Entrevistas

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“La única manera de sacar una película adelante es sintiendo que hacerla es una necesidad”: Laura Mora, directora de ‘Matar a Jesús’

"Matar a Jesús", película dirigida por Laura Mora, pone en pantalla una Medellín a la que se le desdibujan las fronteras. Con reconocimiento a nivel internacional, la obra prima de Mora ha participado en los festivales de San Sebastián y Palm Springs. En Colombia, el largometraje se llevó el Premio del Público en el Festival Internacional de Cartagena de Indias (Ficci), en marzo de 2018.

aura Mora durante el rodaje de una de las escenas en las que el padre de Paula, José María, se encuentra dando clase.

Laura Mora durante el rodaje de una de las escenas en las que el padre de Paula, José María, se encuentra dando clase.       Fotografía: Producción Matar a Jesús.

Por: Luisa Fernanda Orozco*

Matar a Jesús es la historia de Paula, una estudiante de artes de 22 años cuyo padre es asesinado una tarde mientras ambos volvían en carro a su casa. La protagonista logra ver desde la distancia a Jesús, el joven sicario que perpetúa el homicidio, pero aun así ella decide continuar con el proceso legal que le ofrecen las autoridades. Sin embargo, después de darse cuenta de que el caso de José María quedará impune, Paula comienza a acercarse más a Jesús luego de verlo por segunda vez en una fiesta, planteándose la posibilidad de cobrar venganza por mano propia en medio del panorama de una Medellín visceral e imponente, de una Medellín que es un gran barrio.

Laura Mora estudió cine en Australia. Realizó los cortometrajes West, Brotherhood, y Salomé, entre muchos otros, cuyo reconocimiento se dio a nivel nacional e internacional. Dirigió también la segunda unidad de la serie de RCN Escobar, el patrón del mal, y el pasado ocho de marzo lanzó su último trabajo cinematográfico, Matar a Jesús, siendo esta una película que refleja eventos íntimos que marcaron su vida, pues como le sucedió a Paula dentro de la trama, el papá de Mora también fue asesinado.

Aunque la directora nunca conoció al responsable del crimen, 
sí soñó una noche de 2006 con que, sentada en un mirador,
él se le acercaba y le decía “yo me llamó Jesús y yo maté a su papá”

Laura comenzó entonces a plasmar en el papel su historia y fue tejiendo poco a poco los personajes dentro de ella. Y a pesar de haber pensado durante un tiempo que no iba a volver a escribir, pues sentía que  su talento se lo había llevado la muerte de su padre, Mora decidió llevar a cabo su proyecto, cuyo proceso de realización se dio a través de los años, rodeado de muchos sacrificios.

¿Lo que veremos en Matar a Jesús es propio de un dilema venganza-reconciliación?

Yo no sé si es reconciliación. A mí las palabras reconciliación y perdón me asustan mucho porque son de un origen más bien religioso y yo siento que son muy íntimas. A mí no me pueden pedir que perdone a la persona que mató a mi papá, porque no puedo, pero lo que yo quiero dejar claro es que a mí no me interesa ser violenta. Igual yo creo que hay veces en las que imponerle eso a la sociedad es muy fuerte, pero lo que pasa es una cuestión de seguirnos matando o parar. Tenemos que empezar a ver cómo podemos contener ese sentimiento de venganza a pesar de que sea de todas formas muy humano. A mí cuando me pasó ese suceso en la vida, sentía que era capaz de matar. Yo era una bala perdida igual que ese sicario.

No sé entonces si la película sea hablar sobre la reconciliación. Yo creo que es más sobre lo que pasa cuando existe la posibilidad de encontrar similitudes de humanidad en el victimario, en el enemigo. Hace poquito leí un texto que me impactó mucho, y decía que el miedo de acabar una guerra también radica en la posibilidad de dejarnos seducir por el enemigo. Y seducir no en el término erótico, sexual, o amoroso, sino dejarnos seducir por la ideas del enemigo. ¿Qué pasa, por ejemplo, si el enemigo tiene razón? Eso debe dar mucho miedo, pero es una realidad que debe enfrentarse. Al final tanto esos jóvenes victimarios, como los que hemos padecido una pérdida profunda, somos de alguna manera manipulados por el aparato criminal, y ese aparato se está alimentando constantemente de nosotros para terminar saliendo a la sociedad en forma de jóvenes que empuñan armas.

¿Cuándo comenzó usted a dar los primeros pasos hacia la película?

Cuando yo me di cuenta que esos textos tan desordenados que yo tenía, esas conversaciones con Jesús, se fueron convirtiendo en la necesidad de hacer una película. Digamos que yo ahí tenía que sucumbir en esa rigurosidad que exige la escritura, y eso también demanda tiempo y plata. Incluso desde antes de que nos ganáramos el Fondo de Escritura yo ya había empezado a trabajar con Alonso, y aunque a veces nos viéramos por Skype, los dos entendimos que la dinámica era más que yo fuera para que pasáramos mucho tiempo juntos.

Yo en ese momento vivía en Bogotá y me salían sobre todo trabajos en comerciales. Entonces lo que yo hacía era aprovechar esas oportunidades para poder sustentar económicamente mis viajes de escritura, que eran muy intensos, muy largos, y no tenía cómo más responder por ellos. Mis primeros largometrajes fueron cuando yo estaba muy joven y cuando yo contaba de pronto con más apoyo económico, pero yo llego a este largo con 37 años, estando por fuera de la comodidad del sustento familiar desde hace bastante tiempo. Eso me exigía trabajar mucho para poder sustentar estos viajes en los que yo me veía con Alonso, que a veces eran de una semana o que a veces eran de tres semanas. Después yo volvía a la intimidad de mi casa con todas esas notas recogidas, con demasiados pensamientos y con la vida revuelta.

Escena en que Paula (Natasha Jaramillo) y Jesús (Giovanny Rodríguez) se conocen.  La directora cuenta que fue un taxista el que le propuso al barrio "Regalo de Dios" como lugar adecuado para hacer el rodaje, luego de que ella se lo imaginara en sueño años atrás Foto: Producción Matar a Jesús

Escena en que Paula (Natasha Jaramillo) y Jesús (Giovanny Rodríguez) se conocen. La directora cuenta que fue un taxista el que le propuso el barrio Regalo de Dios como lugar adecuado para hacer el rodaje, luego de que ella se lo imaginara en sueño años atrás
Fotografía: Producción Matar a Jesús.

«Llegué a la conclusión de que esta era una película
demasiado dura de hacer. Al fin y al cabo era sobre una vida vivida,
sobre unas experiencias recogidas
y sobre una madurez»

Usted pasó un tiempo en Bogotá realizando otros proyectos audiovisuales, ¿por qué decidió dejar la capital y devolverse para Medellín?

Después de Escobar hice un proyecto que se suponía iba a ser un tv movie, por eso lo acepté. Era sobre la toma del palacio de justicia, un tema político que a mí me inquietaba un montón. La productora El Laberinto, en asociación con Caracol TV, fue la que le dio inicio al proyecto. Cuando ellos vieron uno de mis cortes de edición me dijeron que estaba muy bien pero que era demasiado cinematográfico. Yo pensé que eso era un piropo, pero claramente no lo era. Ellos decidieron después hacer un corto que terminaría siendo mi primera película, pero obviamente yo dejé con él sangre, sudor y lágrimas porque yo siempre he dicho que aunque yo hice ese corto, yo no me hago responsable de él. Hay millones de cuestiones estético-narrativas con las que estoy profundamente en desacuerdo.

Esa obviamente fue entonces una experiencia muy dura, y fue la experiencia que me dijo que era tiempo de dejar Bogotá, porque quedarme era prácticamente prostituirme en pro de ese corto, y eso es lo que nadie ve. Después de ahí dije “no más, voy a trabajar súper duro para hacer la película que yo quiero”. Ahí fue cuando yo decidí concentrarme en ganarme fondos cinematográficos a pesar de que viviera una vida muy precaria hasta lograrlo. A pesar de que mis cortos son como mis hijos, esta película definitivamente es muy íntima, y yo soy responsable de todos los aciertos y desaciertos dentro de ella.

¿Cómo supo que Natasha era la indicada para interpretar a Paula, y Giovanni para interpretar a Jesús?

Con Natasha yo creo que al principio habían unos gestos de ella que me habían cautivado, pero principalmente me enganchó el hecho de que las dos somos un par de peludas. Ese personaje soy yo en muchas cosas e inevitablemente ella era muy parecida a mí en aspectos de su carácter.  Ella no era la típica niña súper femenina, y eso quedó claro cuando la vimos. Ya después cuando hablé con ella me asustó y me maravilló al mismo tiempo. Yo me acuerdo que cuando mi hermano la conoció él me dijo que ella era todo con lo que yo había soñado. De todas maneras yo le llevó quince años a Natasha, pero seguramente si yo hubiera tenido 22 años en esta época estaría parchando con ella.

Y con Giovanny, creo que lo que más me dio pistas fue que cuando él y yo empezamos a hablar en la primera entrevista, él me dijo que quería salir a fumarse un cigarrillo. Yo le dije “listo, vení vamos”. Y cuando fuimos hubo mucho silencio, pero en un momento él se volteó y me dijo “uno a veces se cansa mucho de la vida, ¿no le parece?” y yo me quedé sorprendida porque una de las descripciones que yo tenía del personaje era la de un chico muy joven que a veces se cansaba de la vida. ¡Y él me lo dijo! El universo también va conspirando para que uno encuentre las condiciones correctas.

¿Cuánto se demoró escribiendo el guión?

Pues, digamos que si consideramos escribir el guión desde que yo empecé con la idea, con estos textos, hasta el día en que filmamos la película, son más o menos unos diez años. Igual yo creo que cada cosa tiene sus tiempos justos. Yo realmente nunca le corrí. Me acuerdo que cuando cumplí treinta años me sorprendí, porque pues una piensa que va a llegar a los treinta con su primera película, y eso me pesó un poquito, pero después llegué a la conclusión de que esta era una película demasiado dura de hacer. Al fin y al cabo era sobre una vida vivida, sobre unas experiencias recogidas y sobre una madurez. Yo no me estaba apresurando, yo quería llegar fuerte en muchos sentidos.

