Existe la creencia machista y popular de que detrás de cada gran hombre, hay una gran mujer, y es este mandato del patriarcado el que dictó el orden en las listas de quienes aspiran a ocupar un puesto en el Congreso de la República en 2026. Este 8 de marzo en Colombia recordaremos más que nunca la incesante necesidad de conmemorar y exigir los derechos de las mujeres cuando enfrentemos los tarjetones marcados, de nuevo, por la desigualdad política.
El panorama electoral en Colombia, que sigue teniendo rostro de hombre, plantea inquietudes frente al liderazgo que ejercen las mujeres en la política electoral, aunque conformamos el 51 % del total de personas habilitadas para votar, nuestra representación aún es minoritaria. Solo cinco de las 16 listas al senado son encabezadas por alguna mujer: Carolina Corcho (Pacto Histórico), Gloria Gaitán (Comunes y Fuerza Ciudadana), Nancy Vergara (Patriotas), Juliana Gutiérrez (Creemos) y Betzy Martínez (Con toda por Colombia).
A pesar de la necesidad urgente de garantizar la paridad de género, tanto los partidos como los medios de comunicación siguen cumpliendo por obligación la “cuota mínima” (muy mínima) de mujeres en los espacios que convocan, así se libran del pecado de la discriminación. Aunque a El Espectador, Blu Radio y la Universidad Eafit se les olvidó intencionar su invitación para obtener mayor participación de las candidatas a la Cámara de Representantes por Antioquia, sin embargo, los propios partidos tampoco priorizaron su asistencia. Tal vez pensaron que las mentes de los nueve hombres eran suficientes para llenar el reducido espacio del auditorio.
Por su parte, RCN y El Tiempo tampoco dieron ejemplo de igualdad en televisión nacional con El debate de la gente: fueron nueve hombres contra Carolina Corcho. Si bien estos medios no son culpables de la conformación de las listas, tampoco se les debe restar la responsabilidad por no abrir el espacio a las demás candidatas. ¿Acaso tenemos que aplaudir el mínimo esfuerzo? O será que finalmente nos conformamos con esta visión incompleta y facilista del país.
Esta discusión trasciende del número de candidatas inscritas y plantea discusiones de fondo sobre problemas estructurales como la instrumentalización de los liderazgos femeninos y de los discursos que los acompañan. Así pues, no es la administradora de empresas Juliana Gutiérrez, sino “la hermana de Fico” quien ocupa la cabeza de lista por Creemos, el movimiento fundado por el actual alcalde de Medellín, quien, ante su impedimento para participar en política, de manera estratégica sigue usando su imagen por medio de Juliana Gutiérrez para obtener la votación que le devolvería la personería jurídica.
Así mismo, Diana Osorio, exgestora social de Medellín, estuvo cerca de aspirar a la presidencia por invitación del Partido Ecologista Colombiano, luego de que su esposo Daniel Quintero fuera inhabilitado por la Registraduría para participar en la consulta del Frente por la Vida, con el argumento de que ya había participado en la del Pacto Histórico pues no presentó a tiempo su renuncia. Finalmente, el Consejo Nacional Electoral aprobó su candidatura con aval del partido AICO, aunque la jugada con Diana Osorio dejó ver que ella era el último recurso por agotar ante el desespero de Daniel Quintero por obtener el poder.
Por el lado de la Presidencia, 16 aspirantes repartidos en tres consultas interpartidistas se disputarán las candidaturas que irán a primera vuelta en mayo. Allí solo veremos el rostro de cuatro mujeres: Vicky Dávila (Valientes), Claudia López (Imparables), Martha Viviana Bernal (La Fuerza) y Paloma Valencia (Centro Democrático).
Esta última es una de las más opcionadas para ganar la Gran Consulta por Colombia al ser la representante del uribismo. Dentro de sus discursos en publicidades y debates, la candidata mira fijamente a la cámara y repite: “soy Paloma Valencia y quiero ser la primera presidente mujer de Colombia”. Presidente. Así, sin reemplazar la “e” por una “a”. Y es que todo en sus estrategias de comunicación política está dado para que los electores comprendan que ella quiere ser la mujer que gobierne el país, eso sí, sin incomodar ni con el lenguaje, ni con las acciones a los hombres poderosos que defiende. Por eso prefiere infantilizarse en las plazas públicas gritando con el tono característico de la mano firme y el corazón grande: “Uribe es mi papá”. De nuevo, una mujer con toda la trayectoria desde su orilla política siendo propaganda para una figura desgastada como la de Álvaro Uribe Vélez.
Estos ejemplos demuestran la carencia de referentes y liderazgos en la contienda electoral de mujeres independientes, jóvenes, con nombres y apellidos propios más que ser “la esposa, la hermana, la hija de…”. No es posible construir democracia sin la mitad de la población. A propósito del 8M, reforcemos el llamado a construir identidad y aumentar la incidencia política, no solo con la cantidad, sino con la calidad de propuestas que representen de verdad los intereses de las mujeres en Colombia. No somos un discurso más al que se le debe sacar provecho de cara a las elecciones, por eso, este domingo la marcha también es hacia las urnas.