Bell 407: Medellín, ¿ciudad gótica?

Un helicóptero policial patrulla las calles de Medellín día y noche desde abril de 2017. ¿Su labor es suficiente para contrarrestar la efervescencia de la actividad criminal?

Escritura y reportería: Karen Parrado Beltrán, Angie López Cardona, Iván Álvarez Tamayo
Reportería: Alejandro Valencia Carmona, Danilo Arias Henao
Ilustración: Juliette López
Fotografía: Policía Metropolitana

Fotografía: Policía Metropolitana

Producto de un convenio entre la Policía Nacional y la Alcaldía de Medellín —vigente hasta 2019—, el helicóptero Bell 407 comenzó su labor el 29 de abril de 2017. Con algunas horas de vuelo previas en operaciones regionales, la aeronave fue puesta a disposición de la ciudad y recibió una adecuación tecnológica de la Secretaría de Seguridad y Convivencia de Medellín por seis mil millones de pesos, los cuales se sumaron a los once mil millones que le costó el aparato a la Policía en 2014.

Este es el tercer helicóptero suministrado a una ciudad de Colombia con el fin de reforzar el Modelo Nacional de Vigilancia Comunitaria por Cuadrantes (MNVCC). Los otros dos funcionan en Bogotá y Cali, y el plan de la Policía Nacional es dotar con aeronaves de este tipo a dieciocho ciudades del país. El de Medellín fue entregado en una ceremonia donde fue bendecido con agua bendita por un sacerdote y presentado a los medios de comunicación por el director nacional de la Policía, general Jorge Hernando Nieto, y el alcalde Federico Gutiérrez.

Su equipamiento incluye desde una cartografía completa de la ciudad, dividida por comunas y cuadrantes, hasta una cámara infrarroja Flir de tecnología estadounidense —la cual permite identificar movimiento y calor a dos kilómetros de distancia—, una luz de búsqueda apodada como “el ojo de Dios”, un mecanismo de perifoneo y un sistema Data Link, que sirve para la comunicación simultánea aire-tierra, permitiendo la acción conjunta con patrullas y unidades policiales.

Uno de los pilotos, el mayor Gastón Mariño, quien además tiene a su cargo la tripulación de la aeronave, explica que el helicóptero presta tres tipos de asistencia policial desde el aire. La primera, rutinaria y de prevención, que es definida semanalmente de acuerdo con los índices de criminalidad monitoreados desde el Comando de Seguridad Ciudadana (COSEC). La segunda, de reacción y asistencia inmediata, que responde a casos de persecución u operaciones sorpresivas de la Policía. Y la tercera, de disuasión para manifestaciones masivas que no ha sido implementada hasta el momento.

El aparato atiende en promedio quince casos por hora. Aunque cumple turnos en el día y en la noche, no puede sobrepasar las cinco horas y media de patrullaje diario que dispone el convenio con la Alcaldía de Medellín. Su autonomía de vuelo le permite hasta tres horas y media seguidas de patrullaje urbano, el cual realiza a 450 pies de altura —137 metros—, “150 pies más alto de lo que determina el Reglamento Aeronáutico de Colombia (RAC)”, aclara Mariño.

En redes sociales como Twitter, los ciudadanos han expresado sus quejas por el ruido que produce el helicóptero. Mariño atribuye esta inconformidad al aumento de la percepción del ruido en las noches, pues a esas horas se reduce la actividad humana y vehicular. Según el piloto, en la noche el helicóptero no alcanza una altura menor a la del día y señala, además, que el fabricante hizo un ajuste en la aeronave para evitar el exceso de ruido.

La familia de los ‘Halcones’

Las características técnicas del Bell 407 lo han hecho idóneo para pertenecer a la familia “Halcones” de la Policía, compuesta por cinco helicópteros: uno empleado por la Policía de Carreteras, tres de utilería que hacen sobrevuelos constantes como refuerzos de seguridad ciudadana y otro de apoyo nacional para eventos de gran magnitud o reemplazo de los demás.

Esta máquina voladora tiene 3.3 metros de altura y 1.2 toneladas de peso. Es capaz de transportar hasta seis pasajeros y alcanzar una velocidad máxima de 264 kilómetros por hora, según la ficha técnica publicada en internet por la casa matriz Bell Helicopter, la empresa estadounidense que los fabrica desde 1935. El mayor Mariño aclara que el helicóptero de Medellín es utilitario y no de artillería, a diferencia de los artillados dispuestos para atender hechos de conflicto armado en varias regiones del país.

Fotografía: Policía Metropolitana

Fotografía: Policía Metropolitana

La operación del 407

La tripulación orientada por la Policía Nacional para la operación del Bell 407 está compuesta por un equipo de quince personas que trabajan en horarios rotativos, entre ellos seis tripulantes operativos, tres pilotos, tres técnicos y un “grupo flotante” de tres pilotos para relevos durante descansos o ausencias.

Los requisitos de selección fueron conocer muy bien Medellín y tener experiencia previa en vuelo, pues “no tenemos mucho espacio para aterrizar [en la ciudad] y eso requiere de cierta habilidad”, explica Mariño. De ahí que el único lugar de aterrizaje y despegue autorizado sea el Aeropuerto Olaya Herrera. No obstante, se tienen marcados posibles puntos de aterrizaje en caso de emergencia, algunos de ellos en canchas universitarias.

