Los riesgos del zorro perro, un habitante cada vez más visible en Medellín

Esta especie ha sido avistada en sitios como la UdeA y la Plaza Botero. El crecimiento de la ciudad la está empujando hacia las zonas urbanas, lo que representa peligros para su adaptación y supervivencia. Ilustración: Sara Uribe de los Ríos. En redes sociales se viralizaron videos donde un zorro perro camina con rapidez por los pasillos de la Plaza Barrientos de la Universidad de Antioquia. Mientras se acerca a los parches de vegetación alrededor del bloque 10, empieza a andar con cautela como si hubiera fijado sus sentidos en algo. Ese algo es alimento, una de las razones de su paso por Medellín, según Sara Muñoz, veterinaria y fundadora del Proyecto Zorro. En julio fue visto, también, en la Plaza Botero y el Aeroparque Juan Pablo Segundo. El Cerdocyon thous, zorro perruno o zorro cangrejero es un mamífero silvestre que habita las zonas rurales de los diez municipios del Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Buitres UdeA (@buitresudea) Juana Alzate, estudiante de Periodismo de la UdeA, fue una de las personas que vio al zorro perro caminando por la Universidad. Dice haberlo visto por zonas solitarias de Ciudad Universitaria entre las 5:00 de la tarde y las 9:00 de la noche. “Lo vimos desde la distancia y se fue muy tranquilo, como si fuera ya costumbre convivir con los humanos”, dijo Alzate. Según la veterinaria Muñoz, al ser animales omnívoros, los zorros perrunos tienen una gran gama de alimentos que les facilitan la adaptación a ambientes urbanos, semiurbanos y rurales. Aunque su presencia se esté volviendo más común, Muñoz afirma que esta población siempre ha estado en los alrededores de las zonas urbanas: “Por la expansión humana hemos estado más en contacto con los animales de fauna silvestre de la laderas y zonas más arborizadas”. Nathalia Villada, veterinaria y ambientalista, describe la situación de estos caninos como un “reingreso” a la ciudad, que en un principio fue su hábitat y de la cual fueron desplazados por la urbanización. Dice que, pese a que es normal este tránsito a las zonas urbanas, es importante “analizar las causas de esas migraciones, si hacen parte de algún ciclo biológico, o si es la presión que estamos ejerciendo en otras zonas prístinas”. Según datos del Área Metropolitana del Valle de Aburrá sobre el ingreso de zorros perros heridos al Centro de Veterinaria y Zootecnia de la universidad CES (con quienes trabajan en convenio), la mayor parte de los caninos contabilizados hasta agosto del 2023 provenían de Medellín (8), seguido de Girardota (2) e Itagüí (2). Los zorros perrunos que son contabilizados son solo aquellos que fueron rescatados de situaciones de riesgo a lo largo del 2023. Imagen de registro del Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación del Área metropolitana del Valle de Aburrá. Si son tan adaptables, ¿qué riesgos tienen? Luz Rodríguez, líder de proyectos de biodiversidad de la universidad CES, cuenta que además de los atropellamientos a los que son vulnerables por cruzar vías con vehículos en movimiento, los zorros perros también pueden sufrir intoxicación por la ingesta de desechos sólidos y contagiarse de enfermedades que en su hábitat natural no tendrían por qué tener. Y, según Sara Muñoz, algunas de las enfermedades más mortales para estos, como el parvovirus y el moquillo, son trasmitidas por animales domésticos no vacunados. A esto se suma el maltrato que, en general, reciben las especies silvestres más pequeñas (incluyendo a los zorros, que miden cerca de 65 centímetros) por parte de otros animales domésticos, como los perros. “Se ha reportado la muerte de zorros por este tipo de perros que los atacan en gavilla”, dice Muñoz. Ella asegura que en ese encuentro es mayor el impacto negativo para los zorros que para las mascotas. Muñoz afirma que “el desafío del zorro es sobrevivir”, y agrega que la alimentación es una de sus limitantes dentro de la ciudad. Al consumir comida de humanos, no