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“La única manera de sacar una película adelante es sintiendo que hacerla es una necesidad”: Laura Mora, directora de ‘Matar a Jesús’

"Matar a Jesús", película dirigida por Laura Mora, pone en pantalla una Medellín a la que se le desdibujan las fronteras. Con reconocimiento a nivel internacional, la obra prima de Mora ha participado en los festivales de San Sebastián y Palm Springs. En Colombia, el largometraje se llevó el Premio del Público en el Festival Internacional de Cartagena de Indias (Ficci), en marzo de 2018.

aura Mora durante el rodaje de una de las escenas en las que el padre de Paula, José María, se encuentra dando clase.

Laura Mora durante el rodaje de una de las escenas en las que el padre de Paula, José María, se encuentra dando clase.       Fotografía: Producción Matar a Jesús.

Por: Luisa Fernanda Orozco*

Matar a Jesús es la historia de Paula, una estudiante de artes de 22 años cuyo padre es asesinado una tarde mientras ambos volvían en carro a su casa. La protagonista logra ver desde la distancia a Jesús, el joven sicario que perpetúa el homicidio, pero aun así ella decide continuar con el proceso legal que le ofrecen las autoridades. Sin embargo, después de darse cuenta de que el caso de José María quedará impune, Paula comienza a acercarse más a Jesús luego de verlo por segunda vez en una fiesta, planteándose la posibilidad de cobrar venganza por mano propia en medio del panorama de una Medellín visceral e imponente, de una Medellín que es un gran barrio.

Laura Mora estudió cine en Australia. Realizó los cortometrajes West, Brotherhood, y Salomé, entre muchos otros, cuyo reconocimiento se dio a nivel nacional e internacional. Dirigió también la segunda unidad de la serie de RCN Escobar, el patrón del mal, y el pasado ocho de marzo lanzó su último trabajo cinematográfico, Matar a Jesús, siendo esta una película que refleja eventos íntimos que marcaron su vida, pues como le sucedió a Paula dentro de la trama, el papá de Mora también fue asesinado.

Aunque la directora nunca conoció al responsable del crimen, 
sí soñó una noche de 2006 con que, sentada en un mirador,
él se le acercaba y le decía “yo me llamó Jesús y yo maté a su papá”

Laura comenzó entonces a plasmar en el papel su historia y fue tejiendo poco a poco los personajes dentro de ella. Y a pesar de haber pensado durante un tiempo que no iba a volver a escribir, pues sentía que  su talento se lo había llevado la muerte de su padre, Mora decidió llevar a cabo su proyecto, cuyo proceso de realización se dio a través de los años, rodeado de muchos sacrificios.

¿Lo que veremos en Matar a Jesús es propio de un dilema venganza-reconciliación?

Yo no sé si es reconciliación. A mí las palabras reconciliación y perdón me asustan mucho porque son de un origen más bien religioso y yo siento que son muy íntimas. A mí no me pueden pedir que perdone a la persona que mató a mi papá, porque no puedo, pero lo que yo quiero dejar claro es que a mí no me interesa ser violenta. Igual yo creo que hay veces en las que imponerle eso a la sociedad es muy fuerte, pero lo que pasa es una cuestión de seguirnos matando o parar. Tenemos que empezar a ver cómo podemos contener ese sentimiento de venganza a pesar de que sea de todas formas muy humano. A mí cuando me pasó ese suceso en la vida, sentía que era capaz de matar. Yo era una bala perdida igual que ese sicario.

