Guatapé: entre conservar su historia y continuar transformándose

Una puerta se ve desde dentro de una case de Guatapé, a través de una ventana

Guatapé tiene alrededor de 6900 habitantes y según cifras no oficiales, recibe 20 mil visitantes en un día de la semana y 50 mil en fin de semana. Su tasa de desempleo es del 0% y el 92% de su actividad económica está orientada al turismo. Es un municipio que ha atravesado varias transformaciones y se enorgullece de su identidad como Pueblo de Zócalos y Colores. Así se ve Guatapé desde atrás de sus ventanas. Foto: Carmen Carolina Garnica. Llovió por 40 días y 40 noches, el mundo se inundó y unos poquitos se salvaron en un arca. Tuvieron que esperar otros 150 días y 150 noches para que las aguas bajaran y pudieran volver a pisar la tierra de donde emergió un milagro: el peñón de Guatapé. A sus faldas también emergió un municipio lleno de devoción por el dios que les regaló la piedra, tanto así que no permiten que el festival de rock Más que sonidos —iniciativa propia de Guatapé que anualmente se celebra en el parque y en diciembre de 2023 vivió su catorceava edición— les interrumpa la misa de las seis de la tarde. Claro que esta, no fue la única inundación que vivieron. Antes un territorio agricultor, ganadero y minero, Guatapé recibía visitas por el monolito de más de 200 metros de altura, pero nada comparado con la actualidad. Su camino hacia el boom turístico inició con la construcción de la represa del río Nare para el proyecto hidroeléctrico que buscaba abastecer al Valle de Aburrá. EPM anunció el proyecto en 1961, pero fue en  la navidad de 1969 que se interrumpieron las festividades con la noticia de que se iba a llenar el primer embalse en la zona rural del municipio a finales de enero de 1970. La situación ameritó un paro cívico, uno de varios que hubo a lo largo de los años en contra del proyecto o exigiendo las debidas compensaciones a los habitantes, pero ninguno detuvo la construcción del embalse. Este significó la desaparición de El Peñol y el 70% de Guatapé, además del desplazamiento de muchos habitantes y la pérdida de las tierras más fértiles del territorio. Hay una deuda que se mantiene con ambos municipios, por no mencionar que la hidroeléctrica no los abastece. Pero Guatapé no había muerto. Como explica Ximena Urrea, antropóloga, magíster en Estudios Socioespaciales y oriunda del municipio, “después de que se construyó la represa, se fueron todos los trabajadores y en este pueblo no quedó sino pobreza y soledad, la gente que se quedó acá decidió que una de las maneras [de salir adelante] era empezar a trabajar en conjunto por un proceso común, y ese proceso fue la pavimentación del municipio”. La iniciativa, que surge en los 80, se identificó bajo el eslogan Guatapé no ha muerto hacían mingas, repartían el trabajo en comités y cada persona ponía el material para pavimentar al frente de su casa. Un hecho muy importante fue la pavimentación de la vía que conectaba a Guatapé con Marinilla –y Medellín–, lo que facilitó el acceso al municipio. Fotografía de archivo en la que se ve cómo varias personas trabajan en la pavimentación del municipio. “Como solo se hundió una parte de Guatapé, empieza a crearse un híbrido de una parte que es el viejo pueblo y una parte que es el nuevo pueblo, y esa parte que es el nuevo pueblo se le trató de llenar de alguna manera de los significados de ese pueblo que se hundía. Ahí es cuando surge fuerte el tema del zócalo porque, aunque el zócalo existía también en las partes altas que no se inundaron, se recuperan muchos de los motivos que se inundaron y se ponen en algunas de las casas” cuenta Urrea. El zócalo es la parte baja de las paredes de las viviendas que sobresale ligeramente, es de cemento y se suele pintar de otro color. Los zócalos de Guatapé como los conocemos se remontan a 1919 cuando Isidora Urrea le pidió a su esposo José María ‘Chepe’ Parra hacer en el zaguán de su casa un zócalo en forma de cordero. Los zócalos se relacionan con la llegada del cemento al municipio, con el que se recubría la parte baja de las fachadas de las casas —antes de tapia y bahareque— para protegerlas de la humedad y el picoteo de las gallinas en las que tenían pañete de estiércol de caballo. El zócalo de ‘Chepe’ Parra atrajo la atención y pronto Guatapé se llenó de sus diseños en el exterior de las casas. El zócalo es un símbolo con el que los guatapenses pueden expresar su identidad, al pasar por las fachadas te indica quién vive ahí o de qué es el comercio que visitas —en el caso del D1 su zócalo es su logo— algunos hacen referencia a elementos importantes del municipio como la piedra o su historia. Zócalos en honor al original del cordero. Por: Carmen Carolina Garnica. Otra transformación Entre los comités de Guatapé no ha muerto, estaba el de ornamentación, el cual, entre otras cosas, definió las calles que iban a ser usadas para rememorar el pueblo que se había hundido, así surge la Calle del Recuerdo, donde pusieron los zócalos de ‘Chepe’ Parra que rescataron del pueblo inundado, esa fue la única calle que se empedró mientras el resto del pueblo estaba pavimentado.  Sin embargo, Guatapé empezó a tener un boom turístico en los 90: la calle del recuerdo, el peñón y la represa atrajeron nuevos visitantes y la vocación de los guatapenses se transformó hacia el turismo y el sector de servicios. Entre 2008 y 2011 se empieza a empedrar y zocalizar el municipio y, a través del Acuerdo N° 09 de mayo de 2009, “se institucionaliza la utilización de zócalos en las fachadas de los inmuebles del municipio de Guatapé”, haciéndolo obligatorio.  Por otro lado, el Acuerdo 10 del 19 de agosto de 2023 busca regular la elaboración y el tratamiento de los zócalos y, aunque el borrador todavía está en construcción, surge la pregunta de hasta qué punto son los zócalos reflejo de la identidad de los guatapenses si son reglamentados y obligatorios. Las transformaciones de los 80, que