tienen la necesidad de cazar y controlar animales que son propensos a convertirse en plagas, como roedores e insectos. De esta manera no solo se altera su nutrición sino también su comportamiento. Nathalia Villada agrega que la contaminación visual y auditiva que genera la ciudad también representa una alteración para la vida de estos animales: “algunos ciclos circadianos están dados por la luz y esto puede desorientar a algunas especies”. Esos impactos pueden llegar a afectar incluso la capacidad reproductiva de los zorros perrunos. ¡Maravilloso avistamiento en el Aeroparque Juan Pablo ll!🤩 ¿Te has preguntado cuál es la relación de la biodiversidad silvestre con los entornos urbanos🏡?, te contamos la historia de un zorro perro (𝘾𝙚𝙧𝙙𝙤𝙘𝙮𝙤𝙣 𝙩𝙝𝙤𝙪𝙨) que se pasea por el Aeroparque Juan Pablo ll. pic.twitter.com/9tqwBtA2ih — Área Metropolitana del Valle de Aburrá (@Areametropol) August 2, 2023 Fauna silvestre en la ciudad El Área Metropolitana del Valle de Aburrá hace seguimientos a los movimientos de esta especie en la ciudad. Se les ha empezado a caracterizar como fauna urbana, que según Luz Rodríguez, “son animales que se adaptan a los entornos urbanos, que logran encontrar refugio, reproducción y alimento”. Por otra parte, Sara Muñoz los clasifica como fauna sinantrópica, que es el conjunto de animales que usan los recursos de zonas habitadas por el hombre, ya sea de forma temporal o permanente. Por su parte, Nathalia Villada afirma que es importante hacer una diferenciación y no generalizar, pese a que algunas poblaciones han logrado adaptarse y sobrevivir, no toda la especie de zorros perrunos habita la urbanidad. Aun si los videos que han estado circulando por las redes muestran solo a Medellín, en realidad el desplazamiento que se ha evidenciado es general en el país, según explica Sara, y en específico en algunas regiones donde esta especie habita. Su presencia se extiende por las zonas Andina, Caribe, Pacífico y Orinoquía. El zorro perruno se encuentra en las regiones Andina, Caribe, Pacífico y Orinoquia. Imagen extraída de “El Manual: Contemplar, comprender y conservar” repositorio de Colombia Travel. Los zorros perros no son los únicos en desplazarse
Camellar la ciudad: de habitantes en calle al trabajo informal

La población de personas en situación de calle la conforman: habitantes de calle y habitantes en calle, según el Ministerio de Salud y Protección Social. Sin embargo, la información sobre este último grupo es escasa. Análisis sobre estos vacíos de datos. Mercado popular en la calle. Autor: Jorge Alonso Zapata. Año: 2020. En abril de este año 12’990.000 personas fueron registradas en el país como trabajadores informales según el último censo que realizó el DANE. En 2021, Colombia fue el país con más autoempleo del mundo de acuerdo a la tasa de autoempleo calculada y publicada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En dicho estudio, la cifra del país es aproximadamente el doble del segundo en la tabla: Brasil, que casi triplica en habitantes a Colombia (214,3 millones de habitantes frente a 51,52 millones para ese año). ¿Por qué relacionar habitantes en calle con trabajo informal? ¿Quiénes son los habitantes en calle? https://youtu.be/U2XWyETo8c0?si=rrp1z2J9d0I8s07_ Dar un total de habitantes en calle en Medellín es, por ahora, una tarea difícil. En un rastreo documental se observó que las investigaciones actuales de personas en situación de calle en el país no cuentan con una diferenciación entre habitantes de calle y en calle. En la ciudad, existe un trabajo institucional que realizó dicha separación y presentó caracterizaciones atendiendo cada población. Se trata de una investigación de 2009, desarrollada por el Centro de Estudios de Opinión de la Universidad de Antioquia y la Secretaría de Bienestar Social de la Alcaldía de Medellín. Hay otra investigación más reciente (2020) financiada por la Secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos y operada por la Facultad de Medicina de la misma