Tag Archive for diálogos de paz

Voces de la paz: cese al fuego entre Gobierno y ELN

El primero de octubre, el Gobierno y el ELN dieron un paso firme en la búsqueda de la paz. Por primera vez en 53 años de conflicto se produjo un alto en las acciones bélicas.

Mesa de Quito: Juan Camilo Restrepo Salazar, vocero del gobierno colombiano; María Fernanda Espinosa, canciller de Ecuador; y "Pablo Beltrán", jefe del equipo negociador del ELN, en el acto de firma de cese al fuego. La firma se concretó el 4 de septiembre.  Fotografía: Presidencia de la República.

Mesa de Quito: Juan Camilo Restrepo Salazar, vocero del gobierno colombiano; María Fernanda Espinosa, canciller de Ecuador; y “Pablo Beltrán”, jefe del equipo negociador del ELN, en el acto de firma de cese al fuego. La firma se concretó el 4 de septiembre.
Fotografía: Presidencia de la República.

Juan Arturo Gómez Tobón
Estudiante de Comunicación Social – Periodismo
atgoz@hotmail.com

Para Juan Camilo Restrepo, jefe de la comisión negociadora del Gobierno, el cese al fuego y de hostilidades que se inició a comienzos de mes con el ELN significa un comienzo, no un final: “Este es un primer esfuerzo para ir creando confianza, desarmando los espíritus, silenciando los fusiles y montando una serie de medidas humanitarias a las cuales se han comprometido las dos partes en este cese al fuego”, afirma.

Durante estos cien días, de parte del ELN, no debe haber secuestros a ciudadanos, ni extranjeros ni nacionales, ni atentados en contra de la infraestructura del país ni reclutamiento de menores, y no debe haber instalación de artefactos antipersonales que pongan en peligro a la sociedad civil. Por su parte, el Gobierno se comprometió a fortalecer el sistema de alertas tempranas para proteger mejor a los líderes sociales, a adelantar un programa de carácter humanitario para aliviar la condición de los reclusos del ELN y a poner en marcha el sistema de las audiencias, que constituyen el primer paso para el desarrollo del punto número uno de la agenda convenida en marzo de 2016.

Dicho punto especifica la participación de la sociedad en la construcción de la paz. Según Restrepo y Pablo Beltrán, delegado del ELN, en un comunicado conjunto del 13 de octubre, las audiencias se harán en todo el territorio nacional entre el 30 de octubre y el 13 de noviembre y en estas “las delegaciones conocerán desde diversos sectores y organizaciones, experiencias y propuestas sobre los mecanismos y formas de participación que enriquezcan la discusión de dicho punto en la Mesa de Diálogos”.

“Estoy aburrido de esta guerra de porquería”

Diego Galvis es su seudónimo en la guerrilla. Ingresó al ELN a los diecisiete años, realizó estudios de Derecho y Ciencias Políticas que no concluyó y es cofundador de la cadena radial del ELN, Radio Nacional Patria Libre (Ranpal). Además de diseñar, junto a un colectivo de insurgentes, la política comunicacional y la estrategia para Redes Sociales Virtuales del ELN, Galvis afirma haber participado en el diseño de la propuesta pedagógica y de comunicación que el ELN presentó en la Mesa de Quito para trabajar de manera conjunta con el Gobierno.

"Diego Galvis", miembro del ELN.  Fotografía: Cortesía.

“Diego Galvis”, miembro del ELN.
Fotografía: Cortesía.

Después de vivir 31 años en medio de la guerra, esta es su posición con respecto a los diálogos: “Yo, en verdad, sí estoy cansado de ver cómo mueren millones de colombianos en esta guerra de porquería, pero no renunciaré a luchar hasta no ver transformaciones. El ELN desde el inicio de la fase exploratoria, la que no era pública, planteó un cese al fuego bilateral. Un cese al fuego que en últimas beneficia al pueblo colombiano, a las familias que tienen hijos policías, hijos militares, líderes sociales, y a nosotros que somos también hijos del pueblo. Este cese representa para nosotros la oportunidad de formarnos políticamente, dedicar nuestro tiempo a otras cosas que nos gustan como la música y la pintura, compartir con la gente del pueblo en las zonas donde nos movemos. Significa esa alegría inmensa de que el Gobierno va a detener esa agresión contra el movimiento social, contra los líderes sociales, va a parar esa masacre que viene cometiéndose. Yo estoy tan cansado como los millones de colombianos que hemos padecido esta guerra. En mi caso, tengo más de diez años sin ver a mis hijos. Cada vez que pienso en lo terrible de esta guerra, en lo inhumana, en los niveles de degradación a que hemos llegado, ver por ejemplo cómo policías han asesinado campesinos por solicitar la sustitución de cultivos, me da ganas de llorar. Eso se debe a la forma como han trabajado en todos los bandos el odio hacia el contrincante y eso hace que uno como combatiente eleno se cuestione.”.

“Una oportunidad para que la gente pueda volver a su territorio”

Monseñor Hugo Alberto Torres Marín, obispo de Apartadó, será el encargado de hacer la veeduría al cese al fuego y de hostilidades en los once municipios del Urabá antioqueño y gran parte del departamento del Chocó. Torres Marín es licenciado en Teología Dogmática de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, estudió Filosofía en la Universidad Católica de Oriente y especialización en Alta Gerencia en la Universidad de Medellín.

Monseñor Hugo Torres, obispo de Apartadó. Fotografía: Bertha Durango Benítez.

Monseñor Hugo Torres, obispo de Apartadó.
Fotografía: Bertha Durango Benítez.

“Estamos muy contentos con este cese al fuego entre los elenos y el Gobierno. Primero, porque el mensaje del Papa va calando en la mente de los colombianos, en la mentalidad del Gobierno y de estos grupos al margen de la ley. El Papa decía muy claro: “Todos somos pecadores, todos somos vulnerables, todos tenemos errores y todos estamos llamados a dar el paso de unas situaciones de violencia a una Colombia en paz, ojalá permanente”. Para las comunidades del Bajo Atrato donde antes no había presencia del ELN, territorio que históricamente había sido dominado por las Farc, no solo es una buena noticia, es una especie de manto de tranquilidad. Aunque el miedo siga presente por los enfrentamientos entre los paramilitares y los elenos. En la visita que hicimos al Truandó encontramos cuatro veredas completamente abandonadas, como si de la noche a la mañana todos se hubieran ido. Estas personas esperan poder retornar, continuar con su vida campesina, porque hoy esos campesinos viven en el casco urbano en medio de pobreza y de muchas limitaciones. Nosotros vemos en este cese al fuego una oportunidad de que la gente pueda volver a su territorio. Yo invito al Gobierno a mantener esta puerta abierta del diálogo y de la negociación por encima de las dificultades que se puedan presentar e invito al ELN a que cumpla las exigencias de ese cese al fuego bilateral, pero muy especialmente que no siga involucrando a los jóvenes en los combates, que los dejen ser jóvenes y que las familias tengan un punto más para creer que la paz sí es posible”.

“Pedimos urgente la paz”

Ernesto Ramírez es un líder afro del municipio de Riosucio, Chocó, y de la Asociación de Consejos Comunitarios del Bajo Atrato (Ascoba). Desde la salida de las Farc del Bajo Atrato, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia o Clan del Golfo han tenido fuertes enfrentamientos por el control de este territorio. Recientemente, las comunidades indígenas de Juin Duur, Quiparadó, Marcial y Pichindé y las comunidades afro de El Limón y Platanillo quedaron en medio del fuego cruzado entre estos grupos ilegales, y sus tierras están plagadas de minas antipersona. Una de esas minas le costó la vida en agosto pasado a la indígena Ana María Mepaquito.

