El punk ya no tiene vida breve

Desafinados para los estándares de la música “culta”, revolucionarios en su tiempo, más inspirados que precisos y crudos en su interpretación vocal e instrumental, el sonido del punk sigue ‘martillando’ los cerebros de sus seguidores en las tortuosas calles de Medellín.

Atuendo de jóvenes punkeros, octubre de 2017, barrio Picacho, Medellín.

Atuendo de jóvenes punkeros, octubre de 2017, barrio Picacho, Medellín.

Alba Rocío Rojas León
Profesora de Periodismo
albarociorojasleon@yahoo.es

Los primeros años de la década del ochenta advertían un tiempo oscuro e incierto en la capital de Antioquia. El poder de los narcotraficantes y los conflictos que se generaron con sus interacciones en todos los sectores de la sociedad, a mediados de las décadas del ochenta y noventa, dieron pie para que se engendraran los destacamentos paramilitares en las áreas urbanas y rurales. Las rutas de explotación, de producción y de mercados de consumo de drogas ilícitas alimentaron la inestabilidad y la zozobra en esta ciudad y en Colombia.

Esta tragedia y posterior resurrección de Medellín se tropezó con el punk, subcultura que capitalizó tales situaciones para fustigar a la sociedad y al Estado. Las bandas musicales, con sus temas ácidos y confrontadores de una realidad política, económica, social y cultural, desafiaron a más no poder, con un vigor muy punkero, el orden establecido por ley o por intimidación.

En la década del ochenta, se conformaron bandas musicales como: Complot, Pestes, Mutantex, Anti-Todo, B.S.N. (Bastardos Sin Nombre), I.R.A. (Infexion Respiratoria Aguda), GP, Herpes, Pichurrias, P-Ne (Paranoicos Neuróticos Esquizofrénicos), Raxis, Deskoncierto, R.D.T. (Restos de Tragedia), Los Árboles, Palabras, Imagen, CO2, KDH (Kaso de Homicidio), Cuidado con las Begonias, N. N., Futuro Simple,  Los Podridos, Caso Insólito, Golpe de Estado, No, Peor Imposible, Trauma, Agresión Social, C. T. C. (Contra Todo Corruptor), Hp-Hc, Averxion, Anarkía, Atake de Sonido, S.S. Ultimátum, Hooligans, Denuncia Pública, Egoterror y Frankie ha Muerto.

El Estado y sus organismos de control vieron a los crestudos punkis —chaquetas de cuero negro con parches de bandas y taches, mallas, cierres, accesorios de cadenas, candados, ganchos de ropa, manillas y collares con taches puntiagudos, yines desteñidos y rotos, botas militares con punteras de metal—, como enemigos del establishment. Esto propició una arremetida represiva hacia esta ‘contracultura’ que se paseaba por las calles del centro y de barrios como Castilla, López de Mesa, La Esperanza, Kennedy, París, La Unión, Santander, Pedregal, Doce de Octubre, Córdoba, Florencia, Campo Valdés, Manrique Central y Oriental, Guayabal, Cristo Rey, El Poblado, Boston, Buenos Aires, Aranjuez, San Javier, Aures, La Candelaria, entre otros, al son del ruido punkero proveniente de Inglaterra, de Estados Unidos y de la naciente, hasta hoy vigente, escena local de Punk Medallo.

Puñados de bandas jóvenes e impetuosas fijaron su interés en la sencillez primaria del rock and roll y respondieron con un sonido salvaje y lapidario: el punk. ¿Y dónde? En bares, calles, parches de esquinas de barrios, garajes, cementerios, basureros, canchas deportivas, parques, casas abandonadas, ensayaderos, casas de la cultura, patios de escuelas, terrazas de casas, universidades públicas, festivales.

Esta experiencia de una cruda realidad vivida en la ciudad se narra en las provocadoras letras e interpretaciones de las más de 160 bandas musicales, muchas icónicas hoy y otras desaparecidas, que se distinguen en el género punk y sus tendencias: punk Medallo, punk hardcore, punk rock, anarco punk, hardcore, skate punk, oi!, grindcore, noise core, old school, post punk, psichobilly, punk trash, sonido libertario, punk oi!, ska punk, straight edge, punk chatarra Medallo, punk contestatario, punk rock callejero, ciberpunk, neopunk, punk sicodélico & nostálgico de Medellín.