No sé entonces si la película sea hablar sobre la reconciliación. Yo creo que es más sobre lo que pasa cuando existe la posibilidad de encontrar similitudes de humanidad en el victimario, en el enemigo. Hace poquito leí un texto que me impactó mucho, y decía que el miedo de acabar una guerra también radica en la posibilidad de dejarnos seducir por el enemigo. Y seducir no en el término erótico, sexual, o amoroso, sino dejarnos seducir por la ideas del enemigo. ¿Qué pasa, por ejemplo, si el enemigo tiene razón? Eso debe dar mucho miedo, pero es una realidad que debe enfrentarse. Al final tanto esos jóvenes victimarios, como los que hemos padecido una pérdida profunda, somos de alguna manera manipulados por el aparato criminal, y ese aparato se está alimentando constantemente de nosotros para terminar saliendo a la sociedad en forma de jóvenes que empuñan armas.

¿Cuándo comenzó usted a dar los primeros pasos hacia la película?

Cuando yo me di cuenta que esos textos tan desordenados que yo tenía, esas conversaciones con Jesús, se fueron convirtiendo en la necesidad de hacer una película. Digamos que yo ahí tenía que sucumbir en esa rigurosidad que exige la escritura, y eso también demanda tiempo y plata. Incluso desde antes de que nos ganáramos el Fondo de Escritura yo ya había empezado a trabajar con Alonso, y aunque a veces nos viéramos por Skype, los dos entendimos que la dinámica era más que yo fuera para que pasáramos mucho tiempo juntos.

Yo en ese momento vivía en Bogotá y me salían sobre todo trabajos en comerciales. Entonces lo que yo hacía era aprovechar esas oportunidades para poder sustentar económicamente mis viajes de escritura, que eran muy intensos, muy largos, y no tenía cómo más responder por ellos. Mis primeros largometrajes fueron cuando yo estaba muy joven y cuando yo contaba de pronto con más apoyo económico, pero yo llego a este largo con 37 años, estando por fuera de la comodidad del sustento familiar desde hace bastante tiempo. Eso me exigía trabajar mucho para poder sustentar estos viajes en los que yo me veía con Alonso, que a veces eran de una semana o que a veces eran de tres semanas. Después yo volvía a la intimidad de mi casa con todas esas notas recogidas, con demasiados pensamientos y con la vida revuelta.

Escena en que Paula (Natasha Jaramillo) y Jesús (Giovanny Rodríguez) se conocen.  La directora cuenta que fue un taxista el que le propuso al barrio "Regalo de Dios" como lugar adecuado para hacer el rodaje, luego de que ella se lo imaginara en sueño años atrás Foto: Producción Matar a Jesús

Escena en que Paula (Natasha Jaramillo) y Jesús (Giovanny Rodríguez) se conocen. La directora cuenta que fue un taxista el que le propuso el barrio Regalo de Dios como lugar adecuado para hacer el rodaje, luego de que ella se lo imaginara en sueño años atrás
Fotografía: Producción Matar a Jesús.

«Llegué a la conclusión de que esta era una película
demasiado dura de hacer. Al fin y al cabo era sobre una vida vivida,
sobre unas experiencias recogidas
y sobre una madurez»

Usted pasó un tiempo en Bogotá realizando otros proyectos audiovisuales, ¿por qué decidió dejar la capital y devolverse para Medellín?

Después de Escobar hice un proyecto que se suponía iba a ser un tv movie, por eso lo acepté. Era sobre la toma del palacio de justicia, un tema político que a mí me inquietaba un montón. La productora El Laberinto, en asociación con Caracol TV, fue la que le dio inicio al proyecto. Cuando ellos vieron uno de mis cortes de edición me dijeron que estaba muy bien pero que era demasiado cinematográfico. Yo pensé que eso era un piropo, pero claramente no lo era. Ellos decidieron después hacer un corto que terminaría siendo mi primera película, pero obviamente yo dejé con él sangre, sudor y lágrimas porque yo siempre he dicho que aunque yo hice ese corto, yo no me hago responsable de él. Hay millones de cuestiones estético-narrativas con las que estoy profundamente en desacuerdo.

