“De acá me sacan muerto”: Levis Flórez

El miedo es un sentimiento latente en la vida de Levis. Sin embargo, él no se esconde, huye o se aleja como mecanismo de defensa. Este joven de 22 años y concejal de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó dice que de este lugar solo lo sacan muerto. Levis habla como si fuera un adulto mayor, como si la vida se esfumara en cualquier momento y cada año resulta ser una carga. Una persona de su edad, dice, debe tener la vida resuelta. A eso lo redujo la guerra: al afán, a una sensación de muerte repentina.

Levis Giovanni Flórez Ramos nació el 11 de julio de 1995 en Uramita, Antioquia. Su mamá Everlides, al verse sola, decidió buscar refugio donde sus padres que vivían en la vereda Mulatos Medios del corregimiento San José de Apartadó. “Como en Colombia siempre existen los papás irresponsables, mi madre fue la que me crió”, recuerda. A San José llegaron cuando Levis tenía 7 meses y aunque doña Everlides sabía que era un territorio golpeado por la guerra, no se imaginó que terminarían siendo parte de la Comunidad de Paz.

“Entramos a la comunidad en el 2002, cuando Levis tenía 7 años”, cuenta Everlides. Para entonces la Comunidad de Paz se concentraba en el casco urbano de San José de Apartadó, hasta que se vieron obligados a desplazarse en febrero de 2005 por el asesinato masivo en la vereda La Resbalosa. “La masacre del 2005 la hicieron los paramilitares junto con el Estado”, expresa doña Everlides y prosigue: “Luego los militares se tomaron el casco urbano, por eso nos desplazamos, porque somos autónomos y no queremos a ningún grupo armado”. Los miembros de la comunidad que no aceptaron las ayudas humanitarias ni la reparación de víctimas, se fueron para La Holandita.

“Cuando llegamos a La Holandita, esto era un pantanero, un lodero. Yo era muy ‘chinga’ y nos tocaba cargar las maderas para las casas desde el filo de la montaña. Éramos por ahí unas mil personas”.

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Levis agradece la oportunidad de trabajar desde pequeño, para él ningún otro lugar le habría brindado las enseñanzas y las lecciones que ha aprendido. Estudió en la comunidad hasta quinto de primaria y si bien su madre desea que él siga con su formación académica, Levis dice no tener la necesidad de continuarlos; su sueño no es salir de la comunidad y profesionalizarse para trabajar sino sobrevivir con la comunidad. “Para mí el estudio no es tanta cosa; el estudio es lo que aprendí en la comunidad. Los maestros son de acá, gente mayor que tiene toda la experiencia. En las clases nos explican lo que es comunidad y lo que esto genera, nos enseñan lo básico. Yo no me veo trabajando para el gobierno ni para nadie más; el amor que siento hacia este lugar es por una dignidad y por ser autónomos”.

Ser parte de la Comunidad de Paz, irónicamente, te mantiene en contacto con la guerra. Este grupo en resistencia ha sido golpeado a lo largo de los años, muchos de sus miembros han sido asesinados y la familia de Levis no ha sido la excepción a los duros golpes que ha dejado la violencia. Su padrastro, Bernardo, quien también era parte de la comunidad, fue asesinado en el 2008. “Él era aserrador. Me supo criar y me dio muchos consejos; él fue como mi papá. Salió a mercar a Apartadó y cuando se estaba regresando en la bicicleta, unas motos detrás de él le dispararon por la espalda; luego se bajaron de la moto y le pegaron tiros en la cabeza”, relata Levis.

Cuando Bernardo murió, Levis decidió ser el ejemplo para sus 5 hermanos. “Su relación con sus hermanos es muy buena, los aconseja para que me ayuden porque yo trabajo de 6 a.m. a 4 p.m. ㅡcuenta doña Everlidesㅡ. Les dice que me ayuden, que tengan el ejemplo de cuando él vivía conmigo”. En La Comunidad de Paz cada familia tiene su siembra de cacao, arroz, fríjol y maíz; organizan grupos de trabajo y lo que producen es para el beneficio propio y de la comunidad. Doña Everlides trabaja en el monte y se tarda una hora caminando para llegar a sus sembrados. El apoyo que le ha brindado su hijo no es mejor: “Levis trabajaba conmigo en las cacaoteras; me llevaba el almuerzo después de la escuela porque siempre fue muy querido conmigo. Él de la escuela se iba para la casa y cuando yo llegaba parecía que hubiera dejado una mujer en la casa: barría, trapeaba, organizaba los platos, la ropa y la comida”.

