“Las autoridades ambientales no están a la altura de las necesidades”: Tatiana Roa Avendaño

A Tatiana Roa Avendaño, ambientalista y aprendiz de jardinera, sus padres le enseñaron “a amar la tierra, los paisajes, los caminos de piedra; a respetar las manos fuertes y la sonrisa humilde de la gente campesina, a nadar en los ríos, a gozar de un lindo atardecer, a disfrutar las ricas comidas campesinas, a respetar la vida; nos dieron lecciones de justicia y equidad”, dice en la presentación que hace de sí misma en un blog (Hojas al viento) en el cual publica reflexiones sobre su trabajo sistematiza y archiva la información que produce.

Fotografía: Cortesía Censat Agua Viva

Fotografía: Cortesía Censat Agua Viva

Estefanía Ocampo García                 –          Yudy Alejandra Ocampo Lopera
estefania.ocampog@udea.edu.co      –          yudy.ocampo@udea.edu.co
Estudiantes de Comunicación Social – Periodismo

Tatiana es, sobre todo, una campesina boyacense. Desde muy pequeña, encontró placer en construir su vida a partir de experiencias entre montañas, ríos, bosques, comunidades y territorios campesinos. Sus padres han sido los principales responsables de que ahora Tatiana, o Tatica como le dicen por cariño, se haya convertido, primero, en una amante de la naturaleza y, ahora, en una de las voces más relevantes del país sobre problemáticas medioambientales.

Ingresó a la universidad sin pensar que la carrera en la que se inscribió también la impulsaría a defender el medio ambiente. Estudió Ingeniería de Petróleo en la Universidad Industrial de Santander, carrera de la que se graduó por la insistencia de su familia, pero que también le ayudó a construir argumentos en su activismo como ambientalista. Es una ingeniera de petróleos antipetrolera o, como ella dice, pospetrolera.

Hace 27 años Tatiana es la coordinadora del Centro Nacional Salud, Ambiente y Trabajo: Censat Agua Viva, una organización colombiana miembro de la Federación Internacional Amigos de la Tierra, la cual tiene como objetivo el fortalecimiento de la capacidad de acción ambiental y social de comunidades históricamente empobrecidas.

Aunque como ambientalista trabaja sobre todos los temas relacionados con el medio ambiente, uno de sus mayores intereses es la protección de las fuentes hídricas que corren a lo largo y ancho de Colombia, pues está convencida de que “el estado de nuestros ríos refleja el estado de nuestra sociedad”.

 ¿Cuál ha sido su conexión con la naturaleza y por qué la decisión de dedicarse a la defensa de los territorios y las comunidades que los habitan? 

Nosotros, los seres humanos, también somos naturaleza, no somos externos sino que hacemos parte de ella. En términos personales, lo que más me acercó a una sensibilidad ambiental fue la relación con los ríos. Cuando estaba pequeña, mi familia tenía la costumbre de pasar los fines de semana yendo a los ríos, y en ese viaje iba observando cómo, poco a poco, se iban deteriorando, cada vez tenían menos caudal y eran más contaminados. Desde ahí fue creciendo mi sensibilidad frente a la problemática ambiental.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con comunidades en temas de medio ambiente?

Trabajar con organizaciones campesinas, étnicas, indígenas, jóvenes y mujeres es una labor bastante rica en aprendizajes porque a través de esas otras cosmovisiones tienes la posibilidad de acercarte a otros asuntos que, generalmente, no se abordan desde la academia o desde otros espacios más formales.

Desde la postura del Censat, ¿cuáles son las problemáticas ambientales más complejas que se enfrentan hoy en Colombia?

Uno de los dramas que se está viviendo tiene que ver con la pérdida de la biodiversidad, pues cada vez se destruyen más sitios de gran importancia ambiental. Colombia es uno de los diez países más megadiversos del mundo; sin embargo, cada día se pierden importantes ecosistemas. Otro problema tiene que ver con la imposición del modelo extractivo, sobre todo la expansión de la frontera minera y petrolera, que cada día va ganando más espacio, desplazando culturas, paisajes y pueblos que han sido construidos milenariamente. Los procesos de certificación en el país, el deterioro del agua, la contaminación del aire en las ciudades y el hecho de que la mayoría de los municipios están ahogados en la basura, demuestra que en un país tan rico en bienes naturales se está viviendo un desastre ambiental y las autoridades ambientales no están a la altura de las necesidades.

¿Por qué es importante proteger esa biodiversidad que está siendo destruida?

Hay regiones donde antes los investigadores no podían entrar y ahora lo pueden hacer, y están encontrando aún más megadiversidad. Desconocer la biodiversidad, no valorarla ni ponderarla es parte del drama de un país como éste. No podemos existir sin la naturaleza. Los seres humanos somos producto de una coevolución en la que hemos convivido y podido ser gracias a ella; por esta razón, debemos pensar cómo valoramos y le damos un peso importante al agua, a las selvas y a los páramos. La biodiversidad no es simplemente pájaros, aves y plantas; sino, también, esa relación que tienen los seres humanos con la naturaleza: cómo se han valido de ella para sobrevivir, cómo la han transformado; pero, también, cómo ésta nos ha transformado.