Esa obviamente fue entonces una experiencia muy dura, y fue la experiencia que me dijo que era tiempo de dejar Bogotá, porque quedarme era prácticamente prostituirme en pro de ese corto, y eso es lo que nadie ve. Después de ahí dije “no más, voy a trabajar súper duro para hacer la película que yo quiero”. Ahí fue cuando yo decidí concentrarme en ganarme fondos cinematográficos a pesar de que viviera una vida muy precaria hasta lograrlo. A pesar de que mis cortos son como mis hijos, esta película definitivamente es muy íntima, y yo soy responsable de todos los aciertos y desaciertos dentro de ella.

¿Cómo supo que Natasha era la indicada para interpretar a Paula, y Giovanni para interpretar a Jesús?

Con Natasha yo creo que al principio habían unos gestos de ella que me habían cautivado, pero principalmente me enganchó el hecho de que las dos somos un par de peludas. Ese personaje soy yo en muchas cosas e inevitablemente ella era muy parecida a mí en aspectos de su carácter.  Ella no era la típica niña súper femenina, y eso quedó claro cuando la vimos. Ya después cuando hablé con ella me asustó y me maravilló al mismo tiempo. Yo me acuerdo que cuando mi hermano la conoció él me dijo que ella era todo con lo que yo había soñado. De todas maneras yo le llevó quince años a Natasha, pero seguramente si yo hubiera tenido 22 años en esta época estaría parchando con ella.

Y con Giovanny, creo que lo que más me dio pistas fue que cuando él y yo empezamos a hablar en la primera entrevista, él me dijo que quería salir a fumarse un cigarrillo. Yo le dije “listo, vení vamos”. Y cuando fuimos hubo mucho silencio, pero en un momento él se volteó y me dijo “uno a veces se cansa mucho de la vida, ¿no le parece?” y yo me quedé sorprendida porque una de las descripciones que yo tenía del personaje era la de un chico muy joven que a veces se cansaba de la vida. ¡Y él me lo dijo! El universo también va conspirando para que uno encuentre las condiciones correctas.

¿Cuánto se demoró escribiendo el guión?

Pues, digamos que si consideramos escribir el guión desde que yo empecé con la idea, con estos textos, hasta el día en que filmamos la película, son más o menos unos diez años. Igual yo creo que cada cosa tiene sus tiempos justos. Yo realmente nunca le corrí. Me acuerdo que cuando cumplí treinta años me sorprendí, porque pues una piensa que va a llegar a los treinta con su primera película, y eso me pesó un poquito, pero después llegué a la conclusión de que esta era una película demasiado dura de hacer. Al fin y al cabo era sobre una vida vivida, sobre unas experiencias recogidas y sobre una madurez. Yo no me estaba apresurando, yo quería llegar fuerte en muchos sentidos.

¿Cuánto de la película se grabó cronológicamente?

No te podría decir exactamente. Pero todas las escenas dramáticas importantes fueron grabadas en secuencia. Es decir, cuando la película se acaba, con esa escena se acabó el rodaje. Y eso es una sensación muy hermosa. Uno entiende por qué hay directores que luchan por eso. Pero no quiero decir que esa sea la forma correcta de grabar, ni siento que esa sea la forma en la que hay que grabar siempre. Cada película llegará con su afán y con su caos a perturbar las vidas de todos.

Natasha Jaramillo (Paula) en una de las locaciones elegidas para realizar el rodaje de la película. Foto: Producción Matar a Jesús

Natasha Jaramillo (Paula) en una de las locaciones elegidas para realizar el rodaje de la película.
Fotografía: Producción Matar a Jesús

 «A pesar de que mis cortos son como mis hijos,
esta película definitivamente es muy íntima, 
y yo soy responsable de todos los aciertos 
y desaciertos dentro de ella»

¿Cómo se pensó la narrativa de la película?