Universidad. Sin embargo, en esta no existe una diferenciación evidente entre los dos grupos de personas en situación de calle. Solo se enuncia un total general (1.547 personas) que los reúne a ambos. La Alcaldía de Medellín cuenta con un sistema de atención al habitante de calle que, según la Secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos, “comienza por una captación, sensibilización y derivación de ciudadanos a los diferentes componentes transitorios”. En estos componentes pueden acceder al autocuidado, atención psicosocial y prehospitalaria. Además, cuentan con otro componente llamado Centro Día 2, donde la población recibe alimentación, dormitorio, enfermería e inicia el proceso de resocialización. Según la entidad, en los componentes transitorios se reciben diariamente alrededor de 1.200 habitantes de y en calle. Sin embargo, al preguntar por la atención específica a habitantes en calle, la Secretaría cambia sus respuestas por “atención a personas en situación de calle”, que es el conjunto que reúne a los dos grupos (habitantes de calle y en calle). También, expresan que los procesos de resocialización son exclusivamente para habitantes de calle “teniendo en cuenta que ambos conceptos encierran a personas en situaciones diferentes”. Al preguntar si hacen una diferenciación entre los dos grupos mencionados anteriormente, la Secretaría responde que “sí se hace la diferenciación, basados en la fuente oficial del DANE”. Sin embargo, no cuentan con planes de atención específicos para esta población o, por lo menos, caracterizaciones y cifras detalladas. Para poder contar con un dato aproximado de la cantidad de habitantes en calle que hay en la ciudad, es necesario reunir múltiples datos donde este grupo es nombrado de diferentes maneras: trabajadores informales, venteros de la economía popular, artistas callejeros, artesanos, recicladores. Medellín en números https://youtu.be/MJA7fvoSa8s?si=3pYIqTVS65gCSTvN En el ámbito nacional, el panorama no es muy distinto. Los censos que presenta el DANE solo hablan de habitantes de calle. No hay alguna división o variable que permita calcular el total u observar el comportamiento de habitantes en calle del país. La alternativa es, de nuevo, buscar el fenómeno con otros nombres. Esta vez como “Trabajadores informales”, en el censo de “Empleo informal y seguridad social” publicado por la misma entidad. Amplíe el gráfico para verlo en pantalla completa Para la economista y docente universitaria Yennifer Celín Camargo, es importante no analizar el comportamiento de la informalidad con lo que pasa en los meses de diciembre y enero, ya que la economía entra en un momento de auge estacionario. “No es que enero sea el mes del año en el que haya menos trabajadores informales». Lo que sucede es que «durante diciembre la economía entra en un auge temporal y las empresas deben aumentar la fuerza de trabajo para cumplir con la demanda. Estos nuevos puestos de trabajo son ocupados por muchas personas que todo el año trabajan como informales. Apenas termina la demanda de temporada vuelven a serlo. Al mismo tiempo, en diciembre muchas personas aprovechan las ventas elevadas para conseguir un ingreso extra, y lo hacen de manera informal, pero después de la temporada dejan de ser informales y continúan en sus trabajos habituales”. La docente también expresa que es importante tener cuidado a la hora de mirar la variación en la informalidad entre hombres y mujeres. Si bien es cierto que trimestre a trimestre el porcentaje de hombres informales crece más que el de las mujeres, ya que estos representan la mayor fuerza de trabajo, en la generalidad, debido al cuidado del hogar y las obligaciones que adquieren las mujeres en las familias, ellas se emplean más en trabajos informales para poder cumplir con estas otras obligaciones. https://youtu.be/vQ0d1aJFRYk?si=QLl8U8iatB175BMM La información sobre el autoempleo y la informalidad no es muy abundante. Según el estudio “Un nuevo enfoque para abordar la