Ernesto Ramírez, líder de comunidades negras de Riosucio, Chocó.  Fotografía: Cortesía Ernesto Ramírez.

Ernesto Ramírez, líder de comunidades negras de Riosucio, Chocó.
Fotografía: Cortesía Ernesto Ramírez.

Ramírez opina: “Para la comunidad, este cese al fuego significa un respiro. Esto nos permite tener un mínimo de tranquilidad y poder adelantar nuestros proyectos de vida. Pero no podemos olvidar que, aunque se silencien estos fusiles, hay otros actores armados en muestro territorio que no han hecho acuerdos con el Gobierno, no han hecho acuerdos con el ELN y estamos seguros de que la confrontación armada va a continuar. Lo que pedimos, como comunidad, es que el Gobierno llame a estos grupos. ¿Bajo qué medidas o pretensiones? No sabemos cuáles puedan ser, pero que nos brinden la paz que estamos anhelando en nuestro territorio, que nuestros hijos puedan salir con la plena libertad a educarse, que nuestros campesinos puedan salir a trabajar sin el temor a ser objeto de un cruce de disparos entre los diferentes actores armados; pedimos urgente la paz. Nuestros líderes ya no soportan el señalamiento de uno u otro actor armado. Apoyamos el cese al fuego y pedimos que la paz plena se materialice”.

“La violencia no sirve para avanzar en la agenda política”

Jorge Alberto Restrepo es el director del Centro de Recursos para Análisis del Conflicto, Cerac. Doctor en Economía de la Escuela Royal Holloway de la Universidad de Londres, con maestría en la Universidad de Cambridge, se ha especializado en el análisis de los conflictos armados, violencia, bandas criminales y su impacto en el desarrollo de los países.

Jorge Alberto Restrepo, director del Cerac.  Fotografía: Cortesía.

Jorge Alberto Restrepo, director del Cerac.
Fotografía: Cortesía.

“Este cese al fuego bilateral es una oportunidad para muchas cosas: para que avance por fin ese proceso de negociación, por ejemplo, y lograr acuerdos en la agenda. Pero también es una oportunidad para demostrarle al ELN el rechazo que hace toda la sociedad colombiana a sus acciones de fuerza, a las acciones violentas, porque el ELN no está ganando nada con la escalada que desde hace tres años le impuso al conflicto. No ganó nada en términos de esa agenda de negociación, en términos políticos y tampoco en términos militares; por el contrario, perdió legitimidad, la poca legitimidad que tenía su lucha, pues no es una lucha de resistencia, es una lucha que afecta los derechos de las personas y tremendamente a las comunidades. Es una guerrilla cada vez más radicalizada, cercana al fundamentalismo. Este cese bilateral es la oportunidad de demostrar que la violencia no sirve para avanzar en esa agenda política.

“Hasta ahora, soy bastante optimista sobre el resultado que se ha visto en términos de la capacidad de comando y control del ELN, que ha logrado consolidarse desde febrero cuando se iniciaron las conversaciones. Pero soy bastante pesimista en términos de que se pueda alcanzar un acuerdo rápido con esa guerrilla para que deje las armas y se acabe el conflicto; en esa medida veo que falta mucho camino por recorrer y debemos prepararnos porque el proceso puede ser afectado por el proceso electoral que viene en mayo”.

Según el Cerac, desde el inicio de la fase pública de los diálogos con el ELN se han reducido las acciones ofensivas y combates de un 42,8 por ciento a un 28,8 ciento con respecto al mismo periodo de 2016. Por otro lado, la reducción de pérdidas de vidas en ambos lados ha sido más significativa: pasó de 68,6 por ciento a un 60,7 por ciento.

 

 

Diálogos de paz, cotidianidad en guerra

Desde el fin del cese al fuego unilateral por parte de las Farc, volvieron las acciones armadas en medio de las cuales se ha desarrallado casi todo el proceso de paz.

Bajas_FARC

Después de un mes del fin al cese unilateral al fuego por parte de las Farc los ataques han aumentado considerablemente. Mientras tanto se sigue negociando en La Habana.
Fotos: Fedayin17 y Presidencia de la República.

 

Por Jacobo Ortiz / @eldelarasta en Twitter

La gente del corregimiento de El Mango en el municipio de Argelia, Cauca, tuvo suficiente. Es una población que vive asediada por la guerra, el frente 60 de las Farc hostiga constantemente la austera estación de Policía del caserío, y es que ésta es una de las poblaciones más afectadas de uno de los departamentos más heridos por el conflicto armado en Colombia.

El martes 23 de junio los pobladores, armados con retroexcavadoras, derribaron los bultos de arena que sirven de protección a los policías con la intención de retirarlos de su pueblo, ¿la razón? No quieren seguir estando en la mira de la guerrilla y consideran que por la presencia de los uniformados tienen que soportar el calor del conflicto.

Este caso es uno de varios que despiertan las alarmas alrededor del conflicto en las últimas semana. La quema de buses en Antioquia, los derrames de crudo y el ataque al helicóptero Black Hawk de las fuerzas militares en Norte de Santander son algunos ejemplos que muestran el recrudecimiento de la guerra.

Todo parece apuntar a que el fin del cese al fuego unilateral es un determinante clave para explicar esta agresiva oleada de las Farc. Una investigación de la Fundación Paz y Reconciliación revela que durante los cinco meses de pausa en el accionar guerrillero hubo una significativa reducción en los ataques armados, con relación a otros años.

Pero esto no quiere decir que las acciones cesaron totalmente. La Fundación resalta 12 violaciones de la tregua, una de ellas dejó 10 militares muertos en Buenos Aires, Cauca. Por su parte, el Ejército hostigó a la guerrilla en 79 ocasiones.

A pesar de estos hechos, el informe deja clara la disminución en el accionar del grupo subversivo: “Se pasó de posibles 895 acciones armadas, que se realizaron en promedio en los primeros cinco meses del año 2011 a 91 acciones en los cinco meses de tregua entre finales de 2014 y 2015. Es decir, se presentó una reducción cercana al 90%”, señala el balance.

Aunque esos resultados son bastante positivos, la idea de un cese al fuego bilateral parece todavía un tabú, lo cual es preocupante tras casi tres años de diálogos. Esta situación hace ver el desescalamiento del conflicto como algo todavía lejano.

“Un cese bilateral es lo mejor que le puede pasar a este proceso de paz, pero es inviable políticamente, el presidente Santos va a tener presiones de sectores como el uribismo y el costo político de hacerlo ahora es muy alto, es posible que se de en unos cinco o seis meses, pero en este momento es imposible”, apunta Ariel Ávila, subdirector académico de Paz y Reconciliación.

Entonces, esa posibilidad parece improbable si se tiene en cuenta la sensación de inseguridad que se ha producido alrededor de los diálogos, “la confianza en las partes en medio de la negociación está dañada pero es recuperable, el problema es el apoyo popular al proceso y recobrar eso es muy difícil, negociar en medio del conflicto es algo que no está claro para la población”, señala Ávila.

