Encima de las paredes verdes de la fachada de la casa está la estatua de un santo. El lugar se llama Locación Secreta y hoy hay fiesta de rap y salsa. Adentro suena salsa y todavía no hay un DJ detrás de las tornas. La única pareja que ha llegado va de lado a lado. La casa tiene la sala principal, donde se da la fiesta, un cuarto con un sofá, uno con una tienda de ropa en donde conversan cuatro personas, otro que solo tiene una mesa, uno que dice prohibido pasar, uno al fondo a la derecha que sirve de bar y una sala al fondo. El espacio es de Sick To Ill y las paredes lo dicen. En las paredes de Locación Secreta está impreso lo que es Sick To Ill: hip hop. Foto: Pablo Giraldo Vélez. Hoy la fiesta tiene seis DJ sets. Felipe sale del cuarto cerrado con una caja. A las 10 empieza a sonar rap mientras la sala todavía está casi vacía. Felipe se acerca a la caja y va mirando los discos uno por uno, con la maña de quien lleva casi diez años como DJ. Cuando encuentra el que está buscando, guarda alguno de los dos que están en las tornas y pone el nuevo. Después de un momento, Juan, la otra mitad de Sick To Ill, activa una máquina de humo que disipa la luz roja que ambienta el lugar. Desde que se conocieron en un concierto de rap han publicado mixtapes, realizado eventos y abrieron en el quinto aniversario de Pantone de No Rules Clan en diciembre de 2024. El concierto tuvo fechas en Medellín y Bogotá y reafirmó la importancia del disco y el grupo de Sison Beats, Anyone/Cualkiera y Kario One en el panorama rapero nacional. Meses después, en marzo y abril de este año, No Rules tuvo también citas en España y Francia. En Locación Secreta, el 29 de junio de 2024, se dio el primer Enfermedallo, una fiesta en la que Sick To Ill graba un mixtape que lleva el mismo nombre. Ellos ponen los temas en vinilo y luego el mixtape

En busca de Carolina

Foto: PHRAA.

