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Edición 102

event 21 Abril 2022
schedule 29 min.
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  • Otras manos para acceder a tu cuerpo

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    Imagina que un día despiertas con poca o nula sensibilidad, te cuesta mover tus extremidades. Para vivir una vida en la que tú mismo tomas tus propias decisiones, necesitas la ayuda de otros. Quizás, tener sexo y masturbarte no sea una prioridad, sin embargo, como seres humanos, el deseo por el otro y por uno mismo son sensaciones que querrás volver a experimentar, ¿qué harías?

    AsistenciaSexual

    “Yo me masturbo, nadie conoce mi cuerpo mejor que yo”, dice una mujer a la cámara mientras trota. “Yo me masturbo, con esta y con esta”, comenta un hombre y muestra alternadamente sus dos manos. “Yo me masturbo, yo soy la dueña de mis orgasmos”, dice otra mujer mayor de cabellos morados, mientras muestra a la cámara el dedo medio de su mano derecha. “Yo me masturbo, ¿tú no?”, pregunta una pelirroja afuera de una tienda de ropa.

    “Yo... No me masturbo. Sin apoyo mi cuerpo no es mío”, responde finalmente una mujer en silla de ruedas.

    La pieza anterior es uno de los videos promocionales de la película española Vivir y otras ficciones del director Jo Sol, estrenada en 2016. Esta producción narra la amistad entre dos hombres: Antonio, que tiene discapacidad motora y es activista por los derechos de las personas con diversidad funcional, y Pepe, que cuestiona ciertas prácticas e ideas sexuales de su amigo. El aislamiento, el rechazo social y la lucha por el derecho al acceso al propio cuerpo por medio de la asistencia sexual son los temas principales del filme.

    ¿Asistencia sexual? Sí, asistencia sexual. Servicio que se puede entender como el apoyo que una persona brinda a otra cuando esta no puede acceder a su propio cuerpo o, en otras palabras, cuando su condición física le dificulta alcanzar partes de sí mismo que le generan placer.

    Imagina que un día despiertas con poca o nula sensibilidad, te cuesta mover tus extremidades. Para vivir una vida en la que tú mismo tomas tus propias decisiones, necesitas la ayuda de otros. Quizás, tener sexo y masturbarte no sea una prioridad, sin embargo, como seres humanos, el deseo por el otro y por uno mismo son sensaciones que querrás volver a experimentar, ¿qué harías?

    En el ámbito mundial, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, redactada en 2006, ha reconocido y visibilizado derechos referentes a la sexualidad para personas con discapacidad, en especial aquellos que hablan de la protección contra las explotaciones, las violencias y los abusos. Además, respalda la posibilidad de conformar un hogar y de acceder a programas de salud sexual reproductiva. Sin embargo, el análisis hecho por María Noel Míguez, doctora en Ciencias Sociales, en el artículo “Discapacidad y sexualidad en América Latina: hacia la construcción del acompañamiento sexual”, reconoce que es evidente “la ausencia de la temática desde una perspectiva que apunte a una sexualidad plena, autónoma, informada y con apoyos (en dependencias severas) de las personas con discapacidad”.

    Desde esta perspectiva, Antonio Centeno, creador del proyecto Asistencia Sexual, persona con tetraplejia y actor en Vivir y otras ficciones, promueve la asistencia sexual en España. Con la consigna “mis manos, tus manos”, el activista asociado al movimiento Foro de Vida Independiente y Divertad busca reivindicar el acceso al propio cuerpo como un derecho.

    “En España no es ilegal hacer asistencia sexual, se puede hacer, pero al no estar reconocida, tampoco se ve como un derecho. Si no es reconocida como un derecho solo accede quien tiene dinero e información suficientes”, nos comentó Centeno en una videollamada.

    El reconocimiento de este oficio es una lucha que no solo se viene discutiendo en el país ibérico. A principios del año 2020, Sophie Cluzel, secretaria de Estado y responsable de cuestiones relacionadas con la discapacidad en Francia, presentó una consulta oficial ante el Comité Consultatif National d’Éthique, para que este organismo independiente emitiera un concepto favorable que permitiera la legalización de la asistencia sexual. Ya en 2012, el mismo comité dio un concepto negativo, abogando por la no mercantilización del cuerpo humano. Sin embargo, Centeno define la asistencia sexual como “un trabajo muy delimitado en donde no hay una práctica coital con el asistido y básicamente el asistente es una herramienta con la que tú conoces tu cuerpo, exploras cómo te sientes, qué te gusta y qué no”.

