Los fragmentos de un corazón de poeta

Los corazones no siempre laten ordenados; se quiebran y se reconstruyen entre recuerdos, poemas, amores y fracasos. Eso muestra Un poeta, la película colombiana que narra la historia de Óscar Restrepo, un hombre que vive entre la ebriedad y la esperanza, recordándonos que la vida se compone de retazos: risas, versos, dolores y abrazos. Aquí están los fragmentos de un corazón que, aún roto, quiere seguir latiendo, porque en cada pecho, torpe e imperfecto, late un surtido de fantasmas que también es poesía. La película Un poeta atrajo 200.000 espectadores en sus primeras seis semanas de proyección y logró un recaudo de 1.500.000 millones en taquilla superando a otras producciones nacionales del 2025. Ilustración: Cortesía redes Un poeta (@unpoetapelicula). Entró en su habitación con pasos arrastrados luego de tirar la puerta. Se sentó en la mitad de su cama, tendida con sábanas blancas a las que les sobresalían quiebres disparejos. Miraba el suelo y sus ojos se iban de un lado a otro buscando fantasmas, dejando como protagonista su cabello negro, sucio y peinado en varias direcciones. Óscar estaba sin camisa y bastante ebrio. Tomó un marcador azul, se llevó la mano al pecho y se dibujó un corazón sobre él. Pensé: se va a matar, se va a disparar, su fanatismo por José Asunción Silva lo ha llevado demasiado lejos. La pantalla del cine se fundió a negro. ¿Murió?  No lo hizo. Óscar Restrepo es una mezcla entre valentía, cobardía, amor, inocencia, tristeza y ternura; lo suficientemente decidido para pensar en suicidarse, pero lo suficientemente asustado para no atreverse a hacerlo. No sé si fui la única en la sala que entendió la referencia, luego pensé que era inadmisible que mataran tan rápido al protagonista sin enojarnos, conmovernos y hacernos reír lo suficiente con un hombre bohemio, sensible y soñador que se atribuyó a sí mismo como un poeta.  Sin cortes y con versos Esta película colombiana ha llenado salas de cine en todo el país desde sus primeras semanas de estreno y continúa proyectándose en las salas del Museo de Arte Moderno de Medellín y el Centro Colombo Americano de Medellín. Lo que explica un poco las filas inmensas y funciones de todo el día recién el estreno, al igual que la permanencia en algunos cines del país.  Además, fue la producción colombiana nominada a Mejor Película Iberoamericana para los próximos Premios Goya, que se realizaron el 28 de febrero de 2026. Tanto Óscar Restrepo como Ubeimar Ríos son docentes, nacidos en el oriente antioqueño, Óscar en Rionegro y Ubeimar en Santuario. Son padres y amantes de la poesía (y del alcohol) desde su juventud. Hombres de noche y de tabernas. Así, más o menos, describe Ubeimar sus similitudes con Óscar, aunque, mientras se acomoda la tula que lleva con él a todas partes, sonríe y dice que a él no le pasan tantos infortunios como a su personaje.  Hablar con él es como hablar con ese tío que se emborracha en todas las fiestas familiares.  Te trata de “parce”, como si te conociera de toda la vida. Se ríe, se acomoda y desacomoda su barba, se le va la mirada varias veces en sus pensamientos, pierde el hilo conductor de lo que dice y lo vuelve a retomar. Además, tiene esas poses de papá cuando se sienta en cualquier mesa: apoya los codos, se frota la cabeza y sigue hablando. Baja un poco más la voz para terminar sus frases y darle un respiro, algo poético, a lo último que tiene por decir.  Solo conversé con él veinte minutos afuera de una sala de cine, afanados y él cansado luego de tomarse fotos con unas cien personas. Pero percibí esa sensibilidad, ese corazón abierto que en la película provocó risas, quejas, llantos y recuerdos. Vi al hombre que nos dio referencias poéticas, persecuciones y peleas, pero que nos recordó que en la película no solo nos estaban hablando de poesía, sino sobre todo de la humanidad que nos habita en cosas sencillas y nos confronta con esos fantasmas que aparecen de cuando en vez en los rincones de nuestra mente o de nuestra habitación. Fragmento 1: La frustración de un personaje incómodo  “¡Usted no es un poeta, es un desempleado!”, le grita su madre a Óscar al comienzo de la película en medio de una pelea para que buscara algún trabajo, pues vivía tirado y prestando plata. Ahí cae el primer fragmento de su corazón. Pues ella se encarga de recordarle que esas atribuciones no le daban de comer, a pesar de que él pensara que los poetas eran hiperbólicos y soñadores y transformadores. Y lo son, pero también tienen que ser otras cosas.  Ubeimar Ríos, quien interpreta a Óscar Restrepo, el protagonista, es un actor natural que no se había acercado a las cámaras antes de la producción. Fotografía cortesía redes un Poeta. Se nos mostró un ser humano que no podía vivir solo de sus sueños por más grandes que fueran. De eso se encargó Simón Mesa, el director, desde el principio: de mostrar unas formas del ser humano que causan incomodidad, como la buena poesía. Porque la buena poesía no es solo la que habla de cosas bellas, sino la que nos sacude y nos obliga a mirarnos. Así lo piensa el escritor y cinéfilo César Alzate, para quien Un poeta recoge un universo que también logra la palabra escrita: el disgusto, pues dice que Óscar es ese tipo de persona que nadie quiere tener cerca en un viaje, porque incomoda, enoja y frustra con su actitud, su necedad y su discurso repetitivo de “es que yo fracasé”. Óscar vive perdido en la bebida, tirado en la calle, atrapado en un ridículo inconsciente. Su mejor amigo es el poeta fallecido José Asunción Silva: viaja con él, le pide consejos, lo abraza, lo confronta. Solo tiene que rebuscar en sus pantalones y mirarlo en el billete de cinco mil pesos. Está en una acera, con la ropa descompuesta, la mirada perdida y un amigo