A los 16 años, Levis decidió salir de la casa de su madre. Este suceso fue difícil para doña Everlides porque su hijo siempre ha sido un gran apoyo. Desde el 2016, Levis vive con Ledys Arteaga, una joven de 24 años también miembro de la comunidad y con la que planea tener un hijo. Levis aparenta tener más edad, pero no por su físico sino por su apresurada necesidad de resolver su vida, de conformar una familia y porque a su corta edad ya recaen sobre él grandes responsabilidades. Ahora es concejal de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Actualmente el Concejo Interno lo conforman 6 hombres y 2 mujeres. Levis dice que a él lo escogieron por su gran liderazgo y por el respeto a los mayores. Es el más joven del concejo.

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A pesar de que los paramilitares están ofreciendo dinero a los jóvenes para entrar a sus filas, Levis jamás ha pensado abandonar a su familia o la comunidad. Es un joven consciente del conflicto y del territorio en el que vive. No es ajeno a la realidad que le tocó, la que ahora él decide enfrentar. En sus palabras: “Uno tiene la decisión si se queda o se va. A mí me gusta la comunidad porque es una manera de vivir con alegría, y aunque el gobierno y sus paramilitares nos quieran asesinar, no comparto salirme porque mi experiencia es desde niño. Quizá si hubiera llegado más grande, sí me hubiera ido, pero aquí lo he vivido todo”.

“Siempre nos han tratado como guerrilleros. A pesar de los más de 300 muertos que hemos puesto en este proceso, el ejército y los paramilitares aún siguen con ganas de matarnos”.

Los tiempos libres de Levis son escasos. Gildardo, Germán y Robiro, líderes de su comunidad, están amenazados y por ello él asumió el trabajo que les correspondía. Los lunes y los martes de cada semana visita las veredas Mulatos y La Esperanza, donde también hay miembros de la comunidad, porque necesita verificar cómo está el territorio. Quienes le conocen, todos los días temen por su seguridad. A pesar de la incertidumbre en la que vive, siempre puede más la esperanza de tener una paz verdadera, de vivir en un lugar donde los derechos humanos no sean atropellados, donde no los ataquen, donde los dejen trabajar la tierra y donde puedan salir sin la preocupación de que algo malo les va a pasar.

La Comunidad de Paz cuenta con respaldo internacional. Levis dice que esto les da fortaleza y les ha ayudado a sobreponerse de sucesos como el del 29 de diciembre de 2017. Este día hubo un atentado paramilitar en La Holandita; querían asesinar a Germán Graciano Posso, representante legal de La Comunidad de Paz. A los hombres que intentaron el asesinato los capturaron. De acuerdo con Levis, “decidimos entregarle los asesinos a Luis Pérez (Gobernador de Antioquia). Este señor felicitó a la comunidad, pero luego por los medios de comunicación dijo que éramos una pastorcitos mentirosos y que cuando en verdad sucedieran las cosas no íbamos a tener la ayuda del Estado, cuando nunca la hemos tenido”.

A la comunidad le quedan muchos años de trabajo, de reconstrucción. Dice Levis que mientras el paramilitarismo siga poniendo reglas como “la vacuna” y desde que la fuerza pública se siga aliando con grupos ilegales, la comunidad no se acabará. Lo más valioso de Levis no es solo que sabe qué es una comunidad y para qué sirve, sino que también lo aplica en su vida diaria con lo que para él no es un sacrificio: trabajar por la Comunidad de Paz. Su vida ha sido dura: rodeada de paramilitarismo, asesinatos y un sinnúmero de injusticias; a pesar de que tiene la posibilidad de irse, ese no parece ser su camino. Quiere continuar siendo un ejemplo para sus hermanos, un apoyo para su madre, un líder en la comunidad y ahora está decidido a conformar una familia.

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