Buscar la verdad, no inventarla

El periodista debe ser honesto, debe contar los hechos tal cual, sin verdades a medias y respetando el trabajo de sus demás colegas.

Sebastian Puerta Ortiz

Toda la tarde me la he pasado en busca de información sobre plagios en el periodismo que hayan dejado huella en el mundo y, sobre todo, que hubiesen abierto la brecha casi imborrable de la desconfianza entre el periodista y sus lectores. Encontré hechos reales que irónicamente tienen como eje central la falsedad. Casos como el de Stephen Glass, quien inventó veintiuno de los cuarenta artículos que escribió para el semanario estadounidense The New Republic, o el de Jaison Blair, quien falsificó alrededor de cien de las seiscientas notas que escribió para The New York Times, muestran la falta de pasión por el oficio, la necesidad de producir en exceso o el no admitir que como seres humanos pasamos por épocas en las que las ideas no nos fluyen como quisiéramos, son alicientes que han llevado a muchos a menospreciar la labor periodística y, a veces, a convertirla en literatura.

Me encanta leer cuentos, novelas y poesías, me parece que la imaginación que tienen los autores que escriben esos tipos de textos es increíble, pero con lo que no estoy de acuerdo es con el hecho de utilizar este recurso en un espacio que, si bien necesita la capacidad de una buena utilización de las palabras y originalidad, tiene como ente inspirador los hechos reales, los datos demostrables y a las personas que dan fe con sus realidades de un pedazo de cada historia que se cuenta. Cada cosa tiene su espacio y el buen periodismo debe ir paralelo, pero por un camino diferente al de la ficción.

Gracias al mundo digital, la información se pasea de manera mucho más cercana a nosotros; si tienes un computador o celular con acceso a la red, puedes disfrutar de innumerable cantidad de contenidos de toda índole. Las posibilidades son infinitas y el conocimiento que se puede adquirir es amplio, pero en algunas ocasiones estas ventajas pueden ser mal utilizadas.

El periodista debe ser honesto, debe contar los hechos tal cual, sin verdades a medias y respetando el trabajo de sus demás colegas. El plagio es un delito, pero más que eso es una forma de menospreciarnos como profesionales y de sacarles el dedo del medio a las personas que siguen nuestro trabajo; ¿qué se pierde con agregar en un texto que ‘x’ línea o ‘y’ párrafo se sacó de ‘z’ medio? ¿Eso no nos fortalece? ¿Pasamos tantos años en la universidad reporteando, conociendo distintos métodos de investigación, formulando proyectos, para que después se nos “olvide” hacer una cita?

Bien por todos aquellos que han sido capaces de destapar la olla del sancocho de mentiras que otros colegas han tenido hirviendo por tanto tiempo. Entiendo que estemos en la época de la inmediatez, pero eso no es excusa para ofender las bases del periodismo.