Carolina Giraldo Navarro, Karol G, me acompañó en forma de canciones desde que estaba en el colegio. Ya en la universidad, la busqué por más de un año para conocerla y entrevistarla para mi trabajo de grado, pero no pude encontrarla. Su concierto en Medellín fue para ella la cima de su carrera, y para mí, de alguna manera, el cierre de esa búsqueda. Foto: PHRAA. “Había una vez un lugar mágico lleno de colores, donde vivía una joven y hermosa sirena llamada Carolina…”  Eran las 9:08 p.m., las luces del estadio se apagaron y solo se veía el escenario iluminado de azul. Una sirena inflable de unos cinco metros de altura salió del suelo. Una melodía familiar de fondo se mezcló con los gritos. —¿Dónde está?  —¿De dónde irá a salir?  A Karol G la escuché por primera vez en 2012 cuando cantó 301, la colaboración que hizo con Reykon y con la que su voz empezó a sonar fuera de Colombia. Yo tenía 12 años, estudiaba en un colegio público de Medellín y mi mamá me prohibía escuchar reggaetón. Recuerdo que me emocioné y me sentí orgullosa al saber que era una mujer la que cantaba.  Pasó el tiempo y no supe nada más de ella, hasta que volvió en forma de canciones “incómodas” que hablaban de la sexualidad y del placer de las mujeres. Canciones que a mí me hacían sentir identificada. Recién empezaba la universidad. Sentí intriga por saber más de ella, quise entenderla y empecé a investigar sobre su historia y su trayectoria musical.  Comprendí que su recorrido estuvo lleno de dificultades por ser una de las únicas mujeres en la industria de un género en el que las mujeres solo aparecían como objeto de deseo de cantantes hombres. En una entrevista para la revista Bocas contó que en 2009, cuando llegó a presentar sus primeras canciones en Universal Music, le propusieron ser compositora para otros artistas, pero le dijeron que era imposible firmar a una mujer que cantaba reggaetón.  En abril de 2022 lanzó Provenza, canción que lleva el mismo nombre de un barrio residencial en El Poblado que desde hace cerca de una década empezó a concentrar sitios de rumba y luego problemas como la explotación sexual, asociados con el turismo masivo en Medellín. El video fue grabado en Lanzarote, una de las Islas Canarias, ubicada en el Océano Atlántico, frente a la costa de África Occidental. Aguas cristalinas color turquesa rodeadas de rocas volcánicas y arena blanca. Una isla de mujeres que juegan, descansan, bailan, toman el sol…  Baby, ¿qué más? Hace rato que no sé nada de ti. Taba con alguien, pero ya estoy free. Karol G luce un vestido de baño de una sola pieza. Sus muslos y caderas con pequeños hoyuelos en la piel. Sí, celulitis. Todas ellas, también en vestido de baño, mueven sus cuerpos. Gordas, musculosas, delgadas, afros, rubias, mestizas… bailan con el oleaje del mar, se abrazan, ríen, celebran. Se escucha la lluvia y las gotas de agua se deslizan sobre ellas. Luego de verla en ese video, de sentir la música y disfrutar ser mujer, decidí hacer sobre ella mi trabajo de grado. Ya estaba terminando mi carrera de Periodismo en la Universidad de Antioquia. Pero no era solo sobre Karol G. Yo quería conocer a Carolina Giraldo Navarro.  Hacer ese trabajo fue enfrentarme a la decepción de mis expectativas y ambiciones, pues soñé con entrevistarla. La busqué durante más de un año, les pregunté a periodistas y a gente de la industria musical. En algún momento intenté que se hiciera viral un tuit en el que pedía ayuda para encontrarla. Lo máximo que logré fue hablar con la encargada de su agenda que me dijo que era imposible por su disponibilidad y los permisos de la disquera. Tampoco pude llegar a su círculo cercano. Me explicaron que tienen contratos de confidencialidad. El 3 de octubre de 2023, medios de comunicación y páginas oficiales de su marca anunciaron que vendría a Medellín con el tour Mañana Será Bonito Bichota Season que empezó en Estados Unidos el 10 de agosto. Sería la primera ciudad de Latinoamérica a la que llegaría y la única en donde, además de concierto, habría un festival. Ella volvía a su casita a consagrarse y a cerrar un año exitoso, luego de ganar el premio al ‘Álbum del Año’ en los Latin Grammy 2023.  «Hoy no es Medellín… Es Mede G» La última vez que Karol G se presentó en Medellín fue en diciembre de 2021 para cantar Bichota, Tusa, 200 Copas y el resto de las canciones de su álbum KG0516. Ese nombre hace referencia al 16 de mayo de 2006, cuando firmó un contrato con su primera disquera y adoptó su nombre artístico. Esa vez no pude verla.  Dos años después, estuve entre las casi 100.000 personas que asistieron a las dos fechas del festival en el Atanasio Girardot el 1 y 2 de diciembre. “Hoy no es Medellín… Es Mede G”, publicó en su cuenta de Twitter.  El viernes las puertas se abrieron a las 10:00 a.m. Había toboganes de colores, piscinas de pelotas, una rueda chicago, un carrusel y espacios para tomarse fotos. Afuera de la unidad deportiva había gente desde las 7:00 a.m. Miles de personas llegaban por las tres entradas habilitadas. Hacia el mediodía, con 30°C, las fans pasaban con chaquetas de cuero; pantalones, faldas y vestidos con lentejuelas; sombreros rosados de vaquera; pañoletas y brillitos en la cara y el cuerpo.  “Amiga, ¿sabes si podemos pagar en dólares?”, me preguntó una turista en un puesto de comida. La Alcaldía de Medellín proyectó que el concierto dejaría ingresos para los comerciantes por más de 11 millones de dólares.  Había vendedores informales con buzos, camisetas, sombreros, stickers, peluches y carpas de Karol G. También una tienda que vendía pelucas entre $180.000 y $350.000. “Quisimos aprovechar que venía pa’ Medellín nuestra Karol para sacar toda una colección inspirada en ella”, dijo Andrés Felipe Castaño, uno de los vendedores. Andrea Ramírez y su hija viajaron nueve horas desde Roldanillo, en el Valle del Cauca. “Nos

Altavoz: dos décadas de música alternativa

Foto: Alcaldía de Medellín.

El festival de música alternativa más importante de Medellín cumple 20 años. La edición 2023 comienza este 6 de diciembre. Felipe Grajales, su director, recuerda los hitos más importantes.  Foto: Alcaldía de Medellín. La primera edición de Altavoz se llevó a cabo en el 2004, en la Plaza de Toros la Macarena (hoy Centro de Espectáculos La Macarena). En ese entonces, tocaron bandas como Nepentes, Nadie, I.R.A., G-98, Nadie, Frankie Ha Muerto, Aterciopelados, Tenebrarum, entre otras. Fue el inicio de lo que 20 años después sería un evento consolidado para la música alternativa en Medellín. Este año estarán bandas como Testament, Los Cafres, ZPU y La Garfield. En la primera edición, todas las bandas fueron invitadas. A partir de la segunda se hizo una convocatoria. En la actualidad, las agrupaciones que quieren hacer parte de Altavoz deben pasar por un proceso que tiene tres etapas: entrega de papelería, audición y presentación en Conciertos Ciudad Altavoz, en el cual un grupo de jurados calificados elige a dos bandas por categoría para hacer parte del Festival Internacional que se lleva a cabo a finales de año: este 2023 las presentaciones son el 6, 7, 9 y 10 de diciembre en el Parque Biblioteca La Ladera y el Estadio Cincuentenario (vea la programación).   Para Felipe Grajales (“Pipe”, como sus más allegados lo llaman), director de Altavoz desde hace 11 años, el festival ha definido su vida: “he tenido la oportunidad de participar en todos los roles: como músico, como público, como jurado, como periodista y como director”. En esta entrevista nos habla sobre la actualidad del Festival, el futuro y los principales hitos. De la Urbe · Altavoz: dos décadas de música alternativa