informalidad, radiografía laboral en Colombia” presentado el 2 de agosto de 2023 por la Alianza de Asociaciones y Gremios de Colombia (ALIADAS), la informalidad es un concepto que no se puede generalizar, y para enfrentarlo hay que identificarlo mediante tres segmentos: Trabajadores en condiciones precarias: los que ganan menos de un mínimo. Trabajadores en condiciones básicas: quienes ganan al menos un mínimo. Trabajadores en condiciones promedio: aquellos que ganan mucho más del mínimo. Sin embargo, los habitantes en calle no están representados en casi ninguna parte –y si lo están, aparecen nombrados de otra forma-. Por esto, es pertinente preguntarse: ¿cómo pueden crearse planes de atención o políticas públicas dirigidas a estas personas cuando no se tiene información
De refugio a elefante blanco: Santo Domingo espera la reapertura de la Biblioteca España

En abril la Alcaldía anunció que la recuperación de la biblioteca avanza en un 61%. Esto fue lo que perdieron las comunidades del nororiente de Medellín con el cierre de su parque biblioteca. Foto: Santiago Bernal Largo. En marzo de 2007 el entonces alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, inauguró el parque Biblioteca España en el barrio Santo Domingo Savio. Antes del acto oficial, en el que estuvieron el presidente Álvaro Uribe Vélez y los reyes de España, Juan Carlos y Sofía. Fajardo, en un encuentro con la comunidad de la zona dijo que todo lo que sucedía en ese sector era “construcción de desarrollo”. Dijo también que no había “una sola dificultad que no seamos capaces de superar”. Ocho años después, en 2015, el parque biblioteca cerró sus puertas por fallas en su fachada y su estructura. Se convirtió en un elefante blanco en medio de la ladera nororiental de Medellín y siguió así por cuatro años más. En 2020 el alcalde Daniel Quintero decidió ponerla en el foco de atención y desde entonces pasaron dos años hasta que en enero de 2022 comenzaron los trabajos para su recuperación. El 25 de abril de 2023 Quintero anunció que el avance del proyecto de reconstrucción iba en un 61% y, de acuerdo con Luisa Gómez, secretaria de Infraestructura: “Las fachadas para las cajas 1 y 2 estarían listas para finales de julio”. El proyecto original estaba conformado por tres cajas; edificios independientes en los que se distribuía la biblioteca, un espacio para niños y un auditorio. En 2013 esos módulos empezaron a mostrar fallas en sus fachadas: presentaban filtraciones de humedad, que provocaban grietas y desprendimientos de material. Tras el cierre, las fachadas de las cajas 1 y 2 fueron removidas; mientras que en la caja 3 fue necesario el desmonte total de la estructura. Por esa razón, el proceso de recuperación del Parque Biblioteca implica la reconstrucción de la fachada de los dos primeros edificios y la construcción total del tercero. Foto: Santiago Bernal Largo. La inversión en ese proyecto, de acuerdo con la Alcaldía de Medellín, es de $30.800 millones. El contratista al que le fueron adjudicadas las obras es IDC Inversiones, que fue el único proponente en el proceso de licitación y es cuestionado por los millonarios contratos que recibió durante la gobernación de Luis Pérez. El refugio que se perdió Maryul Sánchez vive desde 2005 en el barrio San Pablo de la comuna 1 y es representante comunitaria de los adultos mayores de esa zona. Ella ha participado de varios procesos relacionados con la biblioteca , desde su cierre hasta que comenzó la reconstrucción: “Es más difícil arreglar algo mal hecho que construir desde cero”, dice. Durante los años en que funcionó la biblioteca fue un espacio esencial en Santo Domingo, recuerda Maryul. Según ella fue el refugio que permitió que decenas de jóvenes pudieran acceder a ambientes de ocio y esparcimiento. El valor que ella y otros vecinos le daban a ese espacio lo demuestra una frase que pronunció el 30 de marzo, en una reunión informativa para socializar los avances de la reconstrucción. Pocos días antes hubo un temblor de tierra que se