    En el artículo “La asistencia sexual, recuperar nuestros cuerpos para recuperar nuestras vidas”, publicado en El Diario, Antonio expone que “a veces, se ve más claro si el apoyo es tecnológico. Cuando paseo lo estoy haciendo con el movimiento de la silla motorizada y mis propias decisiones, la silla no me pasea. Beber con el apoyo de un asistente o pasear con una silla motorizada no son situaciones de dependencia, sino de autonomía en un entramado de interdependencias que se convierte en dependencia solo si se me niegan esos apoyos”.

    A partir de su acercamiento al tema, María Moreno, psicóloga y educadora sexual de México, concuerda con Antonio en cuanto al papel que debe desempeñar el asistente sexual. Ella cita como ejemplo una escena presentada en el documental Yes, we fuck, del que Antonio fue codirector. “Hay una chava que tiene discapacidad motriz y su asistente le enseña cómo puede llegar a tocar sus pezones y para ella es como: ‘Wow, estoy tocando mis pezones por primera vez’ y es ahí donde hay un descubrimiento consigo misma”, comenta.

    En pantalla, una mano ajena guía la mano de Sole en un recorrido por su cuerpo. Ella está acostada, desnuda y con voz suave le indica a la asistente dónde desea tocarse. El abdomen, el muslo, el torso y los pezones son acariciados por su mano derecha que es dirigida por Teo. El brazo de Sole no alcanza su rostro, su cuello, ni sus pies y es en ese momento donde las manos de Teo intervienen de forma directa por petición de Sole, una petición que busca la autoexploración mediante las manos de otro.

    Es en este punto en el que difieren la prostitución y la asistencia sexual. Aunque ambos son pagos y son considerados trabajos sexuales, en el primero hay una relación de poder con los cuerpos ajenos; mientras el segundo aboga por la posibilidad de acceder al propio cuerpo. Asimismo, al ser entendida como un derecho, Antonio expone que la asistencia sexual no puede ser considerada como un voluntariado, pues “los derechos deben ser cubiertos con la máxima garantía posible, sin depender de la buena voluntad de otras personas”.

    Uno de los puntos en los que Moreno difiere con el español es la profesionalización. Para ella, la asistencia sexual es una actividad terapéutica, y por eso cree que los trabajadores deberían ser “personas especializadas en el conocimiento del cuerpo, tener empatía y hacerlo de la manera más ética y respetuosa posible”.

    Entre 2008 y 2009, se ofreció en la Suiza francófona la primera oferta académica en lengua francesa sobre asistencia sexual. Entre los requisitos para aplicar estaban tener una edad entre los 35 y 50 años y estar dedicado profesionalmente a otro empleo, al menos el 50 % del tiempo. No obstante, Antonio considera que el modelo aplicado en Suiza les ha servido de referencia para saber qué es lo que no quieren. “No tiene que ser la formación un obstáculo, una condición previa para elegir a quien tú quieras, porque a mí de qué me sirve que venga un señor o una señora con un doctorado debajo del brazo, si cuando está a un metro de mí me da repelús”, agrega.

    Tanto para Antonio como para Andrea López, psicóloga argentina, orientadora en sexualidad y diversidad funcional y persona con discapacidad, la asistencia sexual no debería ser un servicio asociado al sistema de salud como terapia, pues consideran que ellos no están enfermos. Por otro lado, Andrea no está de acuerdo con la definición de asistencia sexual expuesta por Antonio:

    “Me da la sensación de que es una figura de poder. Es como si el asistente tuviera poder sobre el vulnerado a quien hay que ir a tocar, pero sin que se genere un placer mutuo. Creo que justamente por lo que luchamos las personas con discapacidad es porque nos vean deseables, que seamos personas que atraigan a otras”.

    Sin embargo, Antonio dice que “es importante que la información esté disponible para todo el mundo que quiera, tanto de un lado como del otro, acceder a ese tipo de vínculo. Como en cualquier otro trabajo con personas, hay que tener un marco bien delimitado. Si no hubiese ese marco, sería un lío, estarías perdido emocionalmente en dos semanas de trabajo”.