La opinión de las Fuerzas Militares permanece en el escepticismo, teniendo en cuenta la ofensiva reciente de las Farc, “tanto el gobierno de Santos como la guerrilla deben mostrarse más serios a la hora de negociar, es impensado que se hable de paz allá mientras acá tumban helicópteros y arremeten contra la población civil”, opina Juan Carlos Feria, sargento retirado del Ejército.

Feria resalta el escepticismo que aún existente en las altas esferas de las Fuerzas Militares. “En el Ejército muchos no le ven futuro a estas negociaciones, sobretodo con lo que pasó en el fallido proceso del Caguán, eso tanto para nosotros los militares, como para el país fue una burla muy grande”, asegura.

¿Serán escuchadas las víctimas en la Habana?

Este jueves doce personas alistaron sus maletas y viajaron a la isla de Cuba para un acontecimiento importante en la política colombiana. Pero no iban de vacaciones. Son víctimas del conflicto armado y llegaron para reunirse cara a cara con los líderes de las FARC. No sólo ellos se hacen la misma pregunta que se han formulado muchos otros colombianos, ¿podrán aportar algo para lograr un acuerdo definitivo? ¿Realmente serán escuchados?

A las siete de la mañana del 15 de agosto, en la ciudad de Bogotá se inició la rueda de prensa de la Mesa de Conversaciones del Gobierno y las FARC, ofrecida por Fabrizio Hochschild, coordinador de la ONU Colombia; Alejo Vargas, director del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz de la Universidad Nacional y el padre Darío Echeverry. En ella se anunció después de foros anteriores en diferentes ciudades del país la primera lista de delegados que viajaron a Cuba en representación de las víctimas para los diálogos de paz. Este primer grupo se dividió así: 5 víctimas de las FARC, 4 del Estado y 3 del paramilitarismo que acudieron en representación de varios delitos cometidos contra el pueblo colombiano.

¿Quiénes son considerados como víctimas?

Para entender a qué se le llama víctima en estos diálogos, hay que clarificar el concepto que se eligió en la Mesa de Conversaciones: “toda persona que haya sufrido daños, individual o colectivamente, incluidas lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdidas económicas o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que constituyan una violación manifiesta de las normas internacionales de derechos humanos o una violación grave del derecho internacional humanitario”.

Además, la definición incluye como víctimas a la familia inmediata o las personas a cargo de la víctima directa. Esta concepción fue promulgada en apoyo de la Declaración de la Asamblea General de Naciones Unidas del 16 de diciembre de 2005, sobre “Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones, de las normas internacionales de derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario”. En la aplicación del concepto en el caso colombiano, la declaración no separa los tipos de victimarios, es decir: no hay distinción si es por causa del estado, las FARC o los paramilitares.

¿Podríamos identificar todos los niveles de victimización en Colombia y la diversidad de victimarios y formas de victimización que hay en el país? Colombia aún no tiene una cifra exacta de víctimas a causa de lucha armada, ni siquiera ya los victimarios recuerdan donde acabaron con vidas e ilusiones décadas atrás.

Los que van a Cuba

Sólo 60 personas representarán a las víctimas en la mesa de negociación en La Habana. Numéricamente es una representación escasa con respecto a los miles de colombianos afectados por el conflicto armado. Sin embargo, no hay que olvidar el hecho de que éstas negociaciones son un evento de gran importancia histórica. El encuentro directo entre los actores y las víctimas del conflicto es un primer paso para un posible cese a la violencia armada.

En la búsqueda de la inclusión de todo tipo de víctimas, la elección de los representantes por parte de la Mesa de Conversaciones busca ser lo más plural posible, por ello han decidido que sean personas con diferentes tipo de victimización, de ideología y filosofía distintas, además de que pertenezcan a diferentes grupos sociales y étnicos con diversidades cósmicas. En este caso aplican los principios emitidos en el comunicado de la mesa el 17 de julio que señala que los “criterios principales para la selección de las delegaciones son el equilibrio, el pluralismo y la sindéresis, que se deben ver reflejados en la composición de cada una de las delegaciones”, y que éstas “deben reflejar todo el universo de violaciones a los derechos humanos e infracciones al DIH que se hayan presentado a lo largo del conflicto interno, teniendo en cuenta los diferentes sectores sociales y poblaciones, y el enfoque regional.”

Los retos de la Mesa de Conversaciones

La Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, ha dicho que el proceso de paz en Colombia ‘podría  llegar a convertirse en un ejemplo mundial’. ¿Pero llegarán a concretarse estas propuestas? ¿Llegará a existir un acuerdo?

Un interesante y complicado debate está sobre la mesa para alcanzar el santo grial que siempre ha sido la paz en Colombia, además de la reparación y el perdón. Pero siguen existiendo escollos en el camino. Según el profesor y periodista Luis Javier Londoño Balbín, quien acudió el 3, 4 y 5 de agosto al Foro sobre víctimas organizado en Cali, afirmó que este es un evento trascendental para el país y es “un proceso inédito y totalmente necesario”.

Un país con un conflicto armado interno de más de medio siglo necesita alcanzar un punto donde exista el diálogo. Sólo hay que recordar el intento fallido que inició el presidente Andrés Pastrana de 1998 a 2002 para lograr un acuerdo de paz con la guerrilla.

Para lograr un acuerdo efectivo con las FARC debe primar el respeto a las víctimas y las garantías de reparación y no repetición. Una de las mayores preocupaciones que han salido al paso de la opinión pública, es que si firmar un acuerdo para la terminación del conflicto no es sinónimo de Paz. La violencia del narcotráfico, las autodenominadas bandas criminales y la delincuencia común son fenómenos aún no superados. En otras palabras, con los diálogos en el mejor de los casos desaparecería uno de los factores de violencia que han existido en Colombia, pero eso no garantiza que se eliminen los otros.

 

“No es adecuado que se use el conflicto armado con fines electoreros”

Por Diego Zambrano Benavides (@diegozamben)

En la contienda para las elecciones de este domingo 25 de mayo, los candidatos, en especial aquellos que lideran las encuestas, han polarizado el tema de sus campañas alrededor del tema del conflicto armado interno, específicamente acerca de la disposición que debe tener el nuevo gobierno con respecto a los diálogos de paz que se adelantan en La Habana con el grupo guerrillero de las FARC.

Julio González Zapata, abogado,  profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia, y reconocido penalista, nos expone sus reflexiones acerca de, si los diálogos de paz se integran en esta campaña presidencial con fines electorales o electoreros.

De La Urbe. – Las elecciones presidenciales se han movido a lo largo de las últimas décadas alrededor del conflicto armado interno, de los grupos guerrilleros, en especial de las FARC. Candidatos que en su campaña proponen diálogos de paz, como en 1998; o candidatos que proponen un exterminio militar, como en 2002. ¿Cómo explicar este fenómeno en el cual las elecciones se están decidiendo básicamente por estar a favor o en contra de los diálogos con los insurgentes?

Julio González Zapata. – Creo que hay varias razones para explicar este fenómeno. Por un lado, porque el conflicto armado colombiano, que ya lleva varias décadas, es indudablemente un problema omnipresente en la vida del país. Por otro lado, su larga duración, su desarrollo, sus momentos específicos hacen que la opinión pública y en casos concretos, el electorado, se incline bien sea por una salida negociada o por una opción de fuerza. Es claro que la opción de una salida de fuerza, que significa una derrota militar de la guerrilla, no se ha mostrado eficaz y que la salida negociada no se ha podido concretar. Pero en todo caso, el conflicto es un asunto pendiente de resolución por parte de Colombia. Por eso aflorará una y otra vez, antes de que tenga alguna solución. Tal vez lo más errado frente a él, sea negarlo. Y por lo tanto hay que esperar que siga siendo tema de campañas, hasta cuando alcance alguna solución.

