Natalia Sánchez Loayza: la rigurosidad del periodismo activista

Natalia Sánchez Loayza no esconde sus convicciones feministas tras la indumentaria aséptica de un pretendido periodismo objetivo. Esta periodista peruana es editora de la plataforma Malquerida, un medio digital producido por mujeres. Por su crónica Cama adentro, donde aborda la violación de los derechos de las empleadas domésticas en Perú, ganó la Beca Oxfam FNPI de periodismo sobre desigualdad.

Fotografía: tomada de internet

Fotografía: tomada de internet

Édgar Quintero H.
Estudiante de Periodismo
edgar.quinteroh@udea.edu.co

Sánchez Loayza es colaboradora también de Etiqueta Negra, una de las revistas de periodismo narrativo más prestigiosas en América Latina. Fue allí donde aprendió el oficio y donde conoció una forma especial de narrar historias reales, una en la que es importante el manejo del lenguaje para sensibilizar a los lectores ante realidades devastadoras.

En la quinta edición del Festival Gabo, Sánchez conversó con Jineth Bedoya Lima, subeditora de El Tiempo, sobre los retos del periodismo frente a la desigualdad de género. Durante la charla también habló sobre su actual trabajo de reportería, financiado por la beca, donde investiga el plan de esterilización forzada llevado a cabo por la dictadura de Alberto Fujimori en contra de mujeres indígenas en el Perú.

En su crónica Cama adentro, usted aborda los múltiples abusos que sufren las empleadas domésticas en el Perú, una labor históricamente despreciada en nuestras sociedades.

Sí, el trabajo del cuidado es un trabajo sumamente devaluado. Devaluado en términos sociales y en términos económicos. Ser una empleada del hogar significa tener un trabajo de segunda, tercera o cuarta categoría para nuestra sociedad, cuando en realidad es un trabajo que requiere de habilidades, tiempo y de una entrega que muchas veces es igual o más grande que otros trabajos. Estas trabajadoras del hogar son discriminadas no solamente por su condición de mujeres, sino también por la labor que realizan, que no es considerada como la mejor, la más compleja, la más adecuada. Y también tienen que enfrentar un problema de clase, definitivamente. Ahora, el fenómeno en Perú y en Latinoamérica, en general, permite que las empleadas del hogar tengan como patrones gente de todas las clases sociales. En ese sentido es una injusticia que viene de todos lados.

¿Cómo surgió el proyecto Malquerida?

Teníamos cierto coraje porque las revistas para mujeres son muy malas, en el sentido de mal escritas. Tienen cinco temas, los temas se abordan de cinco maneras y se acabó. Entonces montamos esta plataforma que, de hecho, es para cualquier público y sobre distintos temas. Ahí escribimos de seguridad ciudadana, políticas públicas. Nos gusta que las mujeres hablen sobre temas que las mujeres supuestamente no saben, cosa que es mentira.

Durante la charla, usted abordó un periodismo que también puede hacer activismo. Activismo feminista, por ejemplo. ¿Cómo es eso?

El periodismo nunca es neutro y el periodista nunca es neutro, lo cual no quiere decir que no sea responsable, que no sea sincero, que no deba ser lo más riguroso posible. Somos personas, no máquinas, y como personas tenemos una historia. Yo soy activista, tengo ciertos pensamientos. No voy a negarme al entendimiento y me encanta enfrentarme a las contradicciones. Creo que es importante, a la hora de investigar, de enfrentarnos a un tema, de presentarnos ante el otro, enunciarnos como somos.

Actualmente, usted está investigando sobre las esterilizaciones forzadas durante la dictadura de Alberto Fujimori. ¿Por qué escogió ese tema?

