La actriz Sydney Sweeney realizó un anuncio publicitario para la plataforma de apuestas deportivas Novig en donde aparece desnuda y cubre algunas partes de su cuerpo con elementos deportivos. Este comercial desató debates alrededor de la representación de las mujeres en los deportes, la cosificación de los cuerpos femeninos para generar ventas y la intención de complacer la mirada masculina.
En esta entrevista la periodista especializada en derechos humanos y perspectiva de género y creadora de contenido feminista Luisa María Valencia defiende que no se debe caer en la visión moralista del cuerpo femenino para impedir que este se muestre al desnudo, pero cuestiona cuando se muestra desde la cosificación.
¿Qué significa que una actriz, en este caso Sydney Sweeney, realice un comercial desnuda para una aplicación de predicción deportiva?
Hay muchas interpretaciones que se pueden hacer del comercial. Creo que la principal crítica ha estado enfocada en el tema de cómo se ha vinculado a la mujer con el deporte. En el caso del comercial hay una sexualización muy evidente de la actriz en un espacio por el que se ha luchado para reivindicar que las mujeres somos más que cuando nos sexualizan.
Ella en el comercial aparece con varios uniformes que corresponden a distintos deportes y en esos distintos deportes ha habido mujeres que han sido sexualizadas y que han sido vistas más allá de su capacidad física como atletas, etcétera. Entonces, la principal crítica ha sido llegar a ese, se podría decir como retroceso, pues muchas lo han visto así.
Ella ha hecho ya varios comerciales que han apuntado a lo mismo y ahí hay otro debate alrededor de si ella lo hace como una forma de subvertir la sexualización a su favor o si está replicando la misma forma conocida de cosificar a la mujer para vender.
¿Qué implicaciones tiene este hecho cuando pensamos en la mirada masculina y la sexualización del cuerpo femenino? ¿Es una subversión a su favor o no?
Yo creo que indudablemente la sociedad mira de forma muy moralista el desnudo de la mujer. Y como que eso no se nos puede perder de vista porque la autonomía de las mujeres suele ser muy interpelada cuando la usan desde ese lugar más erótico.
Sin embargo, al ser ella y que haya varios ejemplos de cómo ella lo usa, sí se nota que hay un asunto de “Sé que esta cosificación da de qué hablar, sé que me sirve para vender y pues lo voy a usar como un recurso”. Si bien a su favor, pues también hay un asunto de autocosificación.
Suena horrible, pero hay una autocosificación. Ella misma se reconoce desde ese lugar y lo usa para vender pese a lo que implica. El capital erótico ha sido muy debatido en los feminismos en términos de obtener beneficios a costa de que nuestra apariencia sea una moneda de cambio.
Pero sí, hay un asunto en el que ella es consciente, no se le puede quitar agencia y sí lo hace desde un lugar de la cosificación. Sin embargo, hago el llamado a que no lo veamos de forma tan moralizante porque suele suceder que nos vamos yendo como a un nivel muy de que la mujer tiene que ser una santa y que, por ende, no puede mostrarse al desnudo porque se está regalando a los hombres, una mirada muy moralista en la que tampoco quisiera que caigamos.
¿Cómo no caer en esa mirada moralista sin restarle lo que significa que ella, una actriz, salga semidesnuda en un comercial para apuestas deportivas?
Cuestionándola directamente a ella desde su agencia. Ella es una mujer consciente que sabe lo que está haciendo y está bien que tengamos una conversación como sociedad alrededor de lo que ella está haciendo y de cómo desde su lugar privilegiado, de ser una mujer con fama, con dinero, una mujer blanca se está sirviendo de la cosificación.
O sea, yo creo que se puede interpelar directamente a la persona para abrir otras conversaciones que sí van más al fondo de lo problemático que puede ser reforzar la idea de que el valor de las mujeres depende de cuánto deseo generan en otras personas. Se puede usar como figura que va a enmarcar un diálogo y una conversación importante.
Pero lo moralizante a veces nos supera. Entonces es también nosotras mismas preguntarnos ¿qué estoy criticando realmente? ¿Estoy criticando que hay una cosificación y que esto nos deshumaniza o me está estorbando verla desnuda? ¿Me está incomodando ver que se siente cómoda en su cuerpo? Ahí también hay un asunto muy interno y muy de hacer conciencia de hasta dónde llevamos la discusión.
Hay una tensión entre las agendas políticas conservadora y progresista. ¿En cuál se enmarca la figura comercial de Sydney?
Ella tiene unos mensajes macro que sí creo que develan muy claramente una orientación política que tira más hacia lo conservador. No solo en lo que dice, sino en lo que no dice. Y lo que he sabido de ella ha sido a raíz de las polémicas y han sido polémicas alrededor de sexualizarse.
Sí considero que ella tiene una agenda política muy relacionada con el conservadurismo porque además busca agradar al hombre también desde ese lugar de sexualización. De alguna forma sí está manteniendo el statu quo de esos valores conservadores, no va a ser considerada una tradwife en principio, pero desde ese otro lugar está promoviéndose igual al servicio de las relaciones patriarcales, de las relaciones donde quienes han tenido el poder en la historia lo mantienen. No subvierte realmente nada.
¿Se puede hablar en este caso de una mercantilización del cuerpo femenino?
Esto puede sonar un poco deshumanizante, pero son las decisiones que ella ha tomado sobre su propio cuerpo para poder vender la casa de apuestas de la cual es accionista, ¿cierto? O sea, hasta ese punto ella decidió llegar. Hay un asunto mercantil ahí, pero no tanto en sí mismo del cuerpo, sino de esas decisiones que ella toma para poder promocionar su casa de apuestas. Pues ella y el equipo que la acompañará.
¿Qué implicaciones tiene este comercial en el contexto global actual?
Ahorita hay una tendencia de mostrarse como mujer tradicional y eso se está expandiendo por el mundo y hay que prestarle atención porque al final termina alimentando a las políticas que están ganando otra vez fuerza. Es algo que se suma con otros tantos elementos que se han estado reforzando últimamente, muy especialmente a través de las redes sociales porque es donde más tiempo pasamos y que van de la mano con valores que vuelven a los roles de género, que vuelven a los valores tradicionales, a la idea de familia tradicional, a la idea de la mujer como objeto que está para complacerme a mí como hombre. A todo eso se va sumando de alguna manera. Son mujeres que no representan en lo más mínimo una mujer tradicional, pero con ciertas acciones están tratando de promover estos valores.
Pero entonces los hombres a veces reciben ese mensaje sin filtrar, no ven eso, sino que simplemente dicen como, «Sí, todas deberían volver a ser la mujer tradicional, sí es posible, véanlas a ellas”, pero ¿ellas qué son? Pues mujeres cero tradicionales.
Ella igual refuerza ese otro lugar de la mujer en roles que nos han asignado de “la madre y la puta”, que suele ser como una diferenciación que se hace, y y ella está ocupando el lugar de la que se cosifica y, además, está reproduciendo un ideal tradicional de belleza, porque su cuerpo es sumamente hegemónico, hay una deseabilidad si se quiere del hombre hacia una mujer así, entonces es reproducir lo mismo que también lleva mucho tiempo y que llevábamos mucho tiempo tratando de desmontar.