Treinta años de historias rodantes: anécdotas sobre el Metro de Medellín

Durante treinta años, el Metro ha sido un símbolo paisa y parte de la identidad de Medellín. Desde su inauguración en 1995, ha movido millones de personas y marcado la vida cotidiana del Valle de Aburrá. Para muchos es rutina; para otros, historia—como para Mariana, que dice que ella y el Metro nacieron el mismo día. Infografía de Juan David Echavarría diseñada con la Inteligencia Artifical Gemini Nacimos juntos – Mariana “Me cuesta mucho imaginarme la ciudad de Medellín sin el Metro, he visto fotos, no pude haberlo visto porque yo no había nacido y es que el Metro y yo nacimos el mismo día. Mientras mi mamá se recuperaba en el hospital de esa horrible jornada, el Metro estrenaba su recorrido con sus primeros pasajeros. Es normal que una se acuerde el día de su cumpleaños de otras personas que cumplen el mismo día, así lleven muchos años sin verse, pero el Metro no es una persona y, sin embargo, me acuerdo de su cumpleaños como si fuera un amigo del colegio o algo así. En muchas ocasiones, cuando voy viajando en Metro con otra persona, les cuento este dato y casi siempre me responden con “uy ¿en serio? Qué genial”, y a la vez con esa expresión en el rostro como si les pareciera raro que algo que no es una persona cumpla años. A mí me da mucha risa. Este año cumplimos 30, el Metro y yo: somos unos millennials cuchitos.” El día que el Metro me golió 10 lukas – Jhoan Aunque bueno, este cuchito no puede evitar equivocarse de vez en cuando. Por ejemplo, con Jhoan: “En una ocasión estaba en la estación Poblado, acababa de salir del centro comercial Monterrey. Al momento de intentar entrar a la estación me percaté de que no tenía plata en la Cívica y me dirigí a las máquinas donde uno de manera autónoma puede recargar. No están en todas las estaciones, pero mayormente son funcionales y muy hábiles para que las personas no tengan que realizar tanta fila en taquilla. Resulta que al momento de intentar realizar la recarga, la máquina me recibió el billete, pero no registró, como si la acción nunca se hubiera hecho. Considero que las máquinas son bastante equipadas ya que al momento de presionar el botón de ayuda (el cual te conecta con un asesor del Metro), me dieron ayuda oportuna. No obstante, sí fue un poco molesto porque la persona que podía hacer la revisión llegaba al siguiente día, y pues esa es la historia de cómo el Metro me robó 10k.” El Metro también es amor Desde ese empujón empezó todo – Hirlan David “Parce, bien o no. Vea, ella y yo nos conocimos en la estación San Antonio, ahí arribita donde se hace el transbordo. Estábamos en la plataforma, haciendo la fila para entrar, y la gente estaba empujando mucho. Ella estaba muy cerca de mí y dijo algo como: “eh, pero es que lo van a tumbar a uno”. Yo le respondí que sí, que la gente estaba empujando mucho, que nos iban a tumbar. Ahí quedamos hablando normal. Llegó el Metro, entramos, yo me hice junto a la puerta y ella también, pero en la del frente, porque todavía estaba saliendo la gente que venía. Ella me dijo algo así como que “uy, qué falta de educación”, y yo le dije: “sí, es que hay personas que no aplican la cultura Metro, que quieren entrar empujando, pero no es todo el mundo, porque aquí hay mucha cultura”. Ella me dijo que sí, que era verdad, pero que cuando es hora pico la gente se afana mucho por el cansancio del día o el afán. Ahí quedamos en silencio hasta la estación Estadio. Yo me bajé ahí, y ella también. Me dijo: “¿me vas a perseguir o qué?”