Porque las esterilizaciones forzadas fueron uno de los atentados más grandes que se llevaron en contra de las mujeres peruanas, específicamente indígenas. Estamos hablando de la eliminación brutal de personas pobres a través de la imposibilidad de seguir teniendo hijos. Y, si bien existen algunos casos de mujeres que les han ganado juicios a algunos médicos, no se ha hecho justicia. No estamos hablando de accidentes, como nos quieren hacer pensar, de cinco médicos que cometieron un error. Estamos hablando de un plan. Y ese plan hay que investigarlo, hay que reportarlo y hay que contar la historia de esas mujeres. Siempre me interesó el tema y esta beca se me presentó en el momento y en el lugar para poder hacerlo.

Una pregunta que me parece inevitable hacerle a una periodista peruana: ¿qué piensa sobre la fuerza del fujimorismo en Perú y sobre los rumores de un eventual indulto del presidente Pedro Pablo Kuczynskia Fujimori?

Yo me siento sumamente mortificada. El fujimorismo fue un régimen autoritario y, hoy, lamentablemente es una de las fuerzas políticas más grandes del país. De hecho, es uno de los partidos más sólidos. Y a las mujeres nos ha jodido de una manera increíble: no quieren que se admitan temas de género en la educación, no quieren que las mujeres tengamos derechos reproductivos. Ese indulto sería una traición enorme de Kuczynski a nosotros, quienes lo pusimos en el poder, porque Fujimori es un criminal. Indultarlo, para mí, sería una traición.

Volvamos al periodismo. Usted habla de encontrar una conexión emocional que permita seducir al lector mientras se le presentan cifras, testimonios y leyes. ¿Cómo hallar esa conexión? ¿Es intuición o eso también se puede aprender?

Es intuición, pero se puede aprender. Es un poco de todo. Yo estudié literatura,  tengo una ventajita [risas]. Yo creo que es algo que se puede aprender si empezamos a leer más lo que escribimos. Es decir, editarnos a nosotros mismos. La mayoría no tiene el lujo de tener un editor. Un editor o editora que tenga experiencia, que justamente sea la persona que mejor escribe. Tenemos usualmente jefes que son muy buenos, que son muy rigurosos, que tienen experiencia, pero también podemos intentar innovar, intentar leer más. Leer siempre es útil. Enfrentarnos al lenguaje de una manera distinta. Y lo digo por Etiqueta Negra, que es la escuela de donde yo vengo. Finalmente, los temas nos son comunes, los temas que nos unen a todos nos permiten traducir un montón de cosas. La gente está atiborrada de información y de cosas tan terribles que se vuelve insensible. Hay que encontrar una manera de sensibilizarla.

 Usted dicta clases en la Universidad Católica del Perú, y mucha gente cuestiona la existencia de los pregrados de periodismo. El periodismo, dicen, finalmente se aprende en la calle. ¿Qué opina de eso?

Yo no estudié periodismo, lo cual me genera muchas desventajas. He tenido que aprender en la cancha. A mí me lanzaron a entrevistar y a reportar. Tuve que defenderme como pude. Menos mal llegué a Etiqueta Negra, donde conocí otro tipo de periodismo. Conocí un periodismo al que le importaba la historia, los hechos, y cómo estaba escrita. Yo creo que la carrera de periodismo te enseña cosas sumamente útiles, cosas éticas, cosas del método, que cuando pones en la práctica cambian. Y hay que permitirnos ese cambio.

Por último, dos libros de ficción y dos libros de periodismo que le recomiende a un estudiante de primer semestre.

Más que títulos, podría recomendar autores. Podría recomendar a Joan Didion para cuestiones de no ficción y también de ficción. En cuanto a ficción, me gustaría recomendar a Margaret Atwood. Te voy a recomendar puras mujeres. Hay que empezar a leer a más mujeres, definitivamente. Últimamente estoy leyendo el trabajo de la nobel Svetlana Aleksiévich. Estoy leyendo su libro La guerra no tiene rostro de mujer. Yo creo que ese es un gran ejemplo si alguien quiere entender cómo traducir algo tan terrible a través del sentimiento.