Periódico

Sonoro

Audiovisual

DLU LAB
event 03 Junio 2022
schedule 20 min.
email Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.
Yesenia Palacio Tamayo Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla. Valentina Arango Correa Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.
share
  • Hace dos meses Claudia Yepes busca a su hijo Andrés Camilo

    format_textdirection_l_to_r

    Claudia Yepes, con sus oraciones en casa y en redes sociales, cuenta los días que han pasado sin respuestas sobre el paradero de su hijo Andrés Camilo, contratista de Hidroituango desaparecido en la cabecera de San Andrés de Cuerquia desde las 9:50 p.m. del 3 de abril de 2022.

     

    claudia y camilo fondo 2

    Ilustración por: Ana Karina Muñoz

    Cientos de ojos miraban el mismo rostro, un pendón grande de unos dos metros sostenido para que no lo levantara el viento. Era el 28 de abril de 2022. El cerro El Volador también lo miraba, lo mira todos los días porque es la montaña que da a la portería de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, sobre la carrera 65. Allí reposa ese afiche enorme con la descripción y la fotografía del que fue su estudiante de Ingeniería Forestal y que hasta hoy, dos meses después, sigue desaparecido: Andrés Camilo Peláez Yepes.

    Claudia Yepes, su madre, no sabe nada de él, ni dónde está, ni qué pasó. Ella nació en Medellín hace 50 años y desde 1987 vive en Jericó, en el Suroeste de Antioquia. Allí conoció al padre de sus dos hijos: Andrés Camilo, de 26 años, y Nicolás, de 22.

    —Yo creo que ya la historia la conocen todos. Él desapareció el 3 de abril en San Andrés de Cuerquia. Sólo iba cuando en el Valle de Toledo o en Toledo no había habitación en algún hotel y entonces se trasladaba allá. Esa era la tercera vez que él iba a San Andrés, ese domingo 3 de abril.

    A veces, parece que Claudia mirara hacia adentro, hacia su pecho. Encoge un poco los hombros. Sus párpados se ven tristes como si trataran de abrazar con su piel unos ojos llorosos que no parecen enfocar sino su sentir interno. Al preguntarle por su rutina en el pueblo, sobre cómo era antes —cuando llegó a los 15 años, porque a su madre le pareció un pueblo amañador y con posibilidades de trabajar— y cómo es ahora, después de una pandemia y con dos meses de búsqueda, cuenta la misma historia que ha repetido en las alrededor de ocho entrevistas que ha realizado para las más de 25 noticias que se han publicado en medios.

    Entre su casa de Jericó hasta San Andrés de Cuerquia, donde fue visto Andrés Camilo por última vez, hay más de 226 kilómetros de distancia. El lunes 4 de abril se enteró de la desaparición y al día siguiente, ya estaba en los municipios aledaños preguntando por él, repartiendo volantes y siguiéndole el rastro. El papá de Andrés Camilo, Carlos Augusto Peláez, aún viaja al Norte antioqueño y se hospeda en el mismo hotel donde su hijo se quedaba para hablar con la gente, pero nadie da razón de él.

    —Inicialmente, una de las hipótesis era que se había suicidado, que se había tirado al río. Allí se buscó mucho, el papá de Andrés Camilo estuvo por toda la parte del río y de las quebradas con los bomberos, pero nada se encontró.

    La familia ha caminado los municipios y veredas del Norte y Nordeste de Antioquia, a pesar de que les han advertido de la presencia de grupos armados como el Clan del Golfo y las disidencias de las Farc.

    —Pero hasta el momento ninguno de estos se ha pronunciado frente a la desaparición de mi hijo, que de pronto lo puedan tener, para qué o por qué. Esas son las dos versiones que hay en el momento: que alguien lo tenga retenido o que esté deambulando en algún lado.

    Andrés Camilo realizaba un trabajo de campo con comunidades para la reforestación en la zona de Hidroituango. La empresa WSP, a la que estaba vinculado con contrato hasta el 5 de mayo de 2022, es la encargada de realizar interventorías a los proyectos ambientales que incluyen las obras de la hidroeléctrica y lo transportaba en cada uno de sus viajes.

    —El contrato ya terminó. Yo lo único que le digo a los de la empresa es que, si está desaparecido y estaba trabajando con ellos en cuerpo presente, ¿entonces a mí qué me entregan? Pero entonces el contrato se terminó y nadie dice nada, nadie responde.

    Aunque su búsqueda como madre es de tiempo completo, a la espera de una llamada con información o alguna respuesta de las autoridades o la empresa para la que trabajaba su hijo, Claudia, administradora de empresas, sigue trabajando con propiedad horizontal, administrando condominios y urbanizaciones

    —Tengo que continuar y tengo que conservar el trabajo para poder subsistir y tener un ingreso que pueda suplir todas las necesidades de un hogar.

    Es una mujer católica que ha recurrido a la oración para pedir por el bienestar de su familia. Además, Jericó es uno de los municipios con más tradición religiosa en el departamento. Diariamente, a las 8:00 de la noche reza el rosario por el regreso de su hijo.

