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Crónicas
Martes 16 d abril d 2013 - 01:30 pm | Compartir en: / /

El Porvenir, puerto de muertos flotantes

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Juan David López Morales
juda1026@gmail.com

Cuando el Río Medellín escupía algún muerto, Luis Eduardo Cañas se metía al agua con determinación, nadaba hasta el cuerpo flotante, lo abrazaba y lo llevaba hasta la orilla. No sabe cuántos rescató, pero recuerda lugares y situaciones muy específicas. Estaba acostumbrado a lidiar con las aguas del río, y con el tiempo, había adquirido experiencia en el rescate de cuerpos sin vida; por eso, cuando la gente sabía de alguien que navegaba como alma en pena, buscaba a Luis Eduardo para que lo rescatara.

“Como a mí me han dicho que cuando sacan una persona del agua descansa, que porque está penando desde que esté dentro, yo por eso los saco cuando tengo la oportunidad”, dice. También cuenta que en ese entonces los bomberos no eran los encargados de estos rescates ni había tanta reserva con el levantamiento y la necropsia de los cuerpos.

Fotografía: Carolina Rúa

Luis Eduardo Cañas, vive en El Porvenir casi desde su creación, hace 40 años.

Hace 40 años vive en El Porvenir, el único barrio de Barbosa ubicado en el margen izquierdo del Río. Este barrio, conocido en el municipio como ‘La Carrilera’, creció como invasión a los costados de los rieles del ferrocarril y con una estrecha relación con las aguas que pasan a unos 50 metros. El Porvenir se ha convertido en un “puertos rivereño” para los cuerpos que navegan por el río. Si cuentan con algo de suerte, alguien como Luis Eduardo los ve y los saca. Si no, pueden seguir y nunca ser encontrados.

En diciembre de 2010, después del alud en el barrio La Gabriela en Bello, muchas de las víctimas mortales fueron encontradas aguas abajo. El río daría cuenta de ellas, por eso en cada puente del norte del Valle de Aburrá se podían ver por lo menos dos patrulleros de la policía vigilándolo. Luis Eduardo recuerda que, cerca de su casa, ayudó a sacar del río a una mujer y una niña. Los habitantes del barrio también encontraron pies, brazos y cabezas.

“Bajan aporreados por las piedras en el camino desde Medellín hasta acá. Los reconocen por la dentadura, las huellas digitales o la ropa”, cuenta Luis Eduardo mientras habla con Piedad Morales, habitante del barrio desde hace 20 años. Sin embargo, muchas veces no logran reconocerlos. En el cementerio de Barbosa reposan los restos de más de 100 personas sin identificar que no han sido reclamados, también partes desmembradas de cuerpos que nunca aparecieron. La mayoría de estos se encontraron flotando sobre el río, o encallados en alguna orilla.

 

Las cifras

El año pasado, varios medios de comunicación referenciaron cifras del Área Metropolitana según las cuales, en 2011, fueron hallados 48 cadáveres en el Río Medellín, 11 de ellos en jurisdicción de Barbosa. Según Juan Miguel Aguirre, comandante del Cuerpo de Bomberos de Barbosa, en 2012 se registraron 21 casos, lo que considera “un aumento considerable”. Este municipio abarca 30 de los 100 kilómetros de extensión del Río, que más abajo cambia su nombre por el de Río Porce.

En lo corrido de 2013 se han registrado 3 casos. Aguirre asegura que la mayoría quedan como NN’s por la dificultad para identificarlos. Algunos casos son del mismo municipio. Recuerda uno en particular, cuando a la altura del puente que conecta a Barbosa con la doble calzada Hatillo-Barbosa, uno o dos kilómetros después de El Porvenir, un niño perdió la vida intentando rescatar un balón del Río.

La mayoría de “rescatados” no obedece, como en el caso de La Gabriela, a víctimas de desastres naturales. Son asesinados. El Comandante de Bomberos de Barbosa considera que el 70 % obedece a casos de homicidio, mientras que el otro 30 % a casos distintos, como suicidios o desastres naturales. Además, esta proporción ha sido la constante de los últimos años.