    Educación sexual: una falencia en común

    Al referirnos al tema de la educación sexual, los entrevistados concuerdan en que, en general, hay un desconocimiento y una falta de información, por encima de la condición social, física, económica o geográfica. La conversación sobre la sexualidad está reducida a los genitales y a la reproducción. La masturbación, por ejemplo, la asociamos directamente a la estimulación de nuestra vagina o nuestro pene, y el coito toma prevalencia en el acto sexual. De igual forma, relacionamos la salud sexual con aspectos como la planificación, el embarazo o la prevención de infecciones de transmisión sexual.

    En México, por ejemplo, algunos padres les dicen a sus hijos: “Okey, ya estás grande, te pago una trabajadora sexual para que sepas qué es esto de la sexualidad”, nos cuenta María. En España, el sistema de salud pública ofrece acompañamiento y atención sexológica desde lo clínico para atender problemas de reproducción, planificación o atención en el parto. Sin embargo, “es curioso que el sistema público te pueda pagar un procedimiento de reproducción asistida, pero no te ha pagado nunca nada para que sepas cómo sientes o cómo es tu cuerpo en lo sexual. Hay un nivel de hipocresía importante”, opina Antonio.

    Estos ejemplos evidencian lo difícil que es hallar una educación sexual que promueva el autoconocimiento del propio cuerpo, la autoexploración, el autoerotismo y la búsqueda de la propia satisfacción.

    “La sexualidad se sigue viendo y trabajando con morbo –dice María– y con la idea de que el sexo solamente es con fines reproductivos. No existe el placer, se niega el placer y más acá en Latinoamérica”.

    Y si para la sociedad en general es difícil hablar de sexualidad, las personas con diversidad funcional poco o nada discuten el tema en público.

    En primer lugar, culturalmente el tema de su sexualidad se ha mitificado y reducido a dos polos: “Es esto de la infantilización, pero creo que también es la sobreprotección a personas con discapacidad, se piensa que no tenemos deseo. O en el otro extremo, se nos considera hipersexuales, que tenemos exceso de deseo sexual”, explica Andrea. Y, en segundo lugar, Antonio nos cuenta que las personas con diversidad funcional son las primeras en creer que su condición física les asigna una sola realidad y una posición en el mundo. Tanto María como Andrea, por medio de sus experiencias como psicólogas y educadoras sexuales, afirman que es muy poco común que las personas con discapacidad acudan a ellas.

    Asistencia sexual en Colombia

    En septiembre de 2012, se realizó el Sexto Congreso Internacional de Discapacidad en Medellín, del que Antonio fue ponente. El activista se presentó en el Centro de Convenciones Plaza Mayor. “Había 700 personas, casi todas extranjeras. Yo andaba ahí con este tema de la asistencia sexual dando vueltas, todavía no lo tenía definido. Le comenté a una persona de la organización: ‘Yo a esto estoy empezando a darle vueltas, ¿te parece si lo planteo al final como algo para discutir?’, y me dijo: ‘De eso no se habla’”, recuerda Antonio.

    En Colombia, mediante el Ministerio de Salud y Protección Social con la ayuda de Profamilia (organización privada sin ánimo de lucro que promueve los derechos sexuales y reproductivos en Colombia), se instaló una mesa en derechos sexuales y reproductivos de población con discapacidad, que garantiza el acceso a información oportuna y veraz. Según la página web de Profamilia, “las personas discapacitadas tienen libertad y garantía de derechos como las demás, entre ellos a disfrutar de una vida sexual, a beneficiarse de los avances de la ciencia en materia de anticoncepción, a recibir información sobre educación sexual, formas de prevención del embarazo e infecciones de transmisión sexual”. Sin embargo, no se especifica cómo acceder al disfrute de esa vida sexual, ni se menciona la asistencia sexual como una opción.

    En el proyecto de asistenciasexual.org hay una sección en la que se encuentran perfiles de personas que ejercen la asistencia sexual. En esta investigación intentamos contactarnos con asistentes sexuales en Colombia y de diez perfiles que están en la página, solo nos respondió uno:

    “Me he inscrito en asistenciasexual.org, pero jamás ha salido un paciente para tratar. No tengo testimonio alguno para relatar, ni nada que se asemeje. La asistencia sexual en Colombia es nula o inexistente”.

     

    Ilustración: Alejandra Baquero Echeverri (@minii_naoko).

    Caterine Jaramillo González
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    Valeria Ortiz Tabares
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