sintió fuerte en el barrio: “Es que cuando sentí ese temblor ni siquiera me preocupé por mi casa, en lo primero en que pensé fue en la biblioteca”. Y es que refugio, como dice Maryul, es la palabra que utilizan muchos habitantes de la zona para referirse a la biblioteca. Johny Bolívar, conocido como “Luthor”, es un bailarín de break dance desde hace 15 años y participa como guía en proyectos de turismo comunitario en la comuna 1. Fue usuario de la biblioteca desde que fue abierta en 2007 y solía frecuentar sus espacios diariamente, a pesar de vivir a unos 40 minutos. Foto: Santiago Bernal Largo. Luthor caminaba hasta este lugar para acceder a las salas de internet y, según dice, el proyecto ayudó a romper las fronteras invisibles en la zona, ya que cientos de personas se movilizaban todos los días por el sector . Los combos tuvieron que aceptar ese movimiento de personas desconocidas que llegaban a Santo Domingo para visitar la biblioteca. El impacto también quedaba demostrado con la llegada de turistas, la valorización de predios y los pequeños emprendimientos que surgieron alrededor. “Tras el cierre de la biblioteca muchas familias que tenían pequeños negocios se vieron afectadas, ya que los turistas dejaban de llegar. Por ejemplo, la señora que tenía el puesto de fritos o el puesto de obleas dejó de recibir ingresos y se vio obligada a irse a otra parte, porque simplemente ya no podía vender”, cuenta Luthor. Además, varios procesos culturales y formativos que tenían como sede la biblioteca se vieron interrumpidos. Muchos jóvenes de Santo Domingo y los barrios vecinos perdieron el refugio que habitaron durante ocho años. La biblioteca itinerante Marcial Aguirre es, desde 2013, gestor de fomento de lectura del Parque Biblioteca España. Él y su equipo de trabajo estuvieron allí los últimos dos años, antes de que la biblioteca cerrara. Describe ese periodo como uno de tránsito por cuenta de todo lo que estaba pasando con la estructura. Tras el cierre, todo el material que era resguardado en este espacio fue repartido en diversas bibliotecas de la ciudad. Pero esto no fue impedimento para seguir con los proyectos culturales y formativos. Así nació la biblioteca itinerante que permitió darle continuidad a varios procesos en el territorio. De esa forma, dice Marcial, se mantuvo vivo el arraigo de la comunidad hacia la biblioteca. Esa itinerancia logró un acercamiento que tal vez no habría sido posible sin el cierre de la biblioteca y, por esa razón, Marcial dice que está previsto que esa iniciativa de sacar los proyectos del edificio continúe una vez sea reinaugurado. Aún así, él, Maryul, Luthor y muchos vecinos esperan que la comunidad converja de nuevo en el espacio físico de una biblioteca que, más que cualquier obra pública, representa la reconciliación de este territorio consigo
RastrOjeando

Ojear es poner cuidado, echar un vistazo, estar atento. Mirar arriba hacia los frutos de los árboles, abajo a las raíces de las cosas, hacia las matas, las hierbas, los arbustos, hacia esas plantas enredadas, escondidas, que sirven para esto o para lo otro. En la comunidad de paz de San José de Apartadó se trabaja la tierra, se siembra, se cosecha, se conoce la tierra, se estudia el campo, se aprovecha la tierra con todo lo que puede brindar, que es mucho. Rastrojo se le llama a la parte baja de las cañas que queda en los terrenos maduros después de cortar la cosecha, lo que sobra de lo que sirve. Rastrojo también se empieza a llamar el terreno después de ese corte y antes de la nueva cosecha, también se usa a menudo para nombrar a un vegetal de poco valor que crece por ahí, o a esa maleza que crece entre el piso y solo está ahí para ser marcada con la suela. En la comunidad de paz se sabe por donde se pisa, se lleva el rastro, se conoce el suelo y lo que crece en él; casi no se va al hospital y se tratan las enfermedades y molestias con lo que “crece por ahí” y brinda la tierra, con lo que se ha estudiado y se ha aprendido.Caminar y pensar que “todo