Hay muchos directores que hacen películas con la idea de explorar el lenguaje cinematográfico y que esa exploración sea más desde la narrativa para construir ciertos imaginarios. En Matar a Jesús el objetivo era ese, el de construir una historia. Contar una historia dolorosa y dura. Alguien me preguntaba por qué había escogido la narrativa de una estructura clásica, y yo respondí diciendo que esa era la estructura que yo consideraba como la que más se parecía a la vida. Uno va un día por ahí y de repente le matan al papá, y no hay oportunidad de devolver el tiempo. Para mí esta película, a pesar de que tiene ese lenguaje exploratorio con la cámara donde la ciudad está presente incluso cuando está desenfocada, es consistente en la idea original de contar una historia de manera sencilla.

¿Cómo diría usted que retrató a Medellín?

Yo un día que estaba viendo locaciones, porque yo estuve como dos años buscándolas, me di cuenta de que todo se trataba de un proceso de reedificar lo que yo ya había visitado. Yo me acuerdo que un día estaba esperando el metro en la estación Hospital y mirando para afuera, me puse a pensar que no me iba a alcanzar la vida para contar todo lo que quería contar. Entonces intenté por lo menos que la película fuera una excusa para retratar lugares que siempre me habían interesado. Hay que decir que Matar a Jesús es una película muy sucia también, y yo ahí encuentro belleza.

No es una película donde se muestra esa idea del desarrollo paisa o la de la Medellín Innovadora. Nada de eso. Esta es la Medellín que finalmente termina siendo un gran barrio, porque al final todos somos la misma mierda. Por ejemplo, hay partes de la vida, como en el universo de Jesús, que suceden en Villatina y que luego pasan en el siguiente plano a desarrollarse en el Barrio París. ¿Y quién va a decir que las dos no son Medellín?, ese es el mismo barrio. Las fronteras son mentales.

¿Qué piensa de aquellos a los que no les gusta ver reflejada esa realidad en las pantallas del cine?

Me parece más complejo aún que a la gente le dé pena que hablemos de violencia, pero al fin y al cabo si la función del cine fuera la de vender a un país, no creo que pueda ubicarse entonces en el contexto de las artes. La función del cine no es esa. La función del cine, entre muchas otras, es la de confrontar, la de remover, la de generar preguntas. Finalmente lo más autobiográfico de esta película es el dolor y esa desconexión que uno sufre con la vida, pero además ese hecho de un Estado que es ausente y de una sociedad que es indolente.

«La única manera de sacar una película adelante
es sintiendo que hacerla es una necesidad.
Que es una necesidad que supera cualquier inseguridad.
Yo sentía que si yo no hacía esta película, me moría.
La cosa era de vida o muerte»

¿Cómo fue el proceso de financiación de Matar a Jesús con los fondos cinematográficos?

Las películas acá en Colombia son financiadas por el FDC, que es el Fondo por el Desarrollo Cinematográfico. Gracias a ese fondo existe el cine como lo conocemos hoy. Entonces, primero que todo, hay que apuntarle a la categoría del FDC de escritura de guión, o si ya se tiene la idea para un corto, apuntarle a la categoría de cortos. Yo por ejemplo, me gané el del corto primero que todo. Después empecé a preparar la escritura y dije listo, esto es una película, entonces lo mandé a la categoría de guión. Ya dos años después, cuando creía que el guión estaba listo, me presenté al FDC en la modalidad de producción, es decir, ya la plata para hacer la película. Pero esa plata no me alcanzaba para hacer la película, entonces por eso, con los coproductores argentinos, aplicamos al fondo Ibermedia, que es un fondo cinematográfico únicamente para productores de diferentes países Iberoamericanos. O sea que yo, con un proyecto solo colombiano, no me podía presentar a Ibermedia; debía tener un coproductor de algún país iberomamericano.