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 “Las galladas trazaron en el cantón noroccidental presencias, territorialidades, rutas, circuitos, itinerarios “alternativos”, “diálogos interbarriales” con base en el disfrute e intercambio de la música, que le confirieron unas nuevas connotaciones simbólicas al espacio urbano. Se trataba de apropiarse de las calles, esquinas, canchas, partiendo de una reflexión intuitiva. Recuperar el aspecto más particular en cuanto a la relación del parche con su propio territorio, buscar lugares periféricos, (in)habitables, pequeños rincones, callejones, extramuros, mangas, centrando la atención en los estímulos colectivos y en la relación que cada gallada tenía con el espacio que habitaba y en sus propias vivencias”, narra Carlos David en su libro Mala hierba (2016).

Pero la Medellín que trasiega entre el conflicto armado y los diversos actores, métodos y patrocinadores, ha dejado una secuela de dolor y de tristeza ante la desesperanza de ser joven: no futuro. En las comunas y corregimientos de Medellín, en los municipios del Valle de Aburrá y del Oriente antioqueño, las bandas musicales de tres, cuatro o cinco integrantes crean, interpretan, hacen covers y tributos, con canciones rápidas y crudas que reflejan el descontento frente a muchos problemas de la sociedad y de los gobiernos del mundo, así como ante la incertidumbre por el futuro.

“La escena punk de Medellín es la más antigua de Colombia. Ha aportado las primeras  y más clásicas bandas; en sus inicios, vivió la violencia directa. Y por lo mismo, las bandas destilaban ese veneno de una sociedad violenta. Esta escena, que ya cumple más de treinta años, ha vivido procesos y evoluciones, de acuerdo con las décadas del ochenta, noventa, dos mil y dos mil diez”, expresa Catalina Valencia, rockera punk.

Aparte de los muertos en los barrios de la ciudad por la violencia de fines del siglo XX,  hubo otros personajes punkeros que han marcado el recuerdo y el aprecio en la escena punk de Medellín. Ellos vivieron y padecieron la ciudad, a su manera, pero les llegó la muerte: “El Chino” (Fredy Rodas, impulsor del punk, baterista, bajista, de N.N., Imagen, Anarkía, Pichurrias, Ego), Libardo Antonio Londoño Durango (baterista de KDH), “Luisito” (Luis Alberto Velásquez Molina, vocalista de Sonido Libertario), “el 9” (Albeiro Lopera Hoyos, punki y fotorreportero de Reuters), “el Black” (Elkin Baena, vocalista de Manicomio Punk), Yolanda Molina (baterista de Fértil Miseria), Óscar Darío Zapata (guitarrista) y Giovanny Oquendo David (escritor, artista y bajista), ambos de Desadaptadoz, entre otros.

“Crecimos atrapados con ganas de llorar / Crecemos maniatados ni modo de gritar / Vivimos en la industria de la humanidad / Producto del sistema y la sociedad. // Vivimos acosados por la realidad / Metidos en un mundo a punto de explotar / Tragedias y recuerdos nos hacen respirar / Sentimos en el fondo la muerte familiar. (…) ” Generación del kaos total (fragmento), letra de Giovanny Oquendo interpretada por Desadaptadoz.      

Durante más de 37 años en Medellín, estos fogonazos perturbadores e irritantes siguen manifestando su crítica acerba al sistema capitalista, tanto local como global. Y toda esta intranquilidad y tristeza se ha almacenado en diversos soportes para distribuirse y escucharse: elepé (o vinilo) en el equipo de sonido, casete de audio en la fiel grabadora, videocasete, cedé, DVD, memoria USB, digital music speaker y YouTube.

“Y a pesar de todo permanecemos intactos aquí en el punk colombiano, con lo bueno y lo malo, somos feroces soldados del Punk latino en español y militantes fieles de la ideología invariable sin extremismos en este escenario sociopolítico porque nos gustó quedarnos en un ambiente ni mandado a hacer para expresar realidades en canciones, nos cayó el país como anillo al dedo y nuestra ciudad natal como pedrada en ojo tuerto”, advierte el autor, guitarrista y vocalista David Viola en Aguante I.R.A.: 30 años de punk (2014).

Durante un conversatorio, en el Sub (Castilla), con Bluttat, banda alemana que visitó a Medellín en noviembre, expresaron: “El punk tiene que ver más con la energía del ser, con una vibración interna. No es solo música, es una actitud; pero no una actitud de pose. Es una subcultura; no una moda con subcultura de cresta; independiente, no dependiente de lo que sea”, Hans (bajista) y “Espero que la música les dé fuerza a ustedes para seguir adelante. Medellín punkero, punketo, que ‘infecten’ al resto del mundo”, Atti (vocalista).

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