eso no es rastrojo” eso es estar #RastrOjeando. https://youtu.be/Inr71m_5lxg?si=EJ7vWykOT6zJLBsC Un antídoto de piedra negra La piedra negra llegó a la Comunidad de Paz desde África, “La trajo una misionera que visitó La olandesa” dice Brígida González -La holandesa es el nombre del terreno que ocupa la finca de San Josesito de la Dignidad, entre los terrenos de la Comunidad de paz-. La misionera les habló de las propiedades curativas que poseía ese pedacito negro; tan brillante, pulido y fragil. Sin embargo, durante un tiempo, la comunidad no utilizó esta piedra para acceder a su antídoto y la piedra estuvo rodando de aquí para allá en los bolsillos del hábito de la misionera, caminando los largos caminos calientes por el sol que conforman toda la comunidad de paz. Piedra negra curativa hecha con pata de res en la CDP de San José de Apartadó. Es difícil creer en aquello que apenas conocemos ¿no?, lo nuevo, lo diferente, todo eso que nos hemos visto y no hemos oído mentar siempre nos genera desconfianza, siempre nos confronta entre todo lo que creemos que somos y lo poco que conocemos. La piedra negra traída de África por la misionera es un antídoto contra las picadura de serpiente, y aunque la comunidad no tiene algo así como un antídoto, sí tenía ya un tratamiento a base de plantas1contra el veneno de las serpientes que se pueden encontrar en estos suelos calientes del Urabá Antioqueño. En el proceso de reconocer la piedra como parte de su catálogo medicinal, la comunidad pasó por varias charlas, tiempo y picaduras de culebra en muchos miembros. Para preparar la piedra negra es necesario tener una pata de res, pelada, organizada y bien lavada. Primero se deben cortar todas las coyunturas de la pata, incluyendo la parte trasera que es de donde sale principalmente la piedra. Después de hacer estos cortes se parte con una pulidora la pata en 4 pedazos y empieza: raspar, raspar y raspar hasta que quede bien planita. Después de tener los cuatro pedazos totalmente planos, se guardan en un recipiente seguro y luego se prende el fogón: se parte la leña seca, se corta en bastillas, se amontonan, se les da candela, se soplan con la boca y con una tapa hasta que hay la suficiente llama para colocar palos grandes que mantengan el fuego encendido todo el tiempo que se necesite. Con el fogón caliente se ponen las cuatro piedras juntas en una parrilla para empezar el proceso de quema. Las piedras al llevar un tiempo en el fogón sueltan un humo gris; para saber cuándo está lista la piedra, usted debe seguir las transiciones del color del humo. primero sueltan el humo gris, como el que sale de las chimeneas o de cuando se cocina en los grandes fogones de adobe y cemento que hay en la comunidad. Luego sueltan un humo negro “como si se estuvieran chicharroneando”, explica Brígida, vuelven al humo gris tipo chimenea-fogón y para terminar, sueltan un humo blanco y ahí, en ese momento, es cuando se deben bajar del fogón. Para que la preparación termine bien se deben dejar enfriar las piedras antes de guardarlas, porque si se guardan calientes se pueden quebrar; una vez estén frías, se guardan en un recipiente con tapa y aserrín, o se pueden envolver en papel higiénico. En caso de llegar a necesitar la piedra hay que seguir un procedimiento que ha repetido la comunidad por varios años, para que haga efecto y se conserve la piedra. No está demás aclarar que antes del procedimiento hay una cosa esencial, para la piedra y para todo, la disposición. Si usted se desespera, se asusta, se malviaja y desconfía, lo único que va a hacer es empeorar la vuelta y a lo mejor estropear el antídoto -ojo que esto aplica para la vida en general- uno entiende que una picadura de serpiente no es cualquier cosa, la vida tampoco, pero aún así hay que mantener la calma. Volviendo al procedimiento: primero, se le debe poner la piedra a la persona que fue picada por la serpiente en el punto preciso de la picadura, ahí la piedra se pega de la piel como un imán a una nevera. Ella se queda ahí extrayendo el veneno y ¡ojo! no se debe forzar, ella solita se suelta cuando ya está cargada con todo el veneno -eso sí, hay es que estar poniéndole cuidado-. El procedimiento que sigue es vital si quiere conservar la piedra para después: se debe poner en una vasija, exclusiva para este procedimiento, y echar agua tibia; a la media hora ella empieza a burbujear, a