DLU. – Las FARC y el ELN han dispuesto un cese al fuego unilateralmente. ¿Esto responde a algún guiño político en plena campaña presidencial?

J.G.Z. – Es posible, pero no hay que olvidar, que no es la primera vez que lo hacen. Lo han hecho en épocas decembrinas y de semana santa. El próximo 27 de mayo se cumplen cincuenta años de la creación formal de las FARC.

DLU. – También por estos días, casualmente cuando el candidato opositor del Gobierno y de los diálogos de paz, Oscar Iván Zuluaga, estaba subiendo en las encuestas, las FARC y el equipo negociador del Gobierno anunciaron un acuerdo en un álgido tema como es el narcotráfico. Las FARC han dilatado las negociaciones, más de lo que en un comienzo se tenía previsto. ¿A las FARC les interesa de verdad alcanzar la paz, o simplemente se encuentran realizando cálculos políticos?

J.G.Z. – No hay porqué escandalizarse porque las FARC haga sus cálculos políticos. Al fin y al cabo siempre se han reclamado como un movimiento en contra del Estado colombiano, es decir, un movimiento político armado, así haya usado instrumentalmente el narcotráfico. Y dada la oposición radical del candidato Óscar Iván Zuluaga a los diálogos de paz y a cualquier salida negociada del conflicto, porque a pesar de que dice que propone la paz, realmente habla de rendición de la guerrilla, parece apenas esperable que las FARC busquen inclinar la balanza hacia quien ofrece la continuidad de los diálogos. No es realista negar que las FARC sean un actor político en la vida nacional. Inclusive ese gesto puede interpretarse como un compromiso serio con los acuerdos. Sobre la dilatación de las negociaciones, hay que entender que están discutiendo un problema de varias décadas y no es fácil obtener una solución en unos cuantos meses.

DLU. – ¿Las FARC se ven acorraladas y por eso han decidido apoyar la reelección de Juan Manuel Santos?

J.G.Z. – Es indudable que las FARC en los últimos años han sufrido duros golpes, como la muerte de algunos de sus jefes históricos. Pero creo que es demasiado prematura anunciar su exterminio y desconocer la capacidad de sobrevivencia que ha mostrado a lo largo de su historia.

DLU. – El cese al fuego unilateral y el acuerdo en el tema de narcotráfico contrastan con la reciente noticia de que las FARC supuestamente usaron “niños bomba” en un ataque en Tumaco. ¿Hay disgregación en el grupo guerrillero?

J.G.Z. – Hasta donde se tiene noticia, no ha sido posible precisar qué fue lo que pasó con esos niños y quién colocó en ese lugar, los artefactos que los mataron. Creo que antes de que haya una investigación seria, es irresponsable atribuir autorías a nadie para no darle a la razón a quienes piensan que la primera víctima en una guerra es la verdad.

DLU. – Varios países se han pronunciado a favor de los diálogos que adelanta el Gobierno con las FARC. Después del acuerdo en el tema del narcotráfico, el gobierno de los Estados Unidos y la Unión Europea, se han manifestado celebrando dicho acuerdo y resaltando las consecuencias positivas para la región. ¿Se podría decir que esto es una especie de espaldarazo al presidente Juan Manuel Santos y su campaña por la reelección?

J.G.Z. – Es posible pero también puede ser que estos países, sobre todo los Estados Unidos empiecen a comprender que la guerra contra las drogas, tal como la diseñaron y se le impusieron al mundo haya fracasado y es hora de pensar en las drogas prohibidas en términos menos fundamentalistas. Tanto los Estados Unidos como la Comunidad Europea, tiene un interés en la solución del conflicto armado colombiano, porque eso les daría más seguridad a sus empresas para invertir en el país.

DLU. – ¿Es posible, bajo el marco jurídico colombiano actual, que mediante un acuerdo final de paz entre el Gobierno y las FARC, el grupo guerrillero obtenga una amnistía para la totalidad de sus integrantes?

J.G.Z. – Uno de los puntos finales de agenda de las conversaciones de La Habana, es precisamente el tratamiento jurídico a los combatientes. Hoy probablemente no es posible hablar de amnistías totales, pero en su lugar se puede hablar de justicia transicional, que son fórmulas para hacer la transición después de un conflicto armado, que no suponen “borrón y cuenta nueva”, tal como fue posible en otros conflictos en el pasado, pero tampoco significa que la solución que se acuerde implique penas privativas de la libertad, cárcel, para los combatientes. La justicia transicional se basa en la verdad, la justicia, la reparación y garantías de no repetición y cuenta con una serie importante de instrumentos para realizar estos objetivos, diferentes a mera respuesta punitiva.

DLU. – ¿Los diálogos de paz deben ser o no, un tema electoral?

J.G.Z. – El conflicto armado colombiano es uno de los grandes problemas del país y por lo tanto debe ser un tema de primer orden. Y es por esencia un tema político. Lo que no parece adecuado es que se use con fines electoreros. Se supone que una campaña electoral, y sobre todo cuando se trata de elegir el Presidente de la República debe estar basada en programas y planes para resolver los problemas importantes, entre los cuales, repito, el conflicto armado es uno de los más decisivos.

Educación, salud y paz; temas en la agenda de los candidatos presidenciales

A las 10:00 de la mañana del jueves 24 de abril de 2014, el Paraninfo de la Universidad de Antioquia estaba a reventar. Estudiantes, docentes, jubilados, egresados, administrativos y hasta el señor de los tintos se reunieron en el aula mayor de la Universidad de Antioquia para escuchar lo que los candidatos a la Presidencia de la República les iban a decir sobre tres temas muy sensibles para el país y específicamente para la comunidad universitaria: educación, salud y paz.

Tres de los cinco aspirantes a la Presidencia –el presidente candidato Juan Manuel Santos y el candidato Enrique Peñalosa se han negado a participar en debates- estaban allí sentados frente a uno de los públicos más sensibles que un político puede tener: la comunidad académica. Al iniciar, Alberto Uribe Correa, rector de la Universidad de Antioquia, entregó un compilado denominado “La Universidad propone”, en el que hay propuestas hechas y evaluadas por la academia para que los candidatos consideren en su plan de gobierno.

 

Educación, modelos y leyes

Marta Lucía Ramírez, candidata del Partido Conservador, dijo que este tema es de vital importancia para el desarrollo del país. Propuso recuperar los dineros que se pierden anualmente en corrupción*. Dijo que destinará un 25% de estos para financiar la educación superior. Y enfatizó en la importancia de crear un politécnico nacional que descentralice la educación superior y acomode su oferta académica a las necesidades de cada departamento.

Óscar Iván Zuluaga, candidato del Centro Democrático, se autodenominó “El candidato de la educación”. Propuso aumentar los impuestos al patrimonio y al cuatro por mil, de tal manera que se les pueda garantizar educación gratuita a jóvenes que pertenezcan a los niveles 1, 2 y 3 del Sisbén, y sea posible articular la educación media con la formación técnica y tecnológica. Aclaró que esta última propuesta sería posible con la incorporación de una jornada continua para las instituciones educativas públicas que iría desde las 8:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde, con el fin de incluir los contenidos de áreas específicas de profundización.