¿Cuánto de la película se grabó cronológicamente?

No te podría decir exactamente. Pero todas las escenas dramáticas importantes fueron grabadas en secuencia. Es decir, cuando la película se acaba, con esa escena se acabó el rodaje. Y eso es una sensación muy hermosa. Uno entiende por qué hay directores que luchan por eso. Pero no quiero decir que esa sea la forma correcta de grabar, ni siento que esa sea la forma en la que hay que grabar siempre. Cada película llegará con su afán y con su caos a perturbar las vidas de todos.

Natasha Jaramillo (Paula) en una de las locaciones elegidas para realizar el rodaje de la película. Foto: Producción Matar a Jesús

Natasha Jaramillo (Paula) en una de las locaciones elegidas para realizar el rodaje de la película.
Fotografía: Producción Matar a Jesús

 «A pesar de que mis cortos son como mis hijos,
esta película definitivamente es muy íntima, 
y yo soy responsable de todos los aciertos 
y desaciertos dentro de ella»

¿Cómo se pensó la narrativa de la película?

Hay muchos directores que hacen películas con la idea de explorar el lenguaje cinematográfico y que esa exploración sea más desde la narrativa para construir ciertos imaginarios. En Matar a Jesús el objetivo era ese, el de construir una historia. Contar una historia dolorosa y dura. Alguien me preguntaba por qué había escogido la narrativa de una estructura clásica, y yo respondí diciendo que esa era la estructura que yo consideraba como la que más se parecía a la vida. Uno va un día por ahí y de repente le matan al papá, y no hay oportunidad de devolver el tiempo. Para mí esta película, a pesar de que tiene ese lenguaje exploratorio con la cámara donde la ciudad está presente incluso cuando está desenfocada, es consistente en la idea original de contar una historia de manera sencilla.

¿Cómo diría usted que retrató a Medellín?

Yo un día que estaba viendo locaciones, porque yo estuve como dos años buscándolas, me di cuenta de que todo se trataba de un proceso de reedificar lo que yo ya había visitado. Yo me acuerdo que un día estaba esperando el metro en la estación Hospital y mirando para afuera, me puse a pensar que no me iba a alcanzar la vida para contar todo lo que quería contar. Entonces intenté por lo menos que la película fuera una excusa para retratar lugares que siempre me habían interesado. Hay que decir que Matar a Jesús es una película muy sucia también, y yo ahí encuentro belleza.

No es una película donde se muestra esa idea del desarrollo paisa o la de la Medellín Innovadora. Nada de eso. Esta es la Medellín que finalmente termina siendo un gran barrio, porque al final todos somos la misma mierda. Por ejemplo, hay partes de la vida, como en el universo de Jesús, que suceden en Villatina y que luego pasan en el siguiente plano a desarrollarse en el Barrio París. ¿Y quién va a decir que las dos no son Medellín?, ese es el mismo barrio. Las fronteras son mentales.

¿Qué piensa de aquellos a los que no les gusta ver reflejada esa realidad en las pantallas del cine?

Me parece más complejo aún que a la gente le dé pena que hablemos de violencia, pero al fin y al cabo si la función del cine fuera la de vender a un país, no creo que pueda ubicarse entonces en el contexto de las artes. La función del cine no es esa. La función del cine, entre muchas otras, es la de confrontar, la de remover, la de generar preguntas. Finalmente lo más autobiográfico de esta película es el dolor y esa desconexión que uno sufre con la vida, pero además ese hecho de un Estado que es ausente y de una sociedad que es indolente.

«La única manera de sacar una película adelante
es sintiendo que hacerla es una necesidad.
Que es una necesidad que supera cualquier inseguridad.
Yo sentía que si yo no hacía esta película, me moría.
La cosa era de vida o muerte»

¿Cómo fue el proceso de financiación de Matar a Jesús con los fondos cinematográficos?

Las películas acá en Colombia son financiadas por el FDC, que es el Fondo por el Desarrollo Cinematográfico. Gracias a ese fondo existe el cine como lo conocemos hoy. Entonces, primero que todo, hay que apuntarle a la categoría del FDC de escritura de guión, o si ya se tiene la idea para un corto, apuntarle a la categoría de cortos. Yo por ejemplo, me gané el del corto primero que todo. Después empecé a preparar la escritura y dije listo, esto es una película, entonces lo mandé a la categoría de guión. Ya dos años después, cuando creía que el guión estaba listo, me presenté al FDC en la modalidad de producción, es decir, ya la plata para hacer la película. Pero esa plata no me alcanzaba para hacer la película, entonces por eso, con los coproductores argentinos, aplicamos al fondo Ibermedia, que es un fondo cinematográfico únicamente para productores de diferentes países Iberoamericanos. O sea que yo, con un proyecto solo colombiano, no me podía presentar a Ibermedia; debía tener un coproductor de algún país iberomamericano.

Ese fondo lo ganamos y después apuntamos al INCAA. Y a pesar de que ha sido un ejemplo a seguir para el FDC colombiano, el INCAA tiene más plata. Ese también lo ganamos y con él hicimos ya toda la post-producción de la película. Pero lo primero que hay que hacer cuando uno tiene un proyecto es concursar. En Colombia todavía no hay una industria que tenga fondos de inversión privados como los de Hollywood. Nosotros todavía dependemos de los fondos públicos. Pero una cosa que es muy bonita en Colombia y en los otros países es que cada vez que tú vas a cine, a ver la película que sea, un porcentaje de esa boleta va para el fondo. El año pasado Colombia fue uno de los países de Latinoamérica donde más subió la asistencia a cine. Entre más gente vaya a cine, más vamos a tener plata para hacer películas.

¿Cómo sobrellevar los dilemas comerciales de la película?

Uno va aprendiendo cómo se mueve la industria. Muy posiblemente después de Matar a Jesús también yo esté más incluida en ciertas decisiones y ya los agentes de venta sepan que yo sé más de la industria. Pero también es verdad que muchas cosas no las sabía y las he terminado aprendiendo. La industria de los festivales es gigante. Eso también es comercio, es la capitalización de un producto. Es importante entenderlo.

Yo me he dado cuenta de que soy una obsesiva, porque si yo pudiera ser como Kubrick, que diseñó él mismo los sets de sus películas, lo sería. Te lo juro. Y eso me ha costado, me ha sacado canas, pero por otro lado creo que también termina siendo una virtud para quien quiera ser director, porque al fin y al cabo ese tipo de deseos son los que lo impulsan a uno a luchar por las ideas propias.

¿Qué le diría a esos realizadores jóvenes que tienen una idea, pero que no saben por dónde empezar?

Yo lo único que les digo es que la única manera de sacar una película adelante es sintiendo que hacerla es una necesidad. Que es una necesidad que supera cualquier inseguridad. Yo sentía que si yo no hacía esta película, me moría. La cosa era de vida o muerte. Pero te aseguro que así se sintió Ciro con su primera película, Víctor con Rodrigo D., y César con La Tierra y la sombra. Son necesidades, necesidades tan obstinadas que ningún obstáculo las puede vencer. La única manera de sacar una película adelante es con una determinación sin límites. Porque sí es un camino muy duro, de muchos rechazos y de muchos golpes. También se debe tener presente esa frase que es “hacer una película es demasiado difícil. Hacer una buena película es un milagro”. Ya sabemos que es difícil, entonces si pasa lo otro, es un milagro.

*Estudiante de segundo semestre de Periodismo.

 

 

 

“Las autoridades ambientales no están a la altura de las necesidades”: Tatiana Roa Avendaño

A Tatiana Roa Avendaño, ambientalista y aprendiz de jardinera, sus padres le enseñaron “a amar la tierra, los paisajes, los caminos de piedra; a respetar las manos fuertes y la sonrisa humilde de la gente campesina, a nadar en los ríos, a gozar de un lindo atardecer, a disfrutar las ricas comidas campesinas, a respetar la vida; nos dieron lecciones de justicia y equidad”, dice en la presentación que hace de sí misma en un blog (Hojas al viento) en el cual publica reflexiones sobre su trabajo sistematiza y archiva la información que produce.

Fotografía: Cortesía Censat Agua Viva

Fotografía: Cortesía Censat Agua Viva

Estefanía Ocampo García                 –          Yudy Alejandra Ocampo Lopera
estefania.ocampog@udea.edu.co      –          yudy.ocampo@udea.edu.co
Estudiantes de Comunicación Social – Periodismo

Tatiana es, sobre todo, una campesina boyacense. Desde muy pequeña, encontró placer en construir su vida a partir de experiencias entre montañas, ríos, bosques, comunidades y territorios campesinos. Sus padres han sido los principales responsables de que ahora Tatiana, o Tatica como le dicen por cariño, se haya convertido, primero, en una amante de la naturaleza y, ahora, en una de las voces más relevantes del país sobre problemáticas medioambientales.

Ingresó a la universidad sin pensar que la carrera en la que se inscribió también la impulsaría a defender el medio ambiente. Estudió Ingeniería de Petróleo en la Universidad Industrial de Santander, carrera de la que se graduó por la insistencia de su familia, pero que también le ayudó a construir argumentos en su activismo como ambientalista. Es una ingeniera de petróleos antipetrolera o, como ella dice, pospetrolera.

Hace 27 años Tatiana es la coordinadora del Centro Nacional Salud, Ambiente y Trabajo: Censat Agua Viva, una organización colombiana miembro de la Federación Internacional Amigos de la Tierra, la cual tiene como objetivo el fortalecimiento de la capacidad de acción ambiental y social de comunidades históricamente empobrecidas.

Aunque como ambientalista trabaja sobre todos los temas relacionados con el medio ambiente, uno de sus mayores intereses es la protección de las fuentes hídricas que corren a lo largo y ancho de Colombia, pues está convencida de que “el estado de nuestros ríos refleja el estado de nuestra sociedad”.