. Yo le dije: “no, tengo que hacer una vuelta por acá”. Ella me dijo que iba a una clase de baile, de esos en grupo, y me mostró un video en Instagram. Yo le dije que muy bacano, que se bailaba muy chévere. A los días me dio por escribirle por Instagram. Le dije: “hola, soy el chico del otro día”. Ella me respondió, hablamos, nos caímos muy bien, y con el tiempo nos hicimos novios. Todo empezó ese día en el Metro, entre empujones y una charla sobre la cultura.” Gracias al Metro yo he tenido novios — Laura Aunque no todas las historias de amor son en el Metro, sí ayuda, en muchas ocasiones, a que puedan darse. “Gracias al Metro, pues… yo puedo viajar, porque tengo una loca obsesión con los del sur. Tú sabes que yo vivo en Bello, ¿cierto? Y mi novio actual vive en La Estrella, mi exnovio vive en Sabaneta, y mi otro exnovio también vive en Sabaneta. Así que, básicamente… gracias al Metro yo he tenido novios.” Los torniquetes de Caribe – María Paula (“Mapa”) El Metro también puede ser un buen punto de encuentro para que esos amores se mantengan, como le pasó a Mapa. “La historia pasa en enero del 2025. Esa fue la primera cita que tuve con mi actual novio. En ese momento estábamos saliendo, y fue la primera vez que lo vi después de tres meses de habernos conocido, justo en la misma estación Caribe donde nos vimos por primera vez. Yo bajé las escaleras y empecé a buscarlo, y no lo veía, no lo veía, hasta que a lo lejos vi un man con un ramo de flores. Yo dije como: “¿será?”, porque tengo un astigmatismo horrible. Entonces dije: “¿será o no será?”. Me fui acercando y sí, era él. Quedé como: “¡Dios mío, wow!”. Fue muy lindo todo, yo con esas flores en el Metro. Y fue muy bonito también porque estuve con las flores todo el día. Ya cuando me devolví, en hora pico, fue hermoso ver cómo la gente se apretaba más para no apretarme a mí ni dañar las flores. Todos se
Más que una línea amarilla: lo que hay detrás de la Cultura Metro

Aunque han pasado 30 años desde el viaje inaugural del Metro, desde antes de su apertura, esta iniciativa de cultura ciudadana ya se estaba gestando como una estrategia pedagógica para las y los futuros pasajeros de este sistema. Tres décadas después nos preguntamos qué hay detrás de la Cultura Metro. Foto: Luis Miguel Ríos. Este año, el Metro de Medellín cumplirá 30 años desde que inició operaciones, en noviembre de 1995. Sin embargo, siete años antes de que el primer vagón recorriera el valle de Aburrá ya se discutía un proyecto educativo para preparar a la ciudadanía frente a este nuevo sistema de transporte. Ese proyecto sería el antecedente de lo que más tarde la gente llamaría Cultura Metro: una iniciativa que hoy influye en los usuarios de formas tan sutiles que, con frecuencia, pasan inadvertidas. ¿Qué es la Cultura Metro? En términos conceptuales, la institución define la Cultura Metro como un modelo que promueve relaciones positivas en tres dimensiones: con uno mismo, con los otros y con el entorno. Así lo explica Hugo Armando Loaiza, coordinador de la Gerencia Social y de Servicio al Cliente del Metro de Medellín. Él destaca que este proceso comenzó en 1988 y que, en sus inicios, no tenía nombre; sería la ciudadanía, con el tiempo, quien lo bautizaría. Su origen responde a la necesidad de formar al público antes de la puesta en marcha del sistema. En 1988, la estrategia se centraba en preparar a la comunidad como futura usuaria. Programas como el Vagón Escuela buscaban mostrarles a los habitantes del valle de Aburrá cómo serían los trenes, qué elementos tendrían y cómo se usarían. Ese punto de partida definió la línea base de lo que hoy continúa vigente. Actualmente, la Cultura Metro es un código de comportamiento y una ética colectiva en la que, según Lucía Arango Liévano, jefa de la División de Cultura y Patrimonio de la Universidad de Antioquia, existe un consenso tácito. Pero es más que un decálogo: detrás hay una fuerte fundamentación teórica desde la comunicación, el control de masas y la sociología. Son teorías aplicadas mediante mecanismos sutiles que orientan el comportamiento del usuario hacia lo que la institución considera deseable. Loaiza señala, por ejemplo, que la limpieza de las estaciones no es un asunto de estética sino parte de una estrategia