Ese fondo lo ganamos y después apuntamos al INCAA. Y a pesar de que ha sido un ejemplo a seguir para el FDC colombiano, el INCAA tiene más plata. Ese también lo ganamos y con él hicimos ya toda la post-producción de la película. Pero lo primero que hay que hacer cuando uno tiene un proyecto es concursar. En Colombia todavía no hay una industria que tenga fondos de inversión privados como los de Hollywood. Nosotros todavía dependemos de los fondos públicos. Pero una cosa que es muy bonita en Colombia y en los otros países es que cada vez que tú vas a cine, a ver la película que sea, un porcentaje de esa boleta va para el fondo. El año pasado Colombia fue uno de los países de Latinoamérica donde más subió la asistencia a cine. Entre más gente vaya a cine, más vamos a tener plata para hacer películas.

¿Cómo sobrellevar los dilemas comerciales de la película?

Uno va aprendiendo cómo se mueve la industria. Muy posiblemente después de Matar a Jesús también yo esté más incluida en ciertas decisiones y ya los agentes de venta sepan que yo sé más de la industria. Pero también es verdad que muchas cosas no las sabía y las he terminado aprendiendo. La industria de los festivales es gigante. Eso también es comercio, es la capitalización de un producto. Es importante entenderlo.

Yo me he dado cuenta de que soy una obsesiva, porque si yo pudiera ser como Kubrick, que diseñó él mismo los sets de sus películas, lo sería. Te lo juro. Y eso me ha costado, me ha sacado canas, pero por otro lado creo que también termina siendo una virtud para quien quiera ser director, porque al fin y al cabo ese tipo de deseos son los que lo impulsan a uno a luchar por las ideas propias.

¿Qué le diría a esos realizadores jóvenes que tienen una idea, pero que no saben por dónde empezar?

Yo lo único que les digo es que la única manera de sacar una película adelante es sintiendo que hacerla es una necesidad. Que es una necesidad que supera cualquier inseguridad. Yo sentía que si yo no hacía esta película, me moría. La cosa era de vida o muerte. Pero te aseguro que así se sintió Ciro con su primera película, Víctor con Rodrigo D., y César con La Tierra y la sombra. Son necesidades, necesidades tan obstinadas que ningún obstáculo las puede vencer. La única manera de sacar una película adelante es con una determinación sin límites. Porque sí es un camino muy duro, de muchos rechazos y de muchos golpes. También se debe tener presente esa frase que es “hacer una película es demasiado difícil. Hacer una buena película es un milagro”. Ya sabemos que es difícil, entonces si pasa lo otro, es un milagro.

*Estudiante de segundo semestre de Periodismo.

 

 

 

Siete cabezas: la historia de un Apocalipsis interior

Este jueves 19 de octubre llega a salas del país el segundo largometraje del director de “El Páramo”, Jaime Osorio Márquez.

Por Iván D. Álvarez Tamayo
La película Siete Cabezas se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Varsovia, que se realiza desde 18 hasta el 20 de octubre de 2017. Imagen tomada del boletín de prensa de la película Siete Cabezas.

La película Siete Cabezas se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Varsovia, que se realiza desde 18 hasta el 20 de octubre de 2017. Imagen tomada del boletín de prensa de la película Siete Cabezas.

¿Usted sabe que el apocalipsis no habla de algo que va a pasar? Habla de algo que ya pasó, y que va a pasará una y otra vez, hasta que el hombre deje de existir… ¿Qué tiene que ver Marcos en esto? Marcos es el hijo del hombre y la bestia al mismo tiempo, dos cuerpos en uno, la batalla entre el bien y el mal, y esa batalla va a continuar hasta que uno de los dos se sacrifique. 

El fin de la vida y la tranquilidad, la llegada de la muerte y el caos, los problemas de la naturaleza a causa de los humanos y la naturaleza de los problemas humanos; esta arriesgada propuesta promete sumergir al público colombiano en una experiencia visual y personal que experimenta con géneros poco explorados por los cineastas nacionales: el drama y el suspenso psicológico.