 ¿Cuál ha sido su conexión con la naturaleza y por qué la decisión de dedicarse a la defensa de los territorios y las comunidades que los habitan? 

Nosotros, los seres humanos, también somos naturaleza, no somos externos sino que hacemos parte de ella. En términos personales, lo que más me acercó a una sensibilidad ambiental fue la relación con los ríos. Cuando estaba pequeña, mi familia tenía la costumbre de pasar los fines de semana yendo a los ríos, y en ese viaje iba observando cómo, poco a poco, se iban deteriorando, cada vez tenían menos caudal y eran más contaminados. Desde ahí fue creciendo mi sensibilidad frente a la problemática ambiental.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con comunidades en temas de medio ambiente?

Trabajar con organizaciones campesinas, étnicas, indígenas, jóvenes y mujeres es una labor bastante rica en aprendizajes porque a través de esas otras cosmovisiones tienes la posibilidad de acercarte a otros asuntos que, generalmente, no se abordan desde la academia o desde otros espacios más formales.

Desde la postura del Censat, ¿cuáles son las problemáticas ambientales más complejas que se enfrentan hoy en Colombia?

Uno de los dramas que se está viviendo tiene que ver con la pérdida de la biodiversidad, pues cada vez se destruyen más sitios de gran importancia ambiental. Colombia es uno de los diez países más megadiversos del mundo; sin embargo, cada día se pierden importantes ecosistemas. Otro problema tiene que ver con la imposición del modelo extractivo, sobre todo la expansión de la frontera minera y petrolera, que cada día va ganando más espacio, desplazando culturas, paisajes y pueblos que han sido construidos milenariamente. Los procesos de certificación en el país, el deterioro del agua, la contaminación del aire en las ciudades y el hecho de que la mayoría de los municipios están ahogados en la basura, demuestra que en un país tan rico en bienes naturales se está viviendo un desastre ambiental y las autoridades ambientales no están a la altura de las necesidades.

¿Por qué es importante proteger esa biodiversidad que está siendo destruida?

Hay regiones donde antes los investigadores no podían entrar y ahora lo pueden hacer, y están encontrando aún más megadiversidad. Desconocer la biodiversidad, no valorarla ni ponderarla es parte del drama de un país como éste. No podemos existir sin la naturaleza. Los seres humanos somos producto de una coevolución en la que hemos convivido y podido ser gracias a ella; por esta razón, debemos pensar cómo valoramos y le damos un peso importante al agua, a las selvas y a los páramos. La biodiversidad no es simplemente pájaros, aves y plantas; sino, también, esa relación que tienen los seres humanos con la naturaleza: cómo se han valido de ella para sobrevivir, cómo la han transformado; pero, también, cómo ésta nos ha transformado.

¿Qué amenazas están enfrentando en la actualidad los ecosistemas de páramos en Colombia?

Hay muchas amenazas, muchos proyectos mineroenergéticos en los páramos. En Santurbán y el Almorzadero, Norte de Santander y Santander, hay proyectos mineros a cielo abierto o subterráneos. Además, la delimitación de los páramos está restringiendo algunas de las actividades productivas de los campesinos, y hay procesos que llevan a la privatización del agua. La gente está dando peleas muy importantes. En Santander, ya ha habido varias asambleas para poder frenar la delimitación de páramos.

 En el Oriente antioqueño y en particular en Sonsón, se están construyendo varias microcentrales hidroeléctricas cerca de la zona de páramo, ¿cuáles pueden ser las implicaciones de este tipo de proyectos?

El problema de las microcentrales es que, cuando éstas se construyen en función de un interés económico y no para resolver una necesidad de la gente, se acapara gran parte del agua. Las microcentrales se construyen en cadenas o en cascada, cambiando la dinámica natural de los ríos y evitando que la gente pueda acceder a ellos a lo largo de varios kilómetros. Las microcentrales en sí no son malas, muchas comunidades indígenas y campesinas en los municipios, hace muchos años, generaban su propia energía por medio de una microcentral que tomaba una parte del río, pero mantenía la mayoría del caudal. Sin embargo, actualmente, los ríos están muy deteriorados y, además, las cabezas de estos proyectos son empresas que tienen interés en generar mucha energía; entonces, no les importa que el río no tenga el caudal suficiente y que no dejen disponibilidad de agua a la gente. 

¿Qué papel ejerce la resistencia campesina en ese tipo de situaciones?

La gente ha empezado a organizarse porque está perdiendo la autonomía sobre sus aguas, sus vínculos culturales y sociales. Se han dado cuenta de que muchas veces la energía que se está generando ni siquiera es para ellos, y este es un problema principalmente en los sectores rurales, donde la energía es de muy mala calidad. Con el tiempo van viendo que siguen padeciendo lo mismo, incluso empiezan a pagar tarifas más altas. Además, tienen todos los problemas medioambientales de las microcentrales. Es ahí donde el hecho de organizarse les permite construir una voz fuerte para poder interlocutar con las instituciones del Estado o empresas privadas, exigir mejores condiciones o frenar los procesos de las microcentrales.

¿Qué riesgos enfrentan las comunidades que se oponen a las actividades extractivas para defender el medio ambiente?

Colombia es el segundo país del continente con más asesinatos de líderes ambientales, y el tercero en el mundo después de Filipinas y Brasil, según el Global Witness. Ese es un gran problema porque la gente está siendo estigmatizada, amenazada e incluso asesinada, y las autoridades no brindan garantías. Estos procesos no son nada fáciles para la gente, casi siempre dividen las comunidades porque generalmente las empresas o los que promueven estos proyectos ofrecen ciertas condiciones a un sector de la población. Eso genera todos los riesgos de inseguridad que están enfrentando los defensores de la tierra y del ambiente en Colombia.

Decenas de líderes sociales han sido asesinados este año, algunos de ellos ambientalistas, ¿qué piensa al respecto? ¿Se siente amenazada?

Ésta no es una situación nueva; es algo que ha sido recurrente. Cuando se construyó Urrá, la represa que destruyó el río Sinú, en Córdoba, asesinaron a muchos de los líderes indígenas. La intimidación, el asesinato, la desaparición de muchos líderes, es algo que sucede frecuentemente con la llegada de estos proyectos. Son más vulnerables ellos que las personas u organizaciones que acompañamos los procesos, pues las comunidades que viven en los territorios son las que enfrentan las adversidades de los promotores de las represas y también del conflicto armado.

En Colombia, ¿el Estado tiene como prioridad crear políticas para disminuir el impacto ambiental?

No, es todo lo contrario. En Colombia, hay un desplante de la legislación ambiental. Cada vez se desmonta más el sistema nacional ambiental. Hay una flexibilización para promover a los inversionistas. Entonces, creo que hay más bien un deterioro de las obligaciones que debería tener el país para garantizar la conservación ambiental. 

¿Cuál sería el modelo de vida y desarrollo sustentable, amigable con el medio ambiente, que se debería promover para aprovechar los bienes naturales en Colombia?

Debemos pensar en transiciones, particularmente en una transición energética. Es decir, debemos ir pensando cómo cambiar la cultura y las prácticas de las comunidades a medida que vamos implementando ejercicios de soberanía alimentaria y energética. Esto con el propósito de ir transitando hacia una sociedad más armónica con la naturaleza. No hay un solo modelo que se deba implementar, creemos que hay muchas formas que podríamos tomar de uno y otro lado para ir ganando mayores aprendizajes frente a lo que en otras culturas de Europa y Asia se ha podido ganar o recuperar.

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Julio César Osorio, maestro de la guitarra

Este músico es docente del Instituto Tecnológico Metropolitano y hace parte de la banda Tres de Corazón. Quiere hacer un doctorado y grabar un disco como solista.

Julio César Osorio. Foto: Archivo personal Julio César Osorio.

Julio César Osorio. Foto: Archivo personal Julio César Osorio.

Daniela Sánchez Romero – daniela.sanchezr@udea.edu.co

La primera impresión que se tiene cuando uno se halla ante Julio César Osorio —docente y músico—, es la de un hombre autoritario, serio, algo intimidante por esos ojos grandes, con los que mira fijamente a su interlocutor. Su pinta, en cambio, es más desenfadada: acostumbra vestir camisas de manga corta, de cuadros, jeans clásicos y tenis deportivos.

Tiene 39 años, es profesor de producción musical de tiempo completo en el Instituto Tecnológico Metropolitano y de guitarra en la academia Yamaha Musical. Es reconocido por ser el guitarrista de la banda de punk rock Tres de Corazón. Dicen sus estudiantes que, después de esa primera impresión seria, da paso a una simpatía natural.

“Yo empecé en la música desde muy niño”, cuenta, sentado en uno de los jardines del ITM, sede Floresta. “En primaria, había un profesor que llegaba a la clase haciendo ritmo, nos ponía a hacer redondas, negras, y a mí me parecía algo divertido; pero todavía no tenía la inclinación”.

Desde pequeño estuvo rodeado de música, pues sus dos abuelos eran guitarristas. En la adolescencia, quiso estudiar guitarra y empezó a pedirles prestadas partituras a sus compañeros. “Todo muy empírico”, dice, pues en su familia le repetían constantemente: “De la música no se vive, Julio” y a él se le fue grabando esa idea en la cabeza: “Ellos creían que el músico es ese personaje que se va a parar en la 70 a esperar que lo contraten, así de incultos somos y así de alto es el desconocimiento de nuestra cultura musical. Pero resulta que sí hay una carrera que se llama Música y que es tan importante y difícil como cualquiera”.

—Entre tantos géneros, ¿por qué el rock?