ApartadoSonoros

Es posible identificar una comunidad e identificarse en ella pensando y reconociendo sus sonidos: el sonido ambiente, el más frecuente, el sonido particular de cada hora y de cada lugar. ¿Cómo suena la comunidad? ¿Qué sonidos representan a la comunidad? https://youtu.be/cCD70H8YMWY?si=gP8zDW0hnAq1ZeeS ¿Pa’ usted qué es la Comunidad de Paz? De la Urbe · Pa Usted Qué Es La Comunidad De Paz Hacer estas preguntas en un territorio donde suenan los árboles cuando los mueve el viento, en el que se escucha permanentemente el canto de los pájaros, en el que se se resiste y se celebra por medio de la música, en la que una vez te levantas lo primero que pasa es que oyes: los gallos, los perros, los marranos, las gallinas. Hacer estas preguntas es abrir una posibilidad de reportería en la que el método, el proceso y el producto convergen en la misma actividad. Un ejercicio de creación donde se cambian los roles y los papeles, donde se aprende y se desaprende, y, sobre todo, se escucha. Gracias a la participación Comunidad de Paz de San José de Apartadó, sobre todo a sus niños,creamos #ApartadoSonoros Identidad y territorio En el mapa – río, kiosco, restaurante, escuela, placa, trilladora, cúpula. De la Urbe · En El Mapa – Audio – Taller (Actualizado) Atención: Explora los 7 lugares del mapa interactivo de la comunidad de paz. Cada lugar se irá habilitando al dar click uno por uno. Your browser does not support the video tag.
Editorial: “Ya, por favor, no más”

El 11 de noviembre, dos o tres semanas después de que este periódico llegue a las manos de sus lectores, se cumplirán dos años desde el domingo de 2018 en que un patrullero de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá disparó contra Gonzalo Adolfo Montoya Porras. El joven, de 21 años, iba en una moto pequeña, llevaba un morral con libros, no atendió una orden de pare en un retén. Los policías lo persiguieron y lo detuvieron a tiros. Quizá la imagen es cada vez menos nítida, pero esa tarde en que Gonzalo murió por los disparos de un arma al servicio del Estado alguien grabó un video: se ve el cuerpo del joven muerto en la calle detrás de un centro comercial de Envigado. A su lado, varios papeles regados junto a su morral abierto. Muy cerca está su moto, que no alcanza la cuarta parte del cilindraje de la que usaban sus perseguidores. En el video una mujer grita, advierte que los policías intentan alterar la escena, les exige no tocar las pertenencias del joven al que acaban de asesinar. Grita de nuevo: «¡No sirven para nada, cómo así que matarlo, descarados!». Ya son casi dos años desde esa tarde en que Gonzalo, que validaba su bachillerato, fue convertido por un par de medios en «presunto fletero». Por cuenta de la combinación de esas dos palabras, se convirtió también en «buen muerto» y, por el paso del tiempo, en una estadística, en un caso aislado, en apenas un error. Tal vez una imagen más nítida hoy es la de Javier Ordóñez, reducido en el suelo por dos policías en la calle de un barrio de la localidad de Engativá, en el noroccidente de Bogotá. También hay un video: a Ordóñez, un estudiante de Derecho de 42 años, los policías lo golpean, le aplican varias descargas de taser, presionan su cuerpo contra la calle con sus rodillas. En el forcejeo se escuchan sus súplicas: «Ya, por favor, no más». Finalmente lo esposan y se lo llevan en una patrulla hasta el CAI del Barrio Villa Luz. Lo que ocurrió allí adentro esa noche «es materia de investigación»; lugar común. Lo cierto es que unas horas después, Ordóñez llegó sin signos vitales a una clínica cercana. Según el informe de la necropsia, su