Clara López Obregón, candidata del Polo Democrático, dijo que la calidad de la educación es una factor importantísimo en el desarrollo de los países y que por ello redistribuiría el gasto público para destinar un mayor porcentaje de este al sostenimiento total de la educación superior: incluye la gratuidad de la matrícula, el sustento del bienestar universitario, el apoyo a la investigación estudiantil y profesoral y la formación de los docentes para mejorar la calidad de la educación.

 

Legislación en salud, propuestas y necesidades de cambio

“Un 35% de las tutelas al sistema de salud en Colombia es por los medicamentos que están en el POS (Plan Obligatorio de Salud)”, dijo Marta Lucía Ramírez. Por ello, expresó que para mejorar esta falencia es necesario hacer importaciones paralelas que aumenten la oferta y minimicen el impuesto por derechos de autor que reclaman las farmacéuticas. Dijo además que es necesaria la formación de profesionales colombianos en estos campos para favorecer los mercados internos.

Óscar Iván Zuluaga dijo que antes de la Ley 100 la cobertura en salud no superaba el 30% de la población. Según en él, la Ley ha permitido que cerca de 42 millones de colombianos gocen de una buena atención en salud. Sin embargo, aclaró que es necesario crear políticas que vayan en la línea de la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad, que es lo que no está bien hecho en Colombia.

Clara López Obregón, en cambio, dijo que es necesario hacer “borrón y cuenta nueva con la Ley 100”y quitar la intermediación financiera. “La salud no debe ser un negocio sino  de un derecho que es fundamental y debe ser atendido y administrado desde lo público. Así, se deben recuperar los recursos públicos que han migrado fraudulentamente al sector privado para invertirlos en atención primaria, que es el negocio que no ha sido rentable para las EPS”, dijo la candidata.

 

Proceso de Paz con las Farc

“Estoy convencida de que la paz en Colombia requiere cerrar el conflicto con las Farc, pero también un proceso que haga un estado más fuerte, que garantice la educación y el trabajo”, expresó Marta Lucía Ramírez. Para la candidata, las condiciones primordiales para la negociación son estas: que saquen a los niños del conflicto armado, que no haya más ataques a la población civil  y que se garantice un cese de hostilidades para llevar una negociación en paz.

Óscar Iván Zuluaga dijo que de llegar a la Presidencia detendría el proceso de paz en la Habana hasta que el grupo guerrillero acabe con sus redes de narcotráfico de forma verificable. Según él, los miembros de las Farc tienen que hacerse responsables de sus crímenes, así como los grupos paramilitares en su momento tuvieron que pagar por sus delitos.

Clara López Obregón dijo que era necesaria una conciliación en la que ambas partes pusieran las cartas sobre la mesa y se pudiera negociar un cese al fuego unilateral que garantice una solución popular y democrática a este conflicto de tantos años.

*La aproximación que hacen los analistas económicos es que en Colombia se pierden cerca de 9.5 billones de pesos al año en corrupción.

Un panorama de la desmovilización para el proceso de paz con las Farc

Las negociaciones de La Habana terminarían en una desmovilización masiva de las Farc. ¿Cuál es el panorama regional de las desmovilizaciones en los últimos años?

El actual proceso de negociación que se lleva a cabo en La Habana entre delegados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Farc- y el Gobierno colombiano, de llegar a buen término, implicaría la desmovilización de entre 7.500 y 8.000 combatientes activos del grupo guerrillero. Estas cifras son del Ministerio de Defensa, pero no hay claridad, ni sobre el total real de combatientes ni sobre la cohesión militar de este grupo irregular.

Aunque esta sería la desmovilización masiva más importante de este grupo insurgente en la historia, en los últimos años el número de desmovilizaciones individuales de las Farc ha sido el más importante, en comparación con otros grupos como el Ejército de Liberación Nacional –ELN- y las Bandas Criminales.

Las Farc son el grupo que más registró desmovilizaciones entre 2011 y 2013. De 7.539 combatientes “neutralizados” (como se llama en el argot militar a la combinación de combatientes desmovilizados, capturados y muertos en combate), 2.055 obedecen a desmovilizaciones. En cambio, las Bacrim no registran ninguna desmovilización, pero son los grupos más afectados por la acción de la Fuerza Pública, con 8.139 personas capturadas y 69 muertos en combate.

Esto podría indicar que, tras años de afectación militar, hoy es más factible la dejación de armas de las Farc tras una finalización del conflicto. Especialmente porque, pese a las críticas sobre la manera como se llevó la desmovilización de más de 30 mil integrantes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en este caso se hablaría de un número menor, sobre el cual las autoridades podrían tener un mayor margen de acción y capacidad institucional.

La mayoría de las desmovilizaciones de las Farc han sido individuales. Entre 2003 y 2010, un período de tiempo mucho más largo, se estima que se dieron 16.987 desmovilizaciones individuales de las Farc, de acuerdo con las cifras del Observatorio de Desarme, Desmovilización y Reinserción de la Universidad Nacional.

Una desmovilización como la que se vendría con las Farc implica un gran despliegue institucional para la atención de los desmovilizados, para la dejación efectiva de armas y, especialmente, para llevar a cabo un proceso efectivo de reintegración a la vida civil. La Agencia Colombiana para la Reintegración estima que entre 2003 y 2013 se registraron 55.931 desmovilizaciones en total, pero de las cuales solo un poco más de 30 mil casos son atendidos.

Lo regional es un factor fundamental para el éxito de la desmovilización. El siguiente mapa muestra una relación de desmovilizaciones por grupos armados en algunas de las regiones y capitales más importantes del país, de acuerdo con información recopilada por Álvaro Sierra, periodista de la Revista Semana:

 

Desmovilizaciones en Colombia entre junio de 2012 y mayo de 2013

El Colombiano y los diálogos en La Habana

Análisis del cubrimiento que el periódico El Colombiano hizo, entre el 1 de enero y el 6 de marzo de 2013, al tema de los diálogos de paz en La Habana*.

Por Alejandro Buriticá Alzate, Diego Zambrano Benavides y Daniel Moreno Montoya

Cuando el 4 de septiembre de 2012 el Gobierno nacional y el grupo guerrillero de las FARC anunciaron que iniciarían un proceso de paz con el fin de buscar una salida concertada al conflicto armado que se libra en el país hace 50 años, la mayoría de las voces en ese momento pedía calma y mesura. Sin duda, la desilusión que significó el fallido proceso del Caguán hace una década aún estaba latente en la mayoría de la población colombiana, por lo que este llamado a la calma se hizo para evitar una euforia y esperanza desmedidas que, ante un posible nuevo fracaso, solo generará lamentos. También se hizo este llamado desde el escepticismo que genera una guerrilla que ha sabido utilizar las ocasiones de diálogo para fortalecerse en momentos difíciles de su historia.

Sin embargo, a medida que han ido avanzando los actuales diálogos la expectativa ante una salida concertada al conflicto ha ido en aumento, especialmente por la forma como se ha abordado el proceso, el cual, a diferencia de experiencias anteriores, se decidió hacer en otro país, a puerta cerrada y con una agenda de negociación definida desde un comienzo. Esto sin duda corresponde a una intención de evitar problemas generados en el Caguán a causa de no tener una agenda bien delimitada y a la injerencia innecesaria de la prensa que se dedicó a registrar minucias y convirtió ese proceso en un show mediático.