—A mis hermanos y a mí nos criaron con música de ‘plancha’ y salsa, que escuchaba mi mamá; recuerdo la salsa vieja, la salsa ‘valija’: Gitana, ¡Oh, qué será!, esa música me parecía maravillosa. Entre el paso de la emisora de salsa y de plancha había una como rockera y que, de hecho, me chocaba bastante y me sonaba horrible. “¡Ahg! Estos rockeros malucos”, decía yo. Un día me llamó mi hermano y me dijo que pusiera Veracruz Estéreo, la puse y estaba sonando una canción de Air Supply que se llama Lonely is the night; la primera vez que la escuché me pareció muy bonita porque tenía todo el espíritu de la plancha, pero con una voz supersónica, un tenor tremendo. Luego, salió Bon Jovi con Living on a prayer y fue la primera canción rockera que me gustó. De ahí,el rock and roll absorbió mi vida.

A pesar de su amor por la música, Julio estaba seguro de que no podía estudiarla en una universidad. Entonces, aprovechó su otro amor, la electricidad: siendo niño, desarmaba VHS, grabadoras y cuanto aparato había en la casa. Al terminar el bachillerato, se presentó a Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Antioquia. Comenzó sus estudios, pero en el segundo semestre se encontró con algunos amigos guitarristas que estudiaban música en la Universidad. Ellos le contaron  las posibilidades laborales que podía tener estudiando un pregrado en Música, no siendo un músico por hobbie. Lo pensó y decidió cambiarse.

—¿Qué dijeron tus papás cuando se enteraron?

—Fue un día difícil, pegaron el grito en el cielo; pero mi papá me dijo lo siguiente: “Vea, mijo, yo solo espero que usted, independientemente de la profesión que escoja, no vaya a ser mediocre; en lo que  se vaya a meter, busque ser el mejor”.

En 2003, Julio se graduó como Maestro en Guitarra, con un concierto en que interpretó Suite N° 4, de J.S. Bach, Suite española, de I. Albéniz, y Suite colombiana No.1, de Gentil Montaña. La presentación duró más de una hora y aún guarda como un tesoro el videocasete.

—¿Cómo te convertiste en docente?

—La docencia apareció cuando era un adolescente: yo tocaba guitarra eléctrica, la gente me veía y querían que les diera clase; pero tomó forma mientras fui estudiante de pregrado en una vacante en el Departamento de Extensión y comencé a enseñar guitarra clásica, en 1998. Me gustaba porque veía gente que disfrutaba la música de una manera parecida a la mía; esa felicidad que le puedo transmitir a través del conocimiento, me parece muy bonita. Fui profesor cuatro años en la Universidad, después renuncié porque me contrató Yamaha Musical, donde todavía estoy trabajando; regresé a la Universidad  como docente en el pregrado y preparatorio hasta el 2009, cuando el ITM me propuso ser docente de tiempo completo.

¿Y el rockero? Como Maestro en guitarra clásica, Julio pudo explorar su faceta de rockero y de docente. Y a través de la guitarra eléctrica,  encontró los escenarios.

—¿Cómo llegaste a ser parte de Tres de Corazón?

—Yo conocía a Pipe [Felipe Muñoz, baterista] desde hace años, pues tocamos juntos en tarima y nos gustaba mucho el heavy metal. En el 2006, después de que Tres de Corazón dio un concierto con Juanes en la calle San Juan de Medellín, Juanes invitó a la banda a hacer una producción de un nuevo disco con Universal Music. La banda eligió grabar en un estudio famoso en Monterrey, México, pero la condición de Juanes era que debían tener un cuarto integrante, así fuera como músico invitado. Entonces, Pipe pensó en mí, sabía de mis habilidades en el rock y mis conocimientos académicos. Ellos esperaban un ‘man nerd’ y llegó otro rockero con la misma energía; desde ese primer día, hubo muy buen acople con el grupo y ya llevo diez años con ellos.

—Es sabido que el público es quien acepta o rechaza los nuevos integrantes de una banda, ¿qué tal fue ese recibimiento?

Fue muy bonito, recuerdo que en el primer concierto muchas personas tenían pancartas. Una decía: “Sebas sos Corazón”; otra: “Pipe sos motivación”;  y la que yo vi: “Julio sos bienvenido”. Sentí que ya la gente me había abierto su corazón.

Tres de Corazón ha sido una banda de triunfos: ganó un Premio Shock en la categoría Mejor Artista Nacional 2007 y mención especial a Mejor Video en el festival Bogoshorts en 2014 con “Dame una alegría”; es reconocida en el gremio rockero de Colombia por canciones como “Qué se yo” y “Por siempre” . En 2015,  crearon la Corporación Cultural Tres de Corazón y trabajan por el fortalecimiento del arte musical en temas como organización de eventos, producción y grabación, entre otros.

“La canción más importante ha sido la que sacamos para el mundial de fútbol  2014 —dice Julio— Colombia adoptó la canción como oficial: la coreaban, la repetían y hasta los jugadores de la Selección se la sabían. El día que llegaron los jugadores a Bogotá, se me acercó Ibarbo y me dijo que iba a cantar conmigo en tarima, yo le dije que no se la sabía y él comenzó a cantarla. Fue un momento bonito porque es muy valioso saber que tu trabajo inspira a esas personas que muchos consideran héroes”.

Hace un par de años, Julio terminó una maestría en Dirección Estratégica en la Universidad Internacional Iberoamericana de Puerto Rico. Y ahora piensa en la posibilidad de un doctorado.

—¿Qué planes hay a futuro?

—Hay planes inmediatos, los quince años de Tres de Corazón: vamos a sacar un disco doble que implica mucho trabajo de grabación, arreglos y composición. Otro objetivo que tengo es seguir visitando el NAMM Show, que es la exposición más grande del mundo de marcas de música,  instrumentos y  software. En enero tuve la oportunidad de estar en Anaheim, California, donde se realiza y se tiene la posibilidad de aprender acerca de nuevas tecnologías y compartir con artistas de gran renombre internacional.

Desde las aulas del ITM, Julio continúa demostrándole al mundo que la música mueve corazones, mueve pasiones y mueve vidas. Dentro de sus sueños, también está la grabación de un disco como solista: “Quiero publicarlo. Sé que no se venderá mucho, posiblemente solo mis tíos lo compren, porque es un disco de una música que no es nada comercial, pero ojalá lo pueda sacar este año”.

Se ríe. Toma agua. Mira su reloj. Ya es hora de entrar a clase.

Lina Uribe: una mirada a la criminalidad en Cali

Sentada a la sombra, como cualquier otro asistente, Lina Uribe conversaba con su colega y amiga Lina Álvarez; las dos periodistas caleñas estaban en Medellín como finalistas del Premio Gabo 2017, categorías Cobertura e Innovación. El viernes 29 de septiembre, en el Jardín Botánico de Medellín, Uribe subió a recibir el galardón.

Fotografía: archivo personal de Lina Uribe.

Fotografía: archivo personal de Lina Uribe.

Jessica Marcela Castañeda Gómez
Estudiante de Periodismo
marce-024@hotmail.com

En esta edición del Premio se recibieron 1.383 postulaciones y cada uno de los ganadores recibió 33 millones de pesos. “El mapa de la muerte: quince años de homicidios en Cali”, el trabajo ganador con el que ganó equipo de cinco periodistas de El País, es un especial multimedial diseñado para mostrar cómo Cali se convirtió en un infierno en el que durante quince años murieron casi 27.000 personas de forma violenta. A decir de los jurados, “este trabajo demuestra que, en medio de un contexto social complejo, la crisis de la prensa y de los retos de la transición tecnológica, el periodismo se reafirma como un espacio de reflexión y comprensión de los ciudadanos”.

 ¿En qué consiste este Mapa de la muerte en Cali? ¿Son meras cifras? ¿Hay historias?

Lo que tratamos de hacer fue un resumen o una radiografía de los últimos quince años en la ciudad, del 2000 al 2015, y contar cuántas personas habían sido asesinadas en ese lapso, que fueron más de veintiocho mil. Además de consignar una cifra, queríamos hacer un trabajo de periodismo de datos donde pudiéramos aterrizar esas cifras y contarle a la gente cuáles eran los barrios más violentos, cuál era la hora más violenta, el rango de edad en el que más asesinaban a las personas, hacer gráficos, mapas, videos en 360 grados. También contar las historias de algunos de los jóvenes que habían muerto. Recurrimos a sus familias, que nos contaban cómo habían sido desde niños, por qué los habían asesinado. Muchos de ellos eran inocentes, jóvenes promesas del fútbol que, por cruzar una calle o un barrio aledaño, los mataron. Había que mostrar todo ese panorama para que en Cali y en todo el país tomáramos conciencia de que nos estamos matando y que hay que hacer algo para frenar esa violencia.

¿Cómo inició el proyecto?

Teníamos los informes que hace el Observatorio Social de la Alcaldía. Lo que hace el Observatorio es recopilar los informes de la Policía y otras entidades que tienen cifras de homicidios en la ciudad y entregar un informe general, año a año, de cuántas personas han sido asesinadas. Recopilamos esos quince informes anuales y analizamos esos datos para que no quedaran como cifras independientes: no decir, simplemente, este año mataron a tantos, sino en quince años murieron tantos y además esas personas tenían una historia, cuáles fueron los motivos por los que fueron asesinados.

 ¿Cuánto demoró la investigación?

Nos tardamos cerca de dos meses, entre finales de septiembre y noviembre. Hasta ahora ha sido el especial multimedia más visitado del periódico, desde que se empezaron a sacar estos especiales.

¿Cuánto invirtieron en el proyecto?

Lo que pasa es que ese es un trabajo de periodismo de datos y lo bueno del periodismo de datos es que es gratis. Los datos están disponibles al público y lo que uno tiene que hacer es tener la inteligencia y la capacidad de la información para saber qué hacer con ellos. Además, nosotros éramos nómina fija de un periódico, no nos pagaron nada adicional. No hubo un presupuesto para ese proyecto y tampoco hubo que comprar información ni comprar equipos. Nada, porque ya todo lo teníamos.

En el desarrollo del proyecto, ¿qué fue lo que más la marcó?