basada en la teoría de las ventanas rotas, propuesta por James Q. Wilson y George L. Kelling en 1982. Esta sostiene que los signos de desorden fomentan la delincuencia; en contraste, el aseo del Metro refuerza comportamientos positivos. Desde la psicología social, la psicóloga Meilin Ortega entiende la Cultura Metro como un proceso de aprendizaje observacional: los usuarios imitan conductas al verlas repetidas, interiorizando las normas sin necesidad de sanciones explícitas. Esto fortalece una identidad compartida que, según la Teoría de la Identidad Social, convierte al usuario en miembro de un grupo con valores propios. Loaiza también destaca una tríada fundamental descrita por Cristina Bicchieri: formación, control y sanción. En el Metro se privilegia el pilar formativo, se aplica en menor medida el control y se procura evitar la sanción directa, aunque esta sigue existiendo. De allí la presencia de la Policía Nacional, única autoridad con facultad legal para retirar a un usuario ante situaciones como hurtos, riñas o casos de abuso. ¿Por qué los paisas aman y cuidan tanto el Metro? Según Lucía Arango, el Metro surgió en un momento en el que Medellín tenía una profunda sed de patriotismo. A finales del siglo XX, la ciudad era reconocida internacionalmente por su violencia y la ciudadanía buscaba motivos de orgullo. En ese contexto apareció un sistema de transporte moderno, inédito en Colombia. Para Loaiza, esa innovación aún vigente explica el fuerte vínculo emocional con el Metro. La institución no solo transporta personas, sino que ofrece un valor agregado: servicios paralelos como los Escuchaderos, los Bibliometros o las exposiciones de arte dentro de las estaciones. Estos generan cercanía, identidad y una forma de reciprocidad ciudadana. Este modelo responde, en parte, a la teoría del «pequeño empujón» de Richard Thaler. Loaiza lo resume así: «El Metro te entrega el 10% diciéndote que no cruces la línea amarilla; espera de ti el 90% restante haciendo caso». Desde la psicología comunitaria, Ortega señala que programas como Amigos Metro o Bibliometro fortalecen la autoeficacia colectiva: la confianza en la capacidad del grupo para mantener el orden. El usuario deja de ser un simple pasajero y se convierte en agente de cuidado. Todo esto se conecta con el concepto de desarrollo orientado al transporte. «El transporte transforma las ciudades porque transforma los hábitos, y los hábitos de moverse cambian completamente la ciudad», afirma Loaiza. Arango agrega que este modelo se articula con la narrativa del «desarrollo paisa», históricamente ligada a «vencer el monte»: un ideal de progreso basado en la urbanización y el orgullo regionalista. La Cultura Metro, afirma, recoge elementos cuestionables de esa tradición, como la idea de que Antioquia es la región más desarrollada del país. «El Metro de Medellín logró hacerle creer a todo un país que un medio de transporte común era un lujo y no un derecho», sentencia. Las opiniones de los usuarios reflejan que la Cultura Metro es ampliamente valorada, pero enfrenta tensiones. Para muchos, es un hábito inculcado desde la infancia y un motivo de orgullo. Sin embargo, coinciden en que en horas pico sus principios se desdibujan entre empujones, falta de empatía y congestión. Algunos aseguran que la cultura se ha debilitado; otros la consideran dogmática. En conjunto, las voces ciudadanas muestran una cultura apreciada, pero frágil frente a la presión diaria del sistema. ¿Qué se sacrifica con esta idea de cultura? Arango cuestiona cómo un modelo de cultura dominante puede justificar prácticas problemáticas en nombre del orden. En el caso de la Cultura Metro, señala que esta ha validado comportamientos como la delación o el linchamiento social. Recuerda el caso de 2018, cuando tres grafiteros murieron arrollados por un tren de mantenimiento mientras pintaban un vagón. En redes sociales, muchos