Como afirma un artículo de la revista Semana, desde el siglo XIX el río ha sido el escenario de una “epidemia homicida” que se ha enconado con los sectores más bajos de la sociedad. Sus aguas han sido utilizadas como un tapete en el que se esconde lo que para algunos resulta indeseable o vergonzante: prostitutas y homosexuales lanzados por los “agentes del orden” desde el Puente de Guayaquil durante la época republicana o, en tiempos más recientes, indigentes y consumidores de droga, víctimas de la mal llamada “limpieza social” agenciada por la defensa de ordenes paralelos.

Hace aproximadamente diez años, “cuando había tanta masacre de los paracos en Medellín”, era cuando más muertos se veían bajar por el río, recuerdan Piedad y Luis Eduardo. “Inclusive había unos que nosotros no los podíamos coger porque cuando el río va crecido ahí si no se le puede tirar uno”, afirma Luis, quien entonces trabajaba en minas de oro cercanas a ‘La Carrilera’. Pero los muertos no solo eran ajenos. El Porvenir también sufrió la ‘limpieza social’ de aquella época.

Fotografía: Carolina Rúa

Piedad Morales, habitante del barrio hace aproximadamente 20 años.

El Porvenir es un barrio periférico, “urbano para unas cosas y rural para otras”, en palabras de Piedad. Hace unos días, Luis Eduardo hizo la cuenta de los muertos que recordaba de esos años: 36 en total, víctimas de una guerra silenciosa. “En un año, del 16 de diciembre hasta el 21, mataron seis”, más o menos hace 4 o 5 años, cuenta Piedad. La mayoría eran jóvenes que consumían drogas. Uno de ellos era Diego Alexander, ‘Gavilán’, asesinado a escasos 100 metros de su casa en la vereda Graciano, que limita con el Barrio. A Diego le contaron casi 50 puñaladas. Diego solo tenía 15 años. Diego era mi primo.

 

Luis Eduardo recorre el barrio con el recuerdo de los sitios donde mataban a la gente: el puente, la carretera, el portón, el billar, las casas, las cañadas… Algunos también terminaban en el río.

Alguna vez fueron a buscarlo a las 9 y media de la noche para que ayudara a buscar a un hombre que había sido apuñalado y lanzado al Río junto con la moto en la que cruzaba el puente que conduce al pueblo. Salió con un sobrino y en cuestión de una hora la moto y el cuerpo estaban afuera. Desde allí, a lo largo de los rieles que le dan dirección al barrio, recuerda nombres y situaciones.

También recuerda haber rescatado el cadáver de una mujer que se ahogó después de ser arrojada al río por su marido unos metros más arriba. Otro que recuerda es Alberto, ‘El Rayo’, quien fuera compañero suyo cuando trabajaba en el Ferrocarril. ‘El Rayo’ perdió un brazo por quedarse dormido cerca a las vías del tren. A él lo encontró más abajo, en otro sitio del río donde las piedras y la arena detienen los cuerpos. “Ese man sí tenía tiros”.

Cuando lograban rescatar a estos, no se habían descompuesto, contrario a lo que sucede cuando llegan desde Medellín o Bello. El tiempo y los golpes hacen que los cadáveres lleguen con la piel roída. Luis Eduardo cuenta que, en cuanto los agarraba, su mano se hundía en la piel muerta. Muchas veces le tocaba halarlos de la ropa por el alto grado de descomposición. “Los saca uno al bordo y empiezan a oler maluco”, agrega.

Varios habitantes del sector advierten que a la Policía no le gusta que los saquen. “No, déjelo que siga pa’ abajo”, es la respuesta que reciben cuando informan. Aunque la mayoría de veces son muertos ajenos, cuentan como propios, y a las administraciones municipales no les gusta que se inflen sus cifras de muertes violentas.

Luis Eduardo ya no trabaja cerca. Por eso, ya no se da cuenta de todos los cuerpos que bajan. El último que recuerda fue rescatado por otro habitante del barrio hace cerca de seis meses. Por estos días, el nivel del río permite que no avancen mucho. La semana pasada fueron rescatados tres a la altura de La Estrella, la Universidad de Antioquia y el Barrio Palermo, respectivamente. Pero Luis Eduardo lanza una predicción macabra: “Deje y verá que el río crezca y verá que bajan, de donde sea los baja, y ya los baja malos, ya que donde los coja se le hunden a uno las manos.”