hígado estaba destrozado. Lo asesinaron los golpes de un grupo de servidores públicos que portaban los uniformes y las armas de dotación del Estado. Al día siguiente, Bogotá «vivió una jornada de caos»; otro lugar común. Cientos de personas protestaron contra la Policía y esa noche, mientras la gente tiraba piedras y le prendía fuego a varios CAI, de nuevo las armas del Estado se accionaron contra sus ciudadanos. En medio de las protestas, nueve personas murieron a tiros. Y de nuevo hay un video, o decenas de videos. Y en ellos está la imagen, también nítida, de los hombres que disparan, de los jóvenes que caen muertos, «al parecer», por los disparos de la policía. Esa noche Colombia vivió una masacre. Para usar un eufemismo de este Gobierno: «un asesinato colectivo». Las marchas se multiplicaron en varias ciudades. Hubo vidrios quebrados; un par de estatuas caídas; policías y manifestantes heridos; declaraciones airadas de personalidades políticas condenando la violencia; dos policías capturados por el asesinato de Javier Ordóñez; una petición de perdón de un ministro, camuflada en un giro discursivo, «por cualquier violación de la ley o desconocimiento de los reglamentos en que haya incurrido cualquiera de los miembros de la institución»; luego, una orden judicial para que ese ministro, ahora sí, presentara «disculpas por los excesos de la fuerza pública», no solo por el caso de Ordóñez sino por todos los ocurridos desde noviembre de 2019; después un nuevo giro discursivo del ministro para esquivar esa orden y «reiterar» que el «perdón» ya estaba pedido. Ahora, unas pocas semanas después, hay calma. Queda una sensación de silencio y de olvido. Ya son casi dos años desde que los disparos de un policía mataron a Gonzalo. También, muy pronto, será un año desde que otro policía mató a Dilan Cruz con la munición de un arma «no letal» durante una protesta del Paro Nacional el 23 de noviembre de 2019. Ya son casi cinco meses desde que los golpes de la Policía mataron también a Anderson Arboleda en Puerto Tejada, Cauca. Era de noche y Anderson estaba en la calle, violaba la cuarentena, vio una patrulla, decidió correr hasta su casa, alcanzó a tocar la puerta, hubo un forcejeo. Los policías lo golpearon en la cabeza con sus bolillos. Murió horas después en una clínica de Cali. Cuando este periódico llegue a manos de sus lectores, se habrá cumplido ya un mes desde que la Policía mató a golpes a Javier Ordóñez y, al día siguiente, sus hombres dispararon contra las personas que protestaban por su asesinato. Esta edición debería ser una celebración, pero es más un imperativo ético. O puede ser ambas cosas. La edición 100 de De la Urbe es la celebración de la vida a través del periodismo, es un reconocimiento a lo que ha pasado en estos 21 años; es un agradecimiento a muchas personas que en este tiempo le han abierto camino a un proyecto que, creemos, ratifica la premisa de que hacer periodismo desde la universidad pública no es una excusa sino un privilegio. Esa historia no admite menos que un compromiso claro con la idea de que el periodismo debe estar al servicio de la gente. Y este momento sí que lo exige, porque la indignación no basta. Ante las realidades complejas que enfrentamos, no queda otra opción que convertir la súplica en exigencia: «Ya, por favor, no más». Esa frase también nos llama a la autocrítica y nos lleva a preguntarnos por qué ante nuestros ojos la muerte y la injusticia se han vuelto paisaje. Por qué, a veces, la consigna le ha robado espacio al periodismo. Por qué, a veces, hemos mirado a otro lado y
Editorial: La edición de la incertidumbre

Decimos incertidumbre como decimos costumbre. Somos la generación del tapabocas, la del futuro inasible, la que se pregunta por un nuevo mundo, porque el de ahora, de a poco, está dejando de ser. En De la Urbe ondeamos una bandera roja mientras nos fijamos en una panorámica de Medellín. Ilustración de portada: Sara Ortega.
Edición 79. Julio 2016
Edición 78. Mayo 2016
Edición 77. Abril 2016