Sylvia Colombo: “El buen periodismo es el que ilumina una situación y la aclara para el espectador”

Sylvia Colombo disfruta de la literatura, de nadar en aguas abiertas y, sobre todo, de desarrollar la reportería con una mirada crítica que le permita entregar al lector información veraz, libre de ambigüedades. Brasileña, periodista desde hace veinticinco años, Colombo desarrolló estudios de Historia en la Universidad de São Paulo y recibió la beca Knigt Wallace para periodistas de la Universidad de Michigan.

Sylvia Colombo, periodista brasilera, residente en Argentina e invitada al Premio Gabo 2017.  Fotografía: tomada de internet

Sylvia Colombo, periodista brasilera, residente en Argentina e invitada al Premio Gabo 2017.
Fotografía: tomada de internet

Mariana Palacio
Estudiante de Periodismo
mariana.palacio@udea.edu.co

En los últimos años se especializó en política y cultura. Ha tenido la posibilidad de estar en diferentes lugares del mundo: Antártida, Estados Unidos, Las Malvinas y otros lugares de Latinoamérica. Fue corresponsal en España e Inglaterra, labor que le permitió entrevistar a personajes como Ian McEwan, Paul Auster, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Rod Stewart, Julio Iglesias y Bono, entre otros.

Colombo es reportera del diario Folha de São Paulo y corresponsal en la región para medios europeos. Dice que el periodismo le ha permitido crecer como ser humano, conocer muchas historias de vida que han colaborado para que ella quiera explorar la escritura literaria: “En algún momento de mi vida proyecto hacer un libro sobre las personas con las que conversé, anónimos, en ese recorrido por el interior de Latinoamérica”.

Joe Sacco decía que confiar en sus instintos era su forma de resistencia al iniciar en el mundo del periodismo. ¿Cuál cree que es su resistencia?

Creo que gran parte de los periodistas sienten, al principio, que va a ser imposible que alguien te diga cosas solo porque quieras saberlas. Abrir su casa para recibirte, contarte su historia, su drama familiar, su historia de éxodo de un país a otro.

Cuando era estudiante me parecía que nunca nadie me iba a contar su historia. ¿Y cómo hacer para que alguien lo haga? Con el tiempo uno aprende que, primero, debes hacer las preguntas de manera que generes empatía con la gente, que se sientan a gusto para hablar con vos. El periodismo te da una autoridad, una especie de salvoconducto; realmente te abre puertas. Así como te llega la información debes saber que esto trae consigo una gran responsabilidad, debes tener mucho cuidado con ello.

¿A lo largo de su carrera alguna historia la estremeció?

Veo cosas muy dramáticas que me tocan mucho. En Latinoamérica, si uno va hacia el interior de los países, ve un continente todavía muy desigual, más que muchas partes del mundo. Nací en São Paulo, una ciudad que se puede comparar con Nueva York en términos de servicios, de ofertas culturales, sus universidades son las mejores del país; pero vas al interior de Minas Gerais y ves una pobreza, una gente que no sabe expresarse, hay demasiada desigualdad.

Y sí me tocan las cosas. Es una frustración porque trabajo para un diario de noticias duras. A veces parte de mi investigación queda por fuera de las notas. Charlar con la señora de la tienda que me cuenta cómo es su pueblo, cómo su familia llegó desde el interior; ese tipo de noticias no tiene mucho espacio, no puedo contar mucho el drama humano que vi.

Fue de dominio público la situación por la que atravesó Brasil durante el Gobierno de Dilma Rousseff, ¿cómo hace para que su condición de ciudadana no altere su percepción como periodista?

La verdad, estoy pensando en eso desde ayer cuando hablé con Jorge Ramos y Joe Sacco acerca de tomar partido en la historia. Todavía veo eso complicado. No estoy totalmente de acuerdo con ellos porque creo que el hecho de que uno elija un lado hace que tu visión de las cosas sea un poco sesgada; creo que hay que contar ambos lados, aunque sí, remarcando que uno de ellos está violando los derechos humanos.

¿Siente que en los veinticinco años de carrera periodística ha suscitado cambios, ha provocado, así sea, pequeñas transformaciones?

Cuando empezamos en el periodismo, pensamos que podemos cambiar una realidad, el mundo. El buen periodismo no es el que milita y hace cambiar a alguien de idea, es el que ilumina la situación y la aclara para el espectador.

¿Qué percepción tiene de los medios de comunicación en Colombia?

Vivo en Argentina, soy corresponsal para Latinoamérica, pero me toca viajar mucho a Colombia. El año pasado pasé varios meses acá por el tema de la paz. Me sorprendió positivamente la calidad de los medios en comparación con otros de la región; en Argentina, por ejemplo, el periodismo es muy sesgado. Aquí, creo, hay un poco más de preocupación por la información correcta.

Cuando no está haciendo reportería, ¿qué hace?

Me encanta nadar. Fui reportera de cultura y jefe de la sección de Cultura, entonces me encanta la literatura, leer, ir al cine, cosas normales. Me encanta leer a los clásicos, siempre estoy volviendo a Borges, su forma de ver el mundo y de escribir son fantásticas.

¿Qué piensan de García Márquez en el extranjero?

Creo que Gabo fue un maestro. Me encanta su obra literaria y periodística, pero también creo que sí hay críticas que hacerle y en este mismo festival se podría organizar una mesa de detractores ─eso sería muy argentino─. Se podría hablar de sus vínculos con el castrismo, su posición polémica con relación a las guerrillas, su enamoramiento con la figura de líderes autoritarios. Se podría discutir, no creo que se pueda decir con todas las letras que fue así. Sería una sugerencia para una próxima edición.

Cuando Gabo cumplió ochenta años, le hicieron un gran homenaje. Fui a hacer una nota en Aracataca acerca de cómo era la Macondo real y algunos no sabían quién era. Unos decían “ese se puso famoso y no hizo ni un puente para su pueblo”. La gente mayor que lo conoció o a alguien de la familia, hablaban cosas buenas. También hay que cuestionar, ¿tendría Gabo que hacer un puente en Aracataca? Estas son cuestiones para un debate, sería buena idea.

¿Hay alguna noticia que no haya querido abordar?

Tuve y tengo jefes con quienes es posible dialogar y decir esas cosas. En general, las notas que no quiero hacer son las que me ponen en peligro y no tengo cómo defenderme. A veces, también, me toca hacer cosas que no quiero. Me pagan un sueldo. Me enviaron a lugares del mundo a los que quería ir, me dejan hacer un montón de cosas, entonces, ¿por qué no hacer las notas que me piden? Soy feliz haciendo lo que hago, me encanta.