Los costos de operación y cuidado del helicóptero son asumidos en su totalidad por la Policía. Según datos de esta misma institución, la hora de mantenimiento equivale a $175.928 pesos, de los cuales el combustible representa $136.415 pesos. De igual manera, esta institución se encarga del mantenimiento obligatorio de la máquina cada 25, 50 y 300 horas. Todas estas actividades son ejecutadas en Medellín, excepto el mantenimiento a las 300 horas de vuelo que se efectúa en Bogotá.

El ojo puesto en la seguridad

Según los indicadores del Sistema de Información para la Seguridad y Convivencia de Medellín (SISC), entre abril y octubre de este año fueron asesinadas en la ciudad 310 personas, un 2,9 por ciento más que en el mismo periodo de 2016. El incremento de la actividad criminal también es perceptible en otras modalidades delictivas como el hurto, que hasta el 7 de octubre dejaba 10.925 víctimas, un catorce por ciento más que en el mismo periodo del año anterior.

La preocupación que genera la seguridad en Medellín ha puesto en la mira las medidas de control adoptadas por la Alcaldía y la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, en especial cuando las dimensiones sociales y económicas de la criminalidad configuran una problemática que reta a los mecanismos visibles de control y vigilancia como el helicóptero o las cámaras de seguridad.

Reforzar la inteligencia de la Fuerza Pública es una de las propuestas para complementar la labor del helicóptero. Jaime Mejía, concejal de Medellín por el partido Centro Democrático, sugiere aprovechar estas herramientas tecnológicas que facilitan la acción policiaca, porque “si se consiguió un helicóptero solamente para patrullar, es un gasto inoficioso, que no va a generar el impacto esperado”.

Entre mayo y agosto, la intervención del helicóptero y la inversión realizada por la administración municipal han hecho efectivas la captura de 74 personas, la recuperación de 108 motopartes, tres motocicletas y cinco vehículos, así como el rescate de tres personas. “Los equipos tecnológicos siempre serán de gran ayuda para la investigación, para mejorar la seguridad, siempre y cuando se utilicen bien y haya seguimiento a esa utilización”, señala el concejal Mejía.

Por su parte, Léider Perdomo, docente de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia y estudioso de la criminalidad urbana, invita a evaluar la función del helicóptero, pues es necesario que primero se reconozcan los arraigos de la actividad criminal en la población, al igual que la capacidad de adaptación de las bandas ilegales. “Así el helicóptero persiga ‘pillos’, los ‘pillos’ no van a dejar de hacer lo que hacen porque eso les ofrece renta, legitimidad, aceptación y seguridad”, anota Perdomo. Se trata de una dinámica que se retroalimenta, “siempre que haya una oferta de seguridad, hay implícita una amenaza”.

Pablo Angarita, PhD en Derechos Humanos y Desarrollo e investigador del Observatorio de Seguridad Humana de Medellín, señala que la inversión en equipos de seguridad tecnológica es una “medida que aparece como una moda y un falso remedio”, puesto que en el ejercicio real hay que considerar que “no siempre mayor vigilancia representa mayor seguridad. Muchas veces uno de los factores de la inseguridad son elementos de la propia fuerza pública relacionada con grupos criminales y eso no se combate con cámaras ni helicópteros”.

Aunque las cifras no dejan de registrar el progresivo aumento de la criminalidad en el municipio, el corazón del problema estaría en los datos de carne y hueso no capturables por la estadística. “Eso pasa porque el problema no está en la tecnología, sino en los seres humanos”, explica el profesor Angarita.

Para los dos estudiosos, las medidas de control tecnológico son un medio efectivo de control psicológico y represión de la población que se ajusta a las normas, pero insuficientes para combatir las estructuras del crimen. La incidencia de la seguridad psicológica hace efecto por la captura de “chivos expiatorios” —explica Perdomo—, dejando de lado los problemas reales, de esta forma se concentra en afianzar las leyes de las que de una u otra manera “todos somos transgresores”.

Mientras el reflector del helicóptero invade de luz las calles para señalar el crimen andante, la red subterránea que la sabotea desde adentro permanece en la oscuridad. No hace falta tener mucha imaginación para pensar que el único capaz de acabar el crimen desde el aire sea Batman, con su increíble armazón tecnológica de justicia. Él y su batimóvil salvando a Ciudad Gótica de los malhechores lunáticos. Él y su abnegado trabajo de persecución y enjuiciamiento moral. Él, un héroe de la noche en medio de un crimen de trabaja a plena luz del día.

Pero, más allá de las luces y la acción, queda la discusión sobre la seguridad. Los resultados parecen difuminarse ante la latencia criminal que mueve por tierra y aire a una ciudad sin un Batman, pero repleta de acertijos y guasones. Si la estrategia de seguridad se reduce a los efectos especiales de esta aeronave, será difícil hacerle frente al crecimiento de la delincuencia bajo la actual estrategia de vigilancia y control que, finalmente, se convierte en un círculo vicioso.