    —El grupo de oraciones lo hacemos virtual. En el WhatsApp, todos los días pongo el enlace donde la gente se puede vincular.

    Además de la oración, con canciones, pancartas y poemas estudiantes y vecinos realizaron una velatón el 10 de abril en el parque principal de Jericó y otra el 12 abril en la portería de la la Universidad Nacional, donde está la pancarta con la foto de Andrés Camilo.

    —La gente sigue muy pendiente. Me llaman y me escriben. Si me ven en la calle, la gente es muy solidaria, me preguntan que cómo va lo de mi hijo, si ya apareció, dicen “estamos orando mucho”, “cualquier noticia nos cuenta”.

    Claudia recuerda cuando veía pasar a Adriana, una madre de Jericó que lleva 12 años esperando a un hijo desaparecido. Sentía empatía por ella, pero jamás pensó que pasaría por la misma situación. Antes veía la desaparición como algo lejano, como un cartel en redes sociales que se comparte y pasa. Desde que no sabe nada de su hijo sabe lo angustiante que es no tener una ayuda y difunde todos los carteles de "se busca" que ve en redes.

    —Ahora yo comparto todos los desaparecidos de este país, porque hay madres y padres, una familia y una cantidad de personas alrededor de ese desaparecido que está sufriendo y padeciendo, como lo estoy padeciendo yo.

    En Colombia, las que buscan son mujeres. Según el Registro Nacional de Desaparecidos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, de los 105.810 casos de personas desaparecidas que se habían registrado hasta 2014, el 68% de sus denunciantes y principales buscadoras eran mujeres. De las 190 personas reportadas como desaparecidas en Antioquia durante 2022, en San Andrés de Cuerquia solamente se ha denunciado la de Andrés Camilo.

    —Es muy lamentable que en este país no hay garantías para buscar a los desaparecidos. Es que son tantos que no hay como encontrarlos, diría yo, porque las autoridades son mínimas.

    Camilo, como le dice su mamá, era la persona que reunía a su familia en la sala de la casa. Con una sonrisa nostálgica y algunas incontenibles lágrimas, Claudia menciona cómo eran los fines de semana y puentes que él visitaba el pueblo, cuando contaba sus historias y anécdotas graciosas.

    —Él llegaba y todos teníamos algo que ver con esos muebles, porque él era el más conversador. Era un encuentro muy bonito.

    —¿Cómo es esa sala esa donde se reúne la familia?

    —Ahí está la salita y aquí tengo el altar de Andrés.

    El techo es de esos altos de las casas coloniales antioqueñas: las vigas más gruesas de madera resaltan entre las tablas estucadas y pintadas con cal o pintura blanca. La luz de la ventana de madera, de pequeños cuadros con algunas cerámicas, ilumina el rostro de Claudia que mira el altar y lo enfoca con su celular para mostrarnos su casa en la videollamada.

    Un mueble grande café oscuro, en forma de “L”, sobre una alfombra cuadrada, se ve en el medio y en la pared que da a su frente está una pequeña mesa ovalada con un reloj, varios objetos decorativos y al lado está el altar que reza por el regreso de Andrés Camilo. Hay una fotografía grande con su rostro colgada en la pared y otras cuatro más pequeñas con dos veladoras blancas, agua, azucenas amarillas, una cruz con un rosario y una cerámica de San Francisco de Asís.

    —Tiene muchísimas fotos, porque Natali, la novia, le tomaba fotos por todo. Ella por todo le tomaba fotos.

    Esas mismas fotografías son las que ahora se publican y comparten diariamente en redes sociales con el #DóndeEstáCamilo. “Se ofrece hasta 10 millones de pesos por información efectiva que permita dar con su ubicación”, dice en los mismos afiches después de que el 16 de mayo de 2022 la Gobernación de Antioquia ofreciera una recompensa. Las redes sociales se convirtieron también en aliadas de la búsqueda, Claudia aprendió a usar Instagram, Twitter y Facebook.

    —¿Quién es Claudia además de ser la madre que ahora espera a uno de sus hijos?

    —Yo creo que mi hijo Camilo sería el preciso para contestar esa pregunta.

    Parece que la cabeza le pesara un poco. Su cabello brilla, tiene unos rayitos rubios y es lacio y corto como el de Andrés Camilo. Pero el de él es negro, muy oscuro.

    —¿Quién he sido yo?—, se pregunta. —También crecí con muchas dificultades, muchísimas: emocionales, morales, psicológicas, económicas, pero siempre pensando en que iba a salir adelante y que tenía que trabajar.

    Terminó sus estudios universitarios hace tres años. Dice que todo lo que ha hecho ha sido por sus hijos, para que pudieran estudiar.

    —Soy lo que soy ahora, porque siempre he luchado, me he entregado y nunca he desfallecido. Como diría mi hijo: “Mi mamá es una berraquita”. Siempre lo dijo.

     

    Andres Camilo Pelaez Universidad Nacional

    Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, sobre la carrera 65. Paro Nacional del 28 de abril de 2022.
    Fotografía: Valentina Arango Correa.