Precisamente saliéndose de la corriente, Jaime Osorio alcanzó la fama internacional hace seis años. El éxito de su opera prima “El Páramo” se debió, entre otras razones, a la impactante mezcla entre el terror y la locura a la que se enfrentan un grupo de soldados enviados a recuperar una base hostigada por la guerrilla. Por su parte, en Siete Cabezas, continúan la oscuridad y la perturbación que caracterizaron su primera obra, pero el terror da paso a una más profunda exploración psicológica. “No me interesaba hacer otro ejercicio del mismo género. Sí, quería hacer algo inquietante, pero no dentro de los parámetros del terror formateado y normal. La ambivalencia de Marcos entre lástima y terror era algo que quería explorar”, explicó Osorio.

Marcos

Desorden de identidad de la integridad corporal, así denomina la psiquiatría a lo que padece Marcos, personaje principal de esta historia, quién a pesar de su timidez es el encargado de transmitir al espectador la visceral e intensa carga de su drama interno. Alexander Betancur, para quien Marcos representa su primer protagónico en el celuloide, nos describió a este peculiar guardián de la vida.

“Marcos, por el matoneo que sufrió desde niño, se aísla trabajando como guardaparques en un resguardo en el que no va a encontrar a nadie. Estaba allí por la tranquilidad, por la soledad, siempre con el conflicto entre el bien y el mal. No es que sea malo con los demás, su conflicto es consigo mismo. Es de una familia cristiana, entonces desde pequeño tiene su conflicto mezclado con las creencias de la familia. Cuando la gente se vuelve fanática de la religión, empiezan a ver en el otro al demonio. Es alguien que se considera a sí mismo un granito de arena para el apocalipsis, así que el título del filme es un pequeño abrebocas del personaje”.

De ahí que uno de los riesgos que planteaba el guion escrito por el propio Jaime Osorio, era atrapar al espectador a través de un personaje profundamente encerrado sobre sí mismo, motivo por el cual este realizador se involucró desde el principio en la escogencia del intérprete.

“Siempre parto de que sea un buen actor, pero esta vez también partí desde lo físico. El personaje de Marcos tenía que tener una fortaleza física por su trabajo y por lo que queríamos que generara: inquietud y temor. Pero por otro lado, tenía que ser una persona profundamente frágil, para que el espectador pudiera sentir empatía y compasión, así que escoger un actor de quien pudiera dar por sentada su capacidad actoral y me permitiera concentrar en lo físico no era fácil, hasta que encontré a Alex”, afirmó.

Sin embargo, el mismo Alexander reconoce que parte del personaje es resultado del trabajo conjunto con Osorio.

“Comenzamos trabajando desde lo corporal, desde la mirada, desde el cómo se relaciona, desde lo psicológico, desde la voz. Cierta timidez, cierta prevención, el no mirar directamente a los ojos, Marcos siempre está escondiendo algo con su cuerpo, no mira directamente, no se relaciona bien. Todas esas características son el resultado del trabajo junto a Jaime”.

Jaime

Poco a poco, Jaime Osorio Márquez ha ido posicionándose como uno de los directores colombianos de mayor proyección. El éxito de “El Páramo” le significó tener un agente en Hollywood, al que incluso se ha dado el lujo de rechazarle algunas propuestas de grandes productoras norteamericanas, “me han enviado muchos guiones, pero no he trabajado con ellos porque no me ha interesado lo que me han mandado: películas de terror muy normales, muy formateadas”.

Asimismo, Alexander Betancur reconoció la admiración que le despertó la forma de trabajo del cineasta caleño luego de trabajar conjuntamente en Siete Cabezas.

“Jaime es un gran director, por algo es el único que trabaja el género en el país. Es un muy buen director de actores. Muy meticuloso. Con él se trabaja como la filigrana: ahí, poco a poco, no te deja pasar una; pero te escucha, te deja proponer. Me llamó la atención la intensidad que tiene para trabajar. Me cuadró ensayos todos los días, reuniones todos los días, me puso tareas, me pasaba información sobre el desorden del personaje. Llegué a rodar con la seguridad de haber hecho un trabajo anticipado. Es muy disciplinado, eso me gusta mucho. Es de esos directores que se preocupan por el cine. De hecho algo me queda de él como una prédica: hay que ensayar, hay que llegar al rodaje con el personaje, no a ver qué pasa. Fue un trabajo muy bonito, edificante para mí como actor”.

Por otro lado, aunque Osorio afirma que no busca dejar mensajes con sus películas, sí reconoce que en ellas está todo lo que le interesa, lo que reflexiona y su visión sobre Colombia y el mundo.

“Digamos que tengo algo de social. Soy consciente de la desigualdad social de Colombia, pienso que es el problema más grande del país y la base social del conflicto. De eso se trató El Páramo. Los problemas no son los que se señalan tan fácilmente: la guerrilla, el narcotráfico. No son el enemigo número uno de una sociedad predeterminada. Hay un cimiento que genera todo eso y es la inequidad social. En Siete Cabezas no toco el tema porque es el paso siguiente: el pesimismo, la desazón. El problema ya no es cómo nos relacionamos obreros y patronos, cómo nos tratamos los humanos. El problema ahora somos los humanos. De lo que se trataría ahora no es de mejorar las condiciones de los humanos, sino de la biosfera. Somos 7.000 millones y en 20 años seremos más de 9000. Entonces el problema es entender que lo que le sucede a la biosfera, y a las otras especies, no es menos importante que lo que nos pase a nosotros. Ahí soy un poco pesimista sobre el ser humano”.

El Chingaza

Esa pérdida de esperanza se refleja en una experiencia visual ofrecida por un tesoro ecológico nacional. El Parque Nacional Natural Chingaza fue el escenario escogido para narrar esta penetrante historia. Las húmedas, friolentas y nebulosas condiciones climáticas de este refugio de vida no solo complementan la trama psicológica, además, marcan una continuidad con “El Páramo”, algo que confirmó el propio Jaime Osorio.

“No lo había considerado pero en ambas hay una línea común: la idea de encerrar a los personajes en espacios abiertos. Se trata de indagar profundamente en los personajes, que se expongan y que lo que salga sea lo peor, no encontrar muchas cosas buenas adentro. En Siete Cabezas, el parque natural representa un refugio de vida, mientras el mundo humano se destroza y se desmorona, y Marcos es el guardián de este refugio, de la vida. El camino va del refugio de la vida, al caos”.

Además, el manejo de la lluvia, la noche, el frío, la oscuridad y especialmente la neblina amplifican las emociones transmitidas al espectador.

“La neblina contribuye a encerrar a los personajes en sí mismos. Existe la posibilidad de que haya un mal exterior, alguien o algo ocultándose. Pero lo que hace finalmente es confrontarlos a ellos mismos, es decir, la maldad termina estando dentro. Los personajes van a buscar la fuente de la enfermedad, qué es lo que está mal, van al lugar más virgen a buscar esa respuesta, van a buscar la fuente de la muerte y ¿Qué es lo que se encuentran? A ellos mismos”, concluye Osorio.

Los sonidos de Ciro Guerra

El abrazo de la serpiente, la primera película colombiana nominada a los Óscar, se destacó desde un principio por su alto nivel de producción audiovisual. De la Urbe habló con su director acerca de la importancia del sonido y la música en sus producciones.

Por Andrea Arboleda Yarce – arboledayarce@gmail.com

La música es considerada por algunos directores de cine como un elemento importante al momento de realizar sus producciones cinematográficas. Nascuy Linares es el compositor de la música en El abrazo de la serpiente y Ciro Guerra habla de la composición musical para esta película. ¿Es la música el pilar central en las producciones audiovisuales Colombianas? Ciro responde: