Lina Uribe: una mirada a la criminalidad en Cali

Sentada a la sombra, como cualquier otro asistente, Lina Uribe conversaba con su colega y amiga Lina Álvarez; las dos periodistas caleñas estaban en Medellín como finalistas del Premio Gabo 2017, categorías Cobertura e Innovación. El viernes 29 de septiembre, en el Jardín Botánico de Medellín, Uribe subió a recibir el galardón.

Fotografía: archivo personal de Lina Uribe.

Fotografía: archivo personal de Lina Uribe.

Jessica Marcela Castañeda Gómez
Estudiante de Periodismo
marce-024@hotmail.com

En esta edición del Premio se recibieron 1.383 postulaciones y cada uno de los ganadores recibió 33 millones de pesos. “El mapa de la muerte: quince años de homicidios en Cali”, el trabajo ganador con el que ganó equipo de cinco periodistas de El País, es un especial multimedial diseñado para mostrar cómo Cali se convirtió en un infierno en el que durante quince años murieron casi 27.000 personas de forma violenta. A decir de los jurados, “este trabajo demuestra que, en medio de un contexto social complejo, la crisis de la prensa y de los retos de la transición tecnológica, el periodismo se reafirma como un espacio de reflexión y comprensión de los ciudadanos”.

 ¿En qué consiste este Mapa de la muerte en Cali? ¿Son meras cifras? ¿Hay historias?

Lo que tratamos de hacer fue un resumen o una radiografía de los últimos quince años en la ciudad, del 2000 al 2015, y contar cuántas personas habían sido asesinadas en ese lapso, que fueron más de veintiocho mil. Además de consignar una cifra, queríamos hacer un trabajo de periodismo de datos donde pudiéramos aterrizar esas cifras y contarle a la gente cuáles eran los barrios más violentos, cuál era la hora más violenta, el rango de edad en el que más asesinaban a las personas, hacer gráficos, mapas, videos en 360 grados. También contar las historias de algunos de los jóvenes que habían muerto. Recurrimos a sus familias, que nos contaban cómo habían sido desde niños, por qué los habían asesinado. Muchos de ellos eran inocentes, jóvenes promesas del fútbol que, por cruzar una calle o un barrio aledaño, los mataron. Había que mostrar todo ese panorama para que en Cali y en todo el país tomáramos conciencia de que nos estamos matando y que hay que hacer algo para frenar esa violencia.

¿Cómo inició el proyecto?

Teníamos los informes que hace el Observatorio Social de la Alcaldía. Lo que hace el Observatorio es recopilar los informes de la Policía y otras entidades que tienen cifras de homicidios en la ciudad y entregar un informe general, año a año, de cuántas personas han sido asesinadas. Recopilamos esos quince informes anuales y analizamos esos datos para que no quedaran como cifras independientes: no decir, simplemente, este año mataron a tantos, sino en quince años murieron tantos y además esas personas tenían una historia, cuáles fueron los motivos por los que fueron asesinados.

 ¿Cuánto demoró la investigación?

Nos tardamos cerca de dos meses, entre finales de septiembre y noviembre. Hasta ahora ha sido el especial multimedia más visitado del periódico, desde que se empezaron a sacar estos especiales.

¿Cuánto invirtieron en el proyecto?

Lo que pasa es que ese es un trabajo de periodismo de datos y lo bueno del periodismo de datos es que es gratis. Los datos están disponibles al público y lo que uno tiene que hacer es tener la inteligencia y la capacidad de la información para saber qué hacer con ellos. Además, nosotros éramos nómina fija de un periódico, no nos pagaron nada adicional. No hubo un presupuesto para ese proyecto y tampoco hubo que comprar información ni comprar equipos. Nada, porque ya todo lo teníamos.

En el desarrollo del proyecto, ¿qué fue lo que más la marcó?

Yo estuve a cargo de hacer varias historias de jóvenes que habían sido asesinados y de una crónica del barrio más violento de Cali. Me marcó hablar con las familias de los jóvenes, porque así ellos hubieran sido drogadictos, ladrones o lo que sea, para las mamás eran sus hijos y los amaban. Entonces revivir todo ese dolor fue muy conmovedor. Cuando hice la crónica del barrio había, por supuesto, un ambiente muy hostil, pero también me di cuenta de que en ese barrio la misma comunidad está haciendo cosas para alejar a los jóvenes de la violencia. Arman partidos de fútbol entre pandillas y ya en el campo de juego no son enemigos sino que son el mismo equipo, por ejemplo. Me llamó la atención eso, que hubiera esfuerzos a partir de la misma comunidad para salir adelante, y que no estuvieran sentados esperando a que la Policía, la Alcaldía o la Fiscalía les solucionen los problemas.

¿Qué es lo más difícil de cubrir el tema de la violencia en Cali?

Es riesgoso meterse a los barrios. Siempre hay que entrar con líderes comunales, porque la gente nota que uno no es del barrio y se pone alerta. Piensan que de pronto es un infiltrado o un policía de civil. Entonces, lo primero que hay que hacer en este tipo de reporterías es conseguir el contacto de los líderes comunales; ya cuando uno entra con ellos, la gente distingue el líder y no hay ningún lío.

¿Qué significa para usted este premio?

Con este trabajo, ya nos hemos ganado dos premios de periodismo en Cali, uno organizado por la Alcaldía y otro interno organizado por el periódico El País. A mí este tipo de reconocimiento me motiva mucho para seguir con mi carrera, porque de verdad es una gran pasión. Me gusta mucho ser periodista, trabajar con la gente y escribir. Entonces es gran motivación para seguir para que las cosas mejoren y podamos lograr lo que todos queremos, un país en paz o al menos una ciudad en paz, un barrio en paz, un hogar en paz.