Flotantes: historias sobre el agua

La ciénaga del Magdalena se está pintando de verde. El alga Hydrilla verticillata se está proliferando rápidamente afectando a la población de Nueva Venecia, un pueblo palafito que vive de sus aguas.  Ocho estudiantes de periodismo investigaron esta problemática y navegaron por las aguas para ver, percibir, escuchar y entender a través de la comunidad las principales afectaciones, en temas de salud, economía e incluso, supervivencia por la crisis ambiental que crece día a día, desafiando la manera en que viven y se sostienen sobre el agua. Con el paso de los días se evidenció como el alga y otra especie conocida como «batata» terminaron siendo parte de esta problemática. A través de entrevistas con líderes, charlas con los pescadores, testimonios y dictámenes de salud nació Cuando la ciénaga se cierra, una producción audiovisual que narra desde sus habitantes, las principales consecuencias por el estancamiento del agua; problemas de salud derivados de la contaminación, limitaciones en la movilidad en canoa y la afectación en su economía debido a que el principal sustento de los venecianos es la pesca. https://youtu.be/nivDdN7qMUs?si=EdfcYMqJ3hsWAiNT Los relatos y testimonios de quienes habitan Nueva Venecia nos ayudan a remar por las Voces del Agua, una producción sonora que cuenta la historia del municipio, reviviendo la memoria del conflicto armado que marcó al territorio en el año 2000, mientras conecta esta historia con la crisis ambiental actual provocada por la expansión de la Hydrilla verticillata, el alga que dificulta la movilidad en canoa y el acceso al agua limpia. Abriendo espacio entre el alga, se llegó al colegio, donde los trazos, charlas, risas y juegos de los niños y niñas se hicieron presentes para cocrear Los mensajeros de la ciénaga, una cartografía interactiva donde ellos y ellas relatan sus sentires y vivencias por medio de audios, cuentos y cartas que flotan entre las casas palafitas, llevando sus memorias que dialogan con la batata y la Hydrilla, enredándose entre sus días, con sus padres pescadores, con sus dibujos y con el rumor del agua que los sostiene.  Producción Juan Pablo Cardona Ríos  Maria Andrea Carvajal Sotelo  Isabela Echavarría Ortiz  Sofia Carolina Quintero Borja Sara Michelle Montoya Mejía Valentina Aristizabal Diego Fernando Vega Granados Luis Fernando Vélez Aricapa