Yo estuve a cargo de hacer varias historias de jóvenes que habían sido asesinados y de una crónica del barrio más violento de Cali. Me marcó hablar con las familias de los jóvenes, porque así ellos hubieran sido drogadictos, ladrones o lo que sea, para las mamás eran sus hijos y los amaban. Entonces revivir todo ese dolor fue muy conmovedor. Cuando hice la crónica del barrio había, por supuesto, un ambiente muy hostil, pero también me di cuenta de que en ese barrio la misma comunidad está haciendo cosas para alejar a los jóvenes de la violencia. Arman partidos de fútbol entre pandillas y ya en el campo de juego no son enemigos sino que son el mismo equipo, por ejemplo. Me llamó la atención eso, que hubiera esfuerzos a partir de la misma comunidad para salir adelante, y que no estuvieran sentados esperando a que la Policía, la Alcaldía o la Fiscalía les solucionen los problemas.

¿Qué es lo más difícil de cubrir el tema de la violencia en Cali?

Es riesgoso meterse a los barrios. Siempre hay que entrar con líderes comunales, porque la gente nota que uno no es del barrio y se pone alerta. Piensan que de pronto es un infiltrado o un policía de civil. Entonces, lo primero que hay que hacer en este tipo de reporterías es conseguir el contacto de los líderes comunales; ya cuando uno entra con ellos, la gente distingue el líder y no hay ningún lío.

¿Qué significa para usted este premio?

Con este trabajo, ya nos hemos ganado dos premios de periodismo en Cali, uno organizado por la Alcaldía y otro interno organizado por el periódico El País. A mí este tipo de reconocimiento me motiva mucho para seguir con mi carrera, porque de verdad es una gran pasión. Me gusta mucho ser periodista, trabajar con la gente y escribir. Entonces es gran motivación para seguir para que las cosas mejoren y podamos lograr lo que todos queremos, un país en paz o al menos una ciudad en paz, un barrio en paz, un hogar en paz.

Sylvia Colombo: “El buen periodismo es el que ilumina una situación y la aclara para el espectador”

Sylvia Colombo disfruta de la literatura, de nadar en aguas abiertas y, sobre todo, de desarrollar la reportería con una mirada crítica que le permita entregar al lector información veraz, libre de ambigüedades. Brasileña, periodista desde hace veinticinco años, Colombo desarrolló estudios de Historia en la Universidad de São Paulo y recibió la beca Knigt Wallace para periodistas de la Universidad de Michigan.

Sylvia Colombo, periodista brasilera, residente en Argentina e invitada al Premio Gabo 2017.  Fotografía: tomada de internet

Sylvia Colombo, periodista brasilera, residente en Argentina e invitada al Premio Gabo 2017.
Fotografía: tomada de internet

Mariana Palacio
Estudiante de Periodismo
mariana.palacio@udea.edu.co

En los últimos años se especializó en política y cultura. Ha tenido la posibilidad de estar en diferentes lugares del mundo: Antártida, Estados Unidos, Las Malvinas y otros lugares de Latinoamérica. Fue corresponsal en España e Inglaterra, labor que le permitió entrevistar a personajes como Ian McEwan, Paul Auster, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Rod Stewart, Julio Iglesias y Bono, entre otros.

Colombo es reportera del diario Folha de São Paulo y corresponsal en la región para medios europeos. Dice que el periodismo le ha permitido crecer como ser humano, conocer muchas historias de vida que han colaborado para que ella quiera explorar la escritura literaria: “En algún momento de mi vida proyecto hacer un libro sobre las personas con las que conversé, anónimos, en ese recorrido por el interior de Latinoamérica”.

Joe Sacco decía que confiar en sus instintos era su forma de resistencia al iniciar en el mundo del periodismo. ¿Cuál cree que es su resistencia?

Creo que gran parte de los periodistas sienten, al principio, que va a ser imposible que alguien te diga cosas solo porque quieras saberlas. Abrir su casa para recibirte, contarte su historia, su drama familiar, su historia de éxodo de un país a otro.

Cuando era estudiante me parecía que nunca nadie me iba a contar su historia. ¿Y cómo hacer para que alguien lo haga? Con el tiempo uno aprende que, primero, debes hacer las preguntas de manera que generes empatía con la gente, que se sientan a gusto para hablar con vos. El periodismo te da una autoridad, una especie de salvoconducto; realmente te abre puertas. Así como te llega la información debes saber que esto trae consigo una gran responsabilidad, debes tener mucho cuidado con ello.

¿A lo largo de su carrera alguna historia la estremeció?

Veo cosas muy dramáticas que me tocan mucho. En Latinoamérica, si uno va hacia el interior de los países, ve un continente todavía muy desigual, más que muchas partes del mundo. Nací en São Paulo, una ciudad que se puede comparar con Nueva York en términos de servicios, de ofertas culturales, sus universidades son las mejores del país; pero vas al interior de Minas Gerais y ves una pobreza, una gente que no sabe expresarse, hay demasiada desigualdad.

Y sí me tocan las cosas. Es una frustración porque trabajo para un diario de noticias duras. A veces parte de mi investigación queda por fuera de las notas. Charlar con la señora de la tienda que me cuenta cómo es su pueblo, cómo su familia llegó desde el interior; ese tipo de noticias no tiene mucho espacio, no puedo contar mucho el drama humano que vi.

Fue de dominio público la situación por la que atravesó Brasil durante el Gobierno de Dilma Rousseff, ¿cómo hace para que su condición de ciudadana no altere su percepción como periodista?

La verdad, estoy pensando en eso desde ayer cuando hablé con Jorge Ramos y Joe Sacco acerca de tomar partido en la historia. Todavía veo eso complicado. No estoy totalmente de acuerdo con ellos porque creo que el hecho de que uno elija un lado hace que tu visión de las cosas sea un poco sesgada; creo que hay que contar ambos lados, aunque sí, remarcando que uno de ellos está violando los derechos humanos.

¿Siente que en los veinticinco años de carrera periodística ha suscitado cambios, ha provocado, así sea, pequeñas transformaciones?

Cuando empezamos en el periodismo, pensamos que podemos cambiar una realidad, el mundo. El buen periodismo no es el que milita y hace cambiar a alguien de idea, es el que ilumina la situación y la aclara para el espectador.

¿Qué percepción tiene de los medios de comunicación en Colombia?

Vivo en Argentina, soy corresponsal para Latinoamérica, pero me toca viajar mucho a Colombia. El año pasado pasé varios meses acá por el tema de la paz. Me sorprendió positivamente la calidad de los medios en comparación con otros de la región; en Argentina, por ejemplo, el periodismo es muy sesgado. Aquí, creo, hay un poco más de preocupación por la información correcta.

Cuando no está haciendo reportería, ¿qué hace?

Me encanta nadar. Fui reportera de cultura y jefe de la sección de Cultura, entonces me encanta la literatura, leer, ir al cine, cosas normales. Me encanta leer a los clásicos, siempre estoy volviendo a Borges, su forma de ver el mundo y de escribir son fantásticas.

¿Qué piensan de García Márquez en el extranjero?

Creo que Gabo fue un maestro. Me encanta su obra literaria y periodística, pero también creo que sí hay críticas que hacerle y en este mismo festival se podría organizar una mesa de detractores ─eso sería muy argentino─. Se podría hablar de sus vínculos con el castrismo, su posición polémica con relación a las guerrillas, su enamoramiento con la figura de líderes autoritarios. Se podría discutir, no creo que se pueda decir con todas las letras que fue así. Sería una sugerencia para una próxima edición.

Cuando Gabo cumplió ochenta años, le hicieron un gran homenaje. Fui a hacer una nota en Aracataca acerca de cómo era la Macondo real y algunos no sabían quién era. Unos decían “ese se puso famoso y no hizo ni un puente para su pueblo”. La gente mayor que lo conoció o a alguien de la familia, hablaban cosas buenas. También hay que cuestionar, ¿tendría Gabo que hacer un puente en Aracataca? Estas son cuestiones para un debate, sería buena idea.

¿Hay alguna noticia que no haya querido abordar?

Tuve y tengo jefes con quienes es posible dialogar y decir esas cosas. En general, las notas que no quiero hacer son las que me ponen en peligro y no tengo cómo defenderme. A veces, también, me toca hacer cosas que no quiero. Me pagan un sueldo. Me enviaron a lugares del mundo a los que quería ir, me dejan hacer un montón de cosas, entonces, ¿por qué no hacer las notas que me piden? Soy feliz haciendo lo que hago, me encanta.

Ismael Bojórquez: “Estamos haciendo periodismo, no somos policías”

En la charla “Libertad de expresión e impunidad en México”, Ismael Bojórquez, periodista mexicano, también fundador de Ríodoce y amigo de Valdez, abordó el panorama actual para los periodistas en México. Entre otras de las cosas dichas, Bojórquez destacó la creación de la Agenda de Periodistas, un mecanismo para la autoprotección de los periodistas.

Ismael Bojórquez, periodista mexicano, defensor de la libertad de prensa y fundador del periódico semanal Ríodoce. Fotografía: tomada de internet.

Ismael Bojórquez, periodista mexicano, defensor de la libertad de prensa y fundador del periódico semanal Ríodoce.
Fotografía: tomada de internet.

Sergio Andrés Ramírez Zuluaga
Estudiante de Periodismo
sergio.ramirezz@udea.edu.co

Durante los últimos seis años, 36 periodistas fueron asesinados en México a manos de los carteles de la droga; de estos casos, más del noventa por ciento permanecen impunes. Las cifras son tan estremecedoras que, según la organización Reporteros Sin Fronteras, México es el tercer país con mayor número de muertes de periodistas, después de Siria y Afganistán. Uno de los crímenes más recientes fue el de Javier Valdez, fundador del semanario Ríodoce en el estado de Sinaloa y corresponsal de La Jornada. Valdez fue uno de los periodistas que más investigó el crimen organizado en su país.

 ¿Cuál es la situación actual para los periodistas en su país?