¿Qué amenazas están enfrentando en la actualidad los ecosistemas de páramos en Colombia?

Hay muchas amenazas, muchos proyectos mineroenergéticos en los páramos. En Santurbán y el Almorzadero, Norte de Santander y Santander, hay proyectos mineros a cielo abierto o subterráneos. Además, la delimitación de los páramos está restringiendo algunas de las actividades productivas de los campesinos, y hay procesos que llevan a la privatización del agua. La gente está dando peleas muy importantes. En Santander, ya ha habido varias asambleas para poder frenar la delimitación de páramos.

 En el Oriente antioqueño y en particular en Sonsón, se están construyendo varias microcentrales hidroeléctricas cerca de la zona de páramo, ¿cuáles pueden ser las implicaciones de este tipo de proyectos?

El problema de las microcentrales es que, cuando éstas se construyen en función de un interés económico y no para resolver una necesidad de la gente, se acapara gran parte del agua. Las microcentrales se construyen en cadenas o en cascada, cambiando la dinámica natural de los ríos y evitando que la gente pueda acceder a ellos a lo largo de varios kilómetros. Las microcentrales en sí no son malas, muchas comunidades indígenas y campesinas en los municipios, hace muchos años, generaban su propia energía por medio de una microcentral que tomaba una parte del río, pero mantenía la mayoría del caudal. Sin embargo, actualmente, los ríos están muy deteriorados y, además, las cabezas de estos proyectos son empresas que tienen interés en generar mucha energía; entonces, no les importa que el río no tenga el caudal suficiente y que no dejen disponibilidad de agua a la gente. 

¿Qué papel ejerce la resistencia campesina en ese tipo de situaciones?

La gente ha empezado a organizarse porque está perdiendo la autonomía sobre sus aguas, sus vínculos culturales y sociales. Se han dado cuenta de que muchas veces la energía que se está generando ni siquiera es para ellos, y este es un problema principalmente en los sectores rurales, donde la energía es de muy mala calidad. Con el tiempo van viendo que siguen padeciendo lo mismo, incluso empiezan a pagar tarifas más altas. Además, tienen todos los problemas medioambientales de las microcentrales. Es ahí donde el hecho de organizarse les permite construir una voz fuerte para poder interlocutar con las instituciones del Estado o empresas privadas, exigir mejores condiciones o frenar los procesos de las microcentrales.

¿Qué riesgos enfrentan las comunidades que se oponen a las actividades extractivas para defender el medio ambiente?

Colombia es el segundo país del continente con más asesinatos de líderes ambientales, y el tercero en el mundo después de Filipinas y Brasil, según el Global Witness. Ese es un gran problema porque la gente está siendo estigmatizada, amenazada e incluso asesinada, y las autoridades no brindan garantías. Estos procesos no son nada fáciles para la gente, casi siempre dividen las comunidades porque generalmente las empresas o los que promueven estos proyectos ofrecen ciertas condiciones a un sector de la población. Eso genera todos los riesgos de inseguridad que están enfrentando los defensores de la tierra y del ambiente en Colombia.

Decenas de líderes sociales han sido asesinados este año, algunos de ellos ambientalistas, ¿qué piensa al respecto? ¿Se siente amenazada?

Ésta no es una situación nueva; es algo que ha sido recurrente. Cuando se construyó Urrá, la represa que destruyó el río Sinú, en Córdoba, asesinaron a muchos de los líderes indígenas. La intimidación, el asesinato, la desaparición de muchos líderes, es algo que sucede frecuentemente con la llegada de estos proyectos. Son más vulnerables ellos que las personas u organizaciones que acompañamos los procesos, pues las comunidades que viven en los territorios son las que enfrentan las adversidades de los promotores de las represas y también del conflicto armado.

En Colombia, ¿el Estado tiene como prioridad crear políticas para disminuir el impacto ambiental?

No, es todo lo contrario. En Colombia, hay un desplante de la legislación ambiental. Cada vez se desmonta más el sistema nacional ambiental. Hay una flexibilización para promover a los inversionistas. Entonces, creo que hay más bien un deterioro de las obligaciones que debería tener el país para garantizar la conservación ambiental. 

¿Cuál sería el modelo de vida y desarrollo sustentable, amigable con el medio ambiente, que se debería promover para aprovechar los bienes naturales en Colombia?

Debemos pensar en transiciones, particularmente en una transición energética. Es decir, debemos ir pensando cómo cambiar la cultura y las prácticas de las comunidades a medida que vamos implementando ejercicios de soberanía alimentaria y energética. Esto con el propósito de ir transitando hacia una sociedad más armónica con la naturaleza. No hay un solo modelo que se deba implementar, creemos que hay muchas formas que podríamos tomar de uno y otro lado para ir ganando mayores aprendizajes frente a lo que en otras culturas de Europa y Asia se ha podido ganar o recuperar.

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