¿Cómo harán los medios para informar sobre lo que se está dialogando en el actual proceso de paz?  ¿Cómo se van a enterar los ciudadanos de lo que se está debatiendo en La Habana? ¿Está bien o está mal que los diálogos sean a puerta cerrada? Fueron algunos de los interrogantes que surgieron sobre el papel que tendrían los medios en el actual proceso de paz y la conveniencia o no de que tuvieran acceso a las conversaciones entre los equipos negociadores. En su momento, con la experiencia adquirida en el Caguán, se resolvió que lo mejor era delimitar la participación de los medios y no permitir su acceso a los debates entre los equipos negociadores y la mayoría de la opinión pública estuvo de acuerdo con eso.

Pero, ya pasados nueve meses, desde el inicio oficial de los diálogos, ahora la pregunta es ¿cómo han informado los medios a pesar de sus limitaciones? Y es esa precisamente la inquietud que se convirtió en la base sobre la cual se construyó el actual trabajo. La meta fue tratar de establecer, a partir del análisis de algunos elementos presentes en los artículos de prensa de uno de los tres diarios más importantes del país, cómo ha sido la información que se ha dado sobre el proceso de paz y cuánta importancia le ha ofrecido el diario a este tema tan relevante dentro de la agenda pública del país.

El diario escogido en esta ocasión fue El Colombiano, el tercer diario más importante a nivel nacional y el principal periódico en la ciudad de Medellín. El Colombiano fue fundado en 1912 por Francisco de Paula Pérez quien lo tuvo a su cargo durante un año, momento en que el periódico pasó a ser parte del Directorio Conservador. Luego, en 1930, Julio C. Hernández y Fernando Gómez Martínez lo adquirieron y hasta el día de hoy ambas familias son propietarias de este diario; la familia Hernández encargada de la línea administrativa y la familia Gómez de la línea editorial.

Para el fin establecido de analizar la información sobre el proceso de paz y la importancia que El Colombiano le ha otorgado a este tema se tuvieron en cuenta un total de 43 artículos periodísticos de carácter informativo (en los diferentes géneros: noticias, noticia analítica, breve, entrevista informativa, entrevista en profundidad, perfil, informe especial, crónica, reportaje, análisis). Estos artículos corresponden a un periodo de 65 días que va desde el primer día de enero de 2013 hasta el sexto día de marzo, lo que permite obtener un promedio de 0.66 artículos por día. Además, se tuvieron en cuenta un total de cuatro editoriales durante el mismo periodo de tiempo.

A continuación se encontrarán los resultados obtenidos a partir de la clasificación de la información, divididos en tres grandes grupos:

El primer grupo lo hemos denominado Datos Básicos, y allí se consigna lo relacionado con las secciones en que fueron publicados los artículos, los elementos que los componen y el número de tintas utilizadas. Con estas categorías se intentó establecer cuál fue la importancia que El Colombiano le dio al tema de los diálogos de paz durante el periodo de tiempo analizado.

El segundo grupo lo llamamos Texto y allí aparecen los datos sobre quién firmó los artículos, a que género periodístico corresponden, tema abordado y si el artículo ofrece algún tipo de contexto o no. Así, se buscó evaluar el trabajo periodístico como tal realizado por El Colombiano y cómo está constituido el producto final que entregan como información a los ciudadanos.

El tercer grupo es el de Fuentes. Allí se da cuenta de la identificación de las fuentes de información citadas en los artículos, el número de fuentes por artículo, su naturaleza, sus puntos de vista y el tono general que tiene el artículo a partir del uso de las fuentes. El fin fue observar cómo se dio el uso de fuentes, como factor indispensable para imprimir fuerza y credibilidad a los artículos publicados.

Por último, se encuentra un análisis general sobre los cuatro editoriales que abarcaban el tema de los diálogos de paz, encontrados durante este periodo. Se trató de establecer si el periódico, como institución, se encuentra a favor o en contra del actual proceso de paz que se adelanta en La Habana.

Resultados del análisis

 

La gran mayoría de los artículos publicados en El Colombiano con respecto a los diálogos de paz se ubican en la sección Actualidad (84%), otros pocos en Tema del día (14%), mientras que solo uno se encontró en la sección Economía (2%). Para el medio, el tema siempre estuvo enmarcado dentro de los asuntos de actualidad, incluso cuando sus contenidos encajaban en otras secciones. Solo cuando surgían temas álgidos, o declaraciones relevantes, o acuerdos que se develaban a la prensa, El Colombiano publicó informes especializados, reportajes, u otro tipo de artículos de más profundidad, y por tanto, se publicaban en la sección Tema del día, recalcando su importancia. Por otro lado, los artículos publicados en Actualidad no eran extensos; más bien eran ligeros, sin mayor profundidad, ni análisis, claro está, comparándolos con los artículos publicados en Tema del día.

Con respecto a las páginas en las que se publicaron los artículos, todos aquellos de la sección Actualidad se ubicaban entre las páginas 4, 5, 6 y 7. Por otro lado, los que se publicaron en la sección Tema del día, se encontraban siempre, en las páginas 2 y 3 del periódico. El artículo publicado en la sección de Economía se encontraba en las páginas 20 y 21.  Los artículos publicados en las primeras páginas son de mayor relevancia y tienen mayor visibilidad que los que se publican en las páginas de la mitad, o en las finales; en este orden de ideas, las secciones en las que se encontraron los artículos publicados en El Colombiano, a excepción de los editoriales que se analizarán más adelante, por orden de importancia son: Tema del día, Actualidad y Economía. En síntesis, y teniendo en cuenta que la mayoría de las publicaciones se encontraban en Actualidad, que está en el margen de las primeras páginas, el medio sí le da relevancia al tema de los diálogos de paz.

Dentro de las secciones, El Colombiano destacó las publicaciones del proceso de paz con un sello:

Análisis texto, imagen, sello.

Sin duda, El Colombiano se destaca por ser un medio atractivo visualmente, y por eso la mayoría de los artículos publicados constaban de texto e imagen (81%). Los ocho artículos (19%) que constaban de texto y nada más, se referían a breves, noticias cortas, y asuntos sin mayor análisis, a los cuales no les hacía falta una imagen para acompañarlos. Además de las imágenes, en su mayoría fotografías, se destacaron algunas ilustraciones que acompañaban a los artículos, todas ellas en policromía.

Independientemente del tema, El Colombiano rara vez hace uso de imágenes a blanco y negro, por lo tanto, la policromía en los artículos es algo bastante normal dentro del periódico.

Análisis de autor

 

Como se puede ver en la anterior gráfica la mayoría de los artículos son firmados por un periodista del periódico (79%); esto nos puede dar a entender que el periódico no depende de agencias de prensa, por ejemplo, para conseguir la información; además, cabe destacar que hay dos periodistas que escriben una cantidad considerable de estos artículos, Javier Alexander Macías y David Rivera Marín, que son probablemente periodistas que tienen conocimiento del tema y quizás expertos en él. Los enviados especiales apenas escribieron cinco artículos, lo que era de esperarse por la forma en que se están manejando  los diálogos en La Habana, a puerta cerrada y no dando declaraciones que no sean oficiales por parte del equipo negociador como por parte de las FARC. Sin firmar es apenas un 5% de las noticias revisadas, y el motivo es que son breves.

 

Análisis género periodístico.

El género periodístico predominante es la noticia (42%), esto nos puede dar a entender que no se maneja mucha profundidad  ni análisis en los artículos, ya que si le sumamos las breves (2%), nos da un 44% de artículos meramente informativos.