En México, el trabajo periodístico se complicó mucho en la última década por la beligerancia de los cárteles de la droga. Antes sufríamos las agresiones de los caciques, de los políticos, del Gobierno, pero muy pocas veces del crimen. En el último tiempo, empezó a generarse un ambiente de mucha agresión por parte de los carteles a los que no les gusta que se publique información sobre lo que ellos hacen, ni siquiera del contexto en el que se mueven. Algunas zonas del país, como el norte, el golfo, los casos de periodistas asesinados por carteles son más críticos. El gran problema es que los crímenes contra los periodistas no se castigan: en México hay un problema de impunidad muy grave, sobre todo en el caso de los periodistas: el 99 por ciento, casi todos los crímenes, no se castigan.

¿Ese fue el caso de Javier Valdez?

A Javier lo mataron el 15 de mayo. Nos conocíamos hace cinco años, éramos grandes amigos, hermanos como familia y lo mataron en medio de una guerra del cartel de Sinaloa por el poder que había dejado “el Chapo” Guzmán.

Uno de los últimos trabajos de Valdez fue una entrevista a Dámaso López, exsubdirector de la cárcel de la que el Chapo Guzmán se escapó por primera vez y quien después se convirtió en mano derecha del narcotraficante en el Cartel de Sinaloa. En esa entrevista, un enviado de López aseguraba que su grupo no había atacado a Los chapitos —los hijos del Chapo— en una disputa interna por el liderazgo en el Cartel. ¿Considera que esta entrevista influyó en el asesinato de Valdez?

Sí. A partir esa entrevista, el ambiente se empezó a enrarecer en Culiacán, en la redacción, en el medio periodístico y nosotros decidimos sacar a Javier de la ciudad, pero nos tardamos. Luego detuvieron a Dámaso y nos confiamos, pensábamos que con esa detención se iban a cargar los dados a favor de los “Chapitos”, pero nos equivocamos. De hecho, el día que mataron a Javier habíamos hablado del tema, pensábamos que las cosas iban a estar más tranquilas, pero nos equivocamos gravemente.

¿Cuál es la actitud que los periodistas deben asumir después de estos crímenes a compañeros?

Una de las grandes asignaturas que tenemos pendiente como periodistas es exigir justicia en todas estas agresiones. Otra asignatura es buscar organismos de protección. En México existen organismos de protección gubernamentales para periodistas, pero no funcionan y nos siguen matando. Además, el régimen de impunidad en el que se están cometiendo agresiones hacia los periodistas va a permitir que las organizaciones de narcotráfico sigan cometiendo estos asesinatos como si nada. Tenemos que crear mecanismos de autoprotección y en eso estamos trabajando. Con la muerte de Javier se generó un organismo de protección, pero aún estamos buscando nuevos mecanismos. De hecho, Guillermo y Diego Enrique Osorno, reporteros y escritores mexicanos, fueron dos de los impulsores de lo que llaman Agenda de Periodistas. A partir de la muerte de Javier, ellos se preguntaron: “¿Qué está pasando aquí? Ya mataron a Javier, ¿qué vamos a hacer?”. Entonces hicieron una convocatoria muy exitosa a la que asistieron quinientos periodistas de casi todo el país, y ahora están trabajando en una organización protectora que nunca ha existido y no sé por qué.

¿Internet da posibilidades reales para la lucha contra la censura?

Internet te da la ventaja de que puedes estar en una banqueta o en tu carro enviando mensajes sin la necesidad de nada más. No hay censura y me parece fantástico, pero a veces, sobre todo en algunos países, se cometen excesos. No hay manera de controlarlo y no creo que la haya. Tal vez en un futuro deberíamos generar algún mecanismo para siquiera poderlo regular.

¿A qué se refería con la frase que dijo en una entrevista anterior: “No estamos luchando con los narcos; estamos haciendo periodismo”?

Me refería a que hay un alto nivel de irracionalidad en quienes se dedican a cubrir el asunto de las drogas. Javier no tenía por qué morir. Él no le hizo daño a nadie, era un periodista que te miraba a los ojos, te miraba a la cara, él descubría los sentimientos de las personas, el alma de la gente y eso lo traducía en textos, algunos maravillosos. No había razón para que Javier muriera. Nosotros estamos haciendo periodismo, no somos policías, tampoco somos malandrines narcotraficantes. Somos periodistas y si alguien se siente agraviado por lo que publicamos tiene que estar consciente de que nosotros no tenemos la intención de molestar a la gente, sino de informar para que el pueblo tome decisiones.

Natalia Sánchez Loayza: la rigurosidad del periodismo activista

Natalia Sánchez Loayza no esconde sus convicciones feministas tras la indumentaria aséptica de un pretendido periodismo objetivo. Esta periodista peruana es editora de la plataforma Malquerida, un medio digital producido por mujeres. Por su crónica Cama adentro, donde aborda la violación de los derechos de las empleadas domésticas en Perú, ganó la Beca Oxfam FNPI de periodismo sobre desigualdad.

Fotografía: tomada de internet

Fotografía: tomada de internet

Édgar Quintero H.
Estudiante de Periodismo
edgar.quinteroh@udea.edu.co

Sánchez Loayza es colaboradora también de Etiqueta Negra, una de las revistas de periodismo narrativo más prestigiosas en América Latina. Fue allí donde aprendió el oficio y donde conoció una forma especial de narrar historias reales, una en la que es importante el manejo del lenguaje para sensibilizar a los lectores ante realidades devastadoras.

En la quinta edición del Festival Gabo, Sánchez conversó con Jineth Bedoya Lima, subeditora de El Tiempo, sobre los retos del periodismo frente a la desigualdad de género. Durante la charla también habló sobre su actual trabajo de reportería, financiado por la beca, donde investiga el plan de esterilización forzada llevado a cabo por la dictadura de Alberto Fujimori en contra de mujeres indígenas en el Perú.

En su crónica Cama adentro, usted aborda los múltiples abusos que sufren las empleadas domésticas en el Perú, una labor históricamente despreciada en nuestras sociedades.

Sí, el trabajo del cuidado es un trabajo sumamente devaluado. Devaluado en términos sociales y en términos económicos. Ser una empleada del hogar significa tener un trabajo de segunda, tercera o cuarta categoría para nuestra sociedad, cuando en realidad es un trabajo que requiere de habilidades, tiempo y de una entrega que muchas veces es igual o más grande que otros trabajos. Estas trabajadoras del hogar son discriminadas no solamente por su condición de mujeres, sino también por la labor que realizan, que no es considerada como la mejor, la más compleja, la más adecuada. Y también tienen que enfrentar un problema de clase, definitivamente. Ahora, el fenómeno en Perú y en Latinoamérica, en general, permite que las empleadas del hogar tengan como patrones gente de todas las clases sociales. En ese sentido es una injusticia que viene de todos lados.

¿Cómo surgió el proyecto Malquerida?

Teníamos cierto coraje porque las revistas para mujeres son muy malas, en el sentido de mal escritas. Tienen cinco temas, los temas se abordan de cinco maneras y se acabó. Entonces montamos esta plataforma que, de hecho, es para cualquier público y sobre distintos temas. Ahí escribimos de seguridad ciudadana, políticas públicas. Nos gusta que las mujeres hablen sobre temas que las mujeres supuestamente no saben, cosa que es mentira.

Durante la charla, usted abordó un periodismo que también puede hacer activismo. Activismo feminista, por ejemplo. ¿Cómo es eso?

El periodismo nunca es neutro y el periodista nunca es neutro, lo cual no quiere decir que no sea responsable, que no sea sincero, que no deba ser lo más riguroso posible. Somos personas, no máquinas, y como personas tenemos una historia. Yo soy activista, tengo ciertos pensamientos. No voy a negarme al entendimiento y me encanta enfrentarme a las contradicciones. Creo que es importante, a la hora de investigar, de enfrentarnos a un tema, de presentarnos ante el otro, enunciarnos como somos.

Actualmente, usted está investigando sobre las esterilizaciones forzadas durante la dictadura de Alberto Fujimori. ¿Por qué escogió ese tema?

Porque las esterilizaciones forzadas fueron uno de los atentados más grandes que se llevaron en contra de las mujeres peruanas, específicamente indígenas. Estamos hablando de la eliminación brutal de personas pobres a través de la imposibilidad de seguir teniendo hijos. Y, si bien existen algunos casos de mujeres que les han ganado juicios a algunos médicos, no se ha hecho justicia. No estamos hablando de accidentes, como nos quieren hacer pensar, de cinco médicos que cometieron un error. Estamos hablando de un plan. Y ese plan hay que investigarlo, hay que reportarlo y hay que contar la historia de esas mujeres. Siempre me interesó el tema y esta beca se me presentó en el momento y en el lugar para poder hacerlo.

Una pregunta que me parece inevitable hacerle a una periodista peruana: ¿qué piensa sobre la fuerza del fujimorismo en Perú y sobre los rumores de un eventual indulto del presidente Pedro Pablo Kuczynskia Fujimori?

Yo me siento sumamente mortificada. El fujimorismo fue un régimen autoritario y, hoy, lamentablemente es una de las fuerzas políticas más grandes del país. De hecho, es uno de los partidos más sólidos. Y a las mujeres nos ha jodido de una manera increíble: no quieren que se admitan temas de género en la educación, no quieren que las mujeres tengamos derechos reproductivos. Ese indulto sería una traición enorme de Kuczynski a nosotros, quienes lo pusimos en el poder, porque Fujimori es un criminal. Indultarlo, para mí, sería una traición.

Volvamos al periodismo. Usted habla de encontrar una conexión emocional que permita seducir al lector mientras se le presentan cifras, testimonios y leyes. ¿Cómo hallar esa conexión? ¿Es intuición o eso también se puede aprender?