Pero también se destaca que la noticia analítica represente un 28% de los artículos de la muestra. Aquí aclaramos que como “noticia analítica” clasificamos aquellos artículos que ofrecen los datos básicos acerca de un hecho noticioso, pero avanzan un poco y dan algunos elementos de contexto (causas, consecuencias, relaciones), sin que llegue a ser un texto de gran calado. Si a dichos artículos les sumamos la entrevista informativa (16%), el reportaje (7%), el perfil (2%) y el informe especial (2%), nos da un 55% de artículos que permiten mayor profundidad.

En conclusión, en El Colombiano, durante el periodo revisado, tuvo un balance entre los géneros meramente informativos y los de análisis, esto se puede explicar por la mecánica de las negociaciones en La Habana, ya que, al no tener un mar de pequeñas declaraciones, es posible concentrarse en analizar el proceso de paz que se lleva a cabo.

Análisis contexto.

 

Se observa que mayoritariamente los artículos presentan alguna clase de contexto, sobre todo antecedentes (con un 35%), lo cual es positivo.

En total se analizaron 43 artículos, pero si sumamos la cantidad de artículos en el gráfico de Contexto, vemos que da 54; esto quiere decir que más de un artículo presentaba más de un elemento de contexto, lo que refuerza la idea expresada aquí, sobre la intención de El Colombiano de darle profundidad a la información presentada.

Análisis tema

La información  que se encontró en el periódico durante el tiempo estudiado fue dominada temáticamente por la Agenda de la negociación. Aquí cabe destacar la publicación de tres reportajes en los cuales el periódico mostró a quién pertenece la tierra en Colombia.

El tema de los procesos de paz anteriores en Colombia o en otros países no tiene mucha significancia en El Colombiano durante este período, probablemente porque ya fue abordado en 2012 cuando comenzaron los diálogos actuales.

La opción “Otros” se refiere a artículos que no encajaban en ninguno de los temas definidos; en algunos casos se trató de temas económicos, como el futuro económico de Colombia una vez firmada la paz; en otros, ataques realizados por la guerrilla y golpes dados a las FARC por parte de la Fuerza Pública.

 

Análisis fuentes.

 

Como se puede observar en estas gráficas, la mayoría de los artículos publicados en El Colombiano  sobre el proceso de paz cuenta con fuentes plenamente identificadas (87%), es decir, aquellas de las que se dan los datos completos (nombre propio y de quién se trata – oficio y/o lugar o institución al que pertenece-). En el caso de las fuentes parcialmente identificadas (22%), se trata de aquellas que se citan como “según algunos analistas”, “miembros de inteligencia militar”, “fuentes del Ministerio…”. Adicionalmente, dentro del cubrimiento periodístico que El Colombiano realizó en este período de tiempo, no se observaron artículos sin fuentes. El balance, entonces, es positivo ya que la identificación de las fuentes otorga credibilidad a la información.

Número de fuentes.

 

En cuanto al número de fuentes de información citadas en los artículos, se puede observar que la mayor parte tiene entre tres y cuatro fuentes (35%), seguido de cerca (30%) por el  que corresponde a los artículos que contenían cinco o más fuentes. Aunque esto pareciera indicar la voluntad del periódico de mostrar la información desde distintas voces, en muchos de los artículos no se lograba el contraste que se esperaría a partir de un número tan significativo de fuentes (ver más adelante el gráfico de puntos de vista).

En el caso de los artículos que solo poseen una fuente (23%) o dos (12%) corresponden en su mayoría a noticias y a entrevistas informativas. Esto ocurre principalmente porque estas presentan las opiniones y percepciones de algún personaje sobre los diálogos de paz, o informan sobre los inicios y finales de etapas de negociación en los que ambas partes entregan declaraciones.

Es de resaltar hasta este punto, independientemente del contraste logrado o no con el uso de las fuentes, que El Colombiano no presentó ni un solo artículo de los 43 analizados sin fuentes, lo que resulta fundamental si se quiere generar entre los lectores credibilidad en el cubrimiento de un tema tan trascendente dentro de la agenda pública del país y que puede significar un hecho histórico de suma importancia en Colombia. Si se tiene en cuenta que los medios de comunicación, en especial la prensa, no solo informan el día a día sino que además construyen historia, el empeño de El Colombiano por sustentar la información que brindan en distintas voces de diferentes actores del país es un punto muy destacable de su labor periodística.

Naturaleza de las fuentes.

La cantidad de fuentes provenientes de la sociedad civil es el porcentaje que más se destaca (43%); aunque dentro de esta categoría, hay un gran número de políticos, exmilitares, juristas, entre otros, que han tenido relación con el Estado. Como era previsible, la cantidad de fuentes de origen estatal (39%), representa un porcentaje muy alto dentro del total, incluso triplica el porcentaje de fuentes provenientes de las FARC (13%). Por su parte, la comunidad internacional (5%), pese a que su ayuda ha sido fundamental en este proceso, no ha sido muy consultada por parte del periódico.

Puntos de vista

La gráfica de los puntos de vista que las fuentes presentaban sobre el proceso de paz refleja paridad entre aquellos que eran diferentes (34%) y los similares (36%). Por otra parte, el porcentaje de artículos a los que no aplicaba un punto de vista (30%) está muy cerca de los dos anteriores.

Lo primero, aunque puede parecer contradictorio y paradójico, se debe a que existen temas surgidos a partir de las negociaciones que generan debates entre la opinión pública y que arrojan en ocasiones similitudes y en otras diferencias entre las partes. Por ejemplo, un tema como la necesidad y la importancia de buscar la paz por medio del diálogo genera opiniones similares en el país, mientras que temas como el secuestro de policías y la despenalización de cultivos ilícitos provocan reacciones diferentes entre la opinión pública. Sin embargo, por la cantidad de artículos que presentan tres fuentes o más (65%) se esperaría que el porcentaje de puntos de vista diferentes fuese mucho mayor que el porcentaje de puntos de vista similares.

Lo segundo (categoría de “no aplica”), por su parte, corresponde a los artículos que solo presentan una fuente y a las breves u otros que por su extensión no abarcan más de un punto de vista.

Tono del artículo.

Dentro del cubrimiento realizado por El Colombiano a los diálogos de paz, durante el periodo analizado, la neutralidad (37%) es el rasgo más característico en el tono con que se abordan las distintas informaciones sobre el actual proceso. Puede que esto obedezca a los lineamientos políticos diferentes que tienen las dos familias encargadas del periódico y que conduce a que los periodistas se limiten a informar sin tomar partido.

Sin embargo, cuando los artículos toman una posición frente a los diálogos, el porcentaje de un tono a favor (33%) es mucho mayor que el porcentaje de un tono en contra (7%), hasta el punto de casi quintuplicarlo. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los artículos analizados fueron escritos por periodistas y no es necesario que sus pensamientos correspondan con los del periódico, que en su línea editorial (que se abordada a continuación) puede expresar algo distinto a lo que estos porcentajes muestran.  A su vez, esto es muestra de que El Colombiano da libertad a sus periodistas a la hora de abordar e informar sobre los diálogos de paz.

Por último, otro recurso a la hora de informar sobre el tema era darle espacio a varias posturas (23%) en relación con los diálogos. Esta opción permitió a muchos artículos tener un tono de contraste, que no se quedara con una sola versión de los hechos o que tan solo alumbrara a la luz de un punto de vista.

Editoriales

Fueron cuatro los editoriales que se publicaron entre el 1 de enero y el 6 de marzo de 2013, tres en el mes de enero y uno en de febrero.

El primer editorial se titula “¿Será 2013 el año de la paz?”, publicado el 2 de enero, y recoge, con un lenguaje antisubversivo, las expectativas con respecto a lo que podría ocurrir con las negociaciones en el año. Hace críticas a los plazos y los tiempos, las pretensiones del grupo guerrillero con respecto a los puntos de la agenda, y muestra desconfianza sobre la tregua unilateral declarada por las FARC.

El segundo editorial viene 20 días después, el 22 de enero, y bajo el título “Las advertencias de las FARC”, la opinión del medio se centra en repudiar las declaraciones del grupo guerrillero con respecto a una reanudación de la guerra bilateral ante el fin de la tregua del grupo subversivo. Predomina el lenguaje punzante en contra del grupo guerrillero; el medio trata de encarnarse en la piel de las víctimas lanzando una especie de declaración ciudadana.

El 31 de enero publica el editorial “Anuncio inaceptable de las FARC”, en el cual sienta su voz de protesta ante las declaraciones de la guerrilla, cuando en un comunicado oficial, las FARC anuncian que seguirán reteniendo policías y militares bajo la expresión de “prisioneros de guerra”.

Finalmente y por sorpresa, pues la constante en el medio parecía un continuo ataque al grupo guerrillero y una fuerte prevención con el proceso de paz, el 6 de febrero, en el editorial “Persistencia en la búsqueda de la paz”, El Colombiano parece utilizar este espacio para sembrar entre sus lectores paciencia y persistencia en cuanto a los diálogos en La Habana, pues los costos humanos y económicos del conflicto son altos y la única salida, parece ser política.

En conclusión, los tres primeros editoriales parecen una calcomanía, son idénticos en el lenguaje utilizado y en las críticas proferidas contra el grupo guerrillero; para la muestra van estos ejemplos de frases extraídas de dichos textos:

Como dijimos antes, la influencia ideológica del medio en los artículos publicados en las páginas informativas es mínima, ya que tales textos se destacan, la mayoría de las ocasiones, por su postura neutral, incluso, en algunos casos, a favor de las negociaciones en La Habana. Sin embargo, en los editoriales, en un resultado previsible por la historia y filiación ideológica del medio, la postura del medio es de cautela con el proceso y desconfianza con las FARC. El Colombiano usa en sus editoriales algunas expresiones como: veleidosos, soberbios, cínicos, inhumanos, para referirse al grupo guerrillero. Además, se muestra una postura de exigencia indirecta hacia el Gobierno para arremeter militarmente contras las FARC mientras se realizan paralelamente las negociaciones.

Caso contrario resulta ser el último editorial: a pesar del leve tono de desconfianza que mantiene el medio, parece haber sido escrito por otra persona, pues las manifestaciones apoyando la celeridad de los diálogos desaparecen bajo la siguiente frase “Los afanes políticos de algunos sectores de la sociedad por la cercanía electoral de 2014 afectan la buena marcha del proceso de paz”. Y, más aún, apaciguan el discurso reacio que mantenían en los anteriores editoriales cuando escriben “En el proceso aparece el tiempo como elemento perturbador, contra el cual solo caben confianza, fortaleza, persistencia y paciencia”.

En líneas generales, el pensamiento oficial del medio hacia los diálogos de paz no está enmarcado precisamente como positivo. A pesar de lo escrito en el último editorial, la línea del medio es la de una oposición moderada, en el sentido en que si bien atacan al grupo guerrillero, mantienen la confianza en el desempeño del Gobierno.

 

Información periodística sobre el proceso de paz

El Espectador y los diálogos de La Habana

*Módulo de análisis de medios, curso Teoría de la información

Profesora: Elvia Elena Acevedo Moreno

Cuestionamientos al acuerdo agrario

Los cincuenta años del conflicto armado en Colombia han demostrado que ha sido una la lucha por los centros de producción y el control del territorio, en un contexto de grandes desigualdades económicas y sociales.

Por tal motivo, es posible explicar que el tema agrario haya sido el primero en ser abordado por los negociadores en La Habana. Es así, como el pacto presentado a la opinión pública el pasado domingo 26 de mayo se convierte en un aliciente que permite pensar en una salida pacífica del conflicto. Sin embargo, el acuerdo sobre el tema agrario es un mínimo paso en el arduo camino para conseguir la paz, pues primero se deben solucionar los otros temas importantes de la agenda; y el contexto político y económico del país podrían jugar en contra del acuerdo.

La trascendencia del pacto firmado en La Habana no tiene precedentes. Ni en los diálogos adelantados por el gobierno de Belisario Betancur en Casa Verde, ni en los diálogos en Tlaxcala impulsados por el gobierno de César Gaviria, ni en el fracasado proceso de paz de San Vicente del Caguán, se había logrado un acuerdo en el tema más neurálgico del conflicto colombiano.

Por eso, la opinión pública ha recibido esta noticia con optimismo. Y ese optimismo da mayor legitimidad al proceso que adelanta el gobierno de Juan Manuel Santos y, a la vez, es una cachetada a las visiones que critican el proceso y proponen la salida violenta como solución para lograr la paz, pues empiezan a verse sin sustento para sus argumentos.

Para llegar al acuerdo es indiscutible que ambas partes tuvieron que ceder en sus posiciones frente al tema agrario, lo que puede reflejar verdaderas intenciones de darle fin a la guerra. Por un lado, las Farc aflojaron en su visión radical que defiende la tierra como un recurso y un derecho que pertenece a los campesinos; y por otra parte, el Gobierno, inmerso en una ideología neoliberal, que al aceptar realizar una reforma rural integral deberá priorizar las necesidades de los campesinos y no la de los grandes terratenientes nacionales o internacionales, como normalmente lo hace.

Falta ver si el acuerdo trasciende del papel, porque Colombia es un país que cada día está más inmerso en las dinámicas impuestas por el capitalismo y la globalización. Muestra de ello son las innumerables licencias para la explotación minera y para la ejecución de megaproyectos hidroeléctricos otorgadas a multinacionales que llegan al país a apropiarse de grandes extensiones de tierra y recursos vitales como el agua. Por tal motivo, frente al reciente pacto firmado en La Habana surgen algunas dudas: ¿será capaz el Gobierno de disminuir beneficios a las multinacionales para satisfacer los derechos y necesidades de los campesinos? ¿Soportarían las Farc que la tierra y los recursos naturales del país sigan entregándose a multinacionales?

Estas dudas encontrarán respuesta en la medida en que se construya la reforma agraria que requiere la materialización del acuerdo, una materialización que además exige el fortalecimiento y la creación de instituciones estatales que garanticen que se lleve a cabo las trasformaciones radicales de la realidad rural y agraria de Colombia con equidad y democracia que se propone en el documento firmado por los negociadores y divulgado el 26 de mayo.

Pese a las dudas que pueden surgir del pacto sobre el tema agrario, no se puede desconocer su importancia en el camino hacia a la paz negociada. Seguramente, habrá una veeduría internacional que vigilará el desarrollo de los objetivos. Por ahora, los negociadores del Gobierno y de las Farc deberán seguir con los temas propuestos en la agenda, que no son menos importantes que el tema agrario, pues de los acuerdos sobre los mismos dependerá la paz integral que merece el país y en especial las víctimas del conflicto.