Es intuición, pero se puede aprender. Es un poco de todo. Yo estudié literatura,  tengo una ventajita [risas]. Yo creo que es algo que se puede aprender si empezamos a leer más lo que escribimos. Es decir, editarnos a nosotros mismos. La mayoría no tiene el lujo de tener un editor. Un editor o editora que tenga experiencia, que justamente sea la persona que mejor escribe. Tenemos usualmente jefes que son muy buenos, que son muy rigurosos, que tienen experiencia, pero también podemos intentar innovar, intentar leer más. Leer siempre es útil. Enfrentarnos al lenguaje de una manera distinta. Y lo digo por Etiqueta Negra, que es la escuela de donde yo vengo. Finalmente, los temas nos son comunes, los temas que nos unen a todos nos permiten traducir un montón de cosas. La gente está atiborrada de información y de cosas tan terribles que se vuelve insensible. Hay que encontrar una manera de sensibilizarla.

 Usted dicta clases en la Universidad Católica del Perú, y mucha gente cuestiona la existencia de los pregrados de periodismo. El periodismo, dicen, finalmente se aprende en la calle. ¿Qué opina de eso?

Yo no estudié periodismo, lo cual me genera muchas desventajas. He tenido que aprender en la cancha. A mí me lanzaron a entrevistar y a reportar. Tuve que defenderme como pude. Menos mal llegué a Etiqueta Negra, donde conocí otro tipo de periodismo. Conocí un periodismo al que le importaba la historia, los hechos, y cómo estaba escrita. Yo creo que la carrera de periodismo te enseña cosas sumamente útiles, cosas éticas, cosas del método, que cuando pones en la práctica cambian. Y hay que permitirnos ese cambio.

Por último, dos libros de ficción y dos libros de periodismo que le recomiende a un estudiante de primer semestre.

Más que títulos, podría recomendar autores. Podría recomendar a Joan Didion para cuestiones de no ficción y también de ficción. En cuanto a ficción, me gustaría recomendar a Margaret Atwood. Te voy a recomendar puras mujeres. Hay que empezar a leer a más mujeres, definitivamente. Últimamente estoy leyendo el trabajo de la nobel Svetlana Aleksiévich. Estoy leyendo su libro La guerra no tiene rostro de mujer. Yo creo que ese es un gran ejemplo si alguien quiere entender cómo traducir algo tan terrible a través del sentimiento.

Luz Mely Reyes, una mujer con los pantalones bien puestos

Esta periodista venezolana es la directora y cofundadora del portal independiente efectococuyo.com. Además, es la autora del libro "Con la vagina bien puesta".

Brandon Stefan Martínez González*
Luz Mely Reyes, periodista venezolana

Luz Mely Reyes, periodista venezolana

Luz Mely Reyes es una periodista venezolana nacida en Caracas y lleva más de 25 años ejerciendo esta profesión. Se caracteriza por ser una mujer fuerte y audaz. Es columnista y escritora. En la actualidad, es la directora y cofundadora del portal independiente efectococuyo.com, que trata temas de la política y actualidad de Venezuela e internacional. En 2006, publicó el libro Con la vagina bien puesta.

Comenzó su carrera periodística cubriendo temas deportivos, aunque cuenta que no sabe mucho del tema y que, actualmente, se encuentra alejada del mismo. Afirma que estudió Periodismo en primera instancia para tratar de mejorar sus condiciones de vida, ya que proviene de una zona difícil de Caracas. En su libro, trata la relación de la mujer consigo misma, con el hombre y con la sociedad, donde la apariencia física tiene gran importancia.

Es una gran crítica de la situación de Venezuela, cuestiona en gran parte la forma de gobierno de Nicolás Maduro. Además, considera que es necesario brindar a la ciudadanía información confiable, segura y oportuna sobre los acontecimientos que suceden a diario  en el país; por ello, encontró en Efecto Cocuyo la mejor manera de conseguirlo.

En un ambiente un poco agitado, tras una conferencia realizada en la Universidad de Antioquia, nos dirigimos hacía el Jardín Botánico de Medellín. Mientras caminábamos, pudimos entablar una conversación de la cual surge esta entrevista.

¿Por qué decidió estudiar Periodismo? 

La verdad es que no sé todavía. No lo puedo engañar diciéndole que siempre había tenido una vocación de ser periodista o ese ese era mi sueño. Continuamente he dicho que mi primera vocación era salir de la pobreza, pues nací en una zona complicada de Caracas. Sin embargo, eso es algo paradójico porque el periodismo, cuando se ejerce con honestidad, no le genera a uno gran riqueza material. Pero una vez lo empecé a estudiar, me enamoré de la profesión. Tanto así que ya llevo 25 años ejerciendo la carrera y con el tiempo de estudio, 30 años encaminada en el tema.

¿Qué es lo que más le gusta de Colombia?

Sinceramente, me gustan muchas cosas: la comida, los acentos, la música, sobre todo el vallenato,  pues vengo de una zona de Caracas donde había muchos inmigrantes colombianos, y me acostumbr desde pequeña a escuchar ese género musical.

¿Cuál es la razón de ser de Efecto Cocuyo?

Efecto Cocuyo es un emprendimiento periodístico que surge bajo el lema “Periodismo que ilumina”, cuyo objetivo es explicar los hechos que suceden en Venezuela, darle contexto y visibilidad, para que toda persona que esté interesada en saber lo que ocurre pueda tener una información fidedigna, veraz y oportuna.

¿Cree que hubo corrupción en la Asamblea Nacional Constituyente en su país?

En la Constituyente, hubo fraude. Yo escribí sobre eso y, según las pruebas a las cuales he tenido acceso, ese mismo es con un millón de votos que no ingresaron a las urnas. Esta fue una de las denuncias que hizo la compañía que se encargaba de escrutar esos votos, según los documentos a los que tuve acceso da indicios de que hubo una situación fraudulenta en ese caso. Pero el resto seguramente fue gente que si salió a votar porque con mi equipo de trabajo cubrimos el evento y nos dimos cuenta de que el Gobierno también tiene gente que lo apoya.

¿Considera usted que el Gobierno persigue a la oposición por miedo a perder el poder político que ha ganado en Venezuela?

Yo creo que el Gobierno persigue a la disidencia en general, y no solamente a la oposición política, porque al no ser una presidencia democrática ataca a todo aquél que muestre desacuerdo contra él.

¿Considera que la oposición tiene la llave para dar una solución a la situación que se vive en Venezuela?

La verdad, pienso que no, pues hay muchas cosas más complejas en el país como lo son la crisis económica, el orden social y la falta de empleo que necesitan ser solucionadas primero. Pero creo que si todas las fuerzas demócratas nos alineamos, puede haber una salida pacífica en el conflicto de Venezuela.

Considera que las declaraciones que hace Maduro cuando dice que “si lo tildan de dictador, entonces va a convertirse en uno”, ¿es una burla al pueblo venezolano?

Yo creo que eso no es una burla hacia el pueblo de Venezuela,  sino una ironía consigo mismo, pues él tuvo la oportunidad de haber hecho un liderazgo que condujera al país por una buena senda. Pero su respuesta fue incluso acabar con lo que había dejado su antecesor Hugo Chávez, convocando a una Constituyente y, además, tomó la vía del autoritarismo y totalitarismo.

¿Considera que las declaraciones que pueda hacer la Fiscal Luisa Ortega tengan que ver con hechos de corrupción en el Gobierno?

Bueno, se supone que la Fiscalía tiene datos sobre la participación del Gobierno o de dirigentes que hacen parte del mismo, en hechos de corrupción no solo en Venezuela sino de manera internacional; esta participación se daría en el escándalo del caso Odebrecht. Pero aún esas pruebas que ha dicho tener la fiscal Luisa Ortega Díaz, no han terminado de salir a la luz pública. Por ende, no me atrevo a afirmar quiénes puedan ser los posibles implicados, y cuáles sean las medidas de justicia que se tomen contra ellos.

¿Cuál considera usted que sea la razón por la cual están inmigrando los ciudadanos venezolanos del país?

Considero que la situación de  escasez de insumos alimenticios y la carencia de medicamentos son dos de las principales razones por las cuales están saliendo las personas del país en búsqueda de mejores condiciones de vida. Además, encontrar un lugar donde quienes están enfermos puedan tener seguro, por lo menos, conseguir las medicinas que les permitan mantenerse con vida, pues en casos como las personas que sufren de diabetes y necesitan una dosis diaria de insulina, en ocasiones es imposible conseguirla, o es muy costosa y algunas personas no tiene dinero suficiente para pagarla.

¿Es la inseguridad otro factor clave para que las personas abandonen el país?

No solo la inseguridad sino la violencia social que se vive en Venezuela se han convertido  en uno de los factores para que las personas abandonen el país, pues muchas de ellas viven con miedo porque en cualquier momento en la calle los pueden matar por robarles un celular, o por quitarles dinero. Además, la crisis económica que se presenta en el país y la falta de oportunidades laborales hacen que los ciudadanos busquen la solución a esos problemas en otros países, especialmente dirigiéndose a las ciudades fronterizas.

*Estudiante de Reportería y Redacción I.

El periodismo puede responder las preguntas de la ciencia

El periodista brasilero Bernardo Esteves dice que el periodista que cubre temas científicos debe "hacer interesante lo que es importante" y "no importante lo que es interesante".

Amaury Núñez González*
Bernardo Esteves, periodista de la revista brasileña Piauí.

Bernardo Esteves, periodista de la revista brasileña Piauí.

Bernardo Esteves es periodista de la revista brasileña Piauí, en la que cubre áreas de ciencia, medio ambiente, salud, tecnología. Es colaborador de otras publicaciones para la divulgación científica en Brasil, Francia, Reino Unido y Estados Unidos.

Comunicador Social de la Universidad Federal de Minas Gerais, aprobó una maestría en Historia de la Ciencia en la Universidad Federal de Río de Janeiro y es PhD en Historia de la Ciencia de esa misma institución. En 2006, publicó el libro Domingo é dia de ciencia (Domingo es día de ciencia), un relato acerca de la historia del periodismo científico brasileño.

Esto dijo tras su participación en el Premio y Festival Gabriel García Márquez de Periodismo, realizado en la ciudad de Medellín del 28 al 30 de septiembre de 2017, donde su presentación abordó la cuestión de cómo puede el periodismo responder las preguntas de la ciencia.

¿Con el desarrollo que han tenido en su revista siente que han llenado un vacío en el periodismo brasileño?

Creo que no, al contrario. Veo un espacio cada vez más grande para los temas de ciencia. No cuento con estudios, pero hay científicos que miden el espacio que la prensa da para las noticias de ciencia y creo que está aumentando ese espacio con el tiempo, pero no puedo darte datos más precisos.

¿En qué momento puede haber una confusión entre noticias de carácter científico con el mero entretenimiento?

Debemos hacer interesante lo que es importante, no importante lo que es interesante. Hoy vemos muchas noticias que son entretenimiento. Por ejemplo, la vida sexual de los insectos. Eso es interesante pero no es importante. Hay temas que son difíciles de tratar, que son muy importantes, pero son aburridos. Nuestra misión es hacer que la gente se interese por esos temas, que son importantes para las grandes cuestiones políticas, sociales.

¿La función democrática del periodismo cómo se materializa a la hora de cubrir noticias científicas? ¿Todas las noticias científicas tienen una función social que ameriten una cobertura y una difusión mayor?

No sé si todas, pero cuando hablamos de cambio climático, por ejemplo, hablamos de un tema sobre el cual las personas cada vez más tienen que conocer para ser ciudadanas. Es un poco una misión importante del periodismo científico. Dar a la gente las herramientas para que se posicione sobre esas cuestiones.

¿Cuál es el más importante que han cubierto?

El cambio climático es el tema más importante. Es la cuestión del siglo para mí. Se puede cubrir de modos muy diferentes, ángulos muy diferentes. Es la cuestión del siglo para mí porque va a afectar la vida de las generaciones que vienen. Todos deberíamos informar más sobre eso.

¿Hay un pulso entre la noción de periodismo orientado al mercado y con la función social que tendría que cumplir?

Hay que encontrar un equilibrio entre esas dos funciones. Tenemos que vivir, vender periódicos, pero tenemos esa función social que no podemos dejar de lado.

¿Qué otras formas consideran para ampliar su alcance como publicación?

Vamos a ampliar nuestra operación digital, con presencia fuerte en las redes sociales y cobertura de video. Nada muy diferente a lo que ya se hace. Éramos una revista de texto, pero ampliamos nuestras posibilidades. Pero tenemos esa misión, contar buenas historias, que es la característica que nos define.

*Estudiante de Reportería y Redacción I.

Los jóvenes se alejan del folclor

El periodista Juan Mosquera se pregunta por qué los jóvenes se alejan del folclor y cómo se podría incentivar de nuevo el amor por lo ancestral.

Melissa Gualdrón Cañizares*
Juan Mosquera Restrepo  y Toto la Momposina.

Juan Mosquera Restrepo y Totó la Momposina.

Juan Mosquera Restrepo nació en Medellín, es comunicador social y periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana. Además, se ha desempeñado como cronista y columnista de opinión en El Colombiano, La Hoja de Medellín, El Mundo y Las dos Orillas. Cada medio en un momento diferente. Ha sido productor de radio, documentalista, guionista y director de televisión, trabajos suyos hacen parte de algunas antologías y compilaciones de periodismo narrativo en Colombia.

Participó como invitado en el Festival de Periodismo Gabriel García Márquez, que se realizó los pasados 28, 29 y 30 de septiembre. Allí fue moderador de un conversatorio llamado Lo único mejor que la música, es hablar de música, donde, junto a Totó la Momposina, cantadora colombiana, recordó cómo la obra de Gabo se vio influenciada por las canciones de la costa Caribe, en las que inspiró su universo macondiano.

La pérdida del sentido de pertenencia por la música tradicional, identificada en la juventud, según él, lleva a Mosquera a un profundo análisis, buscando el por qué los jóvenes se alejan del folclor y cómo se podría incentivar de nuevo el amor por lo ancestral. Juan, teniendo en cuenta su relación con Totó la Momposina, se acerca a la idea de generar en la juventud un nivel de conmoción para así involucrarlos en las tradiciones musicales del país.

¿Considera que actualmente se le da a la música folclórica el valor que merece?

Yo creo que es asunto ambivalente porque, por un lado, hay una gran corriente de rescatar las músicas identitarias, pero en un sentido muy utilitarista, es decir, es un poco ‘snob’ la mirada que hay ahora sobre la música tradicional. Eso es lo que legitima ejercicios que son muy válidos como el de Bomba Estéreo y otros más, que realmente no están haciendo tampoco música vernácula, de esta tradicional, sino que es como la progresión, pero bajo una estructura del mercado. La música realmente tradicional, lo que encarna alguien como Totó la Momposina, todavía sigue siendo un campo que se mira más desde la antropología musical. Tal vez sea más reconocido afuera, eso es algo que puede decir una persona como Totó, todavía necesitamos la validación de alguien de lejos para sentir que lo nuestro vale. Totó, que le abrió la puerta a todos los demás, no habría sido la que fue si Peter Gabriel no la hubiera puesto a pasear por el mundo en 1992.

¿Por qué cree que los jóvenes hoy  se alejan tanto de los ritmos nacionales?

La oferta predominante, que no necesariamente es la que a la gente más le gusta, hace que en las radios comerciales, la televisión, e incluso YouTube exista un gran fenómeno que se expandió y es la legitimación de la corrupción, lo que antes se llamaba ‘payola’, que es un fenómeno muy viejo, más o menos hace unos 40 años, se traduce a pagar para que suene su canción, que es considerado todavía un delito en Estados Unidos. Aquí se convirtió en una práctica común. Entonces, dentro del plan de promoción de alguien, de un nuevo artista de reguetón o no sé, tiene que poner en el presupuesto, no solo la producción de la canción, los músicos, el estudio, todo eso, sino que además tiene que reservar tanto dinero para pagarles a las emisoras para que suene la canción. Esto lo venden en paquetes de frecuencia, si quiere ser número uno vale equis millones. Por lo tanto, esa concepción de que está sonando lo que la gente quiere escuchar no es tan real. Lo mismo sucede con comprar seguidores en redes sociales, o número de vistas, cosa que el reguetón hace muy bien porque, entonces, lanzan una canción y a las cuatro horas, de manera impensable, tiene 38 millones de vistas, donde ni siquiera, pues, dándole clic con un montón de amigos van a lograrlo. Obviamente, esto ha generado una burbuja que hace que la gente crea que eso realmente es lo popular, es lo que le gusta a la gente; por lo pronto, es lo que se impone y eso distorsiona la visión de la realidad. Entonces, los jóvenes están alejados de lo identitario básicamente porque la oferta que nos inunda es una oferta, muchas veces, comprada.

¿Cuál cree que podría ser una estrategia para acercar la juventud a la música tradicional?

Yo creo que hay que contar historias, buscar conmover. Lo mismo que le sucedió al proceso de paz, o cualquier asunto, ya no hay que fabricar estrellas, gente inalcanzable, como lo hacía el pop, el rock de los ochenta y noventa; y otro tipo de géneros. Creo que, por ejemplo, cuando uno se acerca a una persona como Totó, y se da cuenta de que esa señora podría ser su abuelita, uno recoge un amor más grande, se da cuenta de que ella es una leyenda y, al mismo tiempo, una persona cercana, cálida, que puede ser de los suyos. Lo que nos hace falta es conocer y reconocer personas como ella, o como otras muchas que, casualmente, son mujeres, las que han llevado la herencia de lo identitario. Hay algo, por ejemplo, muy valioso que no hablamos en el conversatorio, pero que lo estábamos hablando antes con ella y es que, la memoria del dolor en Colombia la tienen las cantadoras. Uno ve el acto de perdón que pidieron las Farc en Bojayá y había una cantadora, el viaje de las víctimas a La Habana, y una cantadora, conmueve lo que no logran los papeles. Entonces, esa manera del juglar contemporáneo, que es el ancestral, logra tocar la piel y conocer las historias de vida de ellos ayudaría mucho.

¿Actualmente el Gobierno tiene algún programa que impulse la difusión de la música folclórica?

Hay estupendos programas de la Radio Nacional que lo pueden hacer, y que de hecho lo están haciendo; programas muy hermosos como Del canto al cuento, que hace Alberto Salcedo Ramos y que tiene una audiencia cada vez más grande, pero todavía hay que apoyar más la difusión, yo creo que hay más programas que no están tocando la puerta del que lo produce, sino la estructura. Desde el Gobierno, se apoya algo como Batuta, que se parece a la Red de Escuelas de Música de Medellín. Es un esquema para tener a los muchachos ocupados y enseñarles música, ¿pero qué música les enseñan? Música clásica, error. Es decir, está bien, es maravilloso, pero eso no es lo que nosotros somos, entonces nos hace falta que esos programas estén más enfocados al territorio, el problema de la mayoría de esos programas es que están pensados desde un escritorio, falta un poco más de tierra debajo de los zapatos.

¿Por qué cree que los jóvenes, para el caso de Totó La Momposina, por ejemplo, identifican las canciones, pero no a la cantante?

Yo creo que es porque es música ancestral, cantos que han estado en la siquis de la nación. Sucede con eso lo mismo que pasa con la música ‘de plancha’, que llaman. Uno no sabe por qué canta La maldita primavera, seguramente la mamá la ponía cuando estaba en la cocina y eso se quedó. Igual esta música, que es la música con la que bailaban sus papás, o con la que se enamoraron sus abuelos. Sonó en la casa de alguien y todo eso se queda. Los primeros siete años de un ser humano son definitivos, incluso, en los primeros tres uno es una antena recibiendo todo tipo de estímulos que se quedan, y muchas veces se manifiestan a los 30 o 35 años, lo que viene de atrás siempre lo tiene que enseñar un mayor. Uno hereda el gusto musical de su hermano, su papá, su tío, el abuelo, siempre hay alguien que llegó antes que uno, que es el que le va a enseñar el gusto por algo, y creo que ahí fue donde todos estuvimos expuestos a El pescador, por ejemplo, canciones que son lo que somos nosotros